INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA TRAMA SÍ
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AGUANTA CORAZÓN
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CAPITULO 19
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Habia dormido tan profundo como si no tuviera problemas o responsabilidades.
O peor aún, detenerse a pensar en lo que había hecho.
Kagome abrió los ojos y se encontró en su habitación sola. Las sabanas estaban hechas un revoltijo y cierta luz clareaba por las rendijas de la pequeña ventana.
Se llevó las manos a la cara, no estaba segura si sentirse avergonzada o desolada porque Bankotsu se fue cuando ella dormía.
Pasó sus manos por el lado donde hasta hace poco él estuvo recostado.
Se sentía estúpida porque le hubiera encantado despertar en los brazos del hombre que le hizo el amor tan apasionadamente la noche anterior.
Ni siquiera estaba segura porque lo hicieron, ya que él vino rabioso.
― ¡Él ya sabe que Tanner es su hijo! ―se levantó como un resorte al recordarlo
¿Y ahora qué haría?
No podía huir porque sabía que Bankotsu la buscaría para quitarle a Tanner de ser necesario, así que debía quedarse, pero tampoco estaba segura ya que Bankotsu no le dijo nada. Ni siquiera sabía si quería hacerse responsable por Tanner.
Kagome se sacudió la cabeza.
―Él está avergonzado, por eso huyó en la madrugada…
La mujer se levantó y comenzó a recoger sus ropas del suelo para arrojarlas a la canasta. Se echaría una buena ducha para relajarse y pensar.
¿Cómo se supone que debía verlo a los ojos?
Trabajaban juntos y tenían mucho pendiente, ya que Bankotsu acababa de hacerse con todas las acciones a excepción de las que poseía Naraku.
Esperaban su alerta en cualquier momento, pero Kagome no sabía si debía ir. Se rozó los labios, mismos que Bankotsu besó con tanta pasión y dulzura ¿Qué buscaba haciendo eso?
Lo que logró es que la confusión en su mente se acrecentara. Ella lo quería y que él hubiera hecho eso la descolocaba por completo.
Mientras se duchaba no dejaba de pensar, principalmente en la conveniencia de presentarse en la oficina. Decidió que se presentaría, aunque sea para hablar con él.
Y de hecho que podía pasar cualquier cosa. Bankotsu ya pudo haber ordenado prohibir que ella entre al edificio. Millones de escenarios la azotaban, pero todas indefectiblemente conducían a la única verdad que le pertenecía: Tanner era su hijo y Kagome lo quería, pero no confiaba en él y en sus intenciones legitimas por mas apasionada noche que hubieran pasado juntos.
Terminó de vestirse con uno de sus trajes sastre, se peinó y quedó mirándose un momento en el espejo.
Viéndose estaba segura que lo de anoche fue un error, Bankotsu nunca la escogería en su sano juicio. No era bella ni dueña de uno de esos cuerpos increíbles de las mujeres que pasaron por su vida, como vio en fotos de archivo de Google. Para que ir más lejos, el príncipe de Manhattan tenía una bellísima prometida.
Volteó la mirada y cogió el bolso, dispuesta a salir a preparar el desayuno.
Pero apenas salió, se topó con la mesa servida con abundante zumo de naranja recién exprimido, hot cakes con mucha salsa, huevos con bacon y café americano oloroso.
También cereal con leche para Tanner, quien ya estaba sentado degustando su plato.
Sango en la estufa fritaba los huevos.
Por la mirada de ambos y el silencio que se instauró, era claro que sabían algo.
Tanner la miraba suspicaz mientras ella se acercaba a darle su beso mañanero.
―Espero hayas dormido bien, mami.
Kagome se horrorizaba de pensar en los alcances de aquella frase de Tanner.
Al pasar junto a Sango, ella si le sonrió de forma traviesa ya que Tanner se encontraba de espalda a ellas.
― ¿Y cómo la pasaste anoche…? ―le susurró haciendo que Kagome casi se atragante con el café que había cogido.
La mujer enrojeció.
― ¿Qué…?
―Y no puedes negarlo, ya que tanto yo como Tanner no estamos sordos.
― ¿Tanner se dio cuenta? ―Kagome se llevó una mano a la boca
― ¡No hace falta que susurren, que las oigo! ―exclamó el niño sin dejar de saborear su desayuno―. Anoche aprovechamos la tarjeta de Bankotsu y compramos mercado como para dos meses ―rió el pequeño.
―Hijo, puedo asegurarte que no fue mi intención faltarte el respeto …―Kagome se volvió hacia su hijo, sumamente avergonzada, pero el niño mantenía la calma.
―Bankotsu me cae bien y no se parece en nada a los perdedores como Koga. Es mi amigo ―dijo el niño como si nada, haciendo que a Kagome casi se le cayera la quijada―. Además, él no está tras tu dinero que sabemos no tienes o peor el del abuelo, ya que mi amigo Bankotsu es mil veces más rico. Si se quedó anoche es porque está tras de ti, mamá
Tanner tenía un sentido común que ella no tenía.
Aunque Kagome hubiera querido que así sea, ella no podía estar segura de lo último ¿Por qué alguien Bankotsu estaría tras de ella?
Lo de anoche para él fue un error y el asunto con Tanner seguro no sería agradable de resolver.
―No tengas miedo, Kagome…si tu propio hijo te ha dado permiso ―fue Sango quien le habló desde atrás.
En eso, sonó el timbre y Kagome se levantó como un resorte.
― ¡Yo abro!
¿Podría ser Bankotsu?
Se estiró la falda y acomodó su cabello mientras Sango y Tanner le hacían gestos de aliento.
― ¡Tú puedes mamá!
― ¡Ve por todo, Kagome que me debes una larga conversación de chicas después!
Kagome se acercó a la puerta con el Jesús en la boca.
Pero al abrir no se encontró con Bankotsu, sino con nada menos que Naraku Foreman.
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Resolverás todo ese libro de matemática o te quedas sin manta.
No vas a dormir hasta acabar con ese libro de economía
Ni se te ocurra volver a casa sin haber sacado un diez
Los ecos de las palabras de su padre rondaban por su cabeza. Una infancia y una adolescencia bajo la batuta de un padre severo y estricto fueron la constante en su vida.
Él no iba a ser así jamás.
La confirmación de su paternidad fue un golpe tan duro para su ego como para sus propios sentimientos. De ser un ejecutivo al que todos tildaban como el príncipe de Manhattan que incluso vendía su consciencia por un compromiso planeado con la hija de su mayor rival para ganarle en los negocios, ahora su mundo se veía trastocado por una verdad que no podía negar.
Y no es que quería negarlo.
Tanner era una versión física en miniatura de él mismo, salvo que tenía la impronta dulce de la madre.
Sonrió débilmente recordándolo.
Tenía que volver a verlo, decirle lo que era para él…y también a su madre con quien había pasado la mejor noche de su vida y de la que tuvo que huir en la madrugada porque la culpa y el temor lo aquejaron.
Tenía que pensar que hacer y aunque quería hacerlo, no podía detestar a Kagome por ocultarle la verdad ya que él se comportó como un patán y jamás demostró ser alguien confiable.
―Pero yo no soy así…―se decía él golpeando la mesa
No iba a ir a la oficina, tenía que resolver este quebradero de cabeza antes de volver a conversar con Kagome, preferiblemente donde no hubiese una habitación cerca para evitar caer en la tentación.
Pero lo de anoche fue como la consumación de todo el deseo no confesado de su juventud cuando estaba avergonzado que la chica menos agraciada de Cheyenne fuera quien le gustara.
Moría por repetir, pero ambos tenían asuntos sin resolver. Y no era estúpido, sabía que ella lo veía con desconfianza de que se acerque a Tanner.
No iba a forzar ninguna situación, pero no quería ni podía renunciar a él…
Y tampoco a su madre…
Demonios ¿Por qué pensaba en algo tan retorcido?
Y no era retorcido en absoluto.
Bankotsu sabía que era verdad, bajo aquella fachada estaba resaltando ese amor que siempre le tuvo a Kagome y que echó raíces bajo las semillas del primer amor que siempre se negó a admitir. Ahora afloraba con toda potencia acrecentado con la admiración de todo lo que ella luchó para llevar adelante a su hijo, ganándose la ignominia de su familia.
Recordaba un pasaje de la noche anterior cuando posó su cabeza cerca de su cadera cuando notó un finísimo hilo blanquecino cerca del bajo vientre. Estaba oscuro, pero él pudo ver que se trataba de una cicatriz.
― ¿Qué pasó aquí…? ―le preguntó
Ella dudó un poco en contestar, pero él fiel a su insistencia, volvió a preguntar.
―Es una cicatriz de la cesárea que tuvieron que practicarme para que Tanner naciera…
― ¿Cómo? ―él se acomodó sobre el codo
―Fueron días muy difíciles…estaba sola y tuve que firmar la autorización cuando me retorcía de dolor en la cama, ya que ni mi hermana ni mi padre fueron al hospital por mí. Fue un parto complicado porque el bebé era enorme…
Bankotsu se sintió pésimo.
Kagome lo había pasado tan mal, tanto anímica como económicamente, trabajando muchas horas diarias para alimentar a su niño, desconociendo el cansancio y los problemas.
Esa mujer era tan digna…
Si tan sólo él hubiera sido un poco menos estúpido con ella, quizá le hubiera contado la verdad.
Imaginaba las estrecheces y privaciones que tuvo que pasar.
Sonreía con lágrimas en sus ojos al rememorar a su hijo, un niño con una inteligencia privilegiada que era más listo que él mismo.
Que orgullo paternal sentía y eso que había visto poco al chiquillo, pero lo suficiente para crear un vínculo.
En eso el timbre comenzó a sonar con insistencia.
Bankotsu se levantó.
Esperaba que fuera Kagome, aunque no lo esperaba ya que ella no sabía su domicilio privado.
Pero se topó con Hiten Sanders en la puerta.
― ¡Dioses! He intentado llamarte muchísimo, pero tienes el móvil apagado ―reclamó Hiten pasando por su lado.
Bankotsu recordó haberlo apagado hasta resolver el desastre en su cabeza.
―Lo siento, pensaba tomarme el día libre…
― ¡Pues al parecer todos en tu oficina piensan lo mismo! Porque fui a buscarte y ni siquiera tu secretaria apareció, sólo estaban los chicos de los cubículos…
―La compañía puede seguir funcionando, aunque me ausente un día…―se justificó Bankotsu
― ¡Nada de eso! Tenía que decirte algo gravísimo.
― ¿Qué?
―Como sabes, estamos en una etapa crítica con el golpe de empresas de maletín que hicimos para comprar las acciones de todos…y le puse vigilancia a Naraku Foreman porque sabía que se nos vendría la hecatombe cuando el hombre se enterase de que además de él, el único accionista que queda eres tú y mi asistente me llamó a avisar que hay movimientos extraños en la oficina.
―Ya lidiaré con Naraku y con su hija…pero tengo un asunto personal que resolver.
― ¿Qué asunto personal? ―preguntó Hiten extrañado―. Lo que sea puede esperar, ya que el vigilante me ha avisado que Naraku se desplazó a Queens esta mañana ¿adivina dónde? ¡a la casa de tu secretaria! ―al oír eso Bankotsu levantó la cabeza―. Solo se me ocurre que irá a chantajearla por información …o hasta se me ocurre que intentará llevarla a sus huestes ¡ese hombre está yendo a por todo!
Aquella noticia era mortífera.
Naraku nunca daba puntada sin dedal y mientras Hiten seguía hablando de sus miedos por el negocio que hicieron, a Bankotsu le venía a la mente otra más aterradora.
Ese infeliz no era ningún idiota y Bankotsu se horrorizó ante lo que Naraku podía hacer.
―Naraku Foreman no fue por eso a casa de Kagome…―dijo Bankotsu interrumpiendo la diatriba de Hiten.
― ¿Qué dices?
―Ese desgraciado ya sabe que soy padre del hijo de Kagome…y fue a por ella.
Fue como si arrojaran agua fría a la cara de Hiten, quien quedó totalmente descolocado ante la información.
― ¿Perdiste la razón? Sabía que hiciste muchas tonterías, pero siempre fuiste un chico listo… ¿Cómo fuiste tan irresponsable de tener un hijo con tu secretaria? ¡Espera, nada de esto tiene sentido! ¿en qué momento nació? ¿me puedes explicar qué demonios pasa? No entiendo nada.
―No tiene sentido que no lo sepas…―Bankotsu decidió que era hora de contarle a alguien más del secreto que acababa de descubrir―. ¿Recuerdas que te pedí una prueba genética urgente…?
Y así Bankotsu comenzó a narrarle a Hiten todo lo que descubrió.
Era necesario hacerlo antes de correr hacia el piso de Kagome y ver qué demonios pretendía hacerle Naraku Foreman.
Pero estaba seguro que Naraku ya sabía que Tanner era su hijo y fue a comprobarlo con sus propios ojos.
No se guardó nada con Hiten, que antes que su abogado era su amigo.
El hombre quedó tieso oyéndolo, aunque fiel a su naturaleza letrada no dudó en recomendar: ― Estoy sorprendido con esta historia…nunca imaginé que hubieras pasado por eso. De todos modos, es mi deber como tu abogado aconsejarte sobre la conveniencia de una prueba genética.
Hiten no se atrevía a decir más que eso, porque entrar a hablarle a Bankotsu de sentimientos era irse por terreno pantanoso.
―Entonces sabes que debo ir a su casa y ver qué demonios se trae Naraku.
―Ese hombre no irá a matarla a ella ni al niño, es un ambicioso sin remedio…pero creo que deberíamos pasar primero por la oficina y verificar que no haya hecho nada, porque no sabemos si ya sabe lo de la fuga de los accionistas y está iniciando algún golpe dentro con sus secuaces de Recursos Humanos, así que es imperativo que vayas y hagas una demostración de nuevo poder ―refiriéndose a sus nuevas acciones recién adquiridas.
Bankotsu dudó un momento.
Quería regresar a Queens, pero Hiten tenía razón en que debía ir a cuidar los flancos o podría perder todo el trabajo que hizo hasta ahora. Apenas terminase la inspección correría a ver a Kagome.
Lo de la oficina no le tomaría mucho tiempo, iría a inspeccionar y poner en orden.
Se juraba a sí mismo que apenas pudiera se desharía de ese maldito departamento de recursos humanos que era tan funcional a Naraku Foreman.
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Naraku entró y paseó su asqueada mirada por el piso de Kagome.
―Así que aquí vive usted…
― ¿Señor Foreman? ―la mujer pestañeó confusa de ver a tan importante señor en su piso.
Sango y Tanner también se quedaron sorprendidos de ver a un hombre de porte de magnate malvado entrar al piso.
A Naraku no le tomó más de cinco segundos hacer contacto visual con el niño que desayunaba. Ni siquiera necesitaba hacer otra prueba genética extra para confirmar lo que su detective le dijo.
El mocoso era una copia en miniatura de Bankotsu Van Dyke.
Estuvo desplegando un plan antes de venir y más luego de que la estúpida de Kagura cometió un grave error que ahora faltaba que Bankotsu la acuse.
― ¿En qué puedo servirle, señor Foreman? ―le preguntó Kagome procurando una voz profesional bastante incomoda por la presencia de aquel caballero.
―Usted se negó a aceptar una vez lo que yo le ofrecí, señorita Darby…y es claro que era porque tenía un as bajo la manga ―respondió mirando al niño
―No sé de qué habla…y lo que sea, usted no tiene derecho a venir aquí a reclamar nada. Si tiene objeciones en mi desempeño laboral, formule el reclamo al señor Van Dyke mi jefe.
―Deje la careta de bondad…usted sabe que mi hija está comprometida con Van Dyke y yo haré lo posible para que ese compromiso siga. Ni usted ni un error del pasado vendrán a interponerse ―lo último lo dijo volviendo a mirar hacia donde estaba Tanner.
Kagome no tenía que ser muy lista para entender que Naraku sabía lo de Tanner.
¿Es posible que Bankotsu se lo haya dicho?
Se horrorizaba de pensar que fuera así.
En ese momento su móvil comenzó a sonar con insistencia y no pensaba cogerlo, pero Tanner quien lo tenía cerca le dijo que era la tía Kikyo, quien jamás la llamaba.
Naraku sonrió de lado.
―Le recomiendo que atienda, señorita Darby.
Kagome se asustó de la seguridad del señor Foreman y cogió el móvil.
― ¿Kikyo?
Su rostro enrojeció ya que Kikyo comenzó a gritarle, que Kagome no tuvo más remedio que colgar.
Naraku se sentó en una de las sillas de la sala.
― ¿Ya le dieron las noticias?
Kagome bajó nerviosamente el aparato.
― ¿Qué tiene que ver con usted…?
―Es solo una pequeña muestra de mi poder ―Naraku sonrió de lado―. Hice que suspendieran sin goce de salario a su padre y que abrieran una investigación en su contra por malversación de fondos públicos. También se le congelaron sus bienes y cuentas tanto a él como a su hermana, todo para que sepa que soy un hombre influyente y puedo cobrarme bastantes favores incluso en el pueblucho de donde vino.
Kagome nunca se llevó bien con su padre y menos con su hermana, pero nunca querría su ruina. Lo peor es que cuando ocurrió todo esto, le advirtieron a Kikyo Darby que su hermana Kagome tenía una deuda grande en New York y que se la estaban cobrando con su familia. Que el único modo de cesarlos es que Kagome cumpliera la deuda o nunca cesarían las investigaciones contra la familia de Kagome.
Es por eso que Kikyo llamó a gritar a Kagome, para reclamarle.
Naraku estuvo quieto todo este tiempo llevando a cabo ese plan para dejar sin salida a Kagome.
― ¿Qué quiere a cambio? ―preguntó Kagome
―Me alegra que posea sentido común. Solo quiero que se vaya de New York hoy mismo con su hijo, puede irse a ese pueblucho o más lejos mejor. Lo cierto es que ya no quiero verla cruzar sus caminos con mi futuro yerno. Hágalo y haré la llamada para destrabar aquella denuncia.
Kagome escuchaba, por un lado, sorprendida que un particular como Naraku incluso tuviera tentáculos con organismos públicos como para presionar una investigación.
Por el otro podía negarse y dejar que la caza de brujas se tragara a su padre y a Kikyo.
Pero Kagome no era así, ella no era como ellos.
Miró su móvil una vez.
Bankotsu no había llamado ni escrito.
Quizá siempre tuvo razón acerca de él.
Naraku se levantó y le extendió un sobre.
―Como sé que usted es una indecisa, me tomé la libertad de comprarle un billete de avión para usted y su hijo con destino a cualquier parte de este país. Usted desaparece y yo cumplo mi parte, pero debe ser enseguida, coja solo una maleta y el resto que luego se lo envíe su amiga después ―Naraku miró hacia Sango quien junto a Tanner estaban hechos piedra oyendo el chantaje de aquel hombre.
Temblando Kagome cogió el sobre.
―Demás está recordarle que no necesita acercarse a Bankotsu Van Dyke…y además no se haga ilusiones con él, en el sobre además del billete le dejo un cheque interesante para sus gastos y al aceptarlo usted también renuncia al puesto que tenía en mi compañía ¿entiende?
Kagome disimulaba su tristeza.
Esto quería decir que quizá Bankotsu se le contó a Naraku y le dio la tarea de despacharlos. Lo cual concordaba ya que no la había llamado ni escrito.
Ella preocupada y quizá a él no le importaba.
De todos modos, se encontraba en un laberinto difícil de sortear. Ella no podía permitir que acabasen con su familia, aunque ellos no merecían su ayuda ella no era ninguna sangre fría como para cargar en su consciencia que ellos lo perdieran todo, porque Naraku Foreman hablaba en serio.
Miró el sobre y su móvil.
Quizá debía llamar a Bankotsu y decirle.
¿Pero qué podría decirle que cambiara las cosas?
Él salió huyendo en la madrugada y ahora parecía escudarse en su suegro para el trabajo sucio.
Guardó el sobre en el bolsillo.
―Le doy mi palabra que me iré cuanto antes, pero ¿usted qué garantías me da que salvará a mi familia de la ruina?
―No me convertí en uno de los ejecutivos más importantes de New York por nada, así que ya lo sabe, ahora es imperativo que desaparezca de New York y no me importa si luego regresa o no, la cuestión es que no quiero verla cerca de mi compañía o mi yerno.
Naraku era un negociador nato.
Lo cierto es que la estaba extorsionando, pero lo hacía de forma tan amable y pulcra que no lo parecía. Además, le ofrecía una salida rápida para huir de lo que hizo.
―Tenemos un trato ―aceptó Kagome con sensación de estar haciendo un pacto con el diablo.
Un hombre tan peligroso como tenebroso.
Naraku Foreman salió del piso con una sonrisa de satisfacción.
Estuvo operando para causar algún perjuicio latente en la joven y que desapareciera con su bastardo. Aunque internamente temía por la reciente tontería cometida por su hija Kagura.
Él no aprobaba esos métodos, pero era imposible razonar con una mujer tan emocional como su estúpida hija. Lo hecho aparentemente no tuvo consecuencias porque Bankotsu no le hizo ningún reclamo, pero le llamaba la atención de que la envió de vuelta a Manhattan tan pronto.
Así que debía averiguar cuál era el alcance de los pensamientos de ese estúpido.
Al subir a su coche con chofer, su móvil comenzó a sonar.
Lo llamaban de la compañía, uno de sus espías de la sección de Recursos Humanos.
No le gustó nada lo que le informaron.
Aparentemente Bankotsu y su abogaducho estaban iniciando una auditoria de gestión a ese departamento, cosa que no podían hacer sin la mayoría de la Junta Directiva.
―Vamos a toda prisa a la empresa ―le ordenó a su chofer
Ya había puesto en su sitio a la madre de su bastardo, así que ahora tocaba que hiciera lo mismo con el propio Bankotsu Van Dyke.
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Bankotsu terminó de firmar las ordenes de auditoria a sabiendas que era un movimiento audaz. Él ya no necesitaba ninguna aprobación de ninguna Junta. Él era la Junta ya que junto a Naraku eran los únicos accionistas y Bankotsu era el socio mayoritario.
Su primera gran demostración de poder sería esta verificación al departamento donde Naraku tenía el mayor caudal de espías y donde se manejaba la nómina completa.
Estaba seguro que algún espía le tendría que haber avisado a Naraku a esas horas.
―Bankotsu, no puedes irte hasta terminar la posesión completa. Estas asumiendo como socio mayoritario y haciendo publica las compras de acciones ―le advirtió Hiten.
―Tengo que saber que le dijo ese hombre a Kagome.
―Sabes que Naraku intentará impugnar la compra y debes permanecer ―volvió a aconsejarle Hiten―. Quieres ir ¿pero para qué? Si es tu hijo, haremos lo necesario para darle la prestación alimenticia que le corresponda, por las vías legales. Su madre lo mantuvo oculto de ti por algo, así que te sugiero pensar lo que vas a hacer.
Bankotsu lo pensó un momento.
Hiten tenía razón y debía terminar su parte del plan, porque de lo contrario todavía había chance que Naraku lo desbaratase.
―Me quedaré a terminar el plan y enfrentar a Naraku ―anunció ―. Pero luego iré a arreglar este asunto personal.
Notó que su móvil comenzó a sonar.
Era Kagome.
―Le regresaré la llamada cuando termine todo esto ―se dijo y le cortó la llamada colocando el móvil en modo silencioso.
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Kagome bajó su móvil.
Hizo un intento de llamar a Bankotsu, pero él le cortó.
Se limpió una lagrima que amenazaba con escurrirse de sus ojos.
Él seguía siendo un patán irresponsable y era obvio que Tanner, y menos ella le interesaban.
¿Qué ayuda podría prestarle?
Era el último empujón que necesitaba para tomar la decisión y llevar a cabo el trato que hizo con Naraku.
―Tanner, prepara tu maleta pequeña. Nos vamos a ver a tu abuelo y a tu tía.
― ¿En serio iremos a Cheyenne?
― ¿En serio harás lo que te dijo ese viejo loco? ―le preguntó Sango.
―De momento lo único que sé es que debo ir a ver a mi padre…y arreglar esto.
Tanner salió corriendo hacia la habitación a preparar su maleta, canturreando pensando que el inesperado viaje eran vacaciones.
Cuando las dos mujeres quedaron solas, Sango se le acercó a su amiga.
―Ya basta de tanto secreto ¿Cuándo vas a admitirme que Bankotsu es el padre de Tanner?
Kagome abrió sus ojos con sorpresa. Cierto que pensaba decirle la verdad a su querida Sango, pero aparentemente ella ya sacó sus propias conclusiones.
― ¿Cómo te diste cuenta…?
― ¡Es obvio! Ayer los vi y eran idénticos y ya después de eso, sólo me bastó sacar cuentas y recordar detalles de aquella noche.
Kagome cogió la mano de su amiga.
―No me malinterpretes…anoche pensaba contarte la verdad hasta que fuimos interrumpidas.
―Sí, sí y tanto que te volviste a acostar con él ¿no? ―ironizó la joven.
―Shhh, Tanner no sabe nada…y así como va, creo que permanecerá de esa forma ya que viste como huyó esta madrugada y luego aparece este suegro suyo a amenazarme que hasta pienso que podrían estar confabulados.
―Eso no puedes saberlo.
―Pero sea lo que sea, debo ir a Cheyenne y arreglar el problema de mi familia. Ese Naraku Foreman es un sujeto de cuidado y no quiero exponer a Tanner…―eso ultimo Kagome lo dijo en voz más baja porque ya casi no podía evitar que algunas lágrimas se le escaparan.
Sango la abrazó.
―Amiga mía, no llores por hombres miserables que no saben lo que quieren…―la joven le acarició el cabello―. Yo iré con vosotros, así que tendrás que comprarme un billete del cheque que te dio ese viejo tenebroso porque no dejaré que vayáis solos a ver a la bruja de tu hermana y al tacaño de tu padre.
Kagome se apretó con más fuerza a Sango.
― ¿Y tu trabajo…?
―Al diablo, ya veré que consigo al regresar ―Sango se soltó―. Y tenemos poco tiempo, así que iré a preparar mi bolso. Ve tu a hacer lo mismo.
Kagome, sonreía en medio de aquellas lágrimas. Se limpió la cara con las manos.
Y Sango tenía razón.
Debía prepararse para salir cuanto antes al aeropuerto para coger el vuelo a Cheyenne.
El billete para Sango lo compraría desde la app de vuelos.
Miró de vuelta su móvil, pero ninguna señal de Bankotsu.
Suspiró resignada.
Nunca contó con él…y aparentemente nunca lo haría.
CONTINUARÁ
BESOTES INFINITOS PAULITA, MI BENANI0125, SAONE TAKAHASHI (DOBLE BESOTE JAJA), LUCYP0411, CONEJA, IMAG04 MIS HERMANITAS. Y AL HERMANITO MANU, que bueno que pudiste conservar el perfil, pero no recuerdo tu user.
Ya entramos en recta final hermanitas.
Ya les advertí que sería un fic sencillito y tranquilo antes de prepararnos para otro lleno de drama jajajaja.
Esta semana se termina.
Paola.
