Hola! les traigo el tercer capítulo :) en este estoy buscando exponer un poco más el mundo en el que vive Miku, su relación con su familia, la manera en que su personalidad puede cambiar de madura a inocente, y el cambio de sentimientos entre nuestros protagonistas xD Gracias a quienes me dejaron un review! Espero que les guste este capítulo, los dejo para que lo disfruten.
Disclaimer: Quisiera que Vocaloid, los videos, los personajes, todo me perteneciera, pero lamentablemente, no se puede. Además, este fanfiction esta hecho sin fines de lucro, pues no me pagan.
(Miku POV)
La mañana siguiente, cuando me miré en el espejo, mi reflejo me devolvió una mirada nerviosa. Era como si la mitad de mi mente se concentrara en mi rutina diaria, y la otra mitad estuviese asomándose en mis recuerdos de la noche anterior. Deslicé mis manos sobre la falda del vestido una y otra vez, alisándola, en un acto reflejo. Llevaba mi habitual vestido negro, con mi cabello recogido en dos coletas con un par de listones. Una mucama me ayudaba a aplicarme algo de maquillaje, mientras que otra me lustraba los zapatos.
-Se ve usted hermosa esta mañana, Alteza. – me dijeron, una vez que decidieron que mi apariencia era ideal.
-Gracias. – dije, sonriéndoles ligeramente – Pueden retirarse si desean.
-Gracias, Alteza. – dijeron, realizando una reverencia, antes de marcharse y dejarme sola en mi habitación.
Nadie sabía lo que había sucedido en mi habitación la noche anterior. Nadie sospechaba que un desconocido enmascarado, descarado y atrevido, había decidido irrumpir en mis aposentos. Yo misma había recogido los pétalos del suelo, y había puesto la rosa azul en un pequeño jarrón de cristal, con agua. Parecía recién cortada, y esperaba que no se marchitara muy rápido. Cada vez que mis ojos se posaban sobre la flor, mi mente se removía con vergüenza y nerviosismo.
Me repetía a mí misma una y otra vez que no debía temer. En mi fuero interno, pensaba que si toleraba al enmascarado, él podría ver la oportunidad para aprovecharse de mí. Pero, ¿A quién no le gustaría tener un poco de peligro y emoción en su vida? Digamos que mi condición de niña obediente y sumisa era perfecta para precipitar consecuencias desafortunadas. Lo único que me tranquilizaba, aunque fuese de forma mínima, era el hecho de no me iba a enamorar de él, dado que su comportamiento me producía repulsión. Nunca me llegaría a gustar una persona que tiene el atrevimiento de entrar por la ventana de una dama en medio de la noche. Aunque no hace falta recalcarlo, nunca podría siquiera pensar en hacer algo íntimo e inapropiado con él. Además, mi mano estaba garantizada para ese príncipe vecino, cuyo nombre ni siquiera sabía. No obstante, ¿Era esa razón suficiente como para que una princesa no pudiera experimentar algo de adrenalina?
Sí, ese tipo de cosas pasaron por mi mente repetidamente durante toda la mañana. A pesar de que mi padre procuró mantenerme ocupada con un par de peticiones, o mejor dicho, órdenes indirectas, mi subconsciente insistía en hablar consigo mismo sobre el mismo tema.
Como todas las mañanas, me dirigí hacia el comedor real para desayunar con mis padres. Apenas las puertas de roble se abrieron, vislumbré la imagen habitual de mi padre sentado a la cabeza de la mesa, con expresión solemne, y mi madre sentada a su derecha, sonriendo tímidamente y sin esfuerzo.
-Toma asiento, hija. – me dijo mi padre, señalando el asiento junto al de mi madre – Hoy tenemos algo importante que discutir.
Mientras caminaba hacia el asiento asignado, no pude evitar anticiparme a su discurso. Cada vez que debíamos discutir algo importante, se trataba de algún baile, una cena u otro evento social donde debería conversar con todos los invitados. Me senté, y Papá siguió hablando mientras los sirvientes traían las bandejas con abundante comida.
-Anoche hiciste un gran trabajo como anfitriona, hija. – me dijo, sonriendo – Estoy muy orgulloso de ti.
-Gracias, padre. – respondí, sonriendo con timidez. Por muy molesto que me resultara mi labor de protocolo, me gustaba saber que mi esfuerzo era apreciado. Eso me ayudaba a seguir interpretando mi papel.
-El embajador del reino vecino nos comentó que tu conversación era sencillamente encantadora. – dijo mi madre, con esa sonrisa prudente, no demasiado ancha, que debían mostrar las damas.
-¿En serio? – pregunté, más para mí misma que para ellos. La verdad era que no recordaba al embajador del reino vecino, había hablado con tantas personas que había olvidado a muchas de ellas – Oh, vaya, me siento halagada.
-Y tengo una noticia aún mejor, Miku. – dijo mi padre, con una mirada que dejaba ver lo emocionado que estaba – Dime, ¿Qué tal están tus habilidades con el clarinete?
-Eh… Hace mucho que no practico con el clarinete, padre. – respondí, confundida – Mi habilidad debe estar algo oxidada, pero mi conocimiento sigue intacto.
-Ya veo… - dijo Papá, pensativo - ¿Y qué tal con el piano?
-Pues, estoy mejorando mucho, ya soy capaz de tocar bien varias piezas. – respondí, recordando que recién había descubierto la forma de tocar Cantarella con ese instrumento.
-Muy bien, ¿Y con el violín? – preguntó, ante lo cual yo sonreí ampliamente.
-Excelente. – respondí, recordando el bello sonido que escapaba de las cuerdas de mi violín cada vez que tocaba. Me sentía orgullosa de mí misma por haber logrado dominar ese instrumento, no me importaba gran cosa si sonaba jactanciosa.
-Me alegro. – dijo mi padre, felizmente – Porque en una semana vas a ofrecer un recital para tu futuro prometido, sus acompañantes, y el resto de la corte.
Me quedé en silencio, sorprendida. Estaba en shock, incapaz de creer lo que mi padre me decía. Jamás había tocado frente a muchas personas, solamente frente a mi familia y algunos nobles en los que mi padre tenía mucha confianza. Además, ¿Acaso eso significaba que iba a conocer al príncipe con quien tenía que casarme? ¿Mi futuro prometido? De tan sólo pensarlo, un nudo comenzó a formarse en mi garganta. No sabía cómo debía sentirme al respecto. Bueno, en realidad sí sabía, debía estar regocijándome de alegría, como toda buena princesa haría. Pero, ¿Cómo me sentía en realidad?
-¿Te has quedado sin palabras, hija? – preguntó mi padre, riéndose – Comprendo que estés tan feliz que no puedes hablar. Buena cualidad, aunque deberías aunque sea expresar tu regocijo.
-Oh, gracias, padre. Es que… - dije, vacilante, sin saber exactamente qué debía hacer - ¿Cómo es que…?
-Entiendo, Miku, no te preocupes. – me interrumpió él, restándole importancia – El embajador quedó tan complacido que me sugirió invitar a su corte a pasar unos días en el palacio, y escucharte tocar. Le dije que tu música era casi celestial, y envié la invitación al reino vecino. La respuesta llegó al amanecer, y nos ha confirmado que el príncipe, su hermana, el embajador y los consejeros reales vendrán.
Eso quería decir que vendría todo un séquito del príncipe a escucharme tocar, y que debía mostrarme aún más perfecta de lo normal. Si el príncipe quedaba complacido con mi talento, mi personalidad y mi apariencia, quizá comenzara a cortejarme, y mi padre cumpliría su sueño de verme casada con él, asegurando una alianza entre ambos reinos. El momento más importante de mi vida llegaría en apenas una semana, y tendría que desplegar todo mi encanto y belleza para poder cumplir las expectativas. Podía sentir la tensión sobre mis hombros.
El resto del desayuno pasó con mi padre hablando de todos los preparativos que había que hacer para que todo saliera a pedir de boca. Mi madre simplemente asintió y aprobó todo lo que mi padre decía, como solía hacer, sin pensar un momento que quizá su hija estaba a punto de sufrir un ataque de nervios. Cuando finalmente se me permitió levantarme de la mesa, mi padre sugirió que fuera al salón de música a practicar las piezas que iba a tocar en el recital, y que me asegurara de no cometer ni un solo error. Inmediatamente, asentí con una sonrisa y le obedecí, aunque no fuese una orden directa.
Me dirigí a mi parte favorita de todo el castillo, además del jardín. El salón de música era, para mí, un santuario donde la belleza se transformaba en un hermoso sonido. Yo solía pasar tardes enteras allí, antes de convertirme en una joven mujer que pasaba casi todos los días preparándose para un evento social diferente. Desde que tenía cinco años, había comenzado a practicar violín, piano y clarinete. El piano nunca fue mi fuerte, me costaba coordinar los dedos, pero tampoco era terrible. Con el clarinete fui muy buena, pero nunca perfecta. Cuando tenía siete años solía detestar el violín, pero cuando Shion Kaito me había enseñado Cantarella, me entusiasmé muchísimo y mejoré con creces. Me había convertido en un prodigio del violín, y en el fondo, siempre le iba a agradecer a ese niño tan simpático. De sólo pensar en la nueva personalidad de mi viejo amigo, era difícil siquiera considerarlo como tal.
(Kaito POV)
Aún pensando en la noche anterior, en los maravillosamente sorprendidos ojos de la princesa, abandoné la habitación de huéspedes. Llevaba un traje un poco menos formal que el de la noche anterior, pero suficientemente elegante como para el nivel de lujo que me rodeaba. Acababa de comer el desayuno que me habían entregado en mi habitación, una comida magnífica que me había sentado muy bien. Iba en busca de la famosa biblioteca real, con la intención de encontrar un libro interesante en la inmensa colección de títulos que se decía que poseía el palacio.
-Disculpe, ¿Podría decirme dónde está la biblioteca? – le pregunté a una sirvienta con quien me crucé en el camino.
La muchacha enrojeció y comenzó a tartamudear nerviosamente, y me indicó que la biblioteca estaba del otro lado del palacio. Dijo que había un corredor frente al salón de música que acortaba un poco el camino, y me señaló la dirección. Le agradecí, y la nerviosa chica hizo una torpe reverencia, tras lo cual me encaminé por el pasillo.
Entonces, para mi deleite, un sonido casi celestial llegó a mis oídos. Venía detrás de una puerta entreabierta, y cuando me asomé en ella mis ojos presenciaron la mejor visión que podían haber tenido. Parada en el centro de un gran salón, rodeada de instrumentos musicales, se encontraba la princesa, tocando con maestría un violín. Era una pieza suave y fina, algo melancólica. Sus ojos verdes miraban absortos hacia la nada, su mente perdida entre profundos pensamientos. Inmediatamente volví a sentir en mi interior esa ráfaga de deseo quemando en mis venas. El vestido que llevaba esa mañana era especialmente ajustado en su estrecha cintura, y el escote era un poco más pronunciado. Examinando lentamente cada una de sus curvas, comencé a sentir mi cuerpo revitalizado, sabiendo que mi objetivo estaba cerca.
La melodía terminó con un lánguido lamento, un magnífico sollozo arrancado de las cuerdas del violín. Pensé en marcharme, aunque mi cuerpo me ordenaba lo contrario, pero entonces una nueva melodía comenzó, una nostálgica canción con un recuerdo. Animada, romántica, el acompañamiento perfecto para una lenta seducción. Cantarella, esa melodía que yo mismo le había enseñado, era la que había escogido tocar en ese preciso instante. Recordé a la niñita triste y llorosa que me había escuchado practicar, y cuyo rostro se iluminó con inminente curiosidad. Miku Hatsune había cambiado mucho en diez años, pero sospechaba que esa misma curiosidad seguía presente. ¿Qué otra razón podría tener ella para no haberme denunciado la noche anterior? Sí, eso me daba nuevos ánimos para seguir con mi plan, eso me indicaba que no faltaba mucho para que ella se rindiera y se entregara a mí.
No necesitaba mayor incentivo, sabía lo que tenía que hacer. Ella aún no podía saber que yo era el enmascarado, pero podía intentar suavizar mi tensa relación con ella en mi verdadera identidad. Empujé la puerta silenciosamente y entré en el salón, dando a conocer mi presencia por el sonido de mis pasos. Ella dirigió su mirada hacia mí y pareció algo perturbada, pero cerró los ojos y se concentró únicamente en la música. Minutos después, la canción terminó, mientras volvía a abrir los ojos con parsimonia, y posaba su mirada en mí.
(Miku POV)
-Espero que no le moleste tener público, Alteza. – me dijo él, distante y categóricamente, como esperaba – No pude resistir la tentación de quedarme a escuchar, sobre todo cuando usted posee un talento magnífico.
Los halagos eran totalmente incoherentes cuando eran dichos de una forma tan indiferente. Su actitud aún me enervaba, pero recordé que mantener la etiqueta era lo principal en mi papel de princesa.
-Me siento halagada, señor. – dije, tratando de imitar su tono de voz como una forma de burla disimulada – No obstante, debo señalar que mis prácticas son privadas, así que debo pedirle que se marche.
-Eso haré, pero antes quisiera intercambiar algunas palabras con usted. – dijo él, y sus ojos adoptaron un brillo sospechoso, que me hacía dudar de su caballerosidad – Siento que he sido descortés, este es mi segundo día disfrutando de su hospitalidad y aún no hemos tenido una conversación decente.
-¿No le pareció decente nuestra conversación anoche, en el baile? – le pregunté, comenzando a ofenderme, sonrojándome con vergüenza.
-Eso no fue una conversación, era el preludio de una. – respondió él, añadiendo una sonrisa irónica que me hizo ponerme aún más nerviosa – Me pareció que había algo molestándola anoche, pero no me atreví a preguntarle delante de su padre.
-¿Y qué creía usted que podría estar molestándome como para no poder decirlo frente a mi padre? – pregunté, confundida. A decir verdad, temía escuchar la respuesta.
-No estoy muy seguro, pero sospecho que es la misma razón por la que usted está tan nerviosa justo ahora. – dijo él, y me sentí casi acorralada. ¿Acaso él pensaba negar el atrevido beso que había dado a mi mano?
-Yo no estoy nerviosa. – mentí, patéticamente. Mi voz temblaba de tal manera que comenzaba a parecer una niña pequeña.
-A decir verdad, no veo por qué usted debería estarlo. – dijo, desviando un poco su mirada hacia un lado, como tratando de actuar tranquilo y relajado – Pensé que estaría feliz de volver a verme, no al contrario.
Sus palabras me confundieron, y lo miré con curiosidad. Él fingía estar mirando a otra parte, pero me di cuenta que me observaba de reojo.
-¿A qué se refiere? – pregunté, con un tono suave e inquisitivo.
-Escuche, sé que ambos hemos cambiado mucho. – respondió él, mirándome directamente, con algo de melancolía – No obstante, tenía la esperanza de que pudiésemos volver a ser amigos. Nunca he podido olvidar lo bien que nos llevábamos hace diez años. ¿Por qué no puede ocurrir de la misma manera en esta ocasión?
(Kaito POV)
Pensé que tal vez había sobreactuado un poco mi discurso, y la inseguridad me azotó por un momento. Supongo que quizá eso contribuyó a que ella me creyera. No estoy seguro de qué me hizo sentirme extraño, qué significaba esa opresión en el pecho que sentí cuando ella me sonrió con ternura y simpatía. Era distinta a la sonrisa que le dirigía a todas las personas, era mucho más pura e inocente. Sus mejillas estaban teñidas de un leve rosa, y en su mirada se reflejaba verdadera calidez. Era como si se hubiese transformado en una persona diferente, más joven e ingenua, lejos de la suspicaz y responsable princesa que creía conocer. En cierto modo, me recordaba mucho más a la Hatsune Miku que había conocido diez años atrás.
-Sé que cambiar es parte de crecer. – dijo ella, con una voz suave, aún algo nerviosa – Pero eso no significa que no podamos ser amigos.
Escucharla decir eso casi me hizo arrepentir de todos mis meticulosos cálculos para hacerla mía. Casi, pero no totalmente. Deseaba su cuerpo, quería recorrer su piel de seda con mis manos, quería escucharla gritar mi nombre. Pero, en mi fuero interno, temía que mis palabras escondieran un significado aún más profundo. No había nada de malo en querer ser su amigo, pero me molestaba que quizá eso no fuera lo único que quería ser. Ni siquiera le permití al pensamiento establecerse en mi cabeza, pero siguió removiéndose en mi pecho con incomodidad. No me iba a enamorar de la princesa, no podía hacerlo. Debía seguir con mi plan para seducirla, pero debía evitar a toda costa enamorarme de ella en el proceso. Aunque, por supuesto, si quería que ella se entregara voluntariamente, debía asegurarme de que ella se enamorara, aunque fuese un poquito, de mí.
(Miku POV)
Creo que mis palabras lo sorprendieron, pues se quedó en silencio por varios segundos, con los ojos brillantes. ¿Qué había sucedido con el Shion Kaito indiferente y frío que había visto en el baile? Estaba expresando demasiadas emociones. Por supuesto, aún no era ni remotamente parecido al niño de hacía diez años, pero en su mirada se atisbaba una pequeña porción de éste. No tenía problema alguno en ser su amiga, de hecho, hasta me hacía sentir un poco más tranquila. No obstante, aún me quedaba una inquietud removiéndose en mi cabeza, esa que me hacía estremecerme y aún no entendía por qué.
-Pero, señor Shion… - dije, vacilante, sintiendo un nudo formándose en mi garganta.
-Por favor, - interrumpió él, sonriendo ligeramente – si vamos a ser amigos, llámeme simplemente Kaito. Además, siéntase libre de tutearme, si lo desea.
-Oh, eh… De acuerdo, Kaito. – dije, sonrojándome un poco – Entonces, eh… tú también puedes tutearme y llamarme sólo Miku…
-Lo haré siempre que tu padre no se encuentre cerca, - respondió él, con una media sonrisa taimada – él podría considerarlo inapropiado.
A decir verdad, coincidía con él en ese aspecto, sobre todo cuando mi matrimonio con el príncipe vecino estaba tan cerca de hacerse realidad, y mi padre no permitiría que ningún otro hombre se sintiera cercano a mí.
-De acuerdo. – accedí, sonrojándome aún más ante la situación. El nerviosismo comenzó a apoderarse de mí al tratar de seguir con mi inquietud – Pero, necesito aclarar algo antes de poder… sabes, ser amigos.
-¿Y eso qué es? – preguntó él, con una especie de curiosidad superficial.
-Bueno, es sobre algo que sucedió en el baile de anoche. – comencé, bajando mi mirada hasta mis pies, tratando de esconder el intenso rojo de mi rostro – Cuando nos saludamos, que b-besaste mi mano, yo… es que…
-¿Qué sucedió cuando besé tu mano? – preguntó él, con un tono de voz de curiosidad que dejaba entrever algo sugestivo. ¡El muy idiota, si se me perdona la palabra, sabía exactamente a qué me refería, y aún así quería escucharme decirlo!
-P-pues, yo creo haber sentido la punta d-de tu l-l-lengua… en mi mano. – dije, tartamudeando patéticamente, demasiado avergonzada como para verle a los ojos.
-Vaya, qué cosa tan extraña. – dijo él, con voz casual, restándole importancia – Eso no sería muy caballeroso de mi parte. Quizá me dejé llevar por el momento, sabes, es difícil resistir la tentación todo el tiempo.
La media sonrisa en su rostro y la mirada pícara fue suficiente como para estremecerme totalmente. Estos temas inapropiados, por no decir tabúes para una dama como yo, me ponían muy nerviosa, sobre todo cuando estaba hablando con alguien como Kaito. No podía soportar la diversión en su mirada cuando se dio cuenta de mi estado de nerviosismo extremo, no podía soportar la intensidad de sus ojos azules. Mis rodillas temblaban.
-Permíteme corregir mi error. – dijo él, acercándose a mí hasta que estuvimos a menos de medio metro de distancia – No puedo permitir que la princesa tenga una opinión tan baja de mí. Finjamos que recién acabamos de saludarnos, ¿sí?
Sin dejarme responder, ni expresar mi confusión, ni el aumento de mi nerviosismo por su proximidad, Kaito tomó mi mano y se la llevó a los labios, manteniendo sus ojos fijos en los míos, y depósito un educado y casto beso en ella. Supongo que en ese momento el color de mi cara se pasó de un sonrojo a una quemadura solar, pues podía sentir el calor irradiando de mi piel.
-Espero que tu opinión de mí haya mejorado un poco, Miku. – dijo él, manteniendo mi mano peligrosamente cerca de sus labios, por lo que pude sentir su aliento cálido. No obstante, eso no duró mucho, pues a los dos segundos soltó mi mano y retrocedió algunos pasos hasta una distancia decente – Entonces, princesa, ¿Sueles practicar la canción que te enseñé muy seguido?
-Yo… eh… Suelo practicarla, sí. – respondí, tratando de no sonar muy vacilante.
-Debo elogiarte por tu talento, tocas el violín con maestría. – dijo él, trivialmente, sin tanta emoción como sus palabras anteriores - ¿Has dado algún recital alguna vez?
-Pues, no en realidad, sólo he tocado algunas piezas para mi familia y unos pocos amigos… - dije, recordando la conversación con mi padre esa mañana – Pero en una semana sí daré uno.
-¿En serio? – preguntó él, y pareció genuinamente interesado - ¿Quiénes están invitados a escucharte tocar?
-Todos los nobles del reino están invitados, incluso tú… - respondí, recuperando mis nervios – Y también están invitados los miembros de la corte del reino vecino.
Kaito pareció sorprendido, y quizá hasta un poco perturbado, aunque esa expresión no duró mucho en su rostro. Rápidamente, volvió a adoptar su cara indiferente y fría, cosa que me hizo sentirme muy confundida. ¿Qué acababa de pasar?
-Vaya, oirán hablar de ti incluso más allá de nuestras fronteras, te felicito. – dijo él, con un tono de voz trivial - ¿Incluso vendrá la familia real?
-Bueno, sólo el príncipe y su hermana, la princesa. – respondí.
-Ya veo… - dijo él, desviando su mirada en un gesto pensativo – Bueno, Miku, me temo que debo marcharme ahora. Con su permiso, me retiro.
Kaito se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta. Sentí que debía detenerlo, que no quería que se fuera, así que en un impulso extraño y poco propio de mí, decidí interrumpir su salida.
-¡Espera! – exclamé en su dirección, haciendo que él volteara a verme con confusión y curiosidad.
-¿Sí, Miku? – preguntó él.
-Eh… - vacilé, repentinamente insegura de mis impulsos – Te… ¿Nos acompañarás en la cena esta noche?
Él pareció extrañado por mi pregunta, y pareció reflexionar sobre eso un minuto antes de responder.
-Lo haré, gracias por preguntar. – respondió, dirigiéndome una sonrisa que me pareció sincera y alegre.
Seguidamente, volvió a caminar hacia la puerta, y yo dejé que se fuera. No me explicaba por qué había tenido ese impulso de detenerlo, pero me avergonzaba. Decidí despejar mi mente volviendo a perderme en la melodía de mi violín.
(Kaito POV)
No estaba dispuesto a ceder ni un poco en mi decisión. La visita de ese príncipe iba a ser un obstáculo, sobre todo si Miku se enamoraba de él, y por eso debía pensar en una estrategia que me permitiera alcanzar mi victoria.
Fin del tercer capítulo.
Espero que les haya gustado :) por favor, déjenme un review con su opinion, críticas, sugerencias, etc., saben que su opinion es muy apreciada!
Matta-ne!
