Hola, … mmm … esta historia al igual que "la venganza de un marido" no me pertenece, desafortunadamente yo no soy buena escribiendo fics aun cuando tenga una que otra idea en la mente, pero he encontrado muy buenas historias que quiero compartir adaptándolas a un sasusaku, como es el caso de esta, que fue escrita por Sara Craven.

Gracias por leer y por sus amables comentarios. Por cierto no se pierdan los próximos capítulos 3 y 4 que subiré esta semana, ya que en ellos Sasuke entra en acción y … (oh por dios) se pone muy interesante.

Capítulo 2

―¿Inteligente? —clamó Sakura—. ¿Inteligente? Es lo más ridículo que he oído en mi vida. Está claro que os habéis vuelto locos.

Recibieron su comentario con gélida frialdad. Las esposas de Sasori y Deidara se miraron afrentadas por la falta de respeto hacia sus maridos.

—Sakura, lo que te pedimos es algo muy sencillo —Deidara se inclinó hacia ella—. Sólo tienes que firmar una carta para Uchiha, diciendo que estás dispuesta a convertirte en su esposa. ¿Tan difícil es? Te juro que no aceptará. No quiere casarse —se encogió de hombros—. ¿Por qué iba a hacerlo cuando hay tantas mujeres bellas dispuestas a compartir su cama sin compromiso? Tiene unos treinta años. Puede que se case dentro de diez o quince años, para tener un heredero, si encuentra a una mujer que aún lo acepte.

—Tranquila. No le atraerán tu pelo claro y tu piel blanca. Se diría que no tienes sangre en las venas —Hinata se rió con desdén—. ¿Qué hombre iba a desearte? Con Uchiha estarás segura.

Sakura recordó los ojos oscuros que habían recorrido su cuerpo de diecisiete años y el comentario de Tenten: «Dicen que hace el amor en cuatro idiomas. ¿No está para morirse?»

Contuvo, con esfuerzo, las ganas de decirle a Hinata que en Londres salía con un hombre que la encontraba más que deseable. Por fin entendía la ausencia de tía Tsunade, ella no podía estar al corriente de esa idea de pesadilla.

—La seguridad no entra en la ecuación. Me niego a participar en esta locura. Que quede claro.

—Sinceramente, hermana, me entristece tu falta de gratitud hacia la familia que te crió —se lamentó Sasori—. Esta carta es una formalidad, nada más. Él espera recibirla, y mucho depende de ella.

—Creí que querías retrasar las cosas, hacerle esperar —replicó Sakura, cortante.

—Lo hemos hecho —dijo Deidara—. Pero ahora se impone un gesto que avive su interés —soltó una risita—. Que lo mantenga dulce.

—Dudo que «dulce» y «Sasuke Uchiha» tengan cabida en la misma frase —Sakura se levantó y fue hacia las puertas de cristal que daban al jardín—. No deberíais haberme metido en esto sin consultarme —dijo—. No teníais derecho.

—¿Qué mal puede hacer? —exigió Deidara—. No habrá boda entre Uchiha y tú, te lo juramos. Sólo tienes que decir que aceptas los términos que proponemos. Darle algo en que pensar —la miró suplicante—. El que una chica a quien nunca ha visto se le ofrezca, halagará su vanidad. Puede que nuble su juicio a corto plazo, provocando un retraso esencial para la prosperidad de la familia Akasuna, que tú compartirías. Sakura mu —hizo una pausa—. Recuerda eso y también que mi padre te acogió como a una hija. Tal vez sea hora de que recompenses su generosidad con la tuya.

—Tu padre no habría hecho un trato como ése —arguyó ella, fría—. Odiaba demasiado a los Uchiha como para ofrecerles un simulacro de paz.

«Y Sasuke Uchiha sí me ha visto, aunque dudo que lo recuerde», pensó para sí.

—Es verdad —aceptó Sasori—. Pero Sasuke quedará como un tonto cuando consigamos el dinero y rechacemos su oferta. Quedará mal con sus accionistas, directivos y, sobre todo, con su padre. El viejo Fugaku no lo perdonará por caer en nuestra trampa —resopló—. Y si demostramos que es vulnerable, tal vez otros enemigos suyos se revuelvan contra él. Eso haría muy feliz a mi padre y lo sabes, hermana.

Sakura lo sabía. En todo lo referente a los Uchiha. Madara había carecido de lógica y razón. No habría desperdiciado la oportunidad de hacerles daño. Sin embargo, la idea de Sasori y Deidara podía ser una espada de doble filo; no parecían haber tenido en cuenta que Sasuke Uchiha podía tener un plan similar.

—Bueno. Si no hay más remedio, en honor a vuestro padre, firmaré la carta —hizo una pausa—. Pero sigo creyendo que es una idea pésima.

Más tarde, en la cama, pensó que, además de la carta, otro montón de documentos relativos a la refinanciación habían requerido su firma. Sasori y Deidara apenas habían podido ocultar la alegría por su capitulación. No le había resultado difícil rechazar un brindis de celebración alegando que tenía un vuelo a primera hora y necesitaba descansar.

El sueño se resistía porque estaba convencida de que había cometido un terrible error. Deseó poder bajar al despacho y destruir la carta a Sasuke Uchiha. Pero estaba en la caja fuerte, con los demás documentos, y desconocía la combinación.

Ya no había vuelta atrás.

Había estado tentada de contárselo todo a tía Tsunade cuando fue a verla antes de acostarse. Pero había encontrado a la anciana en el sofá, con un libro en el regazo y la mirada perdida y triste. Así que había pasado un rato con ella, animándola con anécdotas sobre los clientes más excéntricos de Te Ayudamos. Al marcharse, como siempre, le había pedido su bendición. Tenía la sensación de que iba a hacerle falta de verdad.

Se consoló pensando que todo le parecería mejor cuando estuviera de vuelta en Inglaterra, tras pagar su deuda con los Akasuna. Londres era su mundo real: el piso que compartía con Ino, cuyo prometido estaba de viaje, su empresa y. últimamente, Kiba.

Cerró los ojos y pensó en Kiba. Se habían conocido seis semanas antes, en el lanzamiento del libro de un autor cuya vida se había convertido en un caos cuando hospitalizaron a su esposa embarazada por problemas de tensión arterial, y quedó solo a cargo de dos niños y de la casa.

Sakura había restablecido el orden en su hogar, proporcionándole tiempo para acabar su libro y tres comidas al día. Había seguido al mando cuando la futura madre regresó a casa con órdenes de reposo absoluto, y se había alegrado cuando el bebé llegó al mundo sano y salvo.

Kiba, alto, atractivo y encantador, era ejecutivo de la empresa de relaciones públicas que utilizaba la editorial. La había rescatado cuando la vio entrar en la fiesta, titubeante, buscando a James y Fiona entre la gente. No había pasado toda la velada con ella porque estaba trabajando, pero le había sugerido que cenaran juntos algún día.

Lo habían hecho al día siguiente. Desde entonces, salían con regularidad.

—Dime, ¿es el hombre? —había inquirido Ino hacía unas noches, cuando Kiba dejó a Sakura en casa y se marchó tras tomar café—. ¿Por fin vas a dar el salto hacia el sexo?

—Crees que estoy loca por hacerle esperar tanto, ¿verdad? —Sakura se había sonrojado.

—No creas. Lo de hacerse la estrecha parece estar funcionando. Cuando te rindas, sabrá que lo haces convencida —Ino había sonreído—. Pero eres más dura de lo que yo lo fui con Sai.

—Puedes culpar a mi educación. Según tía Tsunade, el sexo antes del matrimonio no existe. Cualquier desliz conduciría a la vergüenza, la desesperación y la miseria.

—Mala suerte para la novia si luego resulta que su marido es pésimo en la cama.

—¿Cómo iba a saberlo ella? Además, también me enseñaron que todos los hombres griegos son amantes fabulosos.

—Es un consuelo —había aceptado Ino—. Pero, ¿nunca sentiste la tentación de comprobar esa teoría?

—No. Ni una sola vez —le había contestado.

Sakura se removió en la cama. Inquieta, se levantó y salió al balcón. No soplaba ni la más mínima brisa y se oía el canto de los grillos. La calidez de la noche caía sobre Atenas como una manta. La luna llena colgaba en el cielo como un enorme globo plateado, iluminando la piscina.

Se sentía pegajosa y acalorada. Todos los dormitorios tenían escalera de bajada a la piscina, pero las contraventanas estaban cerradas y no se veía ninguna luz. Todos dormían.

Stelios, el guarda, había pasado haciendo su ronda hacía un cuarto de hora, lo había oído. Ya estaría en su habitación, bebiendo café y vigilando las pantallas de las cámaras que había en cada entrada y en el perímetro de la casa.

Además, no había cámaras enfocando a la piscina. Las esposas de Sasori y Deidara habían alegado que sería una intrusión de su intimidad y Madara, con desgana, había aceptado no ponerlas.

Sakura decidió que un baño la relajaría. Agarró una toalla y bajó a la piscina. Una vez allí, se quitó el camisón y. desnuda, metió el pie en el agua. Con un suspiro de placer, se sumergió y nadó un rato; luego se tumbó de espaldas y flotó a la luz de la luna. Ya relajada, suspiró feliz y salió de la piscina. Se retorció el pelo para escurrirlo y se secó con la toalla.

La sorprendió que los grillos hubieran callado, pero supuso que había sido culpa suya. Se puso el camisón, agarró la toalla y volvió a su dormitorio. Minutos después, dormía plácidamente.

—Lo siento —dijo Kiba—. Pensé que pasar un fin de semana juntos sería el paso siguiente, pero está claro que me equivocaba.

—No —Sakura puso una mano sobre la suya—. No es por ti… Soy yo.

—Dios, esa excusa no, por favor —la miró—. Sakura, no eres la misma desde que volviste de Grecia hace tres semanas. Has estado callada, evasiva. No consigo acercarme a ti. Pensé que estar juntos unos días, a solas, nos ayudaría.

—Es posible. Lo será —tomó aire—, Pero tengo problemas familiares. Muy graves.

—Los navieros millonarios no tienen problemas. Se compran otra flota de barcos.

—Por desgracia, en este caso la flota que se compra es la nuestra —dijo Sakura con voz queda—. Llevo días leyendo rumores en la prensa y rezando porque fueran falsos. Pero esta mañana sugerían que la propuesta de refinanciación de los hermanos Akasuna ha fracasado y que la flota Arianna y la flota de carga han sido adquiridas por Holding Bucéfalo a un precio irrisorio.

Sakura soltó un gruñido.

—Sabía que no funcionaría. Se creían muy listos, pero se han metido en un buen lío. Su padre debe de estar removiéndose en la tumba. ¿Por qué no me han informado antes de que se publicara?

—Seguramente han estado demasiado ocupados intentando salvar algo del naufragio —sugirió Kiba. Frunció el ceño—. ¿Bucéfalo no era un caballo?

—Sí —Sakura tomó un sorbo do vino—. Pertenecía a Alejandro el Grande.

—Que lleva miles de años muertos —señaló Kiba—. Igual que su caballo. No es una amenaza.

—A no ser que tenga su homólogo moderno. O alguien que cree serlo —Sakura sonó amarga.

—¿Por qué te afecta? —se sorprendió él—. Siento la pérdida de tu familia, pero nunca has querido involucrarte en sus negocios.

—Y no quiero. Y ya no será posible, supongo, excepto porque tendré que ir a Atenas a firmar papeles. Aun así, no puedo darles la espalda del todo; me preocupa tía Tsunade, que estará devastada. He telefoneado, pero no contestan.

—Habrán descolgado el teléfono, para ocultarse al mundo. No puedes culparlos —razonó Kiba.

—Claro que puedo —Sakura suspiró—. En fin, ya no hay nada que hacer. Se acabó.

—No si tienes que volver a Grecia. Pero después, tal vez tendremos tiempo para nosotros.

Ella se dio cuenta de lo considerado que estaba siendo y de lo distante que había estado ella últimamente. Hizo un esfuerzo para librarse de los pensamientos que llevaban semanas oprimiéndola.

—Puedes contar con ello —le sonrió.

El correo electrónico requiriendo su presencia llegó una semana después. Provenía del bufete de abogados encargado de la transacción con Holdings Bucéfalo. Solicitaba sus datos de vuelo para que la recogieran en el aeropuerto.

Era breve e iba al grano, a diferencia de los que había recibido de Sasori y Deidara, llenos de acusaciones y justificaciones. Requería toda su paciencia leerlos, por no hablar de contestarlos.

Como siempre, la culpa era de cualquiera menos de ellos. Además, ignoraban sus preguntas sobre el estado de su madre. Se consoló pensando que pronto podría comprobarlo ella misma.

—Siento irme habiendo tanto trabajo, Ino —se disculpó, mientras preparaba su bolsa—. No volverá a ocurrir. A partir de ahora sólo iré a visitar a tía Tsunade, durante mis vacaciones.

—No te preocupes —le ordenó Ino—. Podemos pasar sin ti veinticuatro horas; ve y haz lo que tengas que hacer. Espero que no sea muy horrible.

—Lo será —Sakura movió la cabeza—. Me cuesta creer que el colapso haya sido tan rápido. No sé qué ocurrirá con la plantilla. Hay familias enteras de trabajadores —suspiró—. Tío Madara siempre se enorgulleció de eso.

—Seguirán con los nuevos propietarios. Al fin y al cabo, los barcos tienen que seguir navegando.

—No necesariamente con nuestras tripulaciones Esos idiotas tendrían que haber hecho la paz, no la guerra, con el maldito Sasuke Uchiha —Sakura cerró la bolsa—. Si hubieran aceptado su oferta inicial, tendrían algo. Pero querían engañarlo.

—Vi su foto en el periódico el otro día —comentó Ino—. En un estreno, con su última chica. Es guapísimo, pero parece peligroso.

—No te equivocas nada —rezongó Sakura—. Ha ganado —se puso una chaqueta gris oscuro, a juego con la falda. Ropa ejecutiva, para una reunión de negocios—. Casi lo siento por Maria y Christina. Seguro que no esperaban esto, tras sus lujosas bodas —sonrió—. Apuesto a que ya no tratan a sus maridos con tanta devoción. Con un poco de suerte, estarán haciendo de su vida un infierno.

Agarró la bolsa y puso rumbo al aeropuerto.

—Estaré de vuelta en un suspiro —le había dicho a Kiba, cuando se ofreció a llevarla en coche.

—Contaré las horas —había contestado él, abrazándola y dándole un beso apasionado.

A ella eso la había inquietado. Mientras tomaba un zumo de naranja, en el avión, comprendió que se debía a que él esperaba que a su vuelta se convirtieran en amantes.

—Ay, Dios —masculló para sí. «No te acobardes de nuevo. Esta vez no. Kiba te gusta, puede que estés enamorándote de él. No lo sabrás si no te entregas, aunque sea de la forma más básica».

El problema era que, como le había confesado a Ino, su educación la había condicionado mucho. Para tía Tsunade, Don Perfecto llegaba con una alianza en el bolsillo y era respetuoso y consciente de que la virginidad era parte de la dote que una mujer llevaba al altar. La horrorizaría que ella ignorase ese estricto código moral, por mucho que fuera anacrónico.

Sakura se preguntó si, tras abandonar Grecia, había seguido la norma sexual por tradición o porque nunca se había sentido lo bastante tentada para romperla. De hecho, no sabía si Kiba era una tentación suficiente.

Pensó en Ino y Sai que, tras conocerse en una fiesta y acostarse juntos, habían tardado semanas en comprometerse y esperaban a que Sai acabara su contrato en Seattle para casarse. Su obligada separación temporal se regía por cartas, mensajes y llamadas diarias.

Se dijo que tal vez ella fuera distinta. Lenta y pausada. Hasta el momento Kiba había aceptado su ritmo, pero no duraría. Ya le había ocurrido con otros novios, que se habían hartado de esperar. Percibía que él quería que fueran como cualquier otra pareja y que, cuando Ino y Sai se casaran, fuera a vivir con él.

Por supuesto, él desconocía su inexperiencia. Tal vez ése fuera el problema, su miedo a lo desconocido, a descubrir si era «buena en la cama», un criterio común para juzgar a la gente.

«Dicen que hace el amor en cuatro idiomas…»

Se enderezó, sobresaltada por recordar lo que había dicho Tenten. No tenía sentido, excepto porque Sasuke Uchiha había provocado la caída de sus hermanos y era el causante de su viaje a Atenas.

Sin duda, hablarían de él, y no poco. Pero al menos no tendría que verlo en persona, enviaría a alguno de sus lacayos. Eso la consoló un poco.

Se encendieron las luces que indicaban el inicio del aterrizaje. Decidió dejar el tema de Kiba y su vida amorosa para otro momento. Las siguientes veinticuatro horas requerirían de ella un coraje muy distinto y toda su concentración.

Nada, ni nadie, podían distraerla.

Hola, … mmm … esta historia al igual que "la venganza de un marido" no me pertenece, desafortunadamente yo no soy buena escribiendo fics aun cuando tenga una que otra idea en la mente, pero he encontrado muy buenas historias que quiero compartir adaptándolas un sasusaku, como es el caso de esta, que fue escrita por Sara Craven.

Gracias por leer y por sus amables comentarios. Por cierto no se pierdan los próximos capítulos 3 y 4 que subiré esta semana, ya que en ellos Sasuke entra en acción y … (oh por dios) se pone muy interesante.