Sentados en el sofá, todo parecía más simple, fuera de la habitación en la que Sam y Bobby tenían a Charlie; no parecía que hubiera ningún demonio rondando. Dean llevaba un rato dando cabezadas en el respaldó del sofá, pero por mucho que Don le había insistido que durmiera un poco, él se había negado.
"Tenemos que encontrar la forma de encontrar una brecha en ese demonio. Al fin y al cabo no es una máquina perfecta, tiene que haber algo que podamos hacer." Le dolía la cabeza al cazador, había perdido la cuenta de las horas que llevaba sin dormir y no era capaz de pensar con lógica.
"Me da igual lo que esa cosa haya dichos sobre ti ahí dentro." Don pasó el brazo por el los hombros de Dean y lo notó completamente tenso. Poco a poco fue masajeándole la espalda para intentar hacerle sentir mejor, aunque era obvio que no sería fácil en su situación. "Y no me importa lo que has hecho antes de conocernos."
Dean sonrió con tristeza, pues estaba seguro que si Don llegaba a conocer todo sobre él, no le querría tanto, si conociera todas las veces que había tenido que hacer cosas horribles para salvar a la mayor parte de gente posible, no estaría tan enamorado de él.
"Aunque sea un demonio, tenía razón, he hecho cosas horribles, que no creo que pueda ser capaz de perdonarme nunca. Por no hablar de todo lo que he forzado a mi hermano a hacer." El cazador trago saliva y se mordió el labio para que no se notara demasiado el nudo que se había creado en su garganta y las enormes ganas que tenía de llorar. "Sam tuvo que abandonar su vida para ayudarme a buscar a nuestro padre y ahora creo que le he arruinado todo su futuro."
La mano de Don subiendo y bajando por su espalda le hizo estremecerse. No recordaba cuando, antes de conocer al federal, alguien le había tocado, cuando había sido la última vez que sin terminar por acostarse con la chica de turno había tenido un momento íntimo con alguien, un momento totalmente sincero y sin compromisos.
Sin darse cuenta se dejó caer sobre el cuerpo de Don y lo abrazó en silencio. Respirara demasiado rápido para simular tranquilidad y sus manos habían comenzado a temblar abrazadas alrededor de la cintura del federal.
"¿Sabes que? No me importa, ahora no me importa nada de eso, aunque me digas que has matado a un montón de gente, lo cierto es que no importa, porque ese demonio ha llegado demasiado tarde para intentar confundirme." Dean se incorporó ligeramente, sin separarse del cuerpo del federal y lo observó confuso. "Dean, yo te quiero y no voy a dejarme seducir por las odiosas palabras de un maldito demonio."
"¿Y si dice la verdad?" Don tomó la barbilla del cazador en su mano y se acercó para besarle con todo el amor que sentía por él.
"Si dijera la verdad no me dirías esto y desde luego no te habría impresionado tanto que yo lo supiera. A ver si te crees que yo no tengo fantasmas en mi armario también. No estoy orgulloso de muchas de las cosas que he hecho siendo federal, pero se que no tenía otra alternativa."
Por primera vez desde que conocía a Dean, el joven cazador le recordó a un niño en apuros, un niño que busca el apoyo de sus padres para demostrarse a si mismo que no ha hecho nada malo, que necesita escuchar que no le van a odiar por lo que ha hecho y que su travesura no es tan mala como parece.
Dean se había quedado paralizado, clavado en el sofá, con la mirada puesta en Don fijamente. "¿Has dicho que me quieres, que estas enamorado de mi?" Si no lo conociera bien, Don diría que el cazador acababa de sonrojarse.
Sin decir nada, le volvió a besar en los labios y de repente los sintió fríos, se separó de él y los tocó con dos dedos. A continuación los deslizó por la mejilla de Dean y se dio cuenta que todo él estaba frío.
"¿Dean te encuentras bien?" Dean negó con la cabeza, mientras apoyaba la frente sobre el pecho del federal.
Por fin se estaba dejando vencer por el cansancio, por las horas sin dormir, las horas que había estado trabajando para liberar a Charlie, las que había estado hablando con Don, por la angustia de pensar que el algún día el federal descubriría todo lo que había hecho y le dejaría. Todo acababa de caer sobre él como una losa de piedra demasiado grande para sostenerla en solitario.
"Vamos túmbate." Dean se resistió con un gruñido, pero no le fue difícil a Don conseguir echarlo en el sofá, su cuerpo estaba demasiado débil como para luchar contra él. "Vamos, por si no te lo ha contado nadie, de vez en cuando tenemos que descansar, dormir y dejar que otros cuiden de nosotros."
"Pues por si nunca te lo han dicho a ti, no soy de los que se dejan cuidar con facilidad." Don sonrió y aunque tenía los ojos medio cerrados, Dean pudo ver el un brillo distinto en los ojos del federal.
Definitivamente Dean no estaba en su mejor momento, porque cuando Don se lanzó a por él, atrapándolo en el sofá e impidiéndole que se moviera, no hizo nada para impedirlo, más bien eso le hacía sentir, por mucho que luego fuera a negarlo, seguro y protegido.
"Va siendo hora que te acostumbres a tener a alguien cerca que se preocupe por ti y que como ahora, se a quedar aquí hasta que te quedes dormido." Dean empezó a protestar pero treinta años de experiencia con un hermano menor, del que había cuidado cuando había estado enfermo y simplemente de bajón, eran mucho para saber como actuar; por eso antes de permitir que Dean dijera nada, como si de un pequeño gatito se tratara, comenzó hacer pequeñas cosquillas justo encima de los ojos del cazador al inicio del puente nasal.
Tal y como había supuesto, Dean suspiró y se volvió para descansar mejor de lado. Con cuidado, al ver que había cerrado los ojos, Don dejó caer una manta sobre el cuerpo de Dean.
Le besó en la frente y aún a sabiendas de que ya se había quedado dormido y había empezado a respirar profundamente, le besó en los labios, como si de un cuento de hadas se tratara.
"Descansa cazador, ya habrá tiempo para seguir la batalla cuando estés recuperado." Volvió a besarle en la frente y le colocó la manta bien, para que pasara frío, el apartamento no era normalmente el sitio más cálido del mundo y esos días mucho menos.
La puerta del dormitorio se abrió casi de golpe, Colby salió farfullando algo, llevado por Amita que apenas podía tirar de él para sacarlo de allí. Don se dio la vuelta con rabia y los mando callar a los dos. Tanto el federal como la joven matemática se quedaron clavados en el sitio.
"Por el amor de dios acaba de dormirse. Está echo polvo."
"Como todos nosotros, además se supone que su hermano y él son los expertos en esto y todavía no han hecho nada por Charlie." Don fue casi corriendo hasta Colby y lo empotró contra la pared, mirándolo casi con odio.
"No vuelvas a decir algo así, porque no conoces a Dean. está matándose por Charlie y por mi, acababa de quedarse dormido porque no podía más y antes de verlo caer enfermo prefiero que duerma un poco."
"Vale jefe tranquilo." Don lo dejó en el suelo y se apartó de él con la respiración completamente agitada. Aquello también le estaba afectando a él, pero no podía dejarse llevar por el bien de Charlie y por el Dean.
De repente, Dean protestó desde el sofá y comenzó a removerse.
- o -
"Deberías haberme parado cuando tuviste la oportunidad cazador." Dean abrió los ojos, aunque a su alrededor no había más que oscuridad, excepto por una sombra justo al fondo que estaba hablando con él. "El profesor nunca hubiera sido un obstáculo para alguien como y cuando más desesperado estaba, te hubiera dejado que lo mataras, ahora ya es demasiado tarde."
"Maldito demonio, tu y toda gente deberíais ahogaros en el infierno."
"Dean, Dean, vamos no seas así, no al menos ahora que todos tus seres queridos van a morir por no haber sido lo bastante fuerte." El demonio caminó hacia Dean y a su paso, la enorme sola en la que se encontraban comenzó a iluminarse.
Conforme se acercaba a él, Dean dio unos pasos hacia atrás, pero se detuvo al notar algo viscoso bajo sus pies. Cuando el demonio estuvo lo bastante cerca, Dean pudo ver el líquido rojo que inundaba el suelo y que estaba todo alrededor suyo. El fuerte olor de la sangre le dio ganas de vomitar, pero se contuvo pues tenía que averiguar que es lo que estaba ocurriendo.
"No es tuya muchacho, estás muy vivo y lo estarás por mucho tiempo, de eso me voy a encargar yo." El demonio sonrió con una terrible maldad y sin que Dean tuviera tiempo de decir o hacer nada, señaló con la mano, formando un revolver hacia el suelo a su derecha que se iluminó a continuación.
Dean contuvo un grito al ver a su hermano el suelo, en una posición completamente antinatural. No le costó mucho ver que tenía el cuello roto. "Sammy… no, esto es un sueño no es real, Sam está bien, con Charlie y Bobby, lo se."
"Ahora si pero dentro de poco no." El demonio movió la otra mano a la izquierda y también se iluminó un círculo de luz en el que encontró a Don, pero no pudo mantener la mirada en el esperpéntico espectáculo en el se había convertido el cuerpo del federal.
Dean cayó de rodillas al suelo cuando el resto de la habitación se iluminó y unos cuantos cadáveres más, aparecieron a su alrededor, Bobby, Charlie, Amita, Colby… todos muertos
"Si Dean, todos muertos por tu culpa, por no haber acabado conmigo cuando tuviste ocasión. Estás solo otra vez." El demonio continuó avanzando hacia Dean. "Estarás solo en cuanto mi plan surta efecto, tu mundo va a desmoronarse."
"¿Por qué, por qué yo?"
Dean se puso en pie, no iba a permitir que un demonio le venciera, no cuando nada de aquello había ocurrido realmente, no cuando Sam estaba bien, cuando Don estaba con él, cuando todo aquello podía ser evitado.
"¿Te has preguntado alguna vez cuantos demonios has mandado de vuelta al infierno o a cuantos de mis hermanos has matado? Deberías haber pensado que algún día mi gente querría vengarse de ti y por si no lo sabías, no somos gente compasiva precisamente."
"¿Entonces que, vas a estar persiguiéndome eternamente hasta que me suicide y acabe allí abajo con todos vosotros?"
De repente el demonio se movió con rapidez y con puntapié tiró a Dean al suelo. El cazador se removió pero la fuerte patada en los riñones que lo acompañó lo dejó allí tirado. Sentía el dolor de verdad, no era como un sueño normal, porque aquel dolor era completamente real.
"No seas iluso, no quiero que llegues a morir, lo que más deseo, es matarte en vida e ir arrebatándote lo que más quieres cacho a cacho, persona a persona, sin que tu puedas hacer nada. Pero también quiero que te duela." El demonio se puso en pie de un salto y antes de que Dean pudiera cubrirse, le volvió a golpear en los riñones. "Te puedo asegurar que antes de conocerme a mi nunca habías conocido el dolor."
"Dean." A pesar del grito de angustia que soltó el cazador pudo escuchar de fondo la voz de Don. "Dean vamos despierta, no me asustes."
"Ve con tu novio, ahora que todavía lo tienes."
Justo antes de despertarse, sintió una nueva patada que le hizo incorporarse de golpe, aunque no llegó muy lejos, pues podría decir con seguridad que le acababan de dar una paliza y se dejó caer entre gemidos al sofá.
"Dean ¿Qué ocurre?"
El cazador se volvió hacia Don, tratando de no moverse mucho para evitar el dolor. Se mordió el labios para no volver a gritar, no quería que Sam lo escuchar protestar desde el interior de la habitación, era lo que menos necesitaba.
"La espalda, dios me duele." El simple movimiento para indicarle a Don donde era el dolor le estaba destrozando y le hacía más costoso respirar.
"Espera, espera no te muevas, voy a mirar." Don levantó la ropa del cazador y sin tener que buscar mucho dio con los tres moratones, dos de ellos ya de color muy oscuro. "¿Cómo…"
"Ha sido el demonio, ha entrado en mi mente y… no lo se, me ha ensañado cosas diciendo que era el futuro y luego..." Protestó al sentir la mano de Don sobre su espalda.
"Lo siento voy a por algo para curarte, Amita, asegúrate que no se mueva y tu Colby, si ya crees que está haciendo lo que puede por nosotros, intenta que no se duerma otra vez."
Antes de separarse de él, Don le besó en los labios. Dean gimió dolorido. "Vuelvo enseguida." Le susurró al oído. "Aguanta un poco." Volvió a besarle y se fue al baño en busca del botiquín de emergencia.
