El demonio dio un par de pasos adelante pero al llegar al final de la trampa no pudo continuar. Gruñó mirando a Sam y este no pudo evitar sonreír. "Te lo he dicho, bienvenido a mi mundo."

"¿Qué es lo que vas a hacer Sam, pondrás en peligro la vida del profesor para acabar conmigo? Se lo que haces otros demonios me han hablado de ti y de tu hermano y se que habéis perdido a más de un inocente."

"No tengo ninguna intención de hacerle daño a Charlie, tan sólo es cuestión de tiempo que te saque de su cuerpo y lo libere de ti."

El demonio se echó a reír, mientras iba moviéndose por la trampa como si se tratara de un tigre enjaulado. "¿Quieres que te cuente todo lo que ha visto el profesor desde que estoy en su cuerpo? No pienses que va a volver a ser el mismo si lo recuperas. Se lo mal que lo está pasando, le escucho gritar aquí mismo, intenta liberarse, pero no le dejaré. Si yo caigo, Charlie morirá conmigo."

Sam levantó una mano hacia el demonio. No le gustaba usar sus poderes mentales, sabía que eso le convertía en algo parecido a un medio demonio, pero tampoco tenía muchas más opciones.

Cerró los ojos y se concentró sólo en la criatura del inframundo. La notó dentro del cuerpo de Charlie, revolviéndose poco a poco, cada vez con mayor intensidad mientras Sam le atacaba.

"Azazel lo hizo bien contigo joven Winchester, te dio los poderes que necesitabas para convertirte en el mejor lugarteniente posible." Dijo el demonio mientras luchaba con Sam. "Es una pena que no esté aquí para verte, estaría orgulloso de lo cerca que estás de convertirte en lo que él esperaba."

Al escuchar esas palabras, Sam dejó al demonio. Tal vez estaba mintiendo, tal vez no fuera más que una artimaña para jugar con la mente de Sam, pero no podía arriesgarse a que algo malo ocurriera.

"¿Ya está, eso es todo lo que tienes? Nunca podrás conmigo si no te esfuerzas un poco más." El demonio miró fijamente al chico, lo tenía justo donde quería, dudando entre lo que debía hacer y lo que no quería hacer.

"Sam, da igual lo que diga, sabes lo que tienes que hacer, no puedes permitir que ese demonio siga libre por ahí." Sam se quedó sorprendido al escuchar de repente a Charlie hablando.

Colby también lo escuchó, mientras se ponía en pie poco a poco después del golpe recibido. "Charlie, ¿eres tu verdad?" Se acercó a la trampa, pero consiguió contenerse y no entrar.

"Si Colby, sabes que soy yo y también sabes que tengo razón, he visto lo que ese demonio quiere hacer, se que si le dejáis libre arrasará la ciudad, nadie estará a salvo."

"Charlie, no voy a dejarte morir ahí, no si hay alguna forma distinta de hacer esto." Colby se puso justo al rafe de la trampa, todo lo cerca que podía estar del profesor. Charlie lo miró, hacia tanto que no era el mismo, que temió no poder volver a hablar con él, que el demonio dominara por completo su cuerpo en algún momento.

"No hay otra forma, díselo Sam." Charlie cayó de rodillas al suelo, respirando con dificultad. El demonio volvía a hacerse fuerte en su cuerpo, no podría controlarlo mucho más tiempo.

"Charlie." Sin darse cuenta, Colby puso un pie en el interior de la trampa, estaba asustado por Charlie, no podía dejarle sólo en esos momentos, tenía que estar a su lado y ayudarle.

Pero el demonio también lo sabía, estaba haciendo daño a Charlie para atraer al federal, si podía tener un rehén, Sam haría lo que él quisiera y eso sería su puerta de salida de la trampa.

"Colby cuidado." Dijo Sam, pero ya era demasiado tarde, Colby ya estaba con casi todo su cuerpo al otro lado; cada resuello de Charlie era una agonía para él, cada vez que levantaba la cabeza y mostraba los ojos de miedo que el demonio le obligaba a enseñarle a Colby, el federal se acercaba un poco más a su propia trampa.

El demonio se levantó rápidamente. En ningún momento se había debilitado, Charlie jamás había tenido el control de su cuerpo, pero para cuando Sam se dio cuenta, ya era demasiado tarde. El demonio sujetó con fuerza a Colby del cuello y lo levantó del suelo mirando fijamente otra vez a Sam.

"¿Ahora que vas hacer cazador? Dejarás morir a tu amigo y a su novio para salvar la ciudad o seguirás demostrándome que los humanos no sois más que unos tontos sentimentales."

"¿Por qué no los dejas a los dos? Ambos sabemos que no te interesa Charlie. probaste mi sangre, porque sabes que yo soy el especial, me quieres a mi y sabes que estando en mi cuerpo serás mucho más poderoso que con un simple humano como el profesor."

El demonio pareció pensar un momento, miró a Colby y luego a Sam otra vez, sentía a Charlie en su interior intentando gritar, intentando decirle a Sam que no hiciera eso, que no se sacrificara por él, pero no se lo permitió, era mucho más poderoso que el profesor y no tuvo problemas en hacerlo callar.

Como si lanzara una pelota, tiró a Colby al suelo, que cayó fuera de la trampa con un golpe seco, estaba seguro que se había fracturado alguna costilla, pero en ese momento le daba igual. Miró la escena, sabiendo que no podía hacer nada para evitar que aquello ocurriera.

"Deja abierta la trampa y el profesor Epps es tuyo."

"¿Como puedo estar seguro que no cometerás ninguna tontería?" Preguntó Sam, sabiendo que estaba a punto de convencer al demonio de hacer lo que él le había dicho.

"En realidad no puedes, pero Charlie se está debilitando aquí dentro, si tardas un poco más, puede que llegues demasiado tarde y para cuando deje libre su cuerpo, no sobreviva."

"Eso no pasará, he visto muchas posesiones."

"Muy bien, entonces sigue con tu juego y veamos que pasa." Dijo el demonio sonriente. Sam no podía estar seguro si estaba tirándose un farol o si realmente le quedaba poco tiempo a Charlie. Tal vez, después de todo lo que había visto estuviera agotado o podía ser que el demonio fuera demasiado fuerte y lo estuviera consumiendo. De todas formas, por mucho que le pesara, no podía arriesgarse a perder más tiempo.

"Muy bien, tu ganas." Sam se acercó a la trampa y disparando al techo, hizo que el diseño se resquebrajara. Luego, dio un paso atrás. El demonio miró hacia arriba y cuando estuvo convencido que todo estaba bien para él, comenzó a caminar.

"Cumple tu parte del trato, deja libre a Charlie." Dijo Sam cuando el demonio salió de la que había sido su prisión hasta ese momento.

La criatura no dijo nada, pero un momento más tarde, salió disparada de Charlie por la boca del profesor. Charlie cayó al suelo una vez liberado. Estaba realmente agotado y su mente trastocada después de haber visto a todos esos maleantes, de haber escuchado lo que iban hacer y de haber visto ciertas cosas que no estaba seguro poder olvidar nunca.

Colby corrió hacia él y lo abrazó, Charlie se dejó caer sobre el pecho de su compañero y cerró los ojos, intentando recuperar la respiración con normalidad. Sin embargo, un momento más tarde volvió a abrirlos y se quedó mirando a Sam.

"No sabe lo que ha hecho." Le dijo a Colby que entrelazaba sus manos con las de Charlie. Le besó en la mejilla y luego miró en la misma dirección que lo había hecho el profesor.

La masa negra rodeó a Sam, pero para sorpresa de los dos espectadores de la escena no hizo nada, no entró en su cuerpo, ni siquiera lo intentó. "Parece que los demonios no sois tan listos como parecéis." Dijo Sam desde el interior de la niebla. "Hay algo con lo que no habías contado, pero yo si."

La densa niebla, comenzó a dar vueltas a su alrededor, como si buscara alguna forma de entrar en el cuerpo del cazador. "Acertaste, no hay forma, estoy protegido. Ya me han poseído alguna vez, no iba a permitir que eso ocurriera una segunda, pero tu, no lo sabías."

La niebla subió hasta el techo, pero antes que pudiera desaparecer, Sam comenzó a decir algo en latín que ni Colby, ni Charlie comprendían. Para sorpresa de Sam, la criatura era mucho más fuerte de lo que él había pensado y en lugar de desvanecerse o volver al infierno, se quedó ahí y de repente le atacó, se lanzó contra él como si de un tornado se tratara y lo derribó.

"¿Qué está pasando?" Dijo Charlie casi gritando.

"No lo se, pero esto no me gusta, creo que Sam no ha calculado bien las fuerzas de esa cosa."

El demonio volvió a lanzarse contra él y cuando Sam estaba intentando ponerse de nuevo en pie lo volvió a derribar. Sam notaba una fuerte presión en su pecho, sabía que el demonio estaba intentando entrar en su cuerpo por todos los medios y no estaba seguro si por mucho que tuviera aquella protección que Bobby les había enseñado a su hermano y a él contra los demonios podría evitar que eso ocurriera. Poco a poco Sam comenzó a sentir miedo.

- o -

"¿Qué tal has pasado la mañana con mi padre?" Don acababa de volver a casa, ya estaba cansado de buscar a su hermano o al demonio que lo tenía poseído por toda la ciudad y no conseguir nada, al menos en casa podría ocuparse de alguien que necesitaba de él.

"Don… dime lo que sepas de mi hermano, por mucho que no me dejes estar en medio de la acción, no significa que tengas que tratarme como un crío." Don le abrazó antes de contestar, acababa de darse cuenta de su error.

"Lo siento, sólo quería…"

"Lo se." Dean le besó. Los dos se sentaron en el sofá y Dean fijó sus ojos verdes en los de Don, esperando la respuesta que tanto miedo le daba escuchar.

"No se nada." Dean no dijo nada, aquello no podía ser todo, tenía que haber algo, Sam tenía que haberle dicho algo, conocía demasiado bien a su hermano como para saber que tenía que haber dicho algo.

"¿Cómo que no sabes nada? Sam te ha dicho algo pero no quieres que yo sepa. Don estoy bien, me he recuperado y te estoy haciendo caso en todo, me he quedado en tu casa, tu padre me adora…"

"¿Mi padre te adora? Ya, mi padre ahora a todo el mundo."

"¡Don!"

"Lo siento, pero es verdad, no se nada, se que tu hermano me oculta algo se lo noté en la voz, pero me dijo que Colby y él lo tienen controlado."

"Están en problemas y no tienen nada controlado." Le contestó Dean directamente. "Nunca se tiene nada controlado cuando te enfrentas a un demonio." Don rodeó a su compañero con los brazos. Dean casi estaba temblando, no soportaba quedarse en la retaguardia y mucho menos que Sam estuviera sólo enfrentándose a un demonio que parecía ser poderoso. "Sam tiene que volver a llamar…"

"Chicos, por fin os encuentro. La comida estoy servida. ¿Dean crees que tu hermano y mi hijo vendrán hoy a comer o seguirán con sus investigaciones?" Don se quedó mirando sorprendido a Dean, esperando saber cual era su respuesta.

"No estoy seguro, pero estaban muy entretenidos la última vez que he hablado con mi hermano, puede que no aparezcan por aquí en todo el día."

"Bueno, entonces comeremos solos, así podréis contarme que tal os va." Alan desapareció en la cocina, Dean se levantó del sofá, pero Don tiró de él hasta que se volvió a sentar.

"Lo siento, no sabía que hacer, no quería preocupar a tu padre, es un buen tipo y dije lo primero que se me ocurrió." Don no contestó y en su lugar, le besó apasionadamente.

Hacía mucho que no le besaba así, habían pasado muchas cosas durante los últimos días que les habían impedido tener un verdadero momento de tranquilidad a los dos. Luego Dean se abrazó a él de nuevo, temía lo que le podía haber pasado a su hermano y se preguntaba por que no les había dicho nada de lo que estaba haciendo, por un momento pensó lo peor, pero cuando Don le volvió a besar, ese pensamiento desapareció de su mente, al menos por el momento,