Don se despertó solo en la cama. Justo antes de dormirse, recordaba el cuerpo de Dean acurrucado contra el suyo y la cabeza del cazador apoyada sobre su pecho, hablándole casi entre sueños ya.

"Has arriesgado tu vida por mi." Dijo Dean alargando cada sílaba que pronunciaba. Sonrió, con los ojos cerrados. Aunque sólo se trataban de imágenes que aparecían en su mente, Don estaba allí, dentro de su mente, hablándole de lo mucho que le importaba Dean y que no quería perderle. ¿Había dicho que le quería? No estaba seguro, pero no se atrevió a preguntar. "¿Sam te avisó de lo peligroso que es adentrarse en la cabeza de otros?"

"Unas cuantas veces pero no me importó." Don le besó en la cabeza y aspiró el dulce olor del cabello del cazador. Le encantaba tenerlo cerca y aunque no se lo fuera a decir para no hacerle sentir débil, disfrutaba protegiéndole, no como hacía con Charlie, si no queriéndole, aunque fuera en silencio. "Alguien tenía que salvarte."

Dean murmuró algo, pero para entonces el cazador ya se había quedado completamente dormido entre sus brazos. Don se sorprendió de que tuviera que haber ocurrido toda aquella locura con el demonio, para que Dean se dejara querer finalmente y comenzara a abrir su corazón a la persona que, después de su hermano, más le quería en ese momento.

Teniéndolo entre sus brazos, Dean parecía un niño necesitado de amor, pero el cazador jamás lo pediría, jamás le diría que estaba hecho polvo o que necesitaba hablar sobre lo que había ocurrido cuando había estado dentro de sus pensamientos. Dean lo dejaría pasar, se volvería a proteger con su coraza de tipo duro y volvería a su vida normal, con el corazón destrozado. Justo eso es lo que Don no podía permitir.

Ahora que comenzaba a conocer al cazador, Don también se dio cuenta que Dean tan sólo estaba esperando, en el fondo no cerraba las puertas para que nadie le conociera, simplemente hacía que la gente no viera esa puerta a su mundo interior. Pero Don había estado allí, le había mirado a los ojos, a los aterrados de Dean Winchester y había visto al verdadero Dean, al que intentaba alejar del mundo real, por miedo a que volvieran a hacerle daño.

Por eso, cuando a la mañana siguiente, muy temprano, Don se despertó y se dio cuenta que Dean no estaba a su lado, se sintió decepcionado, no con el cazador, sino consigo mismo, por no se capaz de decirle lo que verdaderamente sentía por él y obligarle a ver que no estaba sólo en el mundo.

Sam tampoco estaba en la casa y al ver que Impala no estaba, Don supuso que estaría con alguna nueva investigación. Por su parte Charlie y Colby se habían ido al apartamento de este para estar más cómodos y con mayor intimidad. Por ello no había nadie en la casa más que él y Dean, si no se había marchado.

Don bajó al piso inferior y miró por todos lados en busca de Dean, el salón la cocina y finalmente el jardín. Respiró con fuerza al verlo allí, sentado en una de las tumbonas con la mirada fija en el cielo. Todavía faltaba bastante para el verano, por lo que a aquella hora de la madrugada todavía era de noche y además refrescaba bastante.

Sin decir nada, el federal fue hasta él y con una manta que había cogido del sofá se la echó a Dean por encima. El cazador no le miró, ni siquiera se inmutó, por lo que Don se sentó en la tumbona de al lado.

"¿Qué haces levantado? ¿No quedamos en que te quedarías dos días descansando? Has pasado por un coma y por algo… que aunque no se como denominarlo es algo terrible, te mereces un descanso." Con delicadeza Don rozó la mano de Dean con la suya y esperó a la respuesta del chico, si es que le había oído.

"La última vez que ocurrió, fue mi padre el que salvó, Sam también tuvo algo que ver, pero se que fue mi padre el que entró en mi mente." Don lo escuchaba en silencio, atentó al tono melancólico y en cierta forma temeroso del muchacho. "¿Sabes que mi padre murió por devolverme a la vida?"

"Si, me lo contaste. Lo siento mucho, seguro…"

"Hasta ayer mi padre y Sam habían sido los únicos que habían entregado su vida por mi, los únicos que pensaban que mi vida era importante como par dejarla marchar." Dean rió por lo bajo y de repente se volvió hacia Don, mirándolo fijamente. "Entonces apareciste tu, no eres mi hermano, ni nada parecido. Hasta hace unos pocos meses eras un extraño ya ahora pese a lo que te dijo Sam, pones tu vida en peligro para salvarme a mi. ¿Realmente merezco tanto la pena?"

Don no se había esperado aquella pregunta, aunque la respuesta no tuvo que pensársela mucho. Sin embargo, un segundo antes de contestar, recordó lo que le había dicho Sam sobre su hermano, aquello de que infravaloraba su vida y que estaba dispuesto a sacrificarse por todos los demás. Hasta ese momento no lo había creído completamente, pero ahora se daba cuenta que Dean era un animal realmente herido.

"No tienes porque dudarlo." Don se arrodilló junta a la tumbona de Dean. "¿Todavía crees que no eres alguien indispensable en el mundo? Pues entonces mírame a los ojos y escúchame bien pequeño testarudo."

Don dudó un momento sobre si debía decir aquello, si Dean estaba preparado para escucharlo y si él estaba listo para decirlo en voz alta; pero al ver que los ojos de su amante le pedían que le diera una razón por la que seguía viviendo, decidió hablar por fin.

"Te quiero, si Dean Winchester un federal está enamorado de ti y está dispuesto a arriesgar su propia existencia por asegurarse que tu seguridad está garantizada." Don sonrió y se aupó hacia los labios de Dean.

"¿Incluso después de descubrir quien soy en realidad?" Dean no era completamente consciente de lo que había ocurrido la noche anterior dentro de su mente, veía imágenes, recordaba a Don hablando con él y sabía que el federal, había descubierto sentimientos de él que no le había desvelado a nadie con anterioridad. Don tan sólo asintió, con la misma sonrisa en los labios. "¿Puedo serte sincero?"

"Claro que si."

"Tengo miedo. Temo que ahora que has visto que no estoy seguro de merecer estar vivo, que me siento totalmente culpable por la muerte de mi padre y ahora que me has visto tal y como soy, pienses que no soy más que un perturbado con una muy baja autoestima."

Dean no estaba acostumbrado a hablar así, jamás, excepto cuando estaba con su hermano, jamás era una persona sincera en lo que se refería a sus propios sentimientos. Se quedó callado, se estremeció, sin estar del todo seguro si fue por el frío de la madrugaba o por el miedo y volvió a mirar las estrellas.

"Eso no son más que tonterías. Dean mírame por favor." Al no hacerlo, Don tomó el rostro de su joven amante entre sus manos y esperó hasta que los ojos verdes del cazador se encontraron con los suyos. "Todos tenemos miedo, yo el primero. ¿Sabes que no me puedo quitar de la cabeza la imagen de Charlie poseído por el demonio? Me aterra la posibilidad que le pase algo en mitad de uno de mis casos y que no pueda salvarle. Continuamente pienso que debería mantenerle al margen de todo esto."

Mientras escuchaba Dean cogió con fuerza la mano del federal. Comprendía perfectamente esas palabras. Ese miedo por perder a su hermano corría por sus venas a cada segundo, pero de alguna manera había conseguido hacerlo callar.

"Y también tengo miedo de perderte a ti. Verte caer fulminado en ese coma, es algo que espero no tener que repetir." Lentamente, Don se enderezó y acercándose a Dean le besó en los labios. "Es lo malo de querer a alguien. Siempre te queda el temor a perderle."

Rodeó el cuerpo de Dean con ambos brazos y lo acercó a él, volvió besarle, con mayor intensidad esta vez. Dean volvió a estremecerse entre sus brazos, agradecido por tener a alguien en quien apoyarse y temeroso de perderlo en algún momento, supusiera su destrucción final. Sin embargo, tal y como era normal en él, no dijo nada, dejó que los labios de ambos devorando la boca del otro dijeran todo lo que pensaban y evitar así, pensar en todos los males que podían rodearles en el futuro.

"Sigue en pie tu oferta." Dijo finalmente Dean. Su mirada había cambiado y pese a que sus miedos seguían estando allí y no se irían nunca, se sentía feliz mirando al federal. "Eso de que quieres venir con nosotros y tomarte unas vacaciones."

"Quiero ir contigo, aunque el asiento de copiloto esté ocupado en tu Impala y ya de paso saber como hacéis vuestro trabajo, además, podemos divertirnos mucho tu y yo juntos." Le susurró al oído. "Imagina lo que podemos hacer en todas esas habitaciones de hotel de carretera en la que pasáis las noches, sin olvidarnos del Impala claro." Don se echó a reír, sin poder evitarlo, al darse cuenta que Dean se había quedado mudo y parecía que para colmo, se había sonrojado.

"Bueno, serías el primero." Don le besó el cuello mientras escuchaba, aquello le estaba divirtiendo mucho. "Las tías con las que he estado nunca han venido con nosotros, la mayoría no sabían ni a lo que me dedico."

"Así que voy a ser tu primera pareja que te acompaña de cacería. Eso me gusta. Creo que voy a pedir las vacaciones cuanto antes." Dean se echó a reír, mientras con un movimiento rápido tirando de él, Don lo puso en pie y comenzó a arrastrarlo hasta la casa familiar.

- o -

Charlie quedó tumbado en la cama respirando con dificultad, empapado en sudor. Colby se dejó caer a su lado mientras se reía. "Hacía mucho tiempo que no hacíamos algo así. Creo que deberías estar poseído más a menudo."

"Ja, ja, muy gracioso, pero para tu información lo que te acabo de hacer, lo dejó Sam en mi mente, como una especie de disculpa por haber utilizado mi cuerpo." Colby lo abrazó, pensando que aquello era demasiado raro como para preguntar más allá. "Pero tienes razón, ha estado muy bien."

"¿Qué tal tu tobillo?"

"No es más que un esguince, en menos de una semana estaré como nuevo."

"¿No pensarás volver a trabajar ya después de todo lo que ha ocurrido?" Colby siempre se preguntaba porque hacía continuamente preguntas cuya respuesta conocía de antemano.

"No es para tanto, estoy bien y lo del tobillo no ha sido más que un esguince." Colby se incorporó antes de volver hablar.

"Charlie, te recuerdo que has estado poseído por un demonio y que has estado muy cerca de morir. ¿Por qué no te tomas unos días de baja? Seguro que siendo el profesor Charles Epps, no tienen ningún problema."

Charlie se incorporó y rodeó el cuello del federal con ambos brazos. Le besó sonriendo y se volvió a tumbar, notando como Colby cerraba su abrazo alrededor de su cuerpo. "Necesito volver a mi vida normal, eso es todo. ¿Por qué no dormimos un poco? Estoy agotado."

No había sido la mejor forma de terminar con ella conversación, pero Charlie no quería hablar del tema, no en ese momento, no cuando al dormirse comenzó a escuchar una voz lejana que le llamaba continuamente.

"Charlie… Charlie… te necesito."

Tenía miedo de reconocer que, después de lo sucedido, escuchaba voces y lo que era peor todavía, tenía sueños horripilantes sobre lo que un hombre de gran tamaño y bañado por la más absoluta oscuridad le hacía a otra gente. Si se estaba volviendo loco, no estaba preparado para reconocerlo todavía.

"Charlie… Charlie… vuelve conmigo."