Pov. Zeke Landon

Winn me deja en la entrada del edificio, después de haber hecho todo el trayecto en silencio, no se molesta en decir nada más que una pequeña despedida cuando bajo de su automóvil, se asegura de que no vaya a ningún otro sitio, puedo verlo alejarse desde el balcón de mi departamento.

Preparo un café y me siento en el sofá pensando en cualquier cosa que no sea en la rubia que vive cruzando el pasillo. Mentalmente agradezco que ella no sea capaz de leer los pensamientos, porque si pudiese, probablemente me habría matado.

Y no es que piense en cosas malas, pero todo se basa en ella y lo que me hace sentir. No puedo evitarlo.

Sin darme cuenta me quedo dormido y cuando despierto no estoy en mi departamento, sino en aquel lago congelado de hace un par de semanas.

—¡Ayuda! —la voz del niño gritando llega a mis oídos y busco por todos lados intentando encontrarlo.

Esta vez estoy solo, Kara no está conmigo, por lo que corro lo más rápido que puedo, aunque siento que mis pies no se mueven, el paisaje a mi lado se desvanece conforme avanzo o retrocedo, no estoy seguro del todo.

—¡Ayuda! —vuelve a gritar.

Entonces lo veo, el niño corre en mi dirección, pero detrás de él están esos tres hombres de aspecto desagradable, uno de ellos tiene una pistola con la que le apunta, no notan mi presencia, por lo que puedo seguir corriendo.

Hay dos personas más, una mujer que me resulta familiar, como si la hubiese visto antes en algún sitio. Y vuelve a suceder, el niño cae al agua helada y en automático me lanzo también para rescatarlo.

—¡Zeke, no! —escucho a la mujer decir mi nombre, no sé cómo lo sabe, pero me llama en repetidas ocasiones.

Siento el frío del agua calar mis huesos como la última vez, es la misma sensación.

—¡Zeke, despierta! —ahora reconozco la voz —¡Zeke, quédate conmigo!

La angustia y desesperación se apoderan de mí mientras intento abrir los ojos, después de varios intentos fallidos, lo consigo.

Abro los ojos y frente a mí está el rostro asustado de Kara, me abraza cuando nota que estoy despierto.

—¡Oh, Zeke! —dice sollozando levemente, siento mi cuerpo estremecer y no sé si es causado por el frío o por el contacto tan íntimo que estamos compartiendo, la abrazo con cuidado. Una parte de mí, cree que esto sigue siendo parte de mi sueño.

—Está bien, Kara, estoy aquí —digo jadeando a causa de todas las emociones que he experimentado —… sigo aquí, contigo.

La abrazo con fuerza, ella no se opone y oculta su rostro en el hueco que se forma entre mi hombro y mi cuello, acaricio su cabello lentamente hasta que los dos nos tranquilizamos.