Título: Mardy Bum
Frase: "Malgenio terrible"
Notas: Mardy Bum, es un fanfic de dos partes, iniciado por la frase "Malgenio Terrible" y otra frase de la tabla XD (lol sorpresa!). Que igualmente se pueden leer separadas, pero seh. La cosa es que las cosas no terminan aquí D:
Parte 1: "Malgenio Terrible"
Creer en el romance sería una estupidez de su parte. Sería una estupidez, tomando en cuenta que se acerca a los treinta y cinco y desde hace diez años está con la misma persona. Sería una sandez, y una de las grandes; que pusiera en retrospectiva sus vidas, rebobinara, admirara con detenimiento las escenas y no admitiera que ambos estaban un poco cansados de la rutina y que probablemente sería necesario un cambio.
Al menos, él estaba muy cansado y aunque le doliera admitirlo, lo sabía.
Porque día tras día, llega a su casa, al apartamento de ambos. Sus cosas, juntas, muy juntas. Los trajes, los zapatos, los cepillos de dientes.
Todo tan junto que a veces se confunde: sobre todo la ropa interior y especialmente los calcetines. A pesar de los años le sigue atando la corbata.
Y no es que a Gokudera no le gustara su cotidianidad, pero hace días él llega tarde, muy tarde.
Y no le dice nada, porque no es una esposa, una desagradable mujer chillona, como la del juudaime; pero con una sola mirada le comunica que lo había estado esperando desde las once de la noche y que no le agrada que lo deje en ascuas. Y Yamamoto entiende, pues será de todo, pero nunca un estúpido.
Gokudera hace mucho del papeleo para el décimo, aunque es un hombre de batalla. Deja mucha de la actividad para los jóvenes, que se entusiasman con todo el rollo de ser parte de la mafia. Todo se lo toman como un juego, así como él (su cabeza de chorlito) solía hacerlo tanto tiempo atrás. Gokudera se ríe, "Ni siquiera se imaginan lo que les espera".
Mejor así, piensa, que crean y esperen.
Que esa clase de cosas y sentimientos, al fin y al cabo, no le hacen daño a nadie.
Hace tiempo, bajo las órdenes de Hibari (muy a regañadientes) y con un juudaime ausente, asesinaron a una panda de maleantes italianos. Éstos, obedeciendo alguna casa de mafiosos contrincantes a los Vongola, estaban incendiando los negocios de personas apadrinadas por Tsunayoshi.
Hibari ultimó, pensativo:
- Hay que deshacerse de los herbívoros.
Gokudera, como mano derecha, como secuaz fiel y reconociendo (lo cual le tomó sus buenos años) la capacidad y el compromiso del guardián de la nube para abrigar y auxiliar su propia familia, confió. No ciegamente, porque estar en la mafia y creer ingenuamente no van de la mano, pero estaba seguro y respetaba las decisiones y juicio de Hibari-san.
Y así se hizo. Los mordieron hasta que se pusieron pálidos y la vida se les escurrió roja, por el cuello. No hubo pruebas que los incriminara, lo eliminaron todo. "Violencia trae más violencia", diría el Décimo, decepcionado. "Así se juega este juego", respondería Hibari a secas, pero respetuoso (sin el dejo provocador o desafiante que podría haber usado en antaño).
Gokudera estuvo con mal genio los días aledaños al asesinato. "Porque no, simplemente no... Takeshi" iba de un lado a otro, sin dejarse tocar. "No te me acerques, hijo de puta. Te mato, como a esos infelices".
Y a Takeshi Yamamoto, treinta y cuatro, no le quedaba de otra más que quedarse lejos y verlo. Y sufrir sus pendejo, sus marica y sus hijo de puta. Porque así era Gokudera Hayato, así había sido siempre; y aunque ahora vomitara los insultos con más rabia y los ojos verdes lo fulminaran llenos de desprecio y ahora le dolieran de verdad sus facilona; nunca iba a poder cambiarlo.
Porque Gokudera Hayato, las noches en que Yamamoto no llegaba a tiempo (por trabajo, el auto, tomarse un trago con Squalo), lo esperaba, tardase lo que se tardase. Y enojado consigo mismo, con su incapacidad para habérsele negado a Hibari, le miraba decepcionado. Y Yamamoto suspiraba de dolor, angustia y cansancio.
Sobre todo de cansancio.
