Disclaimer: Bleach y sus personajes pertenecen a Tite Kubo, La Bella y la Bestia y sus personajes pertenecen a Disney, la imagen de portada pertenece a Karoll Ann aka dangerousbride en Tumblr. Fanfic hecho con el único propósito de entretener y sin fines de lucro.


Capítulo 17: El hechizo se rompe

Shunsui y Ukitake llegaron en la carreta al castillo, había sido un viaje largo, y sorpresa para Shunsui, que esta vez hubiera conseguido llegar a su objetivo; cuando fue con Renji parecía como si la construcción quisiera esconderse de él, pero esta vez llegó sin problemas. Al detenerse, vieron asombrados como la mayor parte de la aldea estaba en el laberinto del jardín esperando algo o alguien. El relojero fue el primero en bajar y acercarse a Kenpachi.

— Zaraki ¿Que sucedió? —el señor Kenpachi rascaba su oído con el dedo meñique de manera despreocupada.

—Pues ocurrió algo muy extraño, llegamos, entramos y de pronto un montón de muebles empezaron a atacarnos—dijo lanzando un bultito sospechoso con sus dedos—a mí no me fue tan mal, una tetera me vio muy raro y decidí mejor salir de ahí.

—Si me topé con una taza parlante cuando llegué, pero no noté los muebles—dijo Shunsui con seguridad y el padre Ukitake lo miró confundido.

—Bueno, este lugar es de locos —continuó Zaraki—Si hay una bestia en el castillo ¿Por qué no habría muebles que se mueven solos? —continuó y el relojero solo arqueó las cejas dándole la razón.

—Dime ¿Qué están haciendo aquí afuera?

—No tengo ni idea, supongo que estamos esperando a Renji, entró al mismo tiempo que todos, pero no ha salido… no ha habido ninguna señal de él.

—Ay, cielos—dijo Shunsui un poco temeroso—gracias, Zaraki—le agradeció y se dirigió nuevamente con el padre Ukitake—Padre, Renji no ha salido—dijo el relojero tomando por los hombros al clérigo—me temo que Rukia esté en medio de esos salvajes.

—Shunsui, tranquilo… Rukia siempre ha sido muy valiente, y creo que la estancia en este lugar la ha hecho más fuerte—dijo Ukitake sonriendo calmadamente.

—Padre, debo entrar por mi hija.

—¿Y usted sabe a dónde debe ir? —Ukitake lo cuestionó—Si mal no recuerdo, usted me dijo que solo llegó al comedor y a los calabozos—Shunsui bajó sus brazos desanimado—el lugar es muy grande y no será fácil—Shunsui bajó la mirada desanimado—No se preocupe… sé que Rukia estará bien—dijo Ukitake sonriendo—es una chica valiente—terminó mirando el castillo junto al relojero, pensando en que podría estar ocurriendo dentro.


Un ambiente lúgubre inundaba el castillo, se podía escuchar cada mínimo sonido que se efectuara, Sode no Shirayuki caminaba con calma en los pasillos del castillo, recorrió con lentitud las derrumbadas escaleras y deslizaba su mano izquierda en la pared con gracia. Rukia era rápida y no tenía caso intentar alcanzarla, pero sus instintos eran buenos, llegaría a su destino de cualquier manera. En el camino se topó con un espejo y se miró en él, vaya que se veía demacrada, pero era necesario para asegurarse que todo saliera bien. Los acontecimientos del día habían sido abrumadores, pero eso solo le permitió ver la poca humanidad y sensibilidad que quedaba en las personas de la aldea. Al punto de juzgar y maltratar a un hombre mayor solo porque no coincidía con sus ideas, o el aislar a una pobre chica solo por ser diferente. La humanidad se estaba yendo al demonio. Tenía esperanza que la situación de la bestia cambiara su forma de pensar, pero al parecer era inútil. Lo que si podía resaltar era el valor de Rukia enfrentándose a los aldeanos —ese ser al que ustedes temen, se llama Ichigo, y les puedo asegurar que tiene mejores sentimientos que cualquier de ustedes—las palabras de la chica se quedaron grabadas en su mente, sonrió ante el recuerdo, al menos no todo había salido mal. Llegó al enorme pasillo que conducía a la habitación principal, no se fijó en nada de lo que había a su alrededor, solo caminaba mirando fijamente la gran puerta de la habitación, la cual estaba abierta de par en par. Sode entró sigilosamente a la habitación, al parecer no había nada fuera de lo normal. Escuchó sollozos y miró al balcón donde encontró a Rukia llorando sobre el cuerpo inmóvil de la bestia, en silencio se acercó a la mesa donde estaba la rosa encantada y con decepción vio que había llegado tarde. Hizo un discreto gesto de frustración, eso confirmaba que su plan había salido mal de muchas maneras, no pensó que todo esto llegara tan lejos, se dio vuelta para marcharse, pero en ese momento escuchó la voz de Rukia.

—Ichigo… perdóname—dijo la chica entre sollozos, Sode giró nuevamente para mirarla—sé que todo esto es mi culpa… pero es que no sabía que más hacer—Rukia volvió a sollozar—yo solo quería salvar a mi padre para poder regresar aquí al castillo… contigo… y así poder hablar—se limpió las lágrimas y miró hacia otro lado como si quisiera evadir la mirada del príncipe—los dos somos unos idiotas porque debimos hablar claro antes de irme, no ahora que no puedes escucharme—Rukia guardó silencio un momento y Sode no Shirayuki la miró impaciente ¿Acaso ella iba a decir lo que imaginaba?—¡Pero todo es tu culpa!—Sode no Shirayuki miró a Rukia con una mezcla de asombro y confusión—¡Si me preguntaste si quería quedarme contigo debiste ser más directo!—siguió reclamando Rukia dándole un suave golpe en el pecho—yo te habría dicho que si…—una vez más el llanto se apoderó de ella—yo te habría dicho que quería quedarme por siempre contigo...—se inclinó sobre el rostro de Ichigo y lo tomó entre sus manos sintiendo lo frío de su tez—… porque te amo—dijo Rukia un poco más calmada, se inclinó un poco más y le dio un suave beso a Ichigo en la frente y una vez más sollozó sobre el pecho del príncipe.

Sode no Shirayuki vio todo con serenidad, sonrió para sí misma, sabía lo que tenía que hacer. Miró la rosa encantada cuyos pétalos ya hacían marchitos alrededor del tallo; levantó su mano con la palma arriba y un brillo cubrió los pétalos haciendo que se levantaran regresando al tallo de la rosa volviendo a hacer una flor hermosa en todo su esplendor por sólo un instante. De pronto, la rosa explotó liberando miles de pétalos junto a un polvillo dorado que se dirigió a Ichigo envolviéndolo, sobresaltando a Rukia, que en el proceso se levantó mecánicamente. La joven miraba como ese polvo dorado con pétalos levantaba a Ichigo en el aire haciendo remolinos a su alrededor, Sode no Shirayuki sonrió satisfecha cruzando los brazos en expectativa. El polvo dorado se convirtió en un resplandor que emanaba del príncipe, la piel de sus pies y sus manos empezó a tomar un tono bronceado, mientras que el tamaño de sus uñas disminuía, su cabello se hizo más corto siempre adoptando su peculiar color naranja y de su rostro desaparecieron los aterradores dientes, la chica retrocedía unos pasos a cada instante. Entonces el polvo dorado y los pétalos disminuyeron haciendo que Ichigo descendiera con lentitud quedando de pie dando la espalda a Rukia quien se quedó inmóvil en su lugar.

El príncipe permaneció unos segundos con los ojos cerrados, desorientado, los abrió lentamente y miró a su alrededor. Estaba en su alcoba, nada parecía estar fuera de lugar, exhaló una gran cantidad de aire, y volvió a inhalar con fuerza, como tratando de corroborar que estaba vivo. Se llevó la mano derecha a su cabeza tratando de recordar que había sucedido y al deslizarla por sobre su ojo, vio que su piel tenía un tono normal, hizo una pausa y puso sus dos manos a la altura de su rostro, las miró con incredulidad, las giró unas cuantas veces para asegurarse de lo que estaba sucediendo—¿Acaso…?—preguntó incrédulo, giró las manos nuevamente, tocó sus brazos, bajó la mirada y vio sus pies descalzos, su pecho bronceado por debajo de su camisa, se tocó el rostro, había vuelto a la normalidad, el hechizo se había roto, tocó las puntas de su cabello más corto asimilando lo que eso significaba; Rukia lo amaba. Respiraba con dificultad, sentía que el aire se le escapaba de los pulmones por la felicidad, pero debía mantener la compostura, después de todo, no sabía lo que pasaba por la cabeza de Rukia en ese momento—Rukia...—susurró su nombre mientras giraba con lentitud encarando a la chica que tenía rastros de lágrimas en su rostro y lo miraba con sumo asombro—Ah…—solo atinó a decir el príncipe con timidez, sintió como la sangre se le acumulaba en las mejillas y le hacía sonrojar más pensar que Rukia ahora se daría cuenta más fácilmente—S-soy yo...—dijo nuevamente con duda. Miraba a Rukia quien aún no salía de su estupor, y aunque él quería ir corriendo a su lado y levantarla entre sus brazos, tenía que controlarse, tenía que dejar que ella se acercara, no quería asustarla.

—Eres...—dijo Rukia nerviosa mientras se acercaba, Ichigo golpeó sus costados con sus manos de forma impaciente mientras también fruncía los labios, Rukia llegó con Ichigo y se puso frente a él, el príncipe instintivamente se agachó un poco para que la diferencia de estaturas no fuera demasiada, fue cuando la joven se dio cuenta que Ichigo seguía teniendo la misma estatura, levantó su mano derecha y tocó el cabello del joven mientras él la miraba con impaciencia y anhelo, Rukia lo miró a los ojos, él correspondió y la miró con intensidad, la pelinegra reconoció ese destello color miel y liberó una gran cantidad de aire de sus pulmones para tomar otra bocanada—Eres…—repitió con voz ansiosa, Ichigo sonrió esperando que terminara la frase—¡Eres un idiota!—reclamó ella mientras le daba un puntapié en la pierna.

—¡Ahg! —exclamó Ichigo sosteniendo su pierna mientras saltaba en un pie—¡¿Que rayos te pasa?!

—¡Pensé que estabas muerto y luego tu hechizo se rompe y no me dices nada!

—¡Estaba esperando que asimilaras lo que sucedió, maldición!

—¿Asimilar qué? ¿Tu cara de tonto?

—Eres una...—replicó Ichigo entre dientes, después soltó un sonoro suspiro—Esto no salió como esperaba—dijo cerrando los ojos un poco fastidiado y apretando el tabique de su nariz con sus dedos—sinceramente… aún no puedo creer lo que está sucediendo—continuó mirando a la chica una vez más.

—Se rompió el hechizo, deberías estar feliz—dijo Rukia muy seria y con los brazos cruzados.

—Si, estoy feliz, pero no por romper el hechizo sino EL PORQUE se rompió el hechizo—dijo Ichigo cubriendo su rostro con sus manos una vez que el sonrojo llegara de nuevo a sus mejillas, después rascó su nuca con nerviosismo—Dime… ¿Dijiste algo mientras yo estaba en el otro mundo? ¿Algo que deba saber? —Rukia se sobresaltó, el sonrojo inundó su cara.

—N-no se d-de que estás hablando—dijo ella dando la vuelta aun con los brazos cruzados.

—Oh, creo que si lo sabes—dijo Ichigo agachándose tras ella quedando a la altura de la chica y solo mirándola por el rabillo del ojo, hizo una sonrisa pícara haciendo que Rukia se pusiera más nerviosa—Pero no te preocupes, no tienes que decir nada, empiezo yo—dijo Ichigo irguiéndose, carraspeó un poco para aclarar su garganta y empezó a hablar—Antes de que te marcharas, hablamos, justo después de nuestro baile…—Rukia giró un poco la cabeza al escucharlo, aún le daba la espalda—te pregunté si serías feliz aquí en el castillo… conmigo—la chica giró su cuerpo un poco y dejó caer los brazos, un brillo especial se asomaba en sus ojos—y esto te lo pedí porque… te amo—la frase terminó en un susurro y Rukia lo miró molesta.

—¿Qué dijiste?

—¡Que te amo, maldición! —contestó el príncipe exaltado, el color inundó las mejillas de Rukia una vez más—Por favor...—Ichigo se acercó a la joven y puso sus manos en su rostro—dime que te quedarás conmigo aquí en el castillo, dime que no volverás a irte.

—Te prometo que siempre estaré contigo—respondió Rukia sonriendo y también colocando sus manos en el rostro de Ichigo quien se había agachado otra vez—porque yo también te amo…

Ambos se sonrieron una vez más antes de acercar sus rostros y sellar su declaración con un beso, fue un beso tímido y lleno de inocencia e inexperiencia, sin que ellos lo notaran, los escombros del castillo empezaron a levantarse reconstruyendo las estructuras del palacio, con el amanecer, el castillo se iluminaba y las gárgolas se transformaban en ángeles que observaban con quietud los alrededores. Ichigo y Rukia rompieron el contacto y se miraron fijamente con una estúpida sonrisa.

—Me alegro de que todo haya salido bien—escucharon una voz dentro de la habitación, miraron y ahí estaba Sode no Shirayuki con una sonrisa en su rostro.

—Tu...—dijo Ichigo con el ceño fruncido poniéndose instintivamente frente a Rukia en señal de protección.

—¿Ustedes se conocen? —preguntó la morena confundida.

—¿Tú la conoces? —preguntó él también.

—Ah… bueno, ella recorre la aldea… porqué está sola...—dijo Rukia un poco avergonzada, no quería sonar cruel.

—Tonterías—respondió el príncipe—ella es la hechicera—terminó provocando el asombro de la chica.

—Me siento halagada de que su Alteza me recuerde—dijo Sode con cierto tono irónico, Ichigo gruñó en respuesta—¿Cuantos años han pasado? 5… 6

—No te hagas la tonta, pasaron 10 malditos años ¿Qué haces aquí?

—Yo solo vine a ver que todo haya salido bien—dijo la hechicera sonriendo aun con su rostro algo demacrado—Y al parecer… todo salió MUY bien ¿Verdad? —terminó cruzando sus brazos y mirando a Rukia, Ichigo la escondió completamente tras él.

—Te prohíbo que siquiera la mires—sentenció Ichigo.

—Se que debes estar pensando… que mi crueldad no tiene límites, que solo disfruté con tu desgracia y un enorme etcétera—Sode dio unos pasos mientras hablaba, mirando el lugar donde anteriormente estaba la rosa encantada—pero todo lo que hago, todo lo que sucede en el mundo, tiene un propósito, y el hechizo que te lancé también lo tenía.

—Perdón que me meta...—intervino Rukia—pero creo que lanzarle un hechizo a Ichigo y a los habitantes del castillo fue…—Rukia miró a la hechicera quien la sonreía de una manera extraña—…un poco cruel—dijo volviendo a la seguridad de la retaguardia de Ichigo.

—Si, tal vez mi método no fue el más ortodoxo, pero… querida, ya has visto lo que hace el poder en las manos equivocadas. Renji, con sus cualidades de líder, guio a la aldea en un propósito común, pero ese propósito fue egoísta, fue solo para complacer sus propios deseos; el poder corrompe, el poder es capaz de sacar lo peor de un ser humano—dijo Sode con seriedad—imagínate lo que la corrupción del poder estuviera inundando el corazón de alguien tan importante como un Príncipe.

—Aun con todo eso, yo habría guiado bien a mi reino—se apresuró a decir Ichigo con cierta duda.

—Tú y yo sabemos que eso no es cierto, mi querido Príncipe, tus sirvientes vivían en carne propia lo corrompido que estaba tu corazón, y aunque sabemos que siempre los has querido como tu familia, también sabemos que antes de todo esto no los tratabas muy bien. El ponerte este hechizo quería enseñarte que hay formas de guiar y ser guiado, que el poder no lo es todo si no hay amor y comprensión en tu corazón—la hechicera se acercó a Ichigo y puso su mano derecha en su pecho, Rukia la miró con inseguridad, Sode no Shirayuki aún vestía harapos, pero aún emanaba cierta elegancia y omnipotencia—Renji y tu son las dos caras de la misma moneda, Ichigo, y tú has tenido la oportunidad de aprender una valiosa lección, nuestro capitán y tu tenían el privilegio de tener gente bajo sus órdenes, personas que los ayudarían a cumplir sus caprichos, pero hay algo que tu conseguiste y Renji no—continuó quitando su mano del pecho de Ichigo—el don de la humildad… conseguiste amar y ser amado pese a tu apariencia, y eso es algo invaluable… pero en realidad, tu verdadera prueba empieza ahora—la mujer les dio la espalda, caminó unos pasos e hizo un movimiento con sus brazos haciendo que sus ropas cambiaran a un hermoso y elegante vestido blanco que llegaba hasta el suelo, casi pegado a su cuerpo, sobre sus hombros había unos listones lilas que caían grácilmente sobre sus brazos y su cabello, ahora estilizado, era adornado por una pequeña tiara de plata, giró nuevamente encarando a la pareja y vieron su rostro, antes demacrado, sutilmente maquillado dejando ver la asombrosa belleza que portaba—es hora de que salgas al mundo y demuestres lo que has aprendido.

—¿Que? ¿Quieres que vaya repartiendo florecitas a todos o qué?

—No, claro que no—respondió la hechicera sonriendo, rodeó a Ichigo para quedar frente a Rukia quien la miró sorprendida, Sode la tomó por la barbilla—haz con tu reino lo que esta hermosa chica hizo contigo—dijo con confianza—muestra lo mejor de ti, para que ellos te muestren lo mejor de ellos—soltó a la joven quien se sonrojó ligeramente—ahora ve, gobierna este reino con sabiduría y generosidad, tienes a un alma bondadosa a tu lado quien te enfilara en el camino siempre que lo necesites, además…—un brillo dorado la empezó a rodear—hay unas personas que desean verte—terminó sonriendo e inmediatamente desvaneciéndose poco a poco, Ichigo y Rukia se miraron.

—¿Que quiso decir con eso? —preguntó Rukia, Ichigo miró el suelo pensativo.

—Ya se...—dijo el príncipe levantando la mirada—vamos—tomó la mano de la chica y empezó a caminar de prisa.


Mientras que Ichigo y Rukia hablaban con la hechicera, fuera de la entrada principal estaban los sirvientes aun convertidos en objetos. Una vez que los rayos de sol los tocaron, su respectiva transformación empezó. El primero en volver a la normalidad, fue Kon, la mascota de palacio, el cual movió su cola con alegría mientras ladraba al perchero Sasakibe y rascaba en el suelo. El perchero empezó a moverse a la par que sus brazos tomaban forma humana y miraba a su alrededor. Kon fue hacia donde estaban el ropero y el piano de manera lúgubre, y de pronto una explosión de telas y notas musicales se hizo notar, entre los retazos se podían observar a dos personas, un hombre y una mujer que se observaban de arriba a abajo y después se miraron mutuamente con asombro.

—¡Uryuu-kun! —gritó Orihime con alegría al mismo tiempo que se abalanzaba hacía su esposo.

—¡Orihime-san! —respondió él recibiéndola en un abrazo fuerte—No sabes la falta que me has hecho.

—Pero ahora estamos juntos otra vez y ya no nos separaremos—ella se separó un poco para ver al músico con una sonrisa, Kon llamó su atención con unos ladridos—tampoco nos separaremos de ti Kon—continuó con una sonrisa.

—¿Los demás ya regresaron? —preguntó Uryuu aun abrazando a su esposa, en ese momento, el reloj que era Aizen empezó a sonar indicando la hora y con un giro tomó su forma humana.

—¡Por fin! —dijo Aizen peinando su cabello hacia atrás y después acomodando las solapas de su saco color rojo, un destello llamó su atención y miró a esa dirección dándose cuenta de que el candelero también había recobrado su forma humana—Te tomaste tu tiempo ¿eh?

—Lo bueno se hace esperar ¿no es así? —dijo Gin con tono burlesco pero amistoso, ambos se abrazaron felices de su nueva realidad—¡Sabía que el amo lo lograría! —dijo con emoción.

—¡Ayuda! —se oyó un grito, los dos hombres buscaron y vieron un montón de plumas apilado en el suelo, de ahí surgió una mano llamando la atención de ambos hombres, Gin se acercó casi corriendo y ayudó a la dama que estaba enterrada en la suave prisión—¡Gin! —exclamó Rangiku una vez siendo liberada, era una mujer hermosa, rubia y de voluptuosa figura, tenía una vestido de mucama que, aunque era modesto, podía dejar ver su hermosa figura.

—Rangiku, querida, lo logramos—le dijo Gin abrazándola con ternura y sonriendo.

—Gin… pensé que era el fin—dijo ella con lágrimas en sus ojos.

—Hey, te dije que todo estaría bien ¿acaso no confías en mí? —preguntó el con una sonrisa, Rangiku lo miro un tanto sorprendida, pero después le correspondió la sonrisa, él la tomó por la barbilla y se inclinó para besarla, ella aceptó en silencio, fue un beso corto pero apasionado, se detuvieron porque Gin sentía que su cabeza ardía… literalmente, salía humo de su coronilla y Rangiku ayudó a apagar la llama dándole unas palmaditas.

—Que fastidiosos son…—dijo Aizen con un tono molesto—pero aquí aún falta alguien—dijo mientras golpeaba la charola que estaba sobre el carrito de té haciendo que la tetera y la taza salieran disparadas al aire, al caer, una mujer de cabello negro y peinado en una trenza abrazó a una niña de cabello rosa, aterrizaron de sentón en el césped y Unohana aun no procesaba lo que estaba pasando.

—¿Qué… que sucedió? —preguntó Unohana confundida, miro a la niña y su mirada se iluminó—¡Yachiru! ¡Eres tú! ¡Eres la niña más preciosa del mundo! —la abrazo con alegría y lágrimas en los ojos.

—¡Mami! ¡Somos humanas! ¡El amo y Rukia son novios! —celebró la niña levantando sus bracitos, Unohana la volvió a abrazar y a llenarla de besos.

Gin y Rangiku miraban la escena enternecidos, cuando de pronto escucharon pasos que venían del interior del castillo, se dieron la vuelta y de adentro, venían caminando Ichigo y Rukia caminando tomados de la mano.

—¡Príncipe! Su alteza…—dijo Gin haciendo una reverencia, el resto de los sirvientes lo imitaron mirando a su amo ahora convertido en humano.

—Gin, amigo mío—dijo Ichigo acercándose a darle un abrazo a su fiel confidente, Rukia miraba asombrada a todos.

—Muchas gracias, Rukia—dijo Rangiku haciendo una reverencia a Rukia—nos has salvado a todos.

—¿Qué yo hice qué? —preguntó la morena confundida.

—Un placer volver a verla, Rukia-san—dijo Aizen con una leve reverencia con su cabeza—de verdad que su presencia fue un milagro en este lugar.

—Ah… ¿De qué están hablando? —Rukia aún estaba muy confundida, todo lo que le decían le parecía confuso.

—¡Rukia! ¡Soy yo, Yachiru! —la niña se acercó corriendo a la chica quien asombrada se agachó para abrazarla—Ya no soy una taza ¿Lo ves?

—Lo veo, y eres una niña muy linda—dijo Rukia sonriendo con dulzura.

—Y todo es gracias a ti—la morena escuchó la voz de Unohana y la buscó con la mirada, se encontró con una hermosa mujer alta de cabello negro peinado en una trenza, su mirada era gentil, lucía un vestido beige muy simple—te estamos muy agradecidos, Rukia-chan—continuó Unohana.

—Yo no entiendo que fue lo que hice…

—No les hagas caso—dijo Ichigo acercándose con un leve sonrojo en su cara.

—Amo, casi olvidaba lo apuesto que es—Unohana se acercó al príncipe y puso sus manos en el rostro del joven—espero que a partir de ahora usted pueda ser muy feliz—Ichigo cerró los ojos sintiendo el toque maternal de la mujer.

—Muchas gracias, señora Unohana, y gracias por siempre mantener la fe—dijo él abriendo sus ojos mientras sonreía a la mujer y tomaba sus manos—gracias a todos, de verdad.

—Qué clase de familia seriamos si no nos quedáramos a su lado ¿verdad? —Gin se acercó y rodeó a Ichigo con su brazo, los dos hombres se miraron y se sonrieron con complicidad—Rukia-chan…—dijo Gin soltando al príncipe, se acercó a la joven y le hizo una reverencia—te estamos muy agradecidos.

—¿Podrías tu explicarme de que están hablando?

—Jejeje, que más me encantaría que decirte todo, querida, pero temo que pueda ser asesinado si lo hago—dijo el hombre con una pequeña carcajada mientras podía sentir el aura asesina de Ichigo detrás de él—pero con el tiempo, te aseguro, entenderás todo, por lo mientras… debemos saludar a nuestros visitantes—terminó mirando hacia la entrada del laberinto del palacio, de ahí venían los aldeanos confundidos y temerosos.

—¿Qué están haciendo ellos aquí? —preguntó Ichigo un poco molesto, no podía pasar por alto el maltrato que ellos le hicieron pasar a Rukia.

—¿Qué quieren? —la morena fue la primera en preguntar a los aldeanos una vez que se hubieran acercado, cruzó sus brazos notablemente molesta—¿Buscan a alguien para encerrarlo o qué?

—Este lugar… recuerdo que solían hacer fiestas en este lugar—el director Yamamoto miraba con asombro y un poco de confusión el castillo frente a él—fue hace años la última vez que estuve aquí.

—¡Acabo de recordar! —Zaraki gritó desde lo lejos, fue empujando a los aldeanos que estaban en su camino — ¡Retsu! ¡Yachiru!

—¡Papá! —respondió con emoción la niña corriendo hacia el hombre.

—Zaraki… que alegría verte—Unohana también se acercó y abrazó al recién nombrado.

—Yo sabía que había olvidado algo durante los últimos 10 años, no pensé que fueran ustedes—dijo Zaraki con tono despreocupado.

—¿Cómo que nos olvidaste 10 años? —preguntó Unohana con una sonrisa y un aura amenazadora.

—Oye, no fue mi culpa, culpa a la magia—sentenció Zaraki levantando a Yachiru en sus brazos y dándose la vuelta.

—¡Papá está asustado! —anunció la niña en una carcajada.

Mientras tanto, Aizen miraba la fachada del castillo, volvía a tener esa majestuosidad tan característica, estaba seguro de que tendrían que darle unos retoques, pero sabía que su amo no se negaría.

—¡Aizen-sama! —escuchó que lo llamaron un poco lejos, una mujer de cabello negro y baja estatura se le acercaba, Momo Hinamori era el ama de llaves de la casa de Aizen y podía ser un poco molesta—¡Aizen-sama! ¡No sabe la falta que hizo en casa! —la chica abrazó al mayordomo que trataba de liberarse con cara de fastidio.

—¡Gin! ¡Conviérteme en reloj otra vez! —suplicó tratando de escapar, Gin rio con simpatía.

—Lo siento, amigo, me temo que esto no está en mis manos—dijo el hombre abrazando a Rangiku.

—Con que eras tu—dijo el joven Toshiro acercándose a Gin y Rangiku, era primo de ella y siempre sintió que en su hogar algo faltaba.

—¡Toshiro-chan! —gritó ella mientras lo abrazaba y lo presionaba contra sus pechos.

—¡No me llames así! ¡Y suéltame, no puedo respirar! —dijo él zafándose del agarre y tomando una bocanada de aire.

—Después de tantos años, imaginé que habrías crecido más—dijo Rangiku un poco decepcionada.

—No nos vemos en años ¿y es lo primero que me dices? —respondió Toshiro enojado y con los brazos cruzados.

—No importa, así estás adorable ─ dijo Rangiku volviendo a abrazarlo y estrujarlo contra ella, el joven solo trataba de escapar, Gin miraba todo con una sonrisa y las manos en su cintura, todo estaba volviendo a ser como se supone que era, en ese momento, el maestro Uryuu se acercó a él.

—¿Qué pasa, maestro? —preguntó Gin.

—Orihime-san está preocupada…

—¿Porqué?

—¡No hemos limpiado nuestra cabaña a las afuera del pueblo en años! — Orihime llegó abalanzándose sobre Gin tomándolo de las solapas — ¿Sabes lo que eso significa?

—¿Qué estará muy sucia?

—¡Si! ¡Y a mí no me gusta limpiar!

—Podemos limpiar de a poco, de cualquier modo, vivimos en el castillo.

—Mmm… tienes razón—dijo Orihime un poco triste—¡Ah! ¡Tengo una idea! ¡Haré la cena para todos! Acompáñame, Uryuu-kun—finalizó adentrándose en el castillo para ir a la cocina.

—¡Orihime-san! ¡Espera! Deja que Kanonji-san se encargue—gritó Uryuu sabiendo que lo que su esposa sabia de moda y música, no lo sabía de cocina, Gin se estremeció un poco de solo pensarlo.

En medio de todo la muchedumbre, Rukia buscaba a su padre, al primero que logró divisar fue al Padre Ukitake que se acercaba a ella con una sonrisa amable.

— ¡Rukia-chan! — al alcanzarla, la abrazó de manera fraterna y ella correspondió el abrazo — me alegra tanto que estés bien.

— Muchas gracias, padre, sobre todo por habernos liberado — dijo ella tomando las manos del hombre mientras sonreía.

— Ni lo menciones — Ukitake se alejó un poco y miró a Rukia de pies a cabeza — Oh… mira como quedó tu hermoso vestido — Rukia bajó la mirada y vio su vestido de gala hecho girones por la parte de la falda, tanto como la tela exterior y la crinolina estaban rasgadas de manera descuidada.

— Ah… si… era una situación crítica y no se me ocurrió otra cosa — dijo ella tomando la poca tela que quedaba del vestido — es una lástima…

— Podemos mandar a hacer uno igual — escuchó a Ichigo hablando detrás de ella, se acercó a donde estaba Rukia y el padre y sonrió amistosamente.

— Me parece que usted es el Príncipe Ichigo — dijo Ukitake con formalidad — es un honor conocerlo, Alteza.

— El honor es mío — respondió Ichigo extendiendo su mano para que el padre la estrechara — Rukia me ha hablado mucho de usted, le agradezco mucho que no la haya dejado sola con esa gente tan horrible.

— No fue nada, en las aldeas tienden a tener la mente un poco cerrada, pero ahora se verán obligados a aceptar a Rukia-chan sin dilación — dijo el padre con seguridad, la pareja sonrió en respuesta.

— ¡Rukia! ¡Rukia! — escucharon a Shunsui a lo lejos y lo vieron que venía agitado tratando de llamar su atención entre la gente, Rukia corrió a alcanzarlo — Hija mía, estás bien — dijo el relojero abrazándola.

— Si, papá, estoy bien — respondió la chica rompiendo el abrazo — ¿Dónde estabas?

— Zaraki estaba mostrándome a su esposa y su hija, al parecer ellas eran la tetera y la taza que me atendieron el día que llegué a este lugar, él aún sigue muy confundido, supongo que le tomará unos días.

— Hasta yo estoy confundida — respondió la morena con una risa muy tímida — ven, quiero que veas a Ichigo…

— ¿La bestia? — dijo Shunsui con temor y asombro.

— Papá… — lo reprendió Rukia, lo tomó de la mano y regresó a donde estaban Ichigo y el padre Ukitake, cuando el Príncipe vio que Rukia se acercaba con su padre, no pudo más que hacer que bajar la mirada avergonzado.

— Shunsui… mira que tal — dijo el padre Ukitake — él es Ichigo-san, el Príncipe de este reino — continuó el sacerdote con alegría, Shunsui miró de arriba a abajo al joven y le llamó mucho la atención su apariencia actual, el cabello desarreglado, una camisa sucia llena de nada más y nada menos que sangre, su pantalón roto y estaba descalzo.

— No se ve muy principesco — dijo Shunsui.

— ¡Papá! — repitió Rukia con reproche.

— ¡LE OFREZCO MIS MÁS SINCERAS DISCULPAS! — Ichigo gritó de pronto haciendo una reverencia provocando un susto en sus acompañante y quienes estaban alrededor.

— ¿Disculpas? — dijo Shunsui al haber recuperado la compostura.

— Por haberlo llamado ladrón, admito que exageré — dijo Ichigo con su mano derecha en su nuca.

— Ah… eso… — el relojero respondió confundido.

— Por la rosa que tomaste — le recordó su hija.

— Ah… no, si, tal vez un poco exagerado, pero no equivocado, su alteza — Shunsui sonrió amistosamente — hay que admitir que yo también fui un descarado, salir huyendo sin dar las gracias por sus atenciones y todavía robar un rosa — hizo un gesto de estar metido en un lio, Rukia negó con la cabeza un poco molesta, y el padre Ukitake rio un poco — digamos que estamos a mano — continuó Shunsui extendiendo su mano a Ichigo.

— Ah… gracias… creo — el príncipe estrechó la mano del relojero un tanto confundido, Rukia se colocó a un lado de Ichigo mientras sonreía, el pelinaranja la miró y le sonrió de vuelta.

— ¿Y qué pasó con Renji? — el padre Ukitake preguntó con cierto temor, Ichigo y Rukia se miraron y desviaron la mirada de ambos hombres.

— Vaya… esto era un desastre anunciado — dijo Shunsui como si no fuera nada.

— Que Dios se apiade de su alma — dijo el padre en una plegaria y todos guardaron silencio unos segundos — bien y… ¿ahora qué?

— Yo iré a ver con todos que tenemos que hacer en el castillo — dijo Rukia antes de que cualquiera pudiera decir algo y se fue corriendo, los tres hombres la miraron asombrados y posteriormente, sonrieron.

— Muchas gracias… — dijo Shunsui con un mirada enternecida — jamás había visto a mi hija así de contenta, ella encontró el lugar al que pertenece.

— También yo te agradezco por haberla aceptado tal y como ella es — dijo el padre Ukitake haciendo una pequeña reverencia — mucho tiempo vivió prácticamente aislada por las ideas tan arcaicas de la aldea, pero contigo y en tu castillo encontró gente que la quiere con todo lo que conlleva… nuestro retoño ya floreció.

Ichigo no supo que responder, solo miró desde su lugar a Rukia, quien estaba hablando con Gin y la Sra. Unohana, el relojero y el padre desconocían lo mucho que la chica había hecho por él, aceptarla con su mal carácter y su gusto por la lectura no es nada comparado con lo que ella había logrado en su persona, le mostró lo mejor de ella para sacar lo mejor de él, tal y como dijo la hechicera. Inconscientemente sonrió pensando como las cosas se dieron y se pusieron en lugar, en la escena que tenía enfrente de sus sirvientes poniendo atención a todo lo que Rukia deseaba, y el futuro, el futuro que les aguardaba a ambos, no iba a retroceder ni un paso, con Rukia a su lado, sabia que podía hacer lo que sea y cuando sea.