Todo había sido casi perfecto antes de la llamada de Colby. Dean por fin parecía tomar la suficiente confianza con él como para decirle lo que sentía o lo que pasaba por su cabeza. Le recordaba mucho a si mismo, al agente Don Epps, tanto, que por eso sabía perfectamente como iba a reaccionar en cada momento y ya casi no le cogía por sorpresa nada de lo que Dean pudiera hacer.
Desde luego le encantaba, no se lo había dicho a nadie todavía, no al menos de la forma en la que él lo sentía, pero estaba comenzando a tener sentimientos muy fuertes por Dean, ya le había dicho que le quería y eso era algo que no hacía a menudo.
En realidad apenas se lo había dicho a un par de sus antiguas parejas. Pero nunca, nunca se lo había dicho de la forma en que lo había hecho con Dean, nunca se había preocupado por nadie que no fuera de su equipo o de su familia como lo estaba haciendo con aquel chico.
Apenas había dormido esa semana, ocupándose de él, preocupándose de que la fiebre no le volviera a subir, que durmiera las horas necesarias, que descasara y sobretodo, que no se pusiera a trabajar en el caso.
Ahora que ya habían pasado ocho días, desde el ataque, y Dean parecía sentirse bien, al menos eso era lo que le decía a él, pero Don ya comenzaba a conocerle demasiado bien, ya conocía cada mirada que Dean le apartaba cuando le dolía la cabeza, cada instante que dejaba de hablar, porque todavía le costaba un poco respirar, cada vez que estaba a punto de comenzar a toser o estornudar y por pudor o por orgullo, conseguía no hacerlo.
Don ya lo conocía, casi tanto como a su propio hermano y por ese mismo motivo había aprendido a manejarlo, a llevarlo por donde él quería. Había aprendido a dirigir a Dean Winchester, aunque este no quisiera reconocerlo.
Por eso, ese día, cuando había entrado en la habitación y lo había visto trabajando, estuvo a punto de gritarle, de decirle que no debía hacer eso, que tenía que descansar, pero no lo hizo, discutir sólo hubiera servido para no salirse con la suya y agotar todavía más a Dean.
Al fin y al cabo, Don había descubierto que Dean era una persona bastante fácil de manejar, no estaba seguro, después de haber escuchado la historia de su vida, si era porque se sentía falto de cariño, de alguien que realmente cuidara de él y se preocupara por lo que podía pasarle o porque realmente era así, pero Don había aprendido que las caricias parecían ser la forma más fácil de convencer a Dean, los besos en el cuello, por muy enfadado o muy en sus trece que estuviera, le bajaban los humos y si al mismo tiempo hundía sus manos entre su pelo, la cosa era mucho más sencilla todavía.
Así lo había hecho y así había funcionado otra vez. Por fin había dejado de lado el ordenador. Don se había tumbado en la cama a su lado, casi sin esfuerzo, con sus manos a ambos lados del cuerpo de Dean y su boca atrapando los labios de este. Poco más hacía falta para atraer toda la concentración de Dean.
Sin embargo, esa noche, el cazador se encontraba mucho mejor, lo suficiente como para no rendirse sin luchar, como para no dejar que Don hiciera lo que quisiera con él. Sin que el federal se lo esperara, Dean agarró con fuerza su camiseta y tiró de él hasta que pudo hacerse con su boca, besándole con intensidad, sacando del interior de Don un intenso suspiro.
"Tendrías que descansar." Dijo Don en un suspiro. Dean no contestó, simplemente, empujó el cuerpo del federal sobre la cama a su lado y con un impulso rápido se puso sobre él.
Don sonrió, desde luego, Dean estaba mucho mejor. "Ya te he dicho antes, que sigo siendo un cazador, eso no lo vas a cambiar." Dean elevó las manos, sujetando con fuerza las de Don sobre su cabeza, impidiéndole poder moverse. Dean también sonrió, pero en su sonrisa apenas hubo dulzura, sino más bien fue una sonrisa de todo un cazador, teniendo bajo su absoluto control a su presa. "Llevo demasiados días sin cazar y ya no lo puedo aguantar más."
Don abrió la boca para contestar, pero Dean aprovechó el momento para evitarlo, cerrándosela con un fuerte e incluso agresivo beso. Mordió su labio inferior, y de nuevo le hizo suspirar, aunque más se pareció a un gemido. Don se retorció en la cama, intentando soltarse, pero el cazador estaba haciendo demasiada fuerza para evitarlo.
Tan sólo se habían costado una vez, después todo se había complicado demasiado, tanto que el destino tan sólo les había permito algún que otro beso esporádico, intenso y maravilloso, pero esporádico al fin y al cabo. Ahora era su momento otra vez, los dos lo sabían, aunque ninguno de los dos dijo nada, tan sólo se dejaron llevar, Dean tan sólo actúo, tan sólo dejó que sus manos se movieran por el cuerpo del federal, que se deshicieran de su camiseta y acariciaran su piel, tan sólo actuó; su mente había dejado de trabajar.
Don lo miraba, ahora que le había liberado las manos, podía tocarle, podía tratar de frenarle, si realmente llegaba a ver que estaba agotado. Lo vio comenzar a sudar y en cualquier otro momento le hubiera detenido, podría haberse comportado como el agente que era y podría haberle sujetado. Pero no lo hizo, ni siquiera se movió.
Estaba convencido de poder controlar al cazador, pero no se había dado cuenta que Dean también había aprendido mucho de él, que la fiebre no le había impedido observarle y ya sabía que susurrarle al oído lo desarmaba, pero si al mismo tiempo deslizaba sus manos por su vientre y comenzaba a desabrocharle el cinturón, entonces el federal se convertía en una balsa de aceite.
Los primeros minutos de adueñarse del territorio, de ser quien dominara la situación, quien besara primero, que manos tocaran el cuerpo del otro primero y quien fuera el primero en morder o tocar allí donde toda la resistencia terminaba completamente; habían pasado y a todo eso daba completamente igual, pues ambos besaban el cuerpo parcialmente desnudo del otro sin pensarlo, ambos, tocaban sin consideración hasta que el otro gemía con fuerza y una hora más tarde, ambos cayeron sobre la cama, sudorosos y agotados.
Dean abrazó al federal, cuando este no se lo había esperado, pero también le abrazó y un momento se dio cuenta que el cazador se había quedado dormido. Seguramente, el esfuerzo había sido excesivo, pues todavía no estaba recuperado del todo. Pero no le importaba, después de unas horas de reposo se encontraría otra vez bien. Dean apoyó la cabeza sobre el pecho de Don cuando ya se había dormido, de otra forma nunca lo hubiera hecho. Don sonrió y le acarició el cabello, escuchándolo suspirar con intensidad.
- o -
Entonces Colby había llamado y el bonito sueño de que las cosas podían salir bien, que podían empezar a tener una relación de verdad, se terminó de golpe cuando escuchó aquello de que Charlie había desaparecido.
Al colgar el teléfono, Don se dio la vuelta, quería decirle a Dean todo lo que acababa de pasar y convencerle de que no fuera con él, que podría encargarse de todo, mientras Dean se quedaba descansando.
Sin embargo, cuando por fin miró a Dean, allí tumbado, afortunadamente todavía dormido, pues no había escuchado su conversación con Colby, se dio cuenta que no podía hacerlo. Sam también había desaparecido, si su hermano también había sido secuestrado, no habría forma de impedir que le acompañara. Como si supiera que algo ocurría Dean abrió los ojos, no se movió, pero fijó su mirada en el federal y por mucho que Don intentó que no se le notara, Dean supo que algo había cambiado, que algo malo había sucedido en ese rato.
"¿Qué ocurre, Charlie está bien?" Dean se incorporó. El rato que había estado durmiendo, le había sentado bien, pero no lo suficiente como para que no sintiera todavía, ganas de vomitar al intentar levantarse.
Don fue hasta él y con un rápido gesto, colocando bien la almohada tras su cabeza, hizo que se volviera a tumbar y volvió a taparle con la sábana. Un momento después se sentó a su lado.
"¿Don, que pasa?"
Don tardó un momento en contestar, no sabía muy bien podía decirle, pues todo lo que se le ocurría iba a terminar seguramente de la misma manera. Respiró profundamente y finalmente se decidió a hablar. "Charlie ha desaparecido."
"¿Qué, como han podido dar con él, estaba protegido por tus agentes y Sam…" Dean se volvió hacia el federal, pero sin que este le dijera nada, Dean ya sabía lo que le iba a decir. "Sam está bien ¿verdad?" El silencio proveniente de Don fue todo lo que Dean necesitó para obtener su respuesta.
Se levantó rápidamente, tanto que no pudo evitar volver a sentir las mismas nauseas y el atontamiento general. Pero no le importó, ahora nada de eso le importaba lo más mínimo, pues algo le había pasado a su hermano pequeño. "Don, dime lo que le ha ocurrido a mi hermano."
"También se han llevado a Sam. No sabemos como ha ocurrido, ni tampoco…"
"¿Cómo que no sabéis como ha ocurrido? Se supone que vosotros sois los federales, los que protegéis a la gente. Por el amor de dios, estamos hablando de la desaparición de mi propio hermano." Dean se detuvo en seco nada más escuchar sus propias palabras. Miró a Don y se dio cuenta como había podido meter la pata hasta el fondo, con esas simples palabras. "Lo siento, no pretendía decirlo así. También se trata de tu hermano y él lo ha pasado mucho peor, pero cuando algo así le pasa a Sam, no se, no pienso en nada."
La acelerada respiración de Dean, hizo sonreír al federal. No sabía porque quería hacerlo, ni como le sentaría a Dean, pero necesitaba hacerlo y sin decir nada, sin preguntar, se abrazó a él con fuerza, apretó su cuerpo contra el del cazador y sintió que un momento más tarde, este hacia lo mismo, rodeando con sus brazos su cuerpo.
Ambos se quedaron ahí un momento eterno, no sabían por cuanto tiempo, pero eso les reconfortaba, no les devolvería a sus hermanos, pero saber que tenían a alguien a su lado, que sentía lo mismo que el otro, que les comprendía mejor que nadie en el mundo, era una pequeña ayuda al menos.
"Lo siento." Dijo de nuevo Dean, con su cabeza apoyada sobre el hombro de Don, sintiendo su respiración, tranquila, pero demasiado forzada, seguramente el federal no quería demostrar lo alterado que estaba por la desaparición de su hermano. "Los vamos a encontrar."
Don se separó de él, sin soltarle, con las manos sobre los hombros de Dean. Sabía que el chico le iba decir algo parecido, pero de todas formas, tenía que intentar disuadirle. "¿Cómo que iremos? Por si no te has dado cuenta tu tienes que descansar." Dean iba hablar pero Don no le dejó. "No me dejaste llevarte al hospital, pero si estuvieras allí, todavía no te habrían dado el alta." Don puso su mano sobre la frente de Dean, demostrando que tenía razón. "¿Sabes que te ha vuelto a subir la fiebre? Hasta que no te baje no vas a…"
"Vale." Le interrumpió de repente Dean, con una media sonrisa en los labios y su mano sobre la boca de Don para impedir que volviera a hablar. "Podemos hacerlo esto de dos formas, puedes irte sólo y descubrir allí que te he seguido o podemos ir juntos, me vigilas todo lo que tu quieras para que no me exceda y trabajamos en el caso tu y yo."
Los dos guardaron silencio, por mucho que le fuera a decir, Dean ya había tomado una decisión y eso el federal lo sabía muy bien. No iba a impedir que Dean le siguiera, a menos que lo esposara a la cama, cosa que le encantaría en otra circunstancia. Por ello, no le quedó más que una posibilidad.
"Muy bien, vendrás conmigo, pero nada de persecuciones y heroicidades, aquí el que manda soy yo, te guste o no y si te digo que te quedes en el coche, te quedas." Dean nunca le había escuchado hablar así, no cuando usaba toda esa autoridad, no cuando el federal sabía que Dean no haría nada para llevarle la contraria.
Por ello, Dean no dijo nada, tan sólo sintió el deseo irrefrenable de besarle, no porque quisiera nada, no porque le gustara esa situación, sino porque tenía miedo, no sabía de que, o realmente porque eran demasiadas cosas, pero estaba aterrado. Había perdido a su hermano y no sabía lo que esa gente podía hacerle, Don quería cuidar de él, pero al mismo tiempo tenía que encontrar a Charlie, lo cual le había débil, pensando en demasiadas cosas al mismo tiempo y podría hacer que le ocurriera algo y algo le pasaba a Charlie… Dean terminaría por sentirse culpable y seguramente eso no le permitiría ser el mismo nunca más con Don.
No podía permitirlo, nada de so podía ocurrir, no quería que pasara nada, pero al mismo tiempo se sentía demasiado débil como para estar seguro de poder hacer algo contra los acontecimientos que tenía delante.
Por todo ello le besó, con una mano sobre su nuca, con la otra atrayendo su cintura, le besó con fuerza, con pasión y rabia, le besó hasta sentir que se quedaba sin aire, hasta que no pudo más, hasta que no pudo respirar más, hasta que Don suspiró, al mismo tiempo que él, hasta que lo volvió a abrazar y arañó su espalda.
Don también estaba asustado, ahora Dean ya estaba seguro de eso. Los dos compartían el mismo sentimiento y ese beso fue una declaración de ambos, una declaración silenciosa, pero sincera, callada, pero casi parecieron escucharla los dos a gritos. Los dos estaban asustados, los dos tenían miedo por todo lo que estaba ocurriendo y los dos temían que el otro sufriera o pudiera llegar incluso a morir, pero ninguno dijo nada más que el intenso suspiró que los unió en ese momento. Nada más fue necesario para que ambos entendieran en ese preciso momento un "te quiero" apasionado.
- o -
El más absoluto de los silencios rodeaba a Sam, no sabía como había llegado allí, aunque si que recordaba como los habían secuestrado a él y a Charlie. recordaba bien cuando aquel hombre había abierto la puerta de golpe, cuando él se había puesto delante de Charlie para protegerlo y cuando el hombre dando tan sólo un par de pasos rápidos se había puesto frente a él con el arma en la mano y le había golpeado.
Sam trató de reaccionar pero el siguiente golpe, en las costillas no pudo frenarlo, aunque si que pudo golpear al hombre en la pierna hasta que perdió el equilibrio y calló al suelo. Charlie se hizo con su arma y le apuntó. Se le veía asustado y no era para menos, incluso Sam estaba asustado.
El hombre se quedó en el suelo y Sam pensó que por fin lo habían detenido, sin embargo, la suerte terminó pronto cuando un disparó sonó desde la puerta. Afortunadamente para ellos había sido hecho al aire, pero cuando los dos vieron a los otros tres hombres allí plantados apuntándoles, se dieron cuenta que la suerte se les había acabado.
"No queremos hacer esto por las malas, pero escúchame Sam Winchester, nos vamos a llevar al profesor de una forma o de otra, tu sólo eres alguien adicional, podemos encontrar a otro y matarte aquí mismo." Los hombres seguían apuntándoles y aunque Charlie no había bajado todavía el arma del otro hombre, se quedó mirando a Sam, que simplemente asintió.
No podían hacer nada, no podían ganar, al menos en ese momento, al menos mientras sus hermanos no fueran a ayudarles. Lo mejor era seguir el juego y ganar un poco de tiempo.
Charlie bajó por fin el arma y el hombre del suelo se levantó, golpeando con dos rápidos movimientos tanto a Charlie como a Sam. El profesor se tambaleó y calló a suelo, pero Sam que ya se había puesto en pie consiguió mantener el equilibrio.
"Ya basta, los necesitamos vivos, sobretodo al profesor, así que olvídate de vengarte con él, pronto se unirá al maestro y entonces desearás no haberle golpeado." El hombre no dijo anda, tan sólo asintió y por un momento Sam y Charlie se miraron, sin saber lo que iba a ser de ellos a partir de ese momento, tan sólo un instante antes que los dos dardos tranquilizantes impactaran en sus cuerpos.
Ahora Sam se había despertado, pero Charlie no estaba con él. Pensó en Dean y esperó que aquellos hombres no hubieran ido a por él, suponía que no estaría en su mejor momento para enfrentarse a ellos.
"Me alegro de verte despierto, justo a tiempo para comenzar el ritual." El hombre que tenía delante, era el mismo que había ido a buscarles. "Por cierto, tu hermano está en camino, será una bonita reunión familiar." El hombre se dio la vuelta y sin esperar la respuesta de Sam salió de la habitación.
