Don había estado enamorado pocas veces en al vida, el trabajo y el ajetreo diario, apenas se lo habían permitido. Además, desde la muerte de su madre y el haber tenido que volver a casa, no le habían puesto las cosas fáciles. Se podría decir que el amor no era algo que realmente le hubiera preocupado nunca, por mucho que su padre estuviera siempre empeñado en que le presentara a su novia, lo cual significaba a su futura nuera.

Si su padre lo viera ahora, sentado junto a la cama de quien era casi un extraño y lo que era peor todavía, un fugitivo, con o sin motivo a quien buscaba la justicia en varios estados. Si, esa era la persona por la que estaba perdiendo horas de sueño, por la que se estaba preocupando, tanto como por su hermano.

Charlie estaba desaparecido, todo el equipo estaba buscándolo y de una manera u otra, incluso el propio Colby, que no había más que trabajar sin descanso para encontrar a Charlie, le había dicho que se fuera hospital, que en cuanto supieran algo se lo dirían. ¿Tanto se le notaba que estaba preocupado por Dean?

Mientras lo miraba, Dean se removió en la cama y se dio la vuelta hacia Don. Allí también estaba su hermano, sentado junto a la ventana, como la mirada perdida en ninguna parte.

"¿Hace mucho que me he dormido?" Don se acercó a él y le acarició la frente, afortunadamente, la fiebre había bajado, incluso casi había desaparecido. Dean sonrió y se hizo un ovillo contra su mano, recordándole a un gatito.

"Cuatro más o menos, pero las necesitabas, tanto pensar en como salvar a mi hermano te dejó agotado." Don sonrió, aún en sus peores momentos, Dean sentía intentando ayudarle, ¿podría encontrar alguna vez alguien que fuera tan parecido a él?

"¿Has averiguado algo nuevo?" Sin que Don pudiera llegar a contestar, sonó su teléfono móvil, se levantó y se apartó un momento, al ver que la llamada era de Colby. "Sammy, tienes mala cara."

Sam no contestó, desde luego que la tenía, apenas había dormido desde que Dean había entrado en el hospital, ni si quiera había hecho caso al médico que le había dicho que tenía que descansar después de la pérdida de sangre.

"¿Cómo estás tu?" Dijo Sam mientras veía que Dean intentaba incorporarse un poco en al cama.

"Al menos ahora puedo mantenerme despierto y creo que ya no habrá más delirios en los que pueda decir nada comprometido." Si por el mismo fuera, no recordaría haber dicho nada fuera de lo normal por culpa de la fiebre. Pero que mejor que tener un hermano que está dispuesto a meterse contigo, para decirle que había soñado con Don y de una forma un tanto poco moral.

"Era Colby, han encontrado una pista sobre Charlie o que más bien, la han dejado a posta." Don se volvió a sentar junto a Dean, mientras los dos hermanos lo observaban en silencio.

"¿Cómo que la han dejado, quieren que lo encontremos?" Dean había empezado a incorporarse, pero se dejó caer de nuevo en la cama, todavía estaba demasiado cansado como para pensar en ponerse en pie.

"No lo se, pero Colby dice que los rastros son demasiado evidentes, que no han podido pasarlos por alto, que la sangre de tu hermano no se han podido dejar olvidada sin más."

Los dos hermanos se quedaron mirando, mientas Don esperaba sus reacciones. "¿De que sangre estás hablando? ¿Sam porque no has dicho nada? ¿Te hicieron algo mientras te tuvieron secuestrado?"

"Vamos tranquilízate." Don se acercó a él y lo sostuvo antes de que pudiera llegar a levantarse. "No hace falta que te pongas así." Sin darse cuenta le besó. Unos días antes, eso hubiera sido demasiado imposible de pensarlo, besarle en público, por mucho que sólo fuera delante de su hermano, hubiera sido incapaz de hacerlo, pero ahora, parecía lo más natural del mundo.

Con ese beso, Dean pareció calmarse, al menos lo suficiente como para respirar con tranquilidad y permitir que Sam explicara su versión de los hechos. "Ese tío estaba a punto de matarte. ¿Por qué crees si no que estás aquí?"

Dean no contestó. En realidad no recordaba mucho. A su mente venían escenas sueltas de lo que había ocurrido. Se veía a si mismo en el coche de Don, esperándole allí y luego, casi nada, si recordaba un fuerte dolor, pero no sabía si le habían golpeado, la fiebre le había vuelto a subir y lejanamente creía escuchar la voz de Don, pero no estaba seguro de nada.

"Dean, nada de esto es culpa tuya." Le dijo Sam, como si le hubiera leído la mente.

"¿Por qué lo dices?" Hacerse el loco era una de las grandes habilidades de Dean, sobretodo cuando no quería tratar un tema.

"Piensas que si me hicieron algo o si le ocurre algo a Charlie, será porque tu estuviste en medio y no lo pudiste evitar." Dean lo miró con cierto odio en la mirada, porque no soportaba que su hermano lo conociera tan bien. "Además si no hubieras…"

"Muy bien, ya lo he pillado." Dean apartó la mirada, no quería escuchar en voz alta sus propios pensamientos. Se volvió a acurrucar. Desde que era niño no lo hacía, pero esta vez tenía a alguien que le abrazara, no echaba en falta a su padre para que le ayudara a sentirse mejor.

Don se acercó a él y le abrazó con fuerza. Dean apoyó la cabeza sobre su hombro y ocultó el rostro contra su cuello, aspirando su dulce aroma. Allí se sentía bien, en ese pequeño rincón, no había sectas peligrosas, no se sentía culpable por nada y no quería desaparecer, simplemente deseaba quedarse ahí para siempre.

"Ve a por Charlie." Dijo finalmente Dean, con un hilo de voz que sólo escuchó el federal. "Tu hermano te necesita, tienes que cuidar también de él." Don sonrió, sin que Dean pudiera verle.

Siempre había sabido, desde que vivía en Los Angeles y trabajaba junto a su hermano, que habría gente que querría hacerle daño a Charlie, por lo que tendría que estar siempre al tanto de él.

Pero no se había imaginado estar con estaba en ese momento, que el hombre del que se había enamorado ese fugitivo, que Don no estaba muy seguro a se dedicaba, estaba en sus brazos, acurrucado, diciéndole que podía irse a proteger a su hermano.

Don se separó de él y lo miró a los ojos. "¿No vas a venir detrás de mi en cuanto salga por la puerta y tenga que salvarte otra vez?" Aquella sonrisilla de maldad que se dibujó en el rostro de Dean, casi consiguió derretirlo, pero mantuvo la compostura, sin que ninguno de los dos se diera cuenta.

"¿Crees que podría escaparme teniendo a este cerca?" Dijo Dean señalando a su hermano. "¿De quien crees que aprendió lo que sabe en cuanto a buscar y rastrear?"

"Te recuerdo que no soy un perro." No es que le molestara lo que estaba diciendo su hermano, pero sentía que sobraba en ese momento, aunque no fuera a moverse, por el mismo motivo que había dicho su hermano que no podría irse Dean.

"Te prometo que no me moveré de aquí, descansaré todo lo que pueda y estaré dormido cuando vengas." Don volvió a sonreír, apenas era capaz de soportar la dulzura con la que Dean le hablaba en ocasiones, tan alejada de ese tipo duro al que había conocido y que el chico intentaba que todo el mundo viera en él.

Volvió a besarle, justo en el momento en el que una enfermera entraba en la habitación, pero que más daba eso ya, que les viera todo el mundo, que le escuchara suspirar, mientras Dean le besaba y le abrazaba, que todos supieran que estaba enamorado y no había nada que quisiera hacer para evitarlo ya.

"Vale, me voy, pero nada de preocuparte, no quiero tener que pensar que lo estás pasando mal." Un último beso de despedida y Don se levantó de la cama. Finalmente sus manos, que habían estado entrelazadas desde que Don se había sentado en la cama, tuvieron que separarse.

Dean tuvo que ver como el federal desaparecía por la puerta y al hacerlo, suspiró. "¿De verdad vas a cumplir tu palabra?" Dean se volvió hacia su hermano que lo miraba con cierta incredulidad. "¿No vas a intentar ir tras él cuando yo no te vea y no vas a intentar despistarme?"

"Se lo he prometido."

"¿Cuándo te ha importado eso? ¿Tengo que recordarte las veces que nos hemos prometido algo y nos ha faltado tiempo para hacer lo contrario?"

"Ahora es diferente." Dijo Dean, con la mirada todavía clavada en la puerta, que se volvió a abrir, cuando la enfermera salió de nuevo con los papeles que había ido a buscar.

"Oh dios mío. Creía que no era para tanto, pero veo que te has enamorado." Dean no contestó, parecía estar perdido en otro sitio. "¿Se hace raro verdad?"

"¿De que estás hablando?"

"Ver que una persona a la que estimas mucho, te deja atrás y se pone en peligro sin que tu puedas hacer nada." Dean sabía perfectamente que hablaba por su padre, cuando los dejaba solos de pequeños y cuando Dean le acompañaba y él tenía que quedarse atrás por ser demasiado joven. "No es fácil pero te acostumbras ello."

"No quiero acostumbrarme a nada, no quiero ser el que se queda atrás, no soy el que se queda atrás."

Sam se sentó a su lado, sonriendo con ternura. "No siempre se puede ser el héroe, a veces es bueno que otras personas te ayuden." Dean bajó la mirada hacia el brazo de Sam que todavía estaba vendado. "No es nada, sólo querían un poco de sangre, supongo que forma parte del ritual… de Charlie."

"Yo debería estar con él." Dijo su hermano para si mismo.

- o -

"Muy bien profesor, la hora ha llegado." La puerta de la celda en la que lo habían encerrado se abrió de golpe y durante un momento los ojos de Charlie fueron incapaces de ver nada.

Alguien lo levantó del suelo y le ató las manos con fuerza, para luego empujarlo fuera de la habitación. Fuera había mucha gente, pero lo que realmente le impresionó fue, el gran diseño que había en el medio de la habitación, un gran pentáculo hecho con sangre, se preguntó de quien sería, pero el empujón que le obligó a caminar hacia el centro, lo despistó por completo.

"Bienvenido profesor, el maestro está esperándole."

"¿Quién es el maestro, de que están hablando?" Un nuevo empujón le hizo dar dos pasos más y cuando quiso darse cuenta, esta en el interior del gran símbolo.

Todos a su alrededor se quedaron en silencio durante un momento; tanta gente mirándole con los ojos clavados en él, no le hacía gracia. Sin embargo, no pudo pensar más en eso, la tierra comenzó a temblar a su alrededor y el pentáculo se resquebrajó. Un extraño humo salió del medio y rodeó a Charlie.

"¿De que va todo esto, que están haciendo?"

"El maestro ha llegado y está muy complacido con el sacrificio de sangre del joven Winchester, su sangre es muy especial y ahora desea entrar en su cuerpo, profesor y tomar posesión de lo que le corresponde."

"Están completamente locos." El humo se fue haciendo más denso, hasta que rodeó todo su cuerpo, ya no podía ver nada, no había absolutamente manda fuera de ese abismo negro.

Entonces vio el rostro, era horrible, aquellos dos ojos que parecían atravesarle y que nada más verlos, hubiera gritado, pero no pudo, estaba paralizado y no podía hablar ni moverse, sabía que esa cosa lo estaba haciendo y que no podría pararlo.

"Colby, Don." Dijo en su cabeza en el último momento, cuando su mente todavía le pertenecía.

Un segundo más tarde ya no había nada, ni humo, ni miedo, ni esos terroríficos ojos, todo había desaparecido, incluso el mismo, pues se veía a si mismo, su cuerpo moviéndose, su boca hablando y sus manos gesticulado pero no era él quien controlaba sus movimientos.

"Tanto tiempo esperando. Pero creo que ha merecido la pena, la sangre ha sido la llave que he estado esperando tanto tiempo para salir del infierno. Había oído hablar tanto de Sam Winchester… pero todo ha salido bien." Miró sus manos y sonrió. "Me gusta este cuerpo, es joven y su mente prodigiosa, me servirá para mis planes.

La vez de Charle gritó en su interior, pero no pudo conseguir nada para que fuera escuchada. Se había convertido en un monstruo, Dean y Sam tenían razón sobre los demonios y ahora él se había convertido en uno.