Disclaimer: Nada es mío. Esto se hace sin ánimo de lucro
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El punto ciego
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Capítulo 18: Isao
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Advertencias: sexo, violencia.
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Las vigilancias se redoblaron. A Hinata le ardían los ojos, pero no sólo por eso.
Estaba harta. No podía evitar compararse con los demás y eso la hacía muy infeliz. Comparaba sus vidas domésticas.
Karui y Choji estaban siempre juntos. Siempre. Ambos trabajaban mucho, pero daba igual. Llegada una hora en concreto, se dejaba todo para estar con la familia. Si no se había podido acabar el trabajo, se dejaba para el día siguiente, y ya está. Si Choji tenía una misión importante, lo primero que hacía era volver a casa, y antes de descansar, antes de nada, se aseguraba de transmitirles a sus chicas lo mucho que las había echado de menos.
Hinata se revolvía en el asiento, pensando en Naruto, que no podía volver a casa porque había que rellenar papeleo.
Había descubierto que Bakuhatsu y Hahen estaban juntos desde antes de que él fuera embajador. Era el único embajador con secretaria. Que Hahen fuera con él, que se creara ese puesto específicamente para su pareja había sido el requisito indispensable para que él aceptase el puesto. Querían estar siempre juntos. ¡Kami-sama! ¡Si hasta lavaban la loza juntos!
Ni siquiera trabajando en el mismo edificio que Naruto ella había conseguido comer un sólo día con él.
Iwashi… Iwashi estaba solo, pero no dejaba de pensar en su familia. Los dos niños de la foto eran sus hijos, pero no podía estar con ellos porque estaba divorciado de su mujer y los niños estaban con ella, allí en la Niebla. Se pasaba los días mirando al cielo, esperando ver a una solitaria gaviota que le trajera una carta suya. Él mandaba cartas una, dos veces a la semana. Muy puntual y diligentemente, las enviaba llevándolas a la torre de aves, posponiendo cualquier cosa por que sus hijos recibieran una carta suya. Si paseaba por las calles de Konoha y veía un juguete que le gustara en un escaparate, lo compraba y también lo enviaba. A veces les enviaba libros llenos de dibujos y colores (Qué raro. Esos los compraba). Últimamente las cartas parecían traer malas noticias, e Iwashi sufría. Se le notaba. Sus hijos eran su mundo.
Aquí el ceño de Hinata se fruncía del todo y ya no podía ni pensar claramente. La sangre le hervía pensando en cómo Naruto no se ocupaba para nada de ellos.
¿Cómo había llegado a esa situación? ¿Cómo? Lo peor no era estar casada con un hombre que la tenía igual que se tiene a un florero. Lo peor que es, que de puertas para fuera, todo era perfecto. Así que todo el mundo la felicitaba, la envidiaba. Ella era la esposa de un héroe, del próximo Hokage. ¿Cómo no iba a ser feliz? ¿Cómo no iba a estar encantada de estar todo el día lavando y limpiando? Ella era la esposa de Naruto, el guapo, el fuerte, el bonachón, el carismático. Felizmente se había enamorado de él con 12 años, y a nadie se le había ocurrido decirle que igual a los 12 años una niña no tiene ni idea de la vida. Pero… no, no debía culpar a los demás de las consecuencias de sus actos. Era ella la que había decidido su vida. Era ella la que se había lanzado felizmente a los brazos de un hombre que nunca le había hecho ni caso y para el cuál nunca iba a ser suficiente. Nunca iba a ser tan bella, tan atractiva, tan simpática, tan agradable… como un gorro ridículo y una montaña de papeleo.
Tenía ganas de llorar. ¿Por qué? ¿Por qué había tardado tanto en verlo? ¿Por qué había tenido que ver cómo eran las vidas de otros para ver que lo suyo no era lo normal? Ella había sido igual que esa gente que ahora le molestaba, juzgando todo por la portada. Bakuhatsu y Hahen le habían parecido un par de pervertidos, y ahora estaba segura de que el amor verdadero se expresa en muchas formas. Ah… Si lo hubiera sabido antes… Si se hubiera dado cuenta…
En ese momento, Shikamaru abrió la puerta del piso franco.
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Shikamaru salió corriendo de la torre del Hokage, buscando aire fresco, buscando otro sitio, cualquier sitio.
Afrodita no despertaba. Todos los días, su hermano y su madre iban a verle. Se sentaban a su lado, le cogían de la mano. Le contaban su día, todas las cosas que habían hecho, los lugares nuevos que habían conocido y cómo Afrodita debía despertar para poder ir juntos, seguro que le iba a encantar. Le decían cómo su perrita le echaba mucho de menos, cómo habían florecido algunas plantas en el jardín, cómo todos estaban deseando verle.
Shikamaru miraba a Ino, que se encogía de hombros, impotente.
En una ocasión, la madre aprovechó que el hermano pequeño había salido. Tomó la mano de su hijo malherido, y le dijo que si veía que no podía aguantar más, que no se preocupase. Que ella y su hermanito sobrevivirían, que no sufriera. Que no se rompiera por ellos. Que, si veía la luz, se fuera hacia ella, que un día podrían estar todos juntos. Que estaba muy orgullosa de haber tenido un hijo como él. Que le amaba. Que le amaría siempre.
Shikamaru, que estaba vigilando las interacciones de Afrodita por si alguien venía a acabar el trabajo, no pudo más. Al ver a esa madre perder la esperanza, necesitó aire.
Se fue a la torre del Hokage, sólo para encontrarse con la espantosa certeza de que todo el mundo contaba con él y tenía muchas cosas que hacer. ¿Y cómo no? Era el líder de inteligencia, el genio Nara. No había nadie más inteligente que él, así que todo el mundo contaba con que él pensaría los planes. Todos los planes. Y que acertaría siempre, que lo planearía todo, que contaría con todo. Que nadie moriría, que nadie sufriría. El Hokage se giraba hacia él en busca de respuestas, todo el mundo se giraba hacia él en busca de respuestas. Él debía saberlo todo. Debía saber lo que nadie más sabía. Siempre, todo el rato, 24 horas al día, 7 días a la semana, sin descanso. No había opción al error. Joder, ¿es que nadie más pensaba en esta puta aldea? ¿No había nadie más que fuera mínimamente inteligente o qué?
Salió de la torre del Hokage, buscando aire otra vez. Se estaba ahogando. Se ahogaba.
Kami-sama, ¿en qué momento él, él, había acabado en un trabajo tan estresante? ¡A él no le gustaba el estrés! ¡Nunca le había gustado! Ah, si. Ya se acordaba. No había sido él. Había sido su padre, y su padre antes que él. Ese era el destino de los Nara, ser consejeros, ser estrategas. Hacer el trabajo sucio. No estar jamás en el foco, siempre detrás. Ser responsables de todas las decisiones. Ser responsables de todo. Shikamaru hubiera querido viajar atrás en el tiempo y tener unas cuantas palabras con su bisabuelo. ¿Por qué? ¿Por qué su destino había sido trazado tan a la ligera? ¿Por qué tenia que sufrir siempre? ¿Por qué debía cargar con una responsabilidad tan absurda? ¿Por qué debía soportar gritos en casa? ¿Era también porque a los hombres Nara les gustaban las mujeres ruidosas y de carácter difícil? ¿Dónde estaba esto escrito? ¿Es que a Shikadai no le podía gustar quien le diera la gana? ¿Y si le gustaban los hombres, dejaría de ser un Nara? ¿Es que a él mismo no le podía gustar quien le diera la gana?
No podía ser, el sólo quería un poco de tranquilidad, no pensar en nada, que nadie le gritase, vivir tranquilo, vivir feliz. ¿Tanto pedir era eso?
En ese momento Shikamaru se encontró de bruces con Hinata dentro del piso franco.
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No se dijeron nada.
No hizo falta.
Tampoco es como si se hubieran lanzado el uno al otro. Al contrario, se acercaron lentamente al otro, como testando, como dando oportunidad a la negativa.
Pero esa negativa nunca llegó.
Se besaron con besos húmedos y lentos.
―No deberíamos hacer esto.
―No, es verdad.
Pero siguieron besándose. Los labios de Shikamaru exploraron el tierno cuello de Hinata, sus manos acariciaban todo su cuerpo.
―Deberíamos parar.
―Si.
¿Quién hablaba? Daba igual, ninguno paraba. Hinata se pegaba mucho a Shikamaru, mucho, queriendo sentir su calor, su esencia. Acariciaba su nuca, mordía sus hombros.
―Espera, espera.
Shikamaru la separó un poco. La miró a los ojos, pero esta vez sinceramente. Era como si el velo se hubiera caído, sólo estaban ellos dos, nadie más en sus mentes.
―¿Quieres que pare?
Se lo preguntaba sinceramente, se lo preguntaba a ella. ¿Ella quería que parase?
Olvídate de las circunstancias, ¿tú quieres que pare?
Hinata se lo pensó tres segundos. Tres segundos bastaron para al fin ser sincera consigo misma y aceptar su lado más oscuro.
―No.
Shikamaru la besó con pasión como si le hubiera dado una respuesta maravillosa, pero estas cosas deben ser recíprocas.
―Espera, espera.
Hinata empujaba a Shikamaru, separándole. Le miró a los ojos, directamente, sin rodeos.
―¿Y tú? ¿Quieres tú que yo pare?
Shikamaru dudó quizás un poco más, pero la respuesta surgió honesta desde el fondo de sus entrañas. También era hora de ser sincero consigo mismo.
―No.
En ese momento, supieron que por fin eran ellos. Se lanzaron a los brazos del otro dispuestos a mostrarle al otro su verdadero ser. De mostrárselo a sí mismos.
Esa mañana sólo existieron ellos. Sólo ellos. Se entregaron el uno al otro sin ningún tipo de reservas, tantas veces como pudieron. Los besos, las caricias, eran tanto para el otro como para sí mismos. No podían saciarse el uno del otro. No querían renunciar a esa oscura libertad momentánea, a ese divino pecado que les daba un respiro. Ahora, en los brazos del otro, podían ser otra persona, podían ser ellos mismos. En el comedor, él sobre ella. En la cama, ella sobre él. Contra la pared, el pecho de él pegado a la espalda de ella. Se entregaron en un bucle infinito en un ejercicio retorcido de sinceridad y engaño.
Para Hinata, fue incluso educativo.
En un momento dado, mientras ella volaba sobre él, buscando cada vez más fricción, una caricia más profunda ambos aumentaron el ritmo y ella supo que iba a explotar. El orgasmo le empezaba a recorrer el cuerpo de una forma tan implacable que no iba a tener más remedio que rendirse a él completamente, pero no podía ser, era una sensación intensa, demasiado intensa, y su cuerpo quiso reaccionar por su cuenta.
―¡Ah! ¡No!
Ella se llevó las manos a la cara, su byakugan se activaba solo, poseído por la emoción extremadamente intensa que Shikamaru le estaba provocando. Sin embargo, en cuanto él lo vió, pareció que le había tocado la lotería.
―¡No! ¡Quiero verlo!
Le agarró con fuerza las manos y se las puso detrás de su espalda, obligando su flexible cuerpo a arquearse y obtener así una unión más profunda. Hianta no pudo más, gritó en una explosión brillante de placer puro, mientras su byakugan se activaba y desactivaba, viendo sin ver, borracha de gusto, mareada, ahíta, pletórica. Shikamaru también llegó al clímax en ese momento, e Hinata no pudo si no estremecerse al notar cómo todo él temblaba, y le agarraba del cabello a la altura de la nuca. Notaba sus manos en sus hombros, empujándola contra sus caderas, queriendo más de ella. Sus manos en sus caderas, aprisionándola, perforándola. Sus manos en sus muñecas, aferrándola aún para que ella no se ocultase de él.
Había sido exquisito.
Cuando Hinata se bajó de Shikamaru y se acostó a su lado, él parecía pletórico y relajado, y la abrazó en un gesto cariñoso sin precendentes. Sin embargo, ella estaba muy sonrojada, muy avergonzada. No quería ni imaginar cómo de horrible se había puesto durante el sexo con todas las venas de la cara infladas. Normalmente lo controlaba mucho, pero ahora le había sido imposible.
―Shikamaru, yo…. Lo siento mucho.
Él frunció el ceño, genuinamente extrañado
―¿Lo sientes? ¿Por qué?
Ella se moría de la vergüenza. Señaló su cara.
―Mi cara, yo…
No sabía ni qué decir. Naruto odiaba cuando pasaba eso, le asustaba. Ella había aprendido a controlarlo ya que resultaba tan desagradable, pero ahora simplemente no había podido.
―Lo siento.
―Mujer, ¿qué dices? Los jutsus familiares se activan solos en momentos de emoción intensa. ―Volvió a sonreir, relajado. ―Yo me lo he tomado como un halago.
Ella pestañeó, confundida. A Shikamaru no sólo había parecido que no le molestara, si no también le había gustado.
Algo resonó en su cabeza.
Había algo que no cuadraba.
Los jutsus familiares se activan solos en momentos de emoción intensa.
―Um…Um… Shikamaru…
Él se giró para mirarla
―Oye… Shikamaru… Tú… ¿Tú cuantas manos tienes?
Él puso cara de extrañeza
―¿Por qué dices eso?
―Es que yo… bueno… he notado… es que no se… yo juraría… Es que creo que me has agarrado de muchos sitios a la vez y…
Su risotada fue franca y sincera
―¡Hinata! ¡A mi también me pasa!
Luego se puso serio
―Oye, no te he hecho daño, ¿Verdad?
―Eh… no…
Hinata estaba alucinada.
Los jutsus familiares se activan solos en momentos de emoción intensa.
Um… Um… Entonces… Um… Entonces…
Casi le daba miedo preguntar
―Entonces… ¿Era tu sombra?
―Pues… si…―Él se revolvió incómodo―Lo siento si te ha molestado, yo… Ya sé que a los que no usan jutsus familiares puede asustarle mucho pero… bueno, pensé que como tú…
Lo que le faltaba. A Temari le cabreaba de verdad que le aprisionase con las sombras en ese momento, se ponía hecha una hidra, hablando de no sé qué de los fetiches patriarcales de dominación, como si no fuera algo incontrolable por su parte. Desde luego que las mujeres Nara también lo hicieran no parecía importar. Se había pasado casi toda su vida sexual reprimiéndose, y para una vez que está con otra mujer, el escenario parecía que no iba a cambiar.
Nada más lejos de la realidad
La mente de Hinata viajaba justamente en la dirección opuesta.
Los jutsus familiares se activan solos en momentos de emoción intensa.
En momentos de emoción intensa.
Ella. Ella le había provocado una emoción intensa a Shikamaru. Ella.
Ella había conseguido que ese hombre, que estaba con ella cuando no debería (a muchos niveles), que lo había dejado todo aparte para estar con ella en ese momento, experimentara una emoción intensa totalmente contrastable y objetivable. Totalmente incontrolable. Es más, no sólo no le importaba que ella también la experimentara, si no que lo alentaba. Y además ahora seguía ahí, a su lado.
Si, estaba fatal. Pero le daba igual.
Quería más.
―Um… Shikamaru…
Él se giró para mirarla, esperando no recibir un comentario negativo en otro momento de vulnerabilidad. Ella se mordió el labio, insegura, incapaz de creer lo que iba a decir.
―¿Me lo enseñas otra vez?
A Shikamaru no le hizo falta que se lo repitieran dos veces.
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La mañana había pasado mientras los dos amantes disfrutaban de su intimidad, pero muy pronto fueron devueltos a la realidad.
Llegado un momento, Shikamaru supo que si no se espabilaba se iba a dormir allí mismo, e Hinata también estaba cansada y aún tenía muchas cosas que hacer. Risueña y juguetonamente, se vestían mientras compartían su recién descubierta intimidad. En un momento dado, él volvió a abrazarla.
―Hinata… ¿Volveremos a vernos? No, más bien, ¿Cuándo volveremos a vernos?
Hinata se sonrojó mientras de sus labios salía una risilla tímida. No pudo evitarlo.
―Shikamaru, vaya un cambio… Primero era "no podemos vernos más". ¿Ahora nos vamos a volver a ver?
Él no pudo contestar. Como un signo de la irremediable realidad que les esperaba tras esos muros, como un heraldo funesto, el teléfono sonó. Insistente. Implacable.
Shikamaru dejó de sonreír y fue a contestar. Mientras, Hinata miró los restos de su pequeño tiempo robado. Las sábanas que habría que lavar, la cama que habría que hacer. La tensión en la voz de Shikamaru la sacó de sus cavilaciones.
Cuando Shikamaru cogió el teléfono, se encontró con la voz de Mariko, que le hablaba asustada.
―¡Taisa, menos mal que le encuentro! Disculpe que le llame a este número, pero le busca el director de la escuela. Dice que es muy importante, y muy urgente, y que no ha podido localizar a su esposa. ¿Le paso la llamada?
Shikamaru se puso alerta, ¡Algo le pasaba a Shikadai!
―Sí, pásamelo.
―Ahora mismo, Taisa.
Hubo un sonido característico del corte y cambio de línea, y pronto una voz masculina sonó.
―¿Señor Nara? ¿Hablo con el Señor Nara?
―Sí, dígame, Señor Director, ¿Qué ocurre?
―Señor Nara, gracias a los dioses que le encuentro. Por favor, dígame que Shikadai está con usted. No ha aparecido al final del recreo, ¡Sus compañeros están preocupados!
En ese preciso momento, el mundo de Shikamaru se dio la vuelta. La sangre se le heló en las venas, el suelo desapareció de sus pies. El miedo comenzó a crecer en su garganta, haciendo saltar todas las alarmas de su cabeza. Shikadai estaba desaparecido. Su hijito. Quién sabe dónde.
No supo de dónde salió la fuerza para contestar sin que la voz le temblase.
―Señor Director… Mis disculpas… Yo mismo fui a recoger a Shikadai después del recreo. Le dije que avisara a sus profesores… Debió olvidarse…
―Señor Nara, gracias al cielo que Shikadai está bien, pero por favor recuerde que las salidas en horario lectivo deben avisarse por escrito con antelación, nos tomamos muy en serio la seguridad de los niños….
―Sí, si, perdone… He de colgar.
Shikamaru colgó el teléfono con una mano temblorosa y sin fuerza. Sólo podía pensar en su hijito perdido, posiblemente solo, posiblemente herido… o algo peor.
Hinata se había acercado cautelosamente, curiosa por lo que estaba ocurriendo.
Shikamaru le habló con la voz vacía y los ojos desquiciados.
―Shikadai ha desaparecido
―¡Kami-sama!
No necesitó nada más, rápidamente puso sus ojos en acción. Shikamaru observaba cómo peinaba todo el espacio a 10 km a la redonda. Mientras tanto, iba haciendo todas las preguntas cuyas respuestas alguien especializado en rastreo podía necesitar.
―¿Sabes si está con su madre? ¿Dónde está Temari? ¿Qué lleva puesto Shikadai? ¿Va peinado como siempre? ¿Sabes si tiene algún escondite o zona de juegos especial? ¿Se ha estado viendo con alguien últimamente?
Shikamaru intentó centrarse, su hijo le necesitaba.
―No… No sé… No sé nada. No sé si está con Temari… que debería estar en la sección consular. Va vestido y peinado… como siempre. A veces va a jugar con los venados en los terrenos del clan… Y que yo sepa no se ha visto con nadie extraño.
Hinata asentía y dirigía sus ojos a diferentes puntos de la aldea, viendo a través de todo.
―No esta con Temari, sigo buscando.
Shikamaru asintió, agradecido pero angustiado porque se confirmaban sus peores temores.
En realidad, no.
En realidad, sus peores temores se confirmaron cuando Hinata volvió a hablar.
―¡Shikamaru! ¡Shikadai está en tu casa! ¡Está inconsciente! ¡Hay un hombre con él! ¡Creo… que es un desconocido!
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Shikamaru había pasado de estar asustado a estar en modo vendetta violenta activado al máximo. Ese hijo de puta iba a maldecir el día en el que decidió meterse con su precioso hijito. ¿Y quién había dejado que ese cabrón se metiera en su casa? El responsable iba a estar tres días cagando dientes.
―¿Y bien?
Hinata estaba a su lado, tras la barda que tapiaba la casa de Shikamaru, con el byakugan activado. Se habían lanzado los dos al rescate de Shikadai sin pensar en nada más.
Hinata tenía una mueca de disgusto, nada de lo que veía le gustaba.
―Shikadai… esta vivo.
Shikamaru dio gracias al cielo
―Pero está inconsciente, yo diría…. Diría…
Hinata tomó fuerzas, no era momento de dudar, la vida de un niño corría peligro.
―Creo que le han drogado, y creo que el que lo ha hecho no sabía hacerlo… Sus constantes son irregulares… Necesita atención médica cuanto antes.
Shikamaru apretó los puños
―Shikamaru…
―¿Qué?
―No está solo. También está Ame-chan. También la han drogado, está inconsciente en tu sofá.
―¿Cómo? ¿Qué hace Ame-chan ahí?
―Yo creo que la han secuestrado también… Shikamaru yo… No puedo saberlo al cien por cien, porque la última vez que vi la cara de ese hombre fue en una foto en una revista de hace un tiempo, pero… yo juraría que el hombre que está con ellos es Isao Shugiyama, el hijo de Shunroku Shugiyama, el constructor traidor a Konoha.
El hijo del constructor, el constructor al que ayudaron a detener por traición, pero… ¿tenía un hijo? La cabeza de Shikamaru iba a mil por hora, pensando en cómo ese cabrón había decidido vengar el arresto y condena de su padre con su hijo. Pensando en cómo la situación se había vuelto mucho más peligrosa. Ese hijo de puta no iba a querer un rescate, ese cabrón iba a querer sangre… pues sangre le iban a dar.
Se puso mortalmente serio.
―Hinata, describe la situación.
Hinata asintió y comenzó a dar parte.
―El sujeto está en el salón, sentado en un sillón, tiene a Shikadai en brazos, el cual está inconsciente. El sujeto tiene un kunai en la mano, y cinco más cerca de él.
Tanto Hinata como Shikamaru se revolvieron incómodos. Ese hombre era un civil sin ninguna formación militar. No hay nada más peligroso que un cuchillo en mano de alguien que no lo sabe usar. Las probabilidades de que hiera a alguien o a sí mismo aumentaban exponencialmente, y además eran probabilidades de que lo hiriera mal. Cortes poco limpios, desgarros, auténticas lindezas a la hora de coser tejido.
Hinata continuó
―Ame está tumbada en un sofá. ―Hizo una mueca de disgusto. ―La ha tumbado boca arriba… Ella también necesita ayuda médica urgente, sus constantes son… inconstantes.
Hinata rezó a los dioses para que el cuerpo de Ame no quisiera reaccionar contra el sedante y vomitase, acostada boca arriba la ahogaría en segundos.
―Shikamaru… ¿Puedes decirme qué muebles hay en tu salón?
Él no hizo preguntas
―Un sofá, dos sillones, una mesa de centro
―Es que… Hay otras cosas, pero… No sé qué son… Son como unos tambores, pero…. De verdad no sé qué son. Las ha debido traer él.
Shikamaru no perdió la concentración
―¿Dirías que se trata de algún tipo de aparato eléctrico?
―¿Cómo?
―Hinata, ¿es un aparato eléctrico? ¿Va enchufado? ¿Tiene cables?
―¡Si! ¡Es verdad! Están enchufados, pero… No están encendidos. De hecho, está todo a oscuras.
―¿A oscuras?
―Si, es lo que te iba a decir. Todas las luces están apagadas y las contraventanas de madera están cerradas. La habitación está a oscuras.
―Tsk―Shikamaru estaba muy concentrado. ―¿Hacia dónde está sentado?
―Mirando a la entrada.
―¿Y su espalda?
―Su espalda da a la cristalera del jardín, pero esa también está cerrada.
Hinata no sabía si Shikamaru hablaba para sí mismo.
―Claro, ha movido el sillón para darle la espalda al cristal.
Se dirigió directamente a Hinata
―¿Y el ventanuco de la esquina superior de la cristalera? Ese no tiene contraventana
―Eh…. Um…―Fijó bien la vista―No, ese sólo tiene la cortina echada.
Shikamaru asintió, satisfecho. Ya tenía plan.
Le echó un repaso a Hinata con la mirada. Ella se sonrojó. ¡Este no era momento!
―Hinata… ¿Cuánto mides?
Ella pestañeó, sin comprender. Sin embargo, había aprendido a confiar en Shikamaru.
―Um… 1.63 cm.
―¿La más bajita de la generación, eh? Hemos tenido suerte. ¿Cuál es la parte más ancha de tu cuerpo?
Ella se sonrojó del todo, y, un poco avergonzada, se señaló las caderas.
―¿Esta?
―Tsk, no sé, podría ser el pecho, pero creo que de todas formas cabes.
―¿Caber? ¿Caber dónde?
―Por el ventanuco, tú entrarás por ahí.
―¿Yo?
―Así es, Hinata. Tú vas a salvar a mi hijo.
Ella no supo qué decir al principio, abrumada por la responsabilidad. ¿Es que iba a hacerlo sola?
―¿Y tú? ¿Tú no vas a entrar?
―Claro que voy a entrar, Hinata. Entraré caminando y por la puerta principal.
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Hinata intentaba relajarse, intentaba concentrarse, intentaba dejar de temblar. La concentración era prioritaria, y la vida de un niño… no, la vida de dos niños estaba en juego.
Respiró profundo
Venga, tú puedes.
Volvió a moldear chackra perfectamente y continuó trepando por el cristal lo más silenciosamente que pudo. Según Shikamaru había sido una suerte inmensa que esta situación les hubiera encontrado juntos. El control de chackra perfecto de Hinata era toda una ventaja, además del byakugan y su pequeño tamaño. Isao se había colocado de espaldas al cristal porque era sabido por todos que era la superficie más difícil para trepar. El agua ayudaba con su tensión superficial, cualquier otra superficie era más o menos porosa, pero el cristal… no tenía poros para poder introducir el chackra y quedarse pegado. Había que ser realmente muy bueno.
Hinata elevó sus cejas ante ese pensamiento, suponía que era un halago, pero aun así a ella le estaba costando toda su concentración elevarse hacia el ventanuco. Además, no podía fallar, si algo fallara…
Ese pequeño momento de duda le hizo resbalarse 30 centímetros.
Hinata se estremeció, al menos no había hecho ruido. Si Isao se daba cuenta de que iban por detrás de él… todo se iba al traste.
Siguió trepando con cuidado mientras vigilaba los movimientos de Shikamaru dentro de la sala con el byakugan activado. No iba a poder desactivarlo en todo lo que durase el rescate, y estaba gastando mucho chackra. Hubo un momento en el que tuvo que cerrar los ojos. Luego, continuó trepando y se colocó junto al ventanuco. Con cuidado, despegó una mano. Se puso en posición y comenzó a acumular chackra en la mano libre.
Repasó el plan
De un solo impulso, debía ser capaz de romper la ventana con chackra, impulsarse, caer hacia donde estaba Shikadai, inutilizar el brazo de Isao con el puño suave, tomar a Shikadai de sus brazos, aterrizar y alejarse con él. Debía hacerlo rápido, debía caer sobre Isao antes de que se pudiera dar cuenta de lo que estaba pasando. Para cuando el ruido de la ventana rota le llegara, ella ya debía estar sobre él.
¿Fácil, no?
Tragó saliva.
Era un trabajo de precisión, se repitió. De precisión, no de fuerza. Concéntrate, Hinata, concéntrate. Sólo hay una oportunidad, solo una. Hay que hacerlo bien, está mucho en juego. Tú puedes.
Eres la única que puede. No hay nadie más.
A Hinata le temblaba todo, pero no podía fallar. No iba a fallar.
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Shikamaru abrió la puerta de su casa. La sala estaba a oscuras, pero en cuanto el secuestrador de Shikadai le oyó, pulsó un botón de un mando a distancia y la sala se llenó de la luz más cegadora que imaginarse pudiera. Cuando Shikamaru recuperó la vista, vio los aparatos que Hianta había descrito. Eran dos grandes focos de luz, de los que se usan para iluminar estadios. La luz lo inundaba todo. Todo. No había espacio para la sombra. Isao habló.
―¿No creería el gran Nara que iba a enfrentarme a él dándole la ventaja de la oscuridad? Puede que yo no sea un genio, pero no soy tan estúpido.
Shikamaru no dijo nada. Solo miraba a su hijito, que estaba inconsciente en brazos de ese cabrón.
El silencio de Shikamaru molestó a Isao.
―¿Reconoces mi rostro, Nara? ¿Sabes quién soy?
De nuevo, Shikamaru no contestó. Irritándole, poniéndole nervioso. Dio dos pasos hacia delante. Isao levantó el kunai hacia la carita de Shikadai.
―No, no. Ahí quieto. Si te acercas más me aseguraré de que no podáis ni reconocer el cadáver.
Shikamaru tuvo que hacer acopio de todo su autocontrol para seguir con su plan. Isao debió pensar que tenía la ventaja, porque se relajó.
―Mira lo que tengo aquí. ―Con la mano libre sacó ese dichoso periódico que Shikamaru e Hinata conocían tan bien. ―"Esta investigación no hubiera podido dar frutos sin la valiosa ayuda de la Sección de Inteligencia de Konoha…" Ese eres tú, ¿no? Tú eres el jefe de esa sección. Tú ayudaste a encarcelar a mi padre.
Shikamaru ya no aguantaba más, parecía un león enjaulado. Su voz encerraba toda su ira.
―Suelta. Al. Niño.
Isao se estaba viniendo arriba.
―Este puto pueblo de mierda no es capaz de comprender todo lo que mi padre ha hecho por él, pero yo me voy a encargar de vengarle. Me voy a vengar del pueblo entero, me voy a vengar de la policía, me voy a vengar de esa pequeña puta―Señaló a Ame― y voy a empezar vengándome de ti, hijo de puta.
―¡QUE SUELTES AL NIÑO!
Isao se puso de pie con Shikadai en brazos, blandiendo el kunai fuera de sí.
―¡VAS A VER CÓMO SE DESANGRA DELANTE DE TI Y NO VAS A PODER HACER NADA, MALDITO!
Cuando Isao se puso de pie, fuera de sí, Hinata supo que había llegado su momento. Tomó todo el chackra moldeado en su mano y lo aplicó con fuerza en el cristal, que se rompió en mil pedazos con su mero contacto. Romper así el cristal, sin contacto directo, le permitió continuar con su impulso. Se coló en el ventanuco apoyándose en el quicio del mismo y continuó con su salto para aterrizar con su mano extendida sobe el hombro de Isao.
No podía fallar. Ahora, precisión.
Golpeó con su puño suave el hombro de Isao y cerró los tenketsus de su hombro antes incluso de que pudiera girarse para ver el origen del ruido. Con el brazo paralizado, soltó el kunai, pero también a Shikadai.
Un poco más, más precisión
Con los últimos momentos que seguía en el aire, Hinata empujó la cabeza del niño fuera de los brazos de su secuestrador, y se las apañó para aterrizar envolviendo el cuerpo del niño con su propio cuerpo, rodando por el suelo.
Cuando Shikamaru vio a Hinata saltando hacia él como un ángel vengador envuelto de luz, supo que había llegado su momento. No le iban a hacer falta sombras. En cuanto el brazo de Isao quedó paralizado, él saltó hacia delante como un león sobre su presa. Hubo un pequeñísimo instante en el que todos se cruzaron, con Hinata y Shikadai moviéndose hacia delante y Shikamaru e Isao moviéndose hacia atrás.
Isao no tuvo la más mínima posibilidad.
Cuando Hinata rodaba por el suelo, protegiendo de la caída a Shikadai, hubo un momento al levantar la cabeza que notó la sangre de Isao impactando contra su cara y su cuerpo, como si hubiera salido de él con una fuerza salvaje, como si Isao hubiera sufrido un impacto arrollador.
Menos mal que Shikadai seguía inconsciente. Jamás hubiera podido olvidar la imagen de su padre destrozando a otra persona.
Shikamaru había matado a Isao de un solo golpe, violento, sucio. Sus manos estaban manchadas de sangre de forma literal. Hinata también estaba cubierta de sangre. La sala estaba llena de sangre. Sangre por todas partes. Sin embargo, no había tiempo para eso. Shikamaru cogió el teléfono de su casa y llamó al hospital.
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Sakura se presentó tan rápido como pudo, pero aun así fue la última en llegar. Dos miembros de inteligencia metían el cadáver de Isao en una bolsa, un cristalero arreglaba la ventana, una limpiadora se afanaba en quitar la sangre y el comisario Tojo hablaba con Shikamaru. Hinata estaba vigilando a Ame y Shikadai, que seguían inconscientes.
―¡Sakura! ¡Aquí!
Hinata la llamó y Sakura acudió presta.
―Hinata, ¿Qué ha pasado?
―Um…. No sé cuánto te puedo contar… Pero ahora te necesitamos para que les ayudes, están muy mal.
―Si
Sakura comenzó a reconocer a Shikadai y Ame inmediatamente.
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Shikamaru y Tojo hablaban
―Así que acabas de matar a un hombre en tu propia casa
Shikamaru lanzó un gruñido
―Secuestró, drogó e iba a matar a mi hijo
Tojo suspiró
―Lo sé, pero no deja de ser que un alto mando shinobi de la aldea ha matado a un civil
Shikamaru bajó la mirada, abatido. Tojo tenía razón. ¿No se suponía que él mismo predicaba en contra de las venganzas personales?
―¿Estoy arrestado?
Tojo se encogió de hombros
―Primero tiene que formalizarse la acusación. Aún no he avisado a la fiscalía. ¿Qué tiene que ver ella en esto?
Señaló a Hinata
―Ella encontró a Shikadai
Tojo le miró interrogante
―Ya sabes, el byakugan
Tojo miró apreciativo a Hinata. Quizás debería hacerle una oferta laboral en firme. Shikamaru le sacó de sus pensamientos.
―Deja de intentar robarme subordinados.
Tojo volvió al caso que le ocupaba.
―¿Has conseguido saber el motivo? ¿Por qué secuestrar a Ame y Shikadai?
Shikamaru se lo explicó. Isao había visto en el periódico que la sección de inteligencia había sido vital para el arresto de su padre y pensaba vengarse de todos los implicados. También de la policía. Shikamaru pensó algo. Algo retorcido, algo malvado, pero aun así lo dijo.
―¿Y cómo está Tomoe?
―¿Tomoe? ¿Qué cojones pasa con Tomoe?
―Nada, es que he oído que os vais a casar
―Si, nos vamos a casar, esta primavera. ¿Qué quieres? ¿La invitación?
―No… es que no se… Estaba pensando… Tú también salías en el periódico, de hecho, diste la entrevista. Isao dijo que se iba a vengar de la policía. Y no sabemos si Isao tiene hermanos, no sabemos si tiene cómplices, no sabemos nada de nada. Puede que hacer todo esto público sea contraproducente, puede que en cuanto salga la noticia del juicio solo provoque un efecto llamada, puede que publicitar su muerte sólo le lleve a ser un mártir.
Tojo se le quedó mirando, sopesando lo que le estaba diciendo.
―Eres un hijo de puta y un cabrón, Nara. Vas a acabar fatal.
―Sí, si, ya lo sé. Hoy me lo han dicho mucho.
Tojo siguió pensando a toda velocidad.
―Hablaré con la prensa. La muerte de Isao se cubrirá como un desgraciado accidente.
―Pero, si es un accidente… ya no es asesinato. No podrán acusarme de algo que no he hecho.
Tojo le miró con todo el desprecio del que fue capaz.
―No creas que vas a matar a un civil e irte de rositas, Nara. Te voy a estar vigilando. No pienso olvidar esto. Tú no eres juez, jurado y verdugo.
Shikamaru no dijo nada. No había sido él el que había propuesto la solución, ni siquiera había suplicado porque no le acusaran, y quizás era eso lo que enfadaba de verdad a Tojo. Había sido el propio Tojo el que le había retirado los cargos por miedo a que su familia se viera afectada.
Si, había sido una maniobra muy sucia, pero no le importaba.
No pensaba dejar que nadie, nadie, pusiera en peligro a su hijo. Cayera quien cayera, hiciera lo que tuviera que hacer. Shikadai se criaría tranquilo, tendría una vida larga, plena y feliz.
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Cuando los dos hombres terminaron de hablar, Sakura se acercó a Shikamaru.
―Shikamaru, hay que trasladar a los chicos al hospital, cuanto antes. ¿Llamo a unos camilleros?
―No, espera…
Si ahora la muerte de Isao iba a ser un accidente, tampoco iba a haber ocurrido en su casa. Shikamaru confiaba en todos los presentes, pero no quería implicar a más gente.
―Yo llevaré a Shikadai. ¿Puedes tu llevar a Ame?
―Si
―Intentaremos ir por una ruta poco transitada. ¿Podemos usar el túnel de la azotea?
―Um… Si
Hinata supo que era el momento de irse.
―Espera, Hinata, ¿Dónde vas?
―Pues… Um… a casa…
―Tú te vienes con nosotros, ¡tengo que curarte esa mano!
Hinata se miró la mano como si fuera la primera vez que la veía. Allí estaba. Un corte a lo largo de toda su palma. Cuando había saltado a través de la ventana, se había apoyado en el quicio y cristales recién rotos se habían enterrado en la palma de su mano. Ella ni siquiera se había dado cuenta hasta ese momento.
―¿E-esto? P-pero… Sakura… Si no es nada… No te preocupes por mí.
―¡Para nada! Te vienes conmigo. Las heridas en la palma deben coserse de una forma especial o cuando cicatrice no volverás a abrir la mano. Te vienes, no admito otra respuesta.
Hinata asintió y se fue con ellos.
Cuando llegaron al hospital, atendieron a Shikadai, a Ame y, por último, a Hinata. Ella se dedicó a esperar, sabedora que de los tres tenía la herida menos urgente. Pudo avisar a Hanabi para que no se preocupara y para que fuera a por Boruto si no podía llegar a tiempo.
Tras un buen rato, Sakura apareció en el box donde esperaba Hinata, con un kit de sutura y desbridamiento.
―Ya estoy aquí, gracias por esperar. A ver esa mano.
Hinata se la mostró. Sakura se puso a examinársela con cuidado.
―Sakura… ¿Cómo están los chicos?
―Bien, bien… aún no despiertan, pero es sólo cuestión de tiempo. Se habían pasado con la dosis de sedante… pero no creo que les provoque daño renal, la verdad.
―Me alegro… ¿Y Shikamaru?
―Se ha quedado junto a Shikadai.
―Claro…
Sakura tomó un bisturí y un vial con anestesia.
―Mira, Hinata, para coserte bien tengo que hacerte unos cortes más. Te voy a hacer lo que se llama una "plastia en z", ¿Vale? Si no te lo hago luego tendrás una cicatriz muy dura que no te permitirá abrir la mano. Eso hará que la herida se vea más aparatosa, pero de verdad que es lo mejor. Así que primero te haré unos cortes, y luego te coseré todo.
―¿Me dolerá mucho?
―Te voy a poner un anestésico local, puede que notes la zona acorchada.
Hinata tragó saliva
―Bueno…
Mientras aplicaba el anestésico, Sakura aprovechó para hablar con Hinata.
―Hinata… ¿Qué hacías con Shikamaru en su casa?
Hinata se quedó pálida
―Um… Um… pues… fuimos los dos a rescatar a Shikadai…
―¿Y eso? ¿Estábais juntos?
―Pues… pues… si… Yo… yo fui la que encontró a Shikadai…
Sakura tomó el bisturí.
―Hinata… dime la verdad… ¿Has estado con Shikamaru desde que supo que Shikadai había desaparecido?
―Um… Um… Si… ¿Por qué? ¿Por qué quieres saberlo?
Los cortes de Sakura eran suaves y precisos.
―Shikamaru me ha dicho que atacaron a Shikadai porque hubo una filtración de seguridad y su colaboración en una misión quedó expuesta. ¿Es cierto?
―Eh… Pues si… salió en un periódico.
Sakura se mordió el labio
―Hinata… ¿Sabes si hay alguna filtración más? Por favor, dímelo. Aunque sea confidencial. Tú pareces tener mucha confianza con Shikamaru, debes saberlo. Por favor. ―Sakura le miró directamente a los ojos. ―Necesito saber si Sarada está en peligro.
Hinata respiró tranquila. Su secreto estaba a salvo.
―No, Sakura. No te preocupes. Sarada está a salvo. Tu nombre no ha salido en ningún momento.
Sakura se tranquilizó un poco. Hinata le tomó de la mano.
―No te preocupes, si alguna vez me entero de lo más mínimo que afecte a Sarada, yo te avisaré.
―Muchísimas gracias, Hinata. Buf.
Parecía que Sakura iba a llorar del puro alivio que las palabras de Hinata le habían causado
―Eres tan buena… La mejor persona de Konoha.
Hinata Uzumaki, espía, adúltera, cómplice de asesinato, sólo pudo sonreír y cerrar los ojos en una mueca indescifrable al más puro estilo de Sai.
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Unos días pasaron. Hinata y Shikamaru no volvieron a hablar, pues era obvio que Shikamaru necesitaba algo de espacio con todo lo que le acababa de pasar. Hinata se miraba la mano, aún vendada. Le dolía muchísimo, estaba muy hinchada, parecía un ramillete de plátanos.
Suspiró
El periódico cubría la muerte de Isao como un desgraciado accidente. Para justificar la magnitud de sus heridas, en la prensa había salido que se había caído por un puente. No entraban en detalles. Por supuesto, si Isao se había caído por un puente, ella no se había cortado la mano con la ventana de Shikamaru.
La versión oficial es que se había cortado con una taza de té en la oficina. Por algún motivo, a una ninja experimentada se le había resbalado la taza y había decidido recoger los pedazos con la palma de la mano.
Hinata frunció el ceño, podrían haber buscado una excusa que la hiciera parecer menos incompetente.
Por supuesto, no había células de Hashirama para amas de casa torpes, por lo que le habían curado a la antigua usanza y ahora tendría que pasar por un periodo de inmovilización, y luego rehabilitación para recuperar toda la funcionalidad de la mano.
Boruto y Himawari estaban muy mimosos con ella. Comprendían que le dolía mucho y que estaba algo impedida, y se esforzaban en ayudarla.
Naruto… Naruto había estado maravilloso. Le había ayudado en todo, había salido antes del trabajo para hacer la comida y hacer las tareas del hogar, se había preocupado de que tomase las medicinas y de que no cargara peso.
Hinata se sentía como escoria humana.
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Temari gritaba por los pasillos de su hogar
―¡Tenemos que sacar a Shikadai de ese colegio pero YA!
―¡Shhh! ¡No grites! ¡Vas a despertarle!
―¿Pero cómo puedes estar tan tranquilo? ¡Han secuestrado a nuestro hijo delante de nuestras narices!
―Por supuesto que no estoy tranquilo, pero tampoco podemos sacarle de la única escuela de Konoha así como así, ¡sobre todo cuando se supone que ese secuestro no ha sucedido!
―¡¿Pero es que estás mal de la cabeza?!―Temari le miraba como si fuera un monstruo ―¡Tu hijo ha estado en peligro! ¿No vas a hacer nada? ¿No vas a protegerle en el futuro?
Shikamaru saltó
―¡Yo no he dicho eso! ¡Yo voy a proteger a Shikadai con mi vida si hace falta! Es sólo…―Shikamaru suspiró―Intento encontrar la mejor solución para todos, con una decisión que no esté motivada por el miedo... Shikadai no puede sacrificar una vida normal por esto.
Temari le miró fijamente y comprendió que Shikamaru tenía razón. Sin embargo, el secuestro de Shikadai era la gota que colmaba el vaso. Ya no podía más. Por mucho que quiso evitarlo, por mucho que lo intentase evitar con todas sus fuerzas, lágrimas silencosas empezaron a correr por su rostro. Al verlo, Shikamaru corrió a abrazarla.
―¿Qué pasa? Temari, ¿Qué te ocurre?
Temari quiso contestar pero no podía
Kanuro tenía razón
Kankuro quiere que espie a Konoha para la arena
Kankuro dice que en la Arena pasan hambre
Kankuro está pensando en forzar un conflicto con Konoha
Al final, dijo lo único que podía.
―Kankuro… Kankuro quiere que Shikadai se mude a la Arena para ser educado como Kazekage
A Temari no le hizo falta alzar la mirada para comprender que su marido se había puesto pálido.
Shikadai… en la Arena… Fuera de Konoha…
Shikamaru no sabía qué pensar, no podía pensar. El suelo desapareció bajo sus pies. Apenas podía respirar. La mera posibilidad de tener que escoger entre su hijo o su aldea le superaba en todos los sentidos.
Se hizo el silencio en casa de los Nara
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Notas de la autora: Gracias a todos por vuestras bellas palabras, me han animado mucho. No os preocupéis por mi, es verdad que no he pasado por mi mejor momento, pero seguro que la vida nos tiene a todos reservadas cosas maravillosas.
Espero que os guste cómo avanza la trama .
Gab: Gracias por tu review. Más misterios tenemos por delante. Estate atenta…
