Hola! He vuelto! ^^ lamento la tardanza de una semana, tuve una semana muy dura en la escuela. En fin, el caso es que ya les traigo este capítulo, donde nuestros protagonistas revelan los misterios detrás de el estuche de violín, entre otras cosas. También, debo confesar que estoy sufriendo de fangirlismo, por lo que no pude evitar traer un par de Vocaloids más. Espero que les guste este capitulo, que es la transición entre las dos partes más importantes de la historia.

Disclaimer: los Vocaloid no me pertenecen, son propiedad de Yamaha, Sega y Crypton. Este fanfiction esta hecho sin fines de lucro.


En un magnífico palacio, apoyada en el alféizar de una ventana, se encontraba una joven muchacha. Lucía un vestido amarillo con detalles negros en el cuello, mangas y cintura, dejando la amplia falda caer hasta el suelo. Su cabello rubio y corto estaba adornado por un lazo negro, y sus ojos expresaban conflicto. Era la princesa de ese reino, y a través de su ventana se podía ver unos cuantos carruajes detenidos en la entrada, con muchos sirvientes cargándolos con equipaje.

-¿Rin? – preguntó una voz masculina detrás de ella, la que reconoció inmediatamente.

-Len. – dijo la princesa, mirando la figura de su hermano en el umbral de la puerta.

El joven príncipe estaba luciendo uno de sus mejores trajes de viaje, y llevaba su cabello rubio recogido en una coleta en la parte baja de su cabeza. Era su hermano menor, aunque apenas por siete minutos. Compartían los mismos ojos azules y el mismo cabello rubio, y hasta unos cuantos años atrás solían compartir las mismas facciones y casi el mismo cuerpo. Luego, al crecer, sus cuerpos cambiaron de manera muy distinta, así como sus intereses y amistades. Cuando ambos cumplieron diecisiete años, los gemelos estaban casi irreconocibles. Ya no podían jugar a las escondidas, ni hacer travesuras a los sirvientes, tenían que comportarse como los jóvenes príncipes de ese reino.

-¿Y a estás lista, Rin? – preguntó el muchacho, mirando a su hermana con cariño – No podemos hacer esperar a los vecinos.

-Creo que no me falta nada. – respondió ella, sonriendo – Pero no me gusta nada la idea de hacer un largo y exhaustivo viaje sólo para escuchar a otra princesa tocar violín.

-Sólo dices eso porque siempre has sido un desastre con el violín. – dijo Len, sonriendo burlonamente.

-¡Eso no es verdad! – exclamó ella, enojándose, aunque ya sabía que su hermano sólo bromeaba, aunque dijera la verdad.

-No te preocupes, eres la mejor pianista del mundo, y seguro que tu voz es mucho mejor que la de ella. – dijo entonces el muchacho, para calmar a su hermana, haciendo que esta sonriera y se sonrojara un poco.

Lo cierto era que tanto la voz de Rin como la de Len eran casi celestiales, sobre todo cuando cantaban juntos. Pero sus padres y sus tutores nunca parecían apreciar su talento, siempre los presionaban y esperaban algo mil veces mejor cada día. Por eso, Rin no podía evitar sentirse inmensamente feliz cada vez que alguien, así fuera su hermano o cualquier otro, elogiaban su voz.

-Entonces, ¿nos vamos? – preguntó Len, ofreciéndole a la muchacha su brazo de forma caballerosa.

-De acuerdo. – respondió ella, tomando su brazo.

Ella hacía todo lo posible por actuar alegremente frente a Len, pero no podía evitar dejar caer la sonrisa cada vez que en su mente volvía a pasar las palabras que había escuchado decir a algunos miembros de la corte.

-Dicen que la princesa Miku es hermosa e inocente, mucho más delicada y agraciada que nuestra princesa Rin. – Estaban susurrando a sus espaldas, y la rubia no pudo evitar deprimirse un poco. Las había escuchado por casualidad, en un cruce de pasillos, donde nadie la veía – Además, parece que el Rey vecino quiere que el príncipe Len se case con su hija, así formarán una alianza entre los reinos.

-Oh, ¡Qué alivio! – dijo la otra mujer, riéndose con regocijo – Finalmente habrá un matrimonio. Con la princesa Rin rechazando todos y cada uno de sus pretendientes, estaba asustada de que el reino se quedara sin heredero. Sabes que la salud de los Reyes no está muy bien.

-Si esa chica no se casa pronto, va a envejecer y se va a quedar solterona. – se burlaban – Su belleza no va a durar para siempre, y no es una princesa muy buena que se diga, con esa actitud suya tan terca y demandante.

Esas mujeres eran amigas de confianza de su madre, y escucharlas hablar así de ella la entristeció tanto que no tuvo el valor de hacerles frente. No le gustaba ser comparada con una desconocida, y tampoco le gustaba que Len fuera a conocerla y quizá hasta casarse con ella. Su hermano era la única persona en quien confiaba plenamente, él siempre era el que la hacía sentir mejor cuando los nobles la criticaban y las cosas no le salían bien. Ella sabía que su hermano la amaba muchísimo, y él siempre le había dicho que siempre estaría ahí para ella sin importar lo que sucediera, pero en el fondo ella temía que llegara el día en que Len se fuera. Si se enamoraba de esa princesa Miku, no volvería a tener tiempo para ella, y quizá comenzara a compararla como todos los demás. Sabía que era un miedo irracional, y que no debía estar celosa ni mostrar debilidad, pero no podía evitarlo.


(Miku POV)

Mis nervios estaban a flor de piel. Había pasado toda la semana practicando mis mejores canciones en el violín, puliendo mi técnica, hasta que me sentí segura de no cometer ningún error. Había descuidado mis otras tareas como princesa, pero mis padres me lo perdonaron porque sabían que me estaba esforzando mucho para causar la mejor impresión a los visitantes. La tensión y el peso sobre mis hombros eran casi insoportables, pero por suerte había descubierto una manera de aliviarlas.

Todas las tardes, durante el crepúsculo, tenía la costumbre de sentarme en el jardín a tomar el té. Un día, cuando me dirigía hacia el jardín, me topé con Kaito en los pasillos. Él comenzaba a ser muy amable conmigo, parecía haber dejado atrás su actitud fría e indiferente, y gracias al cielo no había vuelto a jugar con mis emociones. Era un perfecto caballero, sin miradas penetrantes ni contactos incómodos. Le invité a tomar el té conmigo, él aceptó, y me ofreció el brazo para guiarme hasta el jardín. Esa tarde, mientras observábamos el atardecer, conversamos de muchas cosas. Hablamos de nuestras familias, del reino, de la música, de nuestras vidas, nuestros problemas, nuestros temores. Aprendí que él era muy reservado con sus cosas personales, pero que podía llegar a confiarme esos temas si no lo presionaba. Me di cuenta de que podía contar con él como un buen amigo, y hasta podía llegar a ser muy divertido. Cuando me contó que su comida favorita era el helado, hice que se sirviera como postre en la cena todos los días, a lo que él me agradeció, sonrojado.

No obstante, todavía había algo sobre él que me desconcertaba. Cada vez que mencionaba al príncipe vecino, su actitud volvía a ser indiferente. Era como si ese tema tocara una fibra sensible en su persona, y eso le hacía volver a su antipatía. Por eso, trataba de desviar la conversación hacia cosas más agradables, como nuestra pasión mutua por la música. Compartíamos el amor por el violín, y de vez en cuando él me hacía compañía en el salón de música cuando practicaba, y me ayudaba a corregir mi técnica. Debo confesar que esas tardes que pasé con él, divirtiéndonos como un par de amigos, fueron las más felices y divertidas que había vivido.

Sin embargo, había un pequeño tema que me molestaba. El día anterior a la llegada de los visitantes, pasada la media noche, me desperté de una pesadilla. Había estado soñando que me había presentado con mi violín frente a toda la corte y mi futuro prometido, y que de pronto se me olvidaban todas las piezas que conocía. Todos se habían reído de mí, y mis padres me miraban con reprobación mientras me decían que los había decepcionado. Cuando desperté y abrí los ojos lentamente, me sentía a punto de llorar. Estuve un minuto completo inmóvil, mirando el techo, hasta que noté algo extraño en mi habitación. La luz de la luna en mi ventana estaba bloqueada, y no podía ser por mis cortinas, pues las había dejado descorridas. Giré mi rostro muy lentamente, asustada de lo que encontraría, y lo que vi no me sorprendió.

Pude ver la silueta de un hombre en el alféizar de mi ventana. Estaba de espaldas a mí, mirando el cielo nocturno, pero la forma de su sombrero y su capa me hizo reconocerlo inmediatamente. Era el enmascarado, había vuelto, tal como me había dicho varias noches atrás. Cuando se dio la vuelta y su mirada coincidió con la mía, pareció muy sorprendido de verme despierta. No obstante, esa expresión no duró mucho en su rostro, pues fue reemplazada casi inmediatamente por una media sonrisa burlona.

-Le dije que volvería, princesa. – dijo él, y al escuchar su voz me volvió a sonar increíblemente conocido.

-¿Quién eres? – pregunté, aún algo somnolienta – Tu voz me suena muy conocida… Por favor, dime quién eres…

El enmascarado tosió un poco y me miró, muy incómodo.

-No te conviene saber eso. – respondió él, con un tono de voz muy ronco, para evitar que reconociera su voz.

Eso me hizo sentirme muy enojada, pero estaba tan cansada que no tenía energía para discutir con él. Volví a dejar caer mi cabeza en la almohada, bostezando involuntariamente, y mi cabeza volvió a ser asaltada por mi miedo y mis nervios por el día siguiente. Me pareció que él me miraba con lástima, y caminó poco a poco hacia mí. Una mano suya, forrada en un guante blanco, acarició suavemente mi mejilla, y sentí los colores subir hasta mi cara. Me perdí, sin querer, en los océanos azules de sus ojos, los cuales también comenzaban a parecerme increíblemente conocidos.

-No te preocupes por mi presencia aquí, mi princesa. – dijo él, con el mismo tono disfrazado de ronquera – No pienso hacerte daño. He venido todas las noches para observarte dormir, y nunca te he puesto una mano encima. Quiero que confíes en mí, Miku. Debes descansar, tienes un día muy ocupado mañana. Buenas noches.

Había algo mal en esas palabras, pero mi cerebro estaba tan cansado que no parecía procesar bien qué era. Él se marchó, como si pensara que dejarme dormir tranquila era lo mejor para mí, y volví a caer dormida antes de llegar a entender qué había dicho que sonaba tan extraño, eso que hacía sonar una alarma en mi cabeza.


(Kaito POV)

Tras una exasperante semana que había dejado fatigada a mi princesa, finalmente había llegado el día en que llegarían los visitantes. El príncipe, ese que venía a conquistar el corazón de Miku, llegaría justo a medio día, y el recital se llevaría a cabo durante el crepúsculo. No era justo, ese era el momento donde la princesa y yo conversábamos amenamente, y mi plan parecía avanzar con rapidez. Ella parecía sentirse cada vez más cercana a mí, y me había dicho muchas veces que disfrutaba de nuestro tiempo juntos. Si lograba que ella se enamorara de mí, ella se rendiría. Cuando llevara a cabo la segunda parte de mi plan, la seduciría descaradamente, así cuando ella terminara por enterarse de mi identidad no me temería, y se entregaría.

Cuando la princesa se encontraba realizando los preparativos para la llegada de los visitantes, decidí entrar en su habitación sigilosamente. Llevaba en mi mano una pequeña nota, una invitación, que daría inicio a la segunda parte de mi plan. Entré en sus aposentos por la puerta, dado que ella no parecía ver la necesidad de cerrarla durante el día, y dejé la nota sobre su mesita de noche. Me di la vuelta para irme, pero entonces algo llamó mi atención. En un pesado escritorio de madera, en un rincón del cuarto, estaba un estuche rectangular. Tras observarlo durante un momento lo reconocí, era el estuche del violín que le había regalado a la princesa diez años atrás.

Mi padre y yo sacamos el violín del estuche para mostrárselo al Rey, el cual quedó encantado con la calidad del instrumento. Ordenó a sus sirvientes que se llevaran el instrumento, el cual fue colocado en un pedestal en el salón de música en el palacio, y el estuche quedó cerrado con llave y, yo pensaba, olvidado. No obstante, parecía que la princesa lo había mantenido bajo cuidado durante todos estos años, y yo no entendía por qué. ¿Qué sentido tenía guardar un estuche vacío?

Movido por la curiosidad, fui a la habitación de huéspedes y rebusqué en mi baúl hasta que encontré un manojo de llaves. Eran todas las llaves que había usado en la vida, y tenía la costumbre de guardarlas todas juntas en una caja, tanto como de recuerdo, como por si acaso me eran de utilidad algún día. Saqué la llave de ese estuche y volví con ella a la habitación de la princesa. Cuando abrí el estuche, me sentí decepcionado al descubrir que seguía vacío. ¿Qué hacía la princesa guardando ese estuche? De todas formas, se me ocurrió una manera de darle un muy buen uso.


(Miku POV)

Sentía mis manos sudar cuando los carruajes se detuvieron en la entrada del palacio. Los sirvientes comenzaron a descargar el equipaje de los visitantes y llevarlos a las demás habitaciones de invitados. Entonces, con un toque de trompetas, el príncipe y la princesa del reino vecino entraron en el salón principal. Eran idénticos, como reflejos en un espejo. Me llevé una gran sorpresa, pues no tenía ni idea de que fueran gemelos. Ambos eran rubios y con ojos azules, y sus facciones eran muy parecidas, pero las del príncipe eran más masculinas que las de su hermana. Entraron tomados del brazo, y se notaba que entre ambos existía una conexión muy profunda.

Mi padre y mi madre se adelantaron para saludarlos con mucha cortesía y calidez. Tras intercambiar algunas palabras, Papá me hizo una seña para que me acercara.

-Altezas, les presento a mi hija, Miku. – dijo, al tiempo que yo hacía una reverencia y sonreía – Hija, los príncipes Len y Rin Kagamine.

-Es un placer. – dijo el príncipe, tomando mi mano y besándola rápida y castamente.

-El placer es mío. – dije, y a continuación me dirigí a la princesa con una reverencia – Estoy feliz de conocerla, princesa Rin.

-Lo mismo digo, princesa Miku. – respondió la rubia, dirigiéndome una sonrisa que me pareció algo débil.

-Hija, ¿Quieres guiar a nuestros invitados a sus habitaciones? – me preguntó mi padre, y yo asentí sonriendo.

-Por supuesto. – respondí. – Síganme por favor.

Los demás sirvientes se encargaron de guiar al séquito de los príncipes a sus habitaciones, mientras yo me concentraba en ser hospitalaria con mi futuro prometido y su hermana. Me sentía un poco nerviosa al saber que estaba caminando junto al que debía convencer de proponerme matrimonio. Sin embargo, a pesar de que el príncipe Len me parecía atractivo, no podía evitar pensar que mis expectativas habían sido un poco diferentes. Me esperaba un hombre alto y de hombros anchos, alguien un poco mayor. Estoy consciente de que no debería pensar en esas cosas, soy una buena princesa, y el príncipe Len es de mi misma edad, estamos hechos el uno para el otro, ¿no? Después de todo, eso es lo que dice mi madre.

-Ya llegamos. – anuncié, deteniéndome a mitad del pasillo, frente a dos puertas – La puerta de la derecha es su habitación, princesa Rin. – dije, dirigiéndome a la rubia, y a continuación me dirigí a su hermano – Y la puerta de la izquierda es su habitación, príncipe Len.

-Muchas gracias por su hospitalidad, Alteza. – me dijo el príncipe, con una sonrisa, ante la cual me sonrojé.

-No es nada, siempre queremos ofrecer lo mejor para nuestros invitados. – respondí, repitiendo el guión que había ensayado tantas veces durante esa semana – Tendrán todas las comodidades necesarias, mis sirvientes están a su disposición para cualquier cosa.

-Entonces, ¿volveremos a vernos en el recital? – preguntó él, sonriente – Estoy ansioso por escucharla tocar.

-Prometo no decepcionarle, Alteza. – respondí, antes de despedirme y marcharme hacia mis aposentos para prepararme.

Tomé un lujoso baño con varios aceites y sales, las mucamas perfumaron mi cabello y me ayudaron a recoger mis dos colas habituales con listones negros. Finalmente, luego de casi asfixiarme con el corsé, y ponerme el resto del vestido, me miré en el espejo y aprobé mi imagen. Me veía exactamente como lo que debía ser: una tierna niña llena de gracia y talento. Los nervios me carcomían, pues sabía que esta noche, todo debía ser perfecto. Respiré hondo y me di la vuelta para salir de mi habitación, pero algo en mi mesita de noche captó mi atención. Era una pequeña nota doblada a la mitad, y me acerqué hasta ella movida por la curiosidad.

¿Lista para una aventura? Ven a tomar una taza de té en el jardín, después de cenar. Confía en mí, no te haré daño.

Eso era todo lo que tenía escrito. No obstante, un rostro se dibujó inmediatamente en mi mente: aquél cubierto con una máscara blanca. Escuché pasos detrás de mí, eran las mucamas llamándome, así que guardé la pequeña nota en el cajón de la mesita. Me dije a mí misma que pensaría sobre eso luego, en ese momento tenía que concentrarme en mi trabajo.


(Kaito POV)

La sensación que tuve cuando vi a mi princesa pararse sobre la tarima con valentía y tocar es indescriptible. Estaba más bella que nunca, y me sentí celoso de saber que ella se estaba esmerando especialmente para el príncipe. No, no eran celos, eso implicaría que me importa la princesa como algo más que un objetivo. Será mejor que olvide esa parte, como si nunca llegué a pensarla. Lo cierto es que la palabra "belleza" adquirió un nuevo significado para mí. Tuve que resistir la tentación de correr hasta ella y llevármela para hacerla mía. La manera en que tocaba era casi mágica. Mi pecho se infló con orgullo al escuchar la melodía Cantarella, interpretada con una mayor perfección incluso de la que yo podía aspirar.

Cuando terminó el magnífico recital, todos los presentes, incluyéndome, aplaudimos de pie. Las mejillas de Miku se tiñeron de un adorable tono rojizo, mientras sonreía y realizaba una agraciada reverencia. Cuando bajó de la tarima, los reyes fueron los primeros en acercarse a ella para felicitarla, seguidos de los miembros de la corte. Luego, para mi desagrado, el príncipe Len se dirigió a ella con galantería y beso su mano, provocando que mi princesa se sonrojara aún más, y que la sangre en mi sistema comenzara a hervir. La princesa Rin también se acercó a Miku y la felicitó con una sonrisa, seguida del resto de su séquito. Finalmente, cuando no quedaba nadie más, sus ojos verdes se detuvieron sobre mí. Reprimí mis instintos y forcé una sonrisa amistosa en mis labios mientras ella caminaba hacia mí.

-Felicidades, Alteza. – le dije, inclinando mi cabeza hacia ella en un gesto cordial – Me ha enorgullecido. Ella miró a su alrededor, y al comprobar que no había nadie prestando atención, me sonrió aún más ampliamente.

-Gracias, Kaito. – me dijo, con ese tono rosado de su rostro encendiéndose un poco más – Sin tu apoyo, no habría podido hacerlo.

¿Me estaba tratando de decir que yo le había ayudado a conquistar el corazón del príncipe Len? Oh, vaya, qué honor.

-Me siento honrado, pero yo no tuve nada que ver. – respondí, reprimiendo la amargura de mis pensamientos – Miku, posees un talento grandioso. Lo habrías logrado con, o sin mí.

-Al contrario, tu apoyo y tu confianza en mí me dieron la valentía necesaria para subir a esa tarima y tocar con todo mi corazón. – dijo ella, provocando que un sentimiento extraño comenzara a removerse en mi interior – Estoy en deuda contigo.

-Una sonrisa se reflejó en mis labios casi involuntariamente, y el color subió a mis mejillas por un mínimo instante. Esa niña estaba comenzando a hacerme sentir irreconocible para mí mismo.

-Pues yo no creo que me debas nada. – dije, zanjando el tema – Si me disculpas, tengo algo importante que hacer. Nos vemos en la cena.

Me despedí de ella y me apresuré a preparar mi pequeña trampa. La cena iba a servirse a las siete en punto, tenía que asegurarme de que todo estuviera listo para regresar sin levantar sospechas. Lo que no llegué a saber en ese momento, era que alguien más seguía mis pasos con curiosidad.


(Miku POV)

No pude evitar sentir la curiosidad atacarme cuando Kaito se marchó. Mi consciencia me gritaba que no debía inmiscuirme en asuntos donde no me llamaban, pero mis pies se movieron por cuenta propia, siguiendo sus pasos. Me aseguré que nadie me estaba mirando antes de escurrirme con sigilo en el pasillo. Kaito primero bajó a la cocina, la cual se encontraba en revuelo con los preparativos de la cena, y me escondí fuera para no ser vista. Él salió de allí con una taza de té hirviendo en sus manos, y se dirigió al jardín. Mi corazón se detuvo, pensando inmediatamente en la pequeña nota que había encontrado en mi mesita de noche. Intenté seguirle, pero en ese momento un sirviente salió de la cocina y me miró.

-¡Alteza! – me dijo él, sorprendido, tratando de recuperar el equilibrio con los platos y copas que llevaba en brazos - ¿Qué está haciendo en éste lugar?

-Eh… yo… pues… - comencé a vacilar, tratando de inventar una excusa a toda velocidad – Em… ¡Quería verificar que todo estuviera listo para la cena!

-No se preocupe, ya todo está preparado. – me respondió el sirviente, sonriendo aliviado – Por favor, vuelva al salón, las puertas del comedor se abrirán en cualquier momento.

-Oh, de acuerdo.

Comencé a andar el camino de regreso, y atisbé la figura de Kaito regresando del jardín. Me apresuré para llegar primero que él, para evitar que sospechara. Me mezclé entre los nobles, fingiendo conversar con alguien, y de reojo observé la llegada de Kaito, quien parecía algo agitado. Sus ojos se clavaron en los míos por un momento, lo que me hizo temblar con temor momento, pero luego los desvió y comenzó a hablar con otra persona. Un minuto después, las puertas del comedor se abrieron y pasamos a cenar. La comida era abundante y magnífica, un despliegue de lujo destinado a impresionar a nuestros visitantes. Mi asiento asignado estaba cercano al de los príncipes, de forma que pudiera mantener una conversación amena con él. Kaito estaba sentado cerca de mi padre, pero igualmente pude sentir sus ojos clavados en mi persona durante toda la cena. Era incómodo en extremo sentir la intensidad de su mirada mientras intentaba mantener una conversación con el príncipe Len. Fue una suerte que él estuviera mucho más interesado en hablar con su hermana que conmigo, de forma que no tuve que concentrarme mucho.

Al terminar de cenar, exactamente a las ocho en punto, Kaito fue uno de los primeros que salieron del comedor. Los príncipes y su séquito, así como el resto de la corte, se despidieron y se dispersaron hacia sus habitaciones para comenzar a prepararse para dormir. Por mi parte, mis pies me llevaron casi involuntariamente hacia el jardín. Las palabras escritas en aquella nota se repetían constantemente en mi mente. ¿Tomar el riesgo? ¿Una aventura? Acaso, ¿debía confiar? ¿Eso quería decir que el que había dejado la nota era Kaito, y no el enmascarado?

Llegué a la mesita del jardín, con sus dos sillas, donde Kaito y yo pasamos toda esa semana mirando los atardeceres. Allí, en la superficie de madera, estaba una taza de té, que ya no humeaba, junto a una pequeña nota, idéntica a la que estaba escondida en mi habitación.

Lamento no poder llegar a nuestra cita, pero le prometí una taza de té, y la tendrá. Espero que no esté muy fría. Dejemos que comience la aventura.

Miré la taza, sintiéndome totalmente confundida, mis pensamientos girando en un vórtice de recuerdos. ¿Quién era el enmascarado? ¿Qué tenía que ver Kaito en todo esto? ¿Debía tomarme el té? Sabía que no era una taza cualquiera. Mi vida bien podía cambiar para siempre, era un presentimiento que tenía. Una sospecha comenzó a formarse en mi mente. ¿Sería Kaito el enmascarado? No parecía ni remotamente posible, eran como dos personas diferentes, pero tampoco era totalmente imposible.

Toda mi vida me había quejado de mi monótona y pesada vida de princesa. Quizá, después de todo, era hora de tomar un pequeño riesgo. Tomé la taza en mis manos, notando que se había enfríado, y respiré muy profunda y lentamente el aroma que emanaba de ella. No olía sólo a las hierbas de siempre, había algo más. No era una esencia del todo desagradable, parecía incluso atrayente. Tomé un pequeño sorbo, y el sabor casi adictivo golpeó mi lengua, instándome a probar más y más. Finalmente, cuando comencé a sentirme mareada, vi el fondo blanco de la taza. Me sentí desfallecer lentamente, y creí sentir un par de brazos fuertes sostenerme, justo antes de que mi visión se volviera totalmente negra.


Fin del cuarto capítulo.

Nos estamos acercando al gran final. Calculo que serán unos tres capítulos a partir de ahora. Espero que les haya gustado el capitulo! =3 Supongo que era un poco obvio que iba a traer a Len y a Rin... pero aviso que esta historia no sera RinxLen, a ellos los voy a dejar como un par de gemelos increiblemente unidos.

Aprovecho para responderle a Anis, porque como es usuario no registrado no puedo responder sus reviews: te agradesco por tus reviews, me alegra que te guste la historia =)

And for Kokiko: Thanks! I hope Miku doesn't sound too old... I don't know her real age, but in my story she is supposed to be 17. I hope you are enyoing my story :)

Matta-ne!