—¿Dónde estoy?
Una desorientada morena miraba hacia todos lados; no tenía idea de cómo fue que había llegado a ese oscuro y frío lugar, lo último que recordaba era el rostro preocupado de su novia pidiéndole que durmiera un poco, pues llevaba días sin dormir bien, ya que, de nuevo, se encontraba centrada en la búsqueda de información respecto al portal, tanto que incluso se llegaba a olvidar de comer. Estaba sobre exigiéndose demasiado y eso era lo que más le preocupaba, no sólo a la pelimorada, sino también al resto de sus amigos, quienes prácticamente la obligaron a tomarse un pequeño respiro.
Pero ella no quería descansar. No quería dormir.
Se rehusaba a cerrar los ojos, tenía pánico de verse envuelta en una profunda oscuridad, pues cada que intentaba dormir veía las terribles escenas de pena y dolor en las islas, escuchaba gritos, llantos, observaba como todos los brujos eran masacrados sin ella poder hacer nada para salvarlos.
Se sentía culpable.
De igual forma se negaba a dormir porque siempre que lo hacía veía dos rostros realmente familiares cubiertos de pánico, de terror. No lo soportaba.
—No puede ser…— susurró al ver cómo cierta bruja de cabellera grisácea se encontraba de espaldas a pocos pasos de ella. —¡Eda!— gritó para luego correr en su dirección, quería abrazarla, verificar que estuviera bien, pero sobre todo quería pedirle perdón por haberla dejado sola. Estaba tan cerca, sin embargo, antes de llegar a ella tropezó, no evitando caer de cara al suelo. —E-Eda…
La mencionada giró lentamente para observar a la joven, quien veía con horror como la mitad de su cuerpo se teñía de negro y se desvanecía poco a poco frente a sus ojos.
—¿Luz?
—¡No! ¡Eda, por favor resiste!— gritó con todas sus fuerzas mientras intentaba ponerse de pie inútilmente, pues sentía que algo la mantenía inmóvil en el suelo, gracias a eso no podía moverse para ayudar a su madre adoptiva.
Nuevamente no fue capaz de hacer nada.
«¿Qué está pasando?»
Su respiración comenzó a ser más errática, repentinamente el aire empezó a faltarle.
«Esto duele…»
Sentía la garganta seca, obstruida, tenía un nudo que no le permitía seguir gritando. Se estaba ahogando.
«Por favor… ¡Ayúdenme!»
Llevó ambas manos a sus oídos para cubrirlos, no soportaba escuchar los lamentos de todas las almas que ella había condenado al huir sin darle frente a la nueva amenaza, todo era su culpa y por sus manos corría la sangre de cada individuo masacrado. Lágrimas caían de su rostro ante la desesperación que sentía en ese momento.
Lo único que deseaba era morirse para dejar de ver y escuchar tantas atrocidades.
«Basta, ya no puedo soportarlo, ¡deténganse!»
Un repentino silencio la envolvió, lo único que lograba escuchar eran pequeñas gotas de agua caer lentamente.
—¿Q-Qué es ese sonido?— murmuró con la voz entrecortada.
Aún le costaba respirar.
Su corazón comenzó a latir tan rápido que pensó que le explotaría en cualquier momento. Se sentía realmente mal.
Lentamente comenzó a levantar la vista para buscar de donde provenía aquel irritante sonido, sin embargo, no pudo evitar gritar con horror al ver frente suyo a la bestia que les había atacado poco antes de la aparición del coleccionista.
—Luz…
Era su fin.
—Luz…
Ese monstruo se estaba acercando a ella.
—Luz…
Iba a matarla sin que pudiera defenderse para evitarlo.
—Luz…
Tenía miedo.
—Luz…
Aquella bestia rugió, y sin perder más tiempo se lanzó contra ella para atacarla. No tenía escapatoria.
—¡Luz!
La castaña abrió los ojos mientras se sentaba rápidamente en la cama, su respiración era agitada y pequeñas gotas de sudor caían por su rostro.
Había sido un sueño. Una pesadilla.
—Lamento haberte despertado así, ¿estás bien?
Su mirada se posó en los preocupados orbes de su novia, quien la tomó de las manos para hacerla reaccionar. Aún estaba abrumada, así que al no recibir respuesta continuó hablando.
—Estabas llorando, y de repente comenzaste a quejarte cada vez más.— explicó para luego acariciar lentamente una de sus mejillas, limpiando a su vez las lágrimas que aún caían por la misma. —¿Estás mejor?
Ella negó.
—Ustedes no deberían estar pasando por esto.— murmuró.
—Luz…
—No tendrían que haberse envuelto en una guerra que no les correspondía.— sin poder evitarlo su vista se volvió borrosa gracias a las lágrimas que nuevamente surcaban sus ojos. —Me siento tan culpable, Amity…
La pelimorada no pudo evitar sentir ganas de llorar al ver a su novia en ese estado, sabía lo difícil que era para ella intentar mantenerse firme y optimista todo el tiempo. En cualquier momento tenía que romperse.
—Luz, no digas eso, sabes que…
Sus palabras quedaron en el aire, pues la de mediana cabellera se lanzó a sus brazos mientras sollozaba sobre su hombro.
—No pude asegurar el bienestar de los que amo.— susurró. —No pude salvar a las familias de nuestros amigos.— habló aferrándose más a su pareja, quien sin darse cuenta había comenzado a llorar en silencio. —No pude salvar a tu familia.— murmuró. —De verdad lo siento mucho…
La joven bruja acarició con ternura la despeinada cabellera de su amada mientras seguía llorando desconsolada. Le dolía verla así.
Tras respirar profundamente para calmarse, continuó.
—Logramos detener el hechizo de drenado, nuestras familias están bien gracias a eso.— suspiró. —Tú no tienes la culpa de nada, ¿o acaso tú planeaste usar ese hechizo?— ella negó. —¿Tú engañaste a miles de brujos?— volvió a negar. —Entonces no debes culparte por eso, pues tanto tú como Hunter son las víctimas aquí, ambos fueron utilizados sin darse cuenta.— explicó. —El verdadero culpable ya está pagando por sus crímenes, eso te lo aseguro.— murmuró para luego besar su cabeza. —Ahora vamos a dormir un poco más, aún es de madrugada.— al sentir como la morena se tensaba acarició con cuidado su espalda para luego recostarse en la cama con ella sobre su pecho. —Aquí estaré, no te dejaré sola.— sonrió. —Intenta descansar un poco, ya mañana será otro día, lo prometo.
Y con esas dulces palabras ambas se dejaron envolver por los brazos de morfeo. Sin embargo, cierta morena sólo esperaba no volver a soñar.
Al menos no esa noche.
Los rayos del sol se filtraban por la ventana, causándole molestia a cierta castaña al sentir como alguien desconocido abría sin previo aviso las cortinas.
—Hey Luz, despierta dormilona, ya es tarde.
—¿Eh?
La mencionada abrió lentamente los ojos para acostumbrar su vista a la iluminación del lugar, sonriendo levemente al posar su mirada en ciertos ojos dorados, sin percatarse de que no estaban solas.
—¡Feliz cumpleaños!
Una pequeña sonrisa surcó los labios de la joven, quien no podía entender a qué se debía tan inesperada felicitación, hasta que reaccionó.
Lo había olvidado, era 16 de diciembre. Su cumpleaños.
—Gracias chicos…
Camila se acercó a la menor para poder abrazarla.
—No hay nada que agradecer, mija.— habló la mayor, para posteriormente separarse de ella y sonreírle. —¡Hoy es tu día!
Todos asintieron.
—¡Y haremos una pequeña fiesta!— exclamó un emocionado moreno.
—¿Qué? Pero no tenemos tiem…
Antes de que pudiera terminar de hablar, la pelimorada colocó un dedo sobre sus labios para detenerla.
—Ya organizamos todo, Luz.— sonrió. —Será sólo un día, uno tan maravilloso como tú.
Un pequeño sonrojo cubrió las mejillas de la joven, quien tras pensarlo un momento suspiró.
—De acuerdo…
Los presentes celebraron ante aquella respuesta por parte de la menor.
—¡Todo comenzará con un buen desayuno!— anunció Vee. —Cortesía de mamá y mi linda cuñada.
En cuanto la festejada se levantó comenzaron a salir de la habitación para ir al comedor, donde daría inicio la primera parte de su pequeña celebración, sin embargo, cierto rubio quedó al final, viendo con una sonrisa aquel momento familiar al que ya se había acostumbrado.
Podría vivir así cada día.
En cuanto salió de su ensoñación se dispuso a avanzar para seguir al resto de su familia, pero su acción fue frenada gracias a un intenso dolor en su ojo derecho.
—¡Hunter!— habló preocupado Gus, quien se acercó rápidamente al joven para ayudarlo. —¿Estás bien?
Él asintió.
—¡Por supuesto!— sonrió. —E-Estoy bien, ¡todo está bien!— exclamó recomponiéndose rápidamente. —¡Nunca me había sentido mejor en mi vida!
Ante sus exageradas palabras el ilusionista no pudo evitar dudar.
—¿Seguro?
El deportista carraspeó.
—Si, no te preocupes, ¡vamos! Tenemos que ultimar los detalles para la fiesta de Luz.
Gus suspiró, había algo en su actitud que no lo dejaba creerle del todo, sin embargo lo dejaría pasar. Al menos por esa vez.
—Tienes razón, pero igual no dudes en decirme si te sientes mal o algo.
—Descuida amigo, te diré cualquier cosa, lo prometo, pero ahora bajemos ya o la señora Noceda puede venir a buscarnos.
El moreno asintió, y sin decirle nada permitió que se fuera antes que él. Era más que obvio que algo le ocurría, pero no lo obligaría a hablar.
Ya lo descubriría por su cuenta.
Los dos bajaron en total silencio, mismo que no duró al entrar al comedor, pues todos hablaban animadamente con la festejada, quien reía emocionada por las atenciones que ese día estaba recibiendo.
Por eso amaba los cumpleaños.
—Bueno niños, apúrense a desayunar que hoy tendremos un día bastante ocupado.— habló con una sonrisa la mayor de los Noceda. —En cuanto terminen suban a arreglarse, pues tenemos que irnos a la iglesia en tres horas.— anunció. —Tú, Luz, vendrás conmigo y Vee, pues te daremos el primer regalo del día.— sonrió.
Los menores asintieron frenéticos, más la joven morena, pues era la única que no sabía lo que le esperaba ese día, pero confiaba en que no serían más que cosas buenas, y se encargaría de disfrutarlo al maximo.
Merecía un momento de distracción luego de tanta presión.
Todos continuaron desayunando en total armonía, compartiendo anécdotas de sus respectivos cumpleaños, riendo cuando Amity contó como sus hermanos, el día que cumplió quince años, la engañaron para escapar de la escuela y la llevaron al parque de diversiones sin que su madre se enterara, o cuando Willow intentó hacer una abominación de "feliz cumpleaños" que terminó siendo un pastel de lodo.
—En mi cumpleaños papá me llevó a su trabajo, ese día me felicitó en bola de cristal abierta, totalmente en vivo.— contó Gus mientras reía. —Fue vergonzoso, pero me sentí como una verdadera celebridad.
La veterinaria sonrió enternecida ante las palabras de cada joven, sin embargo, no pudo evitar prestar especial atención a cierto rubio que, al igual que la basilisco, no había dicho nada, simplemente se dedicaba a escuchar y reír cuando la conversación lo ameritaba.
—¿Qué hay de ti Hunter? ¿Cuál es tu anécdota favorita de cumpleaños?
El mencionado posó sus rubíes en la festejada.
—La de Willow; fue lindo que sin querer se haya hecho un pastel con el que era su proyecto.— sonrió, provocando que un leve rubor cubriera las mejillas de la mencionada.
Luz negó.
—Me refiero a una anécdota tuya.— aclaró.
—Oh, pues…
Al notar que no sabía qué decir, continuó.
—¿No celebras tus cumpleaños?
Luego de pensarlo unos segundos, respondió.
—Ni siquiera sé cuándo es.
Todos, menos Vee, miraron con sorpresa al ex-guardia.
—¿Qué?
Hunter se alzó de hombros.
—Él nunca me lo dijo, y sinceramente jamás le pregunté.— comentó. —Igual no me llama la atención celebrarlo.
Los presentes intercambiaron miradas preocupadas entre sí, sabían que el rubio no había tenido el mejor trato en el aquelarre del emperador, sin embargo consideraban que nadie debía vivir sin celebrar su cumpleaños, mucho menos sin saberlo.
Tenían que hacer algo al respecto.
Luz soltó una pequeña risilla, captando la atención del mayor, quien enarcó una ceja ante su actitud sospechosa.
—¿Qué estás planeando?
La festejada se llevó un pedazo de panqueque a la boca mientras fingía no saber a qué se refería.
—Nada.— respondió mientras sonreía.
—Sea lo que sea, no, ni lo pienses, no me interesa y nunca me ha interesado, ¿entendiste?
Ella viró los ojos antes de terminar su desayuno y ponerse de pie junto a sus demás amigos que iban terminando.
—No sé de qué me hablas.— murmuró mientras se iba a la cocina para poder lavar los platos.
Sin embargo, esa respuesta no lo convenció. Algo estaba planeando, eso era obvio, pero no tenía tiempo para preocuparse por eso.
Al menos no ese día.
Cuando todos terminaron de desayunar y lavar los platos, hicieron lo que su tutora les había ordenado, Luz se fue con su madre y hermana, Hunter bajó al sótano en compañía de Gus (pues ese era su nuevo dormitorio), y Amity subió junto a Willow hasta la habitación de la humana para poder arreglarse, tomando cada una un baño rápido que no les hiciera perder tanto tiempo.
Especialmente a la pelimorada, quien solía tardar más de lo debido en arreglarse.
La joven bruja soltó un bufido mientras caminaba por toda la habitación con desespero en busca de unos accesorios que su novia le había obsequiado días atrás por su mesiversario de noviazgo.
Y que al parecer extravió sin querer.
—¡Oye Willow! ¿No has visto unos aretes con forma triangular?— gritó para que la azabache pudiera escucharla desde el armario. —Los dejé sobre el escritorio, pero no hay nada.
—¡Creo que los vi en el baño!— respondió mientras se vestía.
—¿Cómo llegaron ahí?— preguntó antes de suspirar. —¡Iré por ellos! ¡Ya vuelvo!— le avisó, dejando que la de lentes escuchara como salía de la habitación.
Soltó una suave risilla ante la pésima memoria que tenía la menor, no sólo en ese entonces, sino desde que eran niñas. A palabras de sus hermanos, no perdía la cabeza nada más porque la tenía pegada al cuerpo.
Típico de ella.
Dejó aquellos pensamientos de lado para centrarse en el vestido que colgaba de la puerta. La madre de su amiga le había obsequiado esa prenda justo una semana antes, pues claramente ella no tenía ningún tipo de ropa formal para fiestas, ya que cuando salieron a comprar no pensó que ocuparía más de tres mudas durante su estancia en ese lugar.
Tomó la prenda entre sus manos para poder ponérsela, apreciando su reflejo en el pequeño espejo del armario, no evitando sonreír al verse con aquel vestido de color verde y toques florales.
Era hermoso.
Escuchó como la puerta de la habitación se abría nuevamente, avisándole así que su mejor amiga estaba de vuelta, animándose a salir del armario donde se encontraba una vez terminó de peinar su corta cabellera.
—Realmente no entiendo como llegaron mis aretes hasta ahí si no me los he puesto.— murmuró la pelimorada mientras se colocaba los accesorios.
—Ni idea.— respondió la florista en cuanto salió de su pequeño escondite, captando la atención de su amiga al instante. —Bueno… ¿Qué opinas?
Amity llevó ambas manos a sus labios, soltando una expresión de sorpresa antes de acercarse a la azabache y tomar sus manos mientras daba pequeños saltitos de emoción.
—¡Te ves hermosa, Willow!— exclamó. —¡Me encanta!
La mencionada se sonrojó ante los halagos de la pelimorada sin poder evitarlo, soltando una risita nerviosa.
—Gracias, sinceramente a mi también me gustó el resultado.— coincidió. —Esté era un vestido viejo de la señora Noceda, pero decidimos trabajar en él para que se viera un poco diferente.— explicó.
—Tienes muchos nuevos talentos ocultos.— se sorprendió. —Les quedó precioso.— sonrió.
Willow le agradeció nuevamente para luego caminar al espejo de cuerpo completo que estaba en la habitación, apreciando mejor su reflejo una vez se colocó frente a él.
—¿Crees que le gustará?— cuestionó sin pensar mientras daba una vuelta, provocando que la pelimorada enarcara una ceja al escuchar su pregunta.
—¿A quién?— preguntó de vuelta con un ligero tono de picardía, haciéndola caer en cuenta de lo que había dicho.
No pensó en lo que decía.
—O-Oh, hablaba en general, ya sabes, sólo me preguntaba si a Luz, Vee y Gus les gustaría tanto como a ti.
—Te falto alguien…— recalcó con voz cantarina.
El rubor en el rostro de la florista aumentó aún más.
—¡Pero mira la hora! ¡Ya es tarde y ni siquiera te has peinado!— cambio de tema mientras la tomaba de los hombros y la hacía sentarse en el pequeño tocador de la habitación. —Te peinaré y luego te dejaré para que te vistas, quedé en ir a peinar a Luz también, así que haremos esto rápido, ¿está bien?
Amity asintió sin querer insistir más, amaba molestarla, pero no quería ponerla más nerviosa de lo que estaba, pues de lo contrario su cabellera se llenaría de flores y no tenía intención de arruinar su hermoso peinado.
Siempre tendría otro día para molestarle.
Por su parte, Gus y Hunter terminaban de colocarse los trajes que su tutora les había prestado, ambos eran de su difunto marido, por lo que nuevamente se sentían indignos de utilizar prendas tan especiales para la mujer y su amiga humana.
No creían merecer tanto honor.
El rubio apreciaba su reflejo en el espejo que la morena menor les había prestado, sin embargo, no podía evitar soltar pequeños gruñidos cada que sus intentos de anudar su corbata fracasaban.
Uno más y arrojaría aquella horrible prenda por la ventana.
—¿Sigues con eso?— preguntó cierto ilusionista cuando ingresó a su habitación. —Estabas anudándola desde que me fui a bañar, amigo.
Hunter suspiró.
—Realmente no sé cómo se pone esta cosa, Amity me prestó el celular de Luz para que buscará un vídeo, pero no lo entiendo.— murmuró antes de girarse, quedando sorprendido al ver lo genial que se veía su amigo y, sobre todo, lo perfecta y bien anudada que se veía su corbata. —¡Ayúdame, por favor!
Gus enarcó una ceja ante su petición, cayendo en cuenta del por qué se lo pedía al notar como señalaba hacia su cuello.
Sonrió.
—Oh, lo siento, pero yo no sé anudar corbatas, Willow generalmente me ayuda con eso.— explicó. —Pero en esta ocasión fue Amity la que me ayudó, nos encontramos por casualidad afuera del baño, le entregué unos aretes que había olvidado y en agradecimiento me anudó la corbata.
El ex-guardia frunció el ceño al escuchar lo que su amigo decía, pues a él, la joven pelimorada, le había dicho que se encargara de buscar un tutorial para ayudarse, omitiendo en todo momento que ella sabía anudar corbatas.
Aunque era lógico que sabría hacerlo, después de todo vivió con dos hombres a quienes seguramente les había ayudado con eso un sin fin de veces.
Bufó.
—Blight nunca me dijo que sabía hacerlo.— murmuró. —Da igual, ni quien la necesite.— refunfuñó.
El menor no pudo evitar reír antes de palmear, en señal de apoyo, el hombro del rubio.
—Lo siento, créeme que si yo supiera te ayudaría con gusto.— sonrió. —Por cierto, la señora Camila me dijo que te dijera que si ya estás listo por favor subas a su cuarto, necesita que le ayudes a ajustar unos detalles del vestido de Luz en lo que toma un baño rápido.
Hunter asintió para luego obedecer lo que su amigo le decía. Subió las escaleras del sótano, salió y se dirigió a la habitación de su tutora con su pequeño kit de costura en mano. Ya estaba listo para esa situación, después de todo él mismo había participado en la confección de dicho vestido, metiéndose incluso al club de costura a escondidas con tal de perfeccionar todo lo que la veterinaria le enseñaba, para así ayudarle a hacer el mejor vestido de quince años en la historia.
Luz se lo merecía.
Suspiró cuando estaba por llegar al cuarto de la mayor, sin embargo, no logró avanzar más, pues justo frente a la puerta estaba cierta joven de lentes, aparentemente esperando a que le abrieran.
Se veía hermosa.
La azabache posó su mirada en el recién llegado, dedicándole una cálida sonrisa que lo animó a acercarse, sintiendo sus mejillas arder una vez se colocó a su lado.
—¿También vienes a ayudar?— al verlo asentir, continuó. —Entonces toca esperar nuestro turno, Luz está quitándose el vestido para que puedan ajustarlo, yo vine para peinarla, pero preferí esperar aquí para no incomodarla.— explicó. —La señora Noceda dijo que abriría en cuanto estuviera visible.
El ex-guardia escuchó atento, asintiendo nuevamente sin atreverse a decir nada. Simplemente no podía hablar.
De repente, su corazón comenzó a latir frenético al percatarse de cómo la menor se acercaba más a él con el ceño fruncido y colocaba ambas manos alrededor de su cuello, sintiéndose desfallecer ante el pequeño tacto de sus dedos contra la piel expuesta de esa zona.
Iba a desmayarse en cualquier momento.
—No sabía que también te costaba anudar las corbatas.— observó. —Pensé que en el aquelarre del emperador les exigían formalidad.
Hunter soltó el aire que había detenido cuando notó que solamente le estaba atando la corbata.
Suspiró.
—En realidad ahí nunca usamos trajes, la formalidad se distinguía con el simple hecho de usar diariamente la armadura, por lo que jamás tuve que lidiar con este tipo de cosas.— habló tratando de controlar su temblorosa voz, pues estaba demasiado cerca de la florista como para poder hablar coherentemente. —No sabía que se te facilitaba tanto hacer esto, es muy difícil.
Willow se rió.
—Yo aprendí a hacer los nudos gracias a Amity, le pedí que me enseñara hace algunos años, más que nada por mis padres, así podría ayudarles, cuando tuvieran salidas formales, a hacer los nudos de sus corbatas para que no tuvieran necesidad de ir a casa de nuestra vecina, y ya que aprendí bien seguí con Gus, en cada grom o baile formal yo le anudaba la corbata, así que puedo decir que gracias a eso perfeccione este extraño don.— bromeó antes de terminar con su labor. —Listo, más tarde iré con él para ayudarlo.
—Oh, Blight ya le ató la corbata, descuida.
Ambos guardaron silencio al darse cuenta de la poca distancia que existía entre ellos, estaban demasiado cerca, tanto que él podía apreciar mejor el hermoso rubor que cubría las mejillas de la azabache, y ella podía ver más a detalle cada cicatriz en el rostro del mayor. Los dos enfocaron su atención en la mirada del otro, sintiéndose cada vez más cerca sin siquiera darse cuenta de que estaban acercándose demasiado.
Era extraño.
Justo cuando estaban comenzando a sentir sus respiraciones mezclarse, la puerta se abrió, haciéndolos tomar la distancia que inicialmente tenían, desviando la vista para que la morena de lentes no se percatara del intenso sonrojo que cubría el rostro de los dos jóvenes.
Pero claramente se dio cuenta de que había interrumpido algo, no era tonta.
—Disculpen.— habló una vez abrió por completo la puerta. —Luz no encontraba su bata, pero ya pueden pasar, todo lo necesario para peinarla está en mi tocador, Willow.— sonrió. —Y Hunter…
—D-Descuide, yo traigo mi kit de costura.
—¡Perfecto! Dejé algunas marcas en el vestido para que veas donde necesita ajustes, es para que le quede bien y no se vea muy grande.— explicó antes de hacerse a un lado y dejarlos pasar. —Iré a bañarme, cualquier cosa me avisan, Vee está colocándole las uñas postizas a Luz, así que también pueden contar con ella si se ofrece algo.— anunció, y tras recibir un pequeño asentimiento por parte de los menores, tomó su ropa y se marchó, dejando a los cuatro solos en la habitación.
—Yo eh… Voy a coser el vestido.
La azabache sonrió en respuesta para luego acercarse a la morena, quien ya se encontraba sentada frente al tocador mientras la basilisco colocaba algo extraño sobre sus uñas.
—¿Willow?— preguntó con sorpresa en cuanto la vio por el espejo. —¡Willow! ¡Te ves hermosa!
Una pequeña risilla brotó de los labios de la joven, quien le agradeció antes de tomar la secadora y conectarla para poder secar el aún húmedo cabello de la festejada.
—Pero ten por seguro que tú te verás aún más hermosa, sólo déjamelo a mi.— le guiñó un ojo a través del espejo para después encender la secadora.
Fue así que entre halagos, animadas conversaciones, y bromas, la de lentes comenzó a peinarla una vez su cabello se secó. Luz estaba muy nerviosa, pues sabía que le costaría manejar su ahora enchinada cabellera, por lo que en más de una ocasión le sugirió alaciarlo si realmente se le complicaba demasiado, pero Willow se negó, al contrario, a su punto de vista ese estilo de cabello se le veía muy bien, y como aún lo tenía un tanto corto consideraba aquello oportuno para el peinado que quería hacerle. La morena, resignada, comenzó a explicarle para qué servían los productos para cabello que su madre les había dejado por si llegaban a ocupar, tales como gel, mousse, spray, crema, etcétera.
Cosas extrañas que usaban los humanos.
Tomó un poco del mousse que, según leyó, servía para el cabello con rizos, y le colocó un poco, sin embargo, no pasó desapercibido para ella el como su amiga se observaba con cierta incomodidad.
—¿Está todo en orden?
La menor hizo una mueca y asintió, pero ante la mirada incrédula de su amiga, suspiró.
—Sí, lo estás haciendo genial, y me gusta como se ve, pero mi cabello al natural me trae no muy buenos recuerdos.— murmuró. —Cuando era más pequeña tenía el cabello mucho más largo que ahora, por lo que era más rizado, pero debido a eso comenzaron algunas burlas hacia mí, así que decidí mantener mi cabello peinado en todo momento, de esa forma nadie podría ver cómo era realmente.— explicó. —Mi padre solía decir que amaba mi cabello tal como era, que me hacía ver muy bien y me parecía mucho a mi mamá, pero fue hasta después de que murió que decidí usarlo suelto, para honrar de cierta manera su memoria; igual eso no duró mucho, ocurrió un incidente que yo misma ocasione y me corté el cabello, desde entonces lo mantuve corto y cuando entre a la secundaria decidí alaciarlo, ha pasado mucho desde que me vi tan… ¿Natural?
La de lentes le sonrió, pues de algún modo entendía el por qué tenía miedo, después de todo a ella también le habían hecho burla por cosas igual de tontas como el cabello.
—Concuerdo con tu padre, te ves genial, este estilo te sienta muy bien y te hace ver más tú, intenta ignorar a los que tienen miedo de lo diferente, céntrate en ser tú misma, y si alguien te molesta sólo dinos.
—Si, esa persona terminará con mi puño en su cara.— murmuró el ex-guardia, quien estaba escondido tras una cortina, tan metido en su costura que no se había dado cuenta de que habló en voz alta.
—Eres muy linda Luz, que nadie te diga lo contrario.— secundó Vee, quien ya terminaba de colocarle las uñas postizas a la festejada.
Luz sonrió y se limpió las pequeñas lágrimas que comenzaban a caer por sus mejillas.
—Gracias, aprecio mucho sus palabras.— respondió. —Puede que un pequeño cambio no sea tan malo.
Tras escucharla más animada continuaron con sus labores; Willow término de peinarla, optó por acomodarle el cabello para que sus rizos lucieran, colocando la corona de modo que levantara su fleco para así darle un toque más elegante, mientras Vee terminó de colocar aquellas uñas y pintarlas de morado, color del vestido que ella aún no había visto, pues cuando se lo probó tenía una venda en los ojos y con ayuda de su madre fue que logró ponérselo, por su parte, el guardia ya había terminado de arreglar lo que su tutora le pidió, por lo que estaba esperando a que regresara mientras veía como la joven azabache maquillaba a la humana.
Realmente se veía preciosa.
La puerta de la habitación se abrió dando paso a la mujer de lentes, quien ya se encontraba vestida e incluso peinada para la ocasión.
—Lamento haberme tardado, quería estar lista para poder arreglar a Luz e irnos.— explicó, sonriendo al posar su mirada sobre su hija, a la cual únicamente le hacía falta ponerse el vestido, pues estaba ya peinada y maquillada.
—Ya terminé de hacer lo que me pidió, señora, está detrás de la cortina.— señaló el rubio. —Si ya no necesita algo más entonces me iré para que pueda ponérselo.— sonrió, y antes de que pudiera retirarse, la mayor lo tomó del hombro.
—Espera.— se encaminó a donde el menor señalaba y tomó el vestido, pero antes de salir, continuó hablando. —Mija, este vestido lo estuve haciendo prácticamente desde que inició el año, pero lo deje cuando supe que estabas pérdida, tenía miedo de no volverte a ver, pero gracias a Vee recuperé la esperanza y continúe haciéndolo, entonces volviste y yo quería hacerte lo mejor, pero esta vez no fui yo sola quien continuó la producción de tu vestido de quince años.— explicó. —Hunter agregó más detalles al diseño original, me ayudó a hacerlo en base a tus gustos, e incluso la corona él mismo la hizo, compró todo lo necesario para que combinará con esto…— salió de donde se ocultaba y se colocó junto al ex-guardia para luego mostrarle aquel que sería el primer regalo que recibiría.
Su vestido de quince años.
La morena menor cubrió su boca con ambas manos al ver aquella hermosa prenda. Era un bello vestido de color lila con degradado más claro hasta el final, brillo plateado en la parte de la falda, toques dorados en los hombros que unían dos listones con el mismo toque hasta el final, como si fueran dos colas de serpiente, y finalmente, en la otra mano de su madre, habían dos muñequeras del color de su vestido, pero con la diferencia de que poseían un toque similar al de las mangas de una camisa.
Todo era realmente precioso.
—Feliz cumpleaños mija, éste primer regalo es de parte mía y de Hunter.— sonrió.
Luz se acercó a ambos y los envolvió en un cálido abrazo, agradeciéndoles repetidas veces por tan hermoso obsequio.
Hunter se sonrojó.
—S-Sí, como sea, no es nada, sólo lo hice para ayudar a la señora Camila, no por otra cosa.— habló el mayor, quien mantenía el rostro desviado para que nadie pudiera notar el rojo que cubría su cara.
Una sonrisa surcó los labios de la joven, la cual, tras separarse, le despeinó juguetona el cabello.
—Ya entendí, chico gruñón.— sonrió. —Enserio gracias, fue muy noble de tu parte… Ayudar a mi mamá, claro.— le guiñó un ojo.
El ex-guardia viró los ojos antes de excusarse y salir de la habitación, no evitando sonreír una vez estuvo fuera del campo de visión de todos.
Haría lo mismo mil veces con tal de ver esa reacción en su amiga siempre.
Por su parte, en el interior de la habitación, las que se quedaron con la festejada decidieron ayudarle a vestirse, pues se les hacía tarde para llegar a la iglesia, siendo de ese modo que lograron arreglar a la joven más rápido de lo que esperaron, manteniendo a salvó su peinado, para alivio de cierta florista, quien veía sorprendida el resultado.
Su mejor amiga se veía más llena de vida que nunca.
—Creo que ya está todo, pero… No me convencen tus aretes mija, desentonan un poco.
La castaña se alzó de hombros.
—Nadie lo va a notar mami, así que esta bien, yo…
—¡Cierto!— exclamó Willow mientras metía la mano en su bolso para después sacar de él una cajita de abominable. —Amity me pidió que te diera esto.— sonrió. —Está algo ocupada con su maquillaje, pero puedes darle las gracias después.— murmuró con complicidad.
Luz tomó el obsequio entre sus manos, quedando sorprendida al abrirlo y ver dentro dos aretes dorados con el símbolo que representaba al glifo de luz grabado en cada uno.
Combinaba perfectamente con los toques que su vestido tenía del mismo color.
—¿De dónde…?
—Los hizo.— respondió. —También ella misma los grabó, pero tuvo que repetir el proceso muchas veces, ya sabes, porque simplemente no podía hacer un círculo perfecto, así que optó por omitirlo y prefirió hacer sólo el símbolo.— explicó. —Si quieres puedes usarlos hoy.
Tras mirar a su madre, y verla a sentir en aprobación, se colocó el accesorio que su novia le regaló, apreciando su reflejo en el pequeño espejo de su madre, quien sonreía orgullosa.
—Ahora si, entonces si no falta nada más ya debemos…
—Espera mamá, ¿y Vee?— la mencionada miró a ambos lados antes de señalarse a sí misma. —Se supone que es mi hermana gemela, ella también debería usar un vestido.
La basilisco soltó una leve risilla mientras negaba.
—Descuida, yo no quise, mamá insistió pero no me llama mucho la atención eso de usar un gran vestido y bailar, sin embargo eso no me quita la alegría que siento de verte así, estás hermosa.— sonrió. —Además, ya hiciste suficiente con permitirme cumplir años el mismo día que tú, en verdad te lo agradezco.
Ambas jóvenes compartieron un abrazo ante la mirada enternecida de las presentes, quienes al ver el reloj se vieron obligadas a interrumpir aquel momento tan conmovedor.
—Hora de irnos, no queremos hacer esperar a tus chambelanes, ¿o sí?
Luz negó mientras reía antes de salir de la habitación en compañía de su madre y amigas.
Ese definitivamente sería un gran día.
Una vez fuera, la morena menor bajó las escaleras con ayuda de Hunter y Gus quienes, al verlos detenidamente, pudo notar que estaban usando trajes bastante similares, de un color gris platinado que contrastaba perfectamente con sus camisas lilas y corbatas grises, haciendo una perfecta combinación con su vestido.
No podía creer que el rubio, siendo como era, hubiera accedido a formar parte de su corte de honor aún sin saber que era exactamente eso.
En cuanto salieron de la casa, las sorpresas aún no terminaban, pues el auto de su madre estaba hermosamente adornado con lilas y gardenias, obviamente cortesía de Willow, quien sonreía orgullosa ante su trabajo.
Pero lo que más le extrañaba era no haber visto en ningún momento a su novia.
—Oigan, ¿dónde está Amity?— cuestionó mirando con duda a sus acompañantes, quienes le señalaron al frente nuevamente.
Al voltear, la castaña observó como detrás de automóvil salía la pelimorada con una sonrisa, dejándola sorprendida en cuanto la vio, pues portaba un pantalón-falda platinado como el traje de sus amigos, una blusa lila, un saco del mismo color de su pantalón, zapatos de tacón negros, y el cabello lo llevaba recogido en una pequeña coleta que sin duda resaltaba cada una de sus facciones.
A ojos de Luz se veía hermosa.
Amity abrió la puerta trasera del auto con caballerosidad mientras Luz se acercaba, no pasando desapercibido para el resto como se miraban totalmente embelesadas.
Era realmente tierno.
—Su carruaje está listo, princesa.
La festejada no pudo evitar reír antes de abrazarla.
—Así que hoy tú serás mi caballero en brillante armadura, ¿eh?
—Siempre lo seré.— murmuró correspondiendo aquel abrazo, sonrojándose cuando todos exclamaron un colectivo "awww" a sus espaldas. —S-Supongo que deberíamos…
—¿Puedo besarte?— susurró sólo para que ella la escuchará, sin embargo, el resto sabía que algo le había dicho, pues la joven bruja tenía el rostro más rojo y parecía que en cualquier momento se desmayaría.
—A-Aquí no, cuando estemos a solas.— prometió antes de alejarse y besar su mejilla en compensación.
Luz asintió.
—¿Juramento eterno?
Amity sonrió, dibujó un círculo de hechizos y estrechó su mano dentro de éste.
—El juramento eterno está hecho.— le guiñó un ojo para luego ayudarla a subir, entrando al vehículo justo después de ella, dándole la señal al resto para que también subieran.
Pero el espacio no era suficiente.
Así que la pelimorada acabó llevando en sus piernas a Gus, Willow a Vee y Hunter, por su seguridad, prefirió ir de copiloto a terminar aplastado por la puerta y el cuerpo de la basilisco, quien para ese momento ya había adoptado la forma de la humana.
Habría preferido irse en Flapjack antes que terminar así.
Iniciaron su camino en total armonía, platicando sobre lo emocionados que estaban por experimentar lo que era una fiesta de cumpleaños humana, transmitiendo su emoción a la joven festejada, quien hablaba de lo feliz que se sentía de estar en compañía de casi todos sus seres queridos ese día tan especial para ella.
Por primera vez en meses sentía que podía olvidarse de todo.
Después de la ceremonia religiosa, donde los jóvenes brujos escucharon atentamente las palabras de un extraño hombre con túnica (que según la madre de la festejada no era ningún mago), descubrieron que los humanos tenían su propia deidad a la cual rendir respeto así como ellos lo hacían con el Titán, sólo que, en caso del reino humano, solían llamarlo Dios. Luz, al escuchar las dudas de su amigo ilusionista, quien al terminar la ceremonia se acercó a ella para resolver sus incógnitas, prometió responder todo lo que quisiera al día siguiente.
Una vez listos volvieron a ingresar al automóvil, y cuando la joven castaña pensaba que ya todo había terminado, quedó impresionada al ver cómo su madre se estacionaba frente a un salón de eventos y con una sonrisa volteaba a verla.
—Esta es otra sorpresa mija, un regalo de cumpleaños no sólo de parte mía, sino también de todos los aquí presentes.
Luz se esforzó por no llorar en aquel momento de la emoción, por lo que sólo agradeció repetidas veces a cada uno
Todos, por su parte, la abrazaron con alegría al ver que su amiga realmente parecía disfrutar de aquel día, y sin más tiempo que perder bajaron del automóvil, dirigiéndose a pasos rápidos al lugar, donde una vez entraron, la morena no pudo evitar soltar un grito de emoción al ver todo decorado con temática de La Bruja Buena Azura, desde globos, carteles, y mesas, hasta comida prácticamente sacada de cada libro.
Era perfecto.
—Amity tuvo la idea y se encargó de la decoración junto a Willow y Hunter.— explicó la veterinaria.
Luz no tuvo tiempo para reaccionar, pues una serie de aplausos la sacaron de su pequeño trance; frente a ella se encontraban sus compañeros del club de atletismo, algunos amigos de los jóvenes brujos y familiares que no había visto en bastante tiempo (o quizá sí, pero no se acordaba.)
Un pequeño sonrojo cubrió sus mejillas al darse cuenta de que aquello era más grande de lo que imaginó, pero en ningún momento le pasó por la cabeza salir huyendo, cosa que hubiera hecho meses atrás, al contrario, sonrió y se adentró más en aquel salón, decidida a disfrutar de la fiesta que con tanto cariño le habían preparado su madre, amigos y novia.
Se sentía muy afortunada.
Fue así que la noche transcurrió entre risas, baile, y diversión, donde por primera vez se sintió cómoda estando entre gente de su edad, lo que hizo que esa noche fuera verdaderamente maravillosa.
Cuando llegó la hora de bailar el tradicional vals, llegó a sentirse un tanto melancólica, pues su deseo había sido bailar con su figura paterna, así como marca la tradición, sin embargo, rápidamente una sonrisa se dibujó en su rostro al ver cómo Hunter se acercaba a ella y le extendía una mano.
—¿Estás seguro?— preguntó divertida la castaña mientras tomaba su mano. —¿En el aquelarre también les enseñaron a bailar?
El rubio negó antes de colocar su otra mano en la cintura de su contraria y se sonrojaba al escuchar los aplausos y silbidos de la multitud.
—Jamás he bailado en mi vida, pero vale la pena intentarlo.— respondió intentando ir al ritmo de aquella lenta melodía. —Pero si mencionas esto cuando regresemos a las Islas te juro que…
—Si, si chico gruñón, ya entendí, esto jamás pasó.— le guiñó un ojo para luego continuar bailando.
Pasaron unos cuantos minutos así, hasta que cierto ilusionista tocó el hombro del mayor, haciéndolo voltear al escuchar más aplausos de fondo para animar al moreno, quien sonreía galante.
—Disculpe señor, ¿me permite?— cuestionó con tono elegante, haciendo reír a ambos jóvenes.
—Adelante, caballero.— le siguió el juego, entregándole la mano de su amiga al menor, quien encantado continuó bailando con ella.
—No sabía que bailabas tan bien, Gus.
El mencionado se alzó de hombros.
—Debiste verme en el último Grom, fui el alma de la fiesta.— respondió divertido.
—Me habría encantado verlo de no ser por qué…
—Estuviste toda la noche con Amity.— continuó juguetón haciendo sonrojar a la mayor.
Siguieron bailando entre risas y buenas anécdotas, hasta que de repente el ilusionista se detuvo, extrañando a Luz.
—Toda suya, madame.— habló él antes de hacer una reverencia y retirarse.
Por su parte, la morena no entendía nada, hasta que sintió como una suave mano tomaba la suya y la hacía voltear.
—¿Me concede esta pieza, bella dama?— preguntó cierta joven pelimorada con una sonrisa.
Un pequeño rubor cubrió las mejillas de la castaña, quien asintió totalmente embelesada.
Los más jóvenes del lugar, que sabían el tipo de relación que ambas tenían, comenzaron a gritar de emoción ante la escena tan romántica en la pista de baile.
Por su parte, Luz se dejó guiar por la Blight, quien sonreía y le decía con pena lo hermosa que se veía, haciéndola sonrojar más. Uno de los sueños de la morena también había sido el bailar con un apuesto príncipe azul sacado de un cuento de hadas al cumplir quince años, algo que jamás pensó cumplir hasta ese día, donde su deseo se hizo realidad, pues ahí estaba, bailando con una hermosa princesa sacada de un mágico reino.
No podía desear nada más.
—Gracias.— murmuró la castaña mientras se abrazaba a la joven bruja.
—¿P-Por qué?
—Por estar aquí, a mi lado, a pesar de todo.— respondió. —En verdad gracias.
Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios de la menor, quien beso con disimulo la cabeza de su pareja antes de continuar disfrutando de aquel momento entre ellas.
El vals siguió su ritmo lento, relajado, y estando a punto de terminar la pieza, Amity la soltó, caminando con ella de la mano hasta la mujer detrás de su novia, a quien se la entregó con una sonrisa antes de irse.
—Mami…
La mayor sonrió.
—Sé que la tradición dice que el primer baile tendría que ser con tu padre, pero debido a las circunstancias espero que no te moleste bailar conmigo, mija.
Luz negó y la abrazó, provocando que todos aplaudieran enternecidos por aquella escena.
—Por supuesto que no me molesta, al contrario, muchas gracias por todo esto mamá, es todo lo que había deseado; no me alcanzan las palabras para agradecerte.
—No tienes nada que agradecerme, Luz, con verte así, feliz, sonriente, me doy por servida.— murmuró para luego besar con ternura su castaña cabellera.
Luego de haber cerrado aquel vals en compañía de su madre, las horas transcurrieron con bastante lentitud entre baile, risas, juegos, convivencia, todo muy animado y divertido para Luz, quien realmente se había logrado olvidar de todo un poco ese día, aunque claro, no podía decir que fue perfecto en su totalidad, pues de vez en cuando lograba escuchar comentarios reprobatorios por parte de algunos de sus familiares respecto a la relación tan afectiva que mantenía con su pareja, algo a lo que ya estaba acostumbrada a escuchar en la escuela, pero no dentro de su propia familia, por lo que prefirió hacer oídos sordos y dedicarse únicamente a disfrutar aquella fiesta que con tanto amor su madre y amigos le habían organizado.
No permitiría que nada ni nadie le arruinara la noche.
Continuó disfrutando de su fiesta, misma que duró más de lo que espero, siendo ésta finalizada casi a las cuatro de la mañana, rebasando un poco el horario que les habían asignado, cosa que a ninguno de los jóvenes o a la mayor les importó, pues estaban dispuestos a pagar las horas extras, después de todo lo único que importaba era que la morena se hubiera divertido aunque sea un poco.
Todos se merecían ese descanso.
Una vez el evento terminó, Hunter y Gus se dedicaron a guardar la poca comida sobrante en la cajuela para transportarla, Willow recogía, con ayuda de Vee los arreglos florales que quedaron, mientras que Amity esperaba con Luz, a quien le había colocado sobre los hombros su saco, pues esa madrugada comenzaba a sentirse el frío conforme más avanzaban las horas, así que no quiso arriesgarla a pescar un resfriado, menos cuando no sabía que tan graves eran los efectos de una gripe humana.
—¿Te divertiste?— cuestionó la pelimorada, ganándose una sonrisa por parte de la festejada.
—Se siente raro admitirlo, pero si, en verdad me divertí.— respondió. —Jamás me había sentido tan bien en una fiesta humana con personas de mi edad.— confesó. —Aún sigo sin poder creer que tuvieron tiempo para organizar todo esto, ni siquiera sé en qué momento lo hicieron si pasamos todo el tiempo juntos.
Amity no pudo evitar reír.
—Bueno, no pasamos todo el tiempo juntos, recuerda que trabajamos en lugares distintos, así que simplemente quedaba con Willow, en nuestra hora de comida, para vernos en la cafetería, Gus se nos unía cuando tomaba esa ruta para pasear a los cachorros y Hunter, bueno, él llegaba extrañamente rápido al punto de encuentro.— se alzó de hombros. —Vee era la encargada de pasar a distraerte, siendo Hunter quien la ponía al tanto de todo cuando pasaba por ella y Willow.— explicó.
Luz la miró realmente sorprendida, pues jamás se dio cuenta de nada.
—Entonces por eso cancelabas nuestras salidas a comer últimamente.— entendió. —Nunca lo noté.
—Estabas demasiado ocupada para darte cuenta, y agradecemos eso, porque de lo contrario nos habría sido muy difícil organizar todo.— bromeó.
La castaña sonrió.
—Igual me pregunto cómo lograron que mamá aceptara su dinero sin sospechar que son sus propias ganancias.
—Fácil, le dijimos que son nuestros propios ahorros de todo lo que nos ha dado, lo cual en parte no es mentira, pues hemos ahorrado lo que nos dio y lo que ganamos en nuestros empleos, así que accedió a dejarnos cooperar un poco.— contó.
Luz recargó su cabeza en el hombro de la joven bruja, quien no pudo evitar sonrojarse por la repentina cercanía.
—Gracias, en verdad se los agradezco, hicieron de este día uno de los mejores desde que llegamos.— murmuró. —No sé cómo pagarles todo lo que han hecho por mi.
—N-No es nada, créeme que con verte sonreír es más que suficiente.
Ambas no dijeron nada, quedaron en un pequeño y cómodo silencio disfrutando únicamente de su mutua compañía, hasta que la morena decidió seguir hablando.
—¿Sabes? Ya estamos solas.— comentó, y al notar que su pareja no entendía, continuó. —Dijiste que cuando estuviéramos a solas…— se enderezó para así acercarse más al rostro de la menor. —Me darías un beso.— le recordó, sonriendo al ver cómo su rostro se teñía de un intenso carmín. —Fue un juramento eterno, por lo que…
Amity suspiró, y luego de fijarse que no había nadie cerca que pudiera verlas, tomó las mejillas de su novia, quien se quedó pasmada ante la repentina iniciativa de la pelimorada.
No esperaba que realmente lo hiciera.
Sintió su corazón latir frenético en cuanto sus labios hicieron contacto. Eran pocas las veces que se demostraban afecto de esa manera, sin embargo, cada que decidían besarse siempre lo sentían como si fuera la primera vez, igual de mágico, especial, único.
Era maravilloso compartir ese tipo de momentos entre ellas. Para Luz, estar a su lado todos los días eran como un cumpleaños, pues su sola presencia hacía de su día especial, mientras que Amity se sentía en su verdadero hogar estando con ella.
Ambas estaban realmente enamoradas, y no había duda de eso.
Las dos rompieron aquel contacto con el rostro enteramente sonrojado, compartiendo una tímida sonrisa al sentir ciertas miradas indiscretas sobre ellas, pues por un momento olvidaron que no estaban completamente solas. Igual no se arrepentían de nada.
Aquel día realmente había sido el mejor de todos, pues lograron olvidar, al menos por un momento, su propia tristeza, dándose un poco de tiempo para descansar su cuerpo y mente; sabían que necesitaban encontrar un nuevo portal, pero la presión comenzaba a pasarles factura, por eso mismo no podían continuar recriminándose ni frustrándose, el descanso era necesario y el cumpleaños de su amiga humana les dio la oportunidad de tomarlo. Estaban conscientes de su misión, pero también de que juntos lograrían cumplir con la misma, darían su mejor esfuerzo, pero sin sobrepasarse.
—Niña Blight, deja de comerte la cara de Luz y ayúdame a llevar las últimas cajas.
La pelimorada sintió su cara arder, y sin decir nada se levantó.
—Comienzo a pensar que te hace falta una novia, Hunter.— refunfuñó.
Los presentes comenzaron a reír ante las palabras de la menor, quien siguió como si nada a hacer lo que le pedían, ignorando los reclamos del rubio.
En verdad ese descanso les estaba haciendo muy bien. Después de todo necesitaban estar bien para encontrar una solución.
Y no se detendrían hasta conseguirlo.
Mientras tanto, horas antes, en las Islas Hirvientes cierta mujer de grisácea cabellera se encontraba de pie justo frente a una tumba, misma que habían levantado semanas atrás en honor a los héroes caídos durante la batalla contra Belos, pues al no encontrar sus cuerpos decidieron sepultar sólo los objetos más importantes de cada uno, dejando una simbólica lápida con sus nombres escritos para poder ir a visitarla cada que pudieran, y ese día ella se había armado de valor para ir por primera vez desde el funeral.
Le estaba costando no soltarse a llorar al ver los nombres tallados en piedra.
«En memoria de: Luz Noceda, King Clawthorne, Amity Vícar Blight, Willow Park, Augustus Porter y Hunter Deamonne.»
Desde que recibió la noticia sintió que su mundo se venía abajo, dejó de asistir a misiones y permaneció en cama por dos semanas, donde estuvo completamente sola llorando su pérdida, siendo vigilada sutilmente por Raine, pues le preocupaba que en medio de su depresión hiciera algo indebido.
Pero no hizo nada, no tenía las fuerzas.
Cerró los ojos para poder sentir el viento golpear su rostro, no evitando recordar, en medio de aquel silencio, la última conversación que había tenido con su niña.
—Psst, Eda…
La bruja abrió los ojos de repente, estaba a punto de quedarse dormida, pues llevaba días sin poder descansar debido al alboroto por el "Día de la Unidad", por lo que en ese momento decidió que era buena idea tomar una pequeña siesta junto a King, quien descansaba en su regazo, sin embargo, sus planes se vieron interrumpidos por cierta humana, la cual le miraba con curiosidad.
—¿Qué?— respondió somnolienta la mayor.
Luz miró a todos lados antes de acercarse un poco más y susurrarle.
—Entonces… ¿Vas a decirle?
Eda enarcó una ceja, dándole a entender que no comprendía a qué se refería. Por su parte, la morena suspiró, y disimuladamente señaló a Raine, (quien estaba viendo los últimos detalles de la misión), con la mirada.
—¿Raine?— cuestionó extrañada. —¿Decirle qué?
La menor sonrió.
—Qué aún le amas.
Ante esa respuesta la bruja no pudo evitar abrir los ojos con sorpresa, tratando, con todas sus fuerzas, de no sonrojarse y ponerse en evidencia. Desvió la mirada.
—¿Quién eres, mi mamá?
Luz no respondió, simplemente le miró con seriedad, dándole a entender que no estaba jugando y buscaba tener una conversación sería.
La peligris suspiró.
—Sí, pero no ahora.— respondió. —Tal vez luego, cuando sea el momento adecuado.— continuó. —El fin del mundo no parece el escenario más oportuno para una confesión así, tú entiendes, ¿no?
Una pequeña mueca se formó en los labios de la humana, quien pareció dudar por un segundo.
—Bueno, si el túnel del amor de Hooty me enseñó algo, es que: si sigues esperando el "momento adecuado" puedes terminar perdiendo tu oportunidad.— sonrió. —Sólo dile, no tengas miedo, en verdad dudo que te rechace.— volvió a señalar a la ex-pareja de su mentora, dando a notar que estaba viendo en su dirección, provocando que se sonrojara al topar su mirada con la de la mayor, quien sonrió.
—Está bien, está bien.— murmuró con rendición mientras cerraba nuevamente los ojos. —Lo pensaré.
Abrió con lentitud los ojos antes de sacar un glifo de plantas, posando su mirada sobre la lápida frente a ella. Seguía sin poder creer que apenas hace unos meses tuvo la dicha de ver, hablar, y abrazar a sus niños, pero ahora tenía que conformarse con recuerdos.
Odiaba esa situación.
—No he apreciado lo que he tenido hasta que lo perdí.— susurró para luego arrodillarse. —Cuanta razón tenías Luz, no debí esperar el momento adecuado para decirles a ustedes lo importantes que son para mi y cuanto los amo.— murmuró. —Pero no volveré a repetir el mismo error.— activó aquel glifo, haciendo aparecer una hermosa flor que posteriormente colocó sobre la tumba. —Feliz cumpleaños, niña.— sonrió antes de levantarse y comenzar a caminar en dirección al búnker que la esperaba a unos cuantos metros de ahí.
Estaba en su primera misión después de casi un mes, y realmente se sentía extraño el ambiente luego de la noticia, pero tenía que aprender a continuar, a vivir con ello.
A no esperar el momento adecuado.
Raine, quien la había acompañado junto a Darius y Steve, le sonrió al verla acercarse, sintiéndose con más tranquilidad al verla tan calmada.
Tenía miedo de que volviera a darle otro ataque de pánico luego de visitar aquel lugar.
—¡Eda! Que bueno que volviste.— sonrió. —Estudié el mapa de las zonas invadidas por cazadores y…
—Raine, ¿puedo besarte?— interrumpió.
Un fuerte sonrojo cubrió las mejillas de su acompañante, quien abrió los ojos con sorpresa ante su inesperada pregunta.
—P-Por supuesto.— carraspeó. —Q-Quiero decir, ¿por qu…?
La mayor no le dejó terminar, pues se acercó cuidadosamente a su persona antes de colocar una mano sobre su mejilla y acariciarla con delicadeza para luego acortar la poca distancia y juntar sus labios, comenzando así un dulce y tierno beso.
Igual que la primera vez.
Tras unos cuantos segundos, la peligris se apartó, dedicándole una pequeña sonrisa a cierta persona de lentes, quien simplemente tomó aire, pues lo había contenido durante su beso gracias a los nervios que en ese momento sentía.
—¿Por qué?— terminó su pregunta en un hilo de voz.
Eda se sonrojó y desvió la mirada antes de responder.
—Porque… Yo todavía te amo, Rainstorm.— confesó. —Y ya no quería perder más tiempo, necesitaba decírtelo.
Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios de Raine, quien llevó una mano a su nuca y miraba hacia otro lado.
—Me alegra saberlo.— murmuró. —La verdad es que… También me siento igual.— contó. —Nunca dejé de sentir amor hacia ti, y todo lo que pasó simplemente me hizo valorar más el tiempo a tu lado.— volvió a verla para luego suspirar. —Lo que quiero decir es que… Te sigo amando.
El corazón de la peligris comenzó a latir frenético ante su respuesta. Realmente se sentía como una adolescente otra vez.
—¡Genial!— exclamó. —Entonces… ¿Te gustaría casarte conmigo?
Los ojos de Raine nuevamente se abrieron con sorpresa al escuchar su inesperada propuesta.
—¿E-Eh?— enarcó una ceja. —Si, claro que quiero, pero…
—¡Darius!— gritó de repente, llamando la atención de cierto moreno. —Solías trabajar como juez de paz antes de unirte a un aquelarre, ¿verdad?
El hombre asintió.
—Sí, ¿por qué?
—Porque quiero que nos cases.— sonrió mientras apuntaba a Raine y luego a ella.
—¡E-Espera! ¡¿Ahora?!
La mayor hizo caso omiso a su pregunta y continuó su camino hacia el ex-líder de aquelarre.
—¡E-Eda! ¡Tenemos que planearlo bien primero!
Nuevamente ignoró sus palabras mientras reía por la nerviosa actitud de su ahora pareja.
Hablaba enserio cuando decía que no quería perder más tiempo, quería hacer lo correcto y demostrarle lo que sentía sin miedo a nada. Una vez cometió el error de no valorar lo que tenía, no esperaría a perderlo todo de nuevo para darse cuenta de lo que debió hacer y por inseguridad no hizo.
Mientras Darius molestaba a Raine, la mayor miró al cielo, dejándose acariciar nuevamente por la suave brisa, recibiéndola como si un abrazo de sus hijos se tratara.
Le haría caso a su niña, dejaría el miedo atrás para así no perder nuevamente su oportunidad.
«No los defraudaré otra vez, lo prometo.»
¡Hey!
¿Qué onda?
Aquí LupitaHaibara con el onceavo capítulo de este proyecto :'3 Cabe mencionar que me base en un cómic deraystel, moringmark, y en una animación de panysulocura, lo aclaro para que no hayan malos entendidos.
Bueno, ahora me gustaría informar que con este capítulo se inaugura el segundo arco de esta bonita historia: con esto también les digo que aún están las audiciones abiertas, por si gustan pedir informes, tendrán hasta el 20 de abril para audicionar ʚ(')/
Por cierto, decidí subir esto antes del capítulo final para esperarlo con más entusiasmo, pero aquí se subió después; espero les guste y bueno, si leen esto después del capítulo, díganme, ¿qué tal les pareció Watching and Dreaming?, los leo.
Antes de irme me gustaría decir lo que podemos aprender en base a este capítulo: Y es el hecho de que a veces se nos es difícil aprender a amarnos a nosotros mismos, cuesta vernos en un espejo y amar lo que el reflejo nos muestra. Llegan a ser tantas las críticas hacia nuestra persona que nos es complicado aceptar halagos o aceptar que somos hermosos tal y como somos. Otras veces no son críticas directas, sino que nos llegamos a dejar llevar por los estereotipos de belleza que nos dicen como supuestamente debemos vernos para encajar. Es importante entender que de nada sirve ser hermoso/a por fuera si por dentro se es un asco de persona. Querido lector, ámate disfruta cada momento de la vida, aprecia lo que tienes, a tu familia, amigos, conocidos, ve el lado bueno de la vida, dale tu propio sentido.
Bueno, antes de irme les quiero preguntar: ¿les gustaría que en el capítulo 12, al final, les comparta el nombre de los capítulos que conformarán este segundo arco así como lo hice en el primero? Digo, para no perder la costumbre y sentirnos como cuando salían los capítulos de cada temporada ʚ(~')/
Ahora sí, sin más que decirles, yo me retiro, ya saben que cualquier cosita pueden dejarla en los comentarios, yo encantada de leerlos :3
Nos leemos en otra realidad virtual
Bais~
