Hacía un par de horas que Colby se había despertado, pero no se había movido de la cama, no mientras Charlie estuviera apoyado en él, durmiendo, por primera vez de un tirón en las últimas cinco noches.
Le gustaba escucharle respirar tranquilo, sabiendo que al menos no estaba teniendo ninguna pesadilla, no como la noche anterior. Charlie se removió y suspiró, pero continuó durmiendo.
Colby miró su reloj, tenía que marcharse a trabajar. Por ello, intentando no despertar a Charlie, le colocó la cabeza sobre la almohada. Justo cuando lo hizo, Charlie entreabrió los ojos y sonrió. "Buenos días."
"Shhh, sigue durmiendo, todavía es muy pronto." Colby le acarició el cabello y vio como volvía a cerrar los ojos. Le recordaba a un pequeño gatito.
"No te preocupes, pronto me tendré que ir a trabajar." Charlie comenzó a incorporarse, dejando que el cabello algo revuelto, le cayera sobre la cara, pero la mano de Colby sobre su hombro, le hizo volver a tumbarse en la cama, sin oponer ninguna resistencia.
"Hoy no, voy a llamar a Larry le diré que te quedas descansando. Apenas hace veinticuatro horas que estuvieron a punto de matarte y necesitas descansar." Charlie abrió la boca par a decir algo. "No, lo siento, pero no hay vuelta de hoja, quiero que te quedes en casa hoy y que descanses todo lo posible." Se acercó a él y le besó la frente, mientras Charlie le abrazaba agradecido, por como le estaba cuidando.
Al incorporarse para levantarse, Colby se dio la vuelta y vio que Charlie había cerrado otra vez los ojos y se había acurrucado entre la ropa de la cama. Le acarició la mejilla y lo volvió escuchar suspirar. Se acercó a él y le besó, pensando que no se daría cuenta de ello. Sin embargo, lo vio sonreír y darse la vuelta.
- o -
Charlie abrió los ojos al sentir aquella extraña sensación de que alguien le estaba observando. Pensó que tal vez se trataba de Colby que había vuelto. Se dio la vuelta para ver de lo que se trataba, pero al encontrarse con el mismo hombre que le había atacado tan sólo dos noches antes, quiso gritar con todas sus fuerzas.
Sin embargo, la fuerte mano sobre su boca, ahogó el grito y apenas le permitía respirar. Charlie se quedó petrificado, aterrado, pensando lo que ese hombre sería capaz de hacerle, ahora que estaba tan indefenso que nadie podría ayudarle.
"Buenos días profesor Epps." El hombre sonrió, lo que provocó un mayor temor en Charlie, que intentó removerse sin éxito. "No se esfuerce profesor, será mejor si no se resiste."
El hombre apartó la mano de la boca de Charlie cuando vio que este se había paralizado complemente. Mientras con una mano lo mantenía tumbado en la cama, apretando el pecho, con la otra agarró su muñeca herida.
Charlie quiso gritar a causa del terrible dolor que parecía taladrarle poco a poco, pero de nuevo, el extraño le tapó la boca. El dolor casi le hizo perder el conocimiento pero se mantuvo consciente.
Sus ojos se abrieron de par en par, cuando el hombre le mostró un gran cuchillo, que en su hoja mostraba unos extraños símbolos y que no parecía estar hecho de un metal normal.
"Se que esto va doler profesor, pero no tiene otra opción más que dejarme hacerlo, si no me veré obligado a usar la fuerza." Charlie intentó soltarse, pero el hombre apretó con mayor fuerza su muñeca. "Ya se lo he dicho, no tiene sentido, además cuando el maestro hable con usted, le agradecerá todos los sacrificios que está haciendo y los que todavía le quedan."
Charlie no sabía de lo que estaba hablando y tampoco le importaba, sólo deseaba salir de allí, que su agresor le dejara en paz. Los pensamientos desaparecieron pronto cuando sintió la hoja del cuchillo sobre la palma de su mano, rasgando la piel e introduciéndose en la carne.
Cerró los ojos con fuerza y tras unos momentos notó que el cuchillo dejaba de marcarle, aunque el dolor en su mano era horrible. El hombre dejó de hacer fuerza sobre su cuerpo, pues pensaba que Charlie ya se había dado por vencido.
Por ello, aprovechando la adrenalina que el dolor le producía, Charlie le dio una patada en el estómago y rápidamente se levantó de la cama y salió de la habitación sin mirar atrás.
Bajó las escaleras y fue hasta la puerta, pero un momento antes de llegar, se encontró con otro hombre, muy parecido al que había estado en su habitación, vestido de la misma forma y con la misma mirada en los ojos, que antes de que pudiera reaccionar, le golpeó, igual que había hecho él, en el estómago, con tanta fuerza, que le hizo caer al suelo y quedarse un momento sin respiración.
Desde donde estaba, Charlie sólo podía ver los zapatos del hombre, que se acercaban a él. Intentó arrastrarse hasta la puerta, si conseguía llegar a la calle tal vez le viera alguien y podría escaparse esa vez.
Sin embargo, el hombre se agachó y le sujetó, impidiéndole moverse. "Supongo que mi compañero le ha subestimado, pero yo no haré lo mismo, porque quiero acabar con esto cuanto antes."
"¿Qué quieren de mi?" Charlie casi había comenzado a sollozar mientras hablaba, pero se contuvo, no quería demostrarle a ese hombre lo aterrado que estaba.
"No se preocupe profesor, descubrirá todo a su tiempo. De momento, tiene que estar contento, el maestro le ha escogido a usted y ya ha sido marcado como el elegido." El hombre también sacó un cuchillo igual que el de su compañero. "Ahora sólo necesitamos un pequeño sacrificio de sangre."
Al escuchar aquellas palabras y al ver el cuchillo que se acercaba a él, el pánico se apoderó por completo de Charlie, que con más fuerza que antes. "Están locos, no se lo que…" La respiración se le cortó al sentir la hoja del cuchillo penetrar en su cuerpo y rozar sus costillas. Se quedó muy quieto, el cuerpo tenso y la garganta seca y sin palabras.
Un momento después el hombre se levantó, con el cuchillo ensangrentado en la mano y un pequeño recipiente en la otra. Desde el suelo, sin apenas poder moverse, Charlie lo vio y se fijó con la vista algo borrosa por el dolor, en el líquido rojo de su interior. Sabía que era su propia sangre.
El hombre, junto con el que le había atacado en el dormitorio pasaron junto a él, sin mirarlo y salieron por la puerta. Charlie se quedó en el suelo, intentando recuperar la respiración. Necesitaba ayuda.
Miró a su alrededor y sobre una mesita encontró su teléfono. Con mucho dolor, se arrastró hasta él y marcó el número de su hermano.
- o -
Las primeras luces de la mañana penetraron en el dormitorio. El apartamento de Don estaba en completo silencio, ni siquiera los ruidos de los primeros coches del exterior se escuchaban allí dentro.
Notando como alguien se movía en su cama, Don se despertó. Al abrir los ojos, le costó unos pocos segundos reconocer a la otra persona que dormía en su cama. Le escuchó respirar con fuerza y se dio cuenta que le estaba abrazando.
El extraño que compartía la cama con él, volvió la cara y entonces lo vio; el alcohol de la noche anterior no había conseguido borrar los recuerdos de lo ocurrido en aquella misma cama, unas horas antes, con aquel hombre joven que dormía a su lado.
Recordaba que le había dicho que su nombre era Dean y que le había acompañado a casa. El resto, había ocurrido sólo. Sonrió mientras lo observó mientras dormía, pues tenía que reconocer que para ser Don el primer hombre con el que se acostaba, no había estado nada mal.
Don no solía encariñarse con los tíos con los que se acostaba, simplemente se trataban de rollos de una noche a quienes no volvería a ver nunca más. Sin embargo, aquella ocasión había sido distinta, no estaba seguro si había sido porque Dean era novato, porque le había podido enseñar un mundo que todavía no había conocido con nadie más, o simplemente, porque aquel tío tenia algo diferente, tenía algo especial que le hacía mostrar hacia él, un interés especial.
Sin darse cuenta había comenzado a acariciar su cuerpo desnudo, que continuaba junto a él. Le escuchó suspirar en sueños y moverse, hasta que apenas había separación entre sus dos cuerpos. Deslizó su mano por la espalda de Dean, mientras notó como este se estremecía y le acarició la nuca, dejando que sus dedos se perdieran entre el cabello rubio del otro.
- o -
Aquel dulce contacto, aquella mano que se movía por su cuerpo casi con dulzura le ayudó a despertarse más relajado de lo que nunca lo había hecho en su vida. Al abrir los ojos, Dean se dio cuenta que no reconocía el dormitorio y por un segundo se preguntó donde estaba y como había llegado allí. Sin embargo, al sentir aquel cálido aliento junto a su oído y la voz, que con un tono casi tierno le habló, todo volvió de nuevo a su mente y una sonrisa se dibujó en sus labios.
"Sabes una cosa, no parecías demasiado novato anoche." Dean escuchó con tranquilidad, mientras esa mano continuaba recorriendo su cuerpo y se posaba sobre su pecho y bajaba hasta su estómago. "Pero todavía podría enseñarte muchas cosas, si me dejas."
Sin tan siquiera moverse, Dean sonrió, incluso aunque no lo quisiera reconocer, creía haberse ruborizado. Abrió la boca para contestar, mientras dejó que su mano rozara el cuerpo que se apoyaba contra el suyo y que volvía a excitarle de nuevo como la noche anterior.
Sin embargo, no llegó a decir nada, pues la música de AC/DC en su teléfono móvil, no le dejó contestar.
"¿Se puede saber donde te has metido toda la noche?" La voz airada de Sam casi le hizo despegar el teléfono de su oreja. Entonces se dio cuenta que se había marchado antes del anochecer del día anterior y todavía no había dado señales de vida a su hermano.
"Sam, lo siento, se me ha pasado avisarte."
"¿Qué se te ha pasado? Vamos Dean, sabes que el FBI puede venir a por nosotros en cualquier momento. Te podía haber ocurrido cualquier cosa."
"Sabes Sam, en ocasiones me recuerdas a una novia celosa."
Sam tardó unos momentos en contestar, porque no se trataba de estar celoso, si no de no haber casi dormido en toda la noche, de haber creído que algo le podía haber ocurrido a su hermano, que cualquier criatura le hubiera matado, que se hubiera encontrado con un demonio o que el FBI hubiera dado con él.
Pero no dijo nada de eso, pues sabía que Dean le llamaría paranoico, diciéndole que no tenía porque preocuparse por él, que ya era mayorcito. "Al menos dime donde has estado." Tampoco le había falta que le dijera mucho para imaginarse a su hermano en casa del ligue de la noche anterior.
"Salí a tomar unas copas y me entretuve." Dean volvió la mirada hacia atrás cuando escuchó el teléfono de Don sonando, se fijó en que su expresión había cambiado, que la tranquilidad de un momento antes, se había convertido en algo muy similar al miedo. Lo vio incorporarse y hablar con desesperación. "Oye Sam, luego hablamos, ¿quieres?"
"Mucho ha tenido que gustarte el polvo de anoche como para quedarte con ella a desayunar o lo que quiera que vayáis a hacer."
Mientras escuchaba a su hermano, Dean no le quitaba la vista de encima a Don que ya se había levantado y se vestía con prisa. Escuchó como Sam se reía y se burlaba de él, pero ni siquiera le importó, apenas había prestado atención a sus palabras, mientras observaba al otro hombre.
"Sam luego te llamó, ahora te tengo que dejar." Sin esperar respuesta de su hermano, Dean colgó el teléfono y se levantó de la cama.
Sam se quedó con su teléfono en la mano, sabiendo que había algo raro en la voz de su hermano, que había algo distinto en él aunque no supiera de que se trataba. Le había colgado sin meterse con él por no haberle acompañado, no le había gastado ninguna broma por ser alguien tan responsable y haberse ido al motel sin más. Desde luego, había algo extraño en su hermano.
- o -
Un momento después de comenzar a sonar el teléfono de Dean, también comenzó a sonar el suyo. Don no esperaba que nadie le llamara, tenía el día libre después de haber estado una semana entera trabajado en el caso de la secta aquella y necesitaba un respiro, sobretodo después de lo que le había ocurrido a Charlie.
Megan le había dicho que se marchara un día, que se relajara, que ellos podrían seguir trabajando sin él y que si encontraban algo, se lo dirían en seguida. Por ello cuando el teléfono sonó, sabía que algo no andaba bien.
Al principio, no escuchó nada al otro del teléfono, aunque si que era audible una entrecortada respiración. Sin saber porque sabía de quien se trataba. "¿Charlie?"
Unos pocos segundos pasaron antes de que su hermano contestara con un hilo de voz. "Don, por favor… ayúdame." Un pequeño gemido le impidió continuar hablando. Casi de un salto, Don se levantó de la cama.
"Charlie, ¿Qué ha pasado, donde estás?" Quería preguntarle demasiadas cosas, pero apenas era capaz de hacerlo, no cuando no dejaba de pensar en lo que le había podido ocurrir a su hermano para que le llamara así.
"Ven a casa por favor." Después, Don ya no escuchó nada, excepto su respiración.
"Charlie, ¿Charlie!" Sin embargo nadie le contestó.
Dean comenzó a vestirse mientras esperaba a que Don le dijera algo, que al menos, le contara algo de lo que le había hecho cambiar tan rápidamente. "Don ¿estás bien?"
Mientras terminaba de vestirse y colocarse el arma en su sitio, Don se dio la vuelta y concentró su mirada, seria, incluso asustado podría decir Dean, en él. "No, no estoy bien. Mi hermano está en problemas."
Dean no necesitó preguntar nada más, no le hacía falta, pues sabía perfectamente lo que eso significaba, sabía muy bien como reaccionaba él cuando Sam se había metido en algún lío o cuando alguien había intentado hacerle daño.
"Siento que nos despidamos así." Don fue hasta la puerta, seguido de cerca por Dean. "Pero mi hermano me necesita."
"Si quieres puedo ir contigo, tal vez pueda ayudar." Don se lo quedó mirando. Ya suponía que Dean le diría algo similar, al menos que lo haría por cumplir; pero al mirarle a los ojos, se dio cuenta que no era así, que sus palabras eran sinceras, que realmente quería ayudarle. "Yo también tengo un hermano y no podría soportar que le ocurriera algo malo."
"Muy bien, acompáñame pues." No sabía lo que era, pero Don vio algo especial en la mirada de Dean, algo que no había visto en ningún otro tío con el que se hubiera acostado hasta ese momento.
Normalmente, al día siguiente de haber pasado la noche juntos, pasara lo que pasara, los otros hombres, se marchaban, sólo habían buscado algo de sexo y no querían nada más con él, lo mismo que le ocurría a él; no quería que aquellos extraños supieran nada sobre él.
Sin embargo, con Dean era diferente, su voz sonaba sincera cuando le decía que quería ayudar, que sabía lo que era tener un hermano en problemas. Don no quiso preguntar lo que eso significaba, no mientras iba de camino, casi corriendo, a la llamada de auxilio de Charlie. Si Dean quería ayudarle, seguramente no vendría mal.
- o -
Los papeles sobre el caso se habían amontonado sobre la mesa, datos, fechas, nombres no hacían más que multiplicarse una y otra vez, hasta que ni David, ni Colby sabían por donde tirar o que hacer.
De un solo trago, Colby se bebió el café casi frío, sin quitar los ojos de encima de tanto papel. David había comenzado a hablar, aunque no le estaba prestando demasiada atención, había una extraña sensación que no hacía más que crecer en su interior, una voz interior le repetía continuamente que algo no andaba bien, que no tenía que estar en ese momento allí, que había alguien que le necesitaba mucho más en ese momento.
"Charlie nos podría ayudar con esto, al menos nos quitaría sospechosos."
Al escuchar aquella frase, Colby se volvió con rapidez hacia David. "¿Cómo has dicho?"
"Qué Charlie nos podría ayudar con esto. ¿Por qué, que ocurre?"
Aquello parecía haber sido la solución a su problema, aquella simple palabra, aquel nombre le había hecho darse cuenta de lo que andaba mal dentro de él. "Charlie está en peligro, tengo que irme."
"¿Pero que dices?, ¿Estás seguro?"
"No lo se, ojala no, pero se que Charlie me necesita ahora."
