Don se acercó a la ventana. El cuarto en completa penumbra excepto por la luz que penetraba por la ventan, dibujaba entre sombras la figura inmóvil de Dean. El federal lo miró, lo abrazó durante un largo minuto y sonrió.

Hacía varias horas que nada le daba ganas de sonreír, pero ahora que tenía delante al joven cazador, sintió que se encontraba mucho más tranquilo, pese a todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor.

Dio unos pasos hacia delante, pero se detuvo, Dean estaba preocupado, lo conocía lo bastante bien, como para saber que tan sólo permanecía tanto rato en silencio si algo le preocupaba.

Si, le conocía, después del que había sido pese a todo lo ocurrido con el demonio el mejor mes en mucho tiempo, podía asegurar sin miedo a equivocarse que conocía bien al cazador.

Leía su mente sin problemas; tan sólo mirarle era como tener delante las páginas de un libro abierto. Mirarle a los ojos era penetrar en su alma por la puerta principal y besarle entre las sábanas, era conocer su mundo entero.

Adoraba a ese muchacho, tan diferente a él a simple vista, pero lleno de su misma fuerza. Por ello y a pesar de tener a un demonio poseyendo a su hermano, Don no podía ni quería pensar en tener lejos a Dean.

"Un beso por lo que estás pensando." Rodeó la cintura del cazador y le besó en el cuello, para llamar su atención.

Dean lo miró sin moverse. No quería que Don lo viera así, no le gustaba que la gente, ni siquiera su hermano, ni ahora su novio, vieran su parte más frágil y vulnerable, sobretodo cuando no podía controlarla.

"Estoy bien, sólo necesitaba pensar." De nuevo, Dean desvió la mirada hacia la calle, pues en ella, al menos en su tranquila madrugada, no estaba ocurriendo nada fuera de lo normal.

"Eso es lo que hubiera creído la primera vez que nos acostarmos, cuando no sabía nada de ti." Don apretó su cuerpo con más fuerza, hasta obligarle a dar un paso hacia atrás, alejándolo de la ventan y atrayéndolo hacia él. "Te conozco y a estas alturas puedo decir que se como piensas."

"Entonces no hará falta que te diga lo que me ocurre. Nunca se me ha dado bien confesar mis pecados y en cuanto a los miedos." Ya había dicho demasiado, por lo que dejo de hablar.

"Dean ¿De que estás hablando? ¿Qué pecados son esos? Que yo sepa tu no has hecho nada más que desvivirte por ayudarme." Para su sorpresa Don notó el cuerpo de Dean estremeciéndose y sabía que tan sólo haría eso si estaban muy desesperado. "Vamos Dean dime lo que te ocurre de verdad, estoy aquí por ti."

"¿Y que hay de Charlie?"

"Ambos sabemos que no puedo hacer nada para ayudar a mi hermano. So lo hubieran secuestrado, si hubieran tratado de matarle, haría una investigación ¿que voy a hacer contra un demonio? Bobby y Sam pueden hacer ahora mucho más que yo ¿vas a dejar que te ayude o prefieres que me quede sentado esperando que ocurra algo?"

Dean se dio por fin la vuelta, suspiró y apoyó la espalda en la pared. Cerró los ojos demasiado agotado como para decir nada. "Lo siento, de verdad que lo siento." Poco a poco se fue resbalando hasta quedar sentado en el suelo.

"Vamos habla conmigo." Don se arrodilló frente a él apoyando las manos sobre las rodillas del cazador. "Estamos juntos ¿no? No se cuanto durará esto o si saldremos vivos del enfrentamiento con este demonio…"

"No digas eso, ya he perdido a demasiada gente en mi vida como para pensar que te pueda perder también a ti."

"Lo que quiero decir, es que tenemos que aprovechar lo que tenemos mientras lo tengamos."

Los dos se quedaron en completo silencio, mirándose, contemplando al hombre que tenían delante, a su amante, a su compañero. estaban bien, juntos se sentían a gusto y fuertes frente al mundo y estando los dos, allí solos en el salón, no había demonios, no le podía ocurrir nada malo a Charlie, nada les evitaba ser felices y estar tranquilos, ese momento, por muy corto que fuera.

"Dean." Don alargó la mano hasta la mejilla de Dean y justo en el momento en el que la colocó sobre su rostro, Dean se estremeció; por muchas veces que se hubieran acostado juntos; Dean siempre se estremecía cuando el federal le tocaba de esa forma tan sincera.

"Me siento completamente impotente." Don se lo quedó mirando en silencio. "Soy un cazador, se como hacer un exorcismo, he salvado a mucha gente y cuando se trata de ayudar al hermano de mi novio…" Don sonrió. Cuando lo hacía, Dean siempre se imaginaba como sería el federal de niño, pues su sonría en eso le convertía en un niño a la vista de Dean. "¿Qué pasa?"

"Es la tercera vez hoy que te oigo llamarme novio." Sin dejar contestar a Dean el federal le besó, se apoderó de sus labios con intensidad y decisión.

Pasó su mano por la nuca de Dean y apretó sus labios todavía con más contra los propios. Lo aplastó contra la pared y dejó que rodeara su cuerpo con las piernas. Había sido un día demasiado largo y agitado, ahora al menos durante unos breves pero intensos momentos, podían dejarse llevar.

"¿Cómo quieres que te denomine? El federal que me tiro cuando no estoy cazando demonios. No suena mal, pero me parece un poco largo la verdad."

"¿Cuántos novios has tenido?" Un nuevo beso tranquilizó todavía más a Dean.

"Novios ninguno, novias…" Otro beso, en la esquina de la boca del cazador. Finalmente Dean suspiró aliviado. "No creo que si esto es tener novio hay tenido ninguna novia como tal."

"Dices que te sientes impotente ¿Sabes cuanto me estás ayudando a aceptar que mi hermano está poseído por un demonio? No quiero que te hagas el héroe y no quiero recordar, dentro de treinta años, que salvaste e mi hermano, a costa de tu propia vida, no quiero perderte."

"Un momento." Dean se levantó de un salto y fue a la cocina. "Tengo una idea que a lo mejor puede funcionar." Don lo siguió sin decir nada, observando como Dean estaba volviendo a ser él mismo. "Colby, deja de lamentarte y ven conmigo, creo que puedes ayudar a tu profesor."

- o -

Lo habían dejado solo en la cocina, y Colby lo había agradecido. No le gustaba abrir sus sentimientos a nadie y mucho menos derrumbarse delante de sus amigos.

La vida se le había dado la vuelta completamente en un mes. De estar bien con Charlie y a punto de pedirle que se casara con él, ahora tenía que aceptar la idea de que el hombre al que amaba estaba dominado por un demonio.

El mundo que él conocía no era así, había gente mala, asesinos y narcotraficantes; pero no demonios ni cosas similares. Podía lidiar con cualquier cosa, menos con terribles criaturas provenientes del infierno.

"¿De que estás hablando?"

"Vamos, no te quedes ahí parado. Charlie te necesita o al menos eso creo." Dean se dio la vuelta y se encaminó hacia el dormitorio donde estaba el profesor. Pero antes se detuvo un momento, miró a Don y con un simple susurro le dijo. "Gracias."

Los tres hombres irrumpieron en el dormitorio.

"¿Qué es lo que van a hacer un niño con sangre de demonio en un interior y un anciano contra mi?" El demonio dentro de Charlie, se echó a reír, hasta que vio entrar a los otros tres hombres.

"Ellos posiblemente nada; pero no subestimes el amor entre dos seres humanos. Charlie sigue estando ahí dentro" Don caminó con tranquilidad hasta el límite de la trampa en la que estaba encerrado el demonio. "Colby, Charlie está ahí y se que puede escucharte. Te quiere y apostaría a que tu eres el único que puede traerlo de vuelta."

Dean lo sabía bien, Don lo había hecho con él, había entrado en su mente, le dio la mano cuando más lo necesitaba y tiró de él de vuelta al mundo de los viso. Después de todos aquellos días viendo juntos a Colby y Charlie, sabía que el profesor adoraba al federal, Dean estaba seguro que no podía vivir sin él y que daría su vida por Colby.

El federal se había quedado paralizado, aterrado y hecho un completo lío. Cuando tenía que disparar no tenía problemas, sabía como hacerlo y donde herir. Conocía los procedimientos llevados a cabo en un secuestro, pero aquello era nuevo y sobretodo, ponía en peligro la vida de Charlie.

"Así que ¿el salvador no se atreve a mancharse las manos?"

"¿De que estás hablando?" Dijo Colby tratando de aparentar más enfadado que muerto de miedo como estaba.

"los cazadores no te lo han dicho, vaya por dios. Te lo diré yo entonces, para que veas que no soy tan malo como me pintan."

Colby tuvo que contenerse, deseaba sacar de cualquier forma posible al demonio de Charlie; pero por nada del mundo estaba dispuesto a hacerle daños a su novio ¿Tendría que hacerlo? ¿A que se refería ese maldito demonio?

"Si quieres llegar al profesor, tendrías que pasar por encima de mi; pero tendrás que saber que no te lo voy a poner fácil. Si quieres a Charlie, lo vas a ver sufrir y te puedo asegurar que soy muy imaginativo."

Don sujetó a Colby antes de que se lanzara a por el demonio.

"No lo hagas, eso es precisamente lo que él quiere. Pero sigue siendo Charlie." Colby pareció no hacerle acaso a Dean, no le estaba escuchando. "Mírale a los ojos." Colby todavía dio un paso adelante tratando de zafarse de Don. "¡Mírale a los ojos! Maldita sea Colby, es el hombre al que quieres ¿Cuánto vas a tardar a pedirle que se case contigo, cuando todo esto termine?

"Pero no puedo hacerle daño. Ya se lo he hecho más de lo que me hubiera gustado en el pasado." Colby miró a Don, que ya le había soltado. "No voy a ponerle la mano encima, no puedo."

"No tienes porque hacerlo, aunque no he dicho que vaya a ser fácil que todo esto termine de una vez."

"Dean Winchester. Y yo que creía que te habías derrumbado. No es malo pensar que todo esto es culpa tuya."

Don miró al cazador y se dio cuenta que la expresión de este había cambiado. Se pregunto que era lo que no le había contado, pero en un segundo la fuerza que Dean había recuperado la acababa de perder.