Pov. Narrador

Kara entró al ascensor seguida de Zeke, ambos habían llegado a CatCo media hora antes del horario de entrada.

—Así puedo darte un recorrido por el lugar sin ninguna interrupción —había señalado la rubia a su acompañante.

El chico no había tenido argumentos para debatir a su mentora.

—James te dirá cuáles serán tus obligaciones —mencionó cuando las puertas del ascensor se abrieron al llegar al último piso del edificio.

—Winn dijo que Cat Grant sería quien me recibiría —dijo consternado.

—Sí, pero ella está en algún lugar del Caribe, haciendo no sé qué cosa, por lo que James está a cargo y él te verá —explicó amablemente.

—Espera un minuto, ¿James... Olsen? —preguntó con curiosidad, ella asintió —¿El Jimmy Olsen de Superman? —su voz suena con ligera emoción, Kara lo miró con ternura —¿El Diario el Planeta existe en este universo? —susurró por lo bajo mientras caminan juntos por un pasillo bien diseñado entre escritorios y sillas.

—¡Oh, no, no! —se apresuró a decir mientras se acomodaba los anteojos —. Eso definitivamente es de otra tierra.

—Pensé que eso solo sucedía en los cómics, pero ahora sé que nada es lo que parece, ¡Por Rao! —sentenció encogiéndose de hombros, la rubia sonrió ante la última parte de la frase, era tan ella.

—Ahora vives en uno —sonrió Kara —... O eso creo —dijo riendo y negando divertida, como si quisiera deshacerse de las ideas en su cabeza.

—Ojalá pudiera quedarme aquí para siempre —susurró para sí mismo mientras se acercaba al ventanal.

—Ojalá —murmuró Kara en respuesta, aunque él no pudo escucharla.

De apoco, uno a uno comenzaron a llegar los empleados de CatCo. Las oficinas que antes carecían de vida, ahora eran un mar de murmullos y algarabía.

—Zeke —llamó Kara a su amigo que esperaba sentado en una de las sillas de la recepción. El aludido se puso de pie y se aproximó hasta ella —. Probablemente el Jimmy Olsen que conoces no se parezca a este James —comentó —, así que intenta... Disimularlo, por favor.

—No te preocupes, no haré algo que pueda avergonzarte —le guiñó el ojo haciendo que la rubia se vuelva a ruborizar.

—¿Señor Landon? —una chica de mediana estatura, sale de detrás de unas enormes puertas de cristal, lleva consigo los documentos que, probablemente, Kara entregó a James personalmente —. Adelante, por favor —dijo señalando las enormes puertas detrás de ella.

—Suerte —susurró Kara dándole un abrazo apresurado, el cual ambos hubiesen deseado que durara más.

Zeke caminó decidido hasta aquella oficina, y justo antes de cerrar la puerta escuchó...

—¡Hola, señorita Danvers!