Estaba aturdido, se sentía extraño y no sabía porque. El cuerpo le pesaba, por más que lo intentaba no era capaz de mover ninguno de sus músculos e intentar hablar era una tarea completamente imposible. Intentó hablar, llamar la atención de alguien, pero no pudo hacerlo, las cuerdas vocales no le funcionaban y tan sólo era capaz de escuchar el latido de su propio corazón.
"¿Don?" Intentó llamar a su compañero en voz alta, pero no hubo forma de pronunciar una sola palabra. Se preguntó si de nuevo se trataba de algún tipo de juego perverso del demonio que estaba dentro del profesor. "¿Don, donde estás?"
"¡Don!" gritó tan fuerte que se despertó a si mismo. Dio un pequeño bote y se hizo daño, no estaba seguro si era la espalda o simplemente le dolía todo el cuerpo.
Nada más abrir los ojos, Dean miró a su alrededor, intentando averiguar donde se encontraba o si seguía siendo un sueño. Al mirarlo, no reconoció el lugar, no había visto jamás esa decoración, esos cuadros tan horteras ni la ropa de cama de aquel color morado que tan poco tenía que ver con Don.
"Dean, tranquilo, todo está bien, estoy aquí."
Con un rápido movimiento más rápido y brusco de lo que debería haber hecho, Dean se volvió hacia la voz que tanto había echado de menos. El federal estaba allí, acababa de entrar en el dormitorio y poco a poco, o tal vez le parecía a él más lentamente de lo que era en realidad, se acercó a la cama y se sentó junto a él.
Don le besó en la mejilla y se recostó a su lado, para evitar que el cazador se moviera más de la cuenta.
"¿Dónde estoy?"
"Es la casa de mi vecino, pero la acaba de poner en venta y el FBI la está usando para una misión secreta." Don sonrió, con picardía en la mirada, que Dean reconoció en seguida.
"Estás usando este apartamento sin permiso. Creo que se te están pegando demasiadas cosas de mi. Pero me gusta saber que soy una influencia para ti." Dean comenzó a darse la vuelta, pero los pinchazos y el dolor en la espalda no se lo permitieron. Pese a intentar no hacerlo; protestó con fuerza.
"No deberías moverte."
"¿Por qué que me ha pasado?"
"¿Qué es lo último que recuerdas?" Don le acarició la frente y se recostó mejor en la cama para que Dean se pudiera apoyar sobre él. justo lo que más le gustaba sentir que estaba protegiendo al cazador.
"No lo se muy bien, está un poco borroso en mi mente. se que estábamos en tu apartamento. Creo que estaba muy cansado y es posible que me quedara dormido en el sofá." Don sonrió y rodeó el cuerpo del cazador con ambas manos, no quería correr el riesgo que Dean decidiera levantarse en cualquier momento, para tratar de demostrarle que todo estaba bien.
Sólo imaginar a Dean quedándose dormido en el sofá, rendido después de no dejar de buscar una solución para ayudar a Charlie le hacía sonreír. Si en algún momento se había preguntado si Dean era un buen hermano mayor, con lo que se había desvivido por Charlie, ya no le quedaba ninguna duda de que así era.
"No debiste esforzarte tanto por mi hermano, empezaba a creer que caerías enfermo."
Dean se dio la vuelta y se sentó. Cada movimiento era como si le estuvieran clavando miles de agujas en su espalda y lo peor de todo era no recordar que era lo que le había ocurrido.
Sin embargo, si que tenía la sensación de que había tenido muy cerca al demonio, tal vez había estado en el interior de su mente y por eso no lo recordaba o tal vez le había hecho algo para borrarle la memoria. Estaba frustrado porque sabía que algo le faltaba, algo que tenía que ver con el dolor que no le dejaba pensar con claridad.
"Dean vamos, tienes que relajarte un poco."
"No me has dicho lo que pasó y sobretodo como he llegado aquí sin acordarme de nada."
Suspiró con fuerza al sentir las manos cálidas y fuertes recorriendo su espalda, masajeando justo las partes que más le dolían sin que tuviera que decir nada, como si se tratara de una carretera perfectamente señalizada.
"Don, por favor. Necesito saberlo."
Le besó el cuello y notó por el movimiento en la cama, que Don estaba de rodillas, pudo ver sus manos bajando por su pecho hasta su estómago y un momento más tarde los labios del federal llegaron hasta los suyos.
Don estaba preocupado por su joven amante. No sabía como hablarle de las marcas que tenía en la espalda, unos golpes y unos arañazos que formaban perfectamente la forma de una garra terrible. Tan sólo pensar como había llegado a hacerle eso, con sólo entrar en su mente se le rompía el corazón.
"Don…" Dijo el muchacho en largo e intenso suspiro.
"¿Por qué no te tumbas? Estás muy tenso y estoy seguro que un buen masaje no te sentaría nada mal."
Apenas tuvo que hacer fuerza para conseguir que Dean volviera a tumbarse en la cama. Lo que antes era entre ellos un intenso juego sexual en el que uno de los dos tenía que conseguir hacerse con el poder, convertirse en el macho alfa de la relación; ahora se trataba de cuidar de su joven novio, de conseguir que se relajara, de hacerle sentir bien y olvidar el mismo, todo lo que estaba ocurriendo en su apartamento.
Don se puso de rodillas junto al cazador y poco a poco fue recorriendo su espalda con los dedos. presionó en las zonas en las que la marca de la garra era más intensa y lo fue completando con dulces besos aquí y allí, sobre los hombros, donde terminaba la espalda, de nuevo en sus labios.
Sin que ninguno de los dos dijera nada, Don se dio cuenta que el cuerpo de su amante se iba relajando y que sus músculos ya no estaban tan tensos como al principio. Masajeó sus piernas hasta escucharlo gemir y se sentó sobre él para volver a calmarle el dolor.
"Sabes que no has contestado a mi pregunta ¿verdad? No me has dicho lo que pasó, porque estamos aquí y porque no estás con tu hermano, cuando es él quien de verdad te necesita."
Don se recostó sobre Dean, sin levantarse de su cuerpo, entrelazó sus manos con las del cazador y sopló débilmente sobre su cuello, sonrió al verlo estremecerse de placer, pues sabía muy bien que eso le encantaba.
"El demonio que está dentro de Charlie te atacó mientras dormías. No se si se metió en tus sueños o… no lo se, pero cuando nos dimos cuenta estabas quejándote." Quería decir que lo había oído gritar pero no lo hizo para no ponerle las cosas tan mal como realmente habían ocurrido.
"¿Qué es lo que tengo en la espalda? ¿Por qué me duele tanto?"
"Son las marcas que te dejó el demonio, un par de heridas que se irán en unos pocos días. No le des importancia."
"No me mientas. ¿Crees que después de los meses que llevamos juntos vas a conseguir mentirme con ese tono de voz? Quiero ver lo que tengo, ayúdame a llegar al baño."
"No, no vas a moverte. Ese demonio te dejó bastante mal."
"Pero…"
"Dean por favor." Don se quedó callado un momento, estaba empezando a darse cuenta que no le iba a quedar otro remedio más que contarle lo que más miedo le daba. "Creí que te perdía ¿vale? Te oí gritar y no había forma de despertarte."
Se mordió el labio y se quitó de encima de Dean. Se quedó en el borde de la cama y poco a poco se dejó caer hasta el suelo, ocultando el rostro entre las rodillas. No era el momento de mostrar debilidad delante de Dean, pero también era ya demasiado tarde para ocultarlo a tiempo.
"¿Tan mal fue?" arriesgándose a hacerse más daño del que podía llegar a soportar, Dean se deslizó por la cama hasta poder sentarse en el suelo. "¿Tan fuerte es el demonio?"
"No le vencimos, él te dejó, supongo que lo hizo como un aviso para demostrar de lo que era capaz. Creo que te habría matado en lugar de dejarte sólo con… esa marca, que espero que desaparezca pronto para no recordar lo que pasó."
Dean tan sólo recordaba haber visto a Don tan nervioso cuando se trataba de su hermano, cuando Charlie estaba en peligro o le habían herido, pero por él, era la primera vez que lo veía tan preocupado y en el fondo aunque no quisiera reconocerlo, eso le gustaba.
Se tumbó sobre sus piernas y le miró desde abajo, así a Don le recordó aquel perro que habían tenido cuando Charlie y él eran pequeños. Adoraba a aquel animal porque se pasaba las horas muertas con él, era fiel, alegre y cuando algún chico había intentado pelearse con él, el animal le había defendido. Si, realmente le recordaba mucho a Dean.
"No sabes lo mono que puedes llegar a ser cuando quieres." Se acercó a su rostro y le besó en los labios, mientras Dean jugaba con su cabello para evitar que pudiera incorporarse.
"Quiero ver la marca, por favor."
"Y también eres muy terco, no se si eso lo sabías."
"Si, lo sabía pero es uno de los motivos por los que me adoras."
Cuando los labios de Dean se apoderaron de los suyos, Don se rindió. Le era imposible luchar contra esas manos que surcaban su espalda haciendo que se estremeciera y con aquellos labios carnosos, devorando su boca hasta hacer que suspirara.
"Muy bien tu ganas, pero en cuanto veas la marca vuelves a la cama."
"¿Qué hay de Charlie?"
Desde luego que estaba preocupado por su hermano, no lo iba a negar, pero no podía hacer nada, no sabía nada de exorcismos, así que el único lugar en el que sentía útil era allí cuidando de Dean.
"Colby le adora, no se lo que haría si perdiera a Charlie y mientras le veía preocuado por mi hermano; me di cuenta que mientras tu hermano y Bobby trataran ayudarle, Charlie tenía cerca de la persona que más necesitaba. Tu me necesitabas, sobretodo después de lo que había pasado y yo no podía dejarte solo." Don ayudó a Dean a incorporarse y lo llevó hasta el cuarto de baño.
Todavía le costaba caminar, por eso se dejo llevar por Don. Miró al espejo. Allí estaban los dos, observó el reflejo de Don, tenía aspecto de cansado. Se volvió para que Don pudiera besarle y un momento más tarde se dio la vuelta para poder ver la marca.
"Joder, que demonios es eso."
De repente Dean gritó y se dejó caer sobre Don.
"¿Qué ocurre? Dean ¿que ocurre?"
en ese mismo momento, en el otro apartamento, Sam estaba tratando de hacer un nuevo exorcismo a Charlie. el demonio era muy fuerte y Sam estaba empezando a agotarse.
Estaba usando sus últimos cartuchos y el demonio se lo estaba pasando en grande. "Sabes una cosa Sam. Tu hermano es muy fuerte, si hubiera atacado a otra persona, sin duda le habría matado, pero no pude con él, pero es gracioso porque tras el ataque, quedó un lazo entre loso dos."
"¿De que estás hablando?"
"De que el profesor no estás sufriendo ningún daño, yo bueno no estás teniendo tu mejor día para vencerme, pero Dean. oh, si, creo que ahora mismo Dean está pasando por un mal rato gracias."
"No te creo, estás jugando conmigo, todos los demonios lo hacéis para saliros con la vuestra."
"Si tu lo dices." Sam miró a Bobby, necesitaba asegurarse que el demonio estaba mintiendo, pero el veterano cazador no llego a decir nada, pues antes escuchó los gritos provenientes del salón.
"¡Sam, para!"
El muchacho salió de la habitación a toda prisa al escuchar a Don gritar.
"¿Qué ocurre?"
"No se lo que estás haciéndole al demonio, pero si no paras vas a matar a tu hermano."
