Advertencias: EEESPOIIIILERR de los capítulos doscientos cuarenta y PELOS. Mención de un poco de 10051 :D.
Disclaimer: KHR! Es tan mío, como lo es Hibari a Nanimori. Wait. No, pero algo así D: En todo caso ni 80 ni 59 son míos.
"Los demás amigos que tengo no sirven para nada"
"Es el juudaime. El juudaime y nada más. Los demás amigos que tengo no sirven para nada".
Así la encontró Bianchi, vieja y doblada, diez años después y se la entregó a un divertido (y demacrado) Yamamoto.
- ¿Te acuerdas cuando era así?
- Me acuerdo. Es como si fuera ayer.
- ¡Fue prácticamente ayer, Yamamoto-kun!
Con la camisa del traje por fuera, la corbata desatada, el samurái se reía entre dientes del ingenuo antiguo Gokudera, junto con Bianchi, que apoyada en el respaldo del sillón se balanceaba alegremente.
- ¡Tan estúpido que era, el pequeño Hayato! - la mujer se encogió, como abrazando a un infante invisible - Qué ternura.
- ¿Estúpido? - Yamamoto reprimió una carcajada - Era una joya.
"Ya no puedo fumar. Han sido los peores días de mi vida. Millefiore nos asesina... moral y físicamente. El maldito boxeador y la idiota vaca hacen progreso, pero no veo ninguna clase de futuro. Tengo miedo".
Yamamoto lo recordaba, a su pesar. Gokudera había estado muy solo y muy triste. Ya no se molestaba tan fácilmente. A pesar de la huelga empezada por Haru y Kyoko de no llevar a cabo ningún quehacer doméstico, desde tiempo antes tampoco se alimentaba bien y este hecho estuvo disfrazado por la terrible comida que entre los cuatro se las arreglaban preparando. El día de la llegada de Squalo, vomitó mucho.
- Es por tu funesta comida, descerebrado - le dijo y Yamamoto le dio unas palmadas amigables en la espalda, tendiéndole una toalla. - Ojalá tu padre nunca te deje como encargado del restaurante. Iría a la quiebra.
"Hablé con Irie. Ha estado llorando. Me da mucha pena, porque ya ni siquiera puede ocultarse. No quiero ni pensar en esto, pero seguro que es por el malnacido de Byakuran. Yo no sé qué haría en su lugar. El décimo está teniendo problemas con su caja y no tengo la menor idea de qué hacer".
Bianchi miró a Yamamoto con una sonrisa triste. Ella también recuerda a Irie. Ambos suponen, quizás con timidez, que más que arrepentimiento por crear al que era Byakuran, Irie lo extrañaba. Y no era decepción o arrepentimiento por lo que lloraba a veces (a pesar de que lo hiciera pasar por eso), era más bien algo vergonzoso que no podía permitirse; al menos mientras trabajaba como mecánico para los Vongola.
Ninguno de los dos sabe cómo exactamente era la relación entre Byakuran e Irie en aquél entonces, pero Yamamoto recuerda vagamente una conversación que había tenido con Spanner días antes de batalla; una noche en que Shoichi se había quedado dormido sobre el teclado de su computadora, en medio de códigos y más códigos.
- ¿Amistad? - el mecánico había reído, escupiendo sin querer su piruleta - Eso me gustaría. Ustedes no vieron a Millefiore por dentro. Irie y Byakuran llevaban una relación muy distinta... o al menos eso era antes de que Irie empezara a tramar todo este plan que tenía con ustedes.
Spanner desenvolvió una nueva piruleta, sin desesperarse y había continuado, de la misma flemática manera.
- No sé. Era confianza ciega, complicidad muda; se conocían tan malditamente bien que a veces parecían tener una conexión mental. Quién sabe, quizás así funcione el pensamiento de los genios - encogió los hombros. - Qué sé yo. Todas estas relaciones de cordialidad y confianza japonesas son fascinantes, pero la suya... era otra cosa.
"Entreno y entreno. No podemos dejar al juudaime caer. Es el juudaime. El juudaime y nada más. Los demás amigos que tengo no sirven para nada."
- ¡Cierra la boca, vaca estúpida! Y tú...
- Gokudera-kun, cálmate - Dino se le había acercado y había susurrado algo en el oído del muchacho de ojos verdes, que berreaba como bestia.
Yamamoto, recién duchado y listo para la cena, había salido acompañado de Tsuna, para averiguar por qué Gokudera, Lambo y Sasagawa-san aun no se habían presentado a la mesa. Encontraron a Dino, que daba unas pequeñas palmadas a un humeante Gokudera, mientras le hablaba en un rápido italiano. Lambo se escabulló al comedor y Ryohei se acercó al rubio.
- ¡Anda, a ducharse y a cenar, he dicho, jovencito!
Y con un agradable empujón despidió al mitad italiano, para después empezar a discutir con Ryohei.
Yamamoto lo observó acercarse, compadecido.
- Gokudera-kun... - lo llamó.
Y con una fría indiferencia, el muchacho había pasado a Takeshi de largo para abrazar con fuerza a Tsuna que, con nerviosismo, le devolvió paternalmente el gesto.
"No te lo quería decir. No ahora. Es más, no te lo hubiera dicho nunca. Pero a lo mejor mañana morimos. La cosa está así: tú, cabeza-de-bola-de-béisbol; no sólo no sirves para nada, me tienes mucho tiempo pensando en ti. Te quiero y mañana que nos veamos, cara a cara, por favor finge que no leíste esto; porque en realidad no espero nada, pero necesitaba decirte que te quiero. No podría admitirlo, pero me gustas y no me importa lo que pienses, porque nada, ni siquiera tú, va a cambiar este hecho.
¿Sabes? Para distraerme, para no tener que volver a pensar en ti, te explotaría la cabeza. Pero cuando estoy contigo me doy cuenta, que igual que tú y todos los demás amigos que tengo, no sirvo para nada".
- Dame un beso - había exigido el muchacho de ojos verdes, ajustándole la corbata. - Aunque sea uno de despedida. Aunque sea el único.
- Nada malo va a pasar - Yamamoto, diez años antes, le había asegurado con una sonrisa tierna. Sin embargo, había obedecido y se había reclinado sobre el otro.
- No me importa. Ya no importa. Lo que tenga que ser, será.
- Gokudera-kun, seguro que mañana recordaremos esto y nos reíremos.
- Yo nunca me voy a reír de esto. Nunca.
Y antes de salir al campo de batalla, Gokudera, labios fríos, helados como sus manos, una a cada lado del rostro del otro; con respiración temblorosa y los ojos cerrados, lo había besado.
Ohman. Las quiero tanto, porque me dejan review. Y no es que sea favoritista, pero sí. Lo soy. Y los review me hacen feliz. Gracias.
