ANTERIORMENTE…
-¿Qué sucede? ¿Por qué estamos todos reunidos? –se ríe un poco, claramente de demostraba su altanería, se cruza de brazos y los observa con una sonrisa en su rostro.- No creo que sea una simple reunión familiar. Además saben, que esas cosas no me agradan, para nada.
Las amenazas no sirven para nada. Creo yo, mejor mide tus palabras antes de decirlo. ¿No?
-Voy a emprender mi viaje solo. Ayame, volveré por ti. No me importa, si tienes que estar conmigo a la fuerza. Prefiero tenerte a mi lado. Ó morir en el intento.
A CONTRA LUZ
Capitulo 3
El día de ayer había tenido un ajetreo constante, lo habían exiliado de la tribu de los lobos, Ayame lo habia rechazado (que habia dañado su orgullo). Y sin contar que se había quedado sin su manada, la que él había formado. La que él entreno. Y ahora mismo todos sus "amigos" le daban la espalda. Bueno, no en ese aspecto. Si no que eran ordenes de los superiores. Gruño y apoyo la espalda en la pared de la cueva.
-"Maldición, esto no puede estar pasándome a mí"
Por lo menos el había pensado que su puesto lo tendría para siempre, pero no. Las cosas cambian su rumbo y eso fue precisamente lo que sucedió ahora mismo. Bueno, ayer. Observó a sus amigos y les repitió.
-Qué no. –dice secamente cruzándose de brazos.
-Pero Kouga… no podemos dejarte ir solo –susurra Ginta, un amigo inseparable de kouga-
-Ginta, por favor. No es nada, quédense aquí, verán que pronto vendré. Y recuperare lo que me pertenece. Lo juro. Por lo pronto. Necesito que estén atentos, a cualquier movimiento sospechoso. –estaba extrañado, su instinto le decía que tenía que quedarse, pero su propia razón le decía que se marchara. Y así lo iba a hacer.
Se volteo y salió de la caverna con un salto.
Estaba molesto consigo mismo, si se hubiera dado cuentas antes, de todo. De lo que de verdad sentía, lo que tenía a su alrededor. Miró a sus amigos y les sonrió, después les dio la espalda y salió corriendo rápidamente. Le apenaba sinceramente dejarlos solos. Bueno no solos, y no solo a ellos, si no que al contrario dejar su manada de producía una nostalgia, bastante. Y eso era raro en él. Bueno no extraño si no que un poco peculiar, nunca hubiera sido su fuerte, demostrar o pensar mucho las cosas. (¿Les recuerda a alguien?). Suspiro y siguió corriendo, hundido en sus pensamientos.
Paso por todos los lugares que conocía, desgraciadamente se debo, un horrendo aroma llego a sus fosas nasales, desagradablemente. Eso lo estorbo y bastante.
Habia encontrado a tres Youkais; bastante grandes acercándose a él. Y olían nada más y nada menos que a cadáveres de humanos. Eso le desagradaba. Desde que habia conocido a Kagome, habia prometido cambiar, por lo menos. No atacaría a las aldeas a su antojo, ni tampoco se abastecería de vidas humanas, como eran sus antiguas andanzas.
-Mira lo que tenemos aquí, hermanos. Es un pequeño lobo abandonado. –gruñe con una voz brutal el mayor de los hermanos. Los otros dos, le respondieron con unas risas.
El mayor de los hermanos era del tamaño de un ogro pero con rostro humano. El color de su piel era verde al igual que la de sus hermanos, y tenían en el centro de la frente como una gema, que les brindaba su energía. Todo eso el lobo lo inspecciono con tan solo una mirada. Sabía que tenía que atacar lo más rápido posible a 'ese' lugar. Entrecerró los ojos y movió su cola de izquierda a derecha. Cruzándose de brazos.
-Tsk! No puedo comprender. Que hacen un trió de ineptos como ustedes, andando solos por los lugares. Creo que se han escapado de su madre. Mejor vuelvan, debe estar muy preocupada. –dijo provocando, con una sonrisa de medio lado. Al ver la reacción de estos.
-¿Ves lo que nos estás diciendo? Somos tres. Y tú solo uno. –dijo el hermano menor señalándolo-
Kouga gruño nuevamente. Lo estaba desafiando. Pues bien aceptaba el desafío.
-¿no quedaron cansados, por la aldea atacada?
Los tres hermanos se rieron. Y uno intento atacar a kouga. Como era tan grande, kouga a pesar de que no tenía fragmentos, lo logro esquivar con una facilidad increíble. Al momento de que iba a colocar sus pies sobre la tierra el otro ogro lo ataco por la espalda haciendo que cayera al suelo, girando sobre la tierra hasta detenerse. Lamentaba no tener los fragmentos. Y ahora no podía hacer nada. No tenía armas, no tenía a su Goraishi. No tenía a su tribu, no tenía a Ayame, no tenía nada. Pero… ¡Momento! Tenía su espalda. "¡¿cómo demonios se ocupa una espada! Se desesperó, aunque saco la espada y le arrebato su funda. Tenía bastante filo y realmente la espada estaba nueva.
Por otra parte, estaban arriba en la montaña el consejo lobuno hablando. Hasta que Ayame interrumpió.
-Hemos hecho bien. En exiliar a Kouga. ¿Además de quitarle su manada? –pregunto la pelirroja con un tono afligido.
-Ayame, ya no puedes arrepentirte. Recuerda que fuiste tú quien tomo la decisión. –le dijo con determinación su amiga, Lae.
La pelirroja bajo la mirada, ella tenía razón ella habia propuesto que se marchara. Y habia tenido la culpa de que kouga se alejara aún más de ella. O por lo menos, eso pensaba.
A Kouga lo estaban pateando en el suelo, se retorcía de dolor, y la espada se la habían lanzado unos metros más allá definitivamente, no sabía ocuparla. Poco consiente fue, cuando un ogro lo pateo en el estómago. Haciendo que lo levantara del suelo y cayera cerca de la espada. Tomo la empuñadura de esta y al momento que se acerco, se la clavo en la gema de su frente, haciendo que esta se partiera y cayera a la mitad. Sus otros dos hermanos, se hicieron polvo. Sonrió y se levanto un poco. Parándose en sus dos temblorosas piernas. Odiaba no tener nada para defenderse. Era humillante.
-Estúpida espada. No puedo creer. Que tenga que hacer esto.
Corrió nuevamente, sin contar el pequeño molestar que le producía hacer aquello. Corrió más y más encontrándose a su rival, con sus amigos recogiendo unas hiervas; Bueno no él, si no que Kagome, le estaba enseñando a Shippo algunas hiervas. Mientras que miroku estaba con su esposa. Y esa bestia... perdón, Inuyasha estaba recargado en un árbol con las manos bajo de su haori.
-Aquí apesta a… -entreabrió un ojo y frunció el seño, notando su molesto enojo.- ¡Que haces aquí cachorro!
Kouga sin más frunció el seño igualmente comenzando a gruñir.
-Lamentablemente, hanyou. Necesito de tu ayuda. Nunca pensé que haría esto.
-Kouga-kun. –susurro la pelinegra levantándose y acercándose. Inuyasha rápidamente se posiciono tras ella. Mirando al lobo.
-¿Qué se te ofrece? –pregunto cortante.
El lobo medito, ante decirlo o salir corriendo, diciendo que algo tenía que hacer. Pero no podía, por lo pronto se tragaría su orgullo.
-Enséñame a ocupar una espada.
Inuyasha se sorprendió, y se rió un poco. Quería preguntar otra vez, quizás sus orejitas peludas no habían escuchado bien.
-Repítelo por favor. Creo que no escuche bien.
-¡Inuyasha! –le reclamo shippo saltando al hombro del hanyou, hasta yo oí desde ahí atrás, no es posible que tú…
Inuyasha golpeo a shippo mandándolo hacia atrás.
-¡No te metas chaparro!
Gruño el hanyou y miro nuevamente como Kouga le pedía que lo ayudara. Kagome por otro lado se acerco a kouga y le toco una herida de su rostro. Ante este gesto el Hanyou ardió en cólera y el youkai se sonrojo. Aparto a la muchacha del lobo y entrecerró los ojos. Nuevamente para echarse a reír.
-Tu… Lobo apestoso, ¿Quieres que te enseñe a ocupar una espada? –Dijo entre risas el hanyou. ¿Y quién no lo haría? Veía a su peor rival. Pidiéndole ayuda, aunque dejo sus risas un poco, siempre e inconscientemente kouga lo ayudaba con Kagome. Y lo ha hecho más de una vez.
Kagome, solamente le dio un codazo, del cual Inuyasha se quejo y la miro con el seño fruncido.
-¡Se mas cortes! –lo regaño.
Inuyasha gruño, y bufo posteriormente. Miro a Kouga entrecerrando los ojos y diciendo con un tono arrogante.
-Primera lección. No te metas con mi Kagome.
CONTINUARA
We1we2 we1we2
