Algo más tarde de las doce de la noche, Dean detuvo el coche frente a la puerta de un bar. "Vamos Sam, estamos en Los Angeles. ¿No querrás que nos marchemos sin haber tomado algo?"
"Ayer le salvamos la vida al hermano de un agente del FBI. Tal vez le haya dado a su hermano nuestra descripción y tal vez todo el FBI de Los Angeles no esté buscando ahora mismo."
Dean suspiró. "No se como te lo montas para ser siempre tan agorero." Abrió la puerta del coche y salió, volviéndose un momento después hacia su hermano. "Tu haz lo que quieras, pero no me voy a marchar sin entrar a un bar." Le tiró las llaves del coche a su hermano y se marchó.
Sam esperaba poder convencerle y desaparecer de la ciudad antes de que todos los departamentos de policía se pusieran a buscarles, pero al ver desaparecer a Dean en el interior de bar, supo que ya era demasiado tarde para eso; por lo que tomando la palabra a su hermano, se pasó al asiento del conductor y se marchó con el coche al motel.
- o -
El bar estaba abarrotado, gente que iba de un sitio para otro, con una o dos copas en la mano, gente que, ajena a lo que ocurría a su alrededor se besaban con sus parejas de esa noche o que esperaban poder encontrar al ligue del fin de semana.
Dean se acercó a la barra, mientras observaba como muchas miradas se centraban en él. Sonrió, pero intentó no hacerle caso a ninguna. Pidió una cerveza y se dejó caer en el taburete, mientras continuaba mirando a su alrededor.
Le gustaba aquel ambiente tan diferente al que estaba acostumbrado en las localidades pequeñas. Aquí uno se podía encontrar todos los estilos distintos de personas, miraras donde miraras, siempre había algo diferente, sin que nadie mirara mal a nadie.
Cuando ya había pedido la segunda cerveza, un alboroto comenzó a destacar a su espalda, dos hombres que habían empezado a levantar la voz, incluso por encima de la músisa.
"Lo siento amigo, pero creo que me está confundiendo con otra persona." Se trataba de un hombre de media edad, de pelo canoso y una sonrisa cínica que destacaba en los labios.
"No vas a conseguirlo." El otro hombre, ligeramente más bajo pero con una mirada dura en los ojos, parecía cabreado con el primero. "Puede que no esté del todo seguro, pero tengo la corazonada de que eres uno de ellos y no voy a permitir que te salgas con la tuya."
El primer hombre, empujó al otro, que se tambaleó ligeramente, a causa del ligero exceso de alcohol. Mientras la gente comenzó a hacer un círculo alrededor de los dos, intentando no meterse en medio, Dean se acercó, sin hacer nada, esperando ver como se solucionaban las cosas.
"Mire amigo, me parece que ha bebido más de la cuenta y no sabe de lo que habla, pero no le conozco a usted ni a su…"
"Maldito bastardo, ¿Cómo puedes seguir en tus trece? Lo de ayer lo hizo uno de tus hombres y te aseguro que daré con él." El segundo hombre, sin pensárselo dos veces esta vez, se lanzó hacia el primero, quería golpearle y por lo que Dean vio, tenía una buena técnica de ataque. Por ello, Dean fue hasta los dos y sujetó al hombre que iba a atacar. "¿Se puede saber que haces? Suéltame."
"Si quieres meterte en problemas, de acuerdo, pero no vas a amargarme la noche, así que déjalo." Aunque el hombre trató de soltarse, no fue capaz de hacerlo y tuvo que dejar que Dean lo guiara hasta la puerta del bar.
"No era tu problema." Dijo una vez que consiguió que Dean le soltara definitivamente, mientras la gente los miraba.
"Tal vez, pero creo que en tu estado, ese tío hubiera acabado contigo sin que le hubieras tocado un pelo."
El otro hombre lo miró y se quedó un momento pensativo, como si estuviera asimilando las palabras de ese desconocido. "Supongo que tienes razón. Estoy muy agobiado con el trabajo y creo que he bebido más de la cuenta, así que gracias por meterte. Soy Don, por cierto."
"Dean, encantado." Vio que el otro hombre comenzaba a andar y que se tambaleaba ligeramente. "No es el plan que tenía pensado para esta noche, pero si quieres te acompaño a casa."
Don se lo volvió a quedar mirando. Tampoco era eso su plan, pero después de lo que había pasado, tal vez fuera lo mejor marcharse a casa, meterse en la cama y dormir. No había sido su mejor noche, no después de haber visto a uno de los miembros del grupo que estaba investigando, no después de lo que le había pasado a Charlie la noche anterior.
"Muy bien, además no vivo lejos."
- o -
La noche era fresca, lo cual le sentó bastante bien a Don, al menos para despejarle lo suficiente sin dejar de sentir que aquella noche sería capaz de cualquier cosa. Una vez que llegaron al portal, Don se dio la vuelta dispuesto para despedirse, pero Dean no le dejó.
"Vamos, te acompaño arriba, creo que me sentiría muy mal si te quedas dormido en la escalera y te encuentra algún vecino y te creas una mala fama entre el vecindario." Don asintió.
El apartamento estaba completamente oscuro, por lo que al tropezar con una mesa baja, Don estuvo a punto de perder el equilibrio. Dean lo sujetó, mientras ambos, que apenas podían verse en la oscuridad, comenzaron a reír.
Con pasos cortos para no chocar con nada, Don guió a los dos hasta el dormitorio y sin más, se dejó caer en la cama. "Bueno, supongo que eso es todo. Si no necesitas nada más, me marchó." La luz de la luna que penetraba por la ventaba, iluminó a Dean, dándole un aspecto extraño, "Casi exótico." Pensó Don, sorprendiéndose un momento después por haber pensado eso.
"Quédate un momento."
Dean se detuvo donde estaba y se apoyó en el marco de la puerta, mirando hacia la cama en la que yacía aquel casi desconocido.
Apenas había venido un par de cervezas en toda la noche, por lo que sabía que no estaba borracho cuando de repente pensó que Don "No estaba nada mal", ni cuando dio un primer paso tras escuchar su petición.
Al llegar a la cama, Don se incorporó y fue a levantarse, pero notando que toda la habitación le daba vueltas volvió a caer otra vez. Alargó la mano hacia Dean, que ayudándole, consiguió que se quedara sentado en la cama. Se sentó a su lado y se lo quedó mirando.
"No se porque estoy haciendo esto, tal vez sea por estar en Los Angeles." En otro momento, se habría marchado de la habitación en seguida, no hubiera permitido que ningún tipo lo mirara de arriba abajo, ni que se acercara tanto a él; pero en esta ocasión, no hizo nada para impedirlo.
Sin quitarle la vista de encima, Dean se levantó y le ayudó a Don hacer lo mismo, dejando luego que el otro hombre volviera a quedar tumbado en la cama, apoyando la cabeza en la almohada, mientras cerraba un momento los ojos.
Dean le acomodó las piernas sobre la cama y le quitó el calzado, mientras lo miraba, como nunca hubiera creído poder mirar a otro hombre. "Vamos Dean, no hagas eso, te gustan demasiado las tías, no te van…"
Haciendo caso omiso a su subconsciente, Dean subió de nuevo la mirada hacia el rostro de Don, llegando por fin a cruzarse con los ojos negros del otro hombre, que lo miraban de la misma forma. Se acercó un poco más a su rostro, sentándose en la cama, mientras el silencio de la madrugada se apoderaba de toda la habitación.
"Gracias por traerme." Don levantó la mano hasta llegar a tocar la chaqueta de Dean, que sonrió, de forma casi inocente. "Tal vez es un poco tarde, si quieres puedes quedarte a dormir." De forma casi inconsciente comenzó a subir su mano, hasta tocar el hombro de Dean, notando que su cuerpo se estremecía.
Dean se quedó quieto, con los ojos todavía clavados en los de Don, notando su mano recorriendo su brazo, sintiéndola sobre su hombro y luego llegando hasta su cuello. "¿Dean de que vas? Ni siquiera estás lo suficientemente borracho como para hacer eso."
Su inconsciente seguía gritándole, pero él prefirió no hacerle caso, ya no podía, no sabía porque, pero era la primera que no trataba de evitar que las manos de un tío lo tocaran así, que la mirada de un hombre lo atravesara por completo y recorriera cada parte de su cuerpo con sus ojos, con lujuria.
La otra mano de Don atrapó el cuello de su camisa y estiró de él. Dean apenas se resistió cuando fue llevado hasta que apenas unos pocos centímetros separaban sus rostros. Sus miradas no se habían separado en ningún momento, como si sus ojos estuvieran diciendo todo lo que el silencio de la noche se había tragado.
"¿Alguna vez lo has hecho con un hombre?" Don bajó el volumen de su voz mientras hablaba, susurrando casi en el oído de Dean.
Dean negó con la cabeza, incapaz de hablar por primera vez en mucho tiempo. No porque tuviera miedo de lo que pudiera ocurrir esa noche, si no, más bien, porque se sentía casi hipnotizado por la voz, las manos y la mirada de Don.
Don sonrió, no era la primera vez que se encontraba con un hombre primerizo en aquellas circunstancias. Aunque no había estado con demasiados hombres, pues habitualmente terminaba saliendo con alguna chica; no despreciaba pasar una noche agradable o bastante agitada si algún tipo guapo y atractivo se lo proponía o si encontraba a alguien como Dean, guapo, novato, pero dispuesto a lo que fuera si sabía como dirigirle.
Levantó ligeramente la cabeza, acercándose al rostro de Dean, hasta que, por fin, sus labios se juntaron. Dean parecía paralizado, mientras degustaba el intenso sabor de aquella boca, una mezcla sabores que le hizo cerrar los ojos con intensidad, dejar que fuera Don quien jugara con su lengua en el interior de su boca.
Fue un momento extraño para Dean, la primera vez que sentía que no era él quien estaba jugando con la otra persona, que le estaban dirigiendo mientras una fuertes manos le llevaban hasta quedar tumbado en la cama, que una boca se acercaba de nuevo a su oído, mientras el permanecía con los ojos cerrados. "Estás muy tenso, ¿Por qué no te relajas?"
Dean abrió de nuevo los ojos al sentir las manos de Don sobre sus caderas, masajeándole para tratar de quitarle la tensión acumulada. Él levantó por fin las manos, sintiendo que todo su cuerpo pesaba más que nunca y rodeó con ambas el cuello de Don, que se había colocado sobre él.
Ahora fue él quien estiró, hasta conseguir alcanzar aquella boca de la que no había quitado la vista de encima. El sabor a la cerveza del bar se apoderó de sus sentidos, seguido del intenso sabor al café. Volvió a cerrar los ojos cuando las manos de Don continuaron deslizándose hasta que llegaron a su cinturón.
Entonces Dean separó sus labios con rapidez y trató de apartarse. No estaba mal enrollarse con un desconocido, pero lo que estaba a punto de ocurrir era demasiado para él. Intentó levantarse, pero las firmes manos de Don se lo impidieron y le hicieron caer de nuevo sobre la cama.
Don volvió a atrapar su boca, con mayor intensidad esta vez, haciéndole suspirar y gemir débilmente. "Se lo que sientes, me pasó lo mismo la primera vez." Dijo Don, susurrando otra vez en su oído, mientras con las manos comenzó a acariciar la piel ya desnuda de su pecho. "Tampoco estaba muy seguro, siempre me había liado con tías en el instituto." Bajó las manos hasta su cintura. "Pero te prometo que una vez que lo pruebas, no pensarás lo mismo."
Dean se lo quedó mirando en silencio. Su inconsciente no hacía más que repetirle, que se marchara de allí, que todavía estaba a tiempo de no cometer un terrible error, pero al ir a hacerlo, el rostro de Don se perdió en su cuello, besándole, lamiendo su piel, incluso mordiéndole hasta que su cuerpo se tensó y volvió a gemir, momento en el que dentro de su cabeza ya no volvió a escucharse nada más que "no pierdas más el tiempo y termina lo que estás haciendo."
Dean elevó de nuevo las manos, hasta conseguir deshacerse de la camisa de Don y dejó libre albedrío a sus manos para que tocaran su cuerpo como ellas quisieran, mientras Don continuó bajando con su boca por su pecho.
Don levantó la cabeza, sonriendo ampliamente y de nuevo, volvió a juguetear con el cinturón de Dean. Este dejó caer las manos a ambos lados, manteniendo la mirada fija en aquellos ojos negros que lo miraban con deseo. Mientras conseguía desabrochar el cinturón, Don se acercó de nuevo a él y le mordió el labio, sin quitar la sonrisa de sus propios labios. Dean gimió y cuando se dio cuenta que Don estaba lamiendo el pequeño hilo de sangre cerró los ojos y suspiró.
Ya no había marcha atrás. Don deslizó los pantalones de Dean fuera de su cuerpo y los dejó caer sobre el suelo, bajó la mano hasta que la puso sobre su ropa interior. Dean volvió a gemir, pero con mayor intensidad que antes, la excitación era demasiado intensa como para soportarla ya. Se incorporó, hasta quedar sentado en la cama, frente a Don, que ahora de rodillas lo miró con más intensidad que hasta ese mismo momento.
Dean volvió a rodear su cuello, acercando sus labios hasta su oído. "Quiero llegar hasta el final ahora."
"Entonces confía en mi."
Guiado por las manos de Don, Dean se tumbó de nuevo sobre la cama, mientras miraba como este también se tumbaba, sobre él, besándole de nuevo, lentamente esta vez, con dulzura incluso, al mismo tiempo que sentía como la ropa interior de ambos desaparecía por fin.
Entonces ocurrió, casi sin darse cuenta, inmerso como estaba en los intensos ojos negros y en los labios que le habían absorbido, sintió como Don penetraba por primera vez en él.
No fue algo sumamente doloroso, como había llegado a creer, aunque al principio no fue del todo placentero. Se abrazó con fuerza a él, dejando que sus dedos se marcaran en su espalda. Con el pasar de los segundos, Dean gimió con fuerza con cada acometida, notando que la excitación no hacía más que crecer a cada momento, mientras comenzaba a sudar con fuerza.
El posible malestar inicial había desaparecido por completo, dejando paso a una energía sin precedentes, a la mayor de las excitaciones, sintiendo que aquel hombre que acababa de conocer estaba haciendo cosas con su cuerpo que nadie le había hecho, llegando a zonas en las que ninguna mujer se había internado nunca y haciéndole llegar al más increíble de los orgasmos que hubiera tenido nunca.
Don cayó sobre él, respirando con dificultad, con su cuerpo sudoroso, casi aplastándolo, pero no le importaba, le gustaba ese aroma, mezclado con el suyo, el tacto de su piel y su respiración sobre su cuello. Dean sonrió cuando Don volvió a mirarle. Ninguno dijo nada. Un momento después los dos se quedaron dormidos.
