"Gracias por buscar la información Sam. Si tranquilo, tu hermano está bien, ayer estuvo durmiendo todo el día y hoy se ha despertado esta mañana. Cuando me he ido a buscar algo de comer, se había vuelto a quedar dormido." Don entró en la habitación, bajando en tono de la voz mientras hablaba; esperaba que Dean continuara durmiendo. "Sam, por cierto, gracias por cuidar de Charlie."
Aunque no se lo había llegado a decir a nadie, Don lamentaba no poder estar con su hermano; después de todo por lo que había pasado Charlie, deseaba estar con él para protegerle y evitar que nadie le hiciera más daño.
Sin embargo, desde el momento en el que había encontrado a Dean en la bañera, desde que había pasado esa noche en vela, tratando de mantenerlo en calor, escuchándolo delirar, hablar de su madre, de la muerte de su padre, de tantas cosas que de otro modo no hubiera podido conocer de él, Don ya no pudo separarse del lado de Dean, por mucho que cuidar a su hermano fuera una de las cosas más importantes de su vida, mientras Charlie tuviera cerca a Colby y ahora a Sam, Don sabía que estaría a salvo de cualquier peligro.
Don dejó la bolsa que llevaba en la mesa y el teléfono al lado. Se dio la vuelta hacia la cama y se fijó en Dean. Estaba sentado en la cama, medio destapado, con las piernas cruzadas y con la mirada clavada en la pantalla de su ordenador.
"¿Me podrías decir lo que estás haciendo?" Don fue hasta él y se sentó a su lado en la cama. Antes de que Dean contestara, cogió una manta que estaba sobre la cama y se la colocó sobre los hombros. Luego puso su mano sobre la frente de Dean y comprobó que todavía estaba sudando y que tenía bastante fiebre. "Dean."
"¿Recuerdas el símbolo que tu hermano tenía en la mano?" Dean ni siquiera había mirado a Don todavía. "Sabía que lo conocía desde el primer momento en el que lo había visto, pero no recordaba de que." Dean levantó la mirada y se encontró con los ojos de Don. "¿Qué pasa?"
Sin decir todavía nada, Don apartó el ordenador de Dean y lo cerró. Se arrodilló sobre la cama delante de él. "No tienes ni idea de lo mucho que me recuerdas a mi mismo en estos momentos." Don sonrió y le despeinó.
"¿A que te refieres?" Don colocó sus manos sobre los hombro de Dean he hizo que se deslizara hasta quedar tumbado en la cama. "Hey, ¿Qué haces?" Antes de contestar Don se inclinó sobre él y besó sus labios con dulzura, sin dejar de sonreír ni un momento.
"Charlie está bien, acabo de hablar con tu hermano y ya sabe a que grupo pertenece el símbolo." Don se tumbó a su lado en la cama, comprobando de nuevo su temperatura. "Lo que tendrías que hacer ahora mismo es dormir y descansar. Todavía tienes bastante fiebre. ¿Qué tal la herida de la cabeza?"
Justo cuando Don comenzó a quitar la gasa que había colocado la noche anterior sobre la cabeza de Dean, este protestó y se removió. "Hasta hace un segundo no me dolía."
"¿Lo ves?, otro motivo más para que descanses y dejes la investigación a tu hermano." Don se levantó de la cama y fue hasta la mesa. "¿Qué prefieres sándwich de pollo o vegetal?" Al ver que no contestaba, Don se giró hacia la cama, observando el gesto de Dean. "Lo suponía, prefieres el de pollo."
"¿Podrías dejar de tratarme como si fuera tu hermano pequeño? Me dedico a esto, soy cazador, ya lo sabes, ¿no querrás que de la noche a la mañana deje intentar buscar la forma de encontrar al grupo que trata de matar a tu hermano?"
A Don le sorprendió la pregunta; desde luego, no había tratado de hacer eso con Dean, pero por lo que pudo ver en su rostro lo decía completamente en serio. Don se sentó en la cama y le dio el sándwich a Dean. "Te preocupas por mi como si fuera Charlie o como yo haría con Sam."
"¿Sabes que me diste un susto de muerte el otro día? Cuando te vi en la bañera, con la sangre a tu alrededor y completamente aterido, creí que te perdía y ayer… todavía estuviste delirando por la mañana, ya ha pasado una semana y todavía deliras de vez en cuando." Dean desvió la mirada un momento, no recordaba nada de eso.
En realidad no recordaba mucho de lo sucedido hasta la tarde del día anterior, pues se había pasado gran parte del tiempo durmiendo o inconsciente. Si había dicho algo, no tenía ni idea de lo que había sido. "¿Crees que han sido unos días fáciles para mi? Claro que te trato como trataría a Charlie, porque te quiero, pero no como a mi hermano pequeño." Don sonrió, hacía ya algunos días que quería decirle aquello a Dean, pero hasta ese momento no había encontrado el momento apropiado para hacerlo.
"Has dicho que me quieres." Dean no se dio cuenta, concentrado como estaba en las palabras del federal que se ahora se había sentado a su lado en la cama y que tenía una de sus manos entre las suyas, pero se había ruborizado, aunque a causa de la fiebre, no se notaba demasiado.
Dean se incorporó, rodeando con ambas manos el cuello de Don. Apenas recordaba lo que había sucedido en la última semana, pero si sabía que Don no se había movido de su lado en ningún momento hasta esa mañana. Por ello, le estaba agradecido, más que sentirse incómodo porque le cuidara tanto, simplemente no estaba acostumbrado a ello.
"Supongo que eso es lo que he dicho, porque es verdad. Te quiero." Don acercó su boca hasta el oído de Dean. "Te quiero." Le dijo de la forma más sensual de la que fue capaz. Dean también sonrió y cerró los ojos, mientras Don iba dejándolo caer sobre la cama. "Creo que ya habrás notado la diferencia de cómo trato a Charlie y como te trato a ti." Sin dejarle contestar, Don volvió a besarle, mordiéndole el labio inferior intensamente. Dean no se había despegado de él y ahora le abrazaba con mayor fuerza que antes, mientras notaba su boca contra la suya y su fuerte respiración en su rostro.
- o -
"Con que tu hermano y tu os dedicáis a cazar demonios." Charlie por fin se encontraba bien, lo suficiente como para poder levantarse y caminar con normalidad. Se habían cambiado de casa a uno de los pisos que el FBI disponía para los testigos protegidos. Todos aceptaron la idea.
"Se podría decir que si." Sam no había tenido casi tiempo de hablar con el profesor durante los primeros días, por lo que hasta ese momento no había podido llegar a conocerlo bien.
Sam apenas levantaba la mirada del ordenador; después de haber encontrado la página en la que hablaban sobre el grupo que iba detrás de Charlie, no podía perder la oportunidad de investigarlo.
"¿Y que hay de la secta esa, la que me quiere sacrificar?" Sam levantó por fin la mirada de la pantalla del portátil. Le sorprendió la naturalidad con la que Charlie se había tomado su situación, como si no fuera la primera vez que una secta trataba de matarlo en un sacrificio.
"Pretender traer a una especie de demonio bastante poderoso de vuelta a la tierra." Sam fue leyendo rápido, pues había mucha más información de la que él necesitaba. "Según parece, este ser fue desterrado a un punto intermedio entre la tierra y el infierno hace siglos. Necesitan la sangre de un inocente para llevar a cabo el ritual."
Charlie se levantó, no sin notar todavía el dolor en la herida de su costado. "Y yo soy ese inocente." Sam asintió mientras seguía leyendo. "¿Por qué es tan importante la luna llena, no pueden hacerlo en cualquier momento?" Charlie se sentó a su lado, leyendo lo mismo que Sam.
"Es cuestión de magia, la luna llena siempre ha sido un momento de mucho poder para todas las culturas, por eso la mayoría de los rituales se hacen durante ese periodo de tiempo." Los dos se quedaron en silencio un momento, completamente volcados en lo que estaban leyendo en el ordenador.
"Sam, se que tu eres el experto en estas cuestiones, pero según lo que dice ahí, ¿no son necesarios dos inocentes?" Charlie señaló con el dedo una de las líneas del texto. Sam comenzó a leerlo en voz alta.
"El ritual, altamente difícil y peligroso tiene que comenzar con la salida de la luna llena y terminar cuando esta desaparezca definitivamente. Un inocente será sacrificado al maestro en el mismo momento en el que la luna aparezca en el horizonte, según el ritual ya conocido por todos los miembros. Cuando la luna esté a punto de perderse al amanecer El Inocente finalmente elegido, dará vida a nuestro señor, para que pueda regresar a este mundo, su reino eterno."
Sam lo volvió a releer por segunda vez. No podía creerse que hubiera pasado algo así por alto, pero Charlie tenía razón, para el ritual, eran necesarios dos inocentes, el que sería sacrificado al inicio del ritual y el que ellos realmente habían elegido desde un principio. Sam cogió el teléfono, tenía que avisar a su hermano y a Don de la nueva información.
"¿Cuál de los dos soy yo, el que muere al principio de la noche o el que será poseído por el demonio al volver a la tierra?" Sam se volvió hacia Charlie, hubiera dado cualquier cosa por poder contestarle, pues al mirarle a los ojos, se dio cuenta que estaba realmente asustado, que ninguna de las dos opciones le gustaban mucho, pero estaba seguro que pensar en una posible posesión no sería de lo más agradable para Charlie, ni para nadie, después de lo que había visto que hacían los demonios con sus anfitriones.
"No estoy seguro, pero lo averiguaremos antes de que sea demasiado tarde, te lo prometo." Sam marcó el número de su hermano. "¿Dean?, tengo que deciros algo a ti y a Don."
Después de contarle todo a su hermano, alguien llamó al timbre del piso. No esperaban a nadie y Colby volvería esa noche bastante tarde. Los dos se miraron, interrogándose con la mirada sobre si debían o no abrir la puerta. Sam fue andando muy lentamente hacia allí y finalmente abrió un poco la puerta.
Allí no había nadie, pero de nuevo, igual que la última vez, alguien había dejado una nota en el suelo. Por mucho que ningún miembro del grupo estuviera allí, lo que estaba claro, era que les habían encontrado.
Sam volvió a cerrar la puerta y abrió el sobre. Leyó las líneas rápidamente y levantó la mirada hacia Charlie. "Ya sabemos quien es el otro inocente." Sin decir nada más, le dio al profesor el papel y este lo leyó en silencio.
"El momento se acerca, el domingo la luna se completará y el fin de nuestra espera habrá llegado. Los dos inocentes serán traídos ante el maestro y la llegada será inminente. El menor de los cazadores se enfrentará al maestro y será derrotado y el profesor obtendrá el conocimiento eterno."
- o -
Aquella noche, Colby regresó al piso. Había pasado todo el día buscando información sobre la secta, una vez que Sam le había dicho lo que había encontrado en Internet. Apenas había parado para comer, pero no le había importado, una vez que había encontrado aquella chica que había conseguido escapar del grupo, todo lo demás dejó de tener importancia, si de esa forma conseguía ayudar a Charlie.
"Son una panda de locos agente." A pesar de que hacía más de tres años que la chica había dejado el grupo, todavía parecía aterrado mientras hablaba de ellos. "Yo era una cría, acababa de cumplir los dieciocho y no sabía lo quería hacer con mi vida. Entonces conocí a este chico, me enamoré de él como una tonta y me dejé llevar a la secta."
"¿Le dejaron entrar sin más, no tuvo que pasar ningún ritual de iniciación?" Colby se fijó en como se frotaba las manos la chica, realmente estaba nerviosa.
"No, porque ya resultaba algo bastante tétrico. Si no hubiera sido por mi novio que se empeñó, nunca hubiera entrado. La casa donde hacían las reuniones era el sitio más horrible que jamás haya visto, las paredes pintadas de negro, extraños símbolos en ellas."
"¿Algo como esto?" Colby le enseñó un diseño como la marca que le habían hecho a Charlie en la mano.
"Si era el mismo, estaba por todos sitios. A los tres días ya quería irme, pero casi no me dejaron."
"Trataron de retenerla."
"No exactamente, era como si algo dentro de mi no me dejara marcharme, no se, tal vez intentaron drogarme. Pero una noche me escapé y no he vuelto a saber nada más de ellos y prefiero que siga así."
Colby se despidió de la chica y se marchó hacia el apartamento. Al entrar, se sorprendió de que todas las luces estuvieran apagadas, parecía no haber nadie en el piso. "¿Charlie, Sam?" Nadie contestó.
Sacó su arma y encendió la primera luz que encontró. El espectáculo que se encontró delante, era algo grotesco. Las sillas estaban tiradas por el suelo y una de las estanterías estaba tumbada sobre el sofá. Colby miró por toda la casa, pero el resto estaba en el mismo estado; pero de Charlie y Sam, no había ni rastro.
Una vez que hubo mirado por toda la casa, Colby cogió el teléfono y llamó a Don. "Don tenemos un grave problema, creo que se han llevado a Charlie y Sam."
