Dean se despertó algo más tarde de las doce del mediodía, había dormido, por fin, toda la noche de un tirón y ahora se sentía bien. Todavía le dolía la herida del pecho, pero ya no era algo tan terrible como al principio y ahora incluso, sentía que deseaba recuperarse.

Al abrir los ojos, Don estaba allí, aunque sin duda estaba dormido. lo observó un momento, el rato suficiente para darse cuenta que le quería de verdad. No estaba seguro si se había enamorado en alguna ocasión de verdad en toda su vida; pero ahora se daba cuenta que adoraba al federal.

Hasta ese momento, tan sólo Sam se había preocupado tanto por él; pero sobretodo ninguna de las mujeres con las que había salido se había tomado tantas molestías. Con Don era totalmente diferente, el federal no quería nada, no le pedía nada que no supiera que iba a darle o a hacer por él sin más.

Entonces pensó, que tal vez el sueño que había tenido, que ese niño, esa familia que tenia en el futuro, tal vez no fuera algo tan imposible. Dean, que nunca se había planteado ser padre, que nunca se había imaginando teniendo una familia fuera de su hermano, ahora estaba viendo que tal vez eso no fuera tan descabellado.

Sonrió tontamente, sin darse cuenta, pero nadie pudo verlo, pues tan sólo estaba Don con él.

En el sillón, Don se removió y se despertó, abrió los ojos lentamente y miró a Dean, sorprendido de que se hubiera despertado ya, pese a todas las horas que habían pasado.

"¿Cuánto rato llevas despierto?"

"No mucho." Dean protestó al moverse, momento en el que Don se levantó rápidamente y fue hacia él, se sentó en la cama y le obligó a permanecer tumbado "Estoy bien, ya no tienes porque estar tan preocupado."

Don sonrió, parecía que el cazador le leía la mente. Seguía estando preocupado, se le notaba en al cara, pero al menos ahora sabía que la vida de Dean no corría peligro. Tan sólo tenía que tomarse las cosas con calma, dejar que otros cuidaran de él y Don sabía que eso no iba a ser nada fácil.

"Siento haberme quedado dormido, pero he pasado una noche horrible con una investigación." Acarició el rostro de Dean y se acercó para besarle, pero el cazador le detuvo justo antes de que juntara sus labios. "¿Qué ocurre?"

"Quiero que me prometas una cosa." Don guardó silencio, el cazador ya conocía la respuesta de Don, por lo que no hizo falta que dijera nada más. "No vas a estar pidiéndome perdón por cualquier motivo. Lo que me ocurrió no fue culpa tuya, ni de tu hermano, yo me enfrenté al demonio y salí perdiendo. Así que deja de culparte."

"No me culpo por eso." Dean lo miró sin decir nada, definitivamente, lo conocía demasiado bien. "Bueno tal vez si me culpe, pero por no detenerte." Apartó la vista, sin querer ya había dicho demasiado. "Algo me decía que ibas a cometer una locura y aún así, te dejé hacerlo. Creía que tal vez, lo que fueras a hacer, podría ayudar a Charlie." Apretó con fuerza la mano de Dean, hasta casi hacerle daño. "¿Sabes porque me siento peor? Porque elegí entre mi hermano y tu, dejé que te arriesgaras con la esperanza de que pudieras ayudar a Charlie."

"Por si no te acuerdas, yo también tengo un hermano y se lo que es hacerlo todo por él. Daría mi vida por Sam y prefería no estar nunca en tu posición, jamás querría elegir entre él y tu, porque sinceramente, no se si sería capaz de hacerlo. Así que quiero que me prometas que no vas a volverme a pedir perdón, al menos por nada de lo que tenga que ver con lo ocurrido con ese demonio."

"Muy bien, entones pasaremos página, porque va siendo hora que seamos felices."

"¿A que refieres?"

Don buscó en su chaqueta y sacó dos billetes de avión, se los entregó a Dean, con la mayor sonrisa imaginable en los labios y esperando la respuesta del cazador.

"Te lo había prometido y espero que ni el mismo Apocalipsis nos detenga ahora."

"¿New York? ¿Son billetes para New York? ¡Don!"

Dean intentó incorporarse otra vez, pero de Nuevo el dolor en el pecho todavía era demasiado intenso como para permitírselo. Alargó la mano para coger la del federal. No sabía que decir, pues si nadie la había amado de verdad, nadie había hecho algo tan grande por él en la vida.

"Ya te he dicho que te lo había prometido, todavía tenemos pendientes esas vacaciones, esos días para nosotros solos y creo que en cuanto el médico lo permita sería un buen momento para hacerlo, para olvidarnos de estos malos días e intentar…"

"¿Intentar?"

"Dean, yo te quiero, hace mucho que no quería así a nadie y quiero que seas feliz conmigo. Eso es lo que quiero intentar, ser una pareja normal tu y yo solos, sin hermanos, sin demonios, sin delincuentes, tan sólo tu y yo."

"Suena bien." Dean repitió la misma sonrisa algo tontorrona, solo que ahora no le importaba que le viera Don y que leyera en sus ojos lo que estaba pensando; en realidad, le gustaba saber que alguien, además de Sam le conocía. "Yo también te quiero y yo si que estoy seguro que jamás he amado a nadie como te quiero a ti. Estaría encantado de pasar unos días a tu lado en New York, solos tu y yo. No se lo digas a nadie, pero estoy deseando que alguien conocido nos vea y poder decirle que eres mi novio."

No hacía tanto que el federal conocía a Dean, pero estaba seguro que ese acababa de ser un enorme saltó para el cazador y que la decisión de decir eso, no debería haber sido fácil para Dean. Aún así, ahora que lo había dicho se le veía realmente satisfecho y contento de haber sido sincero y ahora tan solo esperaba la respuesta de Don.

"¿Qué tal si lo hacemos oficial con nuestros hermanos y mi padre?"

"¿Quieres decirles que somos algo más que simples amantes y que vamos en serio?" Don asintió, igual que un momento más tarde lo hizo Dean. "Entonces eso quiere decir que, ya no estoy libre para poder ligar en un bar cuando se me acerquen las mujeres."

"No les aconsejaría que lo hicieran, sigo siendo federal y puedo buscar cualquier excusa para que pasaran la noche entre rejas."

Dean se estremeció con un escalofrío y sin decir nada, Don se recostó junto a él en la cama, lo rodeó con su cuerpo y por un momento, Dean recordó aquella noche, ya muy lejana, en la que había estado a punto de morir congelado; ya entonces, Don se encargaba y cuidaba de él.

De nuevo sintió su cuerpo cercano y cálido, sus brazos sobre el pecho, allí donde Colby se había visto obligado a dispararle, protegiéndole, como si corriera el riesgo de que le volvieran a herir y la cabeza apoyada sobre su hombro, respirando tranquilamente.

"¿Mejor?" Dean hizo un sonido de asentimiento, a la vez que volvía a cerrar los ojos.

"¿Puedo decirte una cosa?"

"¿Va todo bien?"

"Es algo que ocurrió mientras estaba bajo el poder del demonio." Don se puso tenso nada más escuchar que nombraba a aquella cosa. Esperaba no volver a tener que preocuparse por aquella criatura, pero parecía que le iba a perseguir para siempre. "Tuve una visión."

"¿Qué te hizo ver ese bastardo?" Don se puso más tenso todavía, solo de pensar lo que el demonio le había podido hacer a Dean, le hacía sentir que la sangre le ardía en las venas.

"No fue algo malo en realidad, no en su totalidad." No le iba a contar que en su sueño, Charlie estaba muerto y que había tenido que dejarlo morir para salvar a Dean, Don no se merecía saber algo así. "Tu y yo habíamos formado una familia." Don no contestó a eso, pues se había quedado sin palabras. "Se que es difícil de creer, pero el demonio me enseñó lo que podía ser mi futuro y en él estabas tu, estaba yo y estaba… nuestro hijo."

"¿Nuestro hijo? ¿El demonio te enseñó un futuro en el que tu y yo teníamos un hijo?" Había estado a punto de no tomárselo en serio, pero al ver la expresión de Dean, se dio cuenta que lo estaba diciendo completamente en serio. "¿Cómo era?"

"Don ¿Crees que tu y yo podríamos llegar a tener ese futuro? Nunca me había planteado tener hijos, porque nunca había esperado llegar a cumplir muchos años, cuando te dedicas a ser cazador, no esperas jubilarte y ver crecer a tus nietos. Pero desde que te conocí, estoy viendo las cosas distintas, más reales, más posibles. Así que por favor, dime si crees que en futuro podríamos tener hijos."

Don nunca había visto a Dean de una forma tan vulnerable, abriéndole su corazón, hasta mostrarle todo, sin esconder una sola parte de él. ese era el cazador del que se había enamorado, no el que todas las noches acababa con un vampiro o con un demonio, sino con el que temía no poder llegar a tener hijos, porque por mucho que intentara ocultarlo, Don sabía que el muchacho quería tener su propia familia.

"Don, por favor, dime algo, no me hagas quedar como el idiota que se lanza a la piscina, sin saber que no hay agua." Se estremeció de nuevo, aunque ahora no fue por frío, sino por miedo.

"Cuando Colby y Charlie comenzaron a salir juntos, Charlie empezó a hablarme enseguida de tener niños, de adoptarlos, de que Colby y él estaban esperando el momento adecuado para tener sus propios hijos y yo creía que nunca llegaría la persona adecuada para que me entraran las ganas de tener mis propios hijos."

Dean enterró el rostro en la almohada y sonrió.

"Pero de repente apareciste tu, alguien buscaba la justicia que resultó ser un cazador que había salvado al mundo y nadie lo sabría nunca, un héroe que no quiere ser tal cosa, un muchacho perdido, del que me enamoré como un imbécil y al que ahora quiero decirle que estoy deseando tener críos con él."

Dean se dio la vuelta, pese a que la herida le dolía y no pudo hacerlo todo lo rápido que le hubiera gustado. Pero lo consiguió y ahí estaba Don, mirándole sonriéndole, acariciándole el rostro y diciéndole que estaba deseando formar una familia con él.

Tal vez después de todo tuviera razón y esa visión, que el demonio decía que solo se cumpliría si trabajaba para él, estuviera más cerca de lo que ninguno de ellos hubiera pensado jamás.

"¿Cómo se llama el niño en tu visión?" Don besó la boca del cazador antes de que este pudiera contestar.

"John, supongo que por mi padre. Tenías que haberlo visto, era… era igual que tu y cuando le oí hablar, no se, fue como… me recordaba a los dos al mismo tiempo. Don, ese niño era nuestro hijo y éramos feliz, ¿crees que podremos llegar a serlo?"

"Lo único que se ahora mismo, es que te quiero, que tienes que descansar para que el médico te de el alta y que vamos a pasar unos días increíbles, tu y yo solos," Remarcó otra vez Don. "En New York."

"No necesito nada más."