Capt. 6

Pasaron los días y Candy se ponía cada vez mejor, ya podía salir de su habitación y daba pequeños paseos por el jardín, recorría los rosales rojos y disfrutaba de su aroma, de vez en cuando recogía los pétalos para su té, Albert siempre la acompañaba y Candy era feliz de estar con el, le encantaba ver como sus ojos azules le hablaban sin voz, esas cosquillas que sentía al estar cerca de el, poco a poco se fue haciendo adicta al timbre de su voz, de su aroma y de su presencia era su mejor medicina, le encantaba sentarse en la hierba y verlo jugar con Jimmy como un niño, su risa era su melodía preferida

Por otro lado Albert abría sus ojos todas las mañanas pensando en su ángel rubio, salir a caminar con ella sentirla cerca, percibir su aroma, ver esos ojos verdes iluminados y como lo observaban con curiosidad y lo ponen nervioso, hacerla reír y escuchar su melodiosa risa para llenar su corazón hasta rebozarlo, tenerla cerca era como estar en el paraíso o el más maravillosos de los sueños y no necesitaba despertar nunca.

Pero ya habían pasado diez días y el Doctor regresó.

-hola Doctor, ¿viene a ver a la Srita. Candy? - preguntó Ruth.

-hola Ruth, pues no, vengo por Albert, pero pasaré a ver como esta Candy.

-están en el jardín trasero, cerca del lago.

-voy ara allá, gracias Ruth.

Al llegar ve a Candy sentada en una silla debajo de una sombrilla, Albert sentado al pie de la silla de Candy en la hierba, viendo muy contentos a Jimmy escapar de un ganso, al parecer Jimmy lo quiso atrapar y el ganso se enojo y lo estaba persiguiendo.

-hola!, parece que la están pasando muy bien - saludo el Doctor.

-hola Doctor, ¿Cómo está?, como ve ¡yo estoy muy bien! - dijo Candy muy feliz.

-si ya te veo un poco más bronceada, te hace muy bien, y tu Albert ¿Cómo estás?

-muy bien Doctor, pero yo no estoy enfermo.

-si lo se, solo vengo a pedirte que me acompañes creo que ya es tiempo.

-¿tiempo? ¿de que? - pregunto Candy asustada poniéndose de pie.

Albert también se puso de pie y tomando la mano de Candy, - no te preocupes, solo es algo que tiene que ver con mi familia el Doctor conoce mi pasado y creo que ya es tiempo de enfrentarlo.

-pero te iras otra vez, y me dejaras, sola, y yo ….yo… te necesito - dijo Candy viendo esos ojos azules con angustia sin saber porque se sentía así.

Al escuchar esas palabras Albert sintió su corazón latir mas fuerte y miraba esos ojos verdes apunto de dejar escapar lágrimas, quería abrazarla, besarla, cargarla y protegerla no quería separarse de ella pero tenía que hacerlo tenia que saber quien era el para poder ofrecerle todo lo que el era y se un hombre completo para ella y dejar de ser un don nadie, lo haría por ella.

- no tardaré mucho, solo unos días los necesarios y te prometo que pronto volveré, te lo juro - y Albert beso las manos de Candy y se dirigió a su habitación.

Esa misma tarde Albert se preparó, tomo su mochila y salió con el Doctor rumbo a su destino, por la ventana de coche miró el balcón de la habitación de Candy y vio a su ángel parada diciéndole adiós con una mano y la otra en el corazón, a lo lejos creyó ver en sus ojos lágrimas rodar por sus mejillas.

-volveré pronto, lo prometo - dijo Albert y el auto se perdió en el camino.

Candy que estaba en el balcón no se movió hasta que ya no pudo ver el coche y volteo a ver su rosa en el vaso del buró, sus pétalos blancos ya se habían marchitado pero en su tallo había tres brotes, Candy tomo el vaso y bajo las escaleras, fue al jardín y ahí estaba Jimmy con su papá.

Hola, ¿usted cree que pueda plantar este brote y crezca? - le pregunto Candy al Jardinero.

-no lo sé - respondió - pero podemos intentarlo.

Y feliz Candy vio como Jimmy y su papá plantaban el tallo de la rosa que Albert le dio.

Albert estaba nervioso, no se acordaba de ninguna tía, el camino duro como 3 horas, no fue mucho en realidad pero para el fue demasiado todo el camino pensó en ella en su fragilidad, su ternura, sus ojos, su naricita respingada y su boca coqueta, expresiva, deseable, dios ya la estaba extrañando y todavía no llegaba a su destino. Al llegar se dio cuenta de que reconocía aquella casa, la entrada empedrada, esa enorme mansión de no se cuantas habitaciones, al llegar a la entrada y bajar del auto ya lo esperaban en la puerta, muy formales, los sirvientes, y los saludo.

-hola, buenas tardes.

- buenas tardes Sr. Andrey - contestaron todos al mismo tiempo.

-por aquí Señor, la Señora los esta esperando - Y el mayordomo los guió hasta el despacho, pasaron por el recibidor con una pequeña salita de espera hacía el costado derecho y llamo su atención un gran florero que estaba en una columna en una esquina con un gran ramo de rosas de color rosas y rojas, y se acordó de Candy al pasar a la siguiente habitación que era un gran salón con ventanas muy altas y tenia un aire cálido a pesar de ser tan espacioso al frente del otro lado del salón una hermosa escalera que ascendía y al llegar al descanso se separaba hacia la derecha e izquierda subiendo por los costados suponiendo ir hacia las habitaciones, caminaron justo detrás de las escaleras por el costado derecho, Albert se percató que al otro lado estaba un gran comedor y supuso que tal vez la cocina estuviera por ahí, al llegar a una puerta grande con unos hermosos dibujos tallados en ella el pensó que habían llegado al despacho, pero doblaron hacia la derecha otra vez y pasaron por una puerta más sencilla, y ahí estaba la tía sentada detrás de un gran escritorio, en su mirada se podía ver que lo estaba esperando y se veía feliz de tenerlo por fin.

-Albert, ella es tu tía Elroy Andrey, hermana de tu padre - presento el Doctor - Sra. Elroy aquí esta, William Albert Andrey, su sobrino.

Albert no lo podía creer, su corazón sentía miedo, no por temor si no por la incertidumbre, se sentía abrumado, la tía Elroy no perdió tiempo salió detrás del escritorio y corrió a abrazarlo, el seguía inmóvil.

-mi niño, pero si eres igual a tu padre, ven, por favor ven, tengo algo que enseñarte - dijo jalándolo fuera del despacho.

Y lo llevo hacia la gran puerta que había llamado su atención desde el principio, al entrar reconoció el olor, si el olor a libros, su padre le leía libros todas las tardes, y reconoció el sillón mientras lo tocaba, un sillón café frente a la chimenea su lugar favorito cuando tenía 6 años, sobre la chimenea estaba un cuadro de sus padres ella era hermosa, bella y rubia con los ojos color miel y le pelo lacio pero recogido en un peinado sofisticado, y su padre, por dios, si era igual a el, mismos ojos azules, pelo rubio y un leve bigote. Al parecer el cuadro representaba el día de su boda por la ropa, ella de blanco con un pequeño ramo de lilis y el de frac negro y elegante, se veían felices.

-papá…- dijo Albert con sus ojos a punto de las lágrimas.

- si hijo, y si me das la oportunidad te enseñaré tantas cosas para que tomes tu lugar en la familia - dijo con orgullo y lágrimas también la tía Elroy.

- yo no se que decir.

-vamos Albert este es tu lugar y si quieres a Candy tienes que llegar a ser el mejor para que la puedas proteger y cuidar - dijo el Doctor.

- si, lo haré por Candy y por mi.

Y la tía Elroy abrazo tanto a su sobrino que tanto había esperado.

Albert pensó que podría regresar pronto a la casa del lago, extrañaba a Candy estaba en su habitación le habían dado la principal, era enorme, cama king zise, cabecera y buroes color maple, con dosel y lienzos colgados del techo hacia los lados de la cama, un tocador con un gran espejo y seis cajones tres a cada lado, una pequeña salita de dos sillones y una mesita de centro y una gran ventana con balcón, se sentía solo se dejó caer de espaldas en la cama y algo le lastimó, se levanto y vio que era su mochila, la abrió y saco el libro de poesías, un libro maltratado por el tiempo y decidió leer un poco, durante todo este tiempo solo lo había estado paseando y ya era hora de que leerlo, al abrirlo en cualquier página lo primero que salio fue la rosa marchita, esa rosa por la que todo esto había pasado, sonrió y la puso en el buró y decidió leer esa página.

Mi camino

El camino nos lleva al infinito,

la vida nos hace recorrer diferentes caminos,

no importa su el camino es chiquito,

lo que importa es saber que lo recorrimos.

Si la distancia a tu lado es corta,

de tu mano con gusto la recorro,

no me importa contigo tomarla,

aunque solo en mis sueños te añoro.

Deseo con pasión en mi corazón,

a tu lado estar y darte mi amor,

si el camino me hace perder la razón,

gritaré al cielo con dolor.

Porque un ángel me iluminó,

y un camino me señaló,

por amor mi cuerpo hacia ti caminó,

y mi alma contigo voló.

Mi sonrisa es tu mirada,

mi vida es tu aliento,

mi camino es una vereda,

mi amor estas aquí, te siento.

Albert terminó de leer ese poema y se recostó, cerro los ojos y más que nunca en ella pensó… Candy.

Continuará….

Hola!, espero les haya gustado, el poema también es de mi invención siempre he pensado que la vida es como un camino que nadie puede recorrer por ti, se cruza con otros y así conocemos gente y tomamos decisiones, lo malo es que una vez recorrido no podemos regresar así que lo caminado hay que hacerlo con decisión…

Claridad bueno muchacha es que no me salen más largos, pero trataré.. Besos.

Roni de Andrew si en realidad en el me base, esta lindísimo verdad? Besitos.

Mily muchas gracias y espero que sigas leyendo un gran beso.

Calemoon nena, no te olvides que la rosa tiene mucho que ver y veras el deseo se cumplirá chaca cha caaaaaannnn! Jijiji besitos.

Magdy pues si, me tarde un poquito pero ya llegueee, un abrazote y besos.

Usagui13chiba claro que no se quiere despegar de ella, algo esta pasando en su corazoncito… besos amiga.

Y besos a todas las que leen y todavía no se animan a escribir….. Su amiga Veronica.