Don llamó a la puerta antes de entrar en la habitación. Colby contestó al otro lado, pero su tono cansado y bajo, le dijo a entender que las cosas no iban del todo bien. Sin embargo, al entrar, por fin, se dio cuenta que las cosas eran mucho peor de lo que había pensado.

Charlie estaba en la cama y parecía tranquilo, no parecía en nada distinto al hermano pequeño que el esperaba encontrarse, ese Charlie que al mirarlo con sus ojos de cachorrillo abandonado le pediría que se quedara con él, ese Charlie que le hablaría con tono de voz bajo, pero tranquilo.

No, al entrar, se dio cuenta que no era así, aquel Charlie era distinto. Su forma de mirar, fría y dura al verlo entrar, la forma en la que se mantuvo en silencio, simplemente observándole, como si de un depredador se tratara esperando a saltar encima de su próxima víctima y sobretodo la forma en la que Colby se mantenía algo alejado de él, pero sin quitarle la vista de encima. Todo ello le dijo a Don que las cosas no iban bien.

"¿Cómo está?" Preguntó por fin, sintiendo un profundo temor por la respuesta.

"Sigue igual. El dice que está bien, pero se que no es así. ¿No lo notas tu también?" Colby se estremeció, abrazándose a si mismo, aunque creyó que Don no se había dado cuenta de su gesto. "No se lo que es, pero estoy seguro que Charlie no ha vuelto a ser el mismo desde que el demonio le dejó.

Don mantuvo la mirada fija en su hermano. No hacía falta que Colby le dijera nada para saber que Charlie había cambiado. Se acercó a la cama y se sentó a su lado, mientras Charlie no dejaba de mirarle.

"¿Cómo estás hermanito?"

"Realmente no lo se. Es extraño, porque se que estoy bien, no me pasa nada, pero al mismo tiempo me noto raro." La mirada del profesor fue de Don a Colby, buscando un gesto de comprensión que no logró encontrar. "¿Qué es lo que os pasa? ¿Por qué me miráis como si fuera un bicho raro? Sigo siendo yo; acabamos con el demonio, Dean está bien y todo ha salido bien. ¿Por qué siento que me ocultáis algo y que eso de que sigo igual?"

"Charlie, tienes que descansar eso es todo."

"¿Cómo llegaste hasta aquí?" Don se volvió hacia la puerta en la que se encontró a Dean.

La última vez que lo había visto había sido al levantarse de la cama. Lo había dejado durmiendo, no quería molestarle pues le recordaba a aquel perro que había querido tanto cuando era pequeño. El animal siempre dormía a su lado, acurrucado junto a él y aunque su madre siempre le había dicho que le hacía gracia que lo hiciera, Don jamás le rechazó a su lado.

En el caso de Dean, el cazador se había quedado dormido muy pronto. Habían estado hablando sobre Charlie, sobre el demonio y sobre las posibilidades que había de que no hubiera dejado libre a su hermano completamente. Las historias que le contaba Dean sobre los demonios que había cazado junto a Sam, los exorcismos que habían llevado a cabo y todas las veces que se habían enfrentado a esos seres, le ponían los pelos de punta, pero al mismo tiempo le encantaba escucharlas de boca del cazador.

Por eso al despertarse, sin poder dejar de pensar en Charlie y encontrarse a Dean con los brazos y las piernas enroscadas con su cuerpo, lo único en lo que pudo pensar fue en que no quería que esa sensación de bienestar, de tranquilidad y seguridad que Dean le producía desapareciera porque tuvieran que separarse.

Definitivamente le quería, ya no había marcha atrás y por mucho que intentara mentirse a si mismo y decir que no se trataba más que de un ligue momentáneo más, lo cierto era que Dean le había marcado para siempre; le había mostrado un mundo lleno de criaturas terribles y hermosas que antes no sabía ni que existía, además le había convertido no sólo en su amante, sino además en su protector y en su protegido.

Se habían salvado la vida, se habían arriesgado por el otro y eso les había unido hasta un nivel que Don no creía posible hasta que lo había conocido. Enamorado siempre había sido una palabra difícil de definir para él y amor una que no había comprendido hasta ahora.

Le acarició el cabello y lo escuchó ronronear, aunque le más le recordó a un gruñido cariñoso, le besó en la frente y comenzó a moverse con cuidado. Mientras le acariciaba la espalda y le susurraba al oído lo mucho que le preocupaba y que no podía dejar de pesar en él, consiguió que Dean se separara de él y se acomodara en la cama sin tan siquiera despertarse.

Don sonrió antes de salir, mientras se vestía, sin dejar de mirarle, de contemplar el cuerpo perfecto de su amante, las formas que tantas veces había recorrido ya con sus manos y que tanto le gustaban.

"Creo que estoy a punto de quererte demasiado." Si eso era posible viendo en su mente cada uno de los momentos que había pasado con él. "Y no sabes el miedo que eso me da."

"¿Cómo dices?" preguntó un totalmente confundido Charlie al ver al cazador.

Dean entró en la habitación, mientras los otros tres hombres lo miraban fijamente. "Anoche llegaste hasta aquí, te vi, estabas aturdido y cuando te preguntamos como habías llegado, no lo sabías. ¿Cómo llegaste aquí?"

Mientras esperaba la respuesta, Dean se acercó a la cama. "¿Se puede saber que estás haciendo?" Colby se puso a su lado, no le hacía gracia que observara a su novio como si de un conejillo de indias se tratara.

"Tranquilo vaquero, sólo quiero comprobar una cosa."

"Dean…"

"No se como llegué aquí eso es cierto. Pero bueno supongo que salí de casa y vine aquí."

"¿Caminando?" Preguntó Dean, aunque esa pregunta ya había cruzado por la mente de los otros dos. "¿Cuántos kilómetros hay desde la casa hasta aquí, uno, dos?"

"Uno y medio." Contestó Don, que estaba empezando a comprender a donde quería ir a parar el cazador. Colby lo miró sin entender nada, pero al ver el gesto del federal, dejó que Dean continuara con lo que estaba haciendo.

"Voy a examinarte el tobillo." Dean suavizó el tono de la voz, al ver que la expresión de Charlie se volvía asustada. El profesor asintió y miró con detenimiento a Dean. "Creo que no es posible que llegaras sin más aquí andando un kilómetro y medio." Nada más poner la mano sobre el tobillo de Charlie, este se quejó con fuerza e intentó alejarse de la mano de Dean, pero este le sujetó con fuerza.

Charlie continuó quejándose mientras Dean no dejaba de examinar su tobillo. "Vamos déjale, ¿no ves que le estás haciendo daño?" Con un movimiento seco, Colby alejó al cazador del profesor y se sentó a su lado en la cama. "Ya está, tranquilo, no se lo que pretende, pero ya está."

"Don, se que tu me entiendes, te he contado todo lo que se sobre los demonios y ya te he dicho que pueden hacer moverse un cuerpo que ha caído de un edificio de ocho plantas. Lo mantienen con vida, mientras les útil, lo mismo que le ocurre a un cuerpo al que le hemos disparado, el demonio lo mantiene vivo, pero cuando le deja, el organismo se deteriora rápidamente y muere."

"¿Y que tiene eso que ver con Charlie?" Colby notó la fuerza con la que el profesor le cogió la mano. Charlie no quería oír hablar más sobre demonios, sobre muertos que se movían solos, ni nada parecido.

Pero sin embargo y aunque no quisiera demostrarle, Colby sentía que aquello tenía algún sentido. Todavía no sabía lo que era, pero por mucho que no le gustara si había alguien en aquella habitación que pudiera explicarle lo que le ocurría a Charlie, porque estaba tan convencido de que ese no era complemente el hombre del que se había enamorado y porque sentía una ansiedad tan grande mientras le tocaba, ese era Dean Winchester.

"Tiene todo que ver. Porque mira su tobillo, está igual de hinchado que si hubiera andado un kilómetro y medio. ¿Crees que lo podría haber hecho en una circunstancia normal? todavía tiene al demonio dentro y no se porque motivo, ayer lo trajo hasta aquí y produjo que de un esguince que se hubiera curado en una semana, ahora tenga un tobillo," Dean apretó ligeramente el tobillo de Charlie para demostrar su teoría, "un tobillo dislocado." Charlie se quejó con fuerza y se estremeció.

"Oh dios mío." Dijo Colby al volverse hacia el profesor.

"Muy bien, muy bien, me habéis pillado. Bueno realmente ha sido sólo el cazador y supongo que por eso debería darte la enhorabuena." Charlie se incorporó y con una sonrisa terriblemente mezquina se volvió hacia Colby y le acarició la mejilla. "Yo que esperaba haberte probado… seguro que serías alguien delicioso en la cama. Pero ahora que el cazador me ha descubierto, no creo que te apetezca verdad."

"Colby, aléjate de él." Dean se acercó al federal, al igual que lo estaba haciendo Don, sólo que este iba a hacia su hermano. "Don, no lo hagas, ese no es Charlie y si quieres ayudarle, será mejor que hagas lo que yo te diga."

"pero Charlie…"

"Eso es lo que él quiere, Don ven aquí." Dean hablaba ahora con una autoridad que Don no le había escuchado nunca. Desde luego sabía de lo que hablaba cuando se trataba demonios, así que supuso que hacerle caso, sería lo más conveniente."

Don retrocedió por fin, por lo que Dean se sintió más tranquilo, pero sin embargo, Colby se quedó donde estaba.

"Te destruimos, lo vi, estaba allí. Dean dijiste que…"

"El novio siempre esperando que las cosas salgan bien. Pues siento decirte que el profesor sigue estando conmigo. Me ha contado muchas cosas de ti. Bueno más bien se las he tenido que sacar, pero lo cierto es que te quiere mucho y ahora mismo está gritando desesperadamente para que te alejes de mi y te sientas el dolor."

"¿De que estás hablando?"

"Colby, aléjate." Pero el federal no tuvo tiempo de reaccionar y antes de poder hacer nada, sintió que una mano invisible le empujaba contra la pared. Vio la mano de Charlie extendida hacia él y aquella horrible sonrisa que había creído olvidar, dibujada en su rostro.

Se golpeó contra la pared y resbaló hasta el suelo. Quedó aturdido, aunque más le dolía el corazón que otra cosa. Intentó fijar la mirada en Charlie pero no pudo, pues a su alrededor comenzó a ver pequeñas luces de colores.

"Charlie, vamos detente, se que puedes hacerlo." Don intentó dar un paso hacia su hermano, pero Dean se puso entre medias y no le dejó avanzar.

"Sabes quien soy, seguro que abajo, en el infierno te han hablado de mi y a lo mejor te han dicho que gasto muy malas pulgas cuando les hacen daño a las personas que quiero. Charlie me cae bien, es un gran tío y no voy a hacerle daño, así que no me obligues a usar la fuerza.

"¿Y que vas a hacer?"

Sin decir nada, Dean le mostró la pequeña botella que llevaba en la mano y sonrió. "Agua bendita. Me han dicho que sois un poco alérgicos a ella. ¿Te gustaría probar una buena ducha?"

El demonio retrocedió, ante lo que Dean no se inmutó.

"No podemos dejar que se vaya." Le dijo en voz baja Don, pero el cazador no contestó, tenía otros planes y estaba a punto de entrar en la segunda parte de su estrategia.

El demonio abrió la puerta y dio un paso atrás. Entonces gritó enojado. Don se estremeció al escuchar a su hermano decir tal cantidad de insultos a un mismo tiempo, pues jamás recordaba haberle escuchado decir un solo. Pero se dijo a si mismo que al fin y al cabo ese no era su hermano y que seguramente cuando aquella locura terminara definitivamente, Charlie no recordaría nada.

"Maldito cazador."

"Los demonios os creeis muy listos, pero al final todos caéis en las misma trampas. Espero que no tuvieras muchos planes hechos para hoy, porque mientras no te decidas a dejar ese cuerpo completo, va a ser una jornada muy larga." Dean cogió el teléfono y marcó el número de su hermano. "Sammy, creo que voy a necesitar tu ayuda." Una voz al fondo le llamó la atención, sobre todo porque era femenina. "¿Sam donde estás? Ah, desayudando con Amita. Bueno pues lo siento, pero tengo un demonio bastante obsesionado con el cuerpo de… mi cuñado." Dean se dio la vuelta y le sonrió a Don, que al escuchar aquello, pudo deshacerse un poco de tanta tensión y le devolvió la sonrisa. "Vamos a sacar a Charlie de esta."

"Estoy seguro, porque confío en mi cuñado." Dean le guiñó un ojo, se acercó a él y le besó. Al menos, disponían de un momento para recordarse lo que sentían el uno por el otro, por que en pocos minutos, las cosas se iban a poner muy feas para todos.