Don estaba sentado en la sala de espera, al fin y al cabo solo había podido entrar Sam como su hermano; legalmente no era de su familia. Estaba alterado por todo. Charlie seguía desaparecido, cuando habían llegado a la casa, había restos de que su hermano pequeño había estado allí, incluso había sangre, pero Charlie no estaba, se lo habían llevado de nuevo y ahora si que no tenía ninguna pista del paradero. Habían registrado todo el lugar, de arriba abajo, incluso cuando se habían llevado a Dean al hospital, él se había quedado con Colby; pero aún así no había ningún indicio sobre donde podía encontrarse ahora su hermano.

El médico salió de la habitación donde estaba Dean. Sam se había quedado dentro, a pesar de que le habían dicho que tenía que descansar por la pérdida de sangre, él no había querido hacerlo y se había quedad todo el tiempo al lado de su hermano.

Don no había visto desaparecer en el interior de la habitación y durante un momento, creyó odiarlo, él podía estar con su hermano, aunque estuviera mal, por mucho que la fiebre hubiera vuelto a subir o por muchos golpes que le hubieran dado, Sam sabía que su hermano mayor se recuperaría y podía estar a su lado todo el tiempo que quisiera.

Él no podía hacer lo mismo. Charlie estaba lejos, no tenía ni idea de donde y podía estar pasándolo realmente mal. Podía estar llamándolo, rogando para que Don le salvara, pero el federal no podía escucharle, no lograba encontrarle.

Se odiaba a si mismo por haber perdido a su hermano y por más que deseaba ocultar sus sentimientos, también era cierto que se odiaba por haber permitido que Dean sufriera por su culpa.

"Agente Epps." Dijo el médico al llegar donde se encontraba Don. El federal se levantó casi de un brinco, nervioso por lo que le pudiera decir el doctor.

"¿Cómo está?" Se cruzó de brazos para no parecer más ansioso de lo que ya estaba y los apretó con fuerza contra el pecho. No podía ni quería pensar lo que pasaría por su cabeza si le decía que Dean estaba peor de lo que creía o que la recuperación llevaría más tiempo por alguna complicación.

"Débil, pero estable." Le médico miró el archivo que tenía entre las manos, echando una hojeada rápida. "¿Cuánto hace que la fiebre es tan alta? Por lo que he visto, hace varios días que su estado es bastante delicado."

Don tardó unos instantes en contestar. Aquello que tanto temía que le dijeran, parecía estar llamando a su puerta. "Una semana, más o menos, aunque esta mañana, la fiebre casi había desaparecido."

"¿Intenta decirme que ha estado con cerca de cuarenta de fiebre desde hace una semana y todavía no lo ha traído al hospital?"

"Es complicado." Don desvió la mirada, le costaba mantener los ojos puestos en el hombre que le estaba diciendo algo parecido a que Dean había estado cerca de morir por no haberle convencido de ir a un hospital.

"¿Qué tiene de complicado preocuparse por la salud de su novio?"

"Eh, un momento." Entonces Don se cayó. Fue entonces cuando se dio cuenta que su reproche no iba a ser porque aquel hombre hubiera insinuado que Dean y él fueran pareja, pues al fin y al cabo, eso no le había importado, sino más bien todo lo contrario.

Su mayor problema era que le había dicho que no se había preocupado por él, cuando había pasado noches enteras sin dormir y cuando tal vez, por haber estado todo el tiempo preocupado por el hombre del que se estaba enamorado irremediablemente, estaba a punto de perder a su hermano pequeño.

"No, espere usted un momento. Se que su investigación es muy importante, pero el hombre que está ahí dentro, tardará una semana más en ponerse en pie. Si hubieran venido hace siete días, posiblemente ahora, estaría allí fuera con usted, investigando el caso."

Don se quedó pálido. ¿Realmente había dicho que tardaría una semana más en levantarse de la cama? La última vez que lo había visto, estaba bien, al menos lo suficiente como para salir de casa.

"¿Tan grave es?" Se sentó de nuevo en la silla blanca y se cubrió el rostro con las manos, suspirando con fuerza. Lo había estropeado todo.

Si hubiera tenido un poco más de autoridad con Dean, si hubiera insistido en que no saliera, en que podía encargarse él del caso… Pero estaba su hermano, Sam había estado en peligro y ahí si que no podía hacer nada para evitarle ir.

"Con los cuidados adecuados y con mucho reposo estará perfectamente en unos días. Ahora sólo me preocupaba bajarle la fiebre y las dos costillas fracturadas."

"¿Las dos que?"

- o -

Los recuerdos de las horas anteriores, cuando habían encontrado a los dos hermanos en aquella casa, volvieron con fuerza a su mente. Recordaba haber abierto esa puerta y entrar en la habitación.

Sam estaba en el suelo, tenía varios cortes bastante profundos en los brazos que no dejaban de sangrar, pero en lugar de intentar cortar la hemorragia, no se separaba de su hermano, lo sostenía con fuerza contra él. Dean estaba inconsciente y sobre su frente había pequeñas gotas de sudor.

"Creo que vuelve a tener fiebre." Sam contemplaba en rostro pálido de su hermano y cada pocos segundos le quitaba el sudor de la frente y las mejillas. "Tenemos que llevarlo al hospital, puede que hace unos días no quisiera ir, pero ahora no podemos hacer otra cosa."

Don se acercó a ellos y se arrodilló junto a Dean. Colby había desaparecido de su lado, obviamente había ido en busca de pruebas que le pudieran ayudar a encontrar a Charlie. Don sostuvo una de las manos de Dean y le comprobó el pulso. Era acelerado y algo errático.

"Tienes razón. ¡Chicos necesito asistencia médica en seguida y que venga una ambulancia!" Don se fijó en las heridas de los brazos de Sam. "También deberían verte esos cortes, no tienen buena pinta."

"Lo se, pero Dean… Sólo quería protegerme, siempre lo hace. No quería que me hicieran nada y ahora… Él necesita la ayuda médica más que yo."

"Lo se." Sam se sentó en el suelo, obviamente la pérdida constante de sangre estaba haciendo estragos en él. Soltó poco a poco el cuerpo de su hermano, sabiendo que Don se haría con él. Cerró un instante los ojos y enterró la cabeza entre las rodillas, desde luego el pequeño de los Winchester, no se encontraba nada bien.

"Vas a salir de esta, ¿Me oyes Dean? No te atrevas a rendirte ahora." Dean se removió en sus brazos y emitió un sonido débil que Don no fue capaz de comprender. Al menos seguía ahí y parecía que quería responderle. "Todavía tenemos que encontrar a mi hermano y todavía tengo que decirte…" Dejó de hablar.

Le había dado muchas vueltas a lo que estaba a punto de decirle como para hacerlo ahora que seguramente Dean no iba a escucharle o cuando despertara no iba a recordar. Se acercó a él y deposito un beso sobre su cabello, abrazándolo con más fuerza, deslizando sus manos por su espalda tratando de reconfortarlo.

Entonces no pudo aguantarlo más, estaba tan cerca de él, con su aroma recorriendo todo su cuerpo, su piel suave contra la suya y la debilidad de todo su cuerpo, que tan sólo se sostenía gracias a él.

Cerró los ojos, sabía que había allí mucha gente, mucha más de la que le hubiera gustado para decir aquello, pero parecían estar solos, cuando acercó sus labios al oído del cazador y le susurró despacio.

"Te quiero." Entonces todo se precipitó, un momento después, aparecieron los médicos y pese a no querer hacerlo, tuvo que separarse de Dean, vio como se lo llevaban, y deseó que al menos, hubiera escuchado sus palabras, pues no estaba seguro de poder volver a repetirlas cuando el cazador estuviera consciente.

- o -

"Dos costillas fracturadas. Parece producido por un fuerte golpe, tal vez un patada, pero no estamos todavía seguros." Don no dijo nada, no sabía nada de eso, pero tras recordar lo que le habían hecho a Sam, "Sólo quería protegerme, siempre lo hace. No quería que me hicieran nada"

"Gracias por todo, doctor." El hombre asintió, al darse cuenta que Don por fin había comprendido la situación en la que se encontraba Dean.

El médico desapareció y Don no tardó en entrar en la habitación. Allí se encontró de nuevo a Sam y se fijó en los vendajes que cubrían sus dos brazos. Sam levantó la vista de su hermano y le saludo con un gesto de cabeza.

"Se ha dormido hace un rato, estaba agotado." Se acercó al federal. "Voy a buscar un café, volveré dentro de media hora." Aunque con tristeza en la mirada, ambos sonrieron, pues parecían tratarse ya como los típicos cuñados.

El pequeño de los Winchester salió de la habitación y Don tomó sitio donde había estado sentado él, junto a la cama de Dean. Igual que había hecho antes, alcanzó una de las manos de cazador y notó que estaba fría.

"Mira que eres testarudo. Si me hubieras hecho caso antes, ahora estarías bien."

"Lo siento." Don tensó el cuerpo, no esperaba que Dean estuviera despierto y le hubiera escuchado y mucho menos escucharle pedir perdón de esa forma tan inocente. "Todo ha sido culpa mía."

"¿Se puede saber de que estás hablando? Veo que todavía tienes mucha fiebre." Aunque había sido una frase hecha, Don palpó la frente de Dean y se dio cuenta que era verdad, la fiebre todavía seguía siendo muy alta.

"Deja de hacerme sentir bien." Dean intentó darse un poco la vuelta, pero entonces se dio cuenta del dolor en sus costillas. Se detuvo y apretó con fuerza los ojos, emitiendo un leve gemido provocado por el dolor.

"No lo hago por hacerte sentir mejor, es la verdad, tu no tienes nada que ver con lo que ha pasado."

"Eso no es cierto, si te hubiera hecho caso, si te hubiera dejado llevarme hace una semana al hospital tu hermano estaría contigo, a Sam no le hubiera ocurrido nada…"

"Y tu podrías haber muerto." Dijo Don con contundencia.

Dean abrió los ojos, encontrándose con la mirada cansada pero todo lo serena que le fue posible, de Don. Apretó su mano con fuerza pues se trataba de uno de los pocos movimientos que no le hacían daño al llevarlo a cabo.

"Como ya te dije no me gusta ser la damisela en apuros." Don se echó a reír. "Yo soy el que cuida de Sam, me preocupo siempre por él y si a mi me ocurre algo…"

"Ya, bueno pues ahora las reglas han cambiado ligeramente. Si a Sam o en mi caso a Charlie, les ocurre algo, nos ocupamos los dos." Lentamente comenzó a acariciar el brazo de Dean y mientras este iba cerrando los ojos de nuevo, lo escuchó ronronear como un pequeño gatito.

"Y si a ti te ocurre algo, yo cuidaré de ti, por mucho que no sea tu estilo el personaje damisela en apuros." Se incorporó y se sentó en la cama, notando junto a él el cuerpo de Dean. "me gusta ser tu…" Dean parecía haberse quedado dormido. Acarició su frente y se lo quedó mirando.

"No se te ocurra decirlo, creo que ya hemos rebosado la cursilería por hoy." Dean abrió de nuevo los ojos. "Bueno tal vez si te digo algo más no sea excesivo." Don lo miró extrañado, sin saber muy bien de lo que estaba hablando. "Yo también te quiero."

Don había estado creyendo durante todas aquellas horas, que no le había escuchado, que se había quedado inconsciente y no había llegado a oírle. Dean alargó una mano hasta alcanzar la cazadora de Don e hizo que se acercara a él.

Sus labios estaban fríos, pero a Don no le importó, poder besarle de nuevo, era todo lo que había deseado desde que habían llegado al hospital, besarle porque estuviera bien, besarle porque se fuera a recuperar, besarle por el susto que le había dado.

Pero sobretodo, besarle por el miedo que había inundado su cuerpo desde que las pistas sobre Charlie se habían terminado, porque no quería pensar que podrían no volver a verle más o que en unos pocos días, pudieran encontrar su cuerpo en cualquier cuneta sin que hubiera podido hacer nada.

Don tenía miedo, pero estar al lado de Dean, poder protegerle, no como si fuera su hermano si no como su pareja, su novio, como había dicho el médico, como su amante, era lo único que le hacía sentir bien en ese momento.