Disclaimer: Bleach pertenece a Tite Kubo. La trama y los personajes originales son míos.


2. La comitiva organizacional

Tres días después de su propuesta de matrimonio, Ichigo y Rukia se encontraban en un pasillo del Doceavo Escuadrón, caminando tomados de la mano. A estas alturas ya su compromiso no era noticia nueva, por lo que ya no se les hacía incómodo estar recibiendo felicitaciones tanto de amigos como de desconocidos en la Sociedad de Almas, aunque sí hubo un momento donde se sintieron abrumados por recibir tantos mensajes tanto de las criaturas y monstruos de todos los lugares del Mundo de los Vivos como de los segadores legionarios y otros psicopompos deseándoles felicidad y éxito, además de que podían contar con ellos para lo que fuera.

Gracias a estos últimos mensajes, la pareja se preguntó quién había difundido la noticia hacia aquellos seres y espíritus. Y la principal sospechosa fue Shisen Ridasaki, la bruja ancianísima que encontraron en México y cuya clarividencia ocupa todo lo existente, tanto en los planos mortales como en los espirituales. Pero mejor dejaron ese asunto por la paz, ya habría tiempo de saber la verdad.

Un poco antes de terminar el pasillo, los dos se encontraron con un segador bajito, como de unos trece años, esmirriado y de pelo corto y color verde tan fosforescente que hería la vista. Estaba distraído en una pantalla digital, murmurando algo acerca de la fatiga en el acero.

—Disculpa, ¿sabes dónde está Uryu Ishida? —preguntó Ichigo, lo suficientemente fuerte para llamar su atención.

El joven alzó su vista de la pantalla: —Sí, se encuentra con el capitán Kurotsuchi —respondió.

—¿Podrías llevarnos con él? —pidió Rukia.

—Claro, síganme por favor —contestó el segador, y comenzó a caminar con la vista enfocada de nuevo en la pantalla.

Los tres avanzaron por un nuevo pasillo, hasta llegar a una puerta grande y, sin llamar, la corrió. El interior era como una sala de juntas, con una gran mesa de "U" con tazas de café y varias sillas, las cuales estaban ocupadas con Mayuri Kurostuchi y Uryu Ishida, quien vestía como segador, en un extremo, y los oficiales del Escuadrón en el otro, los cuales estaban anotando algo de manera frenética.

—¿Qué quieres? ¿No ves que estoy aprendiendo de los quincys? —reclamó el extravagante científico, algo molesto.

El segador se inclinó: —Perdone capitán, pero Ichigo Kurosaki y Rukia Kuchiki buscan a Uryu Ishida —respondió.

—Ah, ¿y para qué? —inquirió el capitán.

—Eso es asunto nuestro y con Ishida —rebatió Ichigo.

—¿Acaso vas a pedirle a Ishida que diseñe el vestido de novia de ella? —preguntó Mayuri, observando a Rukia, quien tembló un poco al sentir su mirada.

—¿Cómo es que…? —preguntó el de pelo naranja, entrecortado.

Mayuri le dio un sorbo a su café: —No es novedad ni secreto que mi yerno tiene afición por la costura —contestó, y removió un poco la bebida—. Y por las circunstancias deduzco que lo vinieron a buscar para tal encargo —sonrió de manera extraña— ¿O me equivoco?

La pareja se quedó callada, pero negó con la cabeza. Antes de que Mayuri los siguiera incomodando con su sonrisa, Uryu se levantó de su silla.

—Enseguida vuelvo —habló el ex quincy, y se dirigió a la pareja.

—No tardes, Ishida —habló Mayuri—. Quiero que le cuentes más a mi escuadrón de todo lo que viste en Europa acerca de los quincys. Es interesante como la Reina Oscura persiguió a tu raza como si fueran cerdos para cocinarlos.

Uryu negó con la cabeza y cerró la puerta. Ichigo y Rukia respiraron aliviados de ya librarse de Mayuri aunque fuese un rato.

—Creo que Mayuri ya dijo lo obvio, ¿o es mentira? —preguntó el de pelo azul.

Ichigo suspiró: —El loco tiene razón. Rukia y yo vamos a casarnos —respondió.

El de lentes le tendió la mano derecha: —Felicidades, Kurosaki —dijo—. Después de todo lo que han pasado, finalmente una buena noticia.

—Gracias —respondió el de pelo naranja, correspondiendo el gesto.

—Y creo que están buscando a alguien que diseñe el vestido de Kuchiki y tu traje, Kurosaki —comentó Uryu. Ambos asistieron—. Me parece perfecto. Espero que ya hayas previsto todo lo que lleva una boda.

—Para ser sincero no tengo ningún yen ahorrado —comentó Ichigo, rascándose la cabeza con la mano derecha—, y todos los que hay aquí piden anticipo para los preparativos de la boda. Por lo que no tenemos idea de lo que se debe hacer.

Uryu se palmeó la cara: —Nunca dejas de ser un impulsivo, ¿verdad, Kurosaki? —dijo.

—Oye, vamos paso a paso —respondió Ichigo, algo indignado—. Quiero prevenir todo antes. Pagaré todo en su debido momento…

—Sólo espero que no sea en cien años, ¿eh? —intervino Rukia, y le dio unos golpecitos en el hombro al de pelo naranja.

—Pues con lo que me paga la Sociedad verás que sí, enana —comentó el de pelo naranja.

—Ah, perfecto, entonces… —habló la pelinegra, sarcástica.

—Está bien, está bien, no discutan —interrumpió el de pelo azul, alzando ambas manos—. Lo haré, pero debo tratar el vestido y el traje por separados.

—¿Crees que es de mala suerte que el novio vea el vestido antes de la boda? —cuestionó Rukia.

—Yo creo que se arruina el asombro y la sorpresa, Kuchiki —respondió el de lentes—. No soy muy supersticioso, pero…

Uryu tuvo que detener sus palabras, pues el causante fue el ruido del teléfono móvil de Ichigo. Éste lo sacó de entre sus ropas y vio que tenía una videollamada de un número desconocido. Inmediatamente lo cortó, pero el mismo número volvió a marcar e Ichigo volvió a cancelar. Y otra vez llamó, y otra vez, y otra, y otra, cosa que preocupó tanto a Uryu como a Rukia, pues no sabían quién se estaba empeñando en contactar con él. Ya por el décimo intento de videollamada, el de pelo naranja, notoriamente harto, decidió responder.

La pantalla se puso en color negro, pero el ruido de fondo indicaba que la videollamada fue aceptada.

Che, dejá ya de presionar ahí o va a cancelar la llamada —habló una mujer con un notorio acento porteño argentino.

¡Ah, que la chingada contigo! Que no ves que el huerco este no quiere contestar —exclamó una segunda fémina que sonaba como los del norte de México.

¿Qué no decías que eras bien apañá(1) para esto? Porque parece que más estás apollardá(2) que naa —dijo con burla una tercera voz de mujer de acento andaluz.

A los tres se les juntaron las emociones, pues esas tres voces no pertenecían a nadie más si no a las cruentas hermanas Mikoba. Tres seres con forma de mujer que eran sumamente mortales para los humanos y despiadadas con los espíritus, pero que ayudaban enormemente a la comunidad mitológica del Mundo de los Vivos en todos los aspectos posibles.

¿Tu también cabrona? Pos es que los puñeteros telefonitos estos ya tienen un chingo de cosas, y luego el pendejo este que no me contesta.

Mirá, mirá, mirá. Ya apareció la pantallita, y se ve Ichigo ¡Hola, che! ¿Cómo andás?

¡Illo! ¡Hace tiempo que no sabemos nada de ti!

¡Qué onda, morro! ¿Qué cuentas?

—Eh, hola —dijo Ichigo, un poco seco y alzando la mano—. Disculpen, pero no puedo verlas

Ah que pendeja estoy. Deja mover los dedos así y… ¡listo!

La pantalla dejó de ser negra y mostró a las tres mujeres. En cuatro años no habían cambiado nada de aspecto. Mibértola con su vestido victoriano color guinda y su pelo negro recogido en un apretado moño; Gerlstina con su indumentaria vaquera de camisa a cuadros blancos y negros, jeans y sombrero, que dejaba ver su pelo rosa suelto; y Kihuoteoncho vistiendo su kimono de café claro y su pelo lila acomodado como si fuera un ave de papel. Ésta última acaparó la cámara, haciéndose lugar entre las otras dos.

Ahora que mi bruta hermana ya arregló esto —habló la de pelo lila—, ya podemos hablar bien. ¿Cómo andás, che? ¿Qué hacés en tu mundo?

Ichigo volteó a ver a Rukia y a Uryu, buscando apoyo. Él se acomodó sus lentes y ella asintió, dando ambos a entender que no había problema en conversar con ellas.

—Estoy bien. Estoy en la Sociedad de Almas, haciendo lo que debo hacer —contestó el de pelo naranja, y dio un suspiro.

Antes de que Kihouteoncho siguiera hablando, la cámara cambió abruptamente de persona, mostrando esta vez a Gerlstina.

Ta' bien, ta bien. Eso es bueno escucharlo —dijo la de aspecto vaquero—. Por cierto, felicidades por tu compromiso con la chaparrita. Creo que después de lo que pasó en el castillo de la Reina, merecen estar más que juntos, verdad de Dios.

Ichigo y Rukia se congelaron. Parece que la noticia de su compromiso había llegado demasiado lejos hasta estas peculiares mujeres. Si bien a ambos no les agradaba mucho lo que hacían en el Mundo de los Vivos, fueron unas aliadas de primera a la hora de superar los desafíos de la Reina Oscura.

Mientras Ichigo y Rukia salían de su asombro, la cámara volvió a cambiar repentinamente y ahora mostró a Mibértola.

Illo, yo también os felicito por su unión —habló la mujer—. Y precisamente queremo hablar contigo acerca de organizar la boda

Ichigo frunció el ceño: —No es de su incumbencia mi boda —protestó—. Así que déjenos en paz a Rukia y a mí.

Mibértola sonrió: —Bueno, illo. Ya que no queréis entender por las buenas vamos a tener que hacerte venir por las malas —dijo.

Ahora la cámara enfocó a Gerlstina y Kihuoteoncho, quienes se encontraban en las orillas de un bosque, el cual daba a un río. Y en el extremo opuesto del cuerpo de agua, estaba una ciudad perfectamente conocida por Ichigo.

¡Mirá donde estamos, boludo! —exclamó la mujer del kimono, abriendo los brazos.

¡La puñetera ciudad de Karakura! —gritó la de aspecto vaquero, imitando a su hermana.

La cámara volvió a enfocar a Mibértola: —Amo a ve(3), si tu no vienes en cero coma(4) a esta ciuda —habló y se llevó la mano libre al pecho— mis hermanas y yo vamo a dejar tan petaa(5) de muertos este lugar que te daremo trabajo para mucho rato. Illo, aquí te esperamo. Adió —y se despidió con la mano.

La videollamada se desconectó y a Ichigo se le heló la sangre. No tenía mucha idea de las palabras de la mujer, pero no cabía duda de que eso era una amenaza.

—¿Qué quiso decir con eso? —cuestionó Ichigo, aun mirando su teléfono.

Uryu se acomodó sus gafas: — Si no vas rápido, esas locas van a matar a todos en Karakura —respondió.

Sin pensarlo, el joven de pelo naranja se guardó el teléfono y salió corriendo por el pasillo, con un solo objetivo en la mente.

—¡Ichigo, espera! —gritó Rukia, y también se lanzó a correr alcanzando al segador.

—¡No hay tiempo, enana! ¡Tengo que ir a detenerlas! —exclamó el joven, una vez que la pelinegra lo alcanzó.

Rukia negó con la cabeza. Sabía que era imposible detener a Ichigo cuando una situación de alto riesgo aparecía.

—¡Entonces vamos juntos! ¡En las buenas y en las malas, somos un equipo! —dijo en voz alta, y sonrió determinada.

Ichigo le sonrió de manera afectuosa, sabiendo que siempre contaría con la ayuda de Rukia para cualquier situación. Sin más que decir, apuró el paso hacia la salida con la pelinegra siguiéndolo.

Algunos metros más atrás, Uryu sólo pudo ver como los dos se alejaron apresuradamente y se acomodó sus lentes.

—Tal parece que la imprudencia es contagiosa —comentó para sí mismo—. Bueno, creo que es hora de preparar el vestido y el traje para estos dos.

Dando la media vuelta, el joven de anteojos se dirigió a la sala de juntas de donde había salido.


No pasaron ni diez minutos cuando un seikaimon apareció a la orilla del río en Karakura, cerca del bosque. Éste se abrió y dejó pasar dos mariposas infernales, seguidas de un apurado Ichigo y una preocupada Rukia.

—¿Cuál es el plan, Ichigo? —cuestionó Rukia.

—Debemos de explorar con cautela por… —respondió Ichigo, pero de inmediato cortó sus palabras.

Un susurro a su derecha le hizo al joven de pelo naranja voltear, pero no había nada. De igual manera le pasó a Rukia. Y justo cuando Ichigo iba a continuar con su estrategia, vio por el rabillo del ojo que Zangetsu había desaparecido. Rukia también se percató que Sode no Shirayuki también se esfumó.

Los dos dieron algunas vueltas sobre sí mismos, pero un chiflido les hizo ponerse en alerta. Enfrente de ambos, las hermanas Mikoba estaban de pie. Tal como habían visto en la videollamada, pero de inmediato notaron que Gerlstina, la mujer vaquera, tenía en su poder las espadas de los dos.

—¿Qué pasó, mi teñido compadre? ¿Buscabas tu espada? ¿O te sorprende vernos? —preguntó Gerlstina, algo burlona.

—Devuélvenos nuestras zampakutos —exigió Ichigo.

—Primero vamos a charlar un ratito y después se las regreso, ¿va? —sugirió la mujer de pelo rosa.

Tanto Ichigo como Rukia desaparecieron con shumpo, en dirección a Gerlstina. Pero pronto volvieron a aparecer, sólo que esta vez sometidos por Mibértola, quien neutralizó a Ichigo, y Kihuoteoncho, quien tenía bien sujeta a Rukia.

—Ahora sí, ¿nos van a escuchar, par de puñetas? —preguntó Gerlstina, entre dientes.

—¿Qué quieren de nosotros? —demandó Rukia.

—Sólo que escuchen algunas palabras, por favor —habló una voz grave y cálida, como un violonchelo

Ichigo miró hacia la derecha y escuchó unos pasos bastante pesados que se desplazaban en la hojarasca del bosque. Iban haciéndose algo más fuertes e iban en dirección hacia donde estaban ellos, hasta que por fin mostraron quien provocó esos ruidos, resultando ser irreconocible para los dos segadores.

El desconocido era un hombre alto, como de tres metros y medio, y tremendamente obeso. Fácilmente podía medir más de cinco metros de diámetro y llegar a pesar más de mil kilogramos. Pese a su corpulencia, presentaba un cuello normal y su rostro era delgado, algo alargado, de piel morena, ojos marrones y pelo negro, lacio y que le cubrían las orejas. Sus brazos eran bastante largos, como de dos metros, y bastante peculiares pues eran resecos, estaban cubiertos de una fina y escamosa piel negra y sus dedos terminaban en garras negras de dos centímetros de largo. Las piernas eran rechonchas y gruesas, pero de algún modo lograban mantener de pie al hombre sin amenazar con fallar. Vestía con una playera tipo polo roja y un pantalón de mezclilla azul marino adecuados para su titánica talla. Además, traía una mochila tan grande que fácilmente podría albergar a dos hombres adultos juntos.

Ichigo y Rukia se encontraban asombrados con el hombre, debido a su aspecto. Con todo lo que pasaron en los últimos años, se les cruzó la idea de que era un nuevo tipo de enemigo que venía a poner en jaque la paz alcanzada.

—Así que ellos son los que acabaron con la Reina Carmilûte —dijo el ser, observándolos de manera interesante, lo cual no les gustó mucho a ambos segadores—. Mi nombre es Wäichou Salminem —y se inclinó lo que le permitía su tremendo cuerpo—, y he viajado hasta aquí para proporcionales mis servicios.

—Salminem —murmuró Rukia para sí misma. Y entonces recordó algo—. Espere, ¿usted tiene relación con el monstruo de México?

—Así es —respondió Wäichou, moviendo la cabeza afirmativamente—. Lajos Salminem es mi hermano mayor, me lleva cincuenta años. Creo que por cómo lo conocieron, va a ser difícil olvidarlo.

Ichigo y Rukia se miraron entre sí. Por supuesto que jamás olvidarían a Lajos Salminem, si bien fue de gran ayuda en la batalla final contra los ejércitos de la Reina, su fábrica oculta en los bosques del centro de México todavía les daba pesadillas.

—Pero bueno, no estamos aquí para hacer negocios con mi hermano —continuó Wäichou— si no de su compromiso. Por cierto, muchas felicidades, ya era hora que el destino los uniera.

—¿Cómo es que sabes lo de nuestra boda? —inquirió Ichigo.

—Mi hermano se topó con algunos segadores legionarios hace dos días —respondió Wäichou—. Y a uno de ellos se le escapó que se van a casar, se difundió el chisme por todo el mundo mitológico, y luego mi hermano me contó que quiere pagarles la boda. Y pues, yo tengo un servicio de eventos y banquetes, y por todo lo que ha pasado el mundo gracias a ustedes, me dispongo a organizar su boda —y extendió ambos brazos.

—¿Entonces no vienes a destruir Karakura? —cuestionó Rukia

El obeso hombre sonrió y negó con la cabeza: —Por supuesto que no —respondió—. Yo no me dedicó a destruir ciudades, esa es tarea de mi hermano. Tan sólo soy un veterinario que tiene un servicio de eventos y banquetes.

—Dile a tu hermano que puede guardarse su dinero, que no necesito nada que esté cubierto de sangre inocente —protestó Ichigo, y Wäichou alzó la ceja derecha.

—A ver, pinche morro puñetas —habló Gerlstina, y azotó la gran espada de Ichigo y la hermosa arma de Rukia al suelo—. Todas las criaturas, monstruos, espectros, fantasmas y entes de este mundo te admiran un chingo porque pudiste matar a la Reina Carmilûte junto con la huerca esta —señaló a Rukia— y se sienten en deuda contigo. Comemos carne humana, sí y es parte de nuestra dieta, pero también somos agradecidos con quien sí lo merece. Y créeme, ella y tú se merecen toda la gratitud del mundo mitológico. Así que escúchanos primero y cierra el puto hocico —finalizó apuntándole con el índice derecho.

—Bueno Ichigo, si no quieres que mi hermano te pague la boda —dijo Wäichou, y se rascó la barbilla con la mano izquierda—, puedo ajustarme al presupuesto que me digas. Aunque creo que sería decepcionante organizar la más simple de las bodas a los espíritus más poderosos de este mundo.

—Eso no les incumbe —dijo Ichigo, testarudo.

—¡Ah, ya déjate de chingaderas! —exclamó la de pelo rosa, exasperada y agarrándose el pelo con ambas manos—. Deja de ser tan perro obstinado, y déjanos organizarte tu boda.

—Es lo menos que podemos hacer por ustedes, gitano —secundó Mibértola.

—Tenés que reconocer que es una gran muestra de agradecimientos —terció Kihuoteoncho—. Creo que no todos los días aquel que tu consideras enemigo te paga y organiza tu boda.

Ichigo y Rukia se miraron entre sí. Tal parecer que el mundo mitológico iba en serio con ser agradecido, y habían reconocido en los dos segadores a sus salvadores. Y aunque muchas de sus costumbres les desagradaran, debían reconocer que una gran parte de ellos fue a ayudarlos en la batalla final contra los ejércitos de la Reina. Además, ellos mismos todavía no tenían muy claro que es lo que querían para el día de su casamiento y no habían encontrado a nadie en la Sociedad de Almas que los guiase de manera adecuada.

Rukia le sonrió a Ichigo de manera tranquilizadora y asintió lentamente, dando a entender que no perdían nada por escuchar.

—Está bien, está bien —dijo Ichigo, y suspiró—. Veamos que tienen que ofrecernos.

El semblante de las tres mujeres cambió a uno más relajado y Mibértola y Kihuoteoncho los liberaron, a su vez que Gerlstina les devolvía sus armas.

—Muy bien Ichigo, Rukia. Empecemos con esto —dijo Wäichou, y se dejó caer abruptamente de sentón, provocando un ligero temblor y el resto lo imitó. Sacó de la mochila una libreta grande, del tamaño de un bloc de dibujo, y una pluma fuente de su gran mochila—. Primero, ¿qué tipo de boda les gustaría tener? ¿Una tradicional japonesa? ¿O una de estilo occidental moderno? ¿O una combinada? Recuerden que el dinero no es problema, mi hermano va a cubrir todos los gastos. Ustedes pidan.

—Eh, la verdad, hemos platicado y… —comenzó Ichigo, con cierta duda.

—¡Yo quisiera una moderna! —exclamó Rukia emocionada—. Con vestido, fiesta, pastel ¡Con todo! ¡Como en los mangas y las películas!

—Muy bien, muy bien —dijo Wäichou y comenzó a apuntar—. Imagino que quieren la ceremonia completa, con iglesia y recepción, banquete, música y todo lo que lleva.

—¡Sí, así es! ¡Con todo! —asintió Rukia, sin perder el entusiasmo.

—Enana, hay un problema. No somos católicos. No podemos hacer la ceremonia en una iglesia —opinó Ichigo. El entusiasmo de Rukia flaqueó un poco.

—Eso no importa —intervino Gerlstina—. Cuando tengas veinte mil ochocientos cincuenta y un años de vida, te darás cuenta de que todas las religiones son iguales.

—Ella tiene razón —secundó Kihuoteoncho, y señaló a su hermana de sombrero—, cuando sos tan anciana como ella sabrás muchas cosas.

—A huevo —reafirmó Gerlstina—. Estaré ya bien ruca, pero a mí nadie me hace pendeja. Además, no creo que les importe mucho a los católicos si usas alguna de sus iglesias para casarte.

—Ellas tienen razón Ichigo —concedió el corpulento ser, apuntando—. Creo que mientras consagres tu unión ante una deidad, no importa de qué religión seas. Ahora, la misa de la boda empieza así…

Mientras Wäichou les explicaba el rito de bodas católico, con todas sus características y complementos, Rukia estaba fascinada con lo que escuchaba. Si bien en los mangas que había leído las misas sólo eran unas cuantas frases, jamás había tenido oportunidad de presenciar una misa como tal y le estaba pareciendo todo muy interesante, en especial lo de los lazos y los anillos.

Ichigo, al ver el entusiasmo de Rukia no pudo debatirle más. Ella estaba muy interesada en lo que escuchaba, e incluso le preguntaba por ciertos detalles, los cuales eran respondidos amablemente por Wäichou ante el desconocimiento del joven de pelo naranja. Y entre más sabía, más se emocionaba por tener una misa de boda, por lo que acabó aceptando.

Al mismo tiempo, las hermanas Mikoba se apartaron un poco de los segadores y el corpulento ser, y cuchicheaban de una manera nada discreta.

—Podrá ser el segador más poderoso de su mundo, pero desde aquí hiede a mandilón —dijo Gerlstina.

—No cabe duda de que él será todo un calzonazos —opinó Mibértola.

—Así es che, todo un pollerudo —concordó Kihuoteoncho.

Ante la nada sutil manera de chismear de las hermanas Mikoba, Ichigo dirigió su vista hacia ellas, con el ceño fruncido.

—¡Que tanto murmuran! —exclamó el joven.

—Concéntrate, Ichigo —pidió el hombre obeso. Y Rukia le dio un ligero coscorrón a su pareja, logrando sacarles algunas risas a las mujeres—. Bueno, tal parece que se va a optar por una ceremonia católica, tengo en mente algunos lugares bastante espectaculares de la mejor ciudad para los espíritus en México. En próximos días puedo mostrárselos, ah y también el lugar en dónde se haría la recepción. —y anotó algo.

—Guanajuato tiene muy buenos templos —opinó Mibértola—. El aire de esa ciuda le hará bien a toos tus invitaos. Estaría muy bien hacerla ahí.

—¡Estaría muy bien! —concordó Rukia—. En esa ciudad me sentí muy bien, creo que a los demás también les encantará que…

—Momento, ¿y por qué tiene que ser en México? ¿O en el Mundo de los Vivos? —intervino Ichigo.

—Muy fácil Ichigo —respondió Wäichou—. El Mundo de los Vivos aloja mejores lugares para hacer una boda que cualquier Mundo de Almas, y pues en México estaría muy bien ya que ya conocen bien la mejor ciudad espiritual de allá. Además, recuerda que los monstruos y criaturas del Mundo de los Vivos te están pagando la boda, sería una grosería dejarlos fuera de esto. Puede que no los invites, pero ellos van a cuidar a los invitados y a ti el día de la fiesta.

El de pelo naranja iba a replicar, pero se quedó en silencio. El ser corpulento tenía algunos puntos a su favor. Y también estaba el que a Rukia le gustó la ciudad. Así que no tuvo de otra que aceptar que la celebración de su unión fuese en el Mundo de los Vivos.

—Pero no podemos ausentarnos de la Sociedad de Almas durante mucho tiempo —dijo Ichigo.

—Puedo pedir permiso cuando se requiera —dijo rápidamente Rukia—. No creo que el capitán Ukitake le importe ahora que estamos planeando la boda.

—También creo que los segadores del Mictlán puedan ayudarte a moverte entre mundos para acortar tiempos —dijo Wäichou—. Pero me imagino que te van a insistir en que los inviten a la boda.

Ichigo negó con la cabeza. Si bien los segadores legionarios también fueron de gran ayuda en la última batalla, sus maneras de festejar eran bastante… indecentes a ojos del de pelo naranja.

—Bueno, bueno. Ya tenemos algo para la misa —continuó el deforme ser, y terminó de escribir—. Ahora vamos con el vestido…

—Un amigo va a hacérnoslo. Tanto el traje como el vestido —interrumpió Ichigo.

—Vaya, eso está perfecto. Pero, —dijo Wäichou, y abrió su mochila para sacar su billetera y extrajo un billete, el cual era de color rosa y tenía una mujer junto a un número cien—, aquí están cien dauros para ayudar con el vestido. Pueden cambiarlos con los jikininkis que viven debajo del puente del río —y le tendió el papel moneda a la pelinegra—. Y coméntenle a su amigo que se ponga en contacto conmigo para incluirlo en la organización.

Rukia aceptó el billete y lo guardó entre sus ropas. Ichigo sólo pensó en lo que diría Uryu al entregarle una cantidad estratosférica de dinero.

—Bueno continuemos —habló el corpulento ser—. Ahora con la comida, supongo que…

—¡Sin carne humana! —le cortaron los dos segadores al unísono.

—No se preocupen, eso está más que descartado —concedió Wäichou, apuntando. Las tres hermanas hicieron una pedorreta con la boca—. El menú que manejamos consta de tres tiempos, una entrada, un plato fuerte y el postre. Además, podemos incluir entremeses durante toda la noche.

—Yo creo que el menú sea de cosas ligeras para evitar que… —comenzó Ichigo, y Rukia entrecerró los ojos, dando a entender que no estaba de acuerdo.

—¿Cómo algo ligero? Illo, debéis lucirte —intervino Mibértola, abriendo los brazos—. Recuerda que los leros(6) no son problema. Debéis tener preparao un banquete que les de vergüenza vomitar de lo abundante y delicioso que sea.

—¿Ustedes que nos sugerirían? —preguntó Rukia.

—Carne, mija, carne —respondió Gerlstina, haciendo ademanes duros con las manos.

—Unos buenos bifes, matambres, vacíos, palomitas, tapas, chorizos, achuras —habló Kihuoteoncho.

—También métele tantita arrachera y unos ribeyes, carnala —habló Gerlstina, guiñándole el ojo derecho.

—Oh, che, por supuesto. Debo reconocer que los norteños de México sí que saben comer carne —concordó la del kimono.

—Eso podrían dejarlo como tapas —opinó la del vestido victoriano—. Algo elegante como un cordero acompañao de patatas al azafrán vendría mejor. Y de entrada no te olvides de un gazpacho para abrir hambre.

—Oigan, nosotros somos los que nos vamos a casar, no ustedes —dijo Ichigo.

—Tranquilo, gitano —dijo Mibértola—. Sólo estamos haciéndote sugerencias. No creo que los japoneses tengan mucha oportinida de comer carne toos los días.

—Creo que todo lo que dicen estaría muy bien y a nuestros invitados les encantaría —opinó Rukia.

Las hermanas Mikoba sonrieron al ver que tomaron sus sugerencias. Ichigo, por otra parte, no estaba tan seguro de servir cosas muy sustanciosas el día de la boda.

—Bueno, ya hay una idea del menú —continuó Wäichou, anotando—. Ahora vamos al tema del licor.

—¿Licor? —repitió dubitativo Ichigo.

—¡Claro, puñetas! —exclamó Gerlstina—. Una boda sin pisto no tiene sabor, dales a tus invitados chupe hasta que su sangre sea agua.

Ichigo y Rukia se volvieron a mirar. Ese tema les preocupaba un poco, ya que no sabían cómo se pondrían los invitados en un ambiente muy alegre y con unas cuantas copas de más.

—Creo que lo pensaremos mejor en ese aspecto —habló Rukia, e Ichigo asintió varias veces.

—Platicaré con unos amigos para que nos vendan —dijo Wäichou, sin dejar de anotar—. Habrá tanto alcohol en su boda que podríamos emborrachar por tres días a un regimiento de gigantes.

Los segadores intercambiaron miradas preocupados. Eso sonaba a una cantidad exagerada de licor y por como eran sus amigos y conocidos iban a estar muy complacidos con ello.

—Eso lo dejamos pendiente —murmuró el hombre obeso, escribiendo—. Ahora, Ichigo y Rukia, ¿alguna música en especial para su boda?

—Quizá podría funcionar algo tranquilo durante toda la recepción —respondió Ichigo. Él no era muy fan de la música que no fuese rock.

—¡Ah, pero que aguados! —gritó Gerlstina, espantando a los dos segadores—. Pa' la cena si algo quieto y suavecito, pero para la hora del baile ya algo más movido, huercos. Y que se dediquen canciones entre ustedes también.

—Andá, che. Se merecen que se canten versos de amor —dijo Kihuoteoncho.

Ichigo y Rukia se sonrojaron. No eran mucho de demostrar afecto en público, pero esa idea de cantarse mutuamente el día de su boda los ponía nerviosos.

—Para la cena podríamos contratar una orquesta sinfónica —dijo Wäichou, apuntando—. Mi hermano también es dueño de un teatro de ópera, podría pagarle a la orquesta para que se presenten a tocar el tiempo que deseen. Incluso podemos llevar solistas y uno de los coros por si quieren escuchar algunos fragmentos de ópera.

—¿Una orquesta sinfónica? ¿De esas que tocan melodías muy complejas y antiguas? —preguntó Rukia, con los ojos brillantes.

—Así es. Nada mejor que un movimiento lento de una sinfonía para acompañar la cena —respondió el corpulento ser—. O arias de ópera en las que pueden expresarse su amor.

—O si no les gusta la ópera, pueden también contratar mariachi pa' que suene a serenata —opinó la de aspecto vaquero.

—¿Un mariachi? —cuestionó Ichigo—. Pero no va a ir mucho con la boda.

—Vos estarás en México, che —respondió Kihuoteoncho—. Nada mejor que tener a un mariachi para dedicarle una bonita canción a tu mina y que no suene tan formal como la ópera.

Los segadores se miraron entre sí. Tal vez no fuese mala idea contratar a uno de esos grupos folclóricos para que amenizaran en su recepción.

—Bueno, creo que apuntaré el mariachi —habló Wäichou—. Veré si puedo contactar a ese mariachi de Arrancares para que puedan tocar en su boda. Será una buena sorpresa.

—Espera, ¿dijiste mariachi de Arrancares? —preguntó el de pelo naranja—. Estás diciendo que…

—Sí, existe un mariachi de Arrancares —respondió Mibértola—. Y no tocan para nada mal las rancheras, illo. Verás que les sacan el espíritu mexicano a tus invitados.

—¿Y para bailar, Ichigo y Rukia? —preguntó el gordo, sin dejar de apuntar.

—Abrí la pista con un tango —sugirió Kihuoteoncho, emocionada—. Contratá un cuarteto con violín, bandoneón, contrabajo y piano para que escuchés y sintás en vivo.

—Pero si no sabemos bailar tango —replicó Ichigo, pero a Rukia pareció gustarle la idea.

—No hay problema —respondió la del kimono—. Hacemos que unos pibes les enseñen a pulir la duela, y darán todo un show.

—¡Qué bien! ¿Y cuándo comenzaríamos? —preguntó la segadora.

A Ichigo no le gustó mucho la idea, pero a Rukia le atrajo demasiado. Ya luego convencería a su prometido de intentar aprender algunos pasos.

—Tal parece que el tango va a estar contemplado para el baile —comentó Wäichou, y siguió apuntando—. Para el resto de la noche, puedo sugerirles el grupo A través de los tiempos. El pianista fue mi alumno, y ellos montan un espectáculo con diferentes géneros como rock, salsa, cumbia, disco, country, ska, danzón, entre otros. Verán cómo ponen a sus invitados a moverse luego de la cena y unas copas de más.

—El pibe Kaminari sí que sabe armar el quilombó —dijo la del kimono.

—El huerco ese a pesar de ser japonés sabe muy bien a los ritmos latinos —secundó la de aspecto vaquero.

—Verán que con el illo ese, les faltarán pies para bailar toa la noche —terció la del vestido victoriano.

—Bueno, Ichigo, Rukia, creo que avanzamos mucho en este rato —habló Salminem, anotando—. Así que vamos haciendo un borrador de los planes. Podríamos…

Y durante las siguientes dos horas, Wäichou les fue guiando en cómo debían organizar la misa de la boda y los pequeños detalles que ésta conllevaba para hacerla mejor, cosas que debían decirle a Uryu para el diseño del vestido y el traje. También fueron planeando a grandes rasgos cómo iba a estar conformado el banquete y el orden de la música, para que la pudieran apreciar

—Bueno, Ichigo, Rukia —dijo Wäichou, incorporándose del suelo con una facilidad para nada acorde a su corpulencia. Los demás también se levantaron—, hoy fue un buen día. Ya tenemos un poco de lo que se va a hacer, pero todavía faltan más detalles para dejar su boda más que inolvidable, pero por el momento vamos a pausar. Todavía falta que me digan cuánta gente va a asistir para ver el espacio del salón y la cantidad de comida a calcular. Y me imagino que van a tomarse su tiempo para decidir.

—¿Le debemos algo? —cuestionó Rukia.

El hombre obeso soltó una grave risa: — Oh, por supuesto que no —respondió—Esto también lo cubre mi hermano. Recuerden que todo esto que se va a hacer lo va a pagar Lajos. Para la próxima reunión me gustaría que fuera en Guanajuato, México, para mostrarles todos los lugares que ocupará su boda. Cuando estén listos, contáctenme —y arrancó un pedazo de hoja de su libreta, escribió su número y se lo dio a Rukia —. Y recuérdenle a su amigo que me llame para lo del vestido, eso también debe contemplarlo la organización.

—Bueno huercos, ya nos vamos —hablo Gerlstina, y estiró sus brazos—. Todavía tenemos que hacer que el ballenato este —y le dio unas palmadas en la prominente lonja a Wäichou— nade hasta donde está el Duquesa Isabela para irnos de aquí.

—Esperen, ¿sólo vinieron a hablar de esto y ya? —cuestionó Ichigo—. ¿No van a hacer nada con Karakura?

Las tres hermanas soltaron una carcajada: —¡Cómo crees, illo! —dijo Mibértola—. Sólo fue una falsa amenaza para que vinierais al Mundo de los Vivos. Si no, nunca habríais bajao.

—Ta' bien que seamos bien chingonas matando gente. Pero pa' todo hay tiempo, y hoy no era día de matar —habló Gerlstina—. Ni traemos armas, puñetas.

—Pero cuando tengamos que laburar no les vamos a decir si estamos aquí. También tenemos que comer —aclaró Kihuoteoncho.

—Ichigo, Rukia, fue un placer conocerlos —dijo el corpulento ser, y le tendió su mano derecha a los segadores, quienes se la estrecharon—. Espero contar pronto con su llamada, y en lo mientras voy a ir afinando detalles de los que platicamos. Nos vemos.

Y Wäichou recogió su mochila y comenzó a caminar hacia el río lo más rápido que le permitía su masa corporal, y una vez cerca del agua alzó su mochila con ambas manos, pegó, ante el asombro de los un salto y cayó en la mitad del cuerpo de agua.

—Hasta pronto, huercos —dijo Gerlstina, y desapareció

—Pibes, fue un gusto —habló Kihuoteoncho, también esfumándose.

—Hasta pronto, chavales —se despidió Mibértola y desapareció.

Los dos segadores observaron como el obeso hombre se iba flotando con la corriente, con su mochila sobre los hombros y sentadas sobre ésta a las hermanas Mikoba.

—Bueno —habló Ichigo después de un rato—, tenemos que cambiar el dinero para dárselo a Uryu. Ellos dijeron que por el puente lo podíamos cambiar.

—Sí, vamos —dijo Rukia.

Y los dos, se esfumaron con shumpo del lugar.


De regreso en la Sociedad de Almas, Ichigo y Rukia estaban en las afueras del Doceavo Escuadrón, esperando a su amigo de pelo azul, con la chica sentada entre las piernas de él. El crepúsculo estaba cayendo, y el ambiente se tornó muy agradable por lo que los dos segadores comprometidos estaban conversando acerca de lo vivido hace un rato.

—Eso fue algo extraño, ¿no Ichigo? —inquirió Rukia.

—Creo que ya me estoy acostumbrando a que pasen cosas fuera de lo normal, Rukia —respondió Ichigo—. El día que no pasen podré decir que algo anda mal.

La chica le sonrió y alzó ambas cejas. Ichigo captó la señal y se fue acercando poco a poco a su rostro.

—¿Dónde estaban? —preguntó Uryu, cortando el momento y sobresaltando a ambos—. Todo el Doceavo Escuadrón estaba preocupado por ustedes, y casi suenan la alarma. Mayuri se enfadó tanto que terminó envenenándonos a todos por dos horas con su zampakuto, y hasta ahora nos dio el antídoto.

—Fuimos con las hermanas Mikoba a Karakura —respondió Rukia, algo preocupada por los miembros del Escuadrón— ¿Y ustedes están bien? ¿Nadie terminó grave?

—Descuida, Kuchiki. Todos estamos bien, Mayuri hace eso todo el tiempo. Que bien que llegaron vivos —comentó el de lentes— ¿Hubo víctimas? —preguntó en voz muy baja.

—No, no hubo ninguna —respondió Ichigo—, de hecho, ellas trajeron a alguien que nos va a ayudar con la planeación de la boda. E incluso avanzamos algunas cuestiones como la iglesia y parte del banquete.

—¿Y cuánto te va a cobrar, Kurosaki? —cuestionó Uryu.

—Nada —contestó el de pelo naranja —. Es más, el tipo nos encargó que te diéramos esto —y sacó una bolsita de tela bastante llena, y se la tendió a Uryu.

El de pelo azul la tomó y abrió el contenido. Dentro había más de doscientos millones de yenes, dispuestos en billetes de alta denominación, por lo cual Uryu se quedó algo anonadado.

—Kurosaki, ¿sabes cuánto dinero hay aquí? —preguntó el de pelo azul, muy escéptico.

—El tipo gordo dijo que con esto cubriría los gastos del vestido —respondió el de pelo naranja, sin alterarse.

—Bueno, esto los cubre perfectamente —concordó Uryu—. Pero diría que es un poco excesivo el presupuesto que mandaron.

—Si te parece mucho entonces… —habló Ichigo, y le tendió la mano como seña de que le devolviera el dinero

El de pelo azul se guardó el dinero: —No te dije que no —recriminó—. Con esto me encargaré de confeccionarles el mejor vestido y traje que puedan imaginar, y espero empezar pronto. Además —se acomodó los lentes—, también nos ayudará un poco a Nemu y a mí con algunas deudas.

—Ávaro —murmuró el de pelo naranja por lo bajo

—Por cierto, Uryu —intervino Rukia, y sacó el papel con el número telefónico de Wäichou—. El encargado de organizarnos la boda es hermano de Lajos Salminem. Dijo que te comunicaras con él lo antes posible para que se coordinen mejor —y le tendió el papel.

Un escalofrío recorrió la espalda de Uryu. Los recuerdos del dragón en la última batalla contra la Reina Oscura todavía seguían frescos después de cuatro años. Y ahora, saber que ese monstruo tenía un hermano que quería comunicarse con él lo asustó un poco.

—No hay problema Kuchiki —respondió el de pelo azul lo más sereno que pudo, y tomó el papel —me comunicaré con él lo más pronto posible. Que tengan buenas noches —y se inclinó un poco a manera de despedida.

Uryu se dio la media vuelta y comenzó a caminar, mientras sacaba su teléfono celular y observaba el papel. Ichigo y Rukia lo observaron hasta que se perdió de la vista.

—Oye Rukia, no creo que fuese necesario decirle que el gordo era hermano del dragón —opinó Ichigo.

—Lo sé, pero cero que ya aceleré las cosas para ver pronto ese vestido —dijo Rukia.

Ichigo soltó una risa, y estrechó a Rukia entre sus brazos, con lo cual le sacó una sonora carcajada a la mujer.

—Eres perversa enana —comentó el de pelo naranja, mientras que ella sólo le sacó la lengua.


Notas del autor:

*Hola buen día. Aquí les traigo otro capítulo de este peculiar fanfic, en el cual Ichigo y Rukia conocieron a alguien que les va a organizar su boda. Si tienen dudas todavía del porqué las criaturas y monstruos del Mundo de los Vivos les quieren organizar la boda a la mejor pareja de Bleach, puedo responderles por mensaje privado.

*Sus opiniones siempre son bienvenidas.

Glosario

(1)Apañada: Que es buena en algo

(2)Apollardada: Que es alguien torpe, es el femenino de apollardado.

(3)Amo a ve: Vamos a ver

(4)En cero coma: Expresión española que significa que algo es muy rápido o algo debe pasar muy rápido

(5)Petada: Llena de algo

(6)Lero: Palabra coloquial para referirse al euro.

Gracias por leer