CAPÍTULO 48:
ATAQUE
Vestal, Departamento Valiant
Hace 16 años
El azul era su color favorito, era el color de sus ojos y los de su madre, era el color del mar que el tío Eric le había enseñado en uno de sus viajes, era la tonalidad que siempre resplandecía en las noches que lo llenaban de miedo cuando su madre lo acogía en sus brazos y le decía que todo iba a estar bien, el color azul siempre había logrado traerle calma y lo hacía sentir seguro. Lastimosamente, cuando era el color que acompañaba los truenos en las noches lluviosas, no podía evitar sentir rechazo por el color.
No podía dormir, las gotas de agua caían con agresividad y fuerza, impactaban la ventana de su habitación como si trataran de romperla. Una poderosa luz del color de sus ojos iluminó fugazmente la oscuridad de la noche, trayendo una horrible luz a su habitación por un momento, antes de volver a sumergirla en la negrura del espacio sin iluminación.
No tenía razones para temer, el tío Eric le había repetido en varias ocasiones que los edificios del nivel superior estaban construidos sobre bases muy duras y resistentes, nada se caería y ni un solo rastro de humedad atravesaría los muros del edificio. Estaba completamente a salvo, no había nada que temer más que a las ideas que su misma mente estaba proyectando en su cabeza.
Estaba bien, estaba a salvo, estaba completa y absolutamente…
¡BRUM!
El sonido del trueno que acompañaba la luz pasajera del rayo partió la efímera tranquilidad de su habitación de forma abrupta, provocando que respingara incluso desde la comodidad de su nueva cama.
Odiaba reconocerlo, pero esta era una amenaza de la que su confiable manta de robots no podría protegerlo. En este tipo de circunstancias, solo había una cosa que alguien tan inteligente, razonable y lógico cómo él podía hacer para afrontar la crisis.
-¡TÍO ERIC!
No tardó en salir corriendo a la máxima velocidad que le fue posible con dirección a la habitación de sus padrinos. Sorteó con habilidad los numerosos obstáculos de su nueva habitación mientras era perseguido por el fantasma del fenómeno natural que le estaba causando tanto terror, desvió su rumbo a la hora de llegar a la puerta de salida y corrió en línea recta a través del pasillo hasta llegar a la puerta de la habitación de sus tíos.
No los separaba más de dos metros, gracias a lo pegadas que se encontraban las habitaciones, estando en el mismo corredor junto a la sala. Sin embargo, eso no impidió que el chico cruzara el portal que significaba el umbral de la entrada a la habitación de los adultos como si acabara de romper una marca.
No se dio un momento para ver su entorno, solo le importaba que en el centro de la habitación se encontraba su objetivo, el único lugar donde estaría seguro: la cama de sus padrinos, junto a la cual se encontraban dos cunas pegadas.
Ni siquiera llegó a los pies del lecho cuando se impulsó con sus pequeñas piernas para caer directamente entre los dos adultos que poco a poco salían de su aturdimiento para abrir sus ojos de forma exorbitante al distinguir la silueta de su ahijado en el aire, acercándose a gran velocidad hacia ellos.
Inmediatamente, el comandante salió tan rápido como pudo de su desconcierto para levantar sus brazos y atrapar al niño antes de que cayera en el colchón, envolviéndolo en sus brazos para que no cayera con dureza y no lastimara a su esposa en el proceso.
-¿Keith? ¿Qué pasa? -. Cuestionó la mujer aturdida frotando sus ojos para aclarar su visión para ver a su sobrino.
Estaba seguro de que su tía quería explotar en rabia por la desagradable forma en la que los había despertado en medio de la noche, pero pareció realizar su mejor esfuerzo para no estallar con su sobrino al ver que su esposo levantaba su mano, como si estuviera pidiéndole que lo dejara manejar la situación antes de regresar su atención a su ahijado.
-Keith, tranquilo. Dime qué está pasando -. Pidió el hombre con un tono suave mientras acariciaba la cabellera anaranjada del niño.
Se habría detenido a admirar la tranquilidad y la paciencia de su tío ante los problemas repentinos, el control de cualquier situación; de no ser por el nuevo estruendo que resonó en el exterior y que lo hizo pegar un saltito en los brazos del hombre antes de cubrirse con sus frazadas hasta la cabeza.
El fuerte sonido pareció no solo afectarlo a él, pues un fuerte llanto siguió el estruendo del relámpago de parte de las cunas al lado de la cama de los adultos, llamando la atención de los tres presentes en el colchón.
Erika no tardó en salir de su propio momento de aturdimiento para retirar las cobijas que cubrían su cuerpo y ponerse de pie para revisar el contenido de las pequeñas cunas.
-Tranquilas, niñas. No hay nada que temer, los truenos no pueden alcanzarnos -. Dijo la mujer meciendo suavemente los cestos acolchados de madera blanca.
-Supongo que ese es el problema -. Murmuró su tío sin aflojar su agarre.
Ver como Mira y Elisa lloraban con intensidad por la fuerza de la tormenta que se desarrollaba afuera solo lo hizo sentir peor. Se había prometido a sí mismo y a sus padrinos ser el mejor hermano y primo mayor que las niñas pudieran tener, alguien a quien pudieran acudir y con quién pudieran contar en los momentos de mayor necesidad. Sin embargo, aquí estaba, en la misma situación que ellas, igual de temeroso, buscando la seguridad y el consuelo de sus tíos porque era incapaz de manejar la situación por su cuenta.
Debería estar fuera de la cama, ofreciendo su ayuda a su tía y tratando de aligerar la carga que su tío ya tenía por sus múltiples responsabilidades como máxima autoridad del ejército y miembro del Alto Consejo, pero se sentía incapaz de si quiera quitarse de encima las frazadas que lo cubrían.
Durante el embarazo de su madre, la había ayudado en todo lo que le fue posible, la cuidaba cuando su padre tenía que ausentarse, le daba todo lo que necesitaba para que no tuviera que realizar esfuerzos, había hecho todo lo posible para ser un buen hijo y futuro hermano. Era indignante ser incapaz de repetir esos esfuerzos ahora que más lo necesitaba. Solo podía imaginar la mirada de decepción que su padrino debía tener en sus ojos verdes.
-Keith, ¿le tienes miedo a las tormentas? -. Preguntó suavemente el hombre sin retirar la atención de la bolita que se había formado en su cama.
Normalmente, negaría si quiera con la cabeza ante tal pregunta, pero estaba claro que no tenía sentido intentar evadir la verdad. Su exhibición más reciente había dejado en claro su pavor por este fenómeno natural.
No quería pensar en la mirada llena de decepción que debía tener su tío en sus ojos. Era lo más lógico, era un soldado, una simple tormenta no era nada para el comandante de todo el ejército de Vestal; seguro estaba decepcionado de él ahora mismo.
Su propio ahijado, temeroso ante una simple tormenta. Debía ser indignante para él.
Con pena, el pequeño solo pudo asentir mientras el llanto amenazaba con pintar sus mejillas y decorar las sábanas de sus padrinos.
-Oh, pequeño -. Musitó el hombre antes de acogerlo en su abrazo una vez más.
Había esperado la misma decepción que su padre solía expresar por la vida y su segunda hija tras el fallecimiento de su esposa o el espectro de una suave burla por su miedo tan infantil, pero no recibió nada más que el cálido abrazo de su tío, que no tardó en susurrar palabras de consuelo en su oído mientras frotaba su espalda con delicadeza.
Se había acostumbrado a tratar de comportarse constantemente como un hombre para su hermana, se había esforzado por olvidar lo que era ser un niño con tal de convertirse en lo que su familia necesitaba que fuera. No pensó que volvería el día en que podría ser un niño nuevamente hasta que sintió el cálido toque de su padrino rodeándolo.
-Tranquilo, hijo, no hay nada de qué avergonzarse -. Consoló el comandante al niño, sin soltarlo en ningún momento.
Era muy tierno de su parte decir eso, pero no podía evitar pensar que había fallado una vez más. No importaba cuántas veces se lo dijeran, siempre sentía que estaba haciendo algo mal y no había forma de corregirlo.
-No debería tener miedo. Debería ser más valiente -. Se lamentó el pequeño sin quitarse de encima la cobertura que le ofrecía la frazada.
-Keith, no puedes evitar el miedo, es imposible no tenerlo -. Dijo Erika terminando de mecer a las niñas en las cunas.
Nunca podría olvidar el momento en que su tía entró en labor de parto, había pasado tanto miedo esa noche pensando que la historia se repetiría y perderían a un miembro más de su familia, que su padrino terminaría igual que su padre y que ahora sería su responsabilidad hacerse cargo de dos niñas. Estaba tan temeroso de ese destino que no soportó estar sentado en la sala de espera del hospital y comenzó a caminar para tratar de calmar la voz en su cabeza que le decía que todo iba a suceder otra vez. Habría preferido quedarse en casa con Mira y una niñera de ser posible, pero sus padrinos se habían negado a dejarlos solos, por lo que su tío movió influencias para que todos pudieran entrar en el hospital.
No sintió mayor alivio en su vida que cuando vio a sus tíos salir de la sala de partos con una enorme sonrisa en sus labios, expresando con un solo gesto toda la felicidad que estaba conteniendo y todas las palabras que no bastarían para describir su alegría infinita.
Elisa Valiant había nacido y tanto ella como su madre estaban en perfectas condiciones. Y dos padres orgullosos dejaron el hospital a la tarde del día siguiente con su primer retoño en brazos.
No lo sorprendió cuando sus padrinos decidieron mantener juntas a las niñas, era el modo más sencillo de cuidar ambas bebés al mismo tiempo y resultó en un éxito inesperado, pues ambas niñas demostraron ser afines al instante y una presencia tranquilizadora para la otra.
Se sentía culpable por no poder ser más valiente para las niñas, por asustarse cuando más lo necesitaban y no poder ser una figura semejante a la que su padrino lograba darles a todos los que lo conocían. Ambas niñas se merecían algo mucho mejor y temía no poder dárselos.
Ya había fallado demasiadas veces y no quería repetir la experiencia con miedo.
-Keith, el valor no comienza evitando el miedo. El valor comienza enfrentando el miedo, abrazándolo y aceptándolo antes de poder superarlo -. Dijo el comandante retirando con delicadeza la cobija de la cabeza del niño para mirarlo a los ojos.
Los irises del hombre eran de un verde esmeralda mucho más brillante de lo normal, no sabía cuál podría ser el motivo de este extraño brillo, pero le gustaba creer que solo sucedía cuando veía a su familia. El amor y la comprensión eran palpables en el ambiente que sus padrinos eran capaces de crear con facilidad.
-Es cierto, el miedo es algo normal y no tienes que avergonzarse de él. Solo tienes que hacer el esfuerzo por aceptarlo antes de enfrentarlo, cara a cara. Hasta tu tío ha tenido miedos -. Dijo Erika recostándose en la cabecera de la cama junto a sus chicos.
Ante las palabras de la mujer, Keith giró por reflejo hacia su padrino con una mirada que dejaba en claro su impacto. Su tío Eric ¿con miedos? Imposible, no lo había visto temblar nunca ante nada, todo lo contrario, había visto a personas asustadas por la imponente presencia del hombre. La sola idea de que su tío Eric fuera capaz de sentir miedo era inconcebible para él.
Estaba seguro de que el rubio negaría las palabras de su esposa, pero se sorprendió aún más cuando asintió con una sonrisa de buen humor.
-Aunque no lo creas -. Sonrió el hombre con alegría, sin importarle mucho la reputación que tenía con su sobrino.
-De hecho, este muchacho de aquí también le temía a las tormentas como tú -. Continuó la mujer señalando a su marido.
¿Su tío Eric? ¿Asustado por una tormenta? ¿Al igual que él? Tenía que estar jugando, era imposible que alguien así pudiera tener miedo. Su tío siempre se había mostrado fuerte ante todo tipo de desafío que lo abordara, siempre motivaba a los otros a ser cada vez mejores y dejar sus miedos atrás. Tenía que ser una broma, no podía ser cierto.
Pero la expresión alegre del comandante le decía todo lo contrario, le decía que todo lo que su esposa decía era completamente cierto y no hacía ningún esfuerzo por ocultarlo, por negarlo. Solo le sonreía febrilmente sin dejar de acariciar su cabello, sin soltar aquel contacto sagrado, aquel gesto que había esperado en la soledad de su hogar de parte de un hombre que ya no podría darlo nunca más.
Pero que tampoco tenía que hacerlo.
Clay nunca le había enseñado como afrontar sus miedos, siempre había usado como referente la figura de este bravo guerrero que se había convertido en la pesadilla de los enemigos de Vestal, que se había alzado con la victoria en cada batalla que libraba junto a los suyos, que siempre volvía a casa con su esposa y su ahijado con una sonrisa sin importar los horrores que haya tenido que atestiguar desde el frente del combate.
Este gran hombre, que se había alzado a un nivel que Keith mismo ni siquiera creía ser capaz de llegar, le estaba confesando que podía ser tan vulnerable como él. Que hubo un tiempo en el que el más grande de los hombres también tuvo que encogerse entre las cobijas de su cama con miedo.
-¿Y qué hiciste? -. Preguntó el niño avergonzado.
-Subí a la zona más alta de mi casa y reté a la tormenta a golpearme -. Respondió el comandante con un suave sonrojo.
No pudo evitar reírse ante la imagen de una versión pequeña de su tío gritándole a una tormenta, retando a la naturaleza a ir por él sabiendo que era una batalla perdida en cualquier escenario posible. Pero también se permitió admirar un poco más la acción, pensar en subir al punto más alto conocido entre las tormentas, el viento, el agua y el frío para abrazar el miedo que no lo dejaba dormir era algo que no se sentía capaz de hacer. No se veía a sí mismo viendo a su pesadilla a la cara para comprobar sus fuerzas sabiendo cual sería el resultado. El gran problema de tener una mente lógica es que no se permitía asumir riesgos de ningún tipo si ya sabía que las probabilidades estaban en su contra.
-¿Funciona? -. Preguntó el chico temeroso de la respuesta.
-Para mí, sí -. Respondió el rubio acogiendo a su ahijado una vez más en sus brazos -. Pero no es el único modo de superar tus miedos. Keith, hay muchas formas de lograrlo y la mía fue la más imprudente. No te aconsejo que lo hagas, es más, te castigaría si lo intentaras. Pero quiero que intentes aceptar tus miedos.
¿Cómo podía hacer tal cosa? Se había prometido ser tan fuerte como lo requiera su familia, se había prometido ser el hombre que su padre ya no podía ser para proteger a las niñas, para enorgullecer a sus padrinos. No podía pensar en sí mismo aceptando el vergonzoso hecho de que tenía miedo.
Pero ¿no era acaso lo que su más grande héroe estaba haciendo ahora mismo? Reconocer sus vulnerabilidades frente a su más grande admirador para motivarlo a ser mejor.
-Escucha, sin miedo sería imposible ser valientes. El miedo es necesario, nos motiva a ser mejores y nos hace más fuertes. Quiero que aceptes tu temor, para poder enfrentarlo un día; para mirarlo a la cara y recibirlo con los brazos abiertos. Solo así somos mejores que nosotros mismos, solo así nos superamos. Necesito que creas que eres capaz, antes de aceptar que lo eres, que eres más fuerte de lo que tú mismo piensas -. Concluyó el hombre con su discurso sin retirar de su rostro la comprensión y el amor que lo conmovía.
Se preguntaba si era de esta manera que motivaba a sus hombres a seguirlo en batalla, si era con este tipo de discursos que conseguía inspirar a la gente para ser la mejor versión de sí mismos, se preguntaba si le daría todo esto a Elisa cuando tuviera la edad para comprender su situación. Se preguntaba muchas cosas, pero solo llegaba a una conclusión para cada una de sus preguntas: su tío siempre iba a estar con él. En cada paso que diera en el largo camino de la vida, su tío Eric siempre estaría ayudándolo a dar cada paso y proveyéndolo de toda la sabiduría que le fuera posible, entregándole el amor que creía haber perdido permanentemente.
-No me obligarás a volver a mi cuarto, ¿verdad? -. Preguntó el chico esperanzado.
Quería ser tan valiente como su padrino, quería ser tan fuerte como él, pero no se sentía capaz de hacerlo ahora. Además, hacía mucho tiempo que no se sentía tan cómodo a la hora de dormir. Sus padrinos habían llenado su habitación de todas las comodidades posibles para que no sintiera demasiado agresivo el cambio de casa; no obstante, la calidez que sentía al estar junto a sus padres era algo que pensó que nunca volvería a sentir, pero estando aquí, entre las personas que habían demostrado mantener su interés en él intacto, sentía la familiaridad que creía que comenzaría a ser ajena en su vida después de perder a su madre.
-Creo que, por esta vez, puedes quedarte con nosotros -. Sugirió Erika recogiendo las cobijas que había descartado para calmar a las niñas -. ¿No crees, querido? -. Preguntó a su esposo.
-Seguro, solo por esta vez. Además, así estaremos completos -. Sonrió el hombre reposando su espalda en el colchón una vez más mirando a las niñas del lado opuesto de su lugar.
"Completos", no sabía si su familia volvería a estar junta después de perder a dos de sus miembros, pero sabía que no les faltaría nada mientras estuvieran bajo la protección y el amor de sus tíos. Era imposible para Keith no sentir el espectro de la familiaridad al reposar una vez más en los brazos de los Valiant, le recordaba a los días en lo que podía dormir con sus padres antes de que la tragedia asomara su rostro, antes de que su vida cambiara para siempre.
Por primera vez en los últimos meses, sintió el vacío que el fallecimiento de su madre había causado se llenaba en su corazón y daba lugar a la tranquilidad que solo sus tíos eran capaces de transmitir para él. Esperaba sinceramente que su hermana también pudiera sentir esta misma calidez que abordaba su pecho al estar entre los brazos de sus tíos, rodeándolo con amor.
Aunque el solo hecho de que su pequeña Mira fuera capaz de dormir perfectamente sin tener que ver a su hermano constantemente ya era una prueba de que su deseo se estaba haciendo realidad. Parecía que los mimos de sus tíos y la compañía de la pequeña Elisa la ayudaba a llenar el hueco que ella también debía estar sintiendo después de semanas de estar sola con su hermano, sin oportunidad de sentir el suave toque maternal que el destino le había negado hasta que los Valiant cambiaron sus vidas para mejor.
Les debían tanto y Keith sentía que tenía que pagarles sus atenciones, sus servicios y sus afectos. Aunque estaba muy seguro de que no aceptarían nada de eso, pues no solo lo hacían por ayudar a los hijos de su amiga, sino también para proteger a un par de niños que habían perdido lo más valioso para ellos y necesitaban de alguien que los ayudara a levantarse y encaminar sus vidas.
Clay los había abandonado, presa de sus lamentos y su miseria. Pero tenía claro que los Valiant jamás haría lo mismo y siempre estarían ahí para ellos, cuidándolos como si fueran sus propios hijos.
Aunque, en cierto modo, se sentía como si ya lo fueran.
-Keith, ¿sigues despierto? -. Preguntó el tío Eric con los ojos cerrados.
-Sí -. Asintió el niño avergonzado.
-Duérmete, mañana tienes escuela y no quiero que esa niña venga a aquí preguntando por ti otra vez -. Ordenó la tía Erika adormilada.
-¿Mylene?
-Sí, como se llame -. Concluyó la mujer ante de estrechar a su ahijado en su abrazo y caer dormida.
Por primera vez en un tiempo que sintió eterno, se permitió descansar cómodamente entre las personas más amorosas que había conocido y que la vida pudo poner en su camino de forma oportuna. El destino le había quitado a alguien que amaba mucho, pero también lo había compensado devolviéndole algo que creyó que nunca más podría sentir nuevamente.
El amor de una familia verdadera.
-Duerme bien, hijo -. Musitaron ambos adultos antes de caer en brazos de Morfeo.
Descansa, mamá. Tú también, papá.
Esta vez, el estruendo de la tormenta no pudo hacer nada más que perderse en sus oídos mientras caía dormido entre los brazos de sus padres con una dulce sonrisa en sus pequeños labios.
Palacio Matriarcal
En el presente
-Comenzando búsqueda de señal del lanzador real.
Miedo, aquella sensación que su padre le había pedido que aceptara, aquella angustia que solía abordar su corazón y lo hacía latir con más fuerza de la normal, aquel impulso que aceleraba la presión de su sangre y hacía temblar su temple, se alejaba con cada segundo que pasaba en este lugar. Ajena era la última vez que había sentido algo semejante a tal fantasme del pasado que había dejado atrás por el bien de su familia y de sus ambiciones frustradas.
-Ya casi estamos listos -. Recordó Helios a su compañero mirando las pantallas del puente principal de la nave.
Recordaba poco de la última vez que tal impulso había erizado su piel, solo llegaba a su mente la imagen de Zenoheld sentado en su trono y dándole la bienvenida a su iniciativa Vexos. Recordaba el ligero temblor que había amenazado pobremente con borrar su temple frente al rey loco. El espectro del miedo había recorrido su cuerpo el día que tuvo que reunirse cara a cara con el anciano, pero no se atrevió a permitir que se notara, porque sabía lo que estaba en juego y no iba a permitir que su plan se arruinara por algo que ya había dominado casi por completo.
Pero ahora no lo impulsaba solo el miedo.
La imagen de su familia a merced del rey loco, sufriendo de torturas indescriptibles frente a sus ojos con la única intención de romperlo, vino a su mente. Ya habían sufrido mucho por culpa de ese demente que había usado a su padre como rata de laboratorio, que había chantajeado a Elisa para usarla como una herramienta, que había sentenciado a una madre y a una niña a una prisión oscura para comer porquerías y mandarlas a ejecutar posteriormente.
Zenoheld ya había arruinado muchas vidas y no podía permitir que destruyera más. Solo podía apretar los puños con ira al pensar en cómo había obligado a Mylene a someterse a él. No podría perdonar nunca que la mujer que amaba había muerto con miedo en sus ojos, con la voluntad de morir profundamente interiorizada en su mente con tal de no tener que enfrentar al rey loco una vez más.
Papá, mamá, Elisa, Eisel, Mira, Gus, Mylene. La lista podía seguir y seguir, nombre tras nombre, lamento tras lamento, culpa tras culpa. Pasaría mucho tiempo antes de que pudiera perdonarse por sus propios pecados, pero nunca podría perdonarse si permitía que ese monstruo siguiera vivo. Se condenaría si dejaba que ese demonio respirara por más tiempo.
-La señal del lanzador real ha sido localizada en los niveles inferiores del palacio -. Anunciaron los escáneres.
-Estamos listos -. Dijo Helios a su compañero.
Esto tenía que terminar cuanto antes, tenía la oportunidad de vengar a los caídos y salvar un sinnúmero de vidas inocentes que no merecían tener a un tirano como Zenoheld de regreso en el poder.
Alguien tenía que detenerlo y esa era su obligación, su responsabilidad por todo lo que había hecho, por todos los caídos que no podrían ver un día más, por aquellos que habían perdido.
-Activa las hojas de energía. Preparémonos para tocar la puerta -. Ordenó Spectra inclinándose en su mesa.
Quería tener una vista clara de las paredes que se harían añicos con su intrusión, quería ver en primera fila como el rostro del anciano se torcía al volver a verlo, necesitaba ver el terror que iba a generar en sus ojos en cuanto acabara con él.
-Sistema de defensa: activado. Trayectoria: fijada. Destructor Vestal esperando órdenes para avanzar.
Una sola palabra desataría el último caos de esta guerra retorcida, bastaría con una sola orden para comenzar el ataque. Finalmente, podría vengar a Gus, a Mylene y a todos los Bakugan que lo habían seguido en esta travesía.
Su pie golpeaba el suelo con anticipación, su mano temblaba con la emoción de esta última batalla, su miedo se empequeñecía ante la figura de la rabia esperando a estallar en el rostro de quien tanto daño les había hecho y su lanzador lo miraba expectante desde su lugar en la mesa junto a la forma de su compañero.
Finalmente, después de un momento de espera y silencio, usado como una pequeña dedicatoria a su familia amada esperándolo en casa, a sus amigos caídos y a su amor perdido, dijo la palabra.
-Avanza.
A una velocidad extraordinaria, el gran crucero de exploración y batalla partió la distancia con los primeros cascos protectores del palacio, penetrando su blindaje como si no fuera más que papel con dos grandes hojas de energía celeste extendidas, arrasando con los diversos metales que se interponían en su camino.
Un espectáculo apoteósico dedicado a los muertos.
Con gran facilidad, el Destructor Vestal atravesó barrera tras barrera que lo separaban de su objetivo, dejando un rastro de caos y destrucción a su paso donde eran perfectamente audibles los gritos de horror de los fieles de Zenoheld. Una espiral de destrucción visible desde el espacio dimensional mismo, decorada con la marca del metal ardiendo por el toque agresivo de la energía concentrada en las hojas de la nave.
Un muro tras otro, cada vez más cerca de su oponente, de aquel que le había arrebatado tanto. El aroma de la venganza y la justicia se mezclaba debajo de su nariz cubierta por el metal de la máscara y era un olor exquisito, un olor que desfilaba por delante de la gran sonrisa que se había formado en sus labios.
Hubo un tiempo en que hacer esto lo habría asustado, en el que no se habría sentido seguro de que hacer frente al reto que tenía delante, pero ya no más. Ahora solo podía sentir satisfacción al sentir como la hora de la retribución se acercaba al ritmo que él estaba dictando.
Finalmente, después de enfatizar su presencia en el palacio de la forma más llamativa posible, el diablo le devolvió la mirada.
El maldito se mantuvo firme aun cuando tuvo a unos centímetros el láser de las hojas, listas para rebanarlo en cualquier momento. Ni un atisbo de miedo se asomó en sus ojos, ni siquiera se atrevió a inmutarse y solo se limitó a murmurar un par de palabras que, a pesar de la distancia, Keith pudo oír claramente.
-Es hombre muerto.
No había miedo, no había terror, ni culpa o una mínima señal de nervios, solo desafío en su estado más puro.
Bien, si Zenoheld no estaba dispuesto a temer ahora, lo obligaría a retorcerse a las malas. Su corazón bombeaba con anticipación repasando en su mente como sería la próxima batalla que daría fin al monstruo que tanto lo había herido.
-Hola a todos -. Saludó el enmascarado con sorna al salir de su nave.
-¿¡Por qué no debería acabar contigo, Spectra!? -. Gritó el rey loco en respuesta desde su trono.
Había estacionado la nave en el nivel más bajo de la sala, una hilera vertical de plataformas blancas y celestes se alzaba sobre Keith, y en el nivel más alto de todos, se encontraba él.
Ignoraba el hecho de que había irrumpido con facilidad en la seguridad de su fortaleza, de que había llegado con la única intención de destruirlo de una vez por todas y terminar con sus planes para siempre, solo le importaba que se atrevía a enseñarle su rostro nuevamente después de todo lo que había ocurrido entre ellos.
-Sabes bien porqué estoy aquí -. Contestó el rubio sin mostrar interés por las palabras del anciano.
Su padre y sus amigos estaban en alguna parte de este laberinto, su madre y su hermana libraban sus propias batallas contra las pesadillas que asolaban sus mentes por las noches, su mejor amigo y sus compañeros leales habían muerto a manos de este demente y la mujer que amaba se había suicidado por el miedo que infundía en su corazón, el terror que le impidió ver más allá de su miedo y les había arrebatado la oportunidad de estar juntos nuevamente. Tenía claro el porqué estaba aquí, las vidas de miles de millones de personas inocentes peligraban, corrían el riesgo de terminar igual que todos los que habían muerto en este retorcido juego de tronos.
No habrían más, esta sería la última baja que se sumaría a la lista de muertes que este prolongado conflicto había provocado en mundos diferentes.
Solo uno más, por la necesidad de justicia y redención de Keith Clay. Por el último deseo de venganza y sangre de Spectra Phantom antes de despedirse.
Solo un nombre más.
Zenoheld.
-¡Lo único que me importa es aplastarte, cucaracha escandalosa! -. Escupió el rey con veneno.
No tardó en sujetar su manto con fuerza antes de arrojarlo con toda la fuerza que pudo hacia el vacío, dejando ver el uniforme de combate que usaba debajo de su ropa finamente cuidada y atendida por su personal.
-Adelante, anciano -. Respondió el enmascarado con rabia oculta -. ¡A pelear!
Sabía que su padre y sus amigos no aprobarían que hiciera esto sin ellos, pero no quería involucrar a nadie más en este asunto. Esta era su pelea, se la debía a los difuntos y no iba a permitir que nadie más se arriesgara en una batalla que era solamente suya.
-¡Me encargaré de ti cómo lo hice con tu mascota!
-¡Golpe de poder!
Calabozos
10 minutos después
-¿¡Listo para conocer tu ruina!?
-¡Atácame y lo veremos!
-¡Doble poder activado: Pulso Gemelo + Fuego Espartano!
-Parece que la batalla comenzó con todo -. Comentó Joanna mientras avanzaban por los pasillos.
-¿Está seguro de que no quiere ir a ayudar, señor? -. Preguntó Jormthan.
No había nada que quisiera más que eso, destrozar estos muros y correr a ayudar a su imprudente hijo, pero Eric sabía que tenían que hacer algo primero. No podían correr aún, tenían que hacer lo necesario para ganar y tres no bastarían, dudaba que incluso cuatro hicieran la diferencia, pero era lo mejor que tenían.
Maldijo internamente al pensar en el actuar de su hijo, su mensaje tenía la única intención de preparar a los humanos y a los vestals para el ataque de Zenoheld. En su lugar, lo único que había logrado fue motivar a su hijo a realizar su propia ofensiva contra la base del enemigo.
La valentía y la imprudencia afloraban en Keith de la misma manera que lo hacían en él. Aunque no estaban relacionados por sangre, Keith parecía ser cada vez más un hijo suyo, tanto en sus virtudes cómo en sus más grandes defectos. No obstante, también era inevitable para él no recordar a su querida amiga.
-Ojalá lo estés viendo ahora, Mira. Ha crecido mucho.
Quería salir a ayudar a su hijo, pero aún había algo que tenían que hacer primero y no podían darse el lujo de perder la oportunidad de obtener un nuevo aliado que los ayudara a enfrentar el final de este conflicto.
Y por eso estaban aquí, mirando fijamente a aquella lúgubre sombra encogida en el fondo de esta celda oscura, la sombra que una vez se había regocijado en la luz de la grandeza y ahora se revolcaba en la oscuridad más profunda de la vergüenza y el fracaso después de estar tan cerca de conseguir la más grande de las glorias.
Hundido en lo más profundo del hueco en el que lo habían enterrado por su intento de desafío, el muchacho en la celda se encogía en su miseria y su frustración, ensombrecido por su impotencia frente a su nuevo enemigo.
-Hydron -. Llamó el comandante al ahora prisionero.
El muchacho reaccionó a su llamado con un pequeño respingo, claramente no esperaba recibir visitas y mucho menos ahora que el suelo se retorcía bajo la abrumadora batalla que se estaba librando en los niveles superiores del palacio.
No tenían mucho tiempo, todo el cuerpo de seguridad se había movilizado a la zona en la que se estaba librando el combate para apoyar a su rey, por lo que habían dejado libre la zona del laboratorio, dándoles la oportunidad de escapar y poner en marcha su plan.
El príncipe se giró lentamente con una expresión anonadada en su rostro, incapaz de creer lo que estaba mirando del otro lado de la puerta metálica adornada en sus pequeños vacíos con redes de láser decorando los espacios libres en el blindaje.
-¿Comandante Valiant? -. Preguntó el antiguo príncipe impactado.
-Soy yo -. Asintió Eric con una mirada serena.
El chico no tardó en acercarse ligeramente con pasos temblorosos y carentes de toda la seguridad que su estatus perdido solía darle. Parecía tener una mezcla de nervios y fascinación en su rostro confundido.
-¿Cómo es posible? Creí que… Clay… -. Trató de formular el ojilila confundido al ver a su antiguo enemigo libre de sus ataduras.
-Clay cometió el error de pensar que podría retenernos por siempre. Estaba tan seguro del funcionamiento de sus máquinas que no pensó en todas las posibilidades que se pueden dar en el campo -. Respondió el hombre sin cambiar su expresión.
-Elvar -. Musitó el príncipe, entendiendo lo que había sucedido.
Estaría siempre agradecido con su protegido por haberlo liberado de la influencia de Zenoheld y Clay con su movimiento rápido. Estaba seguro de que Dill lo había hecho con la única intención de liberarse de su agarre, pero su acto casi instintivo lo había liberado de todo tipo de control que sus enemigos tuvieran sobre él. Gracias a eso, Joanna, Raxus y Jormthan también estaban libres.
-Yo… yo no quería… cuando mi padre dio la orden yo… -. Trató de justificarse el ojilila con su voz temblando.
Imaginaba lo que quería decir, que él no quería que esté fuera su destino, que había tratado de interceder en su nombre para que no lo convirtieran en la máquina que lo estaba mirando ahora mismo. No sabía que tan sincera podría ser su justificación, después de lo que había visto desde el laboratorio de Clay, no se atrevía a emitir ningún juicio sobre el antiguo príncipe y no le importaba mucho realmente.
-Lo que pasó no importa ya, Hydron. Tenemos asuntos más importantes que atender ahora mismo -. Dijo el comandante apoyando sus manos en la puerta de la celda.
Ante sus palabras, el rubio lo miró con genuina curiosidad, interesado en lo que pudiera estar sucediendo y averiguar por qué el castaño frente a él estaba tan dispuesto a pasar por alto lo que había sucedido por culpa de su familia.
-Comandante, tenemos que darnos prisa -. Interrumpió Joanna rápidamente.
La pantalla holográfica en su prótesis continuó enseñando las imágenes de la batalla que se estaba librando en los cielos del palacio gracias a su intervención a las cámaras de seguridad, conectadas directamente a la prótesis de la capitana. Podían ver como Helios compartía un intercambio de ataques feroz con Farbros, donde éste último parecía tener la ventaja al enviar a su oponente al suelo con su propia ráfaga de disparos.
-¡Vamos, Helios! ¡Destruye a Farbros! -. Llamó Keith a su compañero.
No tenían mucho tiempo, estaba seguro de que Helios y Keith serían perfectamente capaces de enfrentar a Farbros en su forma normal, pero no quería imaginar que sucedería cuando obligaran a Zenoheld a usar la formación de asalto. Gus y sus Bakugan no tuvieron ninguna oportunidad contra ese poder, ni siquiera los tres fueron capaces de marcar una diferencia en la batalla. Hydron era el que más se había acercado a la victoria sobre su padre y había perdido con un solo movimiento. No estaba dispuesto a permitir que su hijo pasara por lo mismo que su amigo, tenía que ayudarlo, pero necesitaban de todos los números que fueran posibles.
-Spectra -. Murmuró Hydron el nombre de su antiguo sirviente favorito.
-Está luchando con Zenoheld ahora mismo, trata de acabar con él de una vez por todas. Lo mismo que varios hemos intentado y fallado hasta el momento -. Asintió Eric al antiguo príncipe.
-Pero no va a poder solo, necesita ayuda -. Intervino Raxus en el hombro de su compañero -. Nadie ha podido vencer a Farbros cuando usa su modo de asalto, pero tú estuviste más cerca que nadie.
-Pero no fue suficiente -. Respondió el ojilila con enojo.
-Pero lo estuviste -. Repitió Eric las palabras de su compañero -. Cometiste el error de pelear limpiamente contra alguien que no tiene idea de lo que eso significa. Para derrotar a alguien como Zenoheld, tienes que luchar como lo haría él.
-Entonces, ¿a eso vinieron? -. Preguntó el rubio con una ceja arriba -. ¿A pedirme que vuelva a desafiarlo?
-Vinimos a pedirte que nos ayudes a ganar -. Aclaró el Bakugan Pyrus.
No esperaba que fueran tan sinceros respecto a sus intenciones, pero era lo mejor que tenían. Ninguno de ellos era del tipo de persona que manipulaba a los demás y ya se habían dicho suficientes mentiras en los últimos tres años como para seguir así. Si iban a hacer esto, la sinceridad tenía que primar sobre cualquier acción digna del hombre que querían destruir.
-¿Y por qué haría algo así? -. Cuestionó el rubio con escepticismo -. ¿Por qué debería ayudarlos?
-Porque es lo único que te queda -. Respondió Raxus con un bufido.
-Tiene razón -. Asintió Eric en acuerdo con su compañero -. Sabes que la única razón por la que no te ha ejecutado todavía es porque eres su hijo. Si gana y reconquista Vestal, la única vida que podrás llevar será en un calabozo. Dime qué prefieres, Hydron: ¿enfrentar al loco de Zenoheld una vez más o pudrirte en esta prisión por el resto de tu vida?
Sus palabras parecieron tener el efecto esperado en el príncipe, su mirada decayó notablemente al oír su pequeño discurso, mientras su mano temblaba ligeramente. Sin embargo, no tardó en ocultar sus dudas y miedos detrás de una máscara de fortaleza una vez más para devolverle la mirada.
-¿Y qué me garantiza que ayudarlos será mejor? ¿Cómo sé que no me van a ejecutar cuando hayamos terminado con Zenoheld? -. Cuestionó el rubio con un atisbo de miedo sobresaliendo en el temblor que acompañaba su voz con cada palabra.
Era una buena pregunta, solo podía imaginar el número de personas que querían la cabeza de Hydron en una pica por todo lo que había pasado. Sin embargo, no podía decir que estuviera de acuerdo con la propuesta. Ya fuera por su código moral o su simpatía creciente por el príncipe y su situación, Eric no podía compartir el deseo de ver al ojilila cruzar el umbral para ser ejecutado en una transmisión en vivo que debería deleitar a sus hermanos vestal.
-Porque yo hablaré con ellos -. Respondió el castaño con sinceridad.
-Comandante -. Trató de apelar Joanna insegura, pero fue detenida con un ademán de su superior.
-Lo prometo, Hydron. Si nos ayudas, hablaré con el Alto Consejo para que te den una segunda oportunidad -. Juró el soldado con una mano empuñada en su pecho.
Su mirada vaciló ligeramente, las dudas estaban claramente marcadas en sus facciones cada vez menos sueltas mientras el tren de los pensamientos desfilaba por su mente.
Era una visión un poco inquietante para Eric, odiaba no saber qué es lo que estaba pensando el antiguo príncipe. Solo podía encogerse disimuladamente con anticipación mientras esperaba una respuesta por parte del rubio.
Hydro se tomó un momento para responder cuando una aparente iluminación llegó a su mente menos indecisa. Levantó la cabeza ligeramente para devolver su mirada a los ojos del antiguo comandante una vez más, mientras apretaba sus puños con lo que parecía ser la sombra de su convicción perdida respaldándolo una vez más desde su batalla con su padre.
-Si los ayudo, hay algo que me gustaría a cambio -. Comenzó el ojilila una vez más.
-Como dije, estoy dispuesto a hablar con el Alto Consejo si… -. Trató de repetir el ojiverde antes de ser interrumpido por el rubio.
-No me refiero a eso -. Aclaró el antiguo príncipe -. Si los ayudo, quiero ser yo quien acabe con Zenoheld.
Empuñó su mano derecha con anticipación, el fuego de la batalla ardía una vez más en los ojos de Hydron, la emoción de una segunda oportunidad de vencer a su padre agitaba su corazón. No ambicionaba solo la victoria esta vez, también quería venganza.
Era difícil decir si quería quitarle la vida a su propio padre, pero era más difícil pensar lo contrario. Después de todo lo que había sucedido en el campo de batalla, no era descabellada la posibilidad de que quisiera hacer algo así. Sin embargo, esa tenía que ser la menor de sus preocupaciones ahora. Keith estaba luchando con el rey loco por su cuenta y necesitaría refuerzos cuanto antes. La vida de Zenoheld no podría importarle menos en estas circunstancias.
Solo quería ayudar a su hijo, como tanto había querido en Nueva Vestroia.
-Hecho -. Asintió el hombre mayor.
No sabía que esperar de todo esto, pero al menos tendrían otro aliado que los ayudaría a destruir al monstruo que tanto los había lastimado. Frente a las circunstancias que atravesaban ahora, solo podía esperar que, de todas las vidas que aún peligraban en esta guerra, solo una más se perdiera.
-Entonces, ¿cómo salimos de aquí? Imagino que no tienen el código para abrir la puerta -. Cuestionó el rubio posando sus manos en el metal de la puerta de su celda.
-Ya nos adelantamos -. Dijo el hombre escondiendo brevemente sus manos en tras su espalda.
Un lanzador negro con trazos anaranjados y colmillos en la bandeja de entrada para las cartas se asomó lentamente detrás del cuerpo del hombre mayor. Una imagen que no tardó en revelarse a los ojos del ojilila y que hizo que su expresión se iluminara con aparente emoción.
-¿Mi lanzador? ¿Cómo lo consiguieron? -. Preguntó el chico recibiendo cuidadosamente el dispositivo en sus manos, a través de los barrotes de energía.
-Lo llevaron al laboratorio donde nos tenían encerrados -. Respondió Valiant alzando su mano cibernética empuñada a la altura de los barrotes -. Y esto lo acompañaba.
Abriendo sus dedos metálicos, la expresión de Hydron se terminó de iluminar finalmente cuando una esfera anaranjada con detalles marrones y tres líneas rojas en el frente saltó de la mano del hombre para flotar lentamente hacia sus manos.
-Dryoid -. Llamó el antiguo príncipe a su compañero, acogiéndolo suavemente en sus manos.
-Para vencer a Zenoheld, lo vas a necesitar -. Dijo el castaño, levantando su prótesis.
A su lado, la capitana repetía su misma acción con su propio brazo mecánico. Un par de cartas de inicio brillaban en los compartimentos para cartas, creando una tenue luz morada entre el brillo rojo y azul de los atributos predilectos de ambos peleadores.
-¿Listo, Hydron? -. Preguntó el comandante con expectación.
Su respuesta no tardó en llegar. El chico se alejó hasta el muro posterior de su celda con su lanzador listo en su brazo y una carta de inicio adentrándose en el dispositivo, emitiendo una tenue luz anaranjada.
-Adelante.
-¡Golpe de poder!
Palacio Matriarcal
Exterior
-¡Poder activado: Ataque de Sombras!
-¡Poder activado: Maravilla Máxima!
La pelea se había salido de control más rápido de lo que había esperado. Sabía que el modo de asalto del maldito anciano exigiría más poder del que Helios podía ofrecer por su cuenta, pero no esperaba que fuera necesario recurrir a las Trampas Bakugan mecánicas para realizar la formación Maxus tan pronto, pero lo había hecho.
Un poderoso choque de poder cegó temporalmente su visión del campo de batalla que alguna vez había sido el nivel base del palacio del rey loco, pero que ahora se abría paso como nada más que un mero recuerdo frente a la espiral de destrucción y caos que su combate había creado, una donde solo eran audibles los gritos de terror de los sirvientes del anciano y los temblores que los ataques producían.
Aunque no sentía un ápice de simpatía por ninguna de estas personas que habían decidido seguir a Zenoheld aun cuando se les había ofrecido la oportunidad de abandonarlo, no quería que se perdieran más vidas de las necesarias por su culpa, sabía que su padre no se lo perdonaría y ya lo había decepcionado lo suficiente. Así que Keith se decidió a sacar la pelea del palacio y llevarla a la atmósfera de la luna más cercana a su ubicación.
Por fortuna o desgracia, la presencia de este cuerpo lunar era la indicación de que estaban cada vez más cerca de Vestal. Tenían que terminar con esto cuanto antes, pero el modo alterno de su oponente no lo hacía fácil.
-¿Ya tuviste suficiente, Spectra? -. Preguntó Zenoheld con burla desde el interior de su cabina.
La voz del anciano sonaba distorsionada desde los altavoces de su Bakugan, pero la sorna en su tono era perfectamente audible gracias a la diminuta distancia que los separaba.
El empuje de Farbros era fuerte y más todavía con el extra de fuerza y complexión que le ofrecían sus partes de repuesto. El maldito era más grande que Helios incluso con en su forma Maxus y dejó en claro su superioridad física con la gran embestida que los empujó bajo la atenta mirada de las estrellas mientras Farbros propinaba fuertes golpes en los costados visibles de Helios, provocando que éste soltara fuertes quejidos de dolor.
Estaba seguro de que, si no hacía algo, su compañero no tardaría en escupir sangre por el tormento físico al que estaba siendo sometido.
-¿Sientes el miedo, Spectra? -. Siguió el anciano con sus burlas.
Usando las enormes pinzas que tenía por manos, Farbros levantó la cabeza de Helios mientras su extremidad libre tomaba un alarmante impulso frente a la luz cegadora de los astros que atestiguaban su combate por el destino de todo el universo.
-¡Me aseguraré de que te reúnas con tu perro faldero!
El grito del viejo fue acompañado por un fuerte azote produjo ondas que se disolvieron en el espacio. Helios no tuvo ninguna oportunidad de emitir un rugido de dolor por la fuerza del ataque que recibió directo en un costado de su cabeza, tronando el metal de sus prótesis internas.
-¡Helios! -. Llamó Keith a su compañero con desesperación.
A gran velocidad, dos cuerpos se precipitaron contra la corteza lunar del primer cuerpo espacial que precedía su planeta de origen con un rastro de sangre y chispas destilando de la maquinaria de Helios. El metal de las Trampas se retorcía con fuerza incluso estando suspendidos en el aire después de tanto maltrato sufrido a lo largo de sus batallas.
Aunque quería mucho a sus nuevos amigos, no podía negar que una parte de él no pudo evitar maldecir a Leónidas por ser quién más daño había hecho al sistema de armas Maxus en su batalla en Vestal.
Estando desde la parte más alta del nuevo campo de batalla, Zenoheld se reía con satisfacción y alegría, como un auténtico demente que gozaba de todas las imágenes que su mente pasaba a modo de propuestas para terminar la batalla de una vez por todas, mientras batallaban por formular palabras en medio de sus carcajadas atronadoras.
-¡Quiero que lo sientas, Spectra! ¡El mismo miedo que tu mascota sintió cuando acabe con su miserable vida! ¡El mismo miedo que Mylene sintió durante toda su insignificante vida! -. Gritó a todo pulmón entre risas frenéticas.
Miedo, aquella emoción que se había prometido dejar atrás, aquel sentimiento que había acompañado a Mylene durante todos esos años que estuvieron separados hasta que finalmente sucumbió y murió por mano de ese mismo terror que este loco le infundía.
Sabía que Gus no había muerto con nada semejante al miedo que Zenoheld estaba presumiendo, fue un soldado leal y un amigo dedicado y fiel, dispuesto a morir con una sonrisa por las pocas personas que le importaban genuinamente. Pero ese no fue el caso de Mylene, su amada peliazul nunca había tenido la ambición de llevar la vida del soldado o el peleador, quería ser una científica, convertirse en una eminencia en la rama de la biología; su muerte no había sido más que el resultado de múltiples circunstancias que poco a poco le habían arruinado la vida antes de convertirse en alguien completamente diferente a quien solía ser en sus días más felices en Vestal.
Lo había visto con sus propios ojos, había visto con atención cómo el miedo acompañaba cual virus la mirada de su querida Mylene sin la más mínima intención de dejarla en paz, había tenido que presenciar de frente cómo la esperanza de alcanzar unos bellos sueños frustrados se marcaba en los ojos azules que tanto adoraba antes de perderse en una luz pasajera que daría paso a una oscuridad infinita y terminaría con el destello de alegría que tanto quiso recuperar. Todo mientras sentía en sus propias manos el toque tembloroso e inseguro que delataba el miedo que su amada sintió en sus últimos momentos, pensando que no tendría nada más en su vida desde ese punto que sufrimiento y castigo perpetuos, si se atrevía a vivir un día más.
-¡Helios! -. Llamó una vez más a su compañero mientras se precipitaban a la corteza lunar que esperaba ansiosa el impacto.
-¡Es inútil resistirse! -. Exclamó el rey loco antes de anunciar un nuevo poder.
Aunque no debería poder ver mucho desde su posición, Keith fue perfectamente capaz de divisar las pinzas de Farbros desprenderse de su posición, dejando como único enlace con su cuerpo los cables reforzados que los mantenían unidos; mientras destellos de electricidad carmesí brillaban entre las garras de las armas.
Helios emitió un poderoso rugido de dolor cuando la electricidad finalmente los alcanzó, sufriendo por las reacciones que el metal mostraba al contacto con los voltios que debían descargar las garras de Farbros. Sin embargo, el Bakugan mecanizado no fue el único que sufrió por sus efectos.
Un grito atronador resonó para todo el vacío dimensional cuando el metal que conformaba la máscara de Spectra se mezcló con la energía eléctrica que liberaba el enemigo. Tan rápido pudo, Keith levantó su mano a gran velocidad para arrancar de su rostro la máscara que poco a poco empezó a quemar su rostro de forma implacable.
-¡Muere de una vez! -. Gritó el hombre una vez más con deleite.
¿Así terminaría todo? ¿En verdad había llegado tan lejos para nada? ¿Cómo rayos podría morir sabiendo que el hombre que tanto le había hecho a él y a su familia seguiría vivo mientras su cadáver se pudría en las entrañas del espacio? No podía ser, no debía ser, su madre y sus hermanas lo esperaban para volver a casa juntos, esperaban que regresara con su padre y sus amigos, que volviera con la luz de la esperanza brillando en sus ojos mientras comenzaban a planear como recuperar todo lo que habían perdido. Pero no podía hacerlo, odiaba reconocer algo como esto, pero parecía que el reto lo había superado y no podría hacer esto solo.
Necesitaba a sus amigos, necesitaba a su familia a su lado para destruir a este demonio que tanto los había aterrorizado de una vez por todas.
-¡Poder activado: Castigador Aquos!
De pronto, una poderosa luz danzante se precipitó en el campo de batalla, iluminando con ferocidad la negrura del vacío dimensional con la fuerza de un brillo azulado y golpeando directamente a Farbros por la espalda, obligándolo a emitir un chillido por la fuerza de lo que parecía ser un fiero ataque.
Keith se habría tomado un momento para tratar de apreciar a quien parecía ser su salvador de no ser porque sintió el peso de su compañero parar en seco de su caída para reposar suavemente en una superficie endurecida, pero mucho más reconfortante que le suelo de la luna que aún esperaba su caída.
Buscó con sospecha en su mirada la causa de este rescate misterioso. Sabía que no podía ser ninguno de sus amigos, los había dejado a salvo en la Tierra y no tenía ninguna intención de involucrarlos.
Solo había una opción lógica para esto, pero quiso apreciarla con sus propios ojos antes de permitir que su corazón se hiciera ilusiones secretas. Pero no fue necesaria la preocupación, pues lo primero que vio al escalar un poco la estructura del cuerpo de su compañero herido, no tardó en ser recibido por una enorme sonrisa llena de orgullo y alivio.
Una sonrisa que calló las voces pesimistas en su cabeza y que solo pudo ver correctamente sin la molestia de su máscara en su rostro.
-Papá -. Llamó el rubio a la figura que se erguía con orgullo y dignidad sobre él.
Empequeñeciendo brevemente su figura magullada por el combate, Eric Valiant se alzó con bravura y determinación sobre el hombro de su compañero, el cual sostenía a Helios en sus poderosos brazos, frenando su caída y acrecentando su imagen de caballero en brillante armadura carmesí.
-Es bueno verte, hijo -. Comenzó el castaño sin borrar su sonrisa de su rostro.
Con delicadeza, Raxus posó a Helios en el suelo de la luna antes de ayudarlo a recomponerse tan rápido como le fue posible.
El dragón mecanizado seguía aturdido por las múltiples heridas recibidas durante la batalla, pero no tardó en hacer su mejor esfuerzo por pisar tierra por su cuenta una vez más con sus enormes extremidades reforzadas.
No cabía duda de que la fuerza de Raxus había crecido gracias a las modificaciones de Clay. No imaginaba a muchos Bakugan capaces de cargar a Helios con el sistema Maxus equipado, pero Raxus lo había logrado, había conseguido sostener un peso que Keith estaba seguro que solo Leónidas y Wilda serían capaces de manejar.
-¿Están bien? -. Preguntó Raxus preocupado.
-Sí -. Asintió Helios con cansancio -. Gracias, Raxus -. Agradeció con sinceridad.
¿Helios agradeciendo a Raxus? Definitivamente, era una gran muestra de su crecimiento. Keith estaba bastante seguro de que no haría algo así con alguien que no fuera Drago, pero le había demostrado lo equivocado que estaba.
-¿Tú estás bien, hijo? -. Preguntó el antiguo comandante con preocupación.
Su rostro estaba ligeramente quemado, su máscara destilaba humo y su ropa estaba hecha jirones, pero no podía importarle menos. Su padre estaba aquí, por amor al Padre Vestal, ¿cómo no podría estar bien? Después de todo lo que había pasado, finalmente se reunía con el hombre que lo había criado sin estar en lados opuestos del conflicto.
El mensaje del hombre había dejado en claro cómo se había liberado del control de Clay y Keith no podía estar más agradecido con el comandante Elvar por permitir que esto fuera posible. Después de tanto tiempo lleno de sufrimiento y dolor, su padre estaba con ellos nuevamente.
-Sí, señor -. Respondió el rubio conteniendo la emoción.
En otras circunstancias, estaba seguro de que ambos se habrían lanzado a compartir el abrazo más grande y fuerte que les fuera posible, estaba marcado en los ojos verdes opacos del hombre que eso era justo lo que quería con gran emoción; pero el chillido que se escuchó en los cielos los obligó a romper su momento para regresar a la batalla que estaban librando.
La luz de las estrellas les permitió divisar a sus otros rescatadores, que se habían precipitado con valor al fuego cruzado para unirse a la batalla.
Surcando la oscuridad del vacío dimensional gracias a las placas que le servían como un medio de vuelo, Jormthan Aquos descendía a su nivel con su compañera en la espalda y un Bakugan humanoide acompañándolo en la parte superior de su cuerpo alargado.
-¿¡Hydron!? -. Exclamó el ojiazul con incredulidad.
Frente a él, el Príncipe Hydron se alzaba con algo parecido a la pena, casi parecía que prefería que la tierra lo tragara en este momento; pero se rehusaba a moverse o hablar, optando por mantenerse callado y solo devolverles una mirada inexpresiva tanto a Keith como a Helios.
-No tienes de que preocuparte, Keith -. Aseguró Joanna subiendo a la cabeza de su compañero, que reposaba sus brazos metálicos en el suelo -. Hydron está de nuestro lado.
En otro momento, se habría tomado su tiempo para saludar a la antigua capitana y expresar su respeto y su agradecimiento hacia ella por no haber dejado solo a su padre en este tormento, pero su atención no podía alejarse del antiguo príncipe que hacía gala de algo de lo que Keith siempre lo creyó incapaz: silencio.
-Está bien, hijo. Va a ayudarnos -. Aseguró el ojiverde tomando la delantera para evitar cualquier tipo de confrontación entre los antiguos Vexos.
-Siempre y cuando recuerden mi condición -. Intervino el ojilila finalmente, cortando su propio silencio.
-Tranquilo, tendrás tu oportunidad de vengarte, Hydron. Lo prometimos, después de todo -. Respondió la mujer con firmeza.
-Esto tiene que ser una broma -. Resopló Helios mirando al Bakugan del príncipe -. ¿Cómo están seguros de que pueden confiar en esa chatarra? -. Preguntó el dragón indignado.
Dryoid no tardó en reaccionar a la provocación del Bakugan Pyrus levantando su espada de energía a la altura del cuello del dragón en señal de advertencia.
-La chatarra estuvo más cerca que nadie de derrotar a Farbros en su modo de asalto, por eso lo necesitamos -. Dijo Jormthan acompañando a Raxus para evitar una confrontación -. Necesitamos todos los números que nos sean posibles, así que deja de quejarte, Helios.
-Te atreves a… -. Comenzó Helios un reclamo antes de ser interrumpido por un fuerte que hizo temblar el suelo.
A un par de metros de ellos, Farbros descendió con agresividad al suelo lunar, destacando su gran altura sobre la de sus oponentes que apenas le llegaban lo que debería ser sus muslos.
-¿¡Así que a esto has llegado, Hydron!? ¿¡Cuándo creía que no podías caer más bajo, te alías con estas basuras para tener una mínima oportunidad de destruirme!?
-¡Cierra la boca, anciano! ¡Lo único que importa es que después de hoy no volverás a ver la luz del día! -. Gritó el príncipe en respuesta.
Aunque estaba genuinamente intrigado por el intercambio entre padre e hijo, y quería averiguar más de lo que estaba sucediendo entre los miembros de la realeza, el toque de su padre en su hombro hizo que detuviera el tren de sus pensamientos.
-¿Papá? -. Dijo el rubio mientras veía a su padre tomar la delantera en el campo.
Desde ahí, la figura de Raxus y Eric lucía más poderosa e imponente de lo normal. Su temple era tranquilo, su pulso estaba perfectamente estable y sus miradas no flaqueaban a pesar de la diferencia de tamaño con su oponente. Ambos se mantenían en perfectas condiciones y no dejaban que sus preocupaciones se asomaran para tomar el control de la situación.
-Debí saber que tarde o temprano encontrarías el modo de molestarme de nuevo, Valiant. Siempre has sido una piedra en el zapato. ¿!Cómo rayos te liberaste!? -. Cuestionó el anciano con rabia.
-¿Importa, Zenoheld? Ya lo dijo tu propio hijo, lo único que importa ahora es que aquí se acaba tu reinado de terror -. Respondió el castaño con firmeza.
Aunque tanto él como Raxus tenían que levantar considerablemente la mirada para ver a Farbros a lo que parecían cumplir el papel de sus ojos, ninguno se atrevía a romper el contacto visual. Ambos compañeros dejaron en claro al viejo quienes iban a llevar las riendas de la situación desde este punto.
Aunque Zenoheld no estaba dispuesto a renunciar a ellas tan pronto.
-No, claro que no. ¡Farbros! -. Respondió el rey con un grito al llamar a su Bakugan.
El enorme pie de la monstruosidad mecánica se alzó una vez más con la intención de pisotear a Raxus y todos los que estuvieran junto a él.
-¡Cuidado! -. Advirtió Hydron moviéndose rápidamente con su compañero de su lugar.
No tardaron en seguir el ejemplo del ojilila tan rápido como les fue posible. Por suerte, el gran tamaño de Farbros también lo hacía sumamente lento y le costaría trabajo alcanzarlos si se movían rápido durante la batalla.
-Tenemos que atacar todos juntos. El blindaje de Farbros es demasiado fuerte para los ataques de uno solo -. Avisó Hydron desde el hombro de su compañero.
-Entendido -. Asintió Joanna antes de posar una carta en su prótesis.
No le gustaba la idea de trabajar con el antiguo príncipe, todavía sentía un fuerte desagrado por él y no lo quería cerca, pero tenía que aceptar que parecía ser el único en conocer mínimamente los puntos fuertes y débiles de su enemigo; por lo que su ayuda podría ser decisiva en el desarrollo de este combate. Su padre y Joanna parecían confiar en él lo suficiente como para permitirle acompañarlos bajo una promesa que desconocía a detalle. Se preguntaba si así se debía sentir Nick cuando comenzaron a trabajar juntos.
Keith sacudió su cabeza brevemente. Ya habría tiempo para hacerse esas preguntas después, ahora tenía que enfocarse en la batalla que estaban librando, aquella que definiría el final de esta guerra retorcida.
-Poder activado: Castigador Aquos -. Comenzó Joanna con su propio ataque.
Para su sorpresa, Jormthan no apuntó su hocico brillante hacia Farbros, sino que dirigió su ataque hacia Dryoid. El ninja Subterra llegó rápidamente entre saltos al frente de su nuevo aliado, agitando con habilidad su sable mientras el antiguo príncipe descargaba un par de cartas en su lanzador.
-Poder activado: Doble Calibre + Poder de fusión activado: Reflector Gaian.
El ataque de Jormthan emitió una poderosa luz incluso estando cubierto por la oscuridad del espacio, partiendo con agresividad la distancia que lo separaba de Hydron y su Bakugan, el cual comenzó a girar su sable doble con la misma velocidad que las hélices de un helicóptero, antes de recibir el ataque de su aliado entre las hojas de energía amatista.
-¿Qué hacen? -. Preguntó Helios confundido.
Su pregunta no tardó en hallar una respuesta cuando el ataque de Jormthan salió disparado una vez más, pero esta vez desde el arma característica del Bakugan mecánico, con un grosor mayor y una luz mucho más potente en dirección a Farbros.
Un fuerte quejido sacudió el campo de batalla por parte de Zenoheld, incluso desde el interior de su cabina parecía ser perfectamente capaz de sentir los efectos de los daños al blindaje de su compañero, que se sacudía con agresividad; tratando de disipar el humo que se había formado a su alrededor.
-¡Miserable mocoso! -. Maldijo Zenoheld desde el interior de su Bakugan.
A su lado, Keith vio como su padre escondía su mano brevemente tras la parte posterior de su armadura, sujetando lo que parecía ser una esfera blanca con finos trazos dorados en su forma entre los dedos metálicos de su brazo cibernético.
El hombre parecía estar tan absorto en sus propios pensamientos que no parecía darse cuenta de las maldiciones e insultos que el anciano arrojaba con furia mientras Farbros se agitaba entre chillidos distorsionados.
-¿Papá? -. Llamó el rubio al hombre para que regresara al combate.
Eric solo pudo ofrecerle una pequeña sonrisa a modo de su culpa antes de dar un último vistazo a la pequeña esfera entre sus dedos.
Sorpresivamente, y con movimiento brusco, el pequeño objeto en la mano del antiguo comandante salió disparada de su lugar hacia la monstruosidad mecánica.
-¿Qué es eso? -. Preguntó Helios confundido al ver el objeto partir la distancia con su enemigo rápidamente.
Una ola de luz dorada decoró la oscuridad del espacio exterior, distinguiéndose del brillo color plata de las estrellas mientras una silueta de su mismo color se formaba a su alrededor.
-¡Bakugan, surge! -. Exclamó el castaño levantando su mano -. ¡Boriates Haos!
Una señal, una orden, y un enorme Bakugan mecánico con forma humanoide, grandes pies y cuernos en su casco se hizo presente en el campo de batalla, cayendo sobre Farbros con un cañón en su brazo izquierdo destellando con la energía del arma en su boquilla.
Aunque nunca lo había visto personalmente, sabía quién era este nuevo Bakugan mecánico. Tenía un registro en el Destructor Vestal sobre las creaciones de Clay que usaba cada Vexos en batalla y sabía que éste era el antiguo compañero de Volt antes de morir. Era difícil creer que su padre en verdad estaba tan dispuesto a usar el arma predilecta de uno de sus antiguos protegidos al que él mismo había ayudado a dar fin. Solo podía imaginar lo que el hombre debía estar sintiendo en estos momentos y como debía estar ignorando su culpa para tener un mejor rendimiento en este combate definitivo por el corazón del universo.
Saliendo de su estupor tan rápido como pudo, Keith vio como Boriates se precipitaba desde los cielos para caer sobre su enemigo, que mantenía su atención fija en Dryoid y Jormthan.
Un poderoso golpe hizo temblar la compostura perfecta del Bakugan del rey loco, provocando un aparente chillido de dolor compartido por ambos contrincantes cuando el puño del gigante Haos se estrelló con violencia sobre la cabeza del coloso reforzado.
Maniobrando hábilmente en este nuevo terreno, Boriates escaló el cuerpo de Farbros hasta quedar sobre sus hombros y su cabeza antes de patear con fuerza uno de los cañones cercanos a su hombro izquierdo con la clara intención de arrancarlo del cuerpo de la monstruosidad mecánica.
-¡Vamos! -. Exclamó Raxus repentinamente a sus aliados.
Los demás no tardaron en seguir la orden del Bakugan del antiguo comandante, los cuatro gigantes se arrojaron con bravura hacia el oponente que parecía superarlos en todos los aspectos, excepto en número.
Los enormes brazos metálicos de Farbros se elevaron para tratar de quitarse a Boriates de encima, pero sus extremidades no tardaron en ser interceptadas por Helios y Raxus, que jalaron cada brazo en direcciones opuestas, impidiendo su movilidad.
-¡Ataca ahora, Hydron! -. Ordenó el ojiverde al más joven de sus aliados.
-¡Poder de fusión activado: Libélula Shou! -. Activó el rubio mientras su Bakugan corría a gran velocidad hacia el enemigo.
Las hojas amatistas no tardaron en adquirir un delicado color celeste durante la carrera del ninja cibernético. Zenoheld gritó con impotencia y frustración cuando el Bakugan de su propio vástago se deslizó con elegancia entre las piernas de Farbros con su sable de doble hoja en posición horizontal, rebanando el blindaje de sus extremidades con el láser del arma y provocando que el Bakugan mecánico más grande cayera de rodillas.
Jormthan aprovechó el momento para envolver su alargado cuerpo alrededor del cuello de Fabros como una serpiente tratando de aplastar a su presa mientras sus enormes patas mecánicas desgarraban todo el metal rojo y negro que podían alcanzar antes de concentrar todo su peso hacia atrás, atrayendo a Zenoheld y a su Bakugan al rocoso suelo de la luna.
-¡Keith, ataca ahora! -. Ordenó el castaño rápidamente.
El rubio mayor no tardó en seguir la orden de su padre al poner una carta poder en su lanzador lo más rápido posible para no darle a Zenoheld tiempo de actuar.
-¡Poder activado: Paradigma de Fuego!
Cerniéndose sobre su enemigo de un salto y el batir de sus alas, Helios abrió su hocico tanto como pudo con el resplandor de múltiples colores destellando en su interior.
Una vez más, el anciano liberó un grito atronador al recibir de lleno la llamarada multicolor que impactó en la parte delantera de la coraza de su Bakugan, que no podía hacer más emitir insoportables chillidos al ver como su metal parecía derretirse ante este ataque.
Casi podía sentirlo, el dulce sabor de la victoria una vez más frente a su más grande enemigo, el adictivo sabor de la venganza y la emoción de hacer pagar al anciano por todo lo que había hecho. Esperaba de todo corazón que en verdad existiera una vida más allá de la muerte para que Gus, Mylene, Vulcan y todos los muertos pudieran presenciar cómo se hacía justicia finalmente, después de tanto tiempo de espera.
Sin embargo, el maldito no estaba dispuesto a rendirse tan fácilmente.
-¡Suficiente! ¡Poder activado: Brillo Orizalcum! -. Gritó el anciano en respuesta con otra carta poder en su repertorio.
Ondas rojas provenientes de los sistemas internos de Farbros obligaron a los cinco Bakugan a retroceder para no quedar fuera de la batalla antes de que los constantes aguijones en sus escamas y blindaje provocaran su regreso a su forma de esfera, dándole tiempo al anciano de recomponerse para retomar la batalla.
-¡Spectra! -. Llamó Helios a su compañero al ver los refuerzos en sus extremidades brillar con la energía de sus atributos asignados.
-Maldición -. Murmuró Keith al entender lo que estaba pasando.
En un parpadeo, las Trampas Bakugan que servían como un armamento de mayor proporción regresaron a su forma portátil, regresando a las manos del compañero de su usuario.
Farbros se recompuso sobre sus enemigos una vez más, cubriendo a los cinco solo con su intimidante e imponente sombra y con una mirada aterradoramente inexpresiva en sus escáneres, digna de una máquina.
Joanna maldijo con rabia, escupiendo insultos llenos de veneno y pensando en lo cerca que estuvieron de la victoria, mientras que Hydron trataba de ocultar el pánico y la impotencia que sentía por el fracaso de su mejor intento de ganar hasta el momento. Keith estaba listo para arrojar sus propias maldiciones con todo el odio que tenía reprimido desde el inicio de la batalla para mejorar su rendimiento y no afectar su juicio; sin embargo, la calma de su padre lo impidió.
Aunque tenía que levantar la vista, incluso desde el hombro de Raxus, Eric no se alteraba y optaba por mantener la cabeza fría en todo momento para pensar con detenimiento la situación y tratar de llegar a una posible solución.
Sin embargo, la calma del antiguo líder del ejército de su mundo no pareció alterar a Zenoheld en lo más mínimo cuando puso una nueva carta en los sistemas de su Bakugan.
-¡Mueran de una vez, gusanos insignificantes! Poder activado: Ataque de… -. Comenzó el anciano antes de ser agresivamente interrumpido por Valiant.
-¡Poder activado: Cañón Prometheus!
En un abrir y cerrar de ojos, Boriates levantó el cañón de su brazo tan rápido como pudo para disparar una breve ráfaga de rayos contra la cabeza de Farbros, cortando el movimiento del anciano y reemplazándolo por un quejido lleno de furia.
Ese fue el momento que necesitaban, la ventana de oportunidad que habían perdido y recuperado en un instante. Raxus lideró la carga una vez más, Boriates no tardó en seguir al compañero de su aparente nuevo peleador con Helios a su lado, rugiendo con toda la euforia y poder que pudo demostrar en la acción. Detrás de ellos, Jormthan usó los propulsores que recorrían su cuerpo para surcar los cielos una vez más, mientras Dryoid corría con su sable en mano, listo para retomar el combate.
Estando debajo de su enemigo, los Bakugan Pyrus no dudaron en aprovechar el gran tamaño de su enemigo a su favor, al azotar con fuerza sus puños y garras en la parte posterior de las rodillas al elevarse con un movimiento que les dio la oportunidad de arrodillar nuevamente a la monstruosidad mecánica.
-Vamos, amigo. Hay que arrebatarle sus cañones -. Indicó Joanna a su compañero.
Con un leve asentamiento, Jormthan se precipitó a la parte más alta de Farbros, donde sus cañones batallaban por fijar un objetivo. Rodeando una vez más el blindaje superior con un solo movimiento, el metal emitió un agudo chillido al romperse y ofrecer una imagen maravillosa para los peleadores, una donde dos de los cuatro cañones caían con fuerza al piso, emitiendo chispas y humo mientras su propietario batallaba por levantarse nuevamente.
Viendo su momento de atacar, Hydron se acercó junto con su compañero a gran velocidad, cambiando el lugar de una silueta que intercalaba su carrera en tres carriles imaginarios diferentes con su sable dejando una marca en la tierra. Farbros se agitó con violencia una vez más cuando sintió el peso de Dryoid sobre su espalda, enterrando su espada en el metal y dejando una estela brillante y ardiente en el lugar donde su cuerpo se abría, dejando al aire libre los números circuitos que chillaban tan fuerte como él al recibir un ataque directo.
El Bakugan más grande trató de recomponerse para tratar de quitarse de encima al traidor del bando de su amo, pero el fuerte agarre de Boriates en su cuello le impidió moverse y lo obligó a regresar al suelo cuando el robot blanco se arrojó con fuerza al suelo sobre espalda, azotando a Farbros contra la tierra como si no fuera más que un costal lleno de basura. Raxus no tardó en seguir el ritmo de su aliado, escalando por el cuerpo de su enemigo hasta llegar a su cabeza, a la cual dio una fuerte patada seguida de un brinco, estrellando la cabeza de su enemigo en el suelo de nuevo. Mientras Jormthan se adelantó una vez más sobre su enemigo, disparando su propio rayo de su hocico hacia los sistemas internos expuestos de Farbros gracias a Dryoid.
Un poco más, solo un poco más. Si lograban penetrar el blindaje del Bakugan lo suficiente para llegar a la cabina de Zenoheld, la guerra terminaría de una vez por todas. Podrían volver a casa, llevar al rey loco ante la justicia y garantizar la seguridad de tres mundos y de todo el universo conocido.
-Esto es por ustedes, chicos.
De repente, una poderosa luz de color rojo bañó el campo de batalla, reemplazando el gris y el negro de la improvisada arena de combate para reemplazarlo con un carmesí vivo que empequeñecía las llamas de Helios y Raxus. Distraídos por este nuevo suceso, los peleadores desviaron la mirada con sus brazos cubriendo sus rostros del potente resplandor de este nuevo espectro lumínico que capturó toda la atención de los participantes de la batalla en la forma de un rayo que dejaba tras de sí una gruesa estela desde el palacio del rey loco.
-¿Qué está pasando? -. Preguntó Raxus tapando sus ojos al tener sobre sus cabezas este nuevo fenómeno.
El Destructor Vestal yacía flotando a la deriva en el espacio, destilando humo mientras se alejaba de lo que parecía ser obra de Clay y su equipo de dementes.
Keith tuvo que conformarse con la poca protección que le ofrecían sus brazos a sus ojos para tratar de eludir los efectos de esta intensa luz intrusiva que se atrevía a interrumpir su batalla.
Finalmente, el extremo delantero de este aparente ataque se estrelló con violencia en la corteza lunar a varios kilómetros de distancia de su ubicación, de su batalla, pero fue más que suficiente para crear una poderosa explosión que agitó la tierra y levantó polvo, rocas y humo por igual.
-¡ZENOHELD! -. Gritó Eric con furia al anciano, perdiendo su voz entre el poderoso estruendo que agitó la luna.
Pero ya era tarde, todo apuntaba a que esto era una distracción por parte de los que aún quedaban en el palacio para liberar a su rey, una que había funcionado a la perfección.
En un solo movimiento, los propulsores de Farbros se encendieron y éste salió disparado de su posición en el suelo, librándose finalmente del agarre de sus enemigos para surcar el espacio y una vez más mientras las risas maniacas del piloto lo acompañaban.
En otras circunstancias, lo habría seguido rápidamente, habría liberado todo su poder de fuego contra la chatarra que el profesor había construido, pero no pudo. Una imagen mucho más preocupante capturó la vista de los peleadores, que solo podían ver congelados como lo que parecía ser un crucero de batalla, mucho más grande que el Destructor Vestal, destrozaba los suelos del palacio y se imponía frente a las estrellas que decoraban su entrada.
-Eso… eso es… -. Comenzó Joanna preocupada al ver la inmensa máquina avanzar lentamente hacia el rey.
-La Alternativa -. Completó Hydron por la mujer, tragando saliva con nerviosismo.
-¡Maldición, maldición, maldición!
Por más que trataba, no había ninguna otra palabra que pudiera llegar a la mente de Keith al ver el espectáculo de horror en que se había convertido esta batalla. Habían estado tan cerca de ganar, de terminar con todo esto y finalmente librar al universo del virus que era Zenoheld, pero habían fallado.
Habían fallado, y ahora un arma capaz de destruir mundos enteros de un disparo se encontraba sobre ellos, operando a la perfección.
-¡Salgamos de aquí ahora! -. Ordenó el antiguo comandante, emprendiendo el vuelo junto a sus Bakugan.
Helios, Jormthan y Dryoid no tardaron en seguir a los líderes de la antigua batalla hasta los niveles más altos de la luna, buscando con la mirada el Destructor Vestal y midiendo la distancia que los separaba de la nave.
-¡No pueden correr, Valiant! ¡No de esto! -. Gritó Zenoheld desde el interior de su Bakugan.
Estando sobre el frente de la Alternativa, la enorme nave de batalla que amenazaba con destruir todo lo que amaban, Farbros liberó las partes más importantes de su modo de asalto para que flotaran libremente por el espacio después de quedar completamente obsoletas frente a esta nueva arma capaz de una destrucción de proporciones bíblicas, todo para posarse suavemente sobre un lugar que parecía estar específicamente diseñado para la monstruosidad mecánica.
Sin embargo, a pesar de la imponencia de este nuevo armamento, Keith no pudo evitar que su atención se fijara en algo más detrás de ellos, en lo que ahora no podía ser más que las ruinas de su campo de batalla, en lo que alguna vez había sido una enorme luna que solía iluminar Vestal cual estrella en medio de la oscuridad y el enorme trozo de corteza planetaria que le faltaba por culpa de Clay. Por más que se repetía mentalmente que volviera al juego, no podía despegar su mirada de la luz azul celeste que se asomaba detrás de las ruinas de la luna.
-Papá -. Llamó el peleador a su padre con un murmullo apenas audible por el hombre entre las risas maniacas de Zenoheld.
La mirada de los presentes se perdió tanto como la suya al reconocer ese pedazo insignificante de luz en la oscuridad del espacio profundo, aquel destello que una vez les había traído tanta alegría y que ahora corría peligro de ser exterminada, si no hacían algo pronto.
Bastó una pequeña mirada entre los miles de escombros lunares que flotaban perdidos en el espacio para distinguir su planeta natal como el primer objetivo en la lista de Zenoheld.
Vestal.
Risas, risas llenas de satisfacción, macabras risas llenas de cinismo y crueldad podían escucharse incluso desde lo que debería ser el silencio sepulcral del espacio, risas burlonas y dementes que retumbaban en sus oídos y castigaban la esperanza en sus corazones que ahora amenazaba con desaparecer.
Pedidos en la penumbra del espacio y el espectro del fracaso tratando de devorarlos una vez más, como ya lo había hecho mil veces antes en el pasado, los peleadores solo pudieron tratar de mantener el valor en sus rostros asustados para no dar más razones para sonreír a Zenoheld.
Perdidos en la penumbra del espacio, un par de voces jóvenes se escucharon y lograron distinguirse en medio del abrumador ruido que eran las risas alocadas del rey demente, que miró con confusión cuando un par de fantasmas de colores diferentes cortaron toda cruel alegría de este amargo ambiente para dar pie a la que sería la batalla final. Aquella que decidiría el final de esta retorcida búsqueda del poder. Aquella que daría fin a este cruel juego de tronos.
-¡Dragón Galáctico!
-¡Cañón Silente!
N/A: Sé lo que están pensando, y me disculpo por tardar tanto. Este capítulo tuvo una larga serie de cambios que no tenía previstos y retrasaron su desarrollo. A eso sumarle que es posiblemente uno de los más largos de esta historia, las responsabilidades cada vez más exigentes de los estudios y tenemos la receta para su constante atraso. Una vez más, lo lamento.
Estoy pensando en que el próximo capítulo ya sea el último antes del epílogo y las aclaraciones finales, pero no puedo prometer que salga pronto, aunque haré todo lo posible. Sé que los he decepcionado al perder el ritmo semanal que teníamos antes y no puedo hacer más que agradecer su comprensión y paciencia por la situación. Muchas gracias, los quiero un montón.
N/A de la N/A: ¿Cuál es su Bakugan mecánico favorito? No sé, este capítulo y ver de nuevo la serie me hizo poner a Boriates y Dryoid como mi top 1 de Bakugan mecánicos, así que me surgió la pregunta :P.
