"¿Se puede saber de que estás hablando?"

"Sam por favor, no digas ni una sola palabra más de ese exorcismo o tu hermano lo va a pasar muy mal." Don estaba a punto de lanzarse contra Sam si el muchacho se decidía a decir algo más.

Había visto a Dean caer en sus brazos, retorciéndose de dolor y diciendo que el demonio le estaba haciendo daño, que estaba gritando en su interior y que quería que se fuera. Tenía que hacer que el dolor de su compañero se detuviera, costara lo que costara, tenía que conseguirlo.

"Don los demonios nos hacen creer lo que ellos quieren, nos mienten y nos obligan a hacer cosas. No tienes que creerle y seguramente está usando a Dean para sus propósitos, no sería la primera vez que viera algo así."

"Lo digo en serio Sam. No se lo que ese demonio le hizo a tu hermano, pero creo que se ha unido a Dean de alguna manera y el mismo dolor que siente él cuando tratas de sacarlo del cuerpo de mi hermano, también lo siente él."

Sam se quedó paralizado, las manos agarrotadas cogiendo con fuerza el libro de exorcismos. Jamás había visto algo así en su vida, ese demonio tenía que ser extremadamente poderoso para poder llevar a cabo algo similar. Pero si era cierto y sabiendo el sufrimiento físico que les causaba a los demonios tener que salir del cuerpo de los humanos, entonces Dean lo iba a pasar muy mal.

"Dean todavía está muy débil como para soportar algo así, apenas se tiene en pie y si llevas a cabo el exorcismo, es posible que no sobreviva." Don dio un paso adelante, quería estar lo más cerca posible de su hermano por si CHarlie estaba escuchando eso en lugar del demonio que habitaba dentro de él. "Lo siento hermanito." Se arrodilló, asegurándose que no traspasaba el círculo que los protegía del posible ataque del demonio.

Quería tocarle, que Charlie sintiera que no le estaba abandonando, que por mucho que le pudiera decir el demonio, Dean no era más importante que su hermano pequeño, que no hacía más que buscar una forma para ayudarle a volver a la normalidad. Pero no pudo, sabía que es lo pondría en peligro y si el demonio hacía algo, entonces Dean también estaría en peligro. Lo había dejado sólo en el otro apartamento y quería volver cuanto antes y estar con su joven amante.

"Don… no me abandones por favor." El federal sonrió con tristeza.

"Deja de usar a mi hermano en mi contra. Por si no lo sabes, conozco demasiado bien a Charlie y se que nunca se rendiría frente a ti."

"Entonces estás más equivocado de lo que tu te crees." El demonio levantó el cuerpo de Charlie e hizo que quedara arrodillado en la cama. Los fue mirando a todos los hombres uno por uno, como si pudiera leer dentro de ellos y conocer todos sus pensamientos y sentimientos. "Don, Charlie es un ser humano muy frágil que no se imagina la vida sin ti, por no hablar de lo que puede llegar a sentir si le abandonas."

"No le estoy abandonando, jamás haría algo así."

"Has tomado una decisión, tenías que elegir, quería que eligieras entre tu novio y tu hermano y veo que no te ha costado mucho decir algo. Tu novio vale más que tu hermano, eso es lo que Charlie ha visto."

"¡No!" Justo cuando Don iba a dar un paso más y entrar en el círculo, Sam lo retuvo donde estaba y le impidió meterse en la trampa. "No, no lo vas a conseguir."

"Colby." Dijo con tono jocoso el demonio. El otro federal se puso tenso. "¿Vas a permitir que Don y Sam hagan esto? En el caso de Sam es normal, estamos hablando de su propio hermano frente a un casi desconocido para él. Charlie no es nadie para un cazador de demonios y ya le ha salvado la vida demasiada veces como para preocuparse ahora que la vida de Dean está en peligro, pero Don… es su hermano pequeño y va a dejarlo tirado por un tío al que conoce ¿hace cuanto? Dos meses." Charlie reptó sobre la cama, deslizándose directamente hasta Colby.

El federal parecía hipnotizado, detenido por los ojos completamente negros de Charlie. El profesor tenía los ojos inundados por las lágrimas y Colby apenas podía contenerse sin ir hasta él y abrazarlo para hacerle sentir mejor. Nunca soportaba que Charlie lo pasara mal, ni cuando simplemente tenía un resfriado, odiaba tener que verlo mal, en la cama y como ahora encerrado porque pudiera hacerle daño a alguien.

"Colby no se te ocurra hacerlo." Sam miró al federal y se dio cuenta que Don estaba haciendo lo mismo, si Colby intentaba hacer algo, los dos tratarían de detenerlo. "Es una trampa."

"Pero es Charlie, Don mírale, es tu hermano, está sufriendo. Es el hombre con el que voy a casarme, ¿No crees que tengo que hacer algo por ayudarle? No puedo quedarme aquí mirando como si nada."

"Colby por favor. Me duele, el demonio me está haciendo daño, no creo que pueda aguantar mucho más. Por favor." La voz del profesor se había convertido en una plegaria y las lágrimas habían comenzado a caer por sus mejillas. "Te necesito, Colby, te quiero y se que me ayudarás."

Colby dio un paso adelante y apenas estaba a punto de cruzar la línea que le separaba de Charlie cuando unos brazos le hicieron retroceder. Si se hubiera tratado de Don, hubiera luchado con él por liberarse, pero siendo Sam el que estaba reteniéndolo, por mucha fuerza que hubiera hecho, no le hubiera sido posible, por lo que, cuando quiso darse cuenta lo habían sacado de la habitación.

Sam cerró la puerta tras de si y la atrancó con un sillón, no quería tener que volver a preocuparse por Colby. Lo escuchó protesta al otro lado, golpear con fuerza la puerta y tratar de abrirla con todas sus fuerzas.

"Por favor, no me hagáis esto, dejadme entrar. Charlie me necesita, sea lo que sea que váis a hacerlo, Charlie me necesita, dejadme estar con él." Ninguno de los contestó, las miradas de los dos puestas en el demonio y aunque ninguno dijo nada, los dos tenían claro que no saldrían de allí, hasta que Charlie estuviera bien y el demonio hubiera soltado a Dean.

"Este es el trato, tu te vas, nos dejas tranquilos para siempre y te dejamos vivir."

El demonio se echó a reír. "No es una broma, no vas a conseguir nada mejor, te lo puedo asegurar." Dijo Don, si estar del todo seguro que era lo que Sam, en su experiencia como cazador, podía llegar a ofrecer a un demonio por la vida de su hermano.

"Pues entonces creo que me quedo aquí y en cuanto a Dean, oh… chicos, Dean tiene tantas cosas en esa cabeza, por no hablar del corazón, tantos sueños que nunca ha revelado, tantos miedos que jamás dirá por no parecer excesivamente débil, por no hablar de lo que espera de ti Don. Te quiere de verdad, por mucho que no te lo haya dicho abiertamente."

"Deja de hablar así."

"¿Qué pasa Donnie te da miedo saber que no estarás a la altura de lo que Dean espera de ti? Porque es mucho amigo mío, es mucho lo que Dean quiere de ti."

"Muy bien." El demonio sonrió al ver que Don estaba a punto de perder los nervios. "Ya es suficiente, que es lo que quieres para salir de mi hermano y de Dean."

"¿Quién te ha dicho que quiera algo? Soy un demonio y me gusta joder a los humanos. Aquí es justo lo que estoy haciendo, puedo estropearte toda la vida, puedo matar a tu novio, acabar con tu hermano o simplemente quedarme con ellos para siempre, estarán vivos y puedes no enterarte que Dean sea mío. Creo que el trato no está nada mal."

"No va a haber ningún trato porque vamos a sacarte de aquí."

Sam cerró los ojos y se concentró. Hacía mucho tiempo que no usaba sus poderes, tanto que Don no tenía ni las más mínima idea de lo que podía hacer con un demonio. Pero prefirió que fuera así, si Don se enteraba de la gente que había perdido hasta conseguir dominar aquel poder, seguramente no le dejaría usarlo.

"Sam ¿Qué estás haciendo?" Preguntó el federal.

"Tal vez no quería salir por las buenas, pero puedo sacarlo del cuerpo de Charlie."

"Eso podría matar a tu hermano. ¿Sabías eso Don?" El federal miró al demonio, preguntándose si estaba jugando con él tal y como le había visto hacer con Colby o realmente tenía razón.

"Don no te voy a mentir, esto puede ser muy peligroso, pero estoy seguro que Charlie no se va a dejar vencer y mi hermano menos. Necesito que confíes en mi con esto. Lo he hecho muchas veces y Charlie no sería el primero en morir pero he salvado a mucha gente."

"Gracias por tu sinceridad Sam. Haz lo que tengas que hacer, prefiero saber que he hecho todo lo posible por Charlie y perderle, que tener que verle eternamente atrapado en su propio cuerpo."

"Un momento ¿Qué hay de Dean?" Los dos se dieron cuenta que el demonio se estaba poniendo nervioso.

"Creo que Sam estará de acuerdo conmigo y Dean también lo estaría, que no podría soportar verlo encerrado."

"Muy entonces." El demonio hizo que Charlie cerrara los ojos y sin más, se desplomó en la cama como si hubiera caído en un profundo sueño.

"¿Se ha ido?"

"No." Contestó Sam con los ojos todavía cerrados. Levantó la mano hacia Charlie y pudo sentir la tremenda fuerza del demonio en su interior, pero también sintió que estaba dividido. "Oh no, creo que acaba de entrar en la mente de Dean."

"No se lo voy a permitir, otra vez no."

Don fue hacia la puerta, pero algo lo lanzó hacia atrás, una fuerza invisible que les impedía salir de la habitación.

"Don ¿Estás bien?"

"Si, tan sólo tengo dolorido el orgullo." Además de tener el corazón en un puño, había dejado sólo a Dean en el otro apartamento, creyendo que allí estaría a salvo, pero se había que equivocado. "¡Colby!"

"Vamos Don déjame entrar."

"Colbo no hay tiempo para eso. Necesito que vayas al otro apartamento y compruebes si Dean está bien, temo que el demonio haya podido llegar otra vez hasta él."

"Muy bien, pero cuando vuelva quiero entrar."

"No si eso será posible, porque el demonio no nos permite salir a nosotros. Pero por favor, asegúrate que Dean está bien."

"Vale."

- o -

Dean se despertó por la luz del sol que entraba por la ventana, además del sonido de la puerta al abrirse lentamente y para tratar de no hacer ruido. Escuchó unos pasitos por la moqueta y sintió que alguien se le quedaba mirando, desde la esquina de la cama esperando a que abriera los ojos.

"Papá, papá."

Dean se desperezó abrió los ojos sin muchas ganas. Miró el reloj.

"¿Se puede saber que haces levantado a estas horas? No son más que las siete de la mañana."

"He tenido una pesadilla y me ha entrado hambre."

"Anda ven aquí." Dean se incorporó y con rápido movimiento cogió al niño que acababa de cumplir los cuatro años, que en un momento se acomodó a su lado. Lo tapó con la ropa de la cama y con sus brazos. "Duerme un poco más."

"¿Va a venir hoy el tío Sam a vernos?"

"Shhhh, vamos Johnny boy, duérmete." Le besó en la frente y sintió que el niño se acurrucaba a su lado y suspiraba tranquilo.