La debilidad acumulada durante tantos días, estaba haciendo mella por fin en el joven cazador. Dean estaba desfallecido, la fuerza con la que el demonio que habitaba dentro su hermano le estaba ahogando, era demasiado fuerte para él, pero sobretodo, Dean no se había llegado a recuperar de todo lo que le había ocurrido y ahora estaba llegando a su punto crítico.

Con la vista ligeramente nublada, miró a Don, que permanecía de pie, estático, con el arma apuntando al más joven de los dos hermanos. Dean negó con la cabeza con su último esfuerzo, no podía imaginarse que a su hermano le ocurriera algo por su culpa y mucho menos que el hombre del que había terminado por enamorarse, llegara a dispararle.

"No lo hagas por favor." Consiguió decir con un hilo de voz. El demonio parecía estar pasándoselo bien, haciendo que Sam sonriera de una forma poco menos que diabólica. "Es Sam, es mi hermano, no puedes dispararle."

"Va a matarte, no puedo permitírselo."

"Eso, Dean, no puede permitírtelo." Dijo el demonio simulando la voz de Don, mientras continuaba riendose. "Vamos federal, elige entre que tu novio te odie toda la vida por matar a su hermano, pero tenerlo vivo o dejar que Sam viva, hacerle el exorcismo… pero vaya, habrá sido demasiado tarde para tu querido cazador. Es tu elección Don."

El demonio apretó un poco más el cuello de Dean, consiguiendo de esa forma que el cazador, lanzara un pequeño gritó de desesperación que heló la sangre de Don. Tenía que pensar rápido, aunque no estaba muy seguro que era lo que iba a pensar, Dean o Sam. El hombre al que amaba o su hermano, no había más y el tiempo se le estaba acabando.

"Esto empieza a aburrirme, así que vamos a ponerlo más interesante." El demonio, a través de Sam, movió la mano con un gesto seco y lanzó a Dean contra la pared. El ruido fue tremendo, por lo que a Don no le extrañó escucharle quejarse de nuevo.

"Te daré cinco minutos para tomar la decisión, si no lo haré por ti y seguro que no te va a gustar." El demonio se acercó a Dean, con su poder mental, tenía controlada su respiración, apenas dejaba que entrara aire en sus pulmones, lo mantenía vivo pero sólo lo imprescindible, en el infierno había oído hablar mucho de los Winchester y no quería dejarle ni una oportunidad de acatarle.

"Eres mono, podrías gustarme. Tal vez podemos hacer un trato." Sujetó el mentón de Dean para que el chico lo mirara. "Yo me quedo con el cuerpo de tu hermano sin hacerle daño y te llevo a ti de acompañante, supongo que me entiendes. Podríamos pasarlo muy bien los tres." El demonio volvió a reír, al ver la cara de espanto en el rostro del cazador.

"Eres un cerdo, sal de mi hermano ahora mismo o te juro por lo que más quiero que…"

"¿Qué vas a hacerme, matarme, destruirme? ¿Y como va a ser eso cazador? Estás medio muerto, no puedes moverte, tengo el control sobre ti y de rebote sobre tu novio." Se volvió hacia Don y se acercó a Dean como si fuera a cuchichearle algo al oído. "¿A quien crees que elegirá? Aunque yo sinceramente apostaría por ti."

Dean ya no le escuchando, tenía la mirada puesta en Don. Su compañero lo estaba pasando realmente mal y no era para menos. Don era un hombre acción, alguien que siempre estaba seguro de si mismo y que nunca dudaba de que era lo mejor que podía hacer en cada situación.

Pero aquello era nuevo para él, tenía que elegir, no le quedaba otra opción, tenía que tomar una decisión que no entraba en su cabeza. Al levantar un momento la vista, sus ojos se volvieron a encontrar con los de ojos verdes de Dean, que lo miraban con ternura, invadida por una encantadora tonalidad de amor.

"Sabes que tienes que elegir a Sam."Don no estaba seguro si lo que estaba escuchando en su cabeza era Dean, el demonio o tan sólo sus propios remordimientos por no saber lo que hacer. Entonces recordó una de las múltiples conversaciones que habían tenido durante los últimos días.

"Llevo cuidado a Sam toda mi vida. No me imagino el mundo sin tenerlo al lado, sin que un demonio intente hacerle daño y yo, estando a su lado. Daría mi vida por él sin pensarlo, porque la vida sin Sam no tiene sentido."

"Se nota que le quieres ojalá algún día puedas decir eso mismo de mi." Después de comer, Alan los había dejado solos y los dos hombres se habían subido al antiguo dormitorio de Don para estar más tranquilos, Dean tenía la cabeza apoyada sobre los muslos del federal, por lo que este no tuvo que esforzarse mucho para acercarse a él y besarle.

"Quien te ha dicho que no lo haga."Dean sonrió con picardía, rodeando el cuello de Don con las dos manos y volviendo a atraerlo para besarle de nuevo. "Nunca pensé que diría esto, pero empiezo a sentir algo muy fuerte por ti."

"¿Estás intentado decir que estás enamorándote de mi?"

"¿Te ha dicho alguna vez mi hermano que no soy de los tíos que se enamora?"

"No exactamente. Lo que me dijo fue que te enamoras con facilidad, o quieres a tus seres queridos con locura, como tu hermano, pero luego no lo expresas, hasta que es demasiado tarde." Dean lo miró sin comprender de que estaba hablando exactamente.

"Te sacrificas por las personas que quieres sin pensártelo dos veces, así les demuestras tu amor. Y yo no quiero eso, no quiero que te sacrifiques por mi para descubrir que me querías. Apenas te conozco y ya he estado a punto de perderte más veces que a mi propio hermano."

Dean se incorporó lentamente y se sentó a horcajadas sobre las piernas del federal, sin decir nada comenzó a besarle, porque tal y como había dicho no era de los hombres que decía directamente que estaban enamorados, pero si que podía encontrar las formas adecuadas de hacerlo entender.

Don se mordió el labio, aquella decisión no tenía ninguna posibilidad aceptable, no era posible que eligiera, porque en cualquier caso tendría algo que perder, la vida de Dean o su amor hacia él.

"No voy…" Pero no terminó la frase. Un coche aparcó con un movimiento brusco en la puerta de la casa familiar. Dean había perdido casi completamente el conocimiento por lo que no se enteró.

Don temió que se tratara de su padre y estuvo a punto de salir corriendo hacia la puerta para impedir que entrara, pero no lo hizo, no podía dejar a Dean a solas con el demonio y este, a quien aquella sorpresa le había cogido desprevenido, esperó a ver quien entraba en la casa.

La puerta se abrió de golpe y en ella aparecieron Colby y Charlie, el primero empuñando su arma con fuerza y ayudando a Charlie a caminar y este, mostrando una mueca de dolor por el esguince en su pie, se separó de él.

"¿Charlie que estás haciendo?" Dijeron a un mismo tiempo Colby y Don.

El federal quería sacar a su hermano de allí, pese a que todavía no se creía que realmente estaba viendo a su hermano de pie, sin un maldito demonio en su interior, lo veía cojear y apoyarse demasiado en Colby. Charlie estaba herido, tenía que sacarlo de allí cuanto antes.

"Sam lo dijo, los demonios os debéis creer muy listos, ahí reside vuestro punto débil, no pensáis que los humanos podamos enfrentarnos a vosotros y venceros en combate." El demonio, sorprendido por las palabras del joven profesor Epps, se volvió hacia él. "Suelta al cazador y enfréntate a mi."

"Charlie no." Escuchó decir el profesor a su espalda. Colby intentó sujetarle, pero, no sin dificultades, Charlie consiguió soltarse de su abrazo. "¿Qué estás haciendo? Ese maldito demonio te va matar."

"Confía en mi. Soy el mejor en matemáticas, pero puede que un buen exorcismo tampoco se me de mal."

El demonio había picado. La arrogancia del profesor le había llamado atención. Parecía diminuto e insignificante a su lado, su rostro expresaba miedo a lo que podía pasar, pero sus ojos eran fuertes, le recordaban a alguien aunque no sabía a quien.

Dean había dejado de importarle, al fin y al cabo era un simple cazador al que podría volver a atrapar cuando le apeteciera, pero ese tal profesor Epps, del que nunca había oído hablar en el infierno, le estaba plantando cara, cuando su compañero lo miraba desde atrás aterrorizado.

Por eso, dejó caer al cazador. "Don ocúpate de Dean, el demonio es mío."

"Charlie no lo hagas, he visto de lo que es capaz esa cosa, acabará contigo sin que te des cuenta. Ha estado a punto de matar a Dean, ¿Qué crees que va a hacer contigo si te enfrentas?"

"Confía en mi hermano." Charlie concentró su mirada en Dean un momento, el fuerte sentimiento de amor que sintió por el cazador en ese momento hizo que el corazón le diera un vuelvo.

Dean estaba en el suelo inconsciente, frágil y a él se le estaba partiendo el alma. Intentó disimular sus sentimientos pero no era nada fácil. Sin embargo, sabía lo que tenía que hacer, de alguna forma, sabía las palabras que tenía que pronunciar para llamar la atención del demonio y ahora sabía también sin ninguna duda que era lo que debía hacer para enfrentarse a él.

"Colby, quiero que tu también salgas de aquí, esto puede ponerse feo y no quiero que te ocurra nada malo." El joven federal se acercó a él y rodeó su cintura, sin importarle que el demonio los estuviera mirando.

"Ni se te ocurra pensar eso, no voy a dejarte sólo ahora que te he recuperado." Le volvió el rostro y le besó con ternura, lentamente, haciendo que el momento fuera eterno para los dos.

Pero de repente se separó de Charlie, algo no había salido como siempre en ese beso, algo no estaba bien, pero no estaba seguro lo que era. El profesor levantó la mano lentamente y la deslizó sobre la mejilla de Colby.

"No te preocupes, Charlie está bien, yo protegeré de él." Escuchó el federal en su cabeza. "Es muy largo de explicar, pero te prometo que Charlie estará seguro y que antes de darte cuenta el demonio habrá muerto."

"¿Sam?" Preguntó el federal en su propia mente, creyendo que estaba enloqueciendo.

"Siento no habertelo dicho antes, pero te hubieras cabreado de saber que estaba en el cuerpo de Charlie."

"No lo jures." Contestó Colby con rabia. "¿Y Charlie? Lo estás poseyendo, como si fueras un demonio."

"Si, es una forma de verlo, pero es la única forma de poder llevar a cabo el exorcismo. Dean no puede, está hecho polvo, y ninguno de vosotros sabe lo que hay que hacer. El demonio intentó expulsarme de mi propio cuerpo.

Algunos lo hacen, por eso decidí entrar en el de Charlie. Pero tranquilo, ya te he dicho que cuidaré de él. Por cierto, no ha estado mal el beso, creo hacerme una ligera idea de porque le gustas al profesor."

Charlie separó la mano del rostro de Colby que se había quedado allí petrificado y se volvió hacia el demonio, viendo por detrás de él a Don ocultando a Dean tras el sofá.

"Vamos Dean, reacciona, tenemos que salir de aquí, porque creo que esto se va a poner muy serio." Dean se llevó una mano a la cabeza, pero al menos estaba recuperando al conciencia, momento que aprovechó Don para ponerlo en pie, recostarlo sobre su hombro y comenzar a subir escaleras arriba. Muy a su pesar, Colby le siguió, sin estar muy seguro si debía hacerle caso al tipo que había poseído a su pequeño Charlie.

"Ahora si maldito demonio, vas a salir del cuerpo de mi amigo por las buenas o por las malas. Tu verás." El demonio se echó a reír y Sam, viendo su propio cuerpo desde fuera, en el interior del cuerpo de Charlie, intentó mantener la compostura.