Don dejó a Dean sentado en la que había sido su cama durante años. Tomó el rostro de su amante entre las manos y se lo quedó mirando un momento. Tenía la mirada ausente y una expresión de dolor en el rostro. Después de ver lo que le había hecho el demonio y como había estado a punto de matarlo, no tuvo que preguntarle que era lo que le ocurría.
Lentamente, comenzó a acariciarle las mejillas, intentando hacerle volver en si y poco a poco le fue besando los labios, de la forma más tierna que pudo, para llamar su atención.
"Vamos, Dean, eres un tío fuerte, necesito tu ayuda para comprender todo lo que está pasando." Le dijo mientras continuaba mirándole. "Charlie, está allí abajo, enfrentándose a un demonio y te puedo asegurar que mi hermano no tiene ni la más remota idea de hacer un exorcismo."
Al escuchar aquello, Dean se quedó mirando al federal, no estaba seguro de haber escuchado correctamente lo que había dicho Don. "¿Charlie está ahí abajo sólo con el demonio? Es un suicidio."
"Creo que no lo es, porque no es Charlie quien se está enfrentando al demonio." El federal y Dean se quedaron mirando a Colby, que hasta ese momento había permanecido en silencio, al margen de la situación, con la mente puesta en lo que podía ocurrirle a Charlie por haberlo dejado sólo. "Tu hermano está dentro de Charlie, o al menos eso me ha dicho."
Dean trató de incorporarse, pero estaba demasiado débil como para hacerlo él sólo y Don tuvo que ayudarle a mantenerse en pie. Lo sostuvo con fuerza, permitiendo que el cazador apoyara la mayor parte del peso de su cuerpo en el suyo. Dean dio un paso, pero el federal lo detuvo.
"Se lo que estás pensando, para mi también es increíble, pero no voy a permitir que vayas allí abajo a ayudar a tu hermano, no estás en condiciones de hacerlo ahora mismo."
El cazador se volvió hacia Don y clavó los ojos verdes en los suyos. Ya llevaban juntos el suficiente tiempo, como para que el federal supiera perfectamente lo que Dean estaba pensando. Negó con la cabeza y le abrazó con fuerza.
"No vas a hacerlo solo." Le susurró al oído de tal forma que tan sólo Dean pudo escucharlo. "Eres igual de cabezota que yo y se que no vas a estar tranquilo hasta que estés allí abajo. Así que vamos, te llevaré, pero no te vas meter en más problemas."
"No lo haces sólo por mi. No vas a permitir que Charlie esté sólo en esa lucha." Los brazos de Don apretaron más el cuerpo del cazador contra el suyo y Dean suspiró.
Hasta ese momento, cuando Sam o él habían estado en problemas, tan sólo habían podido confiar en que su hermano iba ayudarle, pero ahora Dean se daba cuenta que las cosas habían cambiado.
En el transcurso de las últimas semanas, el federal se había convertido en parte fundamental de su vida, en un pilar sin el que ahora no se imaginaba seguir adelante, o bajar aquellas escaleras y ver a su hermano arriesgando la vida para salvarlos a todos.
"Os quiero a los dos. Él es mi hermano y lo adoro, tu eres el primer hombre del que me he enamorado y no quiero ni pensar en dejarte sólo."
"Entonces vayamos a echar una mano nuestros hermanos pequeños." Contestó Dean sonriente, aunque esa sonrisa no consiguió ocultar el agotamiento que llevaba acumulado durante días. Sin decir nada besó a Don, ya habría otro momento para descansar cuando todo aquello terminara.
"Un momento, ¿Me habéis oído bien? Un demonio está metido en tu hermano ahí abajo y tu hermano está metido en Charlie. ¿Ahora que, vais a meteros en medio también para que os maten?" Dijo Colby casi fuera de si, mientras veía a los otros dos hombres acercarse a la puerta.
"¿Sabes por que estás aquí arriba?" Le preguntó Dean, mientras se sostenía en pie ligeramente apoyado en Don. "Charlie te quiere con locura y le partiría el corazón que le ocurriera algo. Mi hermano te ha salvado la vida y está intentando poner a salvo a Charlie. Tal vez si nos echas una mano podrías ayudarles de alguna forma."
"¿Y como pretendes hacerlo en tu estado? Un demonio no es un tipo cualquiera." Dean lo miró con dureza.
Colby era un buen tipo, pero demasiado lógico y racional, seguramente, cuando se tratara de atrapar a cualquier malhechor o asesino, sería de los mejores agentes de Don, pero en lo que se refería a abrir su mente a otras cosas, le costaba bastante y eso podía ponerle en peligro, porque podía acabar subestimando a un demonio.
"Te recuerdo que soy cazador, me dedico a deshacerme de demonios como ese y no será el primero que mande de vuelta al infierno. Pero tranquilo, si no deseas salvar a tu novio y prefieres quedarte aquí esperar, lo entiendo, pero al menos no te pongas en peligro."
"¡Maldito desgraciado!" Colby empujó a Dean contra la pared y levantó el puño para golpearle, pero Don le detuvo antes de hacerlo. "¿Cómo puedes decir algo así? Quiero a Charlie más que a mi vida y daría todo por él."
"Ya es suficiente los dos. Estamos perdiendo tiempo." Don decidió que era un buen momento para convertirse en el líder de aquel equipo bastante disfuncional. "Colby si vas a ayudarnos, asómate a las escaleras y comprueba como van las cosas allí abajo." Su compañero le hizo un gesto de asentimiento y sin quitarle la vista de encima a Dean salió del dormitorio. "Tampoco hacía falta provocarle tanto."
"Está asustado aunque no desee reconocerlo, es normal, pero nos será de mucha ayuda para salvar a nuestros hermanos." Dean no quería reconocerlo tampoco, pero reconocía perfectamente el sentimiento de Colby, pues él lo había tenido también.
- o -
Parecía que hacía mucho tiempo ya, pero en su recuerdo todavía estaba. Tenía dieciséis años y su padre se había ido de cacería. Aquella criatura a la que nunca había sabido darle un nombre, apareció en su habitación. Dean era muy joven, su experiencia como cazador no era la misma que en el presente.
Sam estaba haciendo sus deberes. Cada día, Dean se sorprendía de las ganas de su hermano por hacer tanta tarea, pero así era Sam, el más inteligente de la familia; del que más se sentía orgulloso el mayor de los hermanos.
"No deberías estudiar tanto, la vida tiene otras cosas." Le dijo Dean cuando escuchó un tremendo ruido en el armario.
Sam lo quedó mirando sin decir nada. Dean sacó cogió su arma y se dirigió allí. De nuevo el ruido los sobresaltó a los dos. "¿Dean qué es eso?" Dean escuchó el ruido de la silla de Sam al arrastrarse.
"Sam no te acerques, quédate donde estás." Tenía la puerta del armario delante, respiró hondo y la abrió de un tirón. Allí no había nada, pero entonces escuchó el sonido detrás de él y justo después el grito de Sam.
Se dio la vuelta y la visión de aquella cosa enorme, sosteniendo a su hermano de un brazo mientras le sonreía a él lo dejó helado. Dio un paso, pero una fuerza invisible lo lanzó contra el suelo y perdió el arma de las manos.
"Dean ayúdame." Suplicó Sam, pero el miedo lo había paralizado. "Dean por favor, me está haciendo daño." La criatura lo tenía pegado al suelo, no podía moverse, pero tampoco podía permitir que su hermano sufriera por un error que había cometido él."
- o -
"Dean, ¡Dean!" La voz de Don y los pequeños zarandeos, lo devolvieron a la realidad. "¿Estás bien?"
"Si, perdona." La memoria intentaba jugarle una mala pasada, pero no era el momento de permitírselo, no cuando lo había enterrado en su mente durante todos aquellos años. "Vamos, si conozco a Sam; con que distraigamos al demonio, podrá acabar con él en seguida."
No era el momento de discutir, pero Don conocía al cazador demasiado bien. No sabía en que estaba pensando un momento antes, pero le había visto el miedo dibujado en el rostro y la angustia por algo que le llevaba atormentando muchos años. No dijo nada, esperaría a que Dean quisiera hablar con él; ahora había cosas más importantes que hacer.
Salieron de la habitación y vieron a Colby en la escalera, con la mirada puesta en lo que estaba ocurriendo abajo. Parecía haberse convertido en una estatua de cera; tanto por lo quieto que estaba, como por lo pálido que se había quedado.
Los otros dos hombres llegaron hasta donde él estaba y en momento Don también se quedó paralizado; durante los últimos días había visto muchas cosas increíbles, pero aquello se salía.
No sin esfuerzo, Dean consiguió separarse de él y se acercó a la barandilla. Se detuvo un momento y contempló lo que estaba ocurriendo. Si Colby no le hubiera dicho que Sam estaba dentro del profesor, aquello se lo hubiera confirmado, pues Charlie estaba recitando de memoria aquel exorcismo que tantas veces habían repetido su hermano y él con muchos demonios.
"¿Crees que con ese simple conjuro vas a poder acabar conmigo? Pareces un aficionado, porque ni siquiera me conoces." Los ojos del demonio le cambiaron de color, hasta volverse de un blanco absoluto. Tal y como había dicho las palabras que estaba pronunciando Charlie no parecían hacerle ningún efecto. "Quieres mandarme al infierno, pues tal vez es allí a donde debas ir tu."
El demonio cerró los ojos. Mientras lo miraba, el estómago de Dean se cerró, al ver a su hermano, por mucho que Sam no estuviera allí, haciendo todo aquello. Un momento más tarde, el demonio volvió a mirar al profesor y diciendo algo en voz baja sonrió.
Charlie gritó y se dobló por el dolor, aunque nadie pudiera ver lo que le estaba ocurriendo. "Sam, no." La criatura que habitaba dentro de Sam se volvió hacia la voz de Dean y sonrió todavía más ampliamente, para luego escuchar en lo alto de las escaleras las voces de los dos federales, asustados por el profesor.
"Vaya, veo que por fin tenemos aquí a toda la familia reunida, creo que definitivamente, esto va a ser muy divertido." El demonio volvió a levantar la mano hacia Dean, como si de nuevo, fuera a hacerle daño, pero de repente no pudo moverse, su cuerpo se había quedado paralizado. "¿Qué estás haciendo profesor?"
"No tocarás a mi familia. Nunca le volverás a poner una mano encima a mi hermano mientras esté yo aquí." El demonio se echó a reír con fuerza, por fin lo comprendía todo.
"Sam Winchester, ya me preguntaba yo donde estabas. Veo que al final has conseguido escapar de tu propio cuerpo." Dean, que temía que el demonio volviera a usarle contra Sam, miró la escena contrariado.
Sin saber porque reconocía la voz del demonio, aunque fuera Sam el que estaba hablando, había algo característico que pertenecía al demonio; pero todavía no lo había averiguado.
"Tenía grandes planes para ti estando aquí dentro. Pero sigues siendo difícil de atrapar. Aunque te felicito, esta vez no ha tenido que salvarte tu hermano. Pero no volveré a fallar, se que eres poderoso y quiero esa fuerza tuya."
Un escalofría recorrió el cuerpo de Dean. "No puede ser." Por detrás Don puso su mano sobre el hombro de cazador y notó que había empezado a temblar. "No puede ser, yo te maté."
"¿Dean que ocurre? Me estás asustado." Don bajó los dos escalones que lo separaban del cazador y lo miró a los ojos viendo, que su mirada esmeralda estaba desorbitada. "Dean mírame."
"Lástima joven cazador, debiste comprobarlo mejor. ¿O es que acaso quedar inconsciente en el suelo y despertar del coma dos días más tarde fue más importante?" La voz era muy desagradable, sobretodo por como se estaba burlando de lo cerca que había estado a punto de morir.
"Dean ¿de que está hablando?"
"Sam, vete de aquí, deja que yo me encargue de él." Aunque le costara creérselo, Dean miró a Charlie mientras decía eso, pero cuando vio la fuerza que mostraba el profesor en sus ojos, aquella tan característica de Sam, supo que su hermano estaba allí.
"No Dean, tengo que acabar con él."
"Sam por favor, esa cosa no te quiere matar, por fin lo he comprendido todo. Te quiere con vida, pero necesita también tu mente. Quiere tener tus…" Dean gritó al sentir que algo taladraba sus sienes y cayó sobre Don que impidió que el cazador cayera por las escaleras. "Sammy."
"¡Dean!" Don lo sostuvo con fuerza.
"¡Aléjate de mi hermano!"
"Te diré lo mismo que te dije hace años, ven conmigo o tu hermano morirá."
