Don llevaba más de cinco minutos dando vueltas por la habitación. Estaba nervioso, acercándose peligrosamente a perder el control. Lo que había ocurrido durante los últimos días había sido demasiado para un agente federal como él y ahora lo que Sam le estaba diciendo, sobrepasaba todos los límites de su imaginación.
"Don por favor, escúchame. No es la primera vez que pasa. Hace años Dean estuvo en coma por el mismo motivo, estuvo a punto de morir y fue nuestro padre el que lo sacó de su estado."
Sam ya no sabía que más hacer para conseguir el federal le hiciera caso y se concentrara en lo que el estaba diciendo. Además, las imágenes de su hermano, en aquella cama de hospital, mientras los médicos les decían que no había forma de recuperarlo, volvieron con fuerza a su cabeza.
"Dime una cosa ¿quieres a mi hermano?" Don se detuvo en seco y clavó la mirada en Sam. Tenía muy clara la respuesta, pero ahora que lo pensaba no había compartido sus sentimientos por Dean en ningún momento. Se los había guardado para el mismo, recordaba cada palabra pronunciada por su adorado cazador, sin sonrisa pícara y sus ojos verdes, que lo atravesaban cada vez que lo miraban, pero nunca se lo había dicho a nadie.
Con Charlie no había tenido la oportunidad de hacerlo, las cosas se habían puesto serias en seguida y no había tenido oportunidad de tener ninguna conversación personal como su hermano.
En cuanto a Sam, al fin y al cabo era el hermano de Dean y si tenía que hablar con alguien, era como él. Por eso le costó contestar a una pregunta tan sencilla y simple a primera vista, como decir que estaba total y absolutamente enamorado de Dean Winchester.
"Si le quiero." Dijo por fin, dejándose caer en el sillón, como si las fuerzas le hubieran abandonado nada más decirlo. Se sentía desnudo por dentro, justo como no le gustaba aparentar, débil y sin ningún tipo de máscara con la que refugiarse del mundo exterior. "Si estoy enamorado de tu hermano y me aterra pensar que pueda perderlo ahora sin decírselo a él."
"Entonces ayúdame. Yo lo haría si pudiera, daría mi vida por él si fuera necesario." La voz de Sam se volvió desgarradora y se intuía un gran punto de desesperación. "Pero el demonio me ha debilitado demasiado y no creo que pueda aguantar lo que vas a pasar tu."
"¿A que te refieres? ¿Qué es lo que tengo que hacer para sacarle de su estado?"
"Si te soy sincero no lo se exactamente." Sam se dio cuenta que la expresión del federal cambió radicalmente. Si un momento antes había visto en sus ojos la esperanza necesaria para salvara a Dean, ahora se veía una gran impotencia. "Cuando lo hizo mi padre, luego no me contó nada y Dean no se acordaba. Supongo que mi padre me consideraba demasiado crío para asimilar algo así. Lo único que se, es que tienes que entrar en los pensamientos de mi hermano y en eso si que puedo ayudarte."
Don se volvió hacia la cama en la que estaba Dean y mientras escuchaba hablar a Sam, se sentó junto a él le acarició la mejilla y comenzó a jugar con su cabello castaño claro. Lo veía ahí, tan indefenso, tan cercano a la muerte que necesitaba estar a su lado todo el tiempo para sentirse útil en algo.
"Toma, las he encontrado en el coche." Sam lanzo una pequeña bolsa a las manos del federal que la miró con curiosidad. Esa hierbas bien mezcladas te permitirán entrar en sus sueños y hablar con él." Don sonrió en silencio. Si alguien le hubiera dicho unos pocos meses antes, que para salvar al hombre del que estaba enamorado, tenía que tomar algún tipo de extraña droga para entrar en su mente, no se lo hubiera creído. Pero ahora había visto demasiado como para no creer.
"¿Y cuando esté dentro?" Su mano no se separó de Dean, sus dedos, entrelazados con suavidad con su cabello hacían círculos y formas sin sentido de forma nerviosa. Estaba seguro que Dean lo podría sentir y se sentiría mejor al saber que estaba allí con él, aunque no pudiera despertar de sus sueños.
"Ahí es donde no lo se. Dean y yo tuvimos ciertos problemas con un tío que usaba esas hierbas, pero estoy seguro que podemos usarlas tal y como las necesitamos." Sam bajó de nuevo la mirada, no quería decir la verdad, pero no tenía muchas opciones de que el federal aceptara seguir su plan si no era completamente sincero con él. "En realidad no tengo nada mejor. Es la única opción que tengo para sacar a Dean de su estado."
Apretó con fuerza sus propias manos y se mordió el labio, él que siempre había sido el que ayudaba a su hermano cuando se metía en problemas, el que le había salvado la vida más veces de las que pudiera recordar, ahora tenía que quedarse atrás y mirar como Don hacia, lo que consideraba que era su trabajo.
"No quiero quitarte tu puesto con Dean, me odiaría por interponerme en vuestra relación." Sam levantó con rapidez la mirada del suelo, parecía que Don le hubiera leído la mente, al contestarle a su mayor temor. "Ya te he dicho que le quiero y estaría dispuesto a hacer cualquier cosa por él, si eso incluye entrar en su mente, por mucho que me cueste creerlo, entonces lo haré y la próxima vez, dejaré que seas tu el que reciba los golpes por él." Terminó diciendo el federal con una bonita sonrisa en los labios.
"Creo que voy haciéndome una idea de lo que ha visto mi hermano en ti." Los dos recientes cuñados sonrieron, aunque ninguno de los dos pudo esconder el cansancio y la tristeza que inundaba sus cuerpos y sus corazones. "En cuanto a lo que vas a hacer, ten cuidado, vas a ver la verdadero Dean, al que no se esconde tras su fachada de tipo duro. Vas a entrar en su mundo."
Sam se levantó del sillón y tras entrar en el baño y coger un vaso de agua, vertió las hierbas en él, para luego entregarle el vaso a Don. El horrible olor de aquel brebaje que casi le echó para atrás, pero tomó la mano de Dean con la suya, la apretó con fuerza y lo volvió a oler.
"¿Sabes cuantas veces, desde que conozco a tu hermano, he deseado poder conocerlo de verdad, ver más allá de su impenetrable armadura? Si ahora me dices que estando en su mente tendré esa oportunidad, me has dado un nuevo motivo para estar allí."
El olor del brebaje era repulsivo, pero consiguió hacer de tripas corazón y se bebió de un trago aquello y mientras notaba como bajaba por su garganta y las arcadas le daban ganas de vomitar, apretó con mayor fuerza la mano del cazador, al mismo tiempo que lo hacía con los ojos, pues necesitaba un buen motivo para no echarlo todo fuera.
"Vale ¿y ahora que?" Al no recibir respuesta de Sam, Don abrió los ojos, pero para su sorpresa, Sam había desaparecido y en su lugar, sentado sobre el mismo sillón estaba Dean. "¿Dean?"
"Don, ¡Has venido! Ya pensaba que no iba a verte hoy." No podía estar más sorprendido, pues Dean se levantó, le sonrió abiertamente y llegando hasta él se sentó a su lado y le besó. No hubo juegos de intentar dominar la situación, Dean no estaba usando su pose de te quiero pero no me gustaría que se notara. Simplemente le estaba besando mientras sería.
"Dean ¿estás bien? Sabes lo que te ha pasado." Don tuvo que separarlo de si mismo para poder mirarlo a los ojos.
"Si te refieres al ataque del demonio y a que seguramente me haya dejado en coma si lo se. Pero yo pensaba que vendría Sam, está más acostumbrado a este tipo de cosas que tu. Aún así me alegro, al menos ahora tendremos un rato para nosotros mismo."
"Dean, me parece que no nos estamos entendiendo. He venido para sacarte de este estado en el que te encuentras. Si quieres que tengamos un momento tranquilo, me parece genial, pero prefiero que sea en el mundo real."
El cazador se separó de él y se quedó mirando al suelo fijamente. Su expresión feliz y extrañamente risueña de un momento antes, había desaparecido por completo. "¿Te ha dicho mi hermano que aquí puedo ser yo mismo?" La mano de Don recorriendo su espalda lentamente le hizo estremecerse y volver a sonreír tímidamente.
"También puedes serlo allí, eso es lo que estoy deseando. Dean estás en coma y eso está destrozando a tu hermano… y a mi también." Dean no se movió, por lo que Don decidió hacerlo por él, se arrodilló en la cama se apoyó en su hombro, esperando la respuesta del cazador. "Dean si aquí no te retiene nadie, ¿Por qué no vuelves conmigo?"
Don estaba en lo cierto. Dean estaba en aquel mundo por propia voluntad, igual que lo había estado la primera vez durante un par de días. Entonces, Dean se sentía tan culpable por haber permitido que el demonio casi matara a su hermano que necesitaba un refugio en el que no sentirse completamente avergonzado y su propia mente era el único lugar en el que sentía seguro.
En esta ocasión, de nuevo, la culpa era el mayor peso que lo retenía allí. La culpa por haber sido tan débil, por haber sido un carga para Sam y sobretodo para Don, por no ser capaz de decirle lo que realmente sentía y pedirle que fueran algo más que amantes que se lo pasaban bien en la cama. Culpa, eso era lo que había en su corazón y en lo único en lo que pensaba para quedarse allí.
"Si se trata del demonio, ya no está, Sam se deshizo de él, aunque no me dijo los detalles de lo ocurrido." Le besó en mejilla y fue deslizando sus labios hasta capturar los de Dean.
"No es ese demonio el que me preocupa, si no mis propios demonios interiores." Don lo escuchaba en silencio. Era primera vez que sentía que realmente estaba escuchando a Dean, al verdadero Dean más allá del cazador que era capaz de arriesgar el cuello por todos lo demás. "Ya se que tenía que haberte hablado de ellos antes."
"¿Lo dices por tu necesidad de proteger a Sam de todo mal?" Dean negó con la cabeza, aunque sonrió al ver que al menos el federal le escuchaba cuando hablaba. "Entonces estamos hablando de tu sentimiento de culpa porque crees que deberías estar muerto en lugar de tu padre."
Hablar de eso e intentar que Dean no se sintiera mucho peor de lo que ya estaba no era sencillo para el federal, pero estaba comenzando a conocer al cazador, como para saber como tratarlo.
"Creo que eso lo superé hace unos meses. No es algo distinto." Se dio la vuelta y clavó sus ojos verdes en Don. Aquello tenía que decírselo a la cara, por mucho que le costara, tenía que encontrar el valor necesario para decírselo.
Años atrás, cuando su padre había entrado en sus sueños, habían hablado largo rato, sobre lo que significaba ser el protector de su hermano, en defenderlo por encima de todas las cosas y en evitar que ningún demonio llegara a él, pero sobretodo, su padre había intentado meterle en la cabeza que suicidarse por Sam no era la situación. Tiempo después descubriría que en ocasiones el suicidio era la única forma de salvar a su hermano.
"Nunca he estado realmente enamorado. Me han gustado muchas mujeres, puede que me haya colgado de un par de ellas durante un par de meses, pero a la larga, sabía que ninguna de esas relaciones iban a durar." Por primera vez desde que lo conocía, Don vio a Dean ruborizarse y tener que apartar la mirada durante unos segundos. "Pero luego te conocí a ti y todo se volvió diferente y desde entonces estoy hecho un lío."
Las manos del cazador habían comenzado a temblar, por lo que Don las cogió entre las suyas y acercó todo el cuerpo de Dean hacia el suyo para acogerlo entre sus brazos. "¿Es porque soy un hombre, tienes miedo de estar enamorado de un hombre? Si ese es el caso, podemos ir más despacio, no tengo prisa, pero ante todo no quiero perderte."
"No Don, ese es precisamente el problema, que no puedo pensar en lo que haría si un demonio fuera a por ti porque quisiera hacerme daño. Si te pasa algo por mi culpa… Sam es un cazador como yo, sabemos lo que tenemos que hacer cuando se trata de criaturas sobrenaturales. Pero tu…"
"Voy a decir sin miedo a equivocarme que es lo más romántico que me han dicho nunca." Sin esperar respuesta de Dean, el federal lo tomó definitivamente en sus brazos y le besó con pasión. "Pero ¿sabes que te digo? Que ningún demonio me va a asustar para alejarme de ti. Vamos vuelve conmigo, si me dejas te lo demostraré."
"Pero, te estoy poniendo en peligro."
"Hablas como un superhéroe protegiendo a su amada y tengo que decirte jovencito que puedo aprender a ser tan buen cazador como tu y que puedo cuidar de ti cuando sea necesario."
"¿Cómo ahora mismo?" La voz infantil y los ojillos de cachorrillo abandonado de Dean hicieron a Don derretirse, pero le detuvieron en su empeño.
"Exactamente, así que por una vez deja que sea yo el que te salve a ti, quítate la coraza de todopoderoso y dame la mano, seguro que Sam se está preocupando." Por un momento, Dean miró la mano del federal. Allí en su propia cabeza se sentía bien, seguro y sabía que Sam también lo estaría, o al menos eso era lo que él pensaba.
Pero como había pensado desde la primera noche que había pasado con Don, no era capaz de decirle que no al federal y tras dudar unos segundos tomó su mano y lo abrazó.
Don se despertó de golpe, asustando a Sam. Ninguno de los dos dijo nada, y ambos se volvieron hacia Dean que permanecía igual. "Creo que voy a vomitar." Dijo por fin sin abrir todavía los ojos.
"Dean." Su hermano se acercó a él, se sentó en la cama y esperó. Por fin los ojos verdes de su hermano lo estaban mirando. "No vuelvas a hacer algo así, creía que había quedado claro que éramos iguales y que no tenías que cuidar más de mi."
"Vale ahora si que voy a vomitar con tanta sensiblería." El Dean de siempre había vuelto, pensaron los dos hombres, pero para sorpresa de ambos, alargó la mano hasta Don y cuando este se la tomó tiró de él. Se sentó en la cama y esperó. "Gracias por todo. Ven." Don se acercó más a Dean y este le besó. Apenas tenía fuerzas para nada, pero aquella era la mejor forma que tenía de agradecer a su federal que estuviera a su lado.
