"¿Hay algo que se te de mal?" Preguntó Shiho sonriendo al ver lo rápido que se había dormido Shiro en sus brazos.

"Sólo le he caído bien." Contestó observándolo dormir.

"Oye… siento haberte metido en todo esto…no deberías estar aquí." Dijo sintiéndose culpable.

"Estoy aquí porque yo he querido." Contestó él devolviendo el pequeño a su madre. "Yo soy el único responsable de lo que decida hacer."

"Entonces eres un idiota por decidir estar aquí." Contestó ella rodando los ojos .

Él rio ligeramente, pero una parte de él se sintió culpable de dejar a Azusa atrás, pero sus valores como agente policial no le dejaban quedarse atrás si tenía oportunidad de hacer algo. Y después de tantos meses a las espaldas de la pelirroja, no podía dejar que ningún cuervo se saliese con la suya. Era innegable el hecho de que, fuese lo que fuese, ambos se tenían un aprecio muy especial.

"Azusa tiene mucha suerte de tenerte."

"Creo que soy yo el que debería estar agradecido…sin embargo no soy capaz de disfrutarlo."

"¿A qué te refieres?" Preguntó frunciendo el ceño ante la confusión. "¿Escuchas lo que dices? Sabes que tu relación es perfecta."

"Sé que es perfecta, pero creo que no es lo que quiero." Comentó sintiéndose realmente mal de soltar eso. "Pensaba que quería una relación así de sencilla, pero no me gusta ir a ver los partidos de baloncesto y odio los conciertos de K-pop."

Ella rió fuertemente sin poder evitarlo. "Lo siento." Se disculpó tapándose la boca e intentando volver a ponerse seria.

"No te rías de mí, es culpa de que no me dejases de rechazar por el que me encuentro aquí."

Shiho golpeó su hombro entrecerrando los ojos. "No me eches la culpa de tus problemas amorosos." Protestó sintiendo una pequeña espinillita dentro.

"Sí, lo sé…sé que puedo ignorarlo todo y girar la cabeza cada vez que me apetece mirarte. Sin embargo me lo pones muy difícil, señorita Miyano." Confesó suspirando. Tener esa conversación por primera vez en voz alta le hizo darse cuenta de tenía que tener una conversación un poco dura con Azusa lo más pronto posible. Tragó saliva al darse cuenta del momento tan desagradable que iba a provocar, pero no podía ser egoísta sabiendo todo lo bueno que le esperaba a su ex compañera del Poirot.

"No pienses tanto las cosas, yo también estoy cansada de hacer las cosas tan mal." Suspiró apoyando la cabeza sobre la almohada.

Se quedaron hablando hasta que se quedaron dormidos. Rei fue el primero en caer rendido, pero el cansancio se transformó en un sueño inquieto que lo tuvo de nuevo despierto a las pocas horas. Su noche se basó en observar el techo pensativo o en fijarse lo lenta que era la respiración de la pelirroja cuando dormía. No recordaba bien la última vez que había compartido cama con ella y sonrió al ver a Shiro igual de dormido, la situación era completamente diferente ahora.

Desvió la cabeza cuando se dio cuenta que llevaba demasiado rato mirándoles e intentó reincorporarse cuando notó que el sol empezaba a tener ganas de salir pero un gruñido frenó sus intenciones y lo obligó a estirarse de nuevo. ¿Qué mierdas se había hecho en ese accidente para que le doliese todo el cuerpo de esa manera?

"Ten cuidado, tienes un par de costillas rotas y el hombro dañado." Escuchó decir a la pelirroja con una voz somnolienta.

Shiho se rascó los ojos y cogió a Shiro con cuidado antes de levantarse y dejarlo en la cuna. No debían ser más de las cinco de la mañana y el olor a café les indicó rápidamente que el otro ocupante de la casa estaba también despierto. Ella buscó entre las cosas que compraron ayer y se acercó a Furuya con un par de medicamentos y un vaso de agua. "Tómatelo, te sentirás mejor."

Él asintió y se tomó las pastillas sin rechistar a la vez que Vodka entraba en la habitación con un par de tazas de café humeante en las manos.

"Os he traído un poco de café." Dijo dejando las tazas sobre la mesita. "Deberíamos salir en breves."

"Furuya necesita descansar un poco más." Protestó ella con el ceño fruncido.

"Estoy bien." Contestó antes de dejar que se pusiesen a protestar, reincorporándose con más cuidado que la primera vez. No conocía las intenciones de Vodka, así que iba a ir con eso hasta el final.

Shiho desafió a Vodka con la mirada y se puso a Shiro en uno de los brazos para ayudar a Furuya con el otro, cuando salieron, Vodka ya se encontraba dentro del coche con el motor arrancado. Ayudó al rubio acomodarse en el saliente trasero y ella subió al copiloto.

Rei se centró en el camino que recorrían, pero al cabo del rato cerró los ojos al sentir que el dolor volvía. Vodka lo miró un rato por el retrovisor y empezó a hablar cuando pensó que se había dormido.

"Yo…apreciaba a Gin como a un hermano." Confesó con un tono bajo y tranquilo.

"Lo sé." Contestó sin dudarlo. "Sin embargo, espero que no nos arrastres a ninguna masacre en nombre de Gin."

"No es mi intención, créeme." Contestó volviendo a mirar al rubio por el retrovisor. "Aunque deberías haberme dejado acabar con el incordio de Bourbon."

"No van a haber más muertes delante mio, Vodka."

Él apretó los dientes y cambió la emisora de la radio antes de salir de la zona rural para entrar en una pequeña ciudad cerca de Kyoto.

Ella seguía sin entender que hacían ahí, pero prefirió fijarse en los detalles que le ofrecía la ciudad antes de darle más vuelta.

"Creo que alguien no ha podido esperar antes de llegar para hacer sus cosas." Comentó Vodka arrugando la nariz ante el mal olor que empezaba a desprender el pañal de Shiro.

Shiho empezó a reír ante su reacción y él no tardó más de dos minutos en parar en una estación de servicio. "Fuiste tú el que ha metido un bebé en un coche para viajar." Dijo antes de bajarse para dirigirse al baño con Shiro.

Vodka se quedó ahí esperándola, sin perder el ojo de la puerta del baño ni del retrovisor. "¿Puedes dejar de hacerte el dormido? Eres un pésimo actor."

Furuya abrió los ojos lentamente con una media sonrisa. Sinceramente, recordaba al corpulento mucho más torpe. "Puede que lo sea, pero tú tampoco eres muy listo si pretendes seguir como si la policía no fuese a dar con nosotros pronto. No voy a dejar que ellos acaben heridos." Comentó girando la cabeza para ver como la pelirroja y el pequeño volvían al coche.

"¿Ya te has despertado?¿Te encuentras mejor?" Preguntó ella antes de acomodar a Shiro y ponerse el cinturón.

"Creo que yo también tengo que ir al baño." Comentó antes de que Vodka arrancase el coche. El moreno lo miró frunciendo el ceño, pero le indicó que fuese rápido antes de arrepentirse.

Furuya sonrió al salir del coche. Esa era su oportunidad para ponerse en contacto con los suyos, y desde luego que no iba a desaprovecharla.

Cerró el pestillo en cuanto cerró la puerta e intentó hacer un poco de fuerza para abrir una de las ventanas, no era muy grande, pero se las apañó para poder pasar al otro lado. Dio dos zancadas como pudo y entró a la tienda saltándose la cola. "Necesito hacer una llamada, soy policía." Dijo con nerviosismo.

La dependienta le miró algo asustada pero no dudó en cederle el teléfono sin preguntar.

Vodka, desde donde estaba, se percató del sucio movimiento del rubio y no dudó en quemar rueda para salir de ahí lo más rápido posible.

"¿Qué haces? Furuya todavía no ha vuelto."

"Es una rata muy predecible, seguiremos sin él." Comentó apretando la mandíbula sin despegar el pedal del acelerador. "Estamos demasiado cerca."

"Vodka, creo que todo esto se te está yendo de las manos. No quiero continuar con esto, alguien va a acabar muy mal y esto no es lugar donde traer a Shiro."

Vodka apretó el volante y aceleró con más fuerza, adentrándose en una zona más pobre y caótica. Frenó casi en seco asustando a la pelirroja y bajó del coche para abrir la puerta copiloto. "Baja."

"¿Qué?" Preguntó sin saber ni donde estaba.

El barrio estaba a las afueras de la ciudad, las casas estaban muy poco cuidadas, las calles estaban igual de descuidadas y sucias, y la gente que paseaba y la miraba no le daba muy buena espina.

"He dicho que bajes." Dijo alzando un poco la voz, provocando que el pequeño se despertara entre sus brazos y empezase a llorar.

Shiho acercó a Shiro más a ella como gesto de protección y bajó del coche dudando en si había tomado o no la decisión correcta. "Vodka, por favor…" No sabía porqué suplicaba, pero era lo único que se le ocurría mientras él la guiaba casi arrastrándola. Decenas de cosas pasaban por su mente y ninguna de ellas era buena.

Lo vio comprobar la munición de su pistola antes de parar en la entrada de lo que parecía un restaurante o una taberna. La sangre se le heló.

"Entra." Exigió.

"No." Se negó.

Vodka resopló y miró hacia atrás para comprobar que no había nadie antes cogerla del brazo para que entrase.

Solo había dos hombres dentado en la barra y el resto de mesas vacías. Vodka la guió hacia una apartada, pero con una buena visibilidad del exterior. Se sentaron y ojearon la carta.

"¿Hemos hecho todos estos quilómetros para acabar en un local como este?" Preguntó sin encontrarle sentido.

Vodka no contestó. Alzó la mano para pedir una cerveza y un té y pidió un par de platos al azar para que comiesen algo.

Ella resopló, no le gustaba nada todas esas incógnitas. No sabía cuanto más iba a durar su paciencia.

"No creo que este sea el tipo de local al que Gin le gustase frecuentar. Él…no era exigente con lo que necesitaba, pero a la hora de tomar un trago, sabía escoger los sitios." Dijo con una media sonrisa, recordando ese pequeño periodo en el que parecían haber vivido con tranquilidad en Corea. Ahora ese tiempo parecía muy lejano.

"Tienes razón. Yo…tal y como entré en la organización, no hubiese durado ni dos días de no ser por él. Si le preguntas a cualquiera dirás que he sido un estorbo en más de una ocasión, y aunque era cierto eso de que era un lobo solitario, he podido ver su lado más humano contigo."

Shiho se sorprendió y sonrojó y ambos hicieron un pequeño silencio mientras la mujer les servía lentamente. Se percató como le temblaban ligeramente las manos a consecuencia de la edad y se preguntó por un momento cuantas personas como ella se sobre esforzaban y trabajaban pese a ya no tener la edad para hacerlo. Su mirada volvió a Vodka una vez se alejó la mujer y le miró fijamente esperando que continuase hablando.

"No sé si realmente Gin tenía la capacidad de enamorarse, pero desde luego tú eras lo más cercano al amor para él." Explicó recordando a su viejo compañero, bajando la mirada hacia el pequeño que ella sostenía, que ahora parecía estar desvelado y lo miraba con los ojos bien abiertos. "Me estuve preguntando mucho tiempo que podía hacer para honrar su muerte, o incluso cual debía ser su última voluntad, si es que la tenía. Gin siempre me había dicho que sus padres habían muerto y que sus recuerdos eran todos prácticamente de la organización…ya sabes que apenas soltaba pinceladas sobre su verdadero yo, así que me lo puso bastante difícil. Sin embargo después de escuchar rumores y mover algunos hilos, acabé dando con algo que parecía bastante interesante." Explicó sacando una hoja doblada del interior de su chaqueta para enseñársela.

"¿Un niño?" Preguntó sin entender porque le estaba enseñando eso. El bello se le erizó con solo pesar de que Gin pudiese tener una doble vida. ¿Podía tener un hijo sin que ella lo supiese? "¿Es su…"

"No, no es nada de eso. La fecha de esta fotografía es de hace poco más de veinte años." Negó él antes de que ella empezase a pensar lo que no era. "Pero como tú, yo también le encontré un fuerte parecido, así que conseguí que cotejaran el ADN del niño con el de Gin. Y coincide."

"Espera un momento." Le frenó sacudiendo la cabeza ante tanta información repentina. Frunció el ceño y miró fijamente la imagen para verla con más detalle. Se veía que era un niño pequeño, no más de ocho años. Pelo rubio, ojos verdes, piel clara, mirada seria y pómulos marcados. "¿Se puede saber como has dado y echo todo esto?"

"Sé hacer mi trabajo, y conozco unos buenos métodos." Contestó sin querer especificar.

Ella volvió a mirar la imagen todavía con el ceño fruncido, analizando mientras asimilaba las palabras. "¿Este es Gin? ¿Quieres decirme que Gin era un niño desaparecido?"

"Todo indica de que sí."

Shiho sintió tristeza. Sabía que Gin no era el mejor hombre del mundo, pero su pasado parecía ser tan o más turbio de lo que imaginaba. Sin embargo, su pasado siempre había sido una parte de él que nunca había conocido.

"Jin fue el nombre que le dio su mentor, y años después adoptó el alias del mismo tras morir." Explicó intentando explicárselo lo mejor que podía.

Ella se agarró más fuerte a Shiro. Nunca había conocido el pasado ni la infancia de Gin, y ahora parecía que se estaba agrietando para dejarse ver. Aún así no sabía si sentía miedo, curiosidad, o tristeza.

"Ya sabes que la organización hace cosas muy turbias para reclutar a la gente, y en el caso de Gin lo tuvieron bastante fácil. Una mujer que entraba casi en los cuarenta con un niño al que cuidar y ningún recurso económico al que acudir. Las desapariciones de los barrios bajos de la ciudad pasan demasiado desapercibidas."

"¿Quieres decir que…"

"Gin vivía aquí. Su madre consiguió hacerse con este local años después…he escuchado que sigue colgando estos carteles cada vez que se acerca la fecha de su desaparición."

Shiho se giró rápidamente para mirar a la mujer que les había atendido minutos atrás. ¿Era ella?

"Puede que para ti todo esto no sea más que una idea loca sin sentido, pero sentía casi como si esto fuese una obligación para mí…o a lo mejor solo es una excusa para permitirme cerrar este libro tan oscuro. Y ahora ya lo sabes todo...No estás obligada a hacer ni acercarte a nadie, solo es una oportunidad que puedes coger, o quedarte observándola y prefiriendo dejarla de lado." Explicó abriendo la cartera para dejar unos billetes sobre la mesa. "Come tranquila, te espero en el coche." Dijo levantándose para salir del local.

Shiho se quedó parada un par de minutos, todavía sin despejar la mirada del papel arrugado que Vodka le había dado. Shiro se removió entre sus brazos a la vez que bostezaba cansado y ella sonrió tristemente a la vez que clavaba la mirada en sus ojos. ¿Qué se suponía que debía hacer?¿Servía de algo acercarse a esa mujer tal y como habían ido las cosas?¿Se suponía que ella tenía que contarle la triste historia y final de Gin a esa mujer?

Tenía una herida con su nombre que había dejado de sangrar, pero iba a tardar mucho en cicatrizar. Bajó la mirada a Shiro y luego la desvió hacia la mujer nuevamente. Tenía la mirada apagada, bolsas bajo los ojos y el cabello sin brillo. Veía el reflejo de una persona que había perdido la esperanza y motivación por la vida.

Ahora que era madre, podía llegar a imaginarse que había podido sentir esa mujer con la desaparición de su hijo. Pero…¿Y si ella nunca lo hubiese querido y solo quería beneficiarse con ello?

Suspiró sintiendo como su cabeza empezaba a dolerle y miró la comida que Vodka había pedido, se estaba enfriando pero tenía el estómago cerrado.

Si no estuviese ahí, estaba segura de que le vendrían centenares de preguntas que hacerle, pero ahora que sabía parte de la historia y la tenía en la misma sala, no era capaz, no le venían las palabras.

Empezó a pensar que todo eso no tenía sentido, que era inútil remover el pasado si Gin estaba muerto. Lo más sabio era no causar más dolor, ni arriesgarse a escuchar cosas que no quería oír. Se levantó de la silla cogiendo los billetes que Vodka le había dado y se acercó a la barra para pagar.

Esa mujer no iba a saber nunca quien era, y ella no tenía porque volver a ese lugar.