Pov. Zeke Landon

Caminamos por el parque central mientras comemos un helado.

—Y dígame, usted —digo sonriendo, me detengo y ella me imita —¿Cómo es un día en la vida de Kara Danvers? —enarca una ceja y sonríe divertida.

—No quieres saberlo —le miro consternado —. Es demasiado aburrida, te lo puedo asegurar.

—¡Oh, vamos! —digo dándole un pequeño empujón que ni siquiera logra moverla, pero ella se queja para disimular —¿Qué es lo que te hace ser tú?

Ella se queda pensando algunos segundos, me mira y muerde su labio, no puedo evitar ignorar ese gesto, me enloquece. Me apresuro a caminar un par de pasos, tratando de que no se percate de que la estaba mirando.

—Bueno, usualmente trabajo en CatCo —dice antes de volver a comer de su helado, me río sin poder reprimirlo, ya que la punta de su nariz tiene chocolate —¿Qué, qué ocurre?

Es una imagen muy tierna y me encantaría conservarla en una fotografía, pero no tengo un móvil cerca. Kara se da cuenta de lo que ocurre y apresurada se limpia con la servilleta que lleva alrededor del cono de helado.

—¡No es gracioso! —se queja ocultando una sonrisa traviesa.

En mi rostro está una sonrisa dibujada, la cual provoca que después de unos segundos, ella también tenga una.

—¿Sabes que puedo romperte los huesos por reírte de mí?

Mi sonrisa se esfuma, sus palabras me desconciertan e intimidan, porque tiene razón, puede hacerlo. De un momento a otro, su cara de seriedad es sustituida por una enorme sonrisa antes de comenzar a reír sin recato.