Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.
Notas: Una enorme disculpa por la espera, pero más vale tarde que nunca. Ahora sí abróchense los cinturones que lo mero bueno empieza a partir del siguiente capítulo.
Capítulo 3:
Acto de amabilidad
Tayuya arrugó el ceño y no pudo evitar sentir la vejiga llena. Había sido mala idea haber bebido tanto en la habitación del hotel.
—Mierda —masculló—. Necesito orinar.
Menma le observó y luego retomó la atención al frente, ignorando la urgencia de la pelirroja. No iba a dejar de conducir, suficiente tiempo había perdido escuchando el problema de Sakura. Era verdad que como agente activo de Paradise, una organización dedicada al cuidado y protección de las Veenas —e igualmente agentes especializados en el espionaje y las Honey Trap—, cuya prioridad era el reclutamiento de éstas, Menma se hallaba en medio de una misión. Debía llevarle el informe a Kakashi, su superior.
Le había dado indicaciones a Sakura, pero la mujer se había portado tan histérica que no tuvo otra opción que decirle que si no le permitía hablar o siquiera seguir sus consejos, no volviera a hablarle. Una vez que se encontrara en la sede informaría a agentes desocupados sobre la situación, por supuesto, si encontraba algunos disponibles; todo Tokio estaba lleno de Veenas, miles de quejas respecto a ellas eran recibidas, así como los avistamientos de abusos a éstas en pleno día. Por ahora, lo mejor que podía hacer, a modo de favor a la Haruno, era pasar la solicitud e intentar que se resolviera lo más rápido posible.
—¿Es que no me escuchaste? ¡Quiero orinar!
—Hazlo en cualquier lado, menos en mi auto —dijo con el ceño fruncido, demasiado ocupado en manejar que en ponerle atención a las tretas de la pelirroja.
—No te cuesta nada en llevarme a un autoservicio. Voy a reventar. Y tu precioso auto quedará hecho mierda.
—Ni se te ocurra.
—¡Entonces llévame a un baño!
—Tsk —Menma gruñó sin tener otra opción. Tayuya cumplía lo que decía y no andaba amenazando en vano—. Bien, te llevaré a un lugar dónde orines. Creo que había un terreno baldío por aquí…
Tayuya, sin dejar de apretar las piernas, observó al Uzumaki como si estuviera bromeando.
—¡Estás idiota si piensas que voy a orinar en un lugar abierto!
—¿Entonces a dónde quieres que te lleve? Estamos en la Zona Oeste, no hay lugares gratis y lo sabes. No voy a meterme al Eleven a comprar un chicle para que entres a orinar.
Ella mordió su labio, conociendo a Menma éste hablaba en serio. De no ser urgente Tayuya ni siquiera le habría pedido tal cosa al agente, pero de verdad necesitaba orinar. Miró a los alrededores, buscando algo que le resultara familiar. Conocía a muchas personas, quizá podría encontrar a alguien que le prestara un baño.
—Espera, conozco esta calle —señaló al alzar la mano hacia un cruce—. Un conocido mío tiene un negocio. Llévame ahí.
—¿Qué tan conocido?
—Deja de desconfiar tanto, mierda, y solo conduce. Es un buen sujeto.
Menma volvió a chasquear la lengua, no viendo otra salida al asunto. Era eso o aventurarse a esperar cuánto podría soportar Tayuya sin mojar el asiento. En cuanto el semáforo cambió a verde, tomó el caminó que la pelirroja le señalaba.
Tenían rato en estar callados e Hinata no decidía si dejar llevarse por la lujuria que doblegaba su voluntad en aquellos momentos o mantener la cabeza fría y rechazar la oferta por parte de Gaara.
Negar que no necesitaba aquel alivio era engañarse. La reacción corporal indicaba que si no decidía qué hacer, las consecuencias le costarían. O peor, podría meter a Gaara en problemas. Por más que se recordaba que no era lo indicado, tener sexo con un desconocido —aun cuando en un principio, en medio de su desesperación por escapar de aquel par de maleantes, le insinuó al pelirrojo pagarle con sexo con tal de que éste la salvara— no era la respuesta adecuada. Era una Veena, sí, pero también era un ser humano con sentimientos y raciocinio.
Había tenido que atravesar por ese tipo de circunstancias muchas veces, dejándola humillada y con esa sensación de suciedad al final; el privilegio de elegir se le denegó en cuanto Gato le dio la bienvenida a su escondite. Le resultaba complicado a Hinata hacer una elección ahora que contaba con la libertad para hacerlo.
—De verdad te estás tomando tu tiempo —dijo Gaara con su ronca voz. Aparentaba estar tranquilo, pero en serio apenas podía controlarse.
El aroma de Hinata era delicioso e increíblemente tentador. No era la primera vez que tenía a una Veena así de cerca, pero jamás había presenciado un dulzor como el de ella. Tenía toques de los cuales nunca imaginó sentirse tan atraído y su figura era un extra que amenazaba con sumir su mente en un estado de locura. Pero se repetía que debía esperar a la respuesta de la mujer.
Tal cómo Gaara le había dicho, no iba a tomarla, no sin su consentimiento o hasta que ella eligiera. Si al final elegía inyectarse el suero que en un principio él iba a tomar, se lo daría. Tendría que quedarse en el baño por un tiempo para hacerse cargo de su problema, pero nada de lo cual preocuparse.
Supuso que Hinata escogería lo más conveniente, pero se estaba tomando su tiempo, como si de verdad estuviera reconsiderando las otras dos opciones que le dio. Gaara no se pondría a juzgarla, era una adulta, no creía que hubiera personas a las cuales ella tuviera que darle explicaciones del porqué de sus elecciones.
—L-Lo siento —al fin habló ella, siendo una disculpa lo primero que salió de los labios femeninos—. Yo… E-Esto no me lo esperaba —confesó, bajando la mirada. Pero luego recordó que él tenía el cierre abajo, con la ropa interior al descubierto. Cerró los ojos por inercia—. M-Me tomaste desprevenida…
—Bueno, igual para mí —mencionó Gaara—. Tampoco esperaba que alguien entrara al baño conmigo adentro.
—En serio lo siento —Hinata volvió a repetirse.
Gaara suspiró. Quería ser paciente con ella, de verdad que sí —si Temari llegaba a enterarse de toda esa situación, seguramente le daría una paliza—, pero las reacciones en su cuerpo era cada vez más exigentes. Casi se sentía obligado a terminar con cualquier distancia habida entre ellos y aventurarse a explorar las curvas debajo de aquellas prendas.
Pero debía controlarse. Atacar a mujeres, especialmente Veenas, no era propio de él. Era un hombre en libertad, había añorado volver a salir y retomar una rutina después de su período en la cárcel. Prometió a sus hermanos ser una buena persona esta vez, no iba a estropear aquello. Además, estaba en el negocio de Shino. Si hacía una estupidez, no solo corría el peligro de que su jefe lo echara fuera, sino ganarse una golpiza por parte del de gafas.
Y conocía la fama de Shino, no quería enfrentarse con él.
—Entonces deja que decida por ti.
—¿Eh?
Sintió las manos calientes de él posarse en su cuerpo. Hinata fue víctima de un estremecimiento que viajó desde la punta de sus pies hasta la cabeza. Dicho efecto le resultó placentero pero también la alarmó. Eso no estaba bien, el cuerpo le estaba reaccionando de inmediato, estaba tan sensible que por un momento imaginó que llegaría al clímax, ¡y él simplemente la había tocado en el brazo!
—¿Q-Qué haces? —inquirió nerviosa y algo asustada. ¿Acaso la tomaría a la fuerza? Por más que se negara o intentara alejarlo, Hinata reconocía que no podría. Su cuerpo estaba tan caliente y dispuesto a recibirlo que no se opondría, aun cuando la mente le gritara que era mejor alejarse.
—Shh —susurró Gaara, ignorando la voz temblorosa de Hinata—. No te muevas.
Ella se preparó para lo peor. Cerró los ojos y solo pidió que fuera rápido. Aun cuando el pelirrojo le brindó la opción de tomar una decisión, quizá su desidia agotó la paciencia del joven hombre, orillándolo a tomar una acción inmediata que solucionara su problema.
Pero contrario a sus temores, Hinata solo sintió un pinchazo en el brazo. Sorprendida, abrió los ojos para ver cómo Gaara le inyectaba el suero. El líquido ámbar disminuía y los ojos aqua del pelirrojo lucían concentrados en su tarea.
—¿P-Por qué? —susurró sin creer lo que veía. ¿Él había escogido el bienestar de ella por encima del propio?—. T-Tú lo necesitabas…
—Creo que eres tú quién más necesitaba esto —contestó sin mucho rodeo Gaara, retirando la jeringa de la piel de la mujer, rompiendo la aguja y botando todo al bote para basura—. Bien, todo listo. No surtirá efecto de inmediato, pero estarás fuera de peligro —explicó—. Aun así, si sientes algún malestar, no dudes en decírselo a Shino.
—G-Gracias.
Gaara suspiró, controlándose. Ella era adorable, pero debía respetarla. Era lo mejor. Había pasado por cosas de las cuales él no podría imaginar; que tuviera que experimentar nuevamente aquello de lo cual quería escapar no era la manera apropiada de darle la bienvenida al mundo del cual deseaba reincorporarse.
—Ahora vete —le indicó—. No sé por cuánto tiempo…
—¡Tú cállate, cabeza de caca…!
La puerta en la cual Hinata estaba apoyada se abrió bruscamente. Por inercia Gaara jaló el cuerpecillo de la mujer hacia sí; una mala jugada, pues sintió cómo sus sentidos se sensibilizaban más, especialmente cuando su nariz tuvo contacto directo con el shampoo de su cabello.
—Oh —la exclamación de alguien oportuno invadió el silencio dentro del baño—. ¿Interrumpo?
Gaara reconoció de inmediato la figura de Tayuya. Era un cliente regular en el negocio de Shino, Konan se encargaba mayormente de los trabajos de la pelirroja. Le mandó una mirada fulminante por no tocar y se preguntó si aquel era un hábito en las Veenas.
—Tayuya —esperaba que su voz no diera a conocer su problema—. ¿Qué haces aquí?
La pelirroja elevó una ceja por la estúpida pregunta de parte del asistente de Shino.
—¿Qué otra razón tendría que venir al baño? A orinar, claramente —masculló la mujer, mirando la chica que Gaara abrazaba celosamente—. Pero veo que tú le diste otro uso además de cagar. Pero lo siento, de verdad necesito orinar, ¿no podrían terminar su asunto en otra parte…?
—Fuera —gruñó Gaara—, las dos.
—¡¿Eh?!
De un momento a otro Hinata terminó afuera del baño en compañía de aquella pelirroja que no tardó en arremeter a golpes la superficie de la puerta, gritando a Gaara maldiciones.
—¿Por qué tanto escándalo?
Shino se asomó por los pasillos, observando la escena de las dos mujeres fuera del baño. Prestó atención a Hinata quien se le veía inquieta y acalorada.
—¿Te encuentras bien? —le preguntó. Hinata pareció despertarse de su ensoñación y asintió, repetidas veces, dando pasos hacia atrás.
—Eh, sí… M-Me encuentro bien —respondió con cautela, tratando de guardar la mayor distancia posible. No sabía si el suero funcionaría como Gaara le aseguró, aún era demasiado pronto para decir que estaba a salvo.
Shino asintió y no indagó más, no quería incomodar a Hinata. Después posó sus ojos escondidos detrás de las gafas a la pelirroja quien no dejaba de gruñir.
—¡Desgraciado punk! ¡No más deja que abras la puerta y me aseguraré de…!
—Tayuya.
—¡¿Qué?! —gritó, furiosa, apretando las manos, segura de que si seguía un minuto más no podría aguantarse.
Shino, tranquilamente, señaló el techo.
—Puedes usar mi baño privado, ahí nadie te molestará —le dijo.
La pelirroja no tuvo que escuchar dos veces las indicaciones del dueño del estudio para marcharse corriendo. Se sabía de memoria el lugar y no tendría problemas de llegar. Fue de ese modo en que ambos quedaron a solas, Hinata casi arrinconada y Shino en mitad del pasillo, con la puerta del baño en frente. Observó a ésta, preguntándose qué habría sucedido.
—¿No tuviste problemas? —se aventuró a cuestionarle a la de orbes aperlados, quien negó, con una sonrisa tímida.
—N-No, todo salió bien —omitió compartir lo sucedido con Gaara dentro del baño, era vergonzoso y probablemente Gaara se vería envuelto en un problema; prefirió callar y fingir que todo estaba bien—. S-Solo me tomó por sorpresa la señorita…
—Descuida, así es Tayuya —respondió con tranquilidad Shino, como si no le resultara nada extraño la personalidad de la pelirroja—. Es un cliente regular.
—Entiendo.
Shino ajustó sus gafas.
—¿Te gustaría volver a la sala?
—H-Hai.
Shino la escoltó hacia la sala común, manteniendo la distancia, algo que ella agradeció. Con cada paso, aquel malestar que la sumió en pánico se iba desvaneciendo. Hinata se cuestionó si aquel sería el efecto del suero. Se mantenía en alerta, tratando de identificar algún malestar que pudiera ocasionarle la medicina.
Era la primera vez que se le inyectaba una solución cómo aquella, no sabía con precisión de qué estaba hecha, pero la explicación de Gaara le daba cierta seguridad. Aunque no negaba que tenía miedo. Tomando en cuenta el tratamiento que Sakura le aplicaba, no sabía si había sido buena idea consumir otro tipo de medicamento, aunque Gaara lo hizo sonar más como un producto de emergencia.
Llegaron a la sala común e Hinata identificó, además de Kiba, la presencia de alguien más. A comparación del castaño que usaba ropas informales y cómodas, la figura sentada en el asiento solitario llevaba ropas más formales, casi de oficina. Parecía entretenido en su celular, pero en cuanto dieron a conocer su llegada al lugar, los ojos de éste se enfocaron en ellos.
Hinata descubrió que él tenía ojos azules, los podía comparar fácilmente con el zafiro. Era atractivo, pero tuvo que espantar ese tipo de pensamientos de su mente, considerando de la situación de la cual había escapado recién.
—Toma asiento, Hinata.
Siguiendo las indicaciones de Shino, Menma observó a la mujer tomar asiento. Luego enfocó la mirada en el celular. Le pidió a Sakura que le enviara una fotografía de la Veena que había rescatado, pues la mujer no dejaba de molestarlo con sus llamadas; fue de ese modo que logró que la rosada lo dejara en paz por el momento.
—¿Eres Hinata? —preguntó al reconocer en la fémina sentada en la sala dentro del negocio de Shino las mismas facciones que la foto que Sakura le envió donde ambas mujeres posaban para la cámara.
Extrañada de que aquel desconocido supiera su nombre, Hinata dejó de ver sus muslos para levantar la mirada, observando el rostro del azabache de ojos zafiro. Miró a Shino, buscando algún indicio de si debía contestar o no, éste le hizo una señal positiva con la cabeza.
—Puedes responder. Él es Menma Uzumaki, trabaja en Paradise. No te hará daño.
Hinata asintió, aunque no sabía qué era Paradise, era la primera vez que escuchaba aquel nombre. ¿Sería una empresa?
—Lo soy —respondió—. ¿Cómo sabe mi nombre?
—Sakura Haruno —respondió con facilidad el recién presentado hombre—. La doctora que te salvó —luego chasqueó la lengua—, no ha dejado de molestarme desde esta mañana, diciendo que unos maleantes te habían secuestrado mientras ella se duchaba —la miró—. No imaginé encontrarte aquí —susurró ligeramente sorprendido.
La única razón por la cual se detuvo frente al estudio de Shino había sido porque Tayuya se lo pidió y porque lo conocía. Él se guardaba sus opiniones y se cuestionaba el cómo la Veena había llegado a ese lugar, pero se veía bien. Lucía nerviosa, pero no tenía la ropa destrozada o signos de sucumbir a la lujuria a la cual las Veenas regularmente se veían afectadas debido al síndrome.
—¿Usted conoce a Sakura-san?
—Desgraciadamente, sí —Menma bufó, luego guardó el celular y sacó algo del saco, era una identificación—. Trabajo para Paradise —notó la mueca confundida de la mujer—. Es una organización que cuida y protege de las Veenas, como tú —explicó sin dar muchos rodeos—. Según lo que Sakura me ha contado sobre ti, escapaste de un proxeneta y traficante de Veenas buscado por todo el país: Gato.
La mención del nombre hizo temblar ligeramente a Hinata. Recordó que esa mañana había estado a punto de ser llevada de vuelta a él. Si Gaara no hubiera aparecido en su camino, estaba segura que en esos momentos estaría recibiendo su castiga por mano directa de aquel cruel hombre o por Jirobo.
—Yo… —miró dudosa al hombre. Era tonto desconfiar a esas alturas, pero Hinata tenía sus razones por las cuales comportarse así de desconfiada—. ¿P-Podría mostrarme su placa?
—No soy policía —aclaró Menma con un arqueo de cejas—, no tengo placa.
—Lo siento —se disculpó de inmediato—, es solo que…
Menma suspiró. Si no apuraba las cosas saldría más tarde del trabajo. Todavía tenía que hacer papeleo. Sacó la identificación que confirmaba que era un agente oficial de Paradise con todos los datos necesarios y su fotografía del día que ingresó. La deslizó en la mesita del frente para no acercarse a la joven, pues por el lenguaje corporal que manejaba era obvio que estaba asustada y desconfiaba de todos.
Hinata se acercó a la mesa, leyendo sin tocar la tarjeta los datos. Efectivamente el nombre del hombre era Menma Uzumaki, tenía la misma edad que ella y trabajaba en Paradise. Había un sello de autenticación así como un número de serie y matrícula, al igual que el símbolo del país. Se veía real y no falsa.
—¿Satisfecha?
—S-Sí, g-gracias —susurró, volviendo a su lugar en sofá—. ¿C-Cómo me encontró…?
Menma observó a la mujer por un largo rato, provocando que ésta mirara hacia el otro lado. Después vio a Shino y a Kiba, cómo se habían presentado cuando entró al lugar. Por el comportamiento de estos veía que no se veían afectados por las feromonas femeninas, lo cual le indicaba que la Veena estaba bajo control. Tuvo sus dudas cuando Shino preguntó quién era y cómo conocía a Tayuya, quien simplemente saludó como si fuera una conocida de toda la vida, tomándose la libertad de adentrarse hasta el fondo del local, contestando a gritos a lo que Kiba también le gritaba.
Él se identificó como un agente de Paradise, diciendo que no podía dar demasiados detalles sobre la misión, pero dejando en claro que Tayuya pertenecía a Paradise y era su pareja asignada por ese día. Al momento de mencionar la organización, Kiba miró con intensidad a Shino, como si estuvieran comunicándose entre ambos. Después Shino le pidió que si podía esperar un momento ya que alguien quizá necesitaría su ayuda. Menma tuvo que aceptar, aun cuando no estaba tan libre que esos dos pensaban.
—No estaba buscándote —confesó, ni siquiera esperó encontrarla ahí, todo había sido producto del azar—. Solamente traje a esa molesta pelirroja a orinar. Es la primera vez que entro a este negocio.
Hinata intentó no sonrojarse al recordar cómo la pelirroja la descubrió junto con Gaara abrazados en el baño.
—¿Y bien? —Kiba intervino, mirando a esos dos y agotándosele la paciencia—. ¿Vas a ayudarla, Señor Agente?
—Hay que seguir un protocolo antes —dio por respuesta al castaño, quien arrugó el ceño—. Sakura la salvaguarda…
—¿Y eso qué? Aun así esos maleantes lograron entrar y llevársela. Es obvio que no está a salvo.
—Precisamente por eso hay un protocolo —dijo Menma con expresión seria—. Hay miles de Veenas que también necesitan protección, debemos ser organizados o todo se saldrá de control. No podemos refugiar a toda Veena existente en las calles.
Kiba lanzó un bufido, molesto por la respuesta del agente.
—Pero ya que conoce a Gato —siguió hablando Menma, mirando a la mujer—, es posible que todo se facilite.
—¿Eh? —alarmada, Hinata observó al agente.
—Ya veo —Shino ajustó sus gafas, comprendiendo de inmediato a lo que el azabache se refería—. Quieren atrapar a Gato con la información que ella les pueda dar.
—Algo así —contestó Menma con cuidado, no era un movimiento inteligente que civiles conocieran los asuntos internos de Paradise. No se le permitía confiar fácilmente. Siempre existía la posibilidad de que esos dos podrían trabajar para otros proxenetas o para el mismo Gato.
—Pensé que protegían a las mujeres, no que las usaban para atrapar criminales —susurró Kiba.
Menma se limitó a sacar su celular y marcar un número. Estuvo con el aparato cerca de la oreja por unos segundos para luego retirárselo por el abrumador grito que le contestó al otro lado de la línea.
—¡Menma! ¡Bastardo! ¡Idiota! ¡No te atrevas a colgarme! ¡Es una situación delicada! ¡Oi, ¿estás ahí?! ¡Juro que si sigues ignorándome, yo…!
—Ten —ignorando los gritos de Sakura, Menma caminó hacia donde se hallaba la Veena para extenderle el teléfono móvil. Ella, con torpeza, tomó el aparato y lo puso en su oído derecho.
—¿S-Sakura-san?
—¡¿Hinata-chan?! —nuevamente cayeron la lluvia de gritos, pero esta vez la voz de la rosada se lograba escuchar feliz y aliviada—. ¡¿Eres tú?! ¡¿Estás bien?! ¡¿No te pasó nada, verdad?! ¡Más les vale a esos desgraciados no haberte hecho nada malo, o juro que iré yo misma a buscarlos y…!
—Uhm —Hinata asintió y pudo sentir las lágrimas acumularse en sus ojos por escuchar, otra vez, la voz de su salvadora y la primera amiga que hizo en esa ciudad—, l-lo estoy.
—Yo… ¡Me alegra escuchar eso! —Sakura también parecía estar controlando el llanto—. ¡Ugh, este no es momento para ser sentimentales! Dime dónde te encuentras para ir de inmediato, ¡o mejor! ¡Pásame al idiota de Menma para que me diga dónde estás…!
—Ah, c-claro —contestó, quitando el móvil de su oreja y pasándosela al agente—. Sakura-san quiere hablar con usted.
Él no contestó y se limitó a recibir el móvil, llevándoselo a la oreja.
—Te mando la dirección por texto, ahora no me molestes —y cortó la llamada.
Hinata no pudo evitar parpadear con asombro de que hubiera cortado de ese modo la llamada con Sakura. Pero no dijo nada.
—¿Cuál es la dirección de este lugar? —preguntó a Shino quien por respuesta le paso una tarjeta de presentación que le daba a todo cliente que entraba.
—Ah, ¿disculpa? —Kiba volvió a intervenir, sintiendo que la actitud del agente era muy relajada. Sí, qué bien que Sakura fuera contactada y se le diera a conocer que Hinata estaba bien, pero eso no arreglaba todo el asunto. Esos tipos no dejarían que Hinata siguiera huyendo y ya no era seguro que Sakura e Hinata vivieran en el apartamento de la rosada—, ¿eso es todo? ¿No vas a custodiarlas o algo por el estilo? No sé, algo como, ¿pedir una patrulla?
—Seguridad Pública es independiente a los asuntos de Paradise. A menos que sea una situación a nivel nacional o que pueda perjudicar a la población —respondió Menma sin levantar la mirada, estaba enfocado en escribir bien la dirección—. Hablaré con alguien de la agencia para que se ocupe personalmente del problema. Por el momento, lo que le sugeriría a Sakura sería mantenerse en alerta o quedarse en un hotel por unos días.
—Debes estar de joda...
—Kiba —Shino quería calmar los ánimos de su amigo, pero ésta ya se había adelantado y dado pasos directos hacia Menma.
—Esta pobre chica ha estado lidiando con situaciones que ni me quiero imaginar, y al fin que logra huir de ese infierno, unos tipos la secuestran. Fue un golpe de suerte que haya logrado escapar de esos desgraciados, pero no se sabe si podrá la próxima vez. Y tú, quien posiblemente puede protegerla, parece que no te importara. ¿Qué clase de agente eres tú, ah?
Menma elevó los ojos de su celular, quedando frente a frente de los feroces del castaño. Le mantuvo el contacto por unos largos segundos en los cuales pudo adivinar, por el lenguaje corporal del tipo desalineado, que ahora esa valentía que lo orilló a tomarse tal libertad de cuestionar sus acciones sin tener una sola idea de cuáles eran los procedimientos dentro de Paradise, así como su verdadera función, había desaparecido.
—Escucha —empezó. Estaba cansado, debía entregar un informe y ahora tenía un significativo retraso que le costaría, ya fuera en su sueldo o esa noche en la que probablemente se le obligaría a quedarse horas extra; y ahora ese tipo venía con el derecho de decirle cómo hacer su trabajo o si de él verdad era adecuado para el puesto—, ella no es ni será la primera ni la última Veena en peligro. Te puedo asegurar que en todo el país muchas de ellas sufren el doble de lo que ella ha sufrido. Afortunadamente, tal como dijiste, logró escapar. Por lo general, los proxenetas o los grupos criminales que abusan de las Veenas no van detrás de ellas, las dejan morir a su suerte en las calles de Tokio, en los barrios bajos de donde no pueden salir. Pero ya que Gato envió a hombres por ella eso significa que la considera especial y que le hace ganar mucho dinero. Eso la convierte en un blanco, pero también en un punto clave para atrapar a Gato. Pero cómo te dije: hay protocolos. No la puedo llevar a la sede porque primero tiene que ser sometida a un interrogatorio para valorarla…
—¿Valorarla para qué? —ahora fue el turno de Shino en saber aquello.
Menma suspiró y dejó de mirar a Kiba, dando por finalizada aquella silenciosa batalla de miradas entre ambos. Por esa vez se atrevió a no reclamar su victoria.
—Información confidencial.
—Información confidencial mi trasero —masculló Kiba.
—Por el momento me atrevo a decir que está segura estando con Sakura o aquí —señaló el estudio.
—¿Bromeas, verdad? —indagó Kiba con una sonrisa burlona, incapaz de creer en las palabras del agente—. Ella está en peligro si se queda aquí…
—¿Te consideras un peligro para ella? —atacó Menma, tomando con la guardia baja al castaño.
—¡¿Hah?! —exclamó—. Claro que no, ¡nunca le haría nada malo a una mujer!
—Pero ella no es sola una mujer, es una Veena —señaló con tranquilidad Menma, viendo con una profunda fijación la reacción del hombre.
—¿Y?
—A la primera oportunidad que no puedas controlarte, es muy seguro que quieras abusar de ella.
—Eso nunca —ahora Kiba tenía una mueca amenazante, claramente estaba ofendido por las palabras del agente—. Nunca sería capaz de hacer eso. Aprovecharme de una mujer; eso es de cobardes.
—No eres el primero que dice eso —murmuró Menma con sus ojos zafiro llenos de seriedad—. Miles de idiotas como tú han dicho lo mismo y he sido yo quien los ha tenido que separar de esas pobres Veenas que desde hace mucho dejaron de estar conscientes.
—¿Qué dijiste…?
Shino decidió dar un paso y evitar que su mejor amigo se lanzara al agente. Era obvio que Kiba estaba descontrolándose, no era bueno que golpeara al hombre que podría llevar a Hinata a un lugar más protegido y asegurar su bienestar. Confiaba en Sakura, pero era verdad lo que Kiba mencionaba. Ese par de hombres localizaron con bastante facilidad el hogar de la doctora Haruno, eso implicaba que no les costaría demasiado trabajo saber dónde se encontraba el consultorio de la médico o el próximo lugar a donde decidieran irse a vivir.
Y aunque como Kiba también viera sospechosas las acciones del agente en negarse a llevar en esos momentos Hinata a la seguridad de los interiores de Paradise, intuía que el agente tenía sus razones.
—Kiba, relájate —pidió al castaño—. Hinata ha pasado por mucho el día de hoy, no creo que sea adecuado que presencié una pelea —aconsejó.
Las palabras de Shino lograron tener un efecto tranquilizador en Kiba, quien tuvo que aceptar a regañadientes lo que su mejor amigo le aconsejaba. Fue a sentarse al asiento que anteriormente ocupaba, acariciando la cabeza de su perro Akamaru para intentar relajarse y no cometer alguna estupidez.
Por su lado, Hinata estaba incómoda por toda la situación. Lo único que quería era que Sakura llegara y ambas fueran a casa. Nunca se le había atravesado la idea de que Paradise pudiera acogerla. Ésta era la primera vez que escuchaba sobre tal organización, desconocía qué hacían ahí. ¿Sería verdad que protegían a las Veenas? Sin embargo, el agente no lucía tan preocupado por su bienestar.
Y no paraba de cuestionarse a qué se refería con eso de valorarla.
—Supongo que lo más conveniente sería que Hinata se reuniera con la doctora Sakura primero —habló Shino, buscando una solución a todo ese problema—. En cualquier caso, ambos estaremos atentos. Después de todo —otro ajuste de gafas—, ella es nuestra responsabilidad.
Notas: Creo que voy salir enamorada de Shino y Gaara. Tremendos caballeros.
