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Title: Someone to You
Ship: Adrinette.
Genre: Angst, AU, Slash, Out of Character, Hurt/Comfort (H/C), WAFF (Warm And Fuzzy Feelings)
Word Count: 130,000
Word Count per Chapter: 3600
Rating: NC-17
Chapters: 30/52
Beta: Unbetated
Disclaimer: No son míos, si lo fueran seria esclavitud y está mal... o bueno, no podría decirlo en voz alta :v
Music:
Los comentarios, estrellitas, y las galletitas, me hacen feliz.
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Era sábado por la mañana.
Marinette despertó con el rayo de sol colándose entre las persianas.
—¿Adrian?— murmuró somnolienta mientras su mano buscaba a ciegas el lado vacío de la cama.
Con gran dificultad, se puso de pie, haciendo un gesto cuando la frialdad del piso se coló contra su piel. Salió de la habitación y bajó las escaleras, preguntándose por qué la casa estaba tan... vacía.
—¿Adrian?— el sonido del agua corriendo la distrajo. Siguió el sonido a ciegas; lentamente moviéndose hacia la puerta principal.
El hombre que había estado buscando era la causa del sonido.
El aliento se le quedó en la garganta, apretó su agarre en los barrotes de la ventana sin evitar mirar a su amante lavando el auto.
Adrian estaba usando ropa normal. Pero por alguna razón, Marinette se encontró hipnotizada ante la forma en la que estaba lavando su Audi negro. Adrian tenía una gorra de baseball protegiendo sus ojos del sol mientras se movía lavando vigorosamente.
Cuando salió de su estupor, Marinette se dio cuenta que el que Adrian estuviera lavando el auto era porque estaba tratando de distraerse y no estar enojado.
Marinette lo había visto hacer eso – desde afuera – cuando Kagami había discutido con Adrian por teléfono.
—¡Qué tonto!— Marinette restregó sus ojos. —¡Solo díselo!— susurró con rudeza para sí misma. Se alejó de la ventana y subió las escaleras otra vez.
Corrió al baño y se aferró al lavabo mirando su reflejo. Desde que había sido humillada brutalmente en el colegio, Marinette encontraba difícil confiar del todo en alguien.
Se había prometido que nunca dejaría que nadie la manipulara ni pisoteara su corazón así. Nunca más.
'Pero Adrian jamás te haría eso.'
Con una renovada determinación, se refrescó y se vistió antes de volver a salir.
Bajó a la cocina y fue al fridge por ingredientes. Había prometido hacer la cena, cosa que nunca había podido llevar a cabo anoche. En cuanto salieron del auto, se sintió tan cansada, se movió como zombie – incluso Adrian tuvo que ayudarla a ir a la cama.
Tal como lo prometió, optó por cocinar dos de los platillos favoritos de Adrian. El agua estaba hirviendo a un lado y en el otro estaba preparando el sartén.
Escuchó la puerta principal abriéndose y el sonido de pisadas acercándose. Tal como pensó, Adrian entró a la cocina, sudoroso y quizá con hambre.
—Eso es-
Marinette sonrió y asintió.
—Prometí cocinar para ti.— Entibió su corazón ver que el rostro de Adrian se iluminaba y hacía un rápido movimiento para rodear el counter de la cocina.
Adrian se presionó tras ella, su húmeda camiseta se pegó a la piel de Marinette, haciendo que ella hiciera un gesto.
—¡Cielos, Adrian! ¡Acabo de ducharme! ¡Aleja tu apestoso ser de mí!
De cualquier forma, sus protestas fueron ignoradas en cuanto Adrian besó un camino por la cremosa nuca. Ok, quizá no importaba mucho, pero apreciaría si Adrian no le diera otra razón para volver a ducharse.
—Solo quería mi beso de buenos días.— Adrian susurró contra su oreja, sonriendo cuando empezó a revolverse. —Oh vamos... sabes que amas mi masculina esencia sin importar lo mucho que lo niegues.
Marinette cerró los ojos, encontró difícil negar tal acusación.
—Ok.— Con un sutil gruñido, giró y tomó el rostro del mayor y lo besó. —Buenos días, amor. ¡Ahora ve a ducharte!— lo empujó y golpeó su trasero.
Marinette rió cuando Adrian estiró la mano y le devolvió el gesto, pero ella fue lo rápida suficiente para evitar la ofensiva mano. Cuando Adrian subió para ducharse, Marinette suspiró feliz y siguió cocinando.
Estaban empezando a vivir una vida doméstica y amaba cada segundo de ello.
¿Pero cuánto duraría?
—》《—
El almuerzo fue satisfactorio. Adrian comió mucho y no pudo evitar culpar a Marinette por los kilos, que había empezado a ganar desde que se mudó con él. Tenía que ir al gimnasio al menos dos veces ahora o sino su cuerpo – en especial su pecho – se descompensaría.
—No sería tan malo~ — Marinette bromeó. —Puedo usarte como almohada al acurrucarnos. Sería conveniente para mí, ¿no es esa razón suficiente para apreciarlas?
Adrian explicó defensivamente pero su defensa sobre masculinidad hizo que Marinette riera.
El abogado siguió con eso mientras lavaban los trastes; todo eso con Marinette aun bromeando y riendo.
—Mari...
—¿Hm?— Ella secó sus manos y miró a Adrian.
—Paseemos en el auto.— Adrian sugirió calmado... de cualquier forma, la mirada en su rostro le dijo otra historia.
Quería que Marinette le dijera todo. Habían estado caminando sobre cáscaras de huevo tanto tiempo e incluso una persona paciente tenía sus límites.
—De acuerdo.— Marinette sonrió. Pero por dentro, no quería.
—》《—
Si había algo que Chloé odiara más, era cuando las personas iban a su departamento sin avisar. Había planeado no salir de la cama hasta la tarde, pero el incesante timbre la sacó de su comodidad.
Ni siquiera se molestó en ponerse las pantuflas, ni arreglar su cabello antes de abrir enojada la puerta.
—¡¿QUÉ MIERDA QUIERES?!— gritó antes de que sus ojos se abrieran grandes al ver a un muy divertido Claude, sosteniendo a Camille.
—¡Chloé!— Camille saltó alzando sus manos como si pidiera que la cargara.
—Chloé... te ves...
La chica alzó la mano, callándolo.
Después del incómodo momento, se disculpó para ponerse decente antes de regresar.
—Lamento llegar así.— Claude hizo un gesto cuando Camille fue hacia Chloé, abrazándose a su pierna y casi golpeando una muy... muy sensible parte de su anatomía.
—¡Whoa Cami! ¡Cuidado!— Chloé rió nerviosamente antes de cargar a la niña alejándola de su entrepierna. —Buenos días. ¿Ya desayunaste?
Camille asintió y con orgullo dijo que su papá había cocinado.
—¡Deberías probarlo! Papá hace arroz frito muy rico~
La primera vez que se vieron, ella había sido una niña tímida. Pero con el tiempo y con sus cuidados ocasionales, había empezado a abrirse y a salir del cascarón.
Chloé asintió y miró de reojo a Claude.
—Sí, tienes razón, Cami. Tu Papá debería al menos cocinar algo para mí... con todo el problema que me ha causado.— Murmuró.
Claude solo viró los ojos.
—¿Por qué no vas a ver TV en la habitación en lo que yo hablo con tu papá, ok?— la bajó dejándola ir a su habitación. Cuando Camille estuvo lejos, Chloé cruzó sus brazos y lo miró.
—Cocinaré para ti-
—¡Ridículo, totalmente ridículo, por supuesto que cocinaras para mí! ¡Pero debiste avisar antes!
—Lo sé. Lo siento, es solo que algo sucedió a último momento.
—Tienes una cita, ¿no?— entrecerró los ojos y el otro solo sonrió.
—Parece una buena chica, y ya conoció a Camille.
Estos días era algo difícil encontrar mujeres que entendieran y criaran un hijo que no era suyo.
Con un suspiro, Chloé asintió.
—¡Gracias!— dijo abrazándola.
Chloé jadeó incapaz de respirar bien.
—¡Ya! ¡Ya! Suéltame! ¡Tu ropa se arrugará! ¡Estas siendo ridículo, totalmente ridículo!
—Lo siento.— Rió soltándola. —Por cierto, ¿cómo luzco?
Chloé lo recorrió con la vista, 'Como el hombre de quien me enamoré hace cinco años. Solo que más adulto.'
—Te ves bien.— dijo con honestidad, sonriéndole.
—》《—
Tal como lo prometió, Adrian y Marinette pasearon por la ciudad. Pensó que sería divertido y diferente si llevaba a la menor al río. Podrían caminar e ir a algunas tiendas y relajarse un poco.
El aire primaveral era cálido, el viento soplaba ligeramente moviendo sus cabellos.
Aunque las nubes se veían algo pesadas, la lluvia no caería y arruinaría su primera cita en semanas. Ambos se sentaron en la banca cerca del río, con una porción de pastel en sus manos mientras comían en silencio.
Marinette apenas habló desde que llegaron. Adrian suponía que tenía que ver con el tema que se suponía que debían discutir. Estaba empezando a frustrarlo, pero se prometió que este día no terminaría sin que Marinette le contara todo.
—Caminemos cerca del río.
Adrian obedeció, y juntos bajaron el camino que llevaba al río.
Marinette iba delante de él, yendo por el camino en donde había diferentes piedras. Adrian tomó una de cada una, admirando su peso y apariencia. Lanzó una piedra al aire y la volvió a tomar con la mano, repitiendo el proceso unas veces más.
Cuando Adrian se acercó a donde estaba Marinette, lanzó una piedra al río, viéndola rebotar cinco veces antes de hundirse.
Marinette lucía sorprendida.
—¡Whoa! ¡Increible!— aplaudió y saltó un poco. —¡Hazlo otra vez, Adrian! ¡Otra vez!
Adrian rió; disfrutando la súbita ola infantil de la emocionada Marinette.
—Ok, pero con una condición.
Marinette asintió lentamente, insegura de a qué estaba accediendo.
Adrian se acuclilló y juntó más piedras.
—Tengo diez piedras. Si logro que reboten cinco veces, te haré una pregunta.— Dijo, mirando la reacción de la menor.
Marinette solo se alzó de hombros con indiferencia sin rastro de nerviosismo. Ella quizá ya sabía su intención y se había preparado de antemano.
—Veamos entonces.
Adrian sopló la piedra en su mano como si eso le proveyera de precisión.
Afortunadamente, tuvo éxito en el primer intento.
—¡Ha!— alzó al puño al aire. —Primera pregunta entonces.— Se movió, acercándose a la menor. —¿Confías en mí?— preguntó, incómodo.
Marinette no respondió de inmediato.
—Adrian-
—Marinette. Estoy preguntándote... ¿confías en mí?— ancló sus ojos verdes en Marinette.
—Sí.— Marinette trató en seco. —Claro que sí.— Dijo.
Adrian le dio una mirada dudosa.
—¿De verdad?
—¿Por qué me preguntas esto ahora, gatito?— Marinette preguntó, nada agresiva, como si estuviera tratando de averiguar una pieza difícil.
No respondió, peleando contra la súbita ola de ira. Habían tanteado mucho tiempo sobre este asunto y eso tenía que detenerse.
—¿No dije que no podías preguntar, Mari?— Estuvo por lanzar otra pero una mano rápidamente tomó su muñeca. El abogado miró hacia abajo y encontró a Marinette mirándolo.
—No tienes que seguir haciéndolo.— Su agarre se apretó. —Te diré todo.
—¿Estás segura?
—Más que nunca.— Sentenció con firmeza.
Pasó un momento antes de que el abogado dejara caer las piedras y rodeara la cintura de Marinette, guiándola por el camino que habían tomado antes.
Regresaron a la banca en donde habían estado, sentándose al lado del otro – igual que antes. El aire era más fuerte y húmedo – en señal de la lluvia que amenazaba con caer en un par de horas tal vez.
—Esto es agradable.— Marinette observó recargándose contra el lado de Adrian. Sus manos se unieron mientras veían a dos aves haciendo círculos en el oscuro cielo. —Nunca hemos hecho esto, Adrian. Gracias por traerme aquí.
—Así que por fin te he complacido con algo que apenas planeé.— Había tenido citas con Marinette pero ninguna había tenido impacto en ella como esta. Su amante no era fan de los lujos. No le llamaba la atención... y esa era una de las muchas razones por las que la amaba.
—Suenas triste.
—Es porque estoy triste.— Adrian hizo un puchero como si fuera un niño al que le habían negado un dulce. Nuevamente, enfocó su mirada en el horizonte.
A pesar de eso, Marinette aun sabía que el mayor no estaba para bromas.
—Confianza.— Adrian murmuró, rompiendo el silencio. —Es muy importante para una pareja tener una cantidad de confianza con el otro. Y siento como si no hubiera ganado la tuya.
Marinette lo miró por un momento, viendo que el poco sol caía sobre su cabello, sintiendo ganas de acariciarlo.
Sabía tanto de él. Y era patético cómo es que Adrian no sabía nada de su pasado.
—Tienes mi confianza.
—Tengo que decirte esto Mari, pero... lo dudo.
—No te enojes, Adrian. Yo... lo estoy intentando.— Retiró la mano de la calidez de Adrian y cubrió su rostro, avergonzada. —No eres tú en quien no confío. Es solo... lo que tenemos ahora es lo que me preocupa.— Murmuró miserablemente. Ahora que el tema estaba al aire, Marinette quería llorar.
—Marinette,— Adrian dijo cansado. —No sé qué hacer. No sé qué quieres.
La menor aún tenía el rostro escondido en sus manos.
—Soy yo la única que puede solucionar esto. Necesito curarme yo misma.
Cuando Adrian sacó el tema sobre el pasado de Marinette y su familia, no había tenido respuestas. Había asumido que Marinette solo necesitaba tiempo y por ello, Adrian le permitió pensarlo hasta que estuviera lista para contarle sus razones de por qué había estado en guardia sobre ello. Anoche, se había dado cuenta que Marinette no confiaba lo suficiente en él, y eso le dolía más de lo esperado.
Vio a las aves volando y el sol brillando a pesar del viento que se hacía más frío. Todo regresaba al mismo punto. Marinette debía decirle todo.
Se recostó un poco con la mirada perdida en las espesas nubes.
—Todo empezó cuando... Cuando... Cuando vivía en China... Mis padres son muy moralistas. Mi padre y mi madre solían ayudar en la iglesia, incluso. Mi mamá amaba a mi papá más de lo que se amaba a sí misma.— Marinette dijo, y Adrian sintió una intranquilidad revolviéndose dentro de él. —Él también la amaba, pero parecía que no podía expresar su amor en una forma que fuera significativa para ella. Había mucho silencio en mi casa... éramos una familia muy callada.
—Mi familia tampoco es muy ruidosa...— Adrian comentó.
—Bueno, mi padre era muy estricto; ninguna quería hablar.— Marinette dijo, mirándolo a los ojos. —Cuando estuve en mi primer año de colegio, me enamoré de una senior. Ya sabes... cuando eres pequeña siempre tienes una imagen tonta de que las relaciones duran para siempre. Siendo nueva en este tipo de experiencia..., estaba muy ciega para ver cómo es que ella se estaba aprovechando de mí. Me pedía que le hiciera muchos favores, algunos eran fáciles, otros ridículos... y algunos incluso humillantes. Como si eso no fuera suficiente, empezó a pedirme favores sexuales... y entonces me di cuenta que estaba perdiendo un poco de mí en el proceso. La rechacé cuando me insinuó que quería que me acostara con ella... y se enfadó. Cuando traje a colación el tema de la ruptura, amenazó con decirle a todo el colegio sobre nuestra relación. Pensé que era una amenaza vacía, incluso le dije que hiciera lo que quisiera pero que me dejara en paz. Al final... dejó al descubierto mi sexualidad a todo el colegio, librándose de todo y tú sabes cómo es allá.
Adrian estaba tan desconcertado que no habló por un momento.
—Cuando mis padres supieron que yo... me sentía atraída por hombres y mujeres... mi padre se enfadó. Me lastimó, física y emocionalmente. Las palabras que dijo... y en ese entonces no pude hacer nada para defenderme. Incluso mi madre. Ella tampoco pudo hacer nada para defender a su hija. Ella solo se quedó ahí, llorando en silencio y viendo a mi padre golpeándome con la correa en cada parte que podía. Recuerdo a mi hermana llorando, pidiéndole que se detuviera... pero no lo hizo. Él dijo que no tenía permitido pisar nuestra casa hasta que me 'limpiara' de los pecados que había cometido.— Marinette susurró, —Pero ¿qué hay para limpiar? Ser así no es una opción. No hay leyes ni reglas cuando se refiere a amar a alguien. Así que, ¿qué se supone que deba corregir de mí?
'La forma en la que ves tu vida, te moldea.'
'No hace diferencia si naciste diferente.'
'Eres quién eres. No dejes que nadie te cambie.'
Las palabras de su tía la salvaron aquel día. Y Marinette estaba agradecida. Chloé y su familia la sacaron de la oscuridad y la ayudaron a vivir con una nueva perspectiva en su vida.
Así que cuando Bridgette de súbito apareció en su renovada forma de vida, pidiéndole que regresara a casa y hablara con su enfermo padre, Marinette pensó que ella se había vuelto loca.
Y la forma en la que ella estaba tratando de regresarla a la vida de la que huyó, la enojaba. Por mucho que amaba a su hermana, prefería seguir emancipada que obligarse a regresar a la familia que siempre había sido de mente cerrada y la había dejado sola.
—Mi hermana mayor dio conmigo y ha estado tratando de convencerme de visitar a nuestros padres desde hace meses.
Adrian pareció seguir sus pensamientos, y por fin habló en voz alta.
—Nunca habría imaginado que tú eres la hermana perdida de quien ella hablaba... Vaya, nunca conecte sus similitudes.
Una ola infinita de preguntas llegó a la mente de Marinette, pero terminó preguntando lo que siempre había querido saber desde el fiasco de anoche en el restaurante.
—¿Cómo conociste a mi hermana? Los dos se veían muy cercanos...
—Sí,— Adrian dijo con sinceridad. —Ella era mi senior y una de mis amigas cercanas.
—¿Ustedes dos-?
Frunciendo el ceño, incrédulo.
—No. Ella es solo una amiga. Y además, ella salía con alguien, mi primo justamente.
Según Bridgette, había estado prometida a su esposo desde hace años. Hasta ahora, su hermana solo había salido con dos chicos en toda su vida...
—¿Entonces también conoces a Kim?
—No..., ¿debería?— Adrian sonó sospechoso.
Marinette dudó en confesar todo... pero al final lo hizo.
—Brid quería que viera a su ex. También quería que tú y yo nos conociéramos.
—Ayer fue todo un desastre.— El tema sobre el misterioso hombre fue temporalmente ignorado. Supuso que habría tiempo para discutir cosas como esas ya que este era el momento de Marinette para compartir el pasado que había estado persiguiéndola durante años.
—Lo sé.— Tuvo un momento de 'mecanismo de pelear o huir' y su tonto cerebro escogió huir, y se fue con Adrian. Bridgette quizá había estado desconcertada.
Nadie dijo nada después de eso hasta que los dos empezaron a darse cuenta de cuánto tiempo habían estado ahí ya que el sol estaba ocultándose.
—Lo siento; debí explicarte todo antes.— Marinette dijo suavemente, su mano nuevamente buscaba la de Adrian. Quería reconectarse con él, asegurarle que todo estaba bien entre ellos.
Una ola de felicidad estalló dentro de Adrian ante el contacto de sus manos, deliberadamente apretando su agarre en el proceso.
—No puedo decir que lamento haberte dado valor para hablar conmigo. Quería tu confianza, Marinette. Sé que ya tengo algo de ello, pero no lastimaría tenerlo todo. Y además,— sus ojos brillaron. —No eres muy buena explicando cosas la mayor parte del tiempo.— Dijo con un guiño.
Respirando profundamente y soltándolo, Marinette sonrió a pesar del insulto y se inclinó hacia adelante, encontrando a Adrian a mitad de camino y besándolo.
Unos momentos después, los dos cruzaron la zona de parqueo, con las manos pendiendo, con solo unos centímetros separando sus cuerpos. Las nubes estaban moviéndose sobre ellos, luz y sombra. Era totalmente inesperado cando la lluvia de súbito cayó con fuerza.
Ambos corrieron hasta entrar al auto. Lograron entrar apenas empapándose, pero sin aire. Toda la situación era como un cliché y ambos no pudieron evitar reír ante lo tontos que debían lucir, corriendo por la lluvia como dos adultos locos.
Marinette se sintió muy aliviada como para preocuparse por su arruinado vestido. Cada carga que tenía había sido dejada. Y nunca se había sentido mejor.
—Esa tipa es una bastarda.
La expresión de felicidad se fue en cuanto Adrian dijo eso. Marinette lo miró con el aliento contenido..., preguntándose y esperando por algo a lo que no podía dar nombre.
—Una chica con grandes principios y buena moral.— Estaba siendo sarcástico para descargar su ira ante lo que Marinette había sentido. Cuán humillante y cruel situación. Pero en una retorcida forma, estaba agradecido de que haya pasado. —No supo de lo que se perdió.— Murmuró suavemente, mirando a la menor.
Las palabras eran demasiadas.
La ola de emociones eran demasiadas.
'Me merezco esto. Me merezco ser amada así.'
Por primera vez, no se sentía tan amarga sobre el pasado del que huyó. Lo que estaba hecho, hecho estaba y no había de otra. Debido a la traición de su primera novia, la crueldad de su padre y la falta de juicio de la humanidad, había logrado conocer a Adrian... su otra mitad.
Era curioso cómo es que el destino funcionaba de forma misteriosa. Había sido lastimada porque el destino quería que conociera a alguien más... alguien mejor para ella.
—¿Marinette?— Adrian de súbito preguntó asustado cuando la menor lució al borde del llanto.
Y lloró.
Temiendo parecer loca y ridícula por ponerse emocional de golpe, Marinette dejó que sus sentimientos ganaran una vez mientras abría la puerta y daba un paso hacia la pesada lluvia.
Estaba empapada, pero no le importaba. El pesado sonido de la lluvia amortiguó sus sollozos. La lluvia retiraba la mayoría de sus lágrimas, pero era inútil ya que otra ola salina bajaba segundos después.
—Marinette.
Marinette abrió los ojos y encontró a Adrian de pie frente a ella, empapado y sonriendo.
—N-no creo que pueda volver a pasar por algo así, Adrian...
—No,— Adrian tomó sus mejillas y la miró a los ojos. —Este es solo el inicio para ti..., para nosotros. Deja el pasado atrás y sigue adelante.
Los ojos de Marinette se volvieron a llenar de lágrimas cuando lo miró, asintiendo.
En un agonizante lento movimiento, Adrian se inclinó y la besó. Marinette devolvió el beso con todo lo que tenía.
'Confío que no me lastimarás.'
Y eso podía asegurarlo.
—》《—
Chloé despertó de su siesta ante el ruido del trueno viniendo de afuera.
Camille estaba profundamente dormida en su regazo con la cabeza de lado, sus largos cabellos se adherían a su cuello.
Debían haberse quedado dormidas a mitad de 'Fairytopia'
Rápidamente miró el reloj y notó que eran las 04:00 pm. Sus ojos se abrieron grandes y rápidamente miró su laptop en el counter de la cocina. Con cuidado, recostó a Camille en uno de los cojines, caminó hacia su computadora.
Cuando la computadora se encendió, de inmediato vio las llamadas perdidas en Skype.
Normalmente, Luka la llamaba alrededor de las dos o tres de la tarde. El chico había estado ocupado trabajando y por ello sus llamadas se habían hecho esporádicas. ¡Luka había prometido llamarla hoy y se suponía que debía haber atendido!
—Oh no...— Chloé pasó una mano por su rostro. Revisó la lista para verificar que aun estuviera conectado...y desafortunadamente, ya no.
Con un suspiro, Chloé recargó su mentón en su puño y suspiró pesadamente.
Decidió apagar su computadora y preparar algunos snacks para Camille para cuando despertara, pero de súbito, su celular empezó a sonar.
Tomó la llamada y frunció ante el número desconocido en la pantalla.
—¿Hola?— respondió algo insegura. La voz al otro lado de la línea de cualquier modo, casi hizo que tropezara. —¿Luka?
Continuará...
SI se preguntan, porqué siempre hago a los papás de Mari, malos...
Es porque para mi lo son, no puedes ir por el mundo pregonando tener la mejor hija del mundo y que a la primera que la acusen de algo, sin pensarlo siquiera, ya, PUM es malvada y vamos a llorar y a tratarla mal como todos los demás.
No sé como funcionaba en la cabeza de Astruc ese pensamiento, pero es estúpido, por eso siempre los pongo así jejejeje
En fin, nos leemos la próxima semana~
Besitos de murciélago para todos~
