Advertencias: Ew, cursi.
Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn no es mío. Perla Shumajer tampoco. ¿Por qué la vida es injusta?
"Hacía un día soleado y relampagueante"
Le gustaban los días soleados. Siempre le habían gustado. Cuando era pequeño, después de los entrenamientos, solía recostarse, sucio y sudoriento, entre la primera y la segunda base. Y siendo cubierto por el sol, cual lagartija, se dejaba tostar la piel a antojo observando el cielo.
El inmenso manto celeste, como a cualquier niño, siempre había despertado su más sincera curiosidad. Y tal y como era la admiración que tenía por el cielo; Tsuna también era objeto de sus contemplaciones, porque dentro de su majestuosidad e inusitada fuerza, encerraba muchos misterios.
Varias veces, cuando joven, cuando por fin entendió realmente el significado de lo que era tener un anillo Vongola (de lo que era ser un Vongola); se cuestionó por qué habían sido repartidos de esa manera y no de otra.
Ni qué discutir al suyo.
A él le gustaba la lluvia.
Las tardes húmedas de Japón, los charcos en los cuales disfrutaba saltar cuando niño y la frescura del viento una bochornosa noche de verano, después de que las últimas gotas nutrieran la tierra. Se podía recostar en el pasto del parque, en el campo de béisbol y al igual que podía disfrutar del cielo y del sol, podía disfrutar de la lluvia.
Unas noches se sentaba en el porche, con su yukata azul marino y relajado, escuchaba como las gotas colisionaban con la tierra blanda y se perdían entre las hojas y en las profundidades del lodoso laguillo artificial que un día tuvo carpas.
Oh, pero si su anillo era magnífico (Jiro y Kojiro incluidos), definitivamente, el anillo del sol era maravilloso.
Irradiaba fuerza, luz, sanaba.
Y no cabía duda que el indicado para éste siempre había sido Ryohei-sempai.
Pero otras veces, entre miradas furtivas a un agresivo portador del anillo de la tormenta se pregunta por qué Gokudera Hayato; por qué ese hombre locuaz e intempestivo; no era el portador del anillo del sol.
Porque con una sonrisa (de las difíciles de conseguir), con una palabra o sólo verlo en la silla del hospital (arrancándose el cabello, porque la enfermera le había pedido de mala manera que apagara el cigarro); podía sanarlo.
Y convertía esas noches de terrible frío o los momentos de desesperación en momentos cálidos y reconfortantes. Un abrazo y desnudos, y con el calor de piel contra piel; Gokudera entre la oscuridad de su cuarto, refulgía con su cabello recogido, su piel blanca y sus prístinos ojos claros.
Sin embargo, su italiano groseramente expresivo, la salvaje manera en la que peleaba por lo que deseaba y su voz que viajaba entre los pacíficos corredores de la casa de la famiglia Vongola, eran como un huracán; eran como las centellas que partían el cielo o como el relámpago que augura el advenimiento de la tormenta.
Yamamoto sonríe y admite, que estar con Gokudera es todo en uno: es tenerlo y no tenerlo; es sentirse querido, deseado y odiado. Es tranquilidad y amor. Es amar y penar. Es solidez y aventura.
Es pasar días soleados y relampagueantes.
Ay no, pero qué cursi. D: Wanna cursi over me? Lawl. Gracias por los reviews a TODAS. Muchísimas gracias :D, los leo y los guardo en la bolsa trasera del pantalón, muy cerquita de mi corazón. Me alegran y me hacen sonreír. Jajaja y no es que no las quiera si no me dejan review, es que no sé a quién querer. No es que quiera ser favoritista. Pero lo soy. )':
