Pov. Zeke Landon
—Debiste ver tu cara —ríe divertida mientras caminamos otra vez, llegamos a un pequeño muelle donde se aprecia el mar que rodea a National City.
—¿Sabes? —digo apoyándome en la baranda y mirando al horizonte, justo donde el sol se está ocultando.
—¿Qué ocurre? —pregunta volviendo sus ojos hacia mí.
—Realmente no tengo miedo de ti, humana o kriptoniana —digo por lo bajo y evito mirarla, porque no creo ser capaz de controlarme y reprimir ese deseo latente que crece en mi interior con cada segundo que pasamos juntos —. Muy probablemente, de los dos, yo soy el más peligroso.
—¿Por qué dices eso? —pregunta consternada, muerdo mi labio que comienza a temblar.
—Si los cómics son ciertos, conozco tu debilidad, es normal que tu hermana y tus amigos teman por tu vida estando conmigo.
—Sé que es una probabilidad, pero estoy segura que no me harías daño —dice apoyando su mano sobre la mía, miro nuestra unión y suspiro antes de volverme hacia ella y fijar mi mirada en la suya.
—Maté a mi hermana —susurro, pero ella logra escucharme.
—¿Qué? —mis ojos están cristalizados a causa de aquel recuerdo, a pesar de ello puedo ver el desconcierto en los de ella —¿Qué quieres decir?
—Era una excursión familiar, tenía 15 años —no puedo evitar que salga un sollozo de mi pecho —... Había conocido a una chica y nos escribíamos todos los días —ella me escucha atentamente, su mano estruja la mía invitándome a continuar —... Me estaba escribiendo con ella cuando Chloe llegó, quería que le acompañase a nuestro lugar especial, le grité que dejase de molestarme, que iríamos luego, pero decidió aventurarse por su cuenta —limpio la lágrima traicionera que cae por mi mejilla antes de seguir con mi relato —. Las hojas estaban mojadas a causa del clima, lo que provocó que resbalara y cayera por el acantilado... Sí yo hubiese ido con ella, estaría viva, fue mi culpa.
—¡No, Zeke! —dice apresurada antes de abrazarme, apoyo mi mentón en su hombro y ella acaricia mi cabello lentamente —No es tu culpa, fue un accidente, no fue tu culpa.
Sus palabras se repiten en mi cabeza una y otra vez.
—Estoy segura que Chloe piensa igual —susurra y sigue acariciando mi cabello, me aferro a su cuerpo abrazándola con fuerza, sé que no puedo causarle daño. Tengo los ojos cerrados.
—Mi familia se destruyó ese día, marché de casa y conocí el mundo de las drogas —confieso.
—Eras un niño —murmura sin detener sus caricias —. No debiste cargar con todo eso tú solo.
—¿Sabes? —me separo lentamente, aunque todo mi ser me pide no hacerlo, le miro con una débil sonrisa que ella me devuelve —Eres la primera persona a la que le hablo sobre ello, además de mi padrino.
Kara me mira enarcando una ceja, sin comprender a qué me refiero.
—Es… la persona que te acompaña cuando estás en un grupo de apoyo contra las adicciones.
—¿Eso quiere decir que…?
—Significa que llevo un par de años lejos de eso —digo orgullosamente, su sonrisa se engrandece y vuelve a abrazarme, no me niego y le devuelvo gustoso el abrazo. Por extraño que parezca, y aunque esto sea solo un sueño, puedo decir que por fin me siento en casa.
