La puerta se abrió de golpe, Don se dio la vuelta, pensando que tal vez había sido cosa de Charlie o del demonio que llevaba en su interior, pero al volverse, se dio cuenta que no era eso. Sam, con la mano todavía extendida y los ojos cerrados, respiraba agitadamente.
"¿Has abierto tu la puerta?" Preguntó el federal, sin estar muy seguro de la respuesta que iba a recibir.
"Si, bueno supongo que hay cosas que todavía no conoces de nuestra familia."
"¿Por qué no lo has hecho antes? La vida de Dean está en peligro, podríamos haber llegado hasta él mucho antes."
"Lo siento." Contestó Sam mientras se dirigía hasta la puerta. se dio la vuelta antes de cruzar al otro lado. "Si Dean se entera de lo que he hecho se pondrá furioso conmigo, me pidió que no volviera a usar mis poderes, porque son… no son buenos, pero no podía permitir que le ocurriera nada malo."
No esperó repuesta, pues sabía que el federal no había comprendido ni una palabra de lo que había dicho. No le importaba, tan sólo pensaba en ayudar a su hermano. Colby entraba en ese momento en el apartamento. Miró al menor de los hermanos, sin comprender como habían conseguido salir de la habitación y esperó.
"Quédate con Charlie, si esto sale bien, despertará pronto y necesitará que estés a su lado."
"Pero…"
"Colby haz lo que te dice, espero que nos lo expliquen cuando todo esto termine, pero ahora no hay tiempo." Don, como buen jefe de equipo consiguió que Colby no preguntara más, pues el no tenía las respuestas que el federal necesitaba y no era el momento de pararse a preguntar.
Don estaba cansado de todo aquello, deseaba pasar con Dean esas vacaciones fuera de la oficina de las que tanto habían hablado, deseaba conocer como era la vida de aquel cazador del que se había enamorado y deseaba desaparecer un tiempo, no sabía cuanto, pero desaparecer de su vida cotidiana y disfrutar un poco.
Pero ahora eso, tenían que acabar de una vez con aquel demonio, matarlo si era necesario para que les dejara en paz para siempre.
Por eso y en silencio, siguió los pasos de Sam hasta el otro apartamento. Agradeció ver que no había nadie más por el pasillo, no quería que encima se metieran por miedo inocentes, pues tenía cosas más importantes en las que pensar en ese momento.
Tanto Sam como Don entraron con cuidado en el apartamento, los dos sacaron sus armas y caminaron hacia el dormitorio, donde Don recordaba haber dejado da Dean durmiendo.
"¿Dean?" Dijo su hermano en voz alta, al verlo allí, de pie, con la mirada perdida en la nada. Sin embargo, el cazador no respondió, como si ni siquiera hubiera escuchado sus palabras. "¿Dean eres tu?"
"Sam te cuidado." Don apareció en la puerta y sin quererlo, apunto con su arma a Dean. ya había luchado mucho aquellas últimas semanas contra ese demonio, como para tomárselo ahora a la ligera. "No se si es Dean, pero estoy casi seguro que el demonio sigue aquí, no creo que vaya a dejar a tu hermano tan fácilmente."
"Lo se, pero también estoy convencido que mi hermano sigue ahí, Dean nunca dejaría de luchar, nunca lo ha hecho, no se daría por vencido." Sam dio un paso adelante y bajó su arma. "Dean, sabes tan bien como yo como funciona esto y aunque nunca te he visto poseído por un demonio, se que podrás luchar contra él."
Los dos, tanto el cazador como el federal, caminaron lentamente en el interior de la habitación, sin quitar la vista de encima a Dean, que parecía haberse convertido de repente, en una estatua de cera.
"Dean, si nos escuchas, di algo, haz algo para que sepamos que sigues estando ahí y que el demonio…" La voz de Don quedó cortada cuando Dean volvió el rostro hacia ellos, como si de un gesto mecánico se tratara. "¿Dean?"
El rostro del cazador sonrió, con la mayor maldad que Sam hubiera visto saliendo de us hermano. En realidad nunca lo había visto reaccionar así y lo único en lo que pudo pensar, fue en su padre cuando había sido poseído por Azazel.
"Don, no creo que…"
"Sammy, Don, gracias por venir al rescate. Lamento muchísimo que hayáis tenido que venir para nada, porque ya es demasiado tarde para Dean." El cuerpo de Dean se movió como si de un androide se tratara, hacia ellos, que de nuevo volvieron a elevar sus armas hacia el mayor de los hermanos. "¿De verdad seríais alguno de vosotros capaces de dispararme? Sammy, soy tu hermano, no eres capaz de hacerme nada, porque eres demasiado bueno. Siempre has querido ser como yo, ser capaz de actuar sin importarte las consecuencias. Eres un blando Sammy." Dean guiñó el ojo a su hermano y le sonrió ampliamente. "Por eso se que no serías capaz de dispararme, por no hablar de que los faroles no son lo tuyo hermanito."
El demonio tenía razón, por mucho que Sam odiara que los demonios pudieran leer la mente de los humanos y usarlo en su contra, aquel demonio estaba en lo cierto, por muy mal que fueran las cosas, Sam no se veía capaz de disparar a su hermano y tal y como la criatura había dicho, mentir no era uno de sus fuertes.
"Cállate maldita sea."
"Don, con lo enamorado que estás de Dean… es una pena que no haya podido decirte lo mucho que te quiere. Aunque supongo que te lo ha demostrado con este acto de sacrificio totalmente desinteresado."
"No se lo que estás hablando, pero será mejor que te calles o te juro que…"
El demonio se movió con rapidez, muy superior a la de un ser humano y se colocó al lado del federal. Don se dio la vuelta y a punto estuvo de perder la fortaleza de la que disponía al encontrarse a Dean junto a él. Aunque no sabía mucho sobre demonios, sabía que aquel que tenía delante no era el hombre al que quería, pero aún así, seguía viendo a Dean, sus ojos verdes puestos en él, su sonrisa, aunque ahora fuera dominada por un demonio y todo él, era al fin y al cabo Dean.
"¿Lo ves? Estás enamorado y no serás capaz de disparar al hombre que quieres, por mucho que yo esté aquí dentro."
Para sorpresa del demonio, Don se lanzó contra él y empujó el cuerpo de Dean contra la pared. De tratarse del verdadero Dean, aquello le habría dolido, pero el demonio no se lo permitió.
"¿Qué pasa vas a dejar salir toda la rabia contenida durante estas semanas? Creía que lo llevabas bien con tu pequeño problema y que tus visitas al loquero te hacían bien, pero ya veo que no es del todo cierto."
"¡He dicho que te calles y salgas de Dean!" Volvió a hacer que se golpeara contra la pared, pero lo único que consiguió fue hacerle reír. "Quiero que me devuelvas a Dean ahora mismo."
"Por si no lo sabías, Dean y yo hemos hecho un trato, por el que tu y yo podemos ganar."
"¿De que estás hablando?" Don aflojó ligeramente la fuerza con la que sujetaba el cuerpo de Dean, pero no lo soltó, pues el cazador le había dicho muchas veces que los demonios, eran un estupendos mentirosos.
"Le ofrecí a tu novio tener una vida perfecta contigo, una familia, un niño en común incluso, le dije que Sam podría ser feliz con Amita, todo sería perfecto… bueno menos para tu hermano, que me lo quedaría yo." Don apretó el gesto, estaba al límite de sus fuerzas y saber que el demonio estaba hablando de Charlie, no le estaba ayudando nada. "¿Y sabes que es lo que dijo? ¿Sammy te haces alguna idea de lo que dijo tu hermano al respecto?"
Sam bajó la mirada, sabía muy bien lo que Dean habría dicho en esas circunstancias, lo conocía de sobras como para saber que nunca se dejaría engatusar por un demonio y mucho menos su podía ayudar a la gente que quería. Dean lo había hecho voluntariamente, había permitido que el demonio entrara en él y que lo dominara, de forma totalmente racional y él no había podido evitarlo. Sintiéndose completamente rendido y derrotado, el menor de los hermanos se sentó en la cama en la que Dean había pasado horas descansando.
"¡Correcto Sam!" El demonio volvió a centrar su atención en Don, con la más horrible de sus sonrisas dibujada en sus labios. "Lo siento Don, pero tu novio quería que fueras feliz, dijo que superarías su pérdida, que no quería que perdieras tu a tu hermano, que Charlie te ayudaría. ¿Es eso cierto? ¿Podrías superar haber perdido a Dean frente a mi?"
"¡Maldito bastardo!"
Sin poder evitarlo y sin tiempo para reaccionar, Don lanzó el cuerpo de Dean al suelo y se sentó sobre él. le golpeó en el rostro una y otra vez, le golpeó hasta que vio aparecer la sangre en su labio y mando de su nariz.
Pero el demonio no dejaba de reír, como si realmente aquello que le hiciera alguna gracia.
"Vas a devolverme a Dean." Don continuó golpeándole, al fin y al cabo no podía dejar de repetirse que aquel ya no era el cazador del que se había enamorado, que Dean ya no estaba dentro de aquel cuerpo y que no sufriría. "Vas a traerlo de vuelta y le vas a dejar."
"Don, para."
Sam trató de sujetar el puño del federal, que a esas alturas estaba ya manchado de sangre. Forcejearon, pero Don estaba lleno de odio y rabia, estaba demasiado alterado, demasiado cansado de luchar para ver que nunca conseguía salvar a la gente que realmente le importaba. Así, sin que Sam lo pudiera ver venir, Don se dio la vuelta y le dio un golpe en el rostro para alejarlo. Sam se tambaleó y cayó sobre la cama, mirando sorprendido y algo asustado a Don, que volvió a sujetar con fuerza al demonio.
"Ya me has oído, sal de Dean o te mataré."
"¿Lo matarías él?" La sonrisa que no dejaba de aparecer en el rostro de Dean, era horrible, con la sangre por sus mejillas. "Matarías a tu novio si me matas a mi."
"No creo que le importara morir si así te lleva consigo de vuelta al infierno."
"¡No! No puedes matarlo, no puedes matar a Dean."
"Sam no digas tonterías. ¿Crees que tu hermano querría esto? Se que Dean está ahí dentro en alguna parte y se que estaría gritando para que lo liberáramos. Porque no quiero volver a encontrarme a este demonio con el rostro de Dean y saber que no le he ayudado."
"Lo se, pero creo que puedo ayudarle, aunque nunca si esto sale bien, nunca se lo diremos."
Don se dio la vuelta, sin dejar de sujetar al demonio.
"¿Sam?"
"Yo también tengo algo de demonio dentro, es largo de explicar y no espero que lo entiendas o que me vuelvas a mirar igual nunca, pero creo que podría ayudar a mi hermano."
"Tienes razón, no lo entiendo, pero ahora mismo me da igual, si dices que podemos recuperar a Dean, estoy dentro."
"Vale, pero para eso voy a necesitar hacer algo y eso puede que no te guste demasiado."
El demonio se echó a reír y antes de que ninguno de los dos dijera nada habló. "Sam tiene que alimentarse mi sangre, de sangre de demonio para ser lo suficientemente fuerte para echarme. Vamos Sam, aliméntate de tu propio hermano y deja que su novio vea la familia tan normal que sois."
Don y Sam se miraron. El federal no comprendía una sola palabra de lo que el demonio estaba diciendo, pero al observar la mirada de Sam, se dio cuenta que el muchacho sabía lo que hacía. Parecía asustado y no era para menos, teniendo en cuenta ante lo que se estaban enfrentando, pero de alguna forma, que no podía explicar pero que estaba en su interior, Don sabía que podía confíar en él.
"Hazlo." Dijo simplemente el federal.
"Espero que puedas perdonarme por esto y que Dean no se acuerde, porque no creo que pueda mirarme a la cara cuando todo esto termine."
"Sólo hazlo."
