El sonido de la puerta al abrirse le despertó. No recordaba cuantas horas llevaba durmiendo, tal vez todo el día o tal vez cinco minutos, no estaba seguro porque los analgésicos que le había dado el médico le dejaban demasiado atontado como para pensar con lógica.

Se mantuvo quieto entre las sábanas, calentito y tranquilo, escuchando unos pasos que se acercaban a él lentamente. La otra persona se descalzó y se sentó junto a él. Una mano la acarició la mejilla con dulzura y Dean ronroneó como un gatito.

"Buenos días." En seguida reconoció la voz de Don y su aliento cálido junto a su oído. "Llevas durmiendo más de doce horas y el médico ha dicho que tienes que empezar a caminar."

Con los ojos todavía cerrados, Dean sonrió y se acurrucó un poco más entre la ropa de la cama. Las manos de Don, frías en aquella mañana de invierno, pero a los pocos segundos de entrar en contacto con su cuerpo, ya estaban calientes.

"No seas perezoso."

Dean abrió los ojos todavía adormilado.

"No soy perezoso, pero llevas trabajando toda la noche y cuando estás aquí, me paso todo el rato durmiendo. Quiero verte y estar contigo." Pese a que no quería fuera así, Dean sonaba como si de un cachorrillo se tratara. "Creo que las pastillas me están volviendo un sentimental… que asco."

Don sonrió y le besó en la comisura de sus labios cálidamente, como si temiera hacerle daño. Lo había conocido como un proscrito, alguien a quien debería meter en la cárcel. Un cazador con el que se había llegado a pegar, alguien a quien temer en cierto modo, pues no sabía lo que sería capaz de hacer llegado el momento. Pero ahora era todo lo contrario, un muchacho que necesitaba ser amado, que no quería demostrarse débil delante de nadie, pero cuyos ojos imploraban al federal que se mantuviera cerca.

"Tengo una sorpresa para ti. Vamos te prepararé algo de comer. ¿Tienes fuerzas para levantarte y llegar hasta la cocina?"

Dean asintió, no muy seguro de su afirmación. Las manos de Don frente a él esperaban que el cazador las tomara para ayudarle a ponerse en pie.

Hacía una semana que había salido del hospital, pero el médico les había dicho que todavía le quedaba una larga recuperación hasta que su vida volviera a ser la misma que antes. Le dolía el pecho, pero el médico había dicho que eso era normal, que le dolería durante un mes.

Había llegado el momento de ponerse en pie, casi sin fuerzas y con cierto temor a que las piernas no llegaran a sostenerle, pero con la seguridad de que Don estaría ahí con él. Ni siquiera había apartado las manos, esperando a que el cazador perdiera por fin el miedo y las cogiera.

Lentamente, Dean alargó sus manos y dejó que Don tirara de él, le miró a los ojos y sonrió. No sabía exactamente por que, pero se sentía completamente seguro, pese al dolor, capaz de cualquier cosa.

Sus pies tocaron por fin el suelo, estaba frío, casi había olvidado aquella sensación recorriendo todo su cuerpo hasta hacerle estremecerse. Los brazos de Don rodearon sin cintura con fuerza, la suficiente para que Dean se sintiera completamente seguro.

"¿Listo?"

Dean volvió a asentir y muy lentamente se atrevió a dar el primer paso, el más difícil y el que, pese a no decir nada, más miedo le daba. Pero lo hizo, le dolía todo el cuerpo, pero consiguió hacerlo y tras varios largos y pesados minutos, en los bajar la veintena de escalones que los separaban del piso inferior, vieron delante de ellos la puta de la cocina.

Dean suspiró agotado, de haber podido, se volvería a meter de nuevo a la cama; pero no dijo nada, se quedó allí junto al federal, apoyándose ligeramente sobre él. estaba feliz, orgulloso de lo que acababa de conseguir y orgulloso también de haber podido hacerlo junto a Don.

Al llegar a la cocina se sentó y dejó que el federal comenzara a moverse con libertad por allí. Nunca lo había visto cocinar, en realidad no creía ni que supiera hacerlo, pero la verdad era que aquellos huevos revueltos y ese beicon friéndose, olían muy bien. Lo miró divertido y por primera vez en toda su vida, Dean se preguntó si su futuro podía parecerse algo a aquel instante.

- o -

Todavía no había estado en el despacho de Amita, pero las circunstancias no lo habían propiciado. Ahora todo estaba mucho más tranquilo y Sam y Amita podían pasar algo de tiempo juntos y a solas.

"¿Qué te parece?" Dijo ella con una sonrisa en los labios. Realmente estaba nerviosa, pues ninguno de los hombres por los que ella se había interesado, había tenido la más mínima curiosidad por su lugar de trabajo y mucho menos por lo que hacía, pero Sam era distinto y eso le gustaba.

No era el día que más ordenado podía estar el despacho, pero a ninguno de los dos pareció importarle.

"Me gusta, me recuerda a mi cuarto en mi época de la universidad."

"¿Lo echas de menos?"

Sorprendido, Sam miró a Amita, hacía mucho tiempo que nadie le preguntaba algo así. Estaba seguro que Dean jamás se había planteado algo así, al fin y al cabo, para su hermano, la cacería era su vida, no había más posibilidades, igual que no las había habido para su padre.

"Ahora ya no, pero fue duro al principio. Cuando me marché, creí que dejaba la única oportunidad que tendría de ser normal, de ser realmente feliz. Ahora, aquí, me doy cuenta que estaba equivocado."

Amita se dio por aludida y sonrió ligeramente ruborizada. Sam fue hacia a ella y tomó su mano.

"No es eso de lo que realmente quieres hablar conmigo ¿verdad?"

"A veces parece que me lees como un libro abierto. No, hay algo que hace días que quiero preguntar, pero con lo de tu hermano y todo lo que ha pasado con el demonio, creía que era el momento de hacerlo."

"¿Ahora lo es?" Los dos sabían la respuesta a esa pregunta, por lo que Amita no contestó, simplemente apretó con fuerza la mano del cazador, buscando las fuerzas para poder decirle aquello de una vez por todas. "Vamos, dime lo que quieras, además yo también quería decirte algo."

Amita respiró profundamente.

"¿Cuándo os vais a marchar?" un momento más tarde de haber preguntado aquello, se arrepintió, pues ella misma se había dado cuenta que había sonado excesivamente desesperada. Sin embargo, Sam no parecía muy sorprendido por lo que acababa de decir. "No quiero que pienses que…"

"Se lo que quieres decir." Sam hizo que se acercara y rodeó su cintura con ambas manos. "No he hablado todavía con Dean, no lo haré al menos hasta que esté completamente recuperado, pues que también es un tema complicado para él."

"Así que nos queda algo más de un mes por delante." Dijo Amita con un intenso suspiro. "¿Has pensado en quedarte?"

Le gustaba ser directa, pues un mes era muy poco tiempo como para perderlo con caminos que no llevaban a ninguna parte. Estaba muerta de miedo por la respuesta; pero llevaba muchos días dándole vueltas al tema y quería saberlo de uan vez por todas.

Sam no se sorprendió, tampoco en esta ocasión, pues mentiría si dijera que no había pensado en ello.

"No me respondas si no quieres, pero he oído los planes de tu hermano y Don, lo de las vacaciones y había pensado que, dado que querrán estar solos, tu podrías quedarte por aquí, en lugar de marcharte en busca de una nueva cacería." No pudo evitar sonrojarse, notaba su rostro ardiendo, tanto como muerta de miedo estaba por dentro.

No era de las chicas que se lanzaban, no era de las que iba a buscar lo que quería en cuestión de amor y esta era la primera vez que lo había hecho. Guardó silencio, esperando la respuesta de Sam, por eso, bajó la mirada, como si estuviera arrepentida de lo que había dicho.

"¿Querrías que me quedara?"

Apenas habían podido tener una relación similar a ser algo más que amigos. El demonio, el disparo a Dean, la falta de relación entre Colby y Don, todo les había impedido acercarse el uno al otro tanto como hubieran querido. Pero aún así, los dos sabían que había una atracción muy fuerte entre ellos.

"Sam…"

"Lo siento, no soy de los que me ando por las ramas, pero las chicas como tu me ponen muy nervioso." Amita no sabía si tomarse aquello a bien, por lo que su gesto se volvió algo más duro de lo que le hubiera gustado. "No me malinterpretes por favor. Me refiero a que eres una mujer muy fuerte, segura de ti misma, mucho más de lo que seré nunca. Dean es precisamente eso, seguro de si mismo, se siente capaz de todo y cuando se trata de conquistar a una mujer, es lo más sencillo, al menos para él lo es. A veces me gustaría parecerme a él."

Sam no pudo creer lo que pasó a continuación. Cuando quiso darse cuenta Amita le estaba besando, había tenido que tirar de él hacia abajo para poder encontrar sus labios, pero le estaba besando. No era la primera vez que se besaban, pero si la primera vez que hablaban del tema, de la posibilidad de tener algo entre ellos.

"No necesito que seas nadie más allá de ti mismo. Sólo quiero saber si sientes algo por mi, aunque tal y como me has besado se me han quitado todas las dudas." La sonrisa más pícara que Sam podía imaginar ver, apareció en el rostro de Amita, un momento antes de volver a besarle. "Quiero pasar unos días contigo Sam, porque se que tarde o temprano tu hermano volverá y te irás con él."

"Podría quedarme contigo."

"Vamos Sam, seamos sinceros, en cuanto tu hermano vuelva… tal vez digas que te quedas para no hacerme daño a mi, pero tu vida está junto a Dean."

Ninguno de los dos dijo nada más, parecía que Amita conociera al cazador mejor de lo que se conocía a si mismo. Al menos tal y como Amita había dicho, si Don y su hermano se tomaban esas vacaciones, ellos podrían tener unos días tranquilos. Lo que pasara después, era algo en lo que ninguno de los dos quería pensar.