"Dean estará bien, ya lo verás. Conozco a mi hermano, sabe defenderse y por mucho que se trate de un demonio, es un cazador, sabe pelear contra ellos." El propio Sam trató de creerse sus propias palabras. Estaba preocupado por Dean, sabía que su hermano estaba débil, no lo había visto hacía varias horas, pero podía sentirlo, la fuerte unión que tenía con su hermano desde siempre, le hacía sentir que Dean estaba herido, que el demonio le estaba haciendo sufrir.

Don no contestó, con la mirada baja en el suelo, pensando en su joven amante. Deseaba tanto estar con él, tal vez no pudiera ayudarle, tal vez no fuera un cazador como ellos, pero al menos podría estar con Dean, con el muchacho al que había terminado por amar, con el forajido del que el agente del FBI se había enamorado.

No dejaba de pensar en él, en la última noche que habían pasado juntos, pues entonces no había pensado que podría ser la última, que cuando volviera a verlo Dean podría estar muerto. Apretó la mano con fuerza hasta sentir que se hacía daño; pero no dijo nada, pues ningún dolor físico sería comparable al dolor que no dejaba de sentir en su corazón y que a cada momento que pasaba, le iba oprimiendo un poco más.

"Dean siempre hace esto, creo que en el fondo, le gusta ser el héroe, sacrificarse por la gente a la que quiere. No lo hace conscientemente, simplemente sabe que lo tiene que hacer, no como una imposición, no como un castigo por sentirse mal consigo mismo. Es algo que sabe que tiene que hacer, desde nuestra madre murió. Siempre ha cuidado de mi y a veces me dan ganas de ser igual que él, poder cuidar de él, pero Dean no se deja."

"Lo se, es muy cabezota."

"No es cabezota, simplemente no quiere parecer débil. Siempre ha sido el fuerte de los dos, el que sacrificaba su vida, todo su futuro para que yo fuera feliz. Cuando nuestro padre me prohibió ir a la universidad, en secreto por las noches, Dean y yo hablábamos. Nunca me dijo que le pariera bien que me marchara, pero no era lo mismo que con nuestro padre. Dean me escuchaba, me hacía sentir una parte especial de mi familia, no el menor de los hermanos."

Don sonrió, definitivamente estaba empezando a conocer bien Dean, lo suficiente para saber sin problemas que todo lo que Sam le estaba contando sobre su hermano, era completamente cierto. Lo había visto por las noches, había estado hablando con él en la cama de su apartamento, allí mismo y sabía lo que Dean sentía por Sam.

"Sam no conoció a su madre y creo que eso le ha hecho ser como es. No digo que Sam fuera un niño triste o raro, pero se que necesitaba el cariño de una madre, no de la misma forma que yo. Por eso siempre he tratado de protegerle, n quiero que sufra más de lo que ya lo ha hecho."

Don no solía hablar mucho, ninguno de los dos eran personas muy habladoras, pero cuando estaban juntos, ambos abrían su corazón ante el otro, sen sinceraban y pasaban horas hablando sobre su pasado. Don estaba sorprendido de la vida que los hermanos Winchester habían llevado y se sorprendía de ver a Dean tan entero, aunque tal y como le había dicho Sam, no lo estaba tanto.

Allí encerrados en el cuarto y con su hermano pequeño inconsciente, atrapado por el demonio que le tenía poseído, Don recordó aquella última noche, que tan perfecta parecía ahora.

Habían cenado en un bar, "Nada de restaurantes." Había dicho Dean. "No quiero que porque ahora estemos saliendo, tengamos que convertir en una parejita convencional." Don recordaba bien haber cogido a Dean, con un movimiento rudo, por la cintura, atraerlo hasta donde estaba y besarle apasionadamente.

"Somos un federal y un proscrito que caza demonios saliendo juntos. ¿Qué tenemos de parejita normal? Además me encanta cenar en los bares. Conozco uno que sirven unas hamburguesas estupendas.

Dean sonrió y le volvió a besar, para luego colocarle perfectamente la camisa. "Esa idea me gusta y si ya me dice que te gusta el tequila y el margarita que sirven, entonces creo que va a ser una muy larga y muy interesante."

Y realmente lo había sido. Volvieron al apartamento a altas horas de la noche y cuando quisieron darse cuenta estaba amaneciendo. Dean se apoyó en los brazos allí tirado en la cama, con toda la ropa dejada por la habitación. Estaba agotado, después de las veces que habían hecho el amor, que realmente no las había contado.

"No me puedo creer que nunca hallas estado con ningún otro tio." Don se acercó a él, había ido a la cocina a por dos cervezas y le entregó una al cazador. Se sentó junto a él y tras beber un largo trago de la botella, le besó. "Creo que cada vez que nos acostamos hacemos algo distinto."

"Te puedo asegurar que en lo que se refiere a acostarse con tíos, era totalmente virgen cuando me conociste." Deslizó la botella helada por la espalda desnuda del federal y lo escuchó suspirar y estremecerse por el frío. "Casi se podría decir que me pervertiste para hacer estas cosas."

Con un movimiento rápido, Don se abalanzó sobre Dean y este a punto estuvo de tirar el contenido de su botella de cerveza. Pero la sostuvo con fuerza. Don se sentó sobre su estómago y bebió un nuevo trago. Dejó que unas pequeñas gotas se deslizaran por su garganta y comenzaran a bajar por su pecho.

Dean se incorporó y lamió el líquido frío con una sonrisa de picardía en los labios. "He estado pensando sobre lo que me dijiste."

"¿Sobre lo de tus pequeñas vacaciones aquí en Los Angeles o sobre mis pequeñas vacaciones contigo recorriendo el país?"

Antes de dejarle responder Don le besó, en ese momento le daba igual lo que el cazador decidiera contestarle. Estaba demasiado a gusto como para discutir sobre quien debía cambiar de vida si querían seguir juntos. Esa noche tan sólo quería disfrutar del momento, como si ya supiera de antemano que las cosas iban a ponerse muy feas.

Al mismo tiempo había deseado mucho tener aquella conversación y ya que no era fácil mantener a Dean en una conversación personal y mucho menos que estuviera completamente serio hablando de algo. Tal vez el alcohol le daba aquella cordura a la que tan poco estaba acostumbrado Dean.

"¿Sabes porque me gustan tus besos?" Don lo miró esperando la respuesta. "Porque sabes a cerveza, como a mi me gusta, nada de comidas exquisitas y pijas como todas esas mujeres, no sabes a cerveza." Le besó otra vez, saboreando los labios con cuidado, distinguiendo cada sabor. "Y café, también sabes a café, sólo y muy cargado por cierto, gusto como más me gusta."

"Dean, no se porque has dicho antes lo de las vacaciones, pero ya que lo has nombrado, al verdad es que me has picado la curiosidad y me gustaría saber que es lo que has pensado." Don recorrió con un dedo le pecho de Dean y se lo quedó mirando.

El cazador se tumbó en la cama y suspiró, por un momento se arrepintió de haber sacado el tema a colación, pero al mismo tiempo hacía tantos días que llevaba pensando en ello, que había decidido que era el momento de sincerarse. Le costaba hacerlo, pues no sabía como le sentaría a Don su decisión y que sería lo que Sam diría cuando enterara de lo que había decidido hacer.

"Don, ¿Don te encuentras bien?"

Al levantar la mirada, Don vio que estaba con Sam. Estaba siendo tan intenso el recuerdo, que no había escuchado al muchacho cuando le llamaba. Se había sentado en el suelo sin darse cuenta y se había hecho un ovillo.

Tenía ganas de preguntarle a Sam si Dean le había comentado algo de su decisión, pero se dio cuenta que no era el momento ya algo dentro de él le dijo que el muchacho no sabía nada.

"Si, sólo estaba pensando en tu hermano."

"Te aseguro que todo va a salir bien, además si te contara en todos los problemas en los que Dean se ha metido, te sorprendería que todavía estuviera vivo." Sam se sentó a su lado.

Se le había pasado por la cabeza usar sus poderes demoníacos para salir de habitación, pero se lo había prometido a Dean, le había jurado que no los volvería a utilizar y decirle cuando todo aquello acabara que le había salvado gracias a esas habilidades, no le iba a hacer mucha gracia a Dean; por lo que por el momento decidió no hacer nada.

- o -

Ya era bien entrada la mañana cuando Dean se despertó otra vez. Miró a su lado y vio que su hijo todavía estaba durmiendo, con su cuerpecito pegado a él. Le acarició el cabello oscuro y sonrió. Se había enamorado de ese niño desde la primera vez que lo había visto y Don había sentido lo mismo. Sin que ninguno de los dos dijera nada, ambos estaban convencidos de que adoptarían a ese niño.

Por fin el pequeño se removió, bostezó y tras estirarse abrió los ojos y se sentó en la cama.

"Buenos días, ¿Qué tal has dormido?"

"Muy bien papá, pero he vuelto a soñar con el tío Charlie, cuando iremos a verle." Dean se puso tenso. Era la misma historia de todas las mañanas. Su hijo soñaba con Charlie al que ni siquiera había conocido y de alguna forma le recordaba a Sam cuando tenía aquellas visiones.

"El tío Charlie está muy lejos pequeñajo y no podemos ir a verle hasta que seas un chico grande." El niño torció el gesto un momento, pero pareció contestarse con la nueva excusa de su padre.

"¿Entonces podemos ir a ver al tío Sam?" Dijo Johnny todavía más animado.

"El tío Sam ha dicho que vendrán él y tu tía Amita a cenar esta noche."

"¡Bien!" El niño se puso de pie en la cama y comenzó a dar pequeños saltitos mientras reía.

El teléfono de Dean sonó y al ver quien era lo cogió a la vez que sujetaba en brazos a su hijo. Comenzó a hacerle cosquillas a la vez que contestaba.

"Buenos días, ¿Cómo están mis chicos?"

"El pequeñajo acaba de despertarse y le he dicho que Sam y Amita vendrán a cenar."

"No soy un pequeñajo, casi tengo cinco años."

"¿Ah no?" Dean volvió a comenzar a hacerle cosquillas y Don pudo escuchar al otro lado del teléfono la risa del niño.

"¿Y tu como estás? Anoche tenías mal aspecto y por mucho que me dijeras que era por la cacería del día anterior se que hay algo más. ¿Es por Charlie, sabes donde está ahora mismo?" Dean guardó silencio. Hablaban tan poco del tema, que se había convertido en una conversación tabú para los dos. Pensar en ello, le hacía daño, hacía que el corazón le doliera como si le estuvieran clavando una espada. "Dean por favor, sabes que tarde o temprano tendremos que hablar del tema."

"¿Le vendiste a tu hermano por mi?" El niño ya se había levantado y estaba de camino a su cuarto, por lo que Dean sintió más libre para hablar. "Si es por Charlie, desde que ese demonio estuvo dentro de los dos puedo sentirlo cuando se acerca. No me has contestado Don. ¿Cambiaste a tu hermano por mi?"

"Sabes muy bien lo que pasó. Charlie estaba perdido, si no aceptaba sus condiciones, lo hubiera matado directamente. Ahora al menos Charlie sigue estando allí, en algún sitio y el demonio me prometió que le soltaría cuando encontrara otro cuerpo."

"¿Por qué no elegiste a Charlie? Yo soy más fuerte, podría haber luchado, tal vez ahora tendrías más oportunidades de recuperarme."

"Dean por favor, no hablemos más de eso por favor. Tomé mi decisión, se que no fue fácil y eso devastó a mi padre y sobretodo a Colby, pero se que fue lo correcto y si tuviera que pasar por ello otra vez, lo haría sin dudarlo. Lo hice porque te quiero, porque tenemos una familia, un hijo maravilloso y estoy convencido que recuperaré a mi hermano."

"Don… Te quiero." Pero no tenías que haberlo hecho, porque ahora siento que no debería estar vivo. Sin decir eso, simplemente colgó y se dejó caer en la cama. Tenía la familia perfecta, como había dicho Don, un hijo al que los dos adoraban y su hermano era feliz con Amita.

Un demonio se había quedado con Charlie, pero no le había hecho ningún daño y no le había obligado a matar a nadie. Colby, con ayuda se había recuperado y Alan, quien parecía ser el más perjudicado estaba muy feliz con su primer nieto. Si las cosas no habían salido del todo mal ¿Por qué Dean se sentía tan indeseable consigo mismo?