Desde la conversación con Sam en el bar; Dean había estado pensando toda la noche sobre sus sentimientos por Don. No se trataba de que nunca se hubiera enamorado o que nunca hubiera tenido fuertes sentimientos por nadie, pero en esta ocasión, las cosas eran completamente distintas para él.

Se había pegado la mayor parte de la noche, mientras Sam dormía en su cama sin percatarse de nada raro, como si nada; tumbado, mirando al techo y pensando en todo aquello.

Sam tenía razón, por mucho que quisiera negarlo, lo que sentía por Don, era algo extremadamente fuerte, algo que le hacía recordar una y otra vez todo aquello que había ocurrido entre ellos dos durante las últimas horas, cada gesto del federal, cada palabra que le había dicho y cada uno de los minutos que habían pasado juntos.

No podía quitarse de la cabeza las palabras de su hermano cuando le dijo aquello de "Te gusta de verdad", porque hasta ese momento, no había pensado de verdad en ello, prefería pensar que tan sólo se trataba de sexo y nada más, de pasar un buen rato y olvidar, una semana más tarde quien era y lo que habían hecho.

Sin embargo, ahora se daba cuenta que no podía, que por más que lo intentaba, no era capaz de quitarse su mirada de la cabeza, su sonrisa, todo él y dormir sin más. No quería reconocerlo, pero necesitaba volver a verle.

Además comprendía perfectamente los sentimientos de Don por su hermano pequeño, lo mal que se sentía porque estuviera en peligro y lo mucho que se estaba esforzando para que no le ocurriera nada malo. Quería ayudarle a solucionar todo aquello, pero sin comportarse como el típico novio, pues no quería llegar a eso, no quería mezclar tanto las cosas como para que alguno de ellos, pensara que podría haber algo más entre los dos.

Dean se levantó por fin, cansado de dar vueltas en la cama, de no poder dormir por mucho que lo intentara y de tanto pensar. Ya le estaba empezando a doler la cabeza de todo aquello.

Salió de la habitación, sin hacer demasiado ruido para no despertar a su hermano y fue hasta el coche. De alguna forma, cuando necesitaba pensar con claridad, para que nada ni nadie le molestara, el coche era su mejor refugio.

Tan sólo pasaron unos segundos antes de que su teléfono comenzara a sonar. No reconocía el número, pero de alguna forma, sin saber como, sabía que la llamada era realmente importante.

"Dean ¿eres tu?" Dean reconoció al instante la voz de Don al otro lado. No sonaba igual que las otras veces que habían hablado, incluso podría llegar a decir que sonaba algo asustado.

"¿Ocurre algo?" Don tardó unos momentos en contestar, por lo que Dean no tuvo que preguntar para saber perfectamente que se trataba de Charlie.

"Podrías venir, no se muy bien porque, pero creo que podrías ayudarnos con esto." Dean apenas podía comprender nada de lo que el federal le estaba diciendo, pero sonaba demasiado tenso, como para no intentar ayudarle.

"Claro, estará allí en quince minutos."

- o -

Don se había prometido no volver a saber nada de ninguno de los hermanos Winchester. Había visto los informes, le habían hablado de ellos y hasta ese mismo día, había tenido muy claro que era dos criminales sin escrúpulos y buscados por demasiados delitos.

Pero ahora todo parecía distinto. Habían salvado la vida de su hermano, Dean lo había hecho dos veces, sin preguntar, sin pedir nada a cambio y aunque parecía demasiado raro que el chico tuviera tantos conocimientos sobre heridas o que se tomara la situación con tanta tranquilidad; Don había preferido no decir nada.

Si las cosas hubieran terminado ahí, todo sería fácil, pero había algo más, algo que no le había dicho a nadie y mucho menos a Charlie, después de lo que había pasado. Se negaba a aceptarlo, pero eso estaba allí. Aunque se había acostado con Dean por pasar el rato, dejarle marchar al día siguiente sin detenerle, dejar que le besara como lo había hecho e inconscientemente, esperar que regresara a él, era algo demasiado fuerte como para no hacerle caso.

Sin embargo, todo aquello parecía haber desaparecido de su cabeza, cuando recogió la carta del buzón, cuando había dejado durmiendo a Charlie en su habitación, para tomar un poco de aire freso y había encontrado el mensaje.

El sobre parecía completamente normal inofensivo a simple vista, pero lo que encontró en su interior le hizo palidecer de repente. "El día se acerca, pronto recibiremos la recompensa que tanto hemos estado esperando, porque el sacrificio será hecho, la sangre del inocente será derramada y nuestro señor llegará por fin."

Hasta ese momento, Don había dado por hecho que su investigación tan sólo había tratado de un grupo de pirados, una secta como otra cualquiera, que habían cometido algún que otro crimen y que tarde o temprano darían con ellos. Sin embargo, lo de Charlie había sido demasiado. Parecían seguirle, buscarle para hacerle daño y ahora sabía como terminaría todo aquello si se lo permitía, matarían al inocente, matarían a Charlie en algún tipo de ritual, de sacrificio, para no sabía muy bien que.

Necesitaba ayuda con todo aquello, ya no podía controlar la situación, principalmente, porque estaba demasiado implicado en el tema, porque no hacía más que pensar en la seguridad de su hermano, sin ver el caso de forma general. Necesitaba a alguien que tuviera conocimiento de sectas realmente peligrosas, incluso, aunque le pareciera demasiado absurdo en un principio, que conociera sectas con unión a demonios o criaturas de otro mundo.

Porque pensó en Dean, no lo sabía. Tenía muy claro que era un tío diferente y aunque le costara creerlo en un principio, comenzaba a estar seguro, que era alguien legal, distinto, pero legal, igual que su hermano. Por eso no dudó en llamarle, sabiendo que los hermanos Winchester podrían ayudarle cuando más desesperado comenzaba a estar.

- o -

Tal y como había dicho, Dean llegó a la casa en quince minutos. Esta vez le había contado lo que ocurría a Sam, ahora que sabía lo que había entre él y Don, esconderle algo relacionado con el caso que acababa de decidir tomar no tenía sentido. No había despegado el pie del acelerador en ningún momento, pues Don le necesitaba de verdad, quería ayudarle.

Don le abrió la puerta en seguida y Dean se dio cuenta que el federal no había dormido mucho en toda la noche, tanto como él. "¿Le ha ocurrido algo a tu hermano, le han vuelto a atacar?"

Sin decir nada, Don le mostró la nota, que había guardado en una bolsa, par buscar huellas mas tarde. Dean ya conocía alguna secta de ese tipo, aunque la mayor parte las veces tan sólo se trataba de gente pirada que mataba a otros pensando que eso les traería a algún demonio, espíritu o criatura similar y les daría la inmortalidad o el poder absoluto.

"¿Sabíais lo que esos tíos querían cuando empezasteis la investigación?" Don entró en la casa y le indicó a Dean que le siguiera.

"Hubo un par de crímenes que parecían ser rituales, por las marcas en los cadáveres, pero nada que nos llevara a algo en claro. Como siempre, le pedí a Charlie que nos echara una mano con el caso." Al llegar a las escaleras Don se detuvo, con la mirada clavada en el suelo. "Nunca pensé que meterle en el caso, pudiera llevarnos a esto."

Dean se acercó a él y puso su mano sobre el hombro del federal. "Estoy seguro que esos tipos ya estaban vigilando a Charlie antes de que tu le pidieras ayuda con el caso. Buscaban a alguien inocente y si de paso podían amargarte a ti por perseguirles, mataban dos pájaros de un tiro."

Don se volvió por fin hacia él. "¿Crees que de verdad van a hacerlo, sacrificar al inocente, a mi hermano?"

Dean quería decirle que no estaba seguro, que tal vez sólo querían meterle miedo a Don para que dejara el caso y les dejaran seguir con sus planes. Pero después de lo que había visto el día anterior, después de cómo habían entrado en la casa y de lo que habían hecho a Charlie, dejándolo vivo, cuando podrían haber acabado con él de la forma más fácil, Dean estaba seguro de que esa secta, estaba hablando en serio, con criatura sobrenatural o no, pero estaban hablando completamente en serio.

"Creo que tenemos que proteger a Charlie y que nunca tenemos que dejarlo sólo. Llamaré a mi hermano, tal vez él nos pueda ayudar a encontrar esa secta antes de que actúe otra vez. No dejaremos que le ocurra nada tu hermano."

El federal se sonrío al escuchar a Dean hablar de ese modo. "¿Lo haremos?"

"¿A que te refieres?"

"Has dicho que cuidaremos de Charlie y que no dejaremos que le pase nada malo. ¿Por qué haces esto?" Dijo Don mientras subía las escaleras de camino al dormitorio de su hermano.

"Porque yo también tengo un hermano, porque he estado a punto de perder a Sam muchas más veces de las que hubiera pensado posibles y porque se como te sientes." Don se detuvo frente a la puerta del dormitorio. "Ya podías habernos encerrado en la cárcel en las últimas veinticuatro horas y no lo has hecho todavía, supongo que puedo ayudarte en agradecimiento."

Desde donde estaban y a través de la puerta entreabierta, Dean podía ver la figura de Charlie durmiendo. Ahora parecía mucho más tranquilo de lo que le había visto el día anterior y también estaba seguro de que Don estaba haciendo todo lo posible para que no lo pasara del todo mal después de lo ocurrido.

"Dean con respecto a lo de ayer, supongo que deberíamos hablar." Don bajó el tono de la voz, no quería despertar a Charlie y mucho menos, que se enterara de una forma completamente casual de lo que había entre él y Dean. No estaba seguro de porque había sacado el tema, pero tenía que hacerlo.

Dean se acercó a él y se apoyó en la pared, sonriéndole. "¿Por qué no solucionamos primero el problema de que alguien quiera sacrificar a tu hermano en un ritual?" Vio como Don también se acercaba a él y que por un momento, había cambiado su expresión por la misma que había visto en su rostro, cuando se habían despedido el día anterior.

"¿Y mientras tanto?" Dean se mordió el labio. Le gustaba demasiado como había sonado aquello saliendo de la boca de Don, sabía perfectamente lo que significaba. El agente tiró de su chaqueta hasta que lo tuvo lo suficientemente cerca como para poder hablarle en un susurro. "¿Tenemos que comportarnos como si no hubiera ocurrido nada entre nosotros?"

Dean no quería plantearse aquello, no quería tener que autoconvencerse de que no podía pasar un día entero sin estar cerca del otro hombre, sin pensar en lo que sentía cuando le besaba y sin tener ganas de volver a acostarse con él.

Dean no dijo nada, no contestó porque no podía, no mientras los ojos negros de Don no dejaran de mirarle de ese modo. Nunca hubiera esperado pensar como lo estaba haciendo en ese momento y sentirse una persona débil e indecisa cuando el federal comenzaba rozarle la espalda con su mano.

A Don no le hizo falta escuchar ninguna respuesta por su parte, pues su respiración acelerada y la forma que tenía de morderse el labio, era todo lo que necesitaba para no poder evitar besarle de nuevo. Dean no le detuvo, no hizo nada para impedir que los labios del federal se juntaran con los suyos.

- o -

Con absoluta debilidad, Charlie abrió por fin los ojos. No sabía cuanto tiempo había estado durmiendo y no dudaba de que un momento más tarde, volviera dormirse, pues los analgésicos que le había dado su hermano para el dolor producido por la herida en el costado, eran muy fuertes y lo dejarían KO en un momento.

Esperaba encontrarse a Don a su lado, pues sabía que había pasado la mayor parte de la noche junto a su cama, simplemente observándole mientras dormía. Pero ahora no estaba. Charlie supuso que estaría en la cocina tomando algo de comer.

Miró a su alrededor al escuchar un pequeño ruido, que un momento después descubrió que proveía de la puerta de la habitación. Allí se encontró a su hermano, pero vio que no estaba sólo, si no que alguien le abrazaba. Suponía que Don lo estaría pasando mal por él y que tal vez Megan o algún otro amigo, le estaría ayudando a superarlo.

Sin embargo, aunque le costó bastante, consiguió fijar, durante un breve momento, la mirada en aquellos dos cuerpos, y se dio cuenta que no se trataba de un abrazo de apoyo o simplemente de amistad, sino que había algo más en aquellas manos que acariciaban su espalda de aquel modo y que juntaban su cuerpo con el de su hermano tal y como lo estaban haciendo.

Si todavía le quedaba alguna duda sobre la relación de Don con aquella persona a la que Charlie no había podido reconocer, todas fueron disipadas cuando vio a su hermano sujetar con fuerza a la otra persona y besarle como no le había visto hacerlo nunca con nadie.

Quería saber quien era la persona que estaba con Don, quería saber quien le estaba ayudando a llevar todo aquello mejor y quien conseguía hacerle sentirle mejor cuando más lo necesitaba. Sin embargo, tal y como había supuesto, los analgésicos continuaron haciendo su labor y pocos segundos más tarde, Charlie se volvió a quedar dormido, notando como todos los dolores y los miedos desaparecían por completo.