Desde que Dean le había llamado, Sam se había quedado demasiado preocupado como para perder ni un segundo en pensar lo que podía estar ocurriendo con su hermano. Por suerte, tenía el Impala y sabía donde ir. Tan sólo se preocupó de coger un arma y el teléfono móvil, que desde que había hablado con Dean, no había llegado a soltar.
Apenas le costó un cuarto de hora llegar a la dirección que le había dado su hermano. La casa parecía tranquila, a simple visto no se veía nada que pudiera indicar que Dean, Charlie o quien estuviera allí, estuviera en un posible peligro. Sin embargo, no quiso arriesgarse y comprobó que el arma estuviera perfectamente cargada antes de bajar del coche.
Se acercó a la puerta y llamó. Pasaron unos segundos hasta que alguien le abrió la puerta. No reconoció al hombre que tenía delante. "Hola, estoy buscando a mis hermano, Dean, me ha dicho que viniera aquí." El extraño se apartó mientras Sam entraba en la casa y miraba a su alrededor.
Muchas veces, Sam había pensado como podría ser su casa, de poder tener una y desde luego, aquella se acercaba bastante a lo que el siempre había imaginado. Un murmullo delante de él llamó su atención y tanto el hombre de antes, como otro más, que un segundo antes había estado agachado, junto a quien estuviera tumbado en el sofá del salón, se acercaron.
"Dean está arriba." Dijo el segundo hombre. "Tu debes de ser Sam, Charlie te ha nombrado antes." El hombre alargó la mano hacia él mientras se presentaba. "Soy Colby y este es David. Gracias por lo que habéis hecho. De no haber sido por vosotros, seguramente Charlie estaría muerto."
El hombre, que no parecía pasar de los treinta y cinco años se apartó ligeramente de Sam y volvió a mirar hacia el sofá. Sam le siguió con la mirada y entonces se dio cuenta de quien estaba en el sofá. "Charlie ¿Qué ha ocurrido?"
"Los mismos que me atacaron el otro día, han vuelto a por mi." Sam apenas podía creer que el hombre que ahora descansaba en el sofá, con el semblante pálido, unas enormes ojeras y haciendo ciertos gestos de dolor por cualquier movimiento que hiciera, fuera el mismo al que habían ayudado dos noches antes. "Dean está arriba con mi hermano."
Charlie cerró los ojos al terminar de hablar y Sam se fijó que respiraba con cierta dificultad, pero no dijo nada. "Tu hermano le ha salvado la vida hoy." Sam se volvió hacia Colby, que no le había quitado la vista de encima a Charlie en ningún momento. "No se de donde se ha sacado todos esos conocimientos sobre heridas, pero ahora mismo me da igual. Charlie está vivo." Se arrodilló y tal y como lo había visto Sam al llegar, Colby cogió con suavidad la mano de Charlie, que se había vuelto a quedar dormido.
Mientras subía por la escalera y enfilaba el pasillo, tal como le habían dicho, Sam intentó saber que era lo que estaba ocurriendo allí, donde estaba su hermano y porque Dean se había metido en todo aquello teniendo de por medio al FBI.
La puerta de la habitación estaba cerrada y por mucho que lo intentó durante unos segundos, no pudo escuchar lo que estaba ocurriendo dentro. Abrió la puerta lentamente y al conseguir ver el interior del cuarto, apenas podía creer lo que sus ojos estaban viendo. Porque más bien le parecía una película, que la realidad.
Al principio no reconoció a su hermano, tan sólo pudo ver dos cuerpos sobre una cama. No necesitaba preguntar para saber lo que estaban haciendo y por un momento, estuvo a punto de dar la vuelta y cerrar la puerta, avergonzado por haber tropezado con aquella situación, pensando que se había equivocado de habitación. Pero entonces vio el rostro de Dean, vio que el otro hombre, al que desconocía por completo, le estaba besando, pero no de cualquier manera, si no, de la forma más apasionada que el hubiera visto nunca.
Apenas podía creer que se tratara de su hermano, de Dean Winchester, del mismo que se burlaba de él, diciendo que era muy gay, el mismo que siempre estaba fardando del número de mujeres con las que se había acostado.
No podía apartar los ojos de aquella escena, por mucho que lo intentaba le era imposible alejar la mirada de las manos de su hermano sobre el cuerpo del otro hombre, pero cuando lo escuchó gemir y suspirar de aquella forma, fue demasiado para él y sin decir nada, de la misma forma silenciosa que había entrado se marchó de la habitación.
- o -
Dean no había esperado venir aquel beso, después de que Don hubiera averiguado quienes eran, que le hubiera golpeado y por lo furioso que lo había visto, pensó que lo esposaría allí mismo y se lo llevaría directamente para interrogarle.
Pero cuando de repente, Don se abalanzó sobre él, lo sujetó con fuerza y juntó sus labios con los Dean, este sólo fue capaz de cerrar los ojos y dejarse llevar, experimentar de nuevo, aquel cúmulo de sensaciones que habían aparecido de repente en su interior la noche anterior. Nunca nadie le había besado así, aunque pensó que normalmente era él quien llevaba la iniciativa, quien introducía la lengua en la boca de la otra persona, quien acariciaba su espalda de esa forma, quien se incorporaba un momento, para poder ver el rostro de la mujer encima de la cual se encontrara.
Ahora sin embargo, todo era distinto, Don le estaba guiando, estaba haciendo con su cuerpo lo que quería, le estaba tocando como nunca nadie lo había hecho y desde luego no podía decir que no le gustara lo que estaba ocurriendo. Sin saber de donde venía aquello, un pequeño gemido surgió de su garganta y aunque en otro momento le hubiera parecido una cosa de tías, ahora no me importó hacerlo, sino que dejó que las cosas ocurrieran solas.
Don se separó por fin de él, mirándolo un momento fijamente a los ojos, con total seriedad. "Ahora mismo tendría que detenerte." Cuando terminó de hablar, Don no se movió, se quedó apoyado sobre su brazo, con medio cuerpo apoyado sobre Dean.
"Pero no lo vas a hacer." Dean sonrió mientras se mordió el labio. La mano de Don se deslizó sobre su cabello.
"Pues vas a tener que darme una buena razón para no hacerlo, porque no creas que acostarte conmigo te va librar de la cárcel sin más." Dean se incorporó un poco y paso una mano alrededor de cuello de Don atrayéndolo hacia él, tanto, que quedó tumbado en la cama a su lado.
Dean se acercó al oído del otro hombre. "Le he salvado la vida a tu hermano dos veces, se que eres del FBI y todavía no he intentado huir y creo que después de lo que acabas de hacer, no es muy probable que me encierres."
"¿A que te refieres?" Don lo miró con cierta incredulidad en la mirada, ¿Acaso aquel tío estaba pensando en hacerle chantaje sobre su escarceo de la noche anterior?
Dean se incorporó con rapidez, dejando a Don tumbado en la cama, mirándolo mientras se sentaba sobre su vientre y se acercaba a su rostro. "Te gusto demasiado, en el fondo sabes que no tiene sentido que haya hecho todo de lo que se me acusa." Le besó el cuello, notando como el cuerpo del otro hombre se arqueaba ligeramente. Se volvió a incorporar, colocando cada mano a ambos lados de Don. "No quieres detenerme y no tienes porque hacerlo. Sabes diferenciar demasiado bien a un buen tío de un asesino."
"¿Y tu hermano y tu sois de los buenos tipos?" Dean le cerró la boca con un beso, mientras Don sonreía.
"Espero que eso te lo haya dejado más claro." Don tan sólo sonrió, colocó sus manos ambos lados del cuerpo de Dean y se incorporó junto él.
"No se si sois de los buenos o no, pero al menos habéis salvado a mi hermano y mientras todo esto acabe, al menos a ti, te puedo tener vigilado." Puso su mano sobre la nuca de Dean e igual que haría con un gato, comenzó a juguetear con el pelo de Dean.
No sabía lo que le ocurría cuando estaba junto a ese casi desconocido, pero no podía negar que, tal y como había dicho Dean un momento antes, le gustaba demasiado como para dejarlo marchar ahora. Con un pequeño empujón, pegó el cuerpo de Dean contra el cabecero de la cama y fue hasta él. Llevó su mano hasta le cuello del otro y lo sujeto con cierta fuerza.
"Don…"
"Cállate" Le dijo casi con dureza y no le dejó terminar, no quería escuchar nada en ese momento, pues toda su intención era volver a besarle, no podía dejar de hacerlo, no cuando le miraba de aquella forma, con los ojos verdes brillando cuando les daba la luz directamente, que le volvía loco desde la noche anterior.
Al atrapar sus labios, cuando por fin su lengua se volvió a juntar con la de Dean, todo el mundo volvió a desaparecer, ni siquiera recordaba porque habían subido al dormitorio o porque Dean se resintió al tocarle la cara justo donde él le había golpeado unos minutos antes.
Al escucharlo protestar por lo bajo, Don separó su boca de la de Dean y fue hasta la zona de su cara herida y comenzó a besarla y lamerla con cuidado.
Alguien llamó a la puerta de repente y llevados como por un resorte, los dos hombres se separaron y se miraron sonriendo.
"Hey, chicos." David abrió la puerta con cuidado y los miró. Sabía que había algo distinto en ellos, pero no sabía lo que era. Desde luego le chocó que parecían algo alterados y con la ropa un poco mal puesta, pero no dijo nada, entendía que después de lo que había ocurrido con Charlie, estarían bastante afectados. "Dean, tu hermano se acababa de marchar, dice que te reúnas con él en el bar de la otra noche."
"¿Sam ha estado aquí?" Dean se levantó rápidamente, mientras se colocaba bien la ropa.
"Si, ha subido a buscarte, pero ha bajado en seguida. Además parecía algo alterado y un poco pálido. No ha dicho mucho. Espero que esté bien." Dean se volvió hacia Don que seguía sentado en la cama. Abrió de par en par los ojos, al darse cuenta que Sam los había visto, no era algo de lo que se tuviera que avergonzar desde luego, pero no esperaba que su hermano se enterara así de lo suyo con Don.
"Gracias, voy a buscarle." Dean salió de la habitación pero regreso tan sólo un segundo más tarde. "Si me necesitas ya sabes mi número." Dijo mientras Don le sonreía y lo veía marchar.
Don se podía hacer una idea de lo que estaba pasando por la cabeza de Dean en ese momento. Si Charlie se enterara de la misma forma que lo había hecho Sam, de lo que había sucedido en el cuarto un momento antes, también se sentiría igual de mal. Por ello no dijo nada cuando Dean se marchó.
No sabía porque, pero estaba seguro que Dean no desaparecería sin más de la ciudad, por mucho que acabara de descubrir que era un federal. Se había preocupado lo suficiente por Charlie, como para quedarse hasta que todo aquello se arreglara.
Aunque no quería reconocerlo, también esperaba, que se quedara por él, que quisiera volver a estar con él, porque Don había descubierto que aquel fugitivo, aquel a quien se suponía que tenía que detener por una larga lista de crímenes, le hacía sentir distinto y por mucho que su mente de federal le dijera que tenía que seguir la ley en todo momento, esa iba a ser una excepción.
- o -
Al entrar en el bar, Dean no tardó en encontrar a su hermano sentado frente a la barra, con una botella en la mano. Parecía ausente, como si nada de lo que sucediera a su alrededor le importara de verdad.
"Ya me han dicho que estabas aquí." Sam se volvió hacia su hermano.
"Si, me apetecía tomar un trago." Sam le ofreció la botella de cerveza a Dean y este la miró confundido.
"Está cerrada." Sam ni siquiera se sorprendió de llevar más de media hora con una botella cerrada en la mano, porque la verdad era que le daba exactamente igual. Dean cogió un abridor que encontró frente a él y abrió la botella, para luego dar un largo trago. "Sam, se que nos viste."
Sam se volvió de nuevo hacia él, pero no dijo nada, le cogió la botella de la mano y también bebió. "¿Cuánto hace que estás con él?" Dijo finalmente sin tan siquiera mirarle.
"No estoy con él. Tan sólo nos hemos acostado una vez y lo de hoy ha sido… no se, una vez." Sam asintió y volvió a beber, pero mientras lo estaba haciendo comenzó a reírse y a punto estuvo de escupir lo que llevaba en la boca.
"Dean, tu y ese tío, ¿Cómo se llama?" Preguntó Sam con las lágrimas a flor de piel.
"Don."
"Tu y Don hacéis una pareja genial." Dean le fulminó con una mirada que podría haber helado el mismo sol. "Y por lo que he visto os compenetráis muy bien."
"¡Sam!"
"¿Qúe? Después de tantos años metiéndote conmigo, creo que tengo derecho de una pequeña venganza, porque no te suelo ver todos los días con un tío encima de ti comiéndote a besos." Sam no podía parar de reír, tantos años sufriendo las burlas de su hermano sobre si era gay o si de dejaba de serlo y ahora resultaba que era Dean al que podía decirle lo mismo. Sin embargo, la rápida contestación de Dean, lo dejó casi sin palabras.
"No se trata de un tío." Dean se fue hacia la puerta pero se detuvo en seco y se dio la vuelta, pues sabía que tenía la mirada de su hermano clavada en su espalda.
"Ese tío, perdón, Don te gusta." Sam también se levantó y se acercó a él, sonriendo, pues por mucho que Dean tratara de mentirle, ahora no era capaz de ocultar sus emociones.
"No me gusta, no se trata de eso, es… bueno, que hemos pasado un buen rato juntos y no digo que no vuelva a hacerlo."
Sam se puso serio de repente. "Dean, no se como te lo montas para meterte siempre en las situaciones más difíciles, pero por mucho que lo niegues, Don te gusta y se que vas a volver a verlo."
Dean se quedó mirando a su hermano, sabía que tenía razón, porque incluso en ese momento, mientras hablaban de lo ocurrido, Dean estaba pensando en como le había besado y en cuanto deseaba que eso volviera a ocurrir.
Sabía muy bien se iban a meter en muchos problemas por todo aquello, pero no podía remediarlo, Sam estaba en lo cierto, aquel federal, le gustaba demasiado como para dejarlo marchar.
