Después de dejar a Don en casa de su hermano, Dean había ido a comer algo y luego había vuelto al motel; durante los últimos días, apenas había visto a Sam y además, quería saber si su hermano tenía alguna novedad sobre el caso de Charlie y esa misteriosa secta.

Al llegar a la habitación, Sam no estaba allí, por lo que decidió darse una ducha y relajarse hasta que volviera. Después de todo lo que había pasado con Charlie y su relación con Don, que por fin habían llegado a aclarar, casi no había tenido tiempo para nada más y ahora necesitaba relajarse un poco.

Se encerró en el baño y tras meterse en al bañera, dejó que el agua caliente le cayera por todo el cuerpo, notando una tremenda sensación de alivio. Cerró los ojos un momento, tenía que pensar en él mismo, en Don, en lo que sentía por él cuando apenas lo conocía y lo que sería el futuro para ellos.

¿Realmente existía un futuro para ellos? Cuando Charlie estuviera a salvo, cuando terminaran con aquella secta, él y Sam tendrían que seguir con si vida, con los viajes por el país y dejarían Los Angeles, pero hasta ese mismo momento, no había pensado en todo ello.

Cuando tenía a Don delante, dejaba de pensar en todo lo demás, su mundo se reducía considerablemente a su hermano y a Don. Donde antes sólo había existido Sam, que su hermano estuviera a salvo de demonios, que no desarrollara ningún tipo de poder demoníaco, ni nada parecido; ahora también aparecía Don, que no estuviera preocupado por Charlie, que no trabajara durante toda la noche en busca de los tipos que querían hacer daño a su hermano; sin saber como había le había ocurrido a él algo semejante, necesitaba que Don estuviera bien.

Todo lo que Dean necesitaba para ser feliz en ese momento era saber que Sam y Don estaban a salvo y por lo tanto tenía que conseguir que Charlie estuviera protegido. No sabía como, pero de repente su vida se había llenado de complicaciones, que tan sólo una semana antes, no estaban allí y hasta ese momento Dean no se había llegado a dar cuenta.

Dean suspiró con fuerza, casi le había dado dolor de cabeza pensar en todo ello. Prefirió dejar las cosas tal y como estaban y pensar que hacer con el resto de su vida cuando realmente terminaran con el caso.

Un ruido en la habitación llamó su atención, por lo que por un momento, cerró el grifo y esperó a ver si se repetía y tenía que preocuparse por ello. Al no volver a ocurrir, pensó que sólo se había tratado de su propia imaginación y volvió a su relajante ducha.

Dean estaba tan concentrado en no pensar en nada, que sin darse cuenta había bajado la guardia tan sólo por un momento, el tiempo suficiente para que el hombre que casi había delatado su presencia en la habitación; pudiera entrar sigilosamente en el cuarto de baño y acercarse a él sin que se diera cuenta y sin que tuviera tiempo para reaccionar.

El hombre, alto, algo más que Dean, pero mucho más fuerte, se movió con sigilo al abrir la puerta y penetrar en el baño, caminó con cuidado mientras se acercaba a la bañera, mientras comprobaba que Dean no se daba cuenta que estaba allí.

Cuando por fin estuvo seguro que el mayor de los Winchester no iba a poder hacer nada para detenerle, descorrió con fuerza la cortina de la bañera, momento en el que Dean intentó volverse hacia él. Sin embargo, no llegó a frenarle cuando lo agarró, con una mano por el cuello y con otra de uno de los brazos, doblándolo hacia atrás.

Dean se quejó y trató de moverse, de deshacerse de su opresor, pero por más que lo intentó no pudo conseguirlo. "Tranquilo amigo, si te portas bien, puede que no te mate." El hombre lo sujetaba con una tremenda fuerza y contra más se movía Dean, más le retorcía el brazo el otro hombre "Además, sólo quiero daros a ti y a tu hermano un mensaje."

"¿Qué, qué mensaje?" Remugó Dean, una vez que comprobó que por si sólo no se iba a poder soltar y que necesitaba ganar tiempo hasta que su hermano apareciera en la habitación.

"Os vais a marchar de aquí, vais a dejar el caso en el que estáis trabajando, ayudando a los hermanos Epps y puede que entonces os dejemos vivir." Dean sonrió con malicia, ese tipo debía de pensar que era idiota.

"Claro y de paso os invitamos a comer antes de irnos para agradeceros que nos perdonéis la vida." El hombre le apretó el cuello con más fuerza, por lo que Dean supuso que no estaba de humor para bromas. "Oye amigo, ¿Por qué no terminamos esto de una vez y seguimos con nuestras vidas?"

Dean no pudo ver como el otro hombre sonrió, pero no como lo había hecho él un momento antes, sino que ahora una sonrisa casi de odio se dibujó en su rostro. "Supongo que no va a hacerme caso y no se van a marchar de aquí. Pues siento decirle que no nos van a detener, que el maestro vendrá y que el sacrificio será llevado a cabo antes de la próxima luna llena." El hombre torció el gesto un momento, como si se sintiera decepcionado por la respuesta de Dean.

Dean fue a decir algo de nuevo, pero no pudo hacerlo, pues en el mismo momento en el que el hombre lo soltaba, también lo empujó con una tremenda fuerza, hasta que trastabilló y sin poder evitarlo, se golpeó en la frente con la bañera.

Desde arriba, el otro hombre se lo quedó mirando, parecía estar comprobando si Dean todavía podía resultar un peligro, pero al ver que cuando intento levantarse, volvió a caer sobre el suelo de la bañera y quedaba ahí tumbado, volvió a sonreír y se paró a pensar un momento.

"Es una pena, porque parecéis chicos listos. Lastima que nuestra relación tenga que terminar así. Pero el maestro debe llegar y vosotros tan sólo estáis en medio." El hombre se acercó a los mandos y tras poner el tapón en el suelo de la bañera, dejó abierto el grifo del agua fría.

Se quedó mirando la escena un momento, mientras la bañera comenzaba a llenarse de agua lentamente y que esta cubría el cuerpo de Dean. El joven cazador no reaccionó, por lo que un momento más tarde, el hombre se dio la vuelta y sacando el teléfono móvil de su bolsillo, fue saliendo de la habitación.

"El mayor de los Winchester no volverá a ser un problema… Si, cuando lo encuentren parecerá un simple accidente casero, nada que nos pueda relacionar con su muerte." Como si nada, el hombre salió de la habitación y cerró la puerta tranquilamente, para no llamar la atención de nadie.

- o -

Para sorpresa de Sam, cuando este llegó a la habitación, después de haberse pasado por una de las bibliotecas de la ciudad para investigar el pasado de la secta con la que se habían encontrado, se encontró a Don en la puerta.

Casi no había hablado con el federal, todo lo que sabía era que trabajaba en el FBI, que su hermano pequeño estaba en problemas y que se trataba del hombre del que se había colgado perdidamente Dean.

"Hey Sam." Aunque no quiso que sonara de ese modo, Sam notó que Don estaba un poco cortado hablando con él por primera vez. "¿Dean no está contigo?"

"No, lo vi anoche, antes de que fuera a casa de tu hermano. ¿Charlie está bien?" Sam sacó la llave de la habitación, pero mantuvo la mirad fija en Don.

"Si, sólo era una carta de amenaza, nada importante al menos por el momento." Sam asintió mientras escuchaba, sabiendo que ambos estaban tratando de evitar hablar del único tema que tenían en común. "Pensaba que anoche vendrías con Dean."

Sam sonrió. Estaba despierto cuando Don había llamado a su hermano y se había enterado perfectamente del momento en el que Dean había salido de la habitación. Sabía perfectamente que Dean prefería ir sólo, tenía cosas que aclarar con Don, después de la conversación que habían mantenido en el bar esa tarde y Sam no quería estar en medio.

Don no necesitó volver a preguntar, pues la sonrisa de Sam le decía todo lo que necesitaba saber. "¿Entonces donde está tu hermano?"

Sam se encogió de brazos y se acercó a una de las ventanas de la habitación, no parecía haber nadie de dentro, pero después de fijarse durante un momento, se dio cuenta que la puerta del baño estaba abierta y que había agua en el suelo.

Sin decir nada a Don, Sam abrió la puerta y fue directamente al baño, mientras el federal le seguía de cerca. "¡Dean!" Gritaron los dos casi al unísono, al encontrarse en cuerpo de Dean casi flotando en la bañera que ya comenzaba a rebosar agua.

El cuerpo de Dean estaba de medio lado y una fina capa de sangre cubría parte del agua. Los dos fueron hasta la bañera y en cuestión de unos pocos segundos lo sacaron del agua. Don lo recostó sobre él, le comprobó el pulso y por un momento se asustó al notar que parecía no respirar. "Tenemos que ponerlo de lado para que expulse el agua de los pulmones."

Mientras hacían eso y para intentar calmarse mientras intentaban que Dean volviera en si, Sam se fijó en Don. Si Dean había ayudado a Charlie cuando lo habían herido, ahora se daba cuenta que también el agente del FBI parecía tener buenos conocimientos de primeros auxilios y también se percató que por más que él no conseguía mantener la tranquilidad, viendo el cuerpo tibio y casi congelado de su hermano, que no reaccionaba, Don parecía mantenerse bastante entero, aunque por dentro estuviera como un auténtico flan.

Por fin, Dean tosió con fuerza, escupiendo parte del agua que había un momento antes en sus pulmones, mientras Don lo sostenía entre sus brazos. Todavía no había abierto los ojos, pero antes de hacerlo, comenzó a temblar con fuerza, Sam pensó que debía de estar muerto de frío y trató de imaginar cuantos minutos debía de llevar en el agua, que todavía seguía cayendo del grifo.

"Ayúdame a llevarlo fuera, tenemos que mantenerlo caliente y curarle esa herida, no tiene buena pinta." Don miró a Sam mientras hablaba, estaba serio, como si Sam formara parte de su equipo y le estuviera dando una orden. Sin embargo, Sam se había quedado paralizado, le costaba asimilar que de haber tardado un momento más, Dean podría haber muerto delante de sus narices. "¡Sam, vamos ayúdame!"

Tal y como Don había dicho, los dos hombres consiguieron sacar a Dean fuera del baño, aunque todavía permanecía inconsciente y lo dejaron sobre una cama, metiéndolo rápidamente debajo de la ropa de cama. Don se había sentado en la cama junto a Dean, pero un momento antes había alargado la mano hasta la cama de al lado y cogiendo la manta que había sobre ella, la colocó también sobre el cuerpo de Dean.

Lentamente, Dean abrió los ojos, aunque le costaba hacerlo. Le dolía demasiado la cabeza como para soportar la luz que entraba por la ventana y además tenía demasiado frío como para querer mantenerse mucho tiempo despierto.

"¿Don?" Dean tragó saliva con cierta dificultada y volvió a cerrar los ojos, pegando el cuerpo todo lo que pudo, sin dejar de temblar, al de Don. Un momento después, Dean escuchó ruido a su alrededor y abrió de nuevo los ojos, pensando que pudiera ser el mismo hombre que le había atacado. Sin embargo se encontró con su hermano que entraba en la habitación, llevando algo en la mano.

"¿Qué tienes ahí?" Le preguntó Don al ver que Sam parecía preparar algo.

"Es un remedio que nos enseñó un viejo amigo, hace que la fiebre baje pronto." Inconscientemente Don tocó la frente de Dean, intentando no presionarle sobre la herida. Si, la fiebre había comenzado a subir rápidamente.

"¿Cómo lo sabías?" Don vio a Sam sonreír y se preguntó porque, aunque un momento después obtuvo su respuesta. Mientras esperaba y con mucho cuidado, Don comenzó a limpiar la sangre seca que había sobre la herida de la frente de Dean. Lo escuchó protestar por el dolor. "Shhh, vamos tranquilo, sólo es un momento." Dijo para intentar calmarlo.

"Conozco demasiado bien a mi hermano, no es la primera vez que casi acaba muriendo congelado." Mientras hablaba, Sam iba preparando el emplasto que Bobby les había dado hacía tiempo. "Una vez, en una caza, cerca de la frontera con Canada, Dean se separó de mi, cuando me di cuenta, un enorme Big Foot estaba a punto de tirarlo a un río prácticamente helado. No llegué a tiempo para evitarlo, pero espanté a la criatura, lo suficientemente pronto como para rescatar a Dean."

Sam se acercó a la cama y colocó sobre la frente de Dean el remedio que había estado preparando mientras hablaba. Don lo miró con atención pero no dijo nada, Sam parecía estar demasiado convencido de lo que estaba haciendo y si eso realmente ayudaba a que Dean mejorara antes, no diría nada.

"Cuando lo saqué, toda su ropa estaba casi congelada y me costó tres días que la fiebre desapareciera, la noche del primer día tuve que llevarlo al hospital, entonces no estaba seguro de que sobreviviera." Don lo escuchaba en completo silencio, apenas conocía a Dean y en los pocos días que llevaban juntos, no le había hablado sobre ninguna de sus cacerías.

"Cuando este amigo nuestro se enteró nos dijo lo que teníamos que hacer cuando algo parecido nos volviera a ocurrir." Don se fijó en la forma tan cariñosa con la que Sam acarició el pelo de Dean. "Es un viejo remedio de la edad media, espero que surta efecto; es la primera vez que lo pruebo."

"Charlie…" Murmuró de repente Dean y se movió, hasta alcanzar la mano de Don. Este se acercó a él.

"Tranquilo, tienes que descansar para recuperarte." Dean negó con la cabeza. "Vamos Dean." Don intentó que se estuviera quieto, pero al notar la mano de Sam sobre su hombro se detuvo.

Sam se agachó hasta que pudo ver los ojos de su hermano. "Dean ¿Qué ocurre con Charlie?"

De repente, Dean se quedó quieto, al ver que por fin uno de los dos le hacía caso. "Charlie está en peligro." Dean tosió con fuerza una vez más y tuvo que parar de hablar. "La próxima luna llena… el maestro volverá." Dean cerró los ojos, estaba agotado, la cabeza le estaba matando y todo su cuerpo estaba temblando con fuerza.

Sam y Don se miraron, ninguno sabía muy bien lo que decir, sin embargo, fue Sam el primero en hablar. "Quédate con él, iré a por Charlie, no creo que esos tipos hagan nada, todavía faltan tres semanas para la próxima luna llena." Sam se levantó y fue a coger su chaqueta, no sin un momento antes mirar a Dean, que se había vuelto a quedar dormido.

"Claro, no te preocupes, cuidaré de él." Don quería darle las gracias por dejarle estar con Dean, aunque también deseaba poder proteger a su hermano. Pero teniendo a Colby cerca y ahora a Sam, sabía que no mucho de que preocuparse, al menos por el momento.

"Gracias." Dijo finalmente Sam, un momento antes de salir de habitación.

"Te-tengo frío." Don se volvió de nuevo hacia Dean y vio sus ojos verdes entre abiertos. Dean alargó otra vez la mano y la puso sobre la del federal, que notó la de Dean todavía demasiado fría.

Don se paró a pensar durante un momento y luego se levantó, se descalzó, se metió en la cama junto a él y atrajo el cuerpo de Dean contra el suyo. Sin decir nada, se sobrecogió al notar como cada fibra de su cuerpo no hacia más que temblar y como cuando se puso junto a él, Dean se abrazó con fuerza, como si tratara de absorber todo el calor que desprendía Don.

"Tengo frío." Volvió a repetir Dean una vez más, aunque ahora parecía estar algo más tranquila.

Don se deslizó un poco entre las ropas hasta que terminó tumbado junto a Dean. Dean lo miró y sonrió, diciendo con ese simple gesto, lo agradecido que estaba porque estuviera con él. Don tampoco dijo nada, tan sólo movió su mano hasta colocarla bajo la barbilla de Dean y acercando su rostro hasta el suyo le besó lo más dulcemente que pudo, notando todavía fríos los labios de Dean.

"Trata de dormir un poco, eso te sentará mejor." Dean asintió con la cabeza y acurrucándose en la cama apretó todo lo que pudo su cuerpo contra el de Don, que se dio cuenta que casi había dejado de temblar. Un momento después, Dean se había quedado dormido y Don, dejó un tierno besó sobre su cabeza, arropándolo completamente, tanto por la ropa de cama, como por sus propios brazos, que dejó alrededor de su cuerpo dolorido y tibio.