Don miró la escena, con una mezcla de aprensión e impotencia. No podía creer que realmente Sam estuviera alimentándose de la sangre de su hermano, o más bien de la sangre del demonio que tenía dentro, pero al mismo tiempo no podía dejar de mirar aquella escena.

El demonio protestó cuando Sam fue hacia él, pero la fuerza con la que Don le sujetaba, era suficiente para que no pudiera moverse. El federal, creyó ver, por un segundo a Dean, dentro de un cuerpo que no lograba controlar, pero no dijo nada, ya era suficiente sufrimiento lo que estaba viendo, como para saber que era el propio Dean el que lo estaba pasando mal.

Sam separó la boca del brazo de su hermano, mientras la sangre todavía corría. Miró a Don, tratando de averiguar si alguna podría volver a mirarle a la cara como si nada o si el federal dejaría de verlo como un ser humano para siempre.

"Estoy listo." Dijo por fin el menor de los hermanos.

Don ató a Dean con fuerza la silla en la que lo tenían sentado, notaba su fuerza, aunque no sabía si se trataba de la suya o la del demonio que llevaba dentro y lo escuchó protestar un poco más.

"¿Vas a dejar que haga esto?" El demonio miró a Don, pero el federal sabía sin problemas, que no era el verdadero Dean el que le estaba mirando, pues reconocía perfectamente sus ojos verdes, la forma en la que sólo el cazador sabía mirar y con la que siempre conseguía lo que quería por parte de Don. "Sabes que soy yo Don, algo dentro de ti te está diciendo que esto puede matarme, porque te he contado muchas veces como funcionan los exorcismos de mi hermano."

El demonio no le quitaba la mirada de encima al federal. Podía ver lo cerca que estaba de dejarse convencer, pues el amor que sentía por el cazador, era más grande que la necesidad de sacar al demonio invasor de su cuerpo.

"No le escuches, así es como trabajan los demonios, les gusta mentirnos, usarnos para sus propósitos y hacer que aceptemos sus mentiras para luego hacernos daño." Sam levantó la voz, quería que Don tan sólo le escuchara a él y que dejara de prestarle atención al demonio.

"Don por favor, se que no quieres hacerme daño, se que crees que estás haciendo esto por mi bien, pero te aseguro que no es así. Sólo vas a conseguir que Sam me haga daño." El demonio estiró el cuerpo de Dean todo lo que pudo para acercarse a Don. "Mi hermano no sabe controlar sus poderes, lo intenta, es bueno, pero ha matado a demasiados inocentes. ¿Quieres que sea yo uno de esos inocentes?"

Don comenzó a dudar. En algo estaba en lo cierto, estaba enamorado de Dean y no quería que le ocurriera nada malo. No había visto nunca un exorcismo y las veces que Dean le había hablado de ellos, no parecían haber sido muy placenteros para el ser humano inocente que estaba atrapado dentro.

Miró a Sam, necesitaba respuestas. Era un gran agente federal y había escuchado a mucha gente mintiendo, tratando de ocultar sus crímenes; después de todo un demonio no parecía muy diferente, sabían mentir, pero como el mundo cometían fallos.

Lo había visto, tan sólo había sido un segundo, pero lo había visto, un brillo en los ojos de Dean, un brillo que reconocía de las noches que habían pasado juntos, las veladas hablando hasta las tantas, las conversaciones sobre el futuro de ambos. Don había mirado aquellos ojos verdes y sinceros, eran tan distintos a los que miraban al demonio que había tomado el cuerpo de su hermano. Cuando estaban solos, los ojos de Dean permitían al federal penetrar en su interior y ver quien era realmente el chico que había cuidado de su hermano y que siempre había echado en falta a su madre.

Ahora lo había visto otra vez en poco más de un segundo y el demonio no lo había podido evitar. Por eso, para sorpresa del demonio, Don sonrió, miró a Sam y aunque le costó dos segundos reaccionar, asintió mirando a Sam.

"¡Don, no lo hagas!" Gritó el demonio, aunque no se había tratado más que una distracción.

Sam no llegó hasta su hermano, pues antes de poder hacerlo, el demonio liberó los brazos de las ataduras y se levantó de la silla. Empujó a Don contra la pared y se encaminó directamente hasta Sam.

"¿Qué me dices ahora hermanito? ¿Crees que podrás hacerme algo? Siempre he sido más fuerte que tu. Has sido un cobarde toda tu vida Sammy. Hoy no va a ser una excepción."

El demonio siguió caminando hacia Sam, sonriente, sabedor de que el punto débil del menor de los hermanos, era sin duda su hermano mayor y que no haría nada para hacerle daño.

Desde el suelo, Don miró la escena, le dolía todo el cuerpo, pues el demonio lo había lanzado con una gran fuerza contra la pared. Intentó moverse, pero todavía tenía que conseguir que la cabeza no le diera vueltas.

"Dean…" El demonio no se inmutó, aunque por la forma en la que se había tensado, Don estaba seguro que el cazador le había escuchado desde dentro. "Dean, detente, se que puedes parar, eres más fuerte que él."

El demonio sonrió y sin moverse, sin dejar de mirar a Sam contestó al federal.

"Lo siento chicos, pero Dean no se puede poner en este momento, en realidad creo que está destrozado por todo lo que ha pasado últimamente. ¿Sabías que era muy propenso a autoflajelarse para expiar sus culpas Sammy? Claro que lo sabías, de lo contrario no habría vendido su alma para salvar tu vida."

"¡Cállate!"

"Oh, Sammy, lo siento, no sabía que te dolería tanto… Bueno en realidad si que lo sabía, pero no creo que te duela tanto como le que voy a hacerte ahora."

El demonio levantó la mano. Había estudiado bien a los Winchester, sabía que ninguno de los dos haría nada para lastimar a su hermano, los dos preferían morir antes que ver sufrir a su hermano. Tontos humanos, era tan sencillo jugar con ellos, que a veces se sorprendía que fueran los dominantes del planeta.

Apenas tuvo que concentrarse para lanzar a Sam contra la otra pared, incluso se preguntó si el cazado había dejado de hacer fuerza.

"Creo que esto va a ser divertido. Por cierto Don…" Se volvió hacia el federal, manteniendo todavía la presión invisible sobre el pecho de Sam, para evitar que se moviera. "Cuando todo esto termine, será un placer volver a quedarme con tu hermano, es un encanto, pocas veces he conocido a humanos tan inocentes como él."

"Aléjate de mi hermano o te juro que te mataré."

El demonio sonrió, aquel hombre sería muy bueno en su trabajo, pero cuando se trataba de las cosas personales, Don se convertía en un verdadero libro abierto y mentir no se le daba nada bien.

"Lo siento, pero quieres demasiado al cazador que estoy poseyendo, se muy bien que no lo harás."

"Él no, pero yo si."

El demonio se dio la vuelta, había bajado la guardia durante unos segundos, creyendo que todo estaba bien, que lo tenía todo controlado, pero había sido ese pequeño momento, el que Colby había usado, para dejar a Charlie descansando e ir a ver lo que ocurría.

El federal le apuntaba con su arma, estaba tranquilo, pero sujetaba el arma con fuerza. Sus ojos estaban clavados en el demonio y no tardó más de un segundo en actuar. Por mucho que el demonio dio un paso adelante, Colby fue más rápido y antes de que la criatura pudiera hacer nada, disparó.

"¡Colby no!" Gritó Don, pero no pudo evitar que su compañero terminara disparando.

Se quedó petrificado un momento, mirando a Dean caer al suelo y quedar allí tendido, como si de un muñeco roto se tratara. No apartó la mirada, no pudo dejar de mirarle, pues el muchacho no se movía, parecía… no podía ni decírselo a si mismo, pues era una posibilidad que no aceptaría.

"Colby ¿Qué has hecho?" Se adelantó a decir Sam a Don, pero fue el federal, el que todavía dolorido, se acercó al cuerpo de Dean.

"Lo siento, pero ese bastardo ha hecho demasiado daño a Charlie, no iba a dejar que se saliera con la suya."

"¿A cambio de la vida de mi hermano?" Sam se levantó algo tambaleante, pues se sentía como si de repente la sangre del demonio ingerida hubiera desaparecido de su organismo de repente.

Colby salió de la habitación, los hombros caídos, sin mirar la escena que tenía delante, como si realmente se sintiera fatal por lo que acababa de hacer, cuando una parte de él le decía que era la única forma de mantener a salvo a Charlie le quería demasiado y durante los últimos meses había visto demasiado, como para dejar libre a un demonio que ya había hecho daño a su novio.

"Dean, no puedes…" Gimió Sam, al ver que su hermano no se movía.

Sin embargo, como si estuviera respondiendo a su hermano, Dean protestó y su cuerpo se arqueó con fuerza entre los brazos de Don que lo sostenía con fuerza.

"Eso es, vamos tienes que aguantar. Sam llama a una ambulancia, creo que la bala ha podido rozar uno de sus pulmones, pero si actuamos rápido." Don le acarició el rostro y sonrió al ver que abría los ojos, pero trató de controlar su miedo al escucharlo toser con fuerza y ver un pequeño hilo de sangre bajar su labio. "Vas a tener que aguantar un poco más, pero se lo fuerte que eres."

"No, Don, tienes que matarme, estoy reteniendo al demonio dentro de mi y si me matas ahora, seguramente no podrá salir de mi cuerpo." El cuerpo de Dean se arqueó de nuevo y protestó.

"No voy a matarte." Dean cogió con fuerza la mano del federal y esperó un momento, del que no disponía hasta que sus miradas se encontraron. "Dean no me pidas eso, seguro que tu hermano tampoco está dispuesto a hacer algo así." La mirada de Sam puesta también sobre su hermano, le dio la razón, bajo ninguna circunstancia iba a hacerle algo así a su propio hermano.

"Pero tienes que hacerlo, estoy a punto de perder las pocas fuerzas que me quedan y entonces el demonio se marchará y volverá a hacernos daño."

"Lo siento, se lo que pretendes, pero no voy a perderte." Don acarició de nuevo el rostro de Dean y se acercó a él.

Dean sabía lo que iba hacer, sabía que iba a besarle, pero en el preciso momento en el que lo hiciera, perdería todas sus fuerzas y se dejaría llevar, el demonio escaparía de su cuerpo y seguramente moriría agotado. Pero no pudo evitarlo, pues en ese momento su cuerpo estaba extenuado tanto por llevar al demonio dentro, como por el disparo que poco a poco lo estaba desangrado. Por eso, un momento más tarde, sintió los labios del federal sobre los suyos y sus brazos apretando su cuerpo. le gustaba, no lo iba a negar, hacía tanto que no besaba a Don, que lo echaba de menos, pero eso tan sólo había provocado, que el demonio se sintiera libre para salir de su cuerpo.

Don tuvo que separarse y vio de nuevo, que el cuerpo del muchacho se arqueaba y un extraño humo negro salía de su boca y se perdía en el techo. Sam observaba todo con atención, por primera vez, se había quedado paralizado, no había sabido que hacer, ni como ayudar a su hermano, tal vez había sido la sangre de demonio, la imagen de Colby al disparar a su hermano a sangre fría o lo poco que le importaba a Dean morir por los demás, pero lo cierto era que no había podido hacer nada.

"Sam, vamos llama a una maldita ambulancia, tu hermano no está respirando."