Los últimos invitados a la cena llegaron por fin, tal y como había hecho las veces anteriores, Alan recibió los recibió en la misma puerta, con una enorme sonrisa dibujada en la cara. David y Amita entraron juntos a la casa de los Epps y fueron saludando al resto de los invitados; Don y el mayor de los Winchester estaban junto en uno de los sillones, no se había separado desde que habían llegado, Colby y Charlie salieron de la cocina con dos bandejas en la mano y riéndose y Sam, había descubierto en Larry a un buen compañero de conversación.
"Vamos chicos vamos, que se hace tarde y la carne se enfría." Dijo Alan como buen anfitrión de la velada. Todos los asistentes le siguieron al comedor entre risas y comentarios y fueron sentándose en la enorme mesa que estaba perfectamente preparada.
Los primeros minutos siguieron entre risas, hasta que por fin Alan llamó la atención de todos los presentes. "Bueno ahora que estamos todos juntos, hasta que uno de vuestros móviles vuelva a sonar diciendo que hay una emergencia, quiero aprovechar para daros las gracias por haber podido venir." Todos asintieron en silencio. "Y por cierto Amita, gracias por haber podido hacer un hueco en apretada agencia para pasar cosa."
Todos miraron a la joven profesora que sonreía de una forma sumamente inocente y que llamó poderosamente la atención de Sam. Había oído hablar a Charlie y Colby muchas veces de Amita, pero aquella era la primera vez en que la veía. Le habían dicho que era guapa, pero Sam pensó que era mucho más que eso, le habían dicho que era inteligente, pero cuando comenzó a hablar para agradecer a Alan lo que había dicho, Sam vio que era muy inteligente.
Se podía decir que le había picado la curiosidad aquella profesora de matemáticas y que si se hubieran quedado más tiempo en la ciudad, a lo mejor habría intentado conocerla mejor.
"Me alegra ver que mis hijos han encontrado a los hombres de su vida." Dean miró al federal y sonrió. Todavía no le había pensado de esa forma, al fin y al cabo, tarde o temprano, tendrían que separarse, pues sus vidas eran demasiado complicadas.
Sin embargo no le sonó mal. "El hombre de su vida." Jamás había imaginado que creería que esa expresión fuera posible para él, que él fuera a conocer a la persona de su vida y mucho menos que fuera alguien tan diferente a él, tan colocado en la orilla opuesta de la legalidad.
Pero allí estaban, sentados, uno junto al otro, sus manos entrelazadas bajo la mesa, pues para los dos era demasiado difícil que alguien les viera demostrar sus expresiones de cariño, "En la mesa de mi suegro." Pensó Dean, mientras sonreía al imaginar ese momento desde fuera. Todo era tan raro, todavía había cambiado tanto durante las últimas semanas.
"Por eso os pregunto a los cuatro." En la mesa se hizo un silencio tremendo ante la siguiente frase de Alan. "¿Cuándo me vais a dar nietos?" Todos rompieron a reír, aunque nadie se fijó en que Don y Dean no lo estaban haciendo. Se habían quedado mirando enmudecidos, pensando que ese paso, jamás llegaría en su relación.
"Bueno si Charlie decide un día de estos contestar a mi proposición…" De nuevo, el silencio se apoderó del salón y todas las miradas se centraron en el profesor. "Puede que pienses que siempre lo he dicho porque es lo que se debe hacer, lo tradicional. Pero ahora te lo pregunto porque quiero pasar el resto de mi vida contigo. ¿Quieres casarte conmigo?"
Charlie abrió la boca para contestar, pero tardó un momento en hacerlo. Quería decirle que sí, ser completamente sincero y decirle que no había estado más enamorado en toda su vida. Desde luego que deseaba decirle que si. Sin embargo, durante los pocos segundos que se mantuvo que callado, no consiguió hacer enmudecer a la voz que continuamente le asaltaba en la cabeza.
"Charlie… vuelve conmigo… Te necesito para seguir viviendo."
Sin embargo, suspiró profundamente y finalmente sonrió. "Claro que si y en cuanto me hayan dado la plaza que te dije en el Cal Sci, adoptaremos todos los niños que quieras, aunque con dos, a lo sumo tendría bastante." Charlie abrazó a Colby y le besó, mientas los demás aplaudían y vitoreaban a los recién prometidos.
"Ojalá pudiéramos aspirar a algo así." Le susurró Don al joven cazador mientras estaban limpiando la mesa y nadie se fijaba en ellos. "¿Te imaginas casado con un federal?"
"Ya me cuesta bastante imaginarme casado sin más. La mía no es la clase de vida en la que pueda plantearme una familia, una pareja estable y mucho menos niños." Terminó diciendo con una enorme tristeza en el tono de la voz. "Además, puede que mañana mismo ocurra algo y un demonio me mate."
"Por favor no digas eso delante de mi padre, no es que le haya contado exactamente todo lo ocurrido con Charlie, con Sam y contigo." Dean le acarició la mejilla y le besó, cuando los demás se había metido en la cocina.
"Precisamente lo digo por eso, ¿Qué le dirás si me ocurre algo por un… ya sabes, que ha sido uno de los tipos sumamente peligrosos a los que persigues todos los días? Por mucho que nos empeñemos, esto no va durar para siempre. Así que, ¿por qué no nos limitamos a disfrutar de tus vacaciones conmigo en la carretera? ¿Qué van a ser al final, dos semanas, tres?"
"Que bien te lo tenías guardado eh Donnie, así que os vais de vacaciones." cuando quisieron darse cuenta, Alana estaba entre ellos, demasiado feliz por las relaciones de sus dos hijos como para decirle la verdad.
"Si sólo serán unos días, luego volveremos a la normalidad." Los dos dieron gracias a que David había llamado a Alan en ese momento y el hombre no se había dado cuenta de la mirada entristecida y falta de alegría que habían intercambiado los dos.
Ninguno podía negar que estaba enamorado del otro. Pero ninguno podía negar tampoco que aquello terminaría tarde o temprano. Don seguía siendo un federal y su puesto estaba allí persiguiendo a los malhechores.
Por su parte Dean siempre sería un cazador y su puesto estaba donde aparecieran los demonios o los espíritus vengativos. Por eso los dos sabían que sus caminos no podían permanecer juntos por mucho más tiempo. A menos claro, que algo fuera de su elección, hiciera que las cosas salieran completamente al revés.
La noche llegó a su fin, las botellas de cerveza habían llegado a su fin y las reservas de comida en la casa se habían evaporado. Era la hora de marcharse. David fue el primero en marcharse y cuando le preguntaron por Amita, dijo que la había perdido de vista hacia horas. Larry fue el siguiente alegando algo de los parámetros de las galaxias, que ni siquiera el propio Charlie, demasiado ocupado riéndose de la última broma que le había contado Colby, había entendido.
"Bueno, nosotros nos vamos también, todavía tengo que preparar las cosas para el viaje y Dean me tiene que ayudar a elegir la ropa que debo llevarme." Todos asintieron entre risas. "Por cierto, dile a tu hermano que se pase a buscarnos mañana por mi apartamento."
"Un momento ¿Dónde está Sam?" Dean miró a su alrededor, pero por mucho que buscó, no encontró a su hermano por ninguna parte. Don y él lo buscaron por la casa, hasta que por fin en el jardín escucharon una risa alegre.
Don la reconoció en seguida como la de Amita y Dean reconoció la otra voz como la de su hermano. Los dos estaban sentados en el césped, mirando las estrellas, hablando sobre algo que no podían escuchar desde la ventana, pero ambos se dieron cuenta que allí había algo más que una charla sobre las constelaciones.
"Parece que ha sido una buena noche para todos."
Don apretó el cuerpo de Dean con su brazo y le besó en la mejilla. "¿Quién había dicho que la noche ha terminado? Estoy empezando mis primeras vacaciones desde… mis primeras vacaciones y quiero que esta noche sea inolvidable."
"Suena como si te estuvieras despidiendo de mi." Don le dio una palmada en el trasero al cazador y lo vio hacer algo parecido a sonrojarse.
"Hemos dicho que nada de preocupaciones ¿no? Así que vámonos de aquí, que en mi apartamento que todavía quedan unas cuantas horas para que amanezca." Los dos hombres salieron de la casa y cruzaron por delante de Sam y Amita.
Dean saludó a su hermano y el guiñó un ojo, a lo que Sam respondió abriendo de par en par los ojos. Dean rió, siempre le gustaba meterse con su hermano, porque Sam siempre caía en sus juegos.
- o -
tres horas más tarde, Dean se dejó caer en la cama completamente agotado, sudoroso y riendo. "Cuándo me has dicho que querías que esta fuera una noche inolvidable, veo que lo decías completamente en serio. Dios mío, han sido los mejores polvos de mi vida."
"Eso lo dices porque soy el primer hombre con el que te acuestas, no has tenido oportunidad de comparar con otros." Dean se incorporó para poder apoyarse sobre el pecho de Don y mirarle bien a los ojos.
"Eso lo digo porque han sido los mejores polvos de mi vida, me da igual que hayan sido con un tío y como una tía. Simplemente han sido los mejores, eso que me has hecho… Uff, te puedo asegurar que es la primera vez que he sentido algo así."
Don se apoderó de los labios del cazador. No se podía hacer a la idea que en unas semanas, dos meses a lo sumo, tendrían que separarse y él tendría que perder a su mejor amante, la mejor relación sentimental que había tenido nunca y a alguien que podía decir que le entendía casi perfectamente.
"¿Eh, que pasa? Te has puesto triste de repente. Si es por lo que pasará entre nosotros…" Don volvió a besarle, no quería escucharlo, no quería oír en voz alta que la realidad era tan mala como se la estaba imaginando.
Lo tumbó en la cama, sujetó con fuerza sus manos para evitar que pudiera alejarse de él. Estaba dispuesto a demostrarle que la noche había terminado todavía y que podía hacerlo mucho mejor si se lo proponía.
Sin embargo, alguien llamó a la puerta. "¿Quién puede ser a estas horas? Espera aquí, seguro que no es más que algún gamberro gracioso." Don besó a Dean y se levantó, se puso los primeros vaqueros que encontró por ahí tirados y fue a la puerta, mientras escuchaba que quien fuera volvía a llamar a la puerta. "Ya va, ya va. Muy bien, a ver ¿Qué es lo que quieres?" Dijo enfadado, aunque al abrir por completo la puerta, se quedó perplejo. "¿Charlie que haces aquí?"
"No lo se Don."
"¿Te encuentras bien hermanito?" Sin decir nada Charlie entró directamente en el apartamento. Dean salió del dormitorio tras haberse vestido también y miró la escena confundido.
"Tenía que venir, no se porque, pero tenía que venir."
"Charlie… ¿desde cuando tienes el tobillo bien?" Don miró a su hermano preocupado, se movía como si no tuviera dirección, como si se tratara de un autómata o de un zombie.
"Charlie…" Dean se acercó al menor de los hermanos Epps, pero al escucharlo hablar, como si estuviera repitiendo un disco rallado se detuvo y sintió que se le ponían los pelos de punta.
"El cazador cree que ha vencido, pero tan sólo ha ganado tiempo. El señor volverá, volverá a este mundo mucho más fuerte y totalmente recuperado."
"¡Charlie! Oh dios menos más que te encuentro." Colby apareció en la puerta del apartamento, pero al ver la escena, se dio cuenta que algo no funcionaba como debía allí.
De repente, Charlie dejó de respirar, puso todo su cuerpo en tensión y se desplomó en el suelo. Don fue lo bastante rápidio para llegar hasta él y evitarle un golpe demasiado fuerte.
"Charlie, hermanito…"
"El tobillo me duele como si hubiera estado andando dos kilómetros." Colby y Don se miraron, pues esa era distancia que se paraba la casa familiar del apartamento de Don. Sin embargo ninguno de los dos dijo nada al respecto.
"Vamos, porque no os quedáis aquí esta noche. Ya es muy tarde y a ti te conviene descansar." Nadie dijo nada contrariando la idea de Don. Colby acomodó a Charlie en el sofá, le recolocó la venda del tobillo y se sentó junto a él en el suelo, sin apartar la mirada del profesor, ni por un segundo.
El federal y Dean volvieron al dormitorio, pero estaba claro que la noche iba a terminar como ellos la habían planeado. "¿Crees que ha vuelto?"
"No sabría que decirte, antes de darte una conclusión preferiría hablarlo con Sam, el es el chico de los libros." Don se apoyó en su pecho sonriendo.
"entonces parece que vamos a tener que postponer las vacaciones unos días más.
