Pov. Zeke Landon

—Creo que debería irme —dice mirando el reloj en su muñeca —. Es tarde y mañana debemos despertar temprano para tu primer día en CatCo —su voz delata la emoción que la embarga.

—Yo encantado de quedarme toda la noche contigo —susurro mientras comienzo a recoger los platos que usamos para el postre.

De reojo la veo bajar la cabeza, sonrojada por mi comentario.

—¿8 de la mañana? —pregunto cambiando de tema.

—Correcto, te esperaré en el pasillo —sonríe bajándose del banco, camina hacia la puerta, la sigo.

—Gracias por todo, Kara —instintivamente la abrazo —. Daré todo de mí para no decepcionarte —me separo un poco de ella, sin romper el abrazo, pero mejorando mi ángulo de visión, concentrándome en sus ojos.

Ella me mira con ternura.

—Estoy segura que no lo harás —susurra antes de cortar el abrazo, asiento al mismo tiempo que ella se da la vuelta para caminar a su departamento.

—Buenas noches, Zeke —vuelve tras sus pasos, con rapidez y casi a súper velocidad, deja un beso en mi mejilla.

Su acción me hace sonreír como idiota. No me da tiempo a reaccionar o decir algo más, ella desaparece detrás de su puerta, dejándome con el corazón latiendo a toda marcha, y sé que es consciente de ello, puede escucharlo si se concentra.

—Buenas noches, Kara —susurro cerrando mi puerta, deseando tener la capacidad de leer sus pensamientos, para saber qué pasa por su mente justo ahora.

Sin dejar de sonreír, friego los platos, los seco y guardo. Diez minutos más tarde, después de cepillar mis dientes, me encuentro en mi cama sin dejar de sonreír. Miro al techo, como si allí estuviera la respuesta a todos mis pensamientos. La realidad es que no, mi respuesta yace a unos cuantos metros de distancia, en el corazón de una rubia de ojos azules que me ha flechado el alma, y probablemente no tiene idea de lo que ha provocado.