Durante el trayecto hasta la casa de los Epps, Dean permaneció con la cabeza apoyada en la ventanilla del coche de Don, con los ojos cerrados, en silencio. De vez en cuando el federal se lo quedaba mirando, esperando que en algún momento le dijera como se encontraba realmente; pero para su pesar, no lo hizo.

Por fin paró el coche junto al garaje, allí no estaba el coche de su padre, por lo que se ahorraría tener que darle explicaciones sobre el extraño que estaba en su casa, al menos por el momento.

Dean parecía no haberse enterado del momento en el que se habían detenido, pues se quedó como estaba, con los ojos cerrados; tanto era así, que parecía profundamente dormido. Don bajó del coche y fue hasta la otra puerta, abriéndola con cuidado.

El cazador se removió en ese momento y lo se lo quedó mirando, con los ojos ligeramente vidriosos. Seguramente tendría algo de fiebre todavía.

"No me lleves de vuelta al hospital por favor." Le había rogado Dean, con una voz que casi había sonado infantil. Negarse había resultado imposible, incluso para un federal, pero ahora comenzaba a arrepentirse.

Si Dean volvía a recaer, si empeoraba por no haberlo llevado al hospital a tiempo, no se lo perdonaría, pero aquellos ojos de cachorrillo abandonado, que tan pocas veces mostraba Dean, pero que tan profundamente lo habían enamorado a él, eran imposibles de olvidar.

Don le tendió la mano para ayudarle a salir del coche, pero Dean, todavía atado a su idea de ser un hombre fuerte, capaz de cuidarse por si sólo, no lo aceptó y salió por si sólo.

Sin embargo, su movimiento fue demasiado rápido y en cuanto puso los dos pies en el suelo y quedó de pie, se tambaleó algo mareado y de no ser porque Don estaba allí para sujetarle, habría caído de bruces.

"Estoy bien, se cuidarme por mi mismo." Intentó liberarse del suave abrazo de su compañero, pero le fue imposible, incluso una parte de él no quería realmente soltarse, se sentía demasiado bien cuando alguien le cuidaba, cuando se preocupaban por él, sobretodo cuando se trataba de alguien como ese federal del que cada vez estaba más enamorado.

"Si claro. Anda vamos adentro antes de que te constipes más." No tuvo que forzarle mucho para que Dean caminara. Tan sólo se quedó pegado a él, sus manos alrededor de la cintura del joven cazador y de vez en cuando su boca deslizándose sobre el cuello de Dean. Sabía que con eso, no se le resistiría.

Subieron las escaleras y finalmente Don consiguió entrar con su joven amante en el que había sido su dormitorio cuando vivía allí. Todo estaba igual, pues todavía pasaba noches en la casa y ni Charlie ni si padre habían cambiado el cuarto.

Dean se sentó en la cama, mirando a su alrededor. Le sorprendió ver un par de trofeos de baseball, pero en lo que realmente se fijó fue en las fotos. Allí estaba su hermano, aunque bastante más joven, incluso pudo ver una en la que sólo era un crío.

Don también las miró, siguiendo la mirada de Dean. Por mucho que le preocupara el estado de su compañero, Charlie continuaba en su mente. Siempre le había preocupado que se metiera en sus investigaciones pues el miedo a que algo malo le pudiera ocurrir siempre estaba revoloteando en el ambiente.

Pero de ahí a que pudiera terminar poseído por un poderoso demonio del infierno y que hubiera estado a punto de matarlo con sus extraños poderes, había un paso muy grande.

Tampoco es que nunca se hubiera planteado tener una relación seria con ningún hombre y allí estaba, sentado en la que había sido su cama durante su infancia y su adolescencia, con el joven Dean Winchester apoyado sobre él, con los ojos cerrados y quedándose dormido, mientras él le acariciaba el cabello como si de un gato ronroneando se tratara, incluso creía escucharle emitir ese sonidito que le hacía sonreír de una forma que poco tiempo antes le hubiera parecido bastante estúpida y ñoña.

Charlie estaba desaparecido, pero confiaba en Sam y Colby para encontrarlo, al fin y al cabo, Sam sabía perfectamente lo que era tener un hermano en peligro y Colby estaba demasiado enamorado de Charlie como para dejarlo hasta encontrarle.

Por mucho que le costara aceptarlo, no podía estar en dos sitios a la vez y ya que tenía a los otros dos hombres buscando a su hermano, decidió que lo que mejor podía hacer era proteger al que ya comenzaba a aceptar como su novio, aunque no se lo hubiera dicho a nadie.

Dean había terminado por tumbarse completamente y apoyar la cabeza sobre las piernas de él. Eso le relajaba, le hacía sentirse bien y protegido y le ayudaba a dormirse, por mucho que eso le hiciera parecer más débil de lo que nunca le hubiera gustado.

"Si te quedas así, terminarás por resfriarte." Susurró Don al oído de su amante y un momento después, bajó la cabeza para poder besarle, a lo que Dean contestó con un nuevo y sensual ronroneo y sus manos enredándose en la cintura del federal.

Sin que el cazador dijera nada, Don se levantó y lo dejó tumbado, hasta que consiguió quitarle la ropa sudada y sucia y meterlo en la cama. Definitivamente, Dean era su niño, no en el sentido filial de la palabra, sino en el sentido de ser su protegido, el amante del que cuidaba, el ser amado.

Le besó la frente, aunque Dean ya se encontraba en ese estado de semiinconsciencia y no se dio cuenta de ello. No importaba, pues al menos, eso quería decir que estaba descansado tranquilo.

Al salir de la habitación, sin hacer ruido para no volver a despertarle, Don decidió que sería un buen momento para llamar a sus chicos y preguntarle por Charlie, tal vez después de las horas transcurridas ya tuvieran alguna pista sobre su paradero, tal vez Sam y esos poderes que Don no lograba comprender hubiera tenido suerte.

Salió de la casa, no quería que si conseguía enterarse de algo, Dean le escuchara y quisiera tomar partido en ello. Fue hasta el patio trasero y se sentó allí, todo lo tranquilo que podía estar en ese momento, con la mente dividida, su hermano perdido y poseído por un lado y su novio todavía convaleciente por otro.

Tanto tenía en la cabeza, que no escuchó el sonido del coche de su padre al llegar a la casa. Alan se sorprendió al ver el coche de su hijo allí. Entró en la casa y le llamó, pero nadie contestó. Vio su chaqueta tirada en el sofá, pero Don no aparecía por ninguna parte. Subió las escaleras y vio la puerta de su antiguo cuarto entreabierta.

Fue hasta allí, pensando que tal vez estuviera cansado después de una noche duro trabajo, pues no sabía que es lo que había estado investigando durante los últimos días, pero cuando vio que quien estaba acurrucado entre las mantas de la cama no era su hijo y sobretodo, que no tenía ni idea de quien era el hombre que estaba allí, comenzó a asustarse.

- o -

"Hola Don, ¿Cómo está mi hermano?" Sam le había contestado en seguida al teléfono, aunque no sabía si eso era buena o mala señal.

"Está durmiendo, que ya le hacía falta, es todo un cabezota, pero creo que podré con él. ¿Y vosotros, habéis averiguado algo sobre el paradero de Charlie?"

No sabía lo que esperaba que le dijera, si le habían encontrado, eso podía significar que se tenían que enfrentar a él y ya había visto los poderes que tenía, pero podía salir herido de todas maneras. Si por el contrario no lo habían encontrado todavía, nadie sabía lo que sería capaz de hacer ese demonio con el cuerpo de su hermano.

"Lo estamos siguiendo. Colby quiere que lo abordemos cuanto antes, pero he conseguido que se tranquilice y esperaremos. No le culpo, se trata de su novio, yo en su lugar haría lo mismo."

Recordar los días que había pasado con Madison y lo mucho que le había costado matarla, no era nada fácil todavía para Sam, sabía lo que era perder a tu ser amado, ya lo había vivido varias veces y no se lo aconsejaba a nadie.

Además, en ese caso, le caía bien Charlie, era un buen tipo, todos los que habían conocido esas semanas lo eran. Pero sólo de pensar que Don perdiera a su hermano, Sam no quería ni pensar lo que sufriría Dean, como se sentiría culpable por ello, por haberle obligado a quedarse a su lado cuando podía haber ayudado a su hermano.

Por eso, el menor de los Winchester, estaba haciendo todo lo que estaba en su mano para salvar a Charlie, para evitar hacerle daño y poder sacar al demonio de su interior lo antes posible. Porque de lo contrario, demasiada gente iba a sufrir y a pasarlo mal.

"Entonces sabéis donde está ¿verdad?"

"Si, lo tenemos controlado, pero aún es pronto, cuando sepamos algo nuevo, te llamaremos, no te preocupes."

Decirle la verdad no hubiera sido tan simple, decirle que su hermano pequeño estaba intentando reclutar a los peores malhechores de la ciudad, los asesinos más despiadados y a todos los traficantes de la zona, hubiera acabado con el federal y decirle que no habían podido hacer nada, porque sus nuevos amigos lo tenían bien protegido, tampoco hubiera ayudado nada.

Por eso Sam prefirió ser más cauteloso. "Cuida de mi hermano, se que lo harás bien."

Don colgó el teléfono sin estar seguro de que el chico le hubiera dicho toda la verdad, pero decidió creerse la historia, si Colby no le había dicho nada todavía, tendría una buena razón.

- o -

Guardó el teléfono y volvió a la casa, estar ahora alejado de Dean, era algo que le costaba más que dejar de respirar, tenía que volver a verle y si su conciencia se lo permitía dormir un poco a su lado, eso al menos le sentaría bien. Notar su cuerpo desnudo junto al suyo le reconfortaba y rodear el del chico con sus manos, como si lo estuviera protegiendo, le hacía sentirse útil.

Al volver a la entrada principal, se dio de bruces con el coche de su padre. "Mierda." Rápidamente, entró en la casa y al no ver a su padre, subió las escaleras de dos en dos. Para su mala suerte, allí lo encontró, frente a puerta de su dormitorio, con una expresión intermedia entre el miedo y la sorpresa.

"¿Por qué hay un hombre desnudo en tu cama?" Don se acercó y su mirada se dirigió hacia la ropa del cazador, que había dejado en un sillón y luego hasta él y por mucho que intentó disimularlo, sonrió con ternura.

Alan conocía de sobras a su hijo, como para no conocer esa mirada, por mucho que le sorprendiera. "Es un buen amigo que he conocido hace pocas semanas, estaba cansado y le he ofrecido quedarse." Alan no dijo nada, tan sólo se quedó mirando a su hijo, esperando que le contara una verdad que no podía ocultar tras esos ojos enamorados. "Es mi novio."

"Tu novio, ya veo. Podías habérmelo dicho antes de encontrármelo desnudo en tu cama. Hace días que no nos vemos y de repente me dices, así sin más, que tienes novio."

"Baja la voz, vas a despertarle. Y no me digas ahora que te molesta que tenga novio, tu no eres de esos padres."

"No me molesta que tengas novio o novia, no me malinterpretes, lo que me fastidia es enterarme así, preferiría que me lo hubieras dicho antes."

Don suspiró. Todo había sido tan caótico las últimas semanas, que darse cuenta que era la primera vez que le decía a su padre, así sin más, que tenía pareja, en los últimos años, parecía no tener ningún misterio ahora.

"Don." Dijo Dean entre toses.

Don se olvidó por un momento de su padre y entró en el dormitorio. Mientras en otras circunstancias le hubiera dado corte comportarse así con su padre delante; ahora se sentó en la cama, palpó la frente de Dean y le acarició la mejilla.

"Perdona, creo que te hemos despertado." Dean entreabrió los ojos, algo confuso, entre la falta de sueño y la poca fiebre que todavía tenía. "Es mi padre, acaba de llegar a casa. Dean, te presentó a Alan Epps, papá, te presentó a mi novio."

Por fin había algo que tenía sentido. Dentro de aquella enorme locura que estaban siendo los últimos meses, su relación con Dean, parecía lo más sensato, lo más natural, lo único que era completamente lógico y ya que pensaba de esa forma, lo siguiente era presentárselo a su padre y decir oficialmente que tenía novio.