Pov. Zeke Landon

Sin siquiera pensarlo, mis manos acunan su rostro, acaricio su mejilla con mis dedos, como si se tratase de una fina pieza de porcelana, ante mi tacto Kara mantiene sus ojos cerrados por lo que no puede ver lo que estoy a punto de hacer, y como si no tuviese más tiempo que perder, termino la distancia entre sus labios y los míos, besándola por primera vez. Un beso lento y tranquilo, apenas se siente como un fino roce que me hace cerrar los ojos, mi corazón late tan aprisa que es imposible que ella no note mis pulsaciones.

Y me muero por profundizar el contacto, acercarla más contra mí y besarla con toda la pasión que estoy conteniendo, pero no quiero asustarla ni que sienta que me estoy aprovechando de la fragilidad del momento, por lo que intento que en aquel beso sienta la ternura y el amor que siento por ella desde el minuto siguiente en que le vi por primera vez.

Su boca se abre ligeramente y siento su lengua rozar contra mi labio, innegablemente tomo eso como una invitación a profundizar nuestro contacto, y no lo dudo, lo tomo. Muerdo ligeramente su labio inferior antes de que mi lengua y la de ella comiencen una lucha incansable y frenética. Sus manos, que antes habían estado inmóviles en su regazo, ahora se encuentran detrás, en mi cabello tirando de él, puedo sentir cierta urgencia en sus caricias, intenta acercarnos más, como si eso fuese posible. Me estremezco sin poder evitarlo, sus manos contra mi piel se sienten tan bien, que inevitablemente de mi boca se escapa un pequeño gruñido. Y siento que debo parar ahora, porque si dejo que siga avanzando no podré detenerme, pero no quiero. Mi corazón está pidiendo a gritos que aquello no se termine, que continúe hasta el final, aunque sea doloroso para mí.

—Zeke… —la escucho murmurar mi nombre y eso me vuelve loco, mi mano se aventura a recorrer su espalda de arriba y abajo tan lentamente como me es posible.

Ahora es ella la que se estremece, pero no rechaza mi tacto, sigue allí, con mi cabello entre sus dedos, dando pequeños tirones que en lugar de molestarme, resultan excitantes.

—Kara… —es mi turno de susurrar su nombre, mi voz es más grave a causa de todas las sensaciones que estoy experimentando y que estoy seguro ella también siente.

Mis pulmones exigen aire, los de ella también, por lo que nos separamos apenas un poco, mis ojos siguen cerrados y estoy seguro que también los suyos, jadeamos al unísono mientras nuestras frentes se apoyan entre sí, intentando acompasar nuestras respiraciones.

Ninguno de los dos es capaz de decir algo más, permanecemos en silencio por quien sabe cuánto tiempo, no somos conscientes ni siquiera del tic-tac del reloj, es como si en ese momento solo existiéramos ella y yo.