Hola, hola, Luna de Acero reportándose.
Bien, aquí vengo con el anteúltimo capítulo de este culebrón que está más interesante que la Rosa de Guadalupe, ¿fuente? La de la plaza. Ja, ja, bueno, les cuento que este nuevo capítulo vino más que volando porque lo comisionaron, nomás que la hermosa personita que hizo su aporte no quiso que la nombrara en este capítulo, pero que sepa que todos le estamos agradecidos, sobre todo mis gatos que ya se habían quedado sin croquetas. Nmms, tengo 5 gatos y uno temporal porque le estamos buscando familia, que sepan que es bien pinshi difícil criar tanto gaterío. Ah, pero que bonitos son.
Ya me fui por las ramas, volviendo al tema, sigan amándome que eso está muy, muy bien. Y siéntanse orgullosos de formar parte de las excelsas filas de los lunaceros y lunaceras, y también lunaceres ¿por qué no? LOS AMO, nos vemos!
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Isayama Hajime, la historia si es de mi completa invención.
Advertencias: Bueno, no me maten, porque nunca estuvo planificado que esto suceda, es porque este fic fue creciendo a su parecer, pero habrá historia entre Onyakopon (es el único personaje de color en la obra de Ataque a los titanes) x Levi, y luego habrá otros salseos más acordes al fic. POR FAVOR, YA NO LE TIREN HATE A MI POBRE ERENCIO, no es malo, él solo lidia con el dolor a su manera (llora). Ah, no, no es el fin, habrá lágrimas, reproches, angustia, PEEERO, será el último capítulo que contenga este tipo de cosas, ustedes pueden mis inmunes lunaceres, solo un poquito más...
.
.
"Ya todos estamos en edad de tirar por la borda los sentimientos que no sirven para nada
y quedarnos solo con aquellos que nos ayudan a vivir".
Isabel Allende
.
.
Abrió los ojos sintiéndose confundido. Le dolía el pecho y sentía algo de frío. Oteó a su alrededor, todo era inmaculadamente blanco, parpadeó para poder enfocar mejor, había un gran ventanal por donde entraba la tibia luz del amanecer. Inspiró hondo, si bien parecía que podía respirar mejor, no estaba del todo bien. Trató de toser y notó que tenía algo sobre la cara, al levantar una mano vio las conexiones del suero sobre su brazo. Lo dejó en el aire algunos segundos preguntándose qué estaba pasando.
Intentó incorporarse, le costó bastante, se sentía débil, le dolía el cuerpo, tenía sed. Y una vez sentado miró alrededor. Oh. Esto... era un hospital, ¿qué hacía en un hospital? Le dolía levemente la cabeza, aún tenía un embotamiento notable. Necesitaba orinar. Había máquinas conectadas que hacían ruido, ¿esos eran sus latidos? Notó que había adhesivos sobre su pecho conectados por cables a un monitor o algo similar. ¿Por qué estaba en un hospital? Notó la pulsera blanca en su muñeca, con su nombre y unos códigos que no entendió.
Estaba con una bata, desnudo debajo, ¿quién lo había vestido? O desvestido, más bien. Movió el trasero y las piernas, estaba algo entumecido. Trató de recordar lo último que había en su cabeza. Recordó un poco de la charla con Eren y con Izzie, y luego... luego... Había un gran vacío. Había unos flashbacks, muy breves, de Eren hablándole a los gritos, ¿habían discutido?
Sus pies resintieron el frío suelo, se sentía más despabilado a cada momento. Se puso de pie, se afirmó del porta suero de metal, removió la mascarilla de oxígeno y esas cosas sobre su pecho, notando que respiraba mejor que el día anterior, y caminó con algo de dificultad hacia el baño. Orinó, se lavó el rostro y se miró al espejo, le sorprendió lo pálido y demacrado que se notaba, pero no parecía estar golpeado o algo como eso. Tampoco creía posible que se hubiera agarrado a golpes con su ex (de nuevo), pero entonces, ¿por qué los gritos? ¿Qué había pasado?
—¿Señor Ackerman? —escuchó una voz femenina viniendo desde la habitación, de manera que regresó a paso lento—. Oh, estaba aquí. ¿Cómo se siente? Por favor, recuéstese.
—Estoy bien —dijo con suavidad, aunque su voz salió carrasposa y frágil.
Obedeció. La enfermera lo ayudó a acomodarse en la cama, y le colocó la mascarilla y las sopapas de nuevo.
—¿Qué hago aquí?
—Usted ha sido internado porque tiene neumonía, señor Ackerman.
—¿Neumonía?
—Sí, estaba muy delicado, llegó con altas fiebres y desvanecido, lo trajo su esposo. Ha estado haciendo guardia toda la noche.
—¿Esposo?
La enfermera miró el registro que tenía en sus manos.
—El señor Jaeger, ¿no es su esposo?
—Oh, mi ex esposo.
—Ya veo, sus hijos también se turnaron.
—¿Dónde están?
—En la sala de espera.
—Quisiera verlos.
—Primero debe chequearlo el doctor Yande, él verá de autorizar el ingreso, está en terapia intermedia en estos momentos, le recomiendo reposo. Cambiaré el suero —dijo dejando la carpeta a un lado y manipulando el mismo—. ¿Se siente mejor? Tiene mejor semblante.
—Sí. No pensé que fuera tan grave, creí que era solo una gripe.
—Fue intervenido a tiempo, por fortuna.
—¿Cuándo podré volver a casa?
—Eso ya lo evaluará el doctor, le avisaré ahora para que hable con usted.
—Tengo sed.
—Entiendo, aguardaremos a que el doctor autorice la ingesta de bebidas o sólidos, por el momento le voy a pedir paciencia.
—Está bien. ¿Mis cosas? ¿Mi celular?
—Sus familiares tienen todo, de seguro cuando autoricen el ingreso se los entregaran. Allí tiene el control del televisor, por si quiere ver las noticias y entretenerse un poco, lo único es que no puede subirle el volumen al aparato, por un tema de respeto en el piso a otros pacientes, se encuentra en el área de terapia intermedia.
—Entiendo, gracias.
—Ya regreso con el doctor.
Levi se relajó contra la cama. ¿Se había desvanecido? ¿Por discutir con Eren? Pero si él lo había traído al hospital... Decidió cerrar los ojos, se sentía cansado, quería beber agua fresca cuanto antes. Los quince minutos de espera se le hicieron eternos, odiaba los hospitales. Debería haber hecho caso y haber ido a una consulta médica, ¿neumonía? Uf, de seguro sus hijos iban a regañarlo, tenía que avisar a su jefa.
—Buenos días, señor Ackerman —una voz agradable, cálida y amable lo hizo voltear su cabeza.
Wow. Que alto era el médico y que... atlético. Balbuceó algún tipo de respuesta y se sorprendió que el médico se sentara en la cama a su lado, el gran peso de su cuerpo hundió el colchón. Se puso el estetoscopio y le dedicó una sonrisa preciosa antes de explicarle que le tomaría los signos vitales. Por algún motivo Levi se preguntó en qué momento entrenaría ese joven y apuesto especímen, porque que él supiera los doctores tenían turnos de cuarenta y ocho horas, y a veces más.
—Lo ayudaré a incorporarse —dijo tomándolo de los hombros y moviéndolo con facilidad, su agarre se sentía firme y fuerte—. Por favor, inspire —le indicó colocándo la campana del aparato contra su espalda.
En esa posición sus cuerpos estaban demasiado cerca de manera forzosa. Incluso con la mascarilla, al inspirar pudo sentir un suave y atractivo aroma proveniente del cuerpo ajeno, ¿qué edad tendría? Un poco más de treinta, no más, de seguro.
—Eso es, ahora exhale despacio —la voz del doctor estaba prácticamente sobre su oído y Levi se sintió intimidado, pero a la vez, que bonita y profunda voz—. Diga "a". Vuelva a inspirar y luego exhale lento.
La campana se movía en distintas direcciones, luego se alejó volviendo a restituirle su espacio personal.
—Disculpe, necesito acceder a su pecho —Levi asintió y volvió a hacer sus comprobaciones.
Luego la enfermera le alcanzó el medidor de la presión, una vez que hizo todas las verificaciones del caso, le volvió a sonreír. ¿Todos los médicos eran tan apuestos y amables?
—Bien, parece que vamos por buen camino. Sin embargo, esta vez va a tener que hacer caso a las indicaciones. Su sistema está recuperándose, va a tener que quedarse un par de días con nosotros hasta que esté en condiciones óptimas para darle finalmente el alta.
—Mi, mi trabajo...
—No se preocupe, su familia se está encargando de eso. Su esposo está en la sala de espera, ha esperado desde ayer cuando lo ingresaron.
—Ex esposo —no supo por qué, pero le pareció importante aclararle esto al doctor.
El hombre de color abrió un poco sus ojos y sonrió como si le acabaran de dar una buena noticia.
—Por el momento autorizaré a que lo vean una vez al día únicamente, debe guardar reposo y reponerse. Supongo que hará caso o me veré en la obligación de atarlo a la cama.
—¿Qué? No, no, yo haré lo que me digan —pidió Levi alarmado, el doctor rio junto a la enfermera y la misma aclaró.
—Siempre hace el mismo chiste, no se preocupe, no lo ataremos, a menos que nos de motivos.
—Bien, volveré en la ronda de la tarde a revisarlo de nuevo.
—Doctor...
—Puede decir Onyakopon, ese es mi nombre.
—Uh, Onya, Onyak-
—O-nya-ko-pon.
—Onyakopon, es un nombre extraño. Me preguntaba, si podría beber algo, de verdad tengo sed.
—Por supuesto, solo agua, nada de cosas frías, todo a temperatura ambiente o caliente. Le mandaremos en desayuno en breve con una botella de agua, por favor, trate de comer todo lo que se le sirva, debe recuperar fuerzas. No beba de golpe, de a sorbos.
—Sí, entendido.
—Y, si me necesita, solo avise a la enfermera y vendré de inmediato.
—Gracias, doctor.
—Onyakopon
—Ah, sí, Onya-kopon.
Le restituyeron la mascarilla de oxígeno y volvió a acostarse. Onyakopon, que simpático. A la hora le llevaron el desayuno, le acomodaron una mesa extensible sobre el regazo. Sentía hambre, pero a la vez no le apetecía mucho lo servido, unas galletas de arroz, mermelada, un té, algo de miel, ¡agua! Abrió la botella de medio litro, se quitó la mascarilla y bebió de a sorbos cortos como le había dicho el doctor. Inspiró y tosió un buen rato, le dolió la cabeza.
Cuando estaba untando las tostadas de arroz, la puerta se abrió e ingresó su familia. Isabel fue la primera en echarle los brazos al cuello mientras lloraba. Le palmeó la espalda.
—Tranquila, estoy bien —habló con la voz carrasposa.
—¡Te dije que fuéramos al médico! —regañó de inmediato, Falco tiró de ella del hombro.
—Ya, Izzie, dijiste que te comportarías. ¿Cómo te sientes, papá?
—Mejor, aunque me duele el cuerpo, el pecho, sobre todo.
—Papá te trajo al hospital y nos llamó —contó la pelirroja, Eren estaba a los pies de la cama con los brazos cruzados sobre el pecho.
—Gracias —le dijo mirándolo con cierta curiosidad—. No recuerdo mucho, ¿qué pasó?
—Te escuché toser muy fuerte, subí las escaleras, y por mucho que toqué tu puerta no salías, había escuchado como un golpe seco, abrí y estabas tirado en el piso. Volabas en fiebre.
—Ya veo, ¿discutimos o algo? Es que, no sé, me parece recordar que nos gritamos.
—No, no fue así —dijo Eren enarcando una ceja—. Probablemente haya sido la fiebre que alteró tus recuerdos, no lo sé.
—Ya veo.
Si, era la fiebre, al parecer todo se escuchaba demasiado fuerte cuando se había agravado, recordó que se había caído un vaso de su mesa de noche y se había sentido un ruido horrible.
—El doctor nos dijo que vas a tener que quedarte unos días. Haremos guardias.
—No. No hace falta, estoy muy bien cuidado, de verdad, no quiero que se desgasten aquí, no tiene sentido. Si necesito algo se los haré saber, con que vengan a verme una vez, es más que suficiente. Falquito, al lado de mi cama en mi mesa de noche hay algunos libros, si pasas por casa me los traes, ¿puede ser?
—Claro, papá.
—Lo que sea que necesites, avisa y estaremos aquí —exclamo Eren siempre manteniendo la seriedad.
Levi sonrió breve.
—Les agradezco.
—¡Y la próxima vez debes hacer caso!
—Sí, cariño, tienes razón, lo siento por hacerlos asustar.
A los dos días lo pasaron a la terapia regular. Para entonces Levi ya no necesitaba la asistencia con la máscara de oxígeno, comía de manera regular y dormía una buena cantidad de horas, además de los paliativos, vitaminas, sueros, bebidas enriquecidas en sales.
—Buenas tardes, Levi.
—Doctor, Onyakopon.
—Veamos, voy a tomar tus signos. ¿Cómo va la tos? —dijo colocándose el estetoscopio.
—Mejor, ya no tengo ataques muy fuertes, pero sigo sintiendo el pecho cargado.
—¿El dolor? ¿Del uno al diez?
—Mmm, cinco, sí, cinco.
—Bien, hay mucho camino por recorrer, pero lo más grave ya pasó —miró sus pupilas, que bonitos ojos que tenía su paciente—. Tus pupilas están bien, el color de tu piel más saludable. Bien.
—¿Ya puedo volver a casa? —se aventuró con una leve sonrisa.
—No, no, vas a tener que aguantarme un tiempo más, lamentablemente.
—Por favor, usted, quiero decir, tú no es una molestia, me atendiste más que bien, es solo, bueno, extraño mi casa y mis labores.
—Por ahora, debes pensar en ti, ya te has preocupado mucho por todos y tu familia está bien, ahora es tiempo que te encargues de ti.
Puso ambas manos en sus hombros como para darle énfasis a su discurso y la puerta se abrió, era Eren.
—Lo siento, ¿interrumpo? —dijo enarcando una ceja.
—No, ya terminaba el examen.
—Doctor, ¿cuánto tiempo se mantendrá el suero?
—Al menos unos tres días más, es necesario asegurarnos que recibes todos los nutrientes necesarios y que te estás hidratando como corresponde. Cualquier otra duda, solo me llamas con el botón —indicó en el panel cerca de la cama—. Adiós.
—Que tengas buena jornada —dijo Levi, pero Eren no respondió solo lo miró hasta que desapareció por la puerta.
—Te traje algunas frutas, la enfermera dijo que solo manzanas y peras por el momento. Hay una revista con sopas de letras, las nuevas vitaminas y, si, Falco vendrá en unos minutos, está llegando.
Levi tosió un poco y recibió las cosas.
—Gracias, te debo varias.
—No, no realmente. Por cierto, te acabo de mandar a tu email los planos de la galería. Será con techo de teja y machimbre y tirantes de madera de cedro por debajo, piso flotante plastificado, de parqué, para que entone con el resto de la casa. ¿Te parece bien?
—Suena, genial. Gracias, de nuevo. Pero, por favor, ya no te preocupes más, debes descansar también.
—Sí, ya habrá tiempo. Lavaré las manzanas —dijo yendo al baño.
Levi tomó la revista de entretenimiento, suspiró suave. No había vuelto a hablar con Eren de nada personal, y tenía que admitir que todo ese tiempo se había portado más que bien, había ayudado mucho en todo, estando al pendiente de cada detalle. Era lindo y a la vez, melancólico. Ahora que había tenido tiempo de pensar, demasiado la verdad, se preguntaba si las cosas serían diferentes si él hubiera aceptado su confesión, pero no tenía sentido darle vueltas. El "hubiera", no tenía lugar, ya todo se había terminado, era mejor intentar mantener una relación cordial y ya.
Falco entró a los pocos minutos, justo cuando su ex volvía con la fruta limpia. Le cortaron varios pedazos, conversaron sobre las novedades que tenía Falco de su viaje. Estaba con todos los trámites y ya tenía aprobada la visa. La hora de visita se fue volando y Levi volvió a quedarse solo. Iba a extrañar tanto a su hijo, realmente no quería que llegara el día de su partida.
Por la tarde, fue Isabel quien fue de visita junto con Hange, ya que a esa hora Eren estaba trabajando y no podía ir, tampoco que fuera obligación, aunque siempre se aparecía, aunque más no fuera una vez al día. Cuando llegaron encontraron al doctor Yande con el enfermo riendo bastante, el galeno saludó a ambas y se retiró, a Isabel le brillaron los ojos.
—¿Viste tía? El doctor le coquetea a papi.
—Basta, Isabela —reprendió Levi con seriedad.
—No la regañes que a mí me pareció lo mismo.
—Ya están ustedes viendo cosas que no son.
—Anda, si está bien bonito el doctor, no lo niegues —dijo Hange con picardía mientras se sentaba de un lado e Isabel en un borde la cama.
—No se puede con ustedes.
—¿Por qué no papá? Es médico, es bien parecido.
—Basta, podría ser mi hijo.
—¡¿Qué?! ¡No exageres, amigo! —dijo Hange divertida—. Más de treinta tiene que tener.
—Treinta y ocho para ser más precisa —aportó Isabel mostrando su búsqueda en una aplicación de salud.
—¿Para qué estudias farmacéutica? Deberías ser detective, ganarías mucho más con eso —soltó Levi mientras se reía—. ¿En serio treinta y ocho? Tendré que pedirle su fórmula de la juventud, sin dudas.
—Capaz y te dé una inyección directa —Soltó Hange y ambas rieron groseramente.
—Basta, estamos en un hospital, ¿qué les pasa? Compórtense, y dejen de fantasear, como si ese hombre se fuera a fijar en un moribundo.
—Ah, pero un moribundo bien sexy, ¿no, tía?
—Ultra sexy. ¡Oye! Deberíamos traerte una tanga, que el doctor te vea entangado.
—Sí, sí —apoyó Isabel.
—Ni se les ocurra, llegan a traerme eso y les juro que se las haré tragar, mitad a cada una.
—Además no quiero saber nada de parejas por el momento.
—Bueno, no hace falta que te pongas de novio, pa, pero si te invita a salir acéptalo. Todas queremos saber si es verdad lo que se dice de los hombres de color.
—¿Y a tí qué, Isabel? Que yo sepa tu especialidad son las va-
—¡Papá! —se escandalizó la chica, esta vez fue el turno de Levi de reír, pero luego terminó en un ataque de tos y las dos echándole viento.
Todas las mañanas, tardes y las noches, el doctor se acercaba a hacer los chequeos, no es que Levi desconfiara de su profesionalidad, pero ¿no eran demasiados chequeos al día? No quería ser influenciado por su amiga y su hija, aunque no creía que un hombre tan apuesto se fijaría en su persona, sin embargo, notaba que el hombre siempre se queda unos minutos conversándole de alguna cosa.
—Su ex esposo es muy devoto por lo visto —dijo al ver un ramo de flores que le había llevado Eren ese mediodía.
—Sí, es un poco extraño. Oh, es decir...
—Pensé que tenían una buena relación a decir por lo atento que ha estado a todo.
—S-sí, ahora podemos decir que tenemos una buena relación.
—Es bueno que así sea, mis padres también se separaron cuando era joven, vivían peleando, no fueron muy buenas épocas. Así que creo que es muy maduro de parte de ustedes llevar un trato cordial.
—Claro —exclamó Levi sintiéndose un poco culpable porque no siempre había sido de esa manera.
—Las separaciones no son fáciles, la última vez estuve cinco años en pareja, cuando vine a vivir a América dejé a mi novio, fue muy difícil intentar sobrellevar la distancia, no funcionó.
—Oh, lo siento por eso.
—Ahora le sacaré la intravenosa —dijo tomando su brazo con delicadeza para comenzar a retirar las cintas hipo alergénicas y la aguja con sumo cuidado—. Espero no te moleste la pregunta, pero, ¿estás en pareja actualmente?
—¿Eh? N-no, no lo estoy.
—Solo faltan dos días más y te daré el alta. me gustaría llevarte a cenar a un lugar donde hacen las mejores langostas de la ciudad, ¿aceptarías?
El enfermo en recuperación no fue capaz de disimular su sorpresa, ¿entonces si era verdad que le estaba coqueteando? Bueno, que era lento para darse cuenta de las cosas no había como negarlo.
—Disculpa, no quise incomodarte, si quieres rechazarme está bien, no te sientas presionado.
—Ah, en realidad, me preguntaba en qué restaurante hacen langostas aquí —dijo con una sonrisa tan tibia que casi no se percibía, casi.
El doctor mostró su perfecta y hermosa dentadura.
—Pues, si quieres saber, tendrás que aceptar.
¿Estaba bien? Aún tenía muchas cosas que resolver, pero... a su mente vino la imagen de Eren con Floch. Sí, tenía que seguir adelante, además, Onyakopon estaba que se partía de lo bueno. No era la gran cosa, solo una cena.
—Está bien, acepto.
El doctor tampoco disimuló su alegría.
—¿Debo asumir que eres de invitar a muchos pacientes a cenar? —trató de bromear Levi.
—De hecho, nunca invité a un paciente o un colega, es la primera vez. ¿Puedo darte mi número de móvil personal para que lo agendes?
—Está bien. Cuantito no sea la mejor langosta de la ciudad, te las haré pagar.
Terminaron riendo y luego cuando se fue, Levi suspiró profundo. Ya había sido suficiente de estar estancado en el pasado.
A la semana Isabel fue con su padre para comprar las tejas y algunos otros materiales a un conocido corralón.
—¿Estás bien? —preguntó mientras empujaba un enorme carro de metal mientras Eren iba evaluando algunos materiales.
—Sí, ¿por qué?
—No lo parece, ¿es por qué papa fue a cenar con el doctor?
Eren la miró con los ojos desencajados.
—Ah, no sabías —dijo la chica sonriendo con nerviosismo.
—Izzie, ¿cómo carajos puedo saber yo con quien sale tu padre? ¿Y qué es eso de que fue a cenar con el doctor?
—Ups.
—¿Con ese tipo africano?
—¡Papi! No seas así, el doctor no es africano, es francés, para tu información.
—Ah.
Si estaba de mal humor ahora su semblante era peor. Isabel sabía que no debería estar haciendo eso, pero es que no podía evitarlo, quería que su papá Eren hiciera algo para no perder a papá Levi. Todo iba tan bien entre ellos, no era justo que se terminara de ese modo. Se querían, podía verlo en la forma en que se miraban cuando el otro estaba distraído, ¡¿por qué tenían que ser tan tozudos?! Luego recordó las palabras de su hermano Falco, de que dejara de ser tan metida, que no era ningún cupido, que solo iba a empeorar las cosas, suspiró con dramatismo y siguió a su padre, no volvería a decir nada.
Levi aún tenía un par de días de reposo en casa antes de reintegrarse al trabajo, pero ya estaba haciendo cosas desde su computadora. No podía evitarlo, además no quería comprar todo a último momento, de manera que al menos online se encargó de adquirir algunas cajas de cerveza, vinos y fardos de gaseosa para la fiesta de despedida de Falco, en eso estaba cuando recibió un mensaje de su hijo.
"Papá, debería comprar aquí el acolchado de plumas? Dicen que es muy frío allá".
"No lo creo, hijo, será mucho peso. Además, allá vas a encontrar cosas de mejor calidad y adaptadas al clima".
"De acuerdo, y ropa tampoco?".
"Solo una chamarra abrigada, no te cargues mucho, prefiero que compres eso allá".
"Ok, gracias".
Su mente quiso deprimirse recordándole que eran las últimas semanas que iba a tenerlo cerca, pero decidió no hacerles caso a los pensamientos negativos, había demasiado por hacer. Otro mensaje entró, esta vez de Isabel.
"Pa, no olvides que tenemos que separar las fotos y videos de la familia con la historia de Falco, quiero tener el material a tiempo para hacerle un video que lo haga llorar hasta las tripas".
"Ya separé todo, Izzie, ¿vendrás esta tarde?".
"Tengo que ayudar a Glo con un proyecto", Glo, su actual novia, "creo que no iré a dormir, ah, pero el sábado por la mañana podemos encargarnos de eso que yo ya estaré libre, te parece?".
"Bien, ten cuidado, no tomes de más si sales. Mándame la ubicación en tiempo real, si vienes mañana puedes invitar a Glo a desayunar, haré wafles".
"No saldremos, pa, me quedo en su depa toda la noche, no te preocupes, igual te mando la ubicación. Wafles? Siiiiii, con miel de maple".
"ok".
Ya había separado varios álbumes de fotos y el escáner. mejor tener los pañuelos a mano, el que de seguro iba a llorar hasta las tripas era él. Que nostálgico. Se puso de pie para prepararse un té de jazmín. Izzie también partiría en algunos meses, aunque se iría a la capital, que no era tan lejos como adonde se iba Falco pero, con lo escandalosa que siempre había sido, seguro se sentiría muy solitario. Su celular volvió a vibrar, cuando lo agarró sonrió a la pantalla. Message from doctorcito Onyakopon.
"Hola, Levi. ¿Cómo te has sentido?".
"¿Realmente te preocupas por mi salud o es solo la excusa perfecta para hablar conmigo?".
Se rio, le encantaba poner al hombre en apuros, aunque era de seguirle el juego rápido.
"¿No se puede ambas?".
"Estoy bien, mis pulmones siguen funcionales".
"Eso es bueno, ¿te apetece una merienda con mazas finas de pastelería?".
"Me encantaría, pero ya estoy terminando de hacerme un té, preguntaste tarde".
"¿Habrá suficiente agua para una taza para mí? Por cierto, amo el té de jazmín".
"Mmm, no creo, ¿media taza?".
"Estoy afuera".
Levi se sorprendió, fue al intercomunicador y vio el flamante Alpha Romeo Giulia color rojo vibrante, le abrió y salió a recibirlo. El hombre sonrió de esa forma que era su marca registrada.
—Que sepas que solo te dejo pasar por las masitas. La próxima avisa de antemano.
—¿Por qué debería avisar? —dijo descendiendo y poniendo la alarma—. Tienes que estar haciendo reposo, es obvio que tenías que estar en casa.
—¿O si no qué? ¿Me delatarás en el trabajo?
—No me desafíes, eres un paciente en recuperación.
—Pues mucho reposo no puedo hacer si me molestan las visitas.
Se saludaron con un beso de mejilla y el doctor lo siguió dentro de la casa mientras seguían riendo y haciendo bromas.
Levi le preparó una deliciosa taza de té de jazmín de primera calidad. Conversaron afablemente por un par de horas, el hombre era agradable, tranquilo, se estaban conociendo, no había intentado ninguna treta, y la verdad a Levi le caía muy bien. Cuando ya eran más de las ocho el hombre decidió partir, tenía que entrar a trabajar a las diez. Tenía guardia de 24 horas.
—En serio, dime con tiempo la próxima vez. ¿Qué tal si vienes y estoy en pijama y todo desarreglado?
—¿En serio? ¿Olvidas que te conocí desvanecido, deshidratado, con pulmonía y una fiebre de casi cuarenta grados? Te vi en tu peor momento y me pareciste igual de hermoso —Levi abrió la boca y no supo cómo devolver el halago—. Te dije que te dejaría sin palabras, ¿cierto?
—E-eso es jugar sucio, doctor.
Lo acompañó hasta el auto mientras la reja se abría.
—Este jueves tengo franco, ¿puedo invitarte a cenar de nuevo?
—No, ya lo hiciste la otra vez, ahora deja que yo te invite. Aunque deberás conformarte con una cena casera, verás, mi médico me tiene prohibido salir de casa porque disque estoy en recuperación.
Onyakopon lanzó una carcajada alegre y luego se acercó a Levi para despedirse. Lo besó casi en la comisura de los labios y ambos se miraron significativamente.
—¿Jueves a las ocho, estará bien?
—Sí, perfecto. Que te sea leve la jornada.
—Lo será, pensaré en ti —dijo sonriendo antes de marcharse.
Levi volvió a su casa, lavó las copas, acomodó todo y luego se sentó frente a la computadora. Onyakopon era una linda compañía, tan agradable y genial, pero... Aún estaba ese "pero" ahí, estorbando, molestando, doliendo. Quería intentarlo, hasta ahora siempre había hecho lo mismo, quedarse solo, llorar hasta secarse, no quería volver a lo mismo. No sabía hasta donde podría llegar con el doctor, pero al menos lo distraía y eso era positivo. Sí, no le daría más vueltas.
Al día siguiente le escribió Eren, que iría por la tarde con los trabajadores y los primeros materiales para diagramar las jornadas de trabajo de los albañiles y eso. Le dijo que iría a las siete, y fue bastante puntual. Fue con tres personas y descargaron los pilares y algunas bolsas de cemento de secado rápido, si bien no haría construcción en húmero porque no llegarían con los tiempos, iban a necesitar para pegar algunos elementos. Le ofreció bebidas y mucho no pudo hacer porque no sabía demasiado de construcción, por lo que volvió a la cocina.
Los obreros se retiraron a la hora, Eren se quedó para terminar de verificar los planos, notó que tendría que hacer un par de ajustes que no habían salido tan bien como esperaba, por lo que se puso a revisar de nuevo las medidas con los planos y a hacer anotaciones.
Terminó de verificar la colocación de las vigas, otros detalles y, entonces, se armó de valor para ir a hablar con su ex. Cuando entró estaba cocinando la cena, un olor a comida casera se esparcía por toda la casa, le hubiera gustado que lo invitara a cenar, pero eso no iba a suceder.
Se acercó con cautela, su mente acribillándolo, indicándole que no era momento para ponerse a charlar, era tarde, era de noche, Levi estaba cocinando. Se apretó el puente de la nariz, todas eran excusas y lo sabía, no podía seguir dilatando las cosas.
—¿Todo está bien? —sintió la voz de su ex y levantó la cabeza, su mente quedó en blanco—. ¿Quieres beber algo?
—Uh, no... bueno, un vaso de agua estaría bien.
Levi se movió para servirle y Eren intentó utilizar sus neuronas para ver cómo dar el siguiente paso. Pero, ¿cómo encarar una conversación que había postergado por tantos años? De la que ni siquiera quiso hablar cuando intentó hacer terapia, no quería terminar a los gritos de nuevo, no quería volver al punto de partida y tampoco podía quedarse sin hacer nada. Estaban solos, era ahora o nunca. Cuando tuvo el vaso frente a él, tomó un sorbo y miró a Levi.
—¿Qué?
—Ya estás totalmente recuperado, ¿cierto?
—Sí, estoy muy bien ahora.
—Bien, escucha yo... necesito que hablemos, con tranquilidad, o lo más tranquilos que podamos de ser posible.
—¿Sobre qué quieres hablar? —dijo inclinando un poco su cabeza.
—Sobre... pues, sobre nosotros.
—¿Ahora?
—Sí, por favor.
Su ex pareció dudar, pero finalmente se giró, apagó la estufa y regresó.
—Podemos, ¿sentarnos en el sofá?
—De acuerdo.
Levi no tenía idea de lo que quería hablar Eren, solo esperaba que no quisiera revolver en los últimos eventos, aún no estaba del todo repuesto en su corazón, aunque si era sobre ellos específicamente, era más que seguro que tocaría esos temas. Se sentaron en los extremos opuestos del mueble y por la expresión del más alto, parecía que le costaba abordar el tema, se refregaba las manos sobre los muslos, suspiró pesado y finalmente empezó a hablar, no lo miró al principio, sus ojos estaban fijos en el suelo.
—Escucha, creo que tú y yo, nos debemos una charla desde hace mucho. Y, no quiero que pase más tiempo. Ese día que te llevé al hospital, seguro no lo recuerdas, pero me dijiste algo como "Eren, estemos bien, no más peleas". Y no, no peleamos esa vez, solo que en tu confusión parecía que te mortificaba el hecho de que las cosas volvieran a lo que eran, me refiero, ya sabes, nuestras discusiones y eso. Sinceramente, tampoco quiero que volvamos a relacionarnos así. Por eso, necesitamos hablar.
—Ya veo, sí, tienes razón. Estamos grandes, hemos pasado por mucho, tampoco quiero estar en malos términos contigo.
—Sabes, cuando estabas en el hospital... Izzie dijo que te habías mojado con la lluvia de ese fin de semana.
Levi refregó sus dedos, nervioso, no confirmó ni negó esa afirmación, solo quedó a la espera de lo que su ex dijera.
—Y, aunque fue de manera indirecta, me sentí muy culpable, porque al parecer fuiste a mi casa en medio del diluvio. Fuiste a hablar conmigo.
—Eso ya no importa —trató de cortar, no quería tocar ese tema.
—Sí, sí importa, importa para mí. Vi las cámaras de seguridad, sé que fuiste, y que te atendió Floch.
—Mira, no tiene sentido hablar de eso. Fue un error, yo no debería haber ido a tu casa de esa manera impulsiva, en primer lugar, debí respetar que me habías bloqueado, era por algo.
—¿Por qué fuiste? Después de rechazar mi confesión pensé que no querías saber nada conmigo.
Levi apretó sus labios como negándose a decir algo.
—Por favor, no me dejes con la duda, ¿por qué fuiste?
—¿De qué sirve que te lo diga de todas maneras? Tomaste una decisión y yo tomé la mía, estuvimos de acuerdo en, bueno que cada uno tomara su camino por separado.
—¿De qué decisión hablas?
—Seguir adelante, es lo que haces siempre ¿no? Yo debería haber aprendido de ti y hacer lo mismo.
—¿Qué? ¿Lo que hago siempre?
—No quiero hablar de esto.
—¡No! Ya basta con eso —se impuso apretando los puños y mirándolo con insistencia—. Este es el problema, nunca hablamos las cosas, las dejamos a medias, nos guardamos las palabras, se pudren dentro nuestro y luego cuando nos encontramos nos tiramos con dardos. No permitiré que volvamos a hacer lo mismo. Eso nos llevó a decirnos cosas horribles, a herirnos constantemente. Eso debe cambiar, o siempre tendremos rencores que nos llevaran a atacarnos.
Tenía razón, Levi lo sabía, pero no se sentía preparado, el punto era, ¿cuándo lo estaría? ¿Acaso iba a postergarlo otra vez? Nunca sería un buen momento.
—Por favor, dime, ¿por qué fuiste?
—¿Por qué crees, Eren? ¿Por qué iría a verte en medio de un temporal? ¿No se te ocurre acaso?
—No quiero jugar a las adivinanzas, yo puedo suponer una cosa que no coincida con la realidad, así que, solo dime, ¿por qué fuiste a mi casa ese día?
—De acuerdo, te lo diré, pero que sepas que no tiene absolutamente ningún sentido que te lo diga ahora. Ya entendí como te manejas.
—¿A qué te refieres? ¿Lo dices por Floch?
—Por Mikasa, por Floch, por quien mierda sea.
—¿Mikasa? ¿Qué tiene que ver ella con esto?
—¡TODO TIENE QUE VER CON TODO, NO TE HAGAS EL TONTO! —Eren se sorprendió del tono de voz empleado y Levi se dio cuenta también, inspiró y trató de controlarse—. Lo siento, lo siento, no debí gritarte, es solo que, no sé cómo hacer esto, que quieres hablar, no es fácil para mí.
—Tampoco lo es para mí, pero lo necesitamos.
—Traeré un poco de vino, lo necesito, ¿vas a querer?
—Sí.
Se puso de pie y fue hasta la bodega, mientras descorchaba la botella sintió que le comenzaban a picar los ojos, inspiró y se apretó el puente de la nariz, realmente no quería hablar, pero ya habían empezado. Tomó dos copas limpias y regresó, su ex les sirvió a ambos. Bebieron unos tragos y volvieron a la carga.
—¿Por qué mencionaste a Mikasa?
—Siempre es igual contigo, tú simplemente te alejas y encuentras a otra persona. Sigues adelante, como si nada hubiera pasado y yo quedo atrás, destruido y... dolido. Me siento un idiota diciendo esto.
—No entiendo, ¿a qué te refieres con que te dejo atrás? ¿Qué quiere decir eso?
—Nunca te cansas de meter el dedo en la herida, ¿cierto? Eres tan inteligente para tantas cosas, pero cuando es sobre cosas como estas nunca lo entiendes, ¿quieres que te haga un dibujo acaso?
—Es muy difícil para mí tratar de entender qué carajos pasa por tu cabeza, ¿por qué no puedes decirme las cosas de manera directa? ¡Qué tantas vueltas!
—¡Cualquiera está bien para ti, a eso me refiero! —soltó con exasperación y se refregó el flequillo molesto—. Me tiras como un condón usado y saltas a otra cama, así de fácil.
Eren hizo una pausa, se notaba que apretaba los dientes, bebió un sorbo de vino y trató de hablar de la manera más mesurada que le podía salir en ese momento.
—Estás siendo injusto. Me estás recriminando que te dejo atrás, pero, ¿quién es el que rechaza en primer lugar? ¿Qué esperas que haga? ¿Qué insista? ¿Por qué debo ser yo el que siempre se humille, Levi? Tú tampoco has pensado en mis sentimientos.
—Oh, sí, tus sentimientos, tus grandes sentimientos, tan firmes y duraderos que no puedes esperar nada para ir a buscar otros brazos. No me vengas con ese discurso de persona ofendida, estuvimos juntos quince años, ¡QUINCE PUTOS AÑOS! No habían pasado ni tres meses que ya estabas viviendo tu fantasía amorosa con otra, y, y luego de tu confesión la última vez, ni una semana, y ya estabas retozando con otro. ¡¿Se supone que tengo que creer que realmente sientes algo importante por mí?! ¡Solo soy uno más del montón, me ha quedado claro!
—Cállate —en los ojos de Eren había una enorme cantidad de dolor—. Nunca fue así, tú no tienes idea de mi sufrimiento.
—Oh, vamos, aquí viene tu interpretación del hombre dolido. No te creo —dijo cruzando sus brazos.
—Cuando... cuando nos separamos... —le costaba hablar, iba muy lento porque las emociones se estaban desbordando—. Me hiciste dos valijas y me corriste de esta casa. Como... como un perro que ya no quieres, me dijiste: "no te necesitamos en nuestras vidas, vete y deja de arruinar esta familia", esas fueron tus palabras exactas. No puedo olvidarlas, por mucho que intento —cerró sus manos en puños y las lágrimas se desbordaron de sus ojos, Levi estaba sorprendido—. Esa noche regresé a casa de mis padres, estaba devastado, me tiraste toda la culpa encima, como si yo hubiera sido el único responsable. Solo Dios sabe lo mucho que intenté, daba los últimos exámenes y fallaba, y fallaba y aunque no me lo dijeras solo había decepción en tu rostro. Lo poco que lograba juntar con algún trabajo ocasional, aunque me rompiera la espalda, para ti no era la gran cosa, pero era todo lo que podía hacer, repartiéndome entre cuidar a los niños, estudiar de noche, siempre me sentí tan inútil. Ya no sabía qué hacer, cada día solo reclamos y reclamos. Yo estuve ahí para los niños, llevándolos a la escuela, trayéndolos, haciendo las tareas con ellos, bañándolos, escuchando sus problemas, secando sus llantos, cuidándolos cuando se enfermaban, porque tú trabajas tanto que volvías casi a media noche. Quería que no tuvieras más preocupaciones, pero nada era suficiente y cuando al fin pude recibirme, me costó demasiado insertarme en mi campo de trabajo. La competencia era, es, sanguinaria. Los primeros trabajos, tuve que besar culos para poder ganar una miseria, humillarme para aprender y hacerme de un nombre. ¿Acaso crees que yo quería eso, que no quería aportar al menos la mitad de lo que tú podías? ¡Me esforcé, carajo, me esforcé tanto que hasta me brotó urticaria en la piel del estrés! ¿para qué? Para que un día llegara y tuviera mis maletas en la puerta.
Hizo una pausa para respirar, no podía enfocar nada porque tenía los ojos nublados por las lágrimas. Se secó con rapidez, con el dorso de su camisa y juntó fuerzas para seguir hablando.
—Fue, por lejos, la peor noche de mi vida. No tenía dinero ni para tomar un puto taxi. Caminé sin creer que eso me estuviera pasando, sabía que estábamos mal, pero no me esperaba eso. Mis padres dejaron que me quedara un tiempo, pero ese tiempo que estuve allí fue un verdadero martirio. Cada maldito día recordándome lo mal que había hecho las cosas, jamás me dijeron: oye, hijo, ven siéntate y cuéntanos. Lo primero que me soltó mi madre fue: "estoy tan decepcionada de ti". Me dieron el mismo cuarto que yo tenía de joven, y que lo estaban usando de depósito de mercadería y otras cosas. En medio de todo ese arrumbamiento, yo y las maletas. Pensé, bien, si dejo pasar unos días, tal vez podamos hablar, pero entonces llegó el papel de tu abogado. Todo pasó tan rápido, "usted no es apto para la manutención de los niños", me quitaron la custodia de manera total, me impusiste un régimen de visitas, dos veces a la semana y un fin de semana al mes. Moría por verlos, ¿de verdad pensaste que yo les habría hecho daño? Qué visitarlos era nocivo para ellos, ¿de verdad, Levi?
—Yo solo, solo hice lo que los especialistas me dijeron, la, la psicóloga y el abogado que-
—Te estoy preguntando a ti. Me importa una mierda lo que otros digan. ¿Realmente creíste que yo iba a ser una mala influencia para ellos?
—Nosotros discutíamos todo el tiempo, no era sano para ellos.
—Nosotros, te hablo de ellos. ¿Y si hubiera sido al revés? ¿Qué hubieras sentido si de un día para el otro no pudieras verlos más? Solo dos veces a la semana, por un par de horas y bajo la supervisión de una asistente social que me miraba como si fuera un depravado. Con miedo de abrazarlos o decir algo que lo considerara incorrecto, que estaba anotando todo el tiempo en una libreta uno sabe qué mierdas. ¿Y tú me dices a mí que te dejé atrás? ¿Quién dejó atrás a quién? Había perdido contacto con la mayoría de mis amigos, como seguramente te pasó a ti, porque teníamos demasiado por hacer. ¿Alguna vez te pusiste en mis zapatos, Levi? —su voz era tranquila, pero a la vez estaba cargada de angustia—. Cada noche, durmiendo en una cama estrecha, extrañando mi familia, sin poder despegar en mi carrera, y solo miradas de reprobación a mi alrededor. Te juro que lo único que me mantuvo cuerdo fueron ellos. Poder verlos, aunque más no fuera esas pocas veces. Solo quería que alguien me diera un abrazo, un poco de consuelo. Y entonces, la conocí, una mujer que no me pidió nada, me aferré, necesitaba apoyo, que alguien me dijera que no era un completo fracaso.
Levi no podía sostenerle la mirada y las lágrimas también se deslizaban sobre sus pómulos, silenciosas y tristes.
—No lo hice para lastimarte, al menos esa relación no fue con esa intención. Estaba perdido, no sabía qué hacer, de pronto cada día era tan difícil. Las pocas veces que nos cruzamos solo había enojo de tu parte, ya no podía más, no soportaba más... Si quieres culpar a alguien, puedes hacerlo conmigo, Mikasa no hizo nada malo, tampoco la conocía de antes, y solo tengo agradecimiento para con ella. De pronto nada tenía sentido, estaba fuera, perdí todo lo que más me importaba en un abrir y cerrar de ojos y sé que no era lo que esperabas, y que no fue suficiente, pero lo di todo, hice todo lo que pude, lo juro. Lamento no haber sido suficiente.
—Tampoco fue fácil para mí, Eren —habló Levi por fin—. La última vez que peleamos, te fuiste de casa dando un portazo, Falco vino a buscarme, estaba muy mal. Izzie lloraba en su habitación y me costó mucho lograr que se calmara. Sentí que no podíamos seguir haciéndoles eso, solo quise protegerlos.
—Borrándome de sus vidas.
—No te borré, solo tomé una decisión necesaria, ¿crees que fue fácil? Yo tampoco sabía qué hacer, mi madre había muerto hacía poco, ni siquiera pude tomarme un descanso del trabajo, tenía muchas cosas con las cuales lidiar, yo tampoco soportaba más. Tuve principio de úlcera gástrica, lidiando con los psicólogos, los problemas en los colegios, las deudas, ni siquiera tenía tiempo de ir al cementerio. Tampoco tuve a nadie que me apoyara o me diera un abrazo. Hange recién se había casado, no podía arrastrarla con todos mis problemas, aunque trató de estar lo más presente que podía, ayudándome a buscar a los niños y cosas así. Ni siquiera tenía un espacio para poder llorar a gusto. Esperando que todos se durmieran y en soledad me lo permití un par de veces... No creas que todo fue fácil aquí. Te extrañaba, sí, te echaba en falta, pero estar juntos era volver a exponerlos a todo eso, no podía. Me dijeron, dijeron que era lo mejor hacer un plan de visitas hasta que todo se calmara, yo, lo siento, tampoco fue mi intensión lastimarte, no podía pensar en tus sentimientos, Eren. Tenía que estar para Falco e Isabel.
Hicieron una pausa, se sirvieron más vino y Levi trajo pañuelos de papel. Amos reflexionando en todo lo hablado.
—Sé que luego no tomamos las mejores decisiones —continuó Eren—, sentí rencor hacia ti, por haberme echado, puedo entender tus motivos, pero no es tan fácil manejar los sentimientos, hasta hoy me pregunto si había otra forma de hacer las cosas, no sé, intentar terapia, algo.
—No podíamos costear eso, estábamos en muchos aprietos económicos. Tampoco sé en qué tiempo podríamos haberlo hecho. Dices que tu madre te lo recriminaba, pero a mí también me lo puso difícil, me hizo la vida de cuadritos, fue a buscarme muchas veces a mi trabajo, me esperaba en el estacionamiento para reprocharme cada pequeña cosa, que si Falco estaba con tos porque no lo había abrigado bien, que si Izzie estaba delgada porque no la alimentaba como merecía, no me daba respiro, me llamaba docenas de veces en la semana, mensajes de los más desagradables, verdaderas biblias, sí que sabe cómo mortificar a las personas.
—Nunca me lo dijiste.
—¿Crees que estaba en posición de hacerlo? Cuando recogía a los niños solo le faltaba maldecirme. Cada vez era una tortura. Y mientras estaba tratando de sobrellevar mi duelo, te veo de lo más feliz y tranquilo con esa chica joven y hermosa. Tú tampoco te pusiste en mis zapatos, no soy la clase de persona que mete a alguien en su vida con tanta rapidez, fue... muy doloroso, fue como caer al abismo una segunda vez. Pensé que al firmar el divorcio solo quedaba recuperarme, pero cuando te vi con ella... probablemente no tenía todo tan resuelto como creía.
—¿Nos seguiste?
—¡Claro que no! ¿Por quién me tomas? Fue una casualidad, una puta casualidad. Solo fui con Izzie de compras, ella necesitaba ropa. Te veías tan feliz, si, no digo que no merecieras un poco de felicidad, pero para mí fue, como una bomba en medio del pecho. Entiendo un poco ahora, por lo que contaste, como fueron las cosas para ti. Tiene sentido, supongo.
—Cada uno trató de llevar su carga y culpó al otro, por eso fue tan complicado relacionarnos después, había demasiadas heridas abiertas. Hay. —se corrigió—. Luego, no sé, pensé que nos estábamos entendiendo, sí, al principio fue solo sexo y se sintió tan bien, diferente, no eres cualquiera para mí, no sé por qué pensaste algo como eso. Las cosas fueron cambiando, estamos en otra etapa de nuestras vidas, al fin puedo decir que estoy haciendo buen dinero, los chicos han crecido, estamos más maduros, no lo sé. Me emocioné, creí que lo que estábamos sintiendo era mutuo, no era solo juntarse y tener un revolcón, sabes que digo la verdad. Te invité a cenar y a hacer otras cosas, porque quería saber si podía funcionar y funcionamos, Levi, al menos para mí fue así. No quería algo casual, pensé que era correcto ser sincero sobre lo que sentía, pero creo que lo arruiné. Floch, él solo, fue una compañía del momento, estaba enojado, dolido, ya sé que la cagué, pero fue como si me hubieras empujado de nuevo. También lo sentí así, que no fui gran cosa para ti, otra vez se sintió como: "gracias, pero ya no te necesito". De nuevo quedé fuera de tu vida, así —dijo chasqueando los dedos—. No importa cuánto me esfuerce, fue mi culpa por crear expectativas, no debería haberlo hecho.
—¡Me bloqueaste de todas partes! ¿Acaso no pensaste ni una vez que no todos tenemos los mismos tiempos? ¿Qué no todos funcionamos al mismo ritmo? No soy una persona que toma las decisiones a las apuradas, las pienso, no soy tan impulsivo, por eso, ir a tu casa, fue la primera vez que dije, está bien, seré espontaneo por esta vez. No esperaba encontrarte con otra persona, de nuevo.
—Entonces, cuando fuiste, fue para decirme sobre lo que tú también sentías.
—No tiene sentido hablar de eso ahora.
—¿Qué sientes por mí? —lo miró decidido, las lágrimas cayendo sin parar.
Levi cerró los ojos y abrazó sus piernas, tenía ganas de gritar, de golpearlo y a la vez llorar.
—No es justo que me preguntes eso ahora. Lo tenía claro antes de ir a tu casa esa noche, ahora es diferente. ¿Qué es lo que tú sientes por mí, puedes responder eso?
—Sí, pero no vas a creerme de todas maneras, me equivoqué. Perdóname, Levi. Si arruiné lo que podíamos ser, al menos quiero que sepas que me arrepiento. Me arrepiento, mucho. Y fue mi culpa que estuvieras tan grave también, lo siento, al menos necesito que me creas esto, lo siento, de verdad.
Las pesadas y calientes gotas caían sin cesar de su barbulla al suelo. Ambos devastados por el dolor, pero finalmente encarando la verdad.
—Ya está bien, no quiero que te sigas sintiendo culpable —soltó Levi con la voz afectada—. Acepto tus disculpas, si tú puedes aceptar las mías, lamento haberte lastimado tanto cuando te pedí que te fueras.
—Gracias por haberme escuchado. Sé que una simple charla no puede reparar lo mucho que nos hemos lastimado todo este tiempo, pero... hagamos nuestro mejor esfuerzo para llevarnos bien en adelante. Realmente quiero hacerlo.
Estiró su mano hacia Levi, quien también levantó la suya y estrechó la de su ex. Aunque las lágrimas no se detuvieron.
.
By Luna de Acero.-
